Saltar a: navegación, buscar

Cabañas (Mariel)

(Redirigido desde «Cabaña (Pinar del Río)»)
Cabañas
Información sobre la plantilla
Poblado de Cuba
EntidadPoblado
 • PaísBandera de Cuba Cuba
 • municipioCabañas
 • provinciaArtemisa
Población 
 • Total31 939 hab.
Cabaña.jpg

Cabañas. Pueblo del municipio de Mariel situado al norte de la provincia de Artemisa, y a 72 kilómetros de la capital de Cuba. Hasta 1976 fue municipio, fecha en que pasó a Mariel.

Historia

En 1958 Cabañas era cabecera del municipio del mismo nombre. Según el censo efectuado en 1953, la población del territorio era de 31,939 habitantes. A este municipio pertenecían los pueblos de Bahía Honda y San Diego de Núñez y otros 12 barrios diseminados a través de sus 900 kilómetros cuadrados de extensión.

Sus límites geográficos eran los términos municipales de Mariel y Guanajay al Este; Artemisa, Candelaria, San Cristóbal y Los Palacios al Sur; y el municipio de Consolación del Norte (La Palma), al Oeste. El Norte es bañado por las aguas del Golfo de México.

El principal renglón económico de este municipio lo constituía la caña de azúcar. El municipio Cabañas (18791976) era, en la década de 1950, uno de los más importantes territorios productores de azúcar de la provincia pinareña.

Existían en el territorio tres centrales azucareros: El Bahía Honda, el Orozco y el Merceditas; éste último de propiedad norteamericana. Entre los tres centrales azucareros tenían una capacidad de emplear durante el tiempo de zafra azucarera hasta 7 500 obreros.

Este territorio se caracteriza por ser una de las zonas más bellas de la región occidental. Sus incomparables paisajes representativos de la campiña cubana, su bien privilegiado y protegido litoral, sus bahías de bolsa, abundantes en cayos y puntas de singular atracción y su irregular relieve de empinadas lomas, valles y cordilleras ofrecen al espectador imágenes deslumbrantes del entorno en este territorio.

Situación Económica y Social

La Sociedad cubana y por supuesto la de este municipio – estaba dividida en clases sociales determinadas por las formas de vida de los habitantes que la componían.

A la alta sociedad en el municipio pertenecían aquellas personas que representaban la minoría de la población pero cuyo nivel de vida era alto porque se habían enriquecido con sus prósperos negocios, sus cuantiosas propiedades o ambas.

Ostentaban una opulenta vida y podían permitirse lujos y derroches de todo tipo, condicionado, naturalmente, por su posición económica. Como era característico de la etapa Neo-colonial, tenían una gran influencia en la vida política y social en el territorio. Se puede citar, por ejemplo, los dueños de centrales azucareros, hacendados, empresarios y latifundistas de la región.

La clase media la representaban, generalmente los comerciantes, ganaderos, colonos, caficultores, profesionales y propietarios de pequeños negocios o empresas y cuyo nivel económico era lo suficientemente adecuado como para propiciarse un modo de vida más holgado que los obreros y campesinos asalariados.

A la clase baja de la sociedad pertenecían los obreros asalariados, empleados, personal no calificado y cuyo nivel económico era bajo. Pero, a criterio de los autores, existía una clase muy humilde a los que irónica y despóticamente muchos les tildaban de muertos de hambre.

Situación política

La situación política del territorio se reflejaba, al igual que en todo el país, antes del golpe de Estado de 1952 por los gobiernos de turno Grau San Martín 1944-1948; Carlos Prío Socarrás, 1948-1952) por gobernantes que eran fieles exponentes de los intereses del imperialismo y la oligarquía nacional imperante.

Prevalecía en ellos la corrupción administrativa, la represión al movimiento obrero y revolucionario (en especial a los militantes comunistas) y el desinterés por satisfacer las necesidades básicas de la sociedad.

