Rebelión de los liberales en Camagüey contra la reelección de Mario García Menocal

Rebelión de los liberales en Camagüey contra la reelección de Mario García Menocal
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Fecha:1917
Lugar:Camagüey
Descripción:
A causa de la reelección presidencial de Mario García Menocal los liberales camagüeyanos se levantan en armas en el 1917
Resultado:
Represión del movimiento liberal y consolidación del gobierno conservador
Consecuencias:
La rebelión fue reprimida en pocos meses. Muchos líderes liberales fueron encarcelados, exiliados o perseguidos políticamente. El gobierno de Mario García Menocal se consolidó, y se mantuvo en el poder hasta 1921. La represión de la rebelión marcó un punto de quiebre en la política cubana, debilitando al Partido Liberal y profundizando la división entre las élites políticas.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Ejecutores o responsables del hecho:
Partido Liberal

La rebelión de los liberales en Camagüey contra la reelección de Mario García Menocal. Levantamiento político-militar ocurrido en 1917, en el contexto de las elecciones presidenciales cubanas.

El conflicto reflejó la polarización entre los partidos Liberal y Conservador, y tuvo como epicentro la provincia de Camagüey, donde se concentraron importantes líderes opositores al gobierno.

Contexto político

Mario García Menocal, presidente de Cuba desde 1913, buscó la reelección en 1916 como candidato del Partido Conservador. Las elecciones estuvieron marcadas por denuncias de fraude, violencia electoral y manipulación institucional.

El Partido Liberal, liderado por figuras como José Miguel Gómez y Alfredo Zayas, desconoció los resultados y organizó una resistencia armada en varias regiones del país, siendo Camagüey uno de los focos principales.

Desarrollo de la rebelión

En Camagüey, numerosos oficiales y simpatizantes liberales se alzaron en armas contra el gobierno conservador. El movimiento fue coordinado por líderes locales que denunciaban la ilegitimidad del proceso electoral y exigían nuevas elecciones. Las fuerzas gubernamentales respondieron con dureza, enviando tropas para sofocar el levantamiento.

La rebelión fue parte de una serie de insurrecciones conocidas como la "Guerrita de 1917", que incluyó enfrentamientos en Oriente, Las Villas y La Habana. Aunque los liberales lograron movilizar a cientos de combatientes, la superioridad militar del gobierno y el apoyo de Estados Unidos a Mario García Menocal contribuyeron a la derrota del movimiento.

La conga popular conocida como La Chambelona, también llamada Himno Liberal, fue introducida por los seguidores del Partido Liberal en la campaña política de 1916 capitaneados por José Miguel Gómez contra los simpatizantes del presidente conservador Mario García Menocal, en su reelección.

Se tornó violenta la situación. En los colegios electorales llegaron órdenes de impedir votar de una parte y de otra. Camagüey se consideraba perdida por los conservadores, es decir, los liberales llevaban la delantera, igualmente en Las Villas, La Habana y Oriente.

«Los liberales nos vencieron con sus votos. Hemos perdido las elecciones”

dijo Aurelio Hevia a Mario García Menocal.

“¡Las habrá perdido tú yo no!”

rebatió Menocal.

El investigador Rolando Rodríguez apuntó que Mario García Menocal ante el fallo de los tribunales, favorable a Zayas se creyó perdido y pensó que solo le quedaba un arma para vencer: la violencia. Los liberales ante la situación en tensión agravada por los nuevos comicios pedían garantías. El gobierno movió tropas hacia las provincias.

El 11 de febrero, tres días antes de que se llevara a cabo las elecciones complementarias, el ex presidente José Miguel Gómez se alzó en armas al frente de las fuerzas liberales.

En los Documentos para la Historia de Cuba de la historiadora Hortensia Pichardo refiere que:

« El Gobierno de Mario García Menocal se caracterizó por realizar todo lo que había prometido no hacer, todo aquello contra lo que se había pronunciado.

En un manifiesto de octubre del año 1913 Mario García Menocal había expuesto su opinión sobre la lotería. En él decía:

«...si de mí hubiese dependido, jamás habría llegado a restablecerse en Cuba la Renta de Lotería...»

Y en un Mensaje al Congreso del mismo año 1913 dijo:

«Como el juego, la lotería no produce beneficio alguno que no sea aparente y falaz.»

