Batalla Naval de Santiago de Cuba

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Batalla Naval de Santiago de Cuba
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Parte de Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana
Combate naval de santiago de cuba.jpg
Fecha 3 de julio de 1898
Lugar Bahía de Santiago de Cuba
Resultado Decisiva victoria estadounidense.
Beligerantes
Bandera de España España Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Comandantes
Almirante Cervera Almirante Sampson
Comodoro Schley
Fuerzas en combate
4 cruceros acorazados
2 contratorpederos
4 acorazados
2 cruceros acorazados
1 cañonero
3 cruceros auxiliares
Bajas
332 muertos[1]
197 heridos
1.670 prisioneros
6 barcos perdidos
1 muerto[1]
3 heridos

Batalla Naval de Santiago de Cuba. Hecho histórico ocurrido el 3 de julio de 1898 en la Bahía de Santiago de Cuba durante el conflicto armada conocido como Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana. Esta acción significo el fin del dominio colonial español en el territorio cubano y en toda América debido a la contundente victoria estadounidense sobre las fuerzas navales españolas. El combate ocurrió entre una escuadra española comandada por el Almirante Pascual Cervera y Topete y una norteamericana bajo la guía del Almirante William Thomas Sampson y el Comodoro Winfield Scott Schley.

Fuerzas en combate

España

Las fuerzas navales de la Armada de España estaban bajo el mando del reconocido Almirante Pascual Cervera y Topete, un hombre de una vasta experiencia en operaciones navales y que había sido enviado a Cuba el 29 de abril de 1898 con el objetivo de frenar cualquier intento de toma del oriente cubano por parte de las fuerzas estadounidenses tras el fracaso ocurrido en la Batalla de Cavite, Filipinas, donde los Estados Unidos, con inferioridad numérica, le propiciaron una derrota absoluta de las fuerzas españolas.

Para esta misión el Almirante Cervera contaba con 4 cruceros acorazados y 2 contratorpederos. El buque insignia del Almirante Cervera era el crucero acorazado Infanta María Teresa, el cual iba al frente de los también cruceros acorazados Almirante Oquendo, Vizcaya y Cristóbal Colón[2]. Este último era un navío construido en los Astilleros Sestri Ponente de Ansaldo, Génova, siendo botado al agua en 1896 como parte de uno de los 10 buques gemelos de construcción italiana de la Clase Giuseppe Garibaldi. Poseía un desplazamiento de 6840 toneladas y una velocidad de 20 nudos. Su armamento estaba compuesto por 2 cañones de 254 mm., 10 cañones de 152 mm, 6 cañones de 120 mm, 20 cañones ligeros, 2 ametralladoras y 4 tubos lanzatorpedos[3]. Se trataba del mejor buque de su clase que había en ambas escuadras. El contrato de compra comprendía las adquisición del otro buque gemelo llamado Pedro de Aragón. Los fallos en sus cañones pesados hicieron que se le retirasen a la espera de sustituirlos por otros, sin embargo el estallido del conflicto obligó a que partiera a las aguas del Mar Caribe sin ellos.

Los tres primeros cruceros fueron construidos en la Sociedad Astilleros del Nervión como parte de la Clase Infanta María Teresa. El Infanta María Teresa fue botado en el año 1890 y tres años después entraría en servicio en Bilbao (España). Por su parte el Almirante Oquendo fue botado al agua en Sestao (España) en 1891 bajo la clasificación de crucero protegido de 1ª clase. Mientras que el Vizcaya también fue botado en al agua en Sestao pero bajo la clasificación de crucero acorazado de 2ª clase.

El militar, escritor y político español Víctor María Concas y Palau expreso en su libro La Escuadra del Almirante Cervera su visión de las Clase Infanta María Teresa[4]:
Y así es que no nos cansaremos de decir que los buques eran magníficos; que en instrucción no cedían a los mejores de cualquier marina del mundo.

Los dos modernos destructores contratorpederos eran el Plutón y Furor, ambos pertenecientes a la Clase Furor (se construyeron 6 buques para esta clase, todos en los Astilleros J & G Thomson, ubicados en las ciudad escocesa de Clydebank).

Estados Unidos

Las fuerzas navales estadounidenses estaban al mando del Almirante William Thomas Sampson y el Comodoro Winfield Scott Schley. Estas fuerzas estaban compuestas por cuatro acorazados modernos (USS Texas, USS Iowa, USS Indiana y USS Oregon, estos dos últimos de la misma clase), dos nuevos cruceros acorazados (USS Brooklyn y USS New York; este último regresó justo a tiempo para participar en el final de la batalla), un cañonero (USS Ericsson) y tres cruceros auxiliares (USS Gloucester, USS Resolute y USS Vixen; el primero fue anteriormente el yate de J. P. Morgan conocido como Corsair, el segundo era un mercante reconvertido, y el tercero, un yate armado que fue propiedad del financiero Peter Arrell Brown Widener).

