Ramona Barber Gutiérrez
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Ramona Barber Gutiérrez. Destacada cirujano dental cubana que participó en las contiendas libertadoras, perteneció al Movimiento 26 de Julio.
Sumario
- 1 Síntesis biográfica
- 1.1 Infancia y juventud
- 1.2 Conoce a Marcelo Salado
- 1.3 Se fortalece su carácter revolucionario
- 1.4 Movimiento 26 de Julio
- 1.5 En la insurrección
- 1.6 Su lucha incesante por la liberación
- 1.7 Asesinato de Marcelo
- 1.8 Después de la Huelga General del 9 de abril
- 1.9 El exilio
- 1.10 Al triunfo de la Revolución
- 1.11 Otras etapas importantes de su vida
- 1.12 Labor desempeñada
- 2 Fuentes
Síntesis biográfica
Nació en el pueblo de Camajuaní, en la antigua provincia de Las Villas, el 11 de julio de 1935. Hija de Antonio y Ernestina. El padre era tabaquero; con su esfuerzo y la ayuda de sus hijos pudo llegar a tener una tabaquería, una fuente soda y una quincallería.
Infancia y juventud
Ramona era la más pequeña de los 5 hermanos, de los cuales, 2 murieron a temprana edad; a los 12 años enfermó de asma, pero esto no fue un impedimento para su superación personal, ni para su participación en la lucha clandestina contra la tiranía batistiana.
Cursó la enseñanza primaria en la escuela pública "Lisandro Pérez" de su pueblo natal; el bachillerato lo pasó en el Instituto de Segunda Enseñanza de la villa de Remedios, en 1949, debido a su enfermedad. Ramona pudo estudiar gracias a la ayuda de sus hermanos Ernesto y Antonio, y de su madre.
Conoce a Marcelo Salado
Durante los estudios de bachillerato conoció a Marcelo Salado, un mártir de la Revolución Cubana. Ya en esa época, Marcelo Salado ejercía influencia sobre ella, al comenzar a inculcarle las primeras inquietudes revolucionarias; al final del bachillerato (tenía 17 años) tomó sus primeras lecciones de arme y desarme de armas, dirigidas por Marcelo, que en aquel entonces ya guardaba algunas armas en su casa, en la ciudad de Caibarién. Al terminar el bachillerato se trasladó para La Habana, donde ya sus hermanos estudiaban Medicina; pasó el curso preparatorio e inició los estudios de Cirugía Dental, en 1954.
En la Universidad se encontró accidentalmente con Marcelo Salado, quien le planteó concretamente sobre la lucha insurreccional, en la cual ya él se encontraba en cuerpo y alma, pues estaba en la conspiración de Justo Carrillo, la cual fracasó, cayendo casi todos presos (esto sucedió a principios de 1956). Ramona comenzó a llevarle cosas personales necesarias y mensajes de otros compañeros al vivac, donde lo tenían preso.
Mientras todo esto ocurría, ella seguía luchando por la propia supervivencia, agravada por las matrículas, el costo de los instrumentos dentales para las prácticas docentes, etc. El padre consiguió trabajo en la Oficina de Detallistas (ya se habían trasladado para La Habana); un hermano comenzó a trabajar con un hombre poniendo ventanas de aluminio y el otro empezó a impartir clases en la casa, a alumnos de niveles inferiores.
Se fortalece su carácter revolucionario
Desde su casa se veían los abusos y desmanes de los policías con los presos, lo que hizo que se fortaleciera más su carácter revolucionario. Ramona también cooperaba económicamente en la casa, dibujando vestidos para un polaco que después los vendía a precios exorbitantes y a ella le pagaba centavos.
En el mes de agosto o septiembre, aproximadamente, comenzó a trabajar en la Compañía de Teléfonos, puesto que obtuvo por oposición. Luego salía para la facultad a continuar sus estudios.
Movimiento 26 de Julio
Al producirse el desembarco de Fidel en diciembre de 1956 y cerrarse la Universidad de La Habana, Ramona continuó trabajando y nuevamente se puso en contacto con Marcelo Salado, ya ella sabía que estaba en la clandestinidad, para que le dijera qué podía hacer para ayudar a la insurrección.