A pesar de esas opiniones, la lotería se usó durante su gobierno como medio de soborno y corrupción o de premio, según deseara atraerse amigos y servidores o recompensar servicios.

Además, fue Mario García Menocal el que abrió de par en par las puertas al juego en Cuba con la sanción de la "Ley del Turismo" que José Miguel Gómez había vetado, ley que propiciaba los centros de diversiones a base de apuestas. En cuanto a la reelección, había expresado sus ideas en carta que escribiera al Mayor General Enrique Loynaz del Castillo en el año 1912:

«Siempre seré de opinión que aspirar al poder desde el poder, ha de suponer, en pueblos de nuestra raza, cierto peligroso espíritu parcial en el que lo pretende, siquiera no sea más que por el apoyo interesado . El principio de la no reelección es el más firme sostén de la paz.»

Y terminaba su carta diciendo:

«Honradez, Paz y Trabajo es el lema que hemos adoptado...»

A pesar de sus promesas, la corrupción política alcanzó un nivel hasta entonces no igualado en las elecciones parciales de 1914, en las que la compra del voto y los "cambiazos" electorales llegaron a un límite de total desvergüenza. Pero este límite fue sobrepasado en las elecciones presidenciales de 1916, en las que Menocal iba de nuevo como candidato, con el general Emilio Núñez de vicepresidente. Muchos conservadores de prestigio eran enemigos de la reelección, entre ellos el propio vicepresidente de la República, Enrique José Varona, a quien se había ofrecido de nuevo el cargo, pero lo había rechazado; el general Freyre de Andrade que había dirigido la reelección de Tomás Estrada Palma; el senador Maza y Artola y otros más.

Defendía con calor la reelección el senador Ricardo Dolz, uno de los responsables de la caída de la primera República. El Partido Liberal postuló al Dr. Alfredo Zayas para la presidencia y al coronel Carlos Mendieta para la vicepresidencia. Los liberales usaron como himno de guerra una música afrocriolla llamada “La Chambelona”; por eso al proceso político de 1917 y su consecuencia, el alzamiento del Partido Liberal, se le conoce con el nombre de La Chambelona.

  • «¡Ae, ae, ae La Chambelona,
  • Aspiazo me dio botella
  • Y yo voté por Varona…
  • ¡Ae, ae, ae La Chambelona
  • Yo no tengo la culpita ni tampoco la culpona
  • ¡Ae, ae, ae La Chambelona»

Esta música de sabor popular acompañó a los liberales en la campaña electoral y después en la protesta armada. El período de propaganda partidista fue borrascoso. En contraste, tras elecciones del 1 de noviembre de 1916 se realizaron con bastante tranquilidad. Hasta el día 2, de acuerdo con los escrutinios conocidos parecía asegurado el triunfo liberal hasta en las esferas gubernamentales. A partir del día 3 empezó a cundir la incertidumbre: empezó a rumorearse la sustitución de paquetes con boletas electorales y escrutinios en la Dirección de Comunicaciones; se dio lo que en el argot político se conoce con el nombre de "cambiazo".

El Directorio Liberal acudió a la Junta Central Electoral primero y al Tribunal Supremo después. Estos tribunales reconocieron la comisión de diversos fraudes. Esto iba acompañado de la anulación de las elecciones en diversos lugares y exigía la celebración de elecciones complementarias. Inmediatamente se hizo visible el propósito del gobierno de emplear todos los recursos del poder para impedir el triunfo liberal en esos comicios. Inmediatamente también se incubó un movimiento insurreccional semejante al del año 1906.

Dirigió la conspiración y el alzamiento el ex presidente general José Miguel Gómez. La clave del plan estaba en la participación de las fuerzas armadas, entre cuya oficialidad el general Gómez contaba buen número de amigos que habían ingresado en el ejército durante la Segunda Intervención recomendados por él y otros a quienes había aupado y favorecido durante su presidencia.

En la madrugada del 11 de febrero fue sofocado un intento de sublevación en el campamento de Columbia, de La Habana y estuvo a punto de alzarse el tercio táctico de Las Villas; mientras en Camagüey lo hacía el regimiento Agramonte, que constituía la única guarnición de la provincia, y al día siguiente hacía lo mismo el regimiento Maceo de la provincia de Oriente. En ambas provincias los sublevados entregaron armas a los civiles que se sumaron a la insurrección. Hubo también pequeños levantamientos en Pinar del Río.