Bloqueo de la US Navy

La escuadra estadounidense arribó el 19 de mayo al puerto de Santiago de Cuba. El 25 de mayo, el Almirante Cervera envió un telegrama al Ministro de Marina comunicándole la situación en que se encontraba su Escuadra:
Santiago de Cuba 25 de mayo de 1898.
El Almirante (Cervera) al Ministro (Auñón):
Estamos bloqueados; califiqué desastrosa nuestra venida para los intereses patria.- Hechos empiezan darme razón.- Con la desproporción de fuerzas es absolutamente imposible ninguna operación eficaz.- Tenemos víveres para un mes.

La Escuadra del Almirante Cervera permanecía bloqueada en el puerto de Santiago, sometida a todo tipo de presiones para que presentara batalla a la escuadra estadounidense del Almirante Sampson. Sin embargo, Cervera se resistía a salir de la seguridad del puerto. La flota estadounidense permanecía fuera del puerto esperando la salida de los buques españoles. Por las noches siempre había dos buques estadounidenses vigilando e iluminando con sus proyectores la bocana de salida sin que las baterías de costa pudiesen molestarlos.

Ante la imposibilidad de enfrentarse a las fuerzas navales de los Estados Unidos debido a la inferioridad numérica española, los marinos que acompañaban al Almirante Cervera comenzaron a buscar soluciones para intentar burlar el cerco enemigo y darle oportunidad a sus navíos de enfrentar a los estadounidenses en condiciones favorables para el éxito. El capitán de navío Fernando Villaamil, jefe de la escuadrilla de destructores, propuso realizar incursiones rápidas con sus ágiles y veloces destructores, atacando puertos de la costa este de Estados Unidos (Nueva Orleans, Miami, Charleston, Nueva York o Boston) para forzar así a gran parte de la escuadra estadounidense a volver para defender sus propias costas. De este modo, se habrían igualado las fuerzas navales de ambos contendientes en Cuba. En la postura de Villaamil pesó el conocimiento de que el puerto de Nueva York carecía prácticamente de defensas militares. De una u otra forma, estos planes no fueron ejecutados, tal vez por la oposición del almirante Cervera, que optó por que todos los buques permaneciesen en puerto.

El 3 de junio el Ministro de Marina le contesta indicándole la necesidad de que sus barcos fuesen movidos a Filipinas:
Madrid 3 de Junio de 1898.
El Ministro de la Guerra (Correa) al General en Jefe (Blanco):
La situación muy seria de Filipinas nos obliga a mandar allí buques y refuerzos de tropas tan pronto como sea posible. Con objeto de poder contender con la Escuadra del enemigo en Manila, será indispensable mandar allí una Escuadra que no sea inferior (...)La única cosa que podemos hacer es enviar todos los barcos de la Escuadra de Cervera, que puedan salir de Santiago (...) Este movimiento sería sólo temporal, y una vez conseguido el objeto en Filipinas, la Escuadra volvería a Cuba sin pérdida de tiempo y fuertemente reforzada (...).

Cervera, que ve su salida de la boca del puerto de Santiago de Cuba como un acto suicida estima que lo mejor es defender la ciudad con sus dotaciones reforzando a las tropas del General Linares, y hundiendo, si es necesario, los barcos para que no caigan en manos del enemigo. Sin embargo, otra era la idea que tenía el gobierno que le ordena salir a sacrificar sus buques, en nombre del honor español.

Capitán de Navío Joaquín Bustamante y Quevedo, Jefe de Estado Mayor de la escuadra de Cervera, quien propuso una salida nocturna a las fuerzas navales españolas, idea desestimada por la cúpula naval.

El jefe de Estado Mayor de la escuadra de Cervera, el capitán de navío Joaquín Bustamante y Quevedo, propuso al almirante una salida nocturna escalonada para evitar la pérdida total de la escuadra. Bustamante proponía que en primer lugar salieran los destructores, los cuales, merced a su mayor velocidad y reducido tamaño podrían intentar torpedear alguno de los buques americanos, sembrando el desconcierto en las filas americanas y quizás hundiendo alguno de los buques bloqueadores, saliendo posteriormente los cruceros, e intentando cada uno dirigirse a un rumbo establecido de antemano para crear confusión y dividir a la escuadra bloqueadora.

