Lucía Esther Muñoz Maceo

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NombreLucía Esther Muñoz Maceo
Nacimiento2 de septiembre de 1953
Bayamo, Granma Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadCubana
CiudadaníaCubana
OcupaciónPoetiza

Lucía Esther Muñoz Maceo: destacada poetiza cubana nacida en Bayamo, Granma, en el seno de una familia de músicos. Su tatarabuelo es el instrumentador del Himno de Bayamo, hoy Himno Nacional de todos los cubanos, el músico Manuel Muñoz Cedeño.

Datos biográficos

Lucía Esther Muñoz nació el 2 de septiembre de 1953 en Bayamo, provincia Granma, Cuba. Se inclinó desde pequeña por los caminos de la poesía. Es Licenciada en Letras.

Trayectoria laboral

Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y se desempeñó como presidenta de la filial provincial de esta organización durante diez años. Es especialista en promoción cultural, labor que proyecta a través de varios espacios, entre estos: la peña literaria Un café con Lucía, en el Complejo Recreativo Cultural Guajiro Natural, de la que es anfitriona. Sus poemas han sido publicados en periódicos nacionales y extranjeros.

Eventos literarios donde ha participado

Premios, galardones y reconocimientos recibidos

Galardones

  • Mención Concurso Iberoamericano de Poesía Panamá 80, Nicaragua, 1985.
  • Primera Mención en Concurso Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, Nicaragua, 1985.
  • Premio Pinos Nuevos, 1994.
  • Premio Tula de Poesía del Concurso Gertrudis Gómez de Avellaneda, 1996.
  • Mención Nosside, Caribe, 2000.
  • Mención en el Concurso memoria histórica de las mujeres de América Latina y el Caribe 2000.

Premios y reconocimientos

Publicaciones

Libros

  • Calle arriba bajo la lluvia (1982), Editorial Casa Heredia, Santiago de Cuba.
  • Amarte sin saber el día (1984), Editorial El Arte, Manzanillo.
  • Pongo de este lado los sueños (1989), Ediciones Caserón, Santiago de Cuba.
  • Sigue el vuelo del ave(1990), Editorial Ministerio de Cultura, La Habana.
  • Rphasody in blue (1992), Ediciones Bayamo.
  • Sobre hojas que nadie ve(1994), Editorial Letras Cubanas.
  • Únicos paraísos (1996), Ediciones UNION.
  • Los más bellos bisontes de la tierra (México 1997), Editorial La tinta del Alcatraz.
  • Mágico acertijo (2000), Editorial Oriente.
  • Amargo ejercicio (2000), Ediciones Bayamo.
  • Los cuentos de la tía Altica (2000), Ediciones Bayamo.
  • Amargo ejercicio (2001), Ediciones Bayamo.
  • Arena del tiempo (2003), Ediciones Bayamo.
  • Libro de Isabeat, (2003), Editorial UNEAC, Las Tunas.
  • Piel de Flamboyanes (2003), Editorial UNEAC, Las Tunas.
  • El llanto de Dios (2005), Editorial Oriente.
  • Trébol de la suerte (2006), Córdoba, España.
  • Una mujer puede andar, Antología (2006), Ediciones Ambos Mundos, Murcia, España.
  • Amargo Ejercicio (2008), Ediciones Bayamo.
  • Una mujer puede andar, Antología, (2008), Ediciones Ambos Mundos, Murcia, España.

Algunos de sus poemas

Pequeño inventario de mis arcas

Amanece este día en que un trago de acíbar me cuese la boca, se niega a pasar por la garganta. He volcado los bolsillos sólo diecisiete centavos que no llegan al mendrugo, un pastillero de plata regalo de Ketty contra la soledad, una amatista del ombligo del mundo obsequio de un estudiante conmovido por mis versos en medio de los Andes y tres caracoles amarillos, terrenales como yo misma que recuerdan la existencia de la dicha y que mañana sin falta tendré otro día para amarlo.

No todos los ogros

No todos los ogros viven en Ceylán, uno en mí desangra, se complace en apretarme el corazón hasta casi morir, hace que sienta ausencias, ver falsos abismos, temblor de miedos infundados. El ogro de la duda tiene ojos sangrantes, manos poderosas para apretar el cuello y abatirme, hacerme llorar. Vasta es su crueldad, pero más mi esperanza. Cortaré este limón y morirán los miedos.

Una mujer te busca en la ciudad antigua y neblinosa

Ciudad, amanece, leve pie de luz borra sombras y una mujer emerge con su pelo amanecido. Marcha ignorando el pasado, mira al día por venir, instante futuro en que pueda abrirse la belleza, desconoce lo que bocas febriles lanzan a su paso, palabras hirientes, ojos de fuego. Ella marcha con las manos vacías en busca del alba, de pájaros que pueblan la memoria, busca el amor del noble astronauta extraviado en el viento, que ha perdido su brújula donde los locos vertieron arenas y borrado caminos. Ah ciudad, la muy noble y sensual, real ciudad, herida, desangrada en el atardecer como mi sombra. Una sola tú y yo, disueltas como azogues, perdidas en la bruma del deseo. Y el astronauta no llega, ha perdido la llave que mueve caminos y ella se deshace, en vano llama, lo busca en arenas, en amanecidos espejos del rocío. El astronauta no llega, su brújula no marca senderos, sus pies no encuentran caminos aunque ella lo espera y lo busca incansable en la ciudad antigua y neblinosa.

Cuando la noche profunda vierta el cáliz

Ha rodado la arena por el pasadizo de cristal grano a grano marca alas del tiempo, da altitud a la montaña, devenir y goce de la vida, día vencido. Arriba sólo queda un puñado de tiempo, un arcoiris que será tragado por el remolino para volverse cúspide de luz, base de la misma montaña cuando la noche profunda vierta el cáliz.

Mientras ves volar el pájaro hacia zonas azules

Importa que el pájaro estuvo en esos dedos entreabiertos donde se guarda aún la tibieza de su carne: Ya no está, pero estuvo, su perlado plumaje de seda, pudiste tenerlo sobre el corazón que fue nido, los trinos te llenaron el pecho, válido estar vivo, sangrar, casi morir. Anidó en tu mano temblor de su carne humedecida; agradece esa gracia mientras levanta el vuelo para alcanzar cientos de pájaros que se alejan hacia zonas azules, transparentes.

Fuentes