Un ejemplo fehaciente que muestra a la corrupción de los gobernantes auténticos y que tuvo relación con el territorio es que al presidente Carlos Prio Socarrás, natural de Bahía Honda y sus familiares adquirieron, sólo en la provincia Pinar del Río, y en el período de un año, la cantidad de 15 fincas, entre las cuales se encontraba La Altura, en el litoral norte de Bahía Honda. Estos aprovechados del régimen, al cabo de tres años ya poseían 34 fincas rústicas en la más occidental de las provincias.

Se organiza el Movimiento 26 de Julio

La organización del M-26-7 en el Término Municipal de Cabañas tuvo lugar el 2 de diciembre de 1955, en la escuelita rural de San Claudio, presidida por José Suárez Blanco Pepe asaltante del Moncada y miembro de la Dirección Nacional del Movimiento, quien tenía la tarea de organizar en toda la provincia de Pinar del Río, la dirección del M-26-7 en cada uno de sus municipios.

Como jefe del Movimiento fue electo Vicente Cubillas Borges.Chente quien era representante del Partido Ortodoxo en Pinar del Río.

Los otros miembros seleccionados para integrar la Dirección Municipal del M- 26-7 fueron: Severino Paula Alor; como coordinador, Francisco Arencibia LavastidaPaco, para ocupar el frente de propaganda; Marciano Pérez Pérez para atender el frente de acción y sabotaje y Miguel Suárez como financiero. Asimismo fueron propuestos Agripino Cuellar García (Pino) y Gregorio Hernández (Goyo) para atender el frente obrero. Todos ellos eran, hasta entonces, miembros del Partido Ortodoxo.

Rogelio Payret Silvera, un líder natural

Agripino Cuellar García,Pino , dirigente sindical en el central “Merceditas” ,conoció muy de cerca a Rogelio Payret, a quien involucró en las acciones sindicales anti mujalistas, desde que supo que había regresado al central.

“… A Rogelio Payret le conocíamos por el sobrenombre de “Lule” .Era un joven natural del Central “Merceditas” que había tenido que abandonar sus estudios por las actividades conspirativas contra el régimen de Batista. Había ingresado en la Escuela San Alejandro donde estudiaba escultura y pintura y estando en la capital hizo muchos amigos. Tenía muchas relaciones con miembros del Movimiento y con gente que conspiraba contra Batista….”

Pedro Miranda “Perico”, uno de sus fieles compañeros de lucha en el central “Merceditas”, al referirse sobre el capitán Rogelio Payret, recuerda:

“…Rogelio Payret, “Lule” era un joven muy respetado y querido por sus amigos y vecinos. Siempre fue muy inquieto, extrovertido, entusiasta y decidido. Con él preparamos un gimnasio en mi casa para hacer ejercicios y practicar boxeo y judo, levantar pesas, entre otras cosas.

Le gustaba mucho la caza, la pesca submarina, coger caimanes en los ríos, conducir lanchas o remolcadores, en fin, un aventurero. Y todo eso facilitó que a su alrededor nos aglutináramos muchos muchachos como él que vivíamos en el batey del central “Merceditas”.

Rogelio Payret Silvera "Lule"
Un buen día regresó al central y no volvió más a la escuela. La policía lo había detenido en una manifestación estudiantil. Lo metieron en un patrullero pero logró escapársele al policía que lo custodiaba y se dio a la fuga y volvió para el ingenio.

En el central comenzó a trabajar como ayudante de Agripino Cuellar .Allí se le dio la tarea de trabajar en la propaganda lo cual hacía al pintar carteles y letreros porque realmente era bueno en eso. Otra de las tareas que se le indicó fue realizar sabotajes para apoyar al sindicato en las protestas, la huelga de 1957, etc.”.