La idea de Bustamante, al igual que la propuesta de Villaamil, fue desestimada. Entre las razones que evitaron que prosperase tal iniciativa se encuentran dos que, finalmente, y ante el apoyo del resto de miembros del Estado Mayor, decidieron la suerte de la escuadra:

a)- La primera era debido a que los norteamericanos bloqueaban la salida de la entrada y disponían siempre, a una distancia de 1 milla, un buque que la iluminaba con reflectores;
b)- La segunda razón tenía tintes remarcadamente derrotistas: se expuso que ante la irremediable pérdida de todos los barcos, durante la noche se haría más difícil prestar ayuda a las dotaciones de la escuadra, con lo que las pérdidas en vidas humanas serían mucho mayor. Quizás los defensores de tal idea se olvidaron de que mandaban una fuerza naval en tiempo de guerra.

Por su parte los estadounidenses presionaban cada vez más para tratar que los navíos españoles se le enfrentaran en un combate naval. El alto mando militar ordeno el hundimiento del vapor Merrimac, cargado de carbón y con un cinturón de jarras llenas de pólvora para cerrarle el paso a los buques ibéricos. Para la misión se presentaron siete voluntarios: el teniente de Ingenieros Richmond Pearson Hobson y seis hombres. El buque fue descubierto por los centinelas y el fuego comenzó de inmediato desde la batería de Punta Gorda, mientras que al mismo tiempo, se dispararon dos torpedos desde los cazatorpederos, provocando el hundimiento del navío sin que llegaran a detonar las jarras de pólvora. El barco quedó hundido cerca de Cayo Smith y la entrada de Santiago continuó libre. El teniente Hobson y sus hombres fueron rescatados del mar en una balsa volcada y a la deriva, y hechos prisioneros de guerra y tratados por Cervera con gran caballerosidad y humanidad.

El día 2 de julio de 1898 el capitán general Ramón Blanco ordenó desde La Habana a Cervera abandonar el puerto de Santiago ante la inminente ocupación de la ciudad por las fuerzas terrestres estadounidenses y el consiguiente peligro de captura de los barcos. Cervera, convencido de la imposibilidad de lograrlo y de que el intento constituiría un verdadero suicidio, escribió al ministro de Marina D. Segismundo Bermejo:
Con la conciencia tranquila voy al sacrificio, sin explicarme ese voto unánime de los generales de Marina que significa la desaprobación y censura de mis opiniones, lo cual implica la necesidad de que cualquiera de ellos me hubiera relevado.

Batalla naval

El 3 de julio en las aguas próximas a la bahía de Santiago de Cuba, se libró el fatal combate entre la escuadra española del Almirante Cervera con 28 980t y la norteña de Sampson con 57 252t. El almirante Cervera optó por precipitar el desenlace de lo que ya se sabía que iba camino de convertirse en tragedia. La salida de la escuadra se haría a las 09:00 horas de la mañana, a plena luz del día, siendo ventajoso para los estadounidense ya que podían ubicar bien a los buques españoles. La salida del puerto se produjo de uno en uno dado lo estrecho de la boca de la bahía.

El primer barco en salir sería el insignia Infanta Maria Teresa que intentaría embestir al crucero acorazado más rápido de los EEUU, el Brooklyn; detrás saldrían el Vizcaya, el Cristóbal Colón, el Almirante Oquendo y por último los dos pequeños destructores. Incluso a la salida de la bahía, cada barco español se detenía para poder desembarcar al práctico civil del puerto, lo que aún otorgaba más tiempo a los bloqueadores para concentrar su fuego sobre ellos. El MariaTeresa pronto se vio frenado por un aluvión de fuego, y al no conseguir su objetivo, cambió de rumbo, aunque sus desperfectos obligaron a la dotación a embarrancarlo al oeste de Cabañas. El Almirante Oquendo, al ser el último de los cruceros en abandonar la bahía, fue el más castigado de todos, yendo a embarrancar, envuelto en llamas, a 500 metros del Maria Teresa.

El Furor y el Plutón poco pudieron hacer, enfrentándose a buques de mayor entidad y potencia, por lo que no tardaron en sucumbir, el primero embarrancando y el segundo hundido por el fuego enemigo, falleciendo Villamil en uno de ellos. Quedaban el Vizcaya y el Cristóbal Colón, que parece que iban a conseguir su objetivo, pero los fondos sucios del primero frenaban su marcha y pronto, al ser alcanzado por los buques perseguidores, se vio obligado a embarrancar junto a Aserraderos.