Marcelo le planteó el primer trabajo concreto y serio en el Movimiento 26 de Julio, en el cual continuaría trabajando hasta su exilio. El trabajo consistía en seguir y chequear al corredor de automóviles, Juan Manuel Fangio, que en febrero de 1957 venía por primera vez a Cuba, invitado por el gobierno de Batista, para correr en dichas carreras. En este trabajo que hizo durante tres días y sus noches, no se pudo llevar a cabo el secuestro del mismo, porque la única casa con la que contaba el movimiento en aquel momento, había sido tomada por la policía; por suerte, ningún compañero cayó en la redada; este chequeo serviría para que al año siguiente, con pequeñas correcciones y más afianzada la lucha en la ciudad, se llevara a feliz éxito aquel golpe que tanto enfureció a la dictadura.
En la insurrección
Comenzó a tener un trabajo en la insurrección; como laboraba por la noche en la Compañía de Teléfonos, tenía todo el día, muchas veces sin dormir, para dedicarse a las múltiples tareas asignadas; éstas eran: enlace entre grupos de acción y sabotaje, trabajando directamente con Marcelo Salado, como responsable de Acción y Sabotaje; y con Faustino Pérez, como responsable del Movimiento "26 de Julio" en La Habana; trasladaba armas y comida, la cual preparaba para llevársela a los compañeros que se encontraban en la clandestinidad, como Pedro Julio Salado, Juan Oscar Alvarado Miranda (mártir de la Revolución), en la calle Anita, en el reparto Sevillano; le llevaba armas y mensajes a Gerardo Abreu Fontán en la Habana Vieja, y a Cabrera, en Luyanó; acompañaba a Marcelo Salado a reuniones de grupos en distintos barrios de La Habana; participó también en el chequeo y control de la Habana Vieja, en un plan extraordinario de control de garajes, bancos, etc.; fue acompañante y enlace de Faustino Pérez en múltiples ocasiones, una de ellas, cuando el Levantamiento popular del 5 de septiembre en Cienfuegos; ayudó en la instalación y escondite de Oscar Lucero, ajusticiador de Fermín Cowley, en Holguín, quien después del 9 de abril fuera apresado y asesinado.
Su lucha incesante por la liberación
Durante 1957, Ramona continuó una actividad incesante por la lucha de liberación, aun trabajando en la Compañía Telefónica. Cuando se le planteó la necesidad de alquilar un apartamento en El Vedado, dando como referencia su nombre y su trabajo, para que sirviera de cuartel maestre del Movimiento 26 de Julio en La Habana, inmediatamente alquiló el apartamento No. 6 del séptimo piso del edificio de G y 25, dejando pasar unos días, antes de dejar de trabajar y pasar a la clandestinidad.
Asesinato de Marcelo
El 9 de abril de 1958, fecha escogida para la Huelga General, Ramona salió con Marcelo Salado del apartamento de G y 25, para cumplir con una de las actividades de ese día. Al llegar frente al garaje (Servicentro), a eso de las 3:30 de la tarde los detuvo una perseguidora (ellos iban caminando, porque se dirigían a una casa cercana, cuartel maestre de la dirección obrera en la clandestinidad); ella se separó a unos pasos de Marcelo Salado para tratar de buscar ayuda en el apartamento, y allí, en ese mismo instante, él fue asesinado. El dueño del garaje, que en ese momento despachaba gasolina, la empujó al suelo, y, ayudado por otros empleados, la escondieron debajo de un buró, evitando de ese modo que la policía la viera. Cuando retiraron el cadáver de Marcelo Salado y se marcharon los asesinos, los empleados del garaje le consiguieron una máquina para hacerla desaparecer de ese lugar.