Lule creó su propio grupo entre los amigos más capaces y confiables del barrio. Era un grupo que hacia de todo. Esto convirtió a Rogelio Payret en un líder natural por excelencia. A su alrededor reagrupó varios jóvenes revolucionarios muy activos, muy entusiastas y que vieron en Lule su jefe, en quien confiaban plenamente por su ejemplo, su astucia y valor… “

La apertura del Frente Guerrillero de Pinar del Río

En los meses de septiembre y octubre de 1957, la Dirección del Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río intensificó su recaudación con el fin de adquirir armas para un frente guerrillero a crear en la Sierra de los Órganos. Se acordó que la Dirección del 26-7 en Pinar del Río despacharía una expedición para recoger el cargamento en México, Finalmente se obtuvo el yate El Corojo con tales propósitos.

Después de enfrentar múltiples obstáculos antes y durante la travesía y en México, las armas que traía el barco (59 fusiles con 30 000 tiros, 32 pistolas y otras armas cortas con 20 000 balas, un cañón antitanque con 500 proyectiles, diez toneladas de dinamita y dos plantas de radio) llegaban a tierra cubana el 8 de abril de 1958, en horas de la noche.

Perseguidos y hostigados por tierra y aire los revolucionarios que estaban al frente de esta tarea se vieron obligados a guardar en una cueva las armas y el intento de abrir el frente guerrillero no alcanzó el éxito esperado aunque pudo recuperarse más tarde gran parte del armamento escondido.

Varios fueron los intentos por crear un frente guerrillero en la provincia, pero los esfuerzos realizados hasta mayo de 1958 habían sido prácticamente en vano.

En la segunda quincena del 5to mes de 1958, el único grupo guerrillero que se mantenía alzado en la provincia de Pinar del Río era el que operaba en el municipio de Cabañas, bajo el mando del capitán Rogelio Payret Silvera Claudio, un joven de sólo 21 años de edad, procedente del central Merceditas con una docena de hombres y una mujer bajo su mando.Tres fueron las causas fundamentales que propiciaron que Payret y su grupo de guerrilleros se alzara y mantuviera en la zona de El Rubí.

En primer lugar el alzamiento se venía gestando por la Dirección Provincial del MR 26- 7 en la provincia desde hacía meses atrás y los dirigentes del Movimiento en el municipio de Cabañas habían solicitado aportar una guerrilla a dicho frente y tenía las condiciones mínimas indispensables creadas para ello.

En segundo lugar en Cacarajícara se encontraba un grupo reducido de combatientes que habían tenido que pasar a la clandestinidad y se encontraban allí en espera de que se reorganizaran los grupos dispersos que había en la provincia para crear el frente guerrillero de Pinar del Río. Payret decidió marchar hasta allí con su grupo para unir las fuerzas con tal objetivo.

En tercer lugar, el alzamiento de Rogelio Payret y el grupo de combatientes que le acompañaron se tuvo que hacer de forma precipitada por cuanto el connotado asesino, coronel Esteban Ventura Novo les había preparado un “cebo” con la intención de realizar una redada y tomar prisioneros a los integrantes de dicho grupo de revolucionarios. Al no tener otra alternativa, Payret y su grupo deciden huir hacia las montañas del Rubí en alzamiento.

Acción de La Vigía

La acción de La Vigía: principal causa del recrudecimiento de la represión de la tiranía en Cabañas. El 16 de noviembre, la jefatura de la Columna 2 Ciro Redondo, reunió a todos sus hombres.

Una vez juntos, prepararon una acción relámpago en la que participaron 32 de sus 35 miembros. Dicha acción estaba dirigida contra carros patrulleros del SIM que custodiaban el ómnibus que rendía viajes entre los pueblos de Guanajay y Bahía Honda; un intento forzado de las fuerzas represivas por mantener a toda costa la transportación por carretera.

Se preparó una emboscada en La Vigía - lugar donde la carretera hace una curva en forma de “S”, justo en el kilómetro 33 de la carretera del Circuito Norte, a sólo 6 y medio kilómetros del cuartel de Cabañas.

