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José Comas Quesada

José Comas Quesada
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José Comas Quesada pintor.JPG
Nacimiento3 de febrero de 1928
Las Palmas de Gran Canaria, Bandera de España España
Fallecimiento14 de enero de 1993.
Las Palmas de Gran Canaria
NacionalidadEspañol
OcupaciónPintor
Obras destacadasAcuarelista

José Comas Quesada. Acuarelista grancanario, es continuador de la obra de Bonnín, desarrolló sus primeras obras en la década de 1950.

Síntesis biográfica

Nacido en el Puerto de la Luz, Las Palmas de Gran Canaria, el 3 de febrero de 1928, se inició en el arte de la pintura a la temprana edad de 15 años. Su interés por la misma ya despuntaba en la asignatura de dibujo del antiguo bachiller, dedicando muchas horas a practicar con lápiz y carboncillo.

En aquellos difíciles tiempos de la posguerra civil española, su familia no consideraba la pintura una profesión con futuro, como explicase en una entrevista: “Entonces comencé peritaje mercantil, pero sin abandonar mi afición. Recuerdo que junto a varios amigos aprovechábamos los fines de semana para irnos con los caballetes en ristre a la zona de El Rincón o La Laja. La situación económica era tan mala que teníamos que hacernos nosotros mismos los caballetes preparando los lienzos con sacos de harina”.

Su interés por la acuarela, técnica pictórica que no abandonaría y que convertiría en vehículo de expresión durante el resto de su vida, comenzó cuando tenía entre 18 o 20 años, al contemplar unas acuarelas de Francisco Bonnín Guerín en el Gabinete Literario de la capital grancanaria.

Observando las pinturas de Bonnín, José Comas aprendió la técnica de la acuarela de forma indirecta, sin embargo respecto al estilo se sintió más identificado con el de Antonio González Suarez.

Debido a la situación de penuria económica de la década de 1940 no pudo costearse un maestro, aunque esto no le impidió aprender de manera autodidacta, iniciándose en las técnicas del lápiz, cera, sanguina, óleo y acuarela. También practicó otras disciplinas artísticas como la talla artesanal y la escultura, modelando en barro, yeso o escayola, aunque su gran afición fue siempre el dibujo.

Obra artística

Durante esta primera etapa de su trayectoria artística, participó en varias exposiciones colectivas, como las del Club P.A.L.A. (1947) donde presentó cuatro acuarelas de pequeño formato, entre ellas “Rincón del Pueblo Canario” y “Barcas en la costa”, así como en la exposición de noveles con motivo de los premios “Nicolás Massieu”, en Las Palmas de Gran Canarias. Asimismo intervino en las Bienales de Bellas Artes de Las Palmas en los años 1950, 1952, 1958, 1960 y toma parte en la selección “Arti Grafiche Ricordi” (Milán, 1954).

Después de estas primeras exhibiciones desapareció del panorama artístico canario durante casi veinte años por razones de índole familiar y laboral.

Retorno al arte

En el año 1974 retomó su auténtica vocación, la pintura, y se introdujo en las distintas salas de arte del momento. El desencadenante que le llevó a ello fue su trabajo como representante de una empresa catalana de molduras. En aquel tiempo, el acuarelista sentía como si empezase de nuevo y dudaba de la calidad artística de estos primeros cuadros, de ahí que los firmase con el seudónimo de “Masca”.

En 1975 formaría parte de la Agrupación de Acuarelistas Canarios, obteniendo diversos premios como las medallas de bronce, plata y oro de esa entidad, o el primer premio de la Bienal de Acuarela Ciudad de Las Palmas. En 1985 funda la Asociación Canaria de Acuarelistas. En sus obras utiliza efectos poéticos y elementos atmosférico, siendo autor también de algunas acuarelas dedicadas a la parte antigua de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Mención especial merecen las colecciones creadas entre los años 1977 y 1981, donde realizó, entre otras, varias series sucesivas de acuarelas cuyo leitmotiv versaba sobre los diferentes rincones de los barrios de Vegueta y Triana y que coincidieron en el tiempo con el 500 Aniversario de la fundación de Las Palmas de Gran Canaria.

Se trataba de evocadoras imágenes de la ciudad antigua, tanto coetáneas de su tiempo como retrospectivas de finales del siglo XIX y principios del XX, en las que se plasmaba el espíritu de la vieja villa; íntimas, cuidadas y recoletas plazas, solitarios pasajes y callejones, iglesias, balcones tradicionales canarios o quioscos testigos de otra época y tiempo.