Después de la Huelga General del 9 de abril
Después de la huelga se desató tal represión, que fueron cayendo, uno tras otro, los compañeros de lucha. En esa etapa, Ramona estuvo de un lado para otro, acompañada por la esposa de Marcelo Salado, quien también era buscada. El día 1 de mayo, por gestiones de su familia y con autorización de Faustino Pérez, se asiló en la Embajada de Paraguay. Días antes se habían asilado en la misma embajada un grupo de combatientes del Asalto al Palacio Presidencial.
Ventura y sus esbirros rodearon la embajada, amenazando con asaltarla como ya habían hecho con otra (la de Haití). Los compañeros exilados se parapetaron detrás de las puertas y ventanas con sus armas, mientras Ramona y otra compañera se dedicaban a cuidar un herido del grupo, que había entrado en la embajada. Después de cansarse y de proferir insultos y amenazas, los esbirros se retiraron; a los pocos días salieron para el exilio: unos para Miami y otros, entre ellos Ramona Barber, para Venezuela.
El exilio
Al llegar a Venezuela, el 13 de mayo de 1958, permanecieron 4 días retenidos en el aeropuerto, por no llevar pasaporte, pues al embajador de Paraguay, en su nerviosismo, se le habían quedado en la embajada. Ramona llegó a ese país con escaso dinero, reunido por la familia; rápidamente se puso en contacto con los compañeros del Movimiento "26 de Julio", residentes allí; éstos le consiguieron un trabajo, y se fue a vivir a casa de unos compañeros cubanos; más tarde, cuando llegaron a Venezuela la viuda de Marcelo Salado y sus hijos, se fue a vivir con ellos; continuó ayudando a otros que llegaban y trabajó para poderse mantener, hasta el triunfo de la Revolución.
Al triunfo de la Revolución
Con el Triunfo de la Revolución, Ramona regresó a La Habana, el 5 de enero de 1959, en un avión especial, puesto por el gobierno venezolano para trasladar a un gran número de cubanos exiliados, de los cientos que se encontraban en ese país.
Desde comienzos de 1959, Ramona empezó a trabajar, junto a Marta Cuervo, en la intervención y administración de la Casa de Beneficencia; posteriormente laboró en el Capitolio Nacional y se reintegró al trabajo en la Compañía Telefónica, en su turno de la madrugada, para poder terminar su carrera de Estomatología, que la había dejado en 3er. Año, al cierre de la Universidad. Se incorporó a las Milicias Universitarias, donde hizo el entrenamiento para recibir "la boina verde".
Otras etapas importantes de su vida
En septiembre de 1959 contrajo matrimonio con Carlos Cruz Hernández, Doctor en Ciencias Médicas, Especialista de II Grado en Cirugía General y Profesor Auxiliar. De su matrimonio tuvo 2 hijos: uno es graduado de Doctor en Medicina y el otro Ingeniero Civil y Especialista en Estructuras. Una vez graduada de la Universidad, se incorporó al Servicio Médico Social Rural, en Dayaniguas, provincia de Pinar del Río.
En 1963 comenzó a trabajar en la Clínica Estomatológica de Becados, en Siboney; en ese mismo año trabajó durante un mes en el Hospital Nacional y luego pasó a la Clínica de San José, en Centro Habana, donde permaneció hasta que se abrió la Clínica Estomatológica de la Víbora, desde enero de 1965 hasta 1968. En ese año pasó a la Clínica "Capri", hasta el mes de mayo en que fue seleccionada para cursar la residencia de Prótesis Estomatológica y se integró a las actividades docentes de la Facultad de Estomatología, donde permaneció hasta su jubilación.
Labor desempeñada
Ramona Barber, en su trayectoria laboral, se incorporó a la superación de posgrado, participó en investigaciones, fue miembro de la Sociedad de Prótesis Estomatológica, y alcanzó la categoría de Especialista de II Grado en Prótesis Estomatológica. Como profesora gozó del prestigio y respeto de los demás profesores, estudiantes y trabajadores de la Facultad de Estomatología de La Habana. Su trayectoria revolucionaria la hizo acreedora de innumerables condecoraciones otorgadas por el Consejo de Estado.
Fuentes
- Libro Contribución a la historia de la estomatología cubana. Dentistas en las luchas revolucionarias. Cap 11.