Un jeep requisado de antemano fue atravesado en dicha carretera en el preciso momento en que se acercaba el ómnibus y los dos patrulleros y que obligó a los vehículos a disminuir la marcha.

Una vez liberado el ómnibus de todo peligro, una lluvia de fuego cayó sobre los carros patrulleros. La acción tuvo una duración de sólo varios minutos y se realizó alrededor de las 22 horas.

Los miembros de la Columna 2 le ocasionaron 8 bajas al enemigo, entre muertos y heridos. Luego despojaron a los soldados del SIM de las armas y parque que portaban y los dos carros patrulleros fueron incendiados.

Posteriormente y a paso forzado, los integrantes de la Columna 2 partieron en dirección a las montañas y se dirigieron hasta la zona de Cayajabos donde seguramente los soldados del régimen no les encontrarían.

Pero la reacción de la tiranía no se hizo esperar y fue más feroz que nunca. A partir de la mañana siguiente, lo primero que hicieron fue enviar aviones que ametrallaron indiscriminadamente zonas campesinas donde esperaban que pudieran estar los rebeldes.

El coronel Evelio Miranda Rodríguez, jefe del 6to Distrito Militar Rius Rivera de Pinar del Río, envió telefonemas urgentes a los jefes de escuadrones del SIM , al Servicio de Inteligencia Regimental y al jefe provincial de la Policía.

En los cuarenta y tres días de permanencia en Cabañas de estos sicarios del régimen se cometieron infinidad de abusos y crímenes. Cumplieron cabalmente con la intención de crear en los pobladores el terror y hacerles pagar un alto precio de vidas por tanta rebeldía y enfrentamiento al régimen.

La Masacre de Cabañas

Los primeros asesinados fueron los jóvenes campesinos Bernardino y José Isabel Miranda, dos hermanos vecinos de San Claudio quienes le resultaron sospechosos de haber colaborado con los rebeldes que habían tenido a su cargo el ataque a los carros patrulleros la noche anterior por el simple y único hecho de pasar por el lugar donde se había producido el ataque a los carros patrulleros a horas muy tempranas de la mañana y en dirección a las labranzas del campo.

Asimismo se desconfiaba de ellos por haber socorrido a un militar del SIM que permanecía herido a cierta distancia de la carretera lo que fue suficiente para resultarles sospechosos, máxime cuando se rumoraba entre los oficiales heridos que los Mau-Mau (3) que los habían atacado eran, en su mayoría,unos negros.

A altas horas de la noche, de ese mismo día, fueron sacados de su casa, golpeados hasta desfigurarle el rostro y luego ahorcados en la cuneta de la carretera. Les dejaron expuesto allí como un escarmiento y simple muestra de lo que pasaría en lo sucesivo en el territorio.

Horas más tarde, al filo del mediodía del propio día 18, un pelotón de “casquitos “(4) Descendía de un camión en la entrada del puente de San Claudio. Hasta allí acudió el joven Gonzalo Rivero con la única intención de curiosear. El recibimiento al ingenuo muchacho por parte los soldados fue con trompones y culatazos de fusil.

En su ayuda y para aclarar que Gonzalo presentaba retraso mental, acudieron al lugar Octavio Campos Concepción, Regino Ramos y José Benito Díaz, todos vecinos del lugar. Pero éstos tampoco regresaron más a su casa. A los cuatro se los llevaron consigo en dirección a las montañas a donde se disponía la tropa dirigirse.

Aproximadamente a un kilómetro del lugar donde les habían arrestado, aparecieron posteriormente los cadáveres de José Benito Díaz y Octavio Campos Concepción.

Ni siquiera les dieron sepultura. Y los perros, los puercos y las auras dieron rápida cuenta de sus cadáveres. Al recuperar sus huesos –y según declaración de sus propios familiares- encontraron señales de haber recibido una gran golpiza por las fracturas del cráneo y dientes partidos o perdidos.