Algunas de las pinturas reflejaban la ciudad tal como era a finales de los setenta, pero para los espacios que ya habían sido transformados o desaparecidos víctimas del progreso, como los llamados popularmente puentes de piedra y de palo, la plaza de las ranas o el barranco de Guiniguada, el artista recurrió para recrearlos a sus propios recuerdos y a fotografías de su archivo personal. Supo captar y reflejar con gran sensibilidad el ambiente y la atmósfera de antaño, dejando así una constancia documental para las generaciones futuras, pues ningún otro pintor de la época se dedicó a inmortalizar y retratar a la ciudad para conmemorar una efemérides tan importante en la historia de Canarias.

Hasta la llegada de Comas Quesada, exceptuando determinados lienzos de Nicolas Massieu, Felo Monzón, Jorge Oramas y algunos autores mas, Las Palmas era un ciudad sin pintores que la retratasen. Y si Massieu es considerado el pintor de Gran Canaria, Comas Quesada lo es de su capital, ya que hasta entonces ningún otro artista había producido tal cantidad de obras sobre ella.

Por esta razón se le conoce con el apelativo de “el pintor de la ciudad”, fue una especie de historiador, de “cronista pictórico”. Para esos cuadros en particular, el autor sacrificó su técnica habitual a base de veladuras y de cierta tendencia a la abstracción, por una absoluta fidelidad en el dibujo y acercamiento al color local, trasladándonos a un pasado de bucólicas y románticas estampas, transmitiendo toda la belleza y el encanto que desprendía cada lugar y que solo un maestro de la acuarela como él supo aprehender y comprender.

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Escultura en honor a José Comas

La primera de las colecciones saldría en junio de 1977, cuando el artista presentó en una carpeta 6 acuarelas editadas en series limitadas y numeradas, en las cuales se recogían pintorescas estampas de los barrios fundacionales de Vegueta y Triana.

Un mes mas tarde, el 4 de julio de 1977, tres años después de su regreso al mundo del arte y según sus propias palabras, sin hallarse plenamente convencido de la calidad de sus pinturas, realizó su primera exposición individual. Con ella se inauguró la sala de arte Madelca, situada por aquel entonces en la Plaza Mayor de Santa Ana de la capital de la isla. Se trataba de una colección de 20 acuarelas donde se plasmaban distintos lugares del casco antiguo, anticipándose así a la conmemoración del V Centenario de la fundación de Las Palmas de Gran Canaria que se celebraría al año siguiente. Aquel año ganó el certamen de la desaparecida Sala Cairasco, obteniendo la medalla de plata de la Agrupación de Acuarelistas Canarios con la obra “Ingenio”, así como el premio de "conjunto de obra" de la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria.

En julio de 1978, ofreció una muestra individual en Madelca presentando nuevamente temas de la antigua urbe con motivo del 500 Aniversario de la constitución de su ciudad natal, en esta ocasión fueron 30 acuarelas. En diciembre ganó la medalla de oro de la Agrupación de Acuarelistas Canarios en el IV certamen celebrado en la Sala de exposiciones Cairasco (de la Caja Insular), por “Bruma”.

En 1979, otra serie de acuarelas sobre el centro histórico de la capital grancanaria titulada "Homenaje a la Vieja Ciudad", expuestas en la Sala de Arte de la Caja (antigua Sala Cairasco). En ese mismo año logró el primer premio por la pintura llamada “Crepúsculo en el Sur” en la I Bienal de la acuarela “Ciudad de Las Palmas”.

Dado el éxito de acogida de las series de 1977, 1978 y 1979, sobre los barrios históricos de Vegueta y Triana, nuevamente figuran estos paisajes urbanos en unas acuarelas y grabados en la Sala de Arte de la Caja en diciembre de 1981. Aunque sin olvidar que también creó varias colecciones con otra temática paisajística durante esos años.

A partir de 1981 decidió dar por concluida esta temática (si bien Las Palmas volvería a ser su “musa” por última vez en 1991), afirmando en su día: “Mi amor y mi entusiasmo por la ciudad y por Vegueta está suficientemente demostrado. He llevado a Vegueta durante muchos años fijo en mi mente, lo he pintado desde todas sus esquinas y ya la gente cuando ve por ahí una acuarela de la ciudad sabe si es mía o de otros pintores”.

Durante la década de los 80 y principios de la siguiente continuó participando en diversas exposiciones, tanto individuales como colectivas, en distintos centros culturales, salas y galerías de Gran Canaria, así como en Tenerife y Fuerteventura.

En 1985 se convirtió en miembro de la recién constituida Asociación Canaria de Acuarelistas, tomando parte asimismo en sus exposiciones colectivas.

En la última etapa de su carrera artística rompió con lo ilustrativo e intentó composiciones no tradicionales, se volvió mas sobrio en el color y matizó las tonalidades buscando una gama de colores mas extensa. Esta línea sintética y sugeridora si bien no era nueva, es en esta fase de madurez creativa cuando adquirió una mayor virulencia.

Muerte

Fallece en su ciudad natal en 14 de enero de 1993.

Fuentes