El general Gómez, incorporado a las fuerzas de Camagüey, trató de marchar sobre La Habana sumando partidarios al paso. Pero fue interceptado y hecho prisionero en Caicaje, Las Villas (7 de marzo) con los principales dirigentes políticos del Partido Liberal.

Cuando esto ocurrió ya era pública la advertencia del gobierno norteamericano de que apoyaría al presidente Menocal y no toleraría un gobierno producto de la insurrección. Destacamentos de marines habían sido desembarcados en puertos claves de la Isla. Uno de ellos se había posesionado de Santiago de Cuba, entregada sin resistencia por los militares cabecillas del Cuartelazo, a quienes se le facilitó la fuga al extranjero.

En Camagüey

Gustavo Caballero Arango y Nicolás Guillén Urra en La Chambelona

En Camagüey, Gustavo Caballero Arango como general y Nicolás Guillén Urra como coronel fueron protagonistas ante el anuncio de la reelección de Mario García Menocal. El 11 de febrero de 1917 comienza la insurrección liberal encabezada por José Miguel Gómez con respaldo del ejército, llamada La Chambelona.

El historiador Rolando Rodríguez anotó que, los amotinados de Camagüey encerraron al gobernador Sánchez Batista y al alcalde de la ciudad Francisco Sariol. Se sumaron al levantamiento el gobernador electo Enrique Recio y el ya aludido gobernador Gustavo Caballero.

Mario García Menocal envió a Camagüey al coronel Eliseo Figueroa, con tropa suficiente para sofocar al alzamiento, pero sucedió lo contrario, se unieron al levantamiento.

El cuartelazo inicial fue dado por el comandante Luis Solano Álvarez en el regimiento Agramonte, de la propia ciudad de Camagüey a las diez de la noche del domingo 11 de febrero de 1917. Ocupada la Jefatura de la policía fueron hechos prisioneros el gobernador Bernabé Sánchez Batista el alcalde municipal Enrique Sariol, el general de la independencia Javier de la Vega, el jefe de la policía local, al administrador de correos de la ciudad, Juan Arteaga, Socarrás y demás autoridades. El movimiento estuvo liderado por el Partido Liberal de la zona y al frente el entonces senador Gustavo Caballero y Arango.

El investigador Tomás Terry apuntó que consolidado el hecho militar, el coronel Quiñones y el comandante Luis Solano, procedieron a poner en práctica el plan establecido, que consistió en embarcar las fuerzas disponibles por tren para dirigirlas sobre Ciego de Ávila, donde haría su incorporación el general Gómez y su Estado Mayor, además del teniente coronel Eliseo Figueroa Mirabal que esperaba en aquella ciudad para iniciar la invasión hacia La Habana y deponer al gobierno conservador Manuel García Menocal.

El día 12 las fuerzas sublevadas abandonan la ciudad. Seguida dos días más tarde por dos trenes a las órdenes de los comandantes Rogelio Zayas Bazán y Enrique Recio, quedó investido Gustavo Caballero como Gobernador y jefe Militar de la plaza con facultades plenas. Se nombró jefe del Estado mayor el coronel Florencio Simancas Cantalapiedra. Como alcalde el presbítero Pablo Gonfaus cura párroco de la Iglesia de El Cristo del Buen Viaje, capellán del Cementerio general de Camagüey. Se designó como jefe de la policía municipal al concejal Abelardo Chapellí y como administrador de correos a Fermín Silva Castellanos, sustituyendo a Juan Arteaga Socarrás, presidente de la juventud conservadora.

Muerte de Gustavo Caballero

El 26 de febrero avanza procedente de Guano Alto y Ciego de Ávila, el coronel Eduardo Pujol con sus fuerzas. Es cuando Caballero se dirige a Santa Cruz del Sur para embarcar en la primera oportunidad, señala Tomás Terry.

Señala el investigador Rolando Rodríguez, que Gustavo Caballero como general, salió de la población con su tropa en horas de la mañana; se dirigió hacia el este y acampa en la finca La Matilde. Nicolás Guillén Urra, designado coronel, deja también la localidad y parte hacia el sur, según José Manuel Villabella.