Días después asesinaron a Regino Ramos Ramos. Con un pedazo de madero y un alambre de púas le retorcieron el estómago hasta dejarlo inconciente, desfallecido. Y le dieron sepultura aún con vida y con los pies fuera de la sepultura.

El día 19 de noviembre, desde finales de la mañana, un jeep cargado de soldados, guiados por el Sargento Cándido Cordero y el sargento Julián Hernández –efectivos del cuartel que se prestaron para delatar a los revolucionarios cabañenses - acompañados por el teniente Casola, el Cabo Luís Lara Crespo “Larita” y otros “casquitos” , fueron de casa en casa y hasta centros de trabajos en busca de los supuestos colaboradores y enemigos del régimen para hacerlos prisioneros y llevarlos hasta el Cuartel de la Guardia Rural.

Cuando llegaron, el único que estaba allí ya detenido era Lolo y un joven al que no conocían, que estaba en el calabozo. Después fueron llegando en el transcurso del día los demás presos. A todos los llevaban para la Cuadra del cuartel. A las cinco y media de la tarde llegó Casola y empezó a interrogar a los que habían llegado.

Después le tocó el turno a Leovigildo. Detrás de él fue Lafá .A los que golpeaban no los veíamos más. Después supimos que los sacaban por detrás. Al fin me tocó a mí. Me mandaron entrar en el dormitorio, junto a la puerta estaba el teniente Capó y después había uno de ellos (toda la patrulla) uno frente a cada cama. Capó me dio un trompón que me mandó de cabeza .Me pararon y me siguieron golpeando así hasta llegar al baño que estaba al final.

Aquellos esbirros que estaban en todo, habían llenado el baño de agua con jabón, de modo que estuviera bien resbaloso. De esa forma, los que entraban allí aturdidos por los golpes, resbalaban y caían al suelo. Y allí le esperaban cinco o seis, todos con algo en la mano: un vergajo, un black jack, un bicho de buey…”

Una vez en el cuartel, les despojaron de todas las pertenencias de valor, incluido el dinero que llevaban encima. La inmensa golpiza que les propinaron los sicarios del régimen, comenzó alrededor de las 5 de la tarde y no culminó sino hasta cerca de la una de la madrugada. A Roberto Nodarse, por ejemplo, le dieron un culatazo de fusil por el pecho que cayó al suelo desfallecido y emanando sangre por la boca.

A las 5 de la mañana les sacaron del cuartel en una furgoneta cerrada. Los llevaron hasta el campamento de San Claudio y de allí hasta la finca Guasimal donde le dieron muerte y sepultura.

Así, de esta forma tan grotesca, tan cruel y despiadada, los esbirros asesinaban en la madrugada del día 20 de noviembre a Domingo Álvarez Núñez, Modesto Trujillo Negrín, Francisco Rodríguez Valdés, Marcos Antonio Lafá Cuesta, Isidoro Roque Cepero y Roberto Nodarse Blanco, así como a otros dos detenidos que no eran naturales de Cabañas pero que habían tenido preso en el cuartel a la hora de la llegada de los demás.

A Marcos Antonio Lafá le habían despojado de sus lujosos zapatos y le hicieron caminar descalzo sobre piedras y espinas. Se negó a continuar caminando con los pies destrozados y pidió que le asesinaran allí mismo, porque sabía que los habían llevado hasta allí para ello.

A Francisco Rodríguez Valdés, conociendo los soldados que era un valiente miembro del 26 de julio de probada hombría, negado a delatar a sus compañeros a pesar de las horribles torturas a las que le sometieron, lo castraron y luego le amarraron –para “diversión” de los verdugos allí presentes - sus genitales al cuello, poco antes de ahorcarle como a los demás.

Héroes de la masacre de Cabañas

A su casa, en Mariel, fueron a buscar el día 23 de noviembre a Celestino Moreno Fiallo; hombre robusto, cultivado por el trabajo del campo y que se desempeñaba en la finca Las Ánimas, cerca de El Rubí como montero del central “Merceditas”.