El Colón, a toda maquina, iba alejándose de los buques americanos hasta que consumió todo el carbón de buena calidad que llevaba en las carboneras, y al comenzar a usar otro de menor calidad, empezó a perder velocidad, siendo alcanzado también por los americanos. Los disparos de los buques americanos se quedaron cortos al principio, pero poco a poco fueron tomando la distancia y comenzaron a hacer los primeros impactos. Su comandante, para evitar que fuese capturado, convirtiéndose en una excelente presa y botín de guerra puesto que fue el que menos daños sufrió de toda la escuadra española, decidió embarrancarlo en el río Turquino. También aquí como antes en Cavite, el tiro de los americanos dejó mucho que desear, aunque el de los españoles no le fue a la zaga. En comparación con el castigo recibido por la escuadra de Montojo en Cavite, que no fue hundida por la escuadra de Dewey, no parece que hayan sido los impactos de los cañones americanos los responsables de la pérdida de cuatro cruceros acorazados de 7.000 toneladas.

El Cristóbal Colón, de hecho, prácticamente quedó indemne. Los norteamericanos intentaron reflotar el Colón con la intención de incorporarlo a su flota, pero la precipitación hizo que los norteamericanos no tuvieran en cuenta el hecho de que la tripulación española hubiera abierto los grifos de fondo para inundar el navío, con lo cual éste daría la vuelta y se perdería definitivamente. Más suerte lograron con el Acorazado María Teresa, que sí consiguieron reflotar. Pero durante su traslado a los Estados Unidos, cerca de las islas Caicos una tempestad hizo que se rompiera el cable con el que era remolcado, perdiéndose definitivamente.

Solo bastó una hora para que la superior artillería bloqueadora neutralizara a los cercados. Si esta se hubiera quedado en la ciudad hubiese brindado mayor apoyo a la defensa artillera con sus piezas navales. El mero hecho de ella estar en el puerto significaba un aliento moral para los defensores, quienes confiaban en el poderío de su endeble escuadra, considerada en la época la sexta mejor del mundo.

Resultado

Esta batalla fue por así decirlo, una cacería, una monstruosa carnicería. España perdió toda la flota de Cervera. La marina norteña no perdió ni un solo buque, teniendo solo un muerto y tres heridos. El navío estadounidense más castigado fue el Brooklyn, que recibiría 40 impactos, tan sólo 4 de medio calibre siendo el resto de pequeño calibre; 3 impactos recibió el Oregón; 2 el Texas; 2 el Indiana y 6 el Iowa.

Las bajas de la escuadra española fueron cuantiosas: 332 muertos, 197 heridos y 1.670 prisioneros. Por parte americana, tan sólo 1 muerto y 3 heridos. Las primeras noticias del desastre llegarían a través de un grupo de marineros supervivientes de uno de los buques, que se negó a entregarse a los americanos.

Consecuencia

La derrota que le ocasiono la flota naval estadounidense a la escuadra española condujo a la derrota definitiva del colonialismo español en América. Sin el apoyo de los 131 cañones de la artillería de los buques, la ciudad de Santiago de Cuba fue bombardeada el día 11 de julio. El Ejército Libertador Cubano por su parte llegó hasta el Cementerio Santa Ifigenia combatiendo. Cayeron los barrios Gascón, El Cobre, Dos Pedritos. El día 14 la ciudad se rendía por completo ante las tropas norteamericanas.

El historiador y político español Javier Tusell, en un artículo publicado sobre la derrota española señaló[5]:
(…) Por la parte española la responsabilidad recayó sobre la prensa en general. Otros acusaban a Cánovas por dejar a España sin aliados de cara al conflicto con una política de recogimiento. Otros juzgan que sin Cánovas, no se pudo enderezar la situación (…). Las grandes fortunas españolas se hicieron en Cuba. Casi todos los militares famosos sirvieron allí e incrementaron su fortuna personal. Hubo ocasiones en que la Hacienda española debió que esperar las remesas de cuba para continuar las guerras carlistas. Así se explica la peculiaridad del régimen político-administrativo en Cuba y la necesidad de conservarla. (…) El propio general Polavieja comunicó en 1897 a la corona que no quería figurara en el Ministerio de Sagasta por que España no resistiría a los Estados Unidos y que él se conservaría para la etapa posterior (…). Esto explica la necesidad que tenía España de terminar la guerra rápido y con el honor limpio.

Sin embargo el Mayor General Shafter impidió que los cubanos hicieran uso del derecho a entrar en Santiago de Cuba. Este derecho, ganado con 30 años de duros sacrificios y amargas necesidades, en el momento de la victoria les fue a los mambises que tanta sangre habian derramado por la libertad de Cuba. Calixto García días después, le envía una honorable carta de protesta al general Shafter donde realzaba la moral y el derecho de las armas cubanas al disfrute de su victoria. En esta le recordaba que el pueblo cubano había luchado casi 30 años por lograr la independencia y tenía el derecho de dirigir los destinos de su patria, como parte del conglomerado de las naciones libres.

Referencias