El coronel Eduardo Pujol con su regimiento artillero penetra en la localidad, persigue a Caballero, aunque éste último lo tiene en jaque, libra combates también en Oriente y es hecho prisionero en Camagüey el 21 de abril en la finca La Caridad, cerca de San Miguel, por la primera fuerza motorizada en América y la segunda en el mundo.

A los pocos días del alzamiento de los liberales en Camagüey, el ministro norteamericano en Cuba, William E. Gonzáles dio a conocer un telegrama del gobierno de los Estados Unidos en el que ofrecía su completo apoyo al "gobierno constitucional de Cuba".

Pero, además, según los términos de ese telegrama, el gobierno de los Estados Unidos se consideraba árbitro y juez en el problema cubano; "no tolerará”, decía, la insurrección armada, y "estudiará la actitud que deba adoptar" con los rebeldes.

Contra este mensaje, y otro anterior en que los Estados Unidos declaraban que no reconocerían un gobierno revolucionario, presentaron una detallada exposición Orestes Ferrara y Raimundo Cabrera, comisionados por el Partido Liberal para defender sus intereses ante el gobierno norteamericano.

Muerte de Nicolás Guillén Urra

Este se estableció en la finca San Ramón con su tropa, actual Najasa. Este lugar muy conocido por él, pues durante la Guerra de Independencia, él y su padre Francisco Guillén Rivero, se unieron al Ejército Libertador.

Narra Villabella:

«El día 15 de marzo el periódico El Camagüeyano publicó la muerte de Guillén Urra, padre del que más tarde se convertiría en el poeta nacional: Nicolás Guillén Batista, en ese momento quedaron él y sus hermanos huérfanos»

La banda de música del distrito Camagüey había entrado en la colonia del Central Stewart, donde estuvo acampado José Miguel Gómez al son de la popular conga. Verdadera amenaza para la dirección gubernamental por la cantidad de miles de seguidores.

La sublevación tomó tintes extraterritoriales, el 16 de febrero, Mario García Menocal, lanzó una proclama al pueblo de Cuba, de cualquier filiación política, pero amantes del orden y de las leyes para que se les unieran. Ese día llegaron enviados por Daniels, el secretario de Marina, cuatro barcos de guerra estadounidense, apuntó Rolando Rodríguez. Estos barcos atracaron en La Habana, Santiago de Cuba, Nuevitas y Cienfuegos.

En Camagüey, fueron designados 500 hombres de caballería. El 26, el coronel Eduardo Pujol ocupó a Camagüey y restableció el gobierno civil. No obstante, los insurgentes incendiaron un cañaveral con el resultado de la pérdida de dos millones de arrobas de caña, distinguió Rolando Rodríguez.

Con la captura el 21 de abril y la turbia muerte de Gustavo Caballero y Arango, el día 22, cuando sube vivo al tren en Nuevitas y llega muerto, asesinado a Camagüey, se va finalizando una de las tantas páginas dolorosas de la primera república.

Otras acciones

Dos pueblos de Camagüey habían sido tomados por los rebeldes. Se calcula que tres mil fusiles de reserva con sus municiones estaban en manos de los alzados de Camagüey y Oriente. Los rumores de que en Camagüey se había formado un gobierno provisional encabezado por Enrique Recio, eran fuertes.

El 26, las tropas del gobierno llegaron a Camagüey, reconstruyeron puentes del ferrocarril y aumentaron las operaciones para reducir a los insurrectos de la provincia, precisa el investigador Rodríguez.

Nota del Gobierno Norteamericano Legación de Los Estados Unidos de América

Habana, 19 de febrero de 1917

Se me autoriza por el Gobierno de mi nación para la publicación de las siguientes manifestaciones:

Apenas se hace necesario consignar que los acontecimientos de la semana última relacionados con la insurrección contra el Gobierno de Cuba han sido objeto de la más estrecha observación por parte del Gobierno de los Estados Unidos, el que habiendo definido en declaraciones anteriores, su actitud respecto de la confianza y apoyo que presta a los gobiernos constitucionales, de la política que ha adoptado hacia la perturbación de la paz por medio de empresas revolucionarias, desea otra vez informar al pueblo de Cuba su actitud frente a los actuales sucesos, a saber:

  1. El Gobierno de los Estados Unidos apoya y sostiene al Gobierno constitucional de la República de Cuba.
  2. La actual insurrección armada contra el Gobierno constitucional de Cuba se considera por el Gobierno de los Estados Unidos como un acto ilegal y anticonstitucional, que no tolerará.
  3. A los jefes de la revuelta se les hará responsables de los daños personales que sufran los extranjeros y asimismo de la destrucción de la propiedad extranjera.
  4. El Gobierno de los Estados Unidos estudiará detenidamente la actitud que deba adoptar respecto de aquellas personas relacionadas con los que tomen participación en la actual perturbación de la paz de la República de Cuba.

William E. Gonzáles

Ministro de los Estados Unidos de América

Exposición de Orestes Ferrara y Raimundo Cabrera al Secretario de Estado Norteamericano

Secretario de Estado.

Departamento de Estado Washington, D.C Febrero 23 de 1917 Honorable señor: Con respecto al presente levantamiento en Cuba, el presidente de los Estados Unidos ha declarado:

  • Primero: Que el Gobierno de los Estados Unidos no reconocerá un gobierno revolucionario.
  • Segundo: Que el Gobierno de los Estados Unidos dará su apoyo al Gobierno constitucional existente,

Como presidente de la Cámara de Representantes de la República, y como delegado del Partido Liberal, enviado a este país, junto con el señor Raimundo Cabrera, que actúa con la misma capacidad, en interés de la causa de un gobierno legal y de resistencia al fraude y a la violencia, rogamos se nos permita hacer las siguientes declaraciones:

  1. El Partido Liberal está en una actitud defensiva habiendo recurrido a las armas para proteger y preservar las libertades constitucionales de la República, y no intenta efectuar por medio de la fuerza un cambio de gobierno. El Partido Liberal no es opuesto a la continuación de la presente Administración hasta el último minuto de su término legal, que expira el 20 de mayo de 1917.
  2. El Partido Liberal meramente desea la pacífica y legal sucesión del presidente Menocal el 20 de mayo de 1917, por el ciudadano regularmente elegido por la mayoría del pueblo de la República.
  3. Para tal fin, el Partido Liberal, habiendo sido obligado a recurrir a las armas para proteger las libertades constitucionales de la República, por mediación de los abajo firmantes hizo la proposición de que el presidente de los Estados Unidos nombrara una comisión que estudiara la disputa electoral cubana e informara al presidente de los Estados Unidos. Igualmente, por otra parte, hemos manifestado estar prontos a aceptar cualquier otra fórmula que pueda conducir a una solución satisfactoria del conflicto, asegurando para la República el beneficio de la paz, el orden y la libertad.
  4. El Gobierno del presidente Menocal es constitucional por su origen, pero la presente crisis en Cuba es el directo y natural resultado de los procedimientos anticonstitucionales del presidente Menocal en su seria determinación de continuar en el poder después del día 20 de mayo de 1917 por medio del fraude, la violación y la usurpación.
  5. Un Gobierno no puede ser legal en su origen constitucional cuando encarcela ciudadanos a granel sin formarles proceso, y con la misma mano arbitraria suprime los periódicos, y obliga a los congresistas a buscar refugio en el extranjero y recluta tropas sin autorización y dispone del dinero del pueblo para gastos no incluidos en el presupuesto nacional, y en todo traspasa sus limitaciones constitucionales estableciendo un reinado de terror.
  6. El Partido Liberal en armas invariablemente actúa en protección de las vidas y de las propiedades y coloca sus más fervientes esperanzas en el espíritu y el amor a la justicia del presidente de los Estados Unidos, cuyos buenos oficios hemos solicitado en interés de la existencia de la República y la preservación del Gobierno constitucional.
  7. La línea de conducta que se han impuesto los jefes del pueblo cubano en armas de proteger las vidas y propiedades, tanto de nativos como de los extranjeros, no será alterada aun cuando vean que el Gobierno de Washington preste su apoyo moral a los que considera responsables de las calamidades que afligen su nación.
  8. Los más prominentes jefes de este movimiento no tienen el menor interés personal o egoísta en la organización del Gobierno constitucional que debe ser inaugurado el 20 de mayo de 1917, y no esperan participar en dicha organización. Todos son hombres de alta personalidad en Cuba, bien conocidos como mantenedores de la paz y el orden y cuya adhesión a las soluciones pacíficas y legales en los conflictos entre los diferentes partidos políticos, ha sido solamente alterada en esta emergencia por la necesidad de protegerse contra un violento y disoluto ataque a las libertades civiles de la República. Además, esos hombres vieron amenazadas sus personas y en peligro sus generosos ideales políticos.
  9. Sólo la necesidad de resistir contra la conspiración del Gobierno para derribar la República, podría haber compelido a los jefes liberales a tomar las armas antes del 14 de febrero, día en que debían tener lugar las elecciones complementarias, y una breve investigación mostraría que el Partido Menocalista estaba preparado para proclamar sus propias victorias en las urnas por él dominadas y que igualmente estaba determinado a proceder y seguir una tal victoria con política de sangrienta represión.»