Le convencieron fácil para que montara al jeep donde lo trasladarían. Alegaron que habían robado en la finca del norteamericano, administrador del central y era necesaria su presencia en la finca para contabilizar lo perdido. Camino a Cabañas, le esposaron y luego lo asesinaron en la finca San Miguel.

Fin de la pesadilla

Pero para los pobladores de Cabañas la terrible pesadilla vivida entre los días 17 de noviembre y el 31 de diciembre de 1958, sólo terminaba con la huida del dictador y el triunfo de la Revolución.

Pero para las familias de aquellos que habían sido apresados el día 19 de noviembre o en días posteriores, aún continuaba la incertidumbre y la desesperación: sus familiares no aparecían ni vivos ni muertos, aunque ellos ya esperaban lo peor.

Al día siguiente al triunfo, los hermanos Echazábal reportaban la presencia de un sepultura en su finca .Hasta allí acudieron las autoridades y vecinos del lugar y fueron exhumados los cadáveres de Leandrino Trujillo Negrín y Carmelo Barrios Montes.

Pero de los que continuaban sin aparecer, nada se sabía. Nadie tenía información sobre ellos y los efectivos del cuartel habían negado todo tipo de información. Catorce días duró aquella tortura .Hasta que al fin fueron descubiertos por campesinos de la zona las tumbas de dos personas en la finca Guasimal. Se trataba de Regino Ramos Ramos y Marcos Antonio Lafá Cuesta.

Tres días después, al fin aparecieron nuevas sepulturas. Enterrados en dos fosas comunes se encontraron los restos de Modesto Trujillo Negrín, Francisco Rodríguez Valdés, Roberto Nodarse Blanco, Isidoro Roque Cepero, Domingo Álvarez Núñez y dos cadáveres más correspondientes a dos personas no naturales de Cabañas.

El Eterno Homenaje a los caídos

Desde el mismo año 1959, la Dirección del Movimiento 26 de julio, en el Municipio Cabañas, escogió un día para recordar y rendir homenaje a sus mártires. En peregrinación solemne que, desde el parque de la localidad, llegaba hasta el cementerio del poblado donde descansan sus restos.

En dicha peregrinación participa todo el pueblo, representado por los campesinos, obreros, estudiantes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, familiares de las víctimas de aquella masacre, miembros de la Asociación de Combatientes de Cuba y dirigentes de organizaciones políticas y de masas.

No es hasta 1975, que se construye junto al antiguo cuartel de la guardia rural, hoy Secundaria Básica “Marcos Antonio Lafá”- el mausoleo erigido en recordación de los mártires de Cabañas. En este mausoleo, cada 20 de noviembre, es cita perenne de los cabañenses con su pueblo para rendirle homenaje a los mártires del horrendo crimen cometido por la tiranía batistiana en 1958.-

Fue decisión de la Dirección Municipal del Movimiento 26 de Julio escoger el día 20 de noviembre, como el Día de los Mártires de Cabañas, teniendo en cuenta que fue ese día en 1958, que se cometió el asesinato en masa de los apresados y torturados en el cuartel de Cabañas el día anterior, no obstante haberse prolongado los asesinatos hasta el día 18 de diciembre siguiente.

En 1985, se modificó y remozó nuevamente el mausoleo a los mártires. En la principal estructura de concreto se exponen en metálico los nombres y apellidos de los veinte y dos mártires de Cabañas. A su alrededor, otras once esculturas-también de concreto- se levantan para simbolizar el mes de noviembre cuyo significado ya el lector conoce. El color blanco con que fueron pintadas, significa la pureza y humildad de los caídos.

Fuentes

  • MSc. Máximo Vieyto González.
  • Lic. Alberto Echasaval González.
  • Prof. Guido González Pérez.