En suma, los más ansiosos y firmes propósitos del Partido Liberal son que la paz y la libertad sean establecidas en Cuba, persuadidos como estamos de que el Gobierno de los Estados Unidos no puede estar sino en pleno acuerdo con el buen pueblo de Cuba en esta lucha por la existencia de la República y la conservación del Gobierno popular. Respetuosamente de usted,

Orestes Ferrara

Raimundo Cabrera

La paz impuesta por el gobierno norteamericano para asegurar su abastecimiento de azúcar

La intromisión yanqui en los asuntos internos de Cuba durante el gobierno del presidente Mario García Menocal fue constante. En el primer cuatrienio adoptó la forma de conversaciones del ministro Gonzáles con el presidente. Después del respaldo que permitió a Mario Garía Menocal usurpar el Poder cuatro años, la injerencia fue abierta y abarcó diversos aspectos de la Administración. De hecho, Menocal desempeñó las funciones de un procónsul, rodeado de consejeros norteamericanos de toda índole, mientras tropas norteamericanas permanecían en el territorio nacional, a pretexto de adiestrarlas para el servicio en Europa.

El 15 de mayo de 1917, es decir, pocas semanas después de haber entrado los Estados Unidos y Cuba en el conflicto desatado en Europa, el ministro Gonzáles dio a conocer en la prensa habanera un despacho telegráfico del Departamento de Estado de su país en el que se manifiesta claramente cuál era el interés de los Estados Unidos en mantener la tranquilidad pública en Cuba: la Isla se iba a convertir de inmediato, debido a la guerra, en la azucarera de los aliados, y había que garantizar la producción sin miramientos a los intereses políticos o sociales del pueblo cubano .

Restablecimiento del orden

El 26 el coronel Eduardo Pujol ocupó Camagüey y restableció el gobierno civil. A su mando tuvo ochocientos hombres, interviene 47 vehículos, entre autos y camiones. Según el escritor Manuel Villabella, es la primera fuerza motorizada en América y la segunda en el mundo. En el teatro de operaciones de Camagüey el ejército no le había dado tregua a Caballero y el 21 de abril lo derrotó y capturó.

Desenlace

El 21 de abril cuando es conducido Gustavo Caballero Arango a Nuevitas, en el último vagón de un convoy, separado de todos para asesinarlo a Nicolás Guillén Urra en la finca San Ramón, corría destino similar. Su hijo, el poeta nacional, Nicolás Guillén Batista, afirmó que:

“Ellos no murieron combatiendo, no hubo enfrentamiento alguno, sencillamente los asesinaron, posiblemente aquí mismo, porque no iban a cargar con los cadáveres, atravesar montes, para echarlos aquí y ni siquiera enterrarlos”.

En este sentido, el investigador Rolando Rodríguez anota:

“Todo lo lamentable y sangriento suceso del alzamiento de “La Chambelona” quedó zanjado un año más tarde, cuando García Menocal, bajo la presión de los congresistas liberales que se negaban a votar los presupuestos de guerra, en tanto no se dictara la amnistía para los insurrectos, el 18 de marzo de 1918 hizo aprobar la disposición. Esta perdonaba a los participantes “en los delitos cometidos en el movimiento revolucionario de 1917”, y comprendía tanto a los alzados como los de las fuerzas gubernamentales.

Bibliografía

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Fuentes

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