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Dinastía Manchú

Dinastía Manchú
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DinastiaManchu.jpg
Territorio ocupado por los Manchues.
Fecha:1644 hasta 1912.
Lugar:Bandera de la República Popular China China
País(es) involucrado(s)
China
Líderes:
Kang Hi(1689-1722); Kien Long(1736-96); Tao Kuang(1821-50); Hien Fong(1850-62); Kuang Siti(1875-1907); Tong Che; Tsu Hi y Pu Yi.

Dinastía Manchú o Qing (1644 hasta 1912). Bajo la dinastía Qing, los manchúes siguieron absorbiendo la cultura de China.

Basada

Su organización política se basaba en la de los Ming, aunque estaba más centralizada; el máximo organismo administrativo fue una nueva institución, el Gran Consejo, que tramitaba los asuntos militares y políticos del Estado bajo la supervisión directa del emperador.

Los funcionarios (burócratas) principales en la capital tenían tanto un jefe chino como manchú. Desaparecieron tanto la burocracia tradicional como los exámenes para funcionarios públicos, que eran elegidos por su conocimiento del confucianismo.

Historia

Hacia finales del siglo XVII, los Qing habían eliminado toda la oposición Ming y sofocado una rebelión encabezada por generales chinos, quienes en principio habían ayudado a los manchúes y a los que se habían otorgado dominios semiautónomos en el sur. A mediados del siglo XVIII, durante el reinado del emperador Qianlong, la dinastía Qing llegó al apogeo de su poder.

Dongbei Pingyuan (Manchuria), Mongolia, Xinjiang y el Tíbet se encontraban bajo el control Qing, hasta Nepal notó la influencia China; Birmania enviaba periódicamente tributos a la corte Qing, al igual que las islas Ryūkyū; Corea y Vietnam del Norte reconocieron ambos la soberanía China y Taiwán fue anexionada.


Economía y comercio

El orden interno que los manchúes implantaron hizo del siglo XVIII un periodo de paz y prosperidad sin precedentes en China; la población se duplicó, pero la producción fue incapaz de expandirse al mismo ritmo. Hacia finales del siglo XVIII, la situación económica del campesinado chino había empezado a declinar. Los recursos financieros del gobierno estaban gravemente mermados por el coste de la expansión exterior y a finales del reinado de Qianlong estaban casi agotados por la corrupción oficial.


Las tropas manchúes situadas a lo largo de toda China fueron una causa más de deterioro de la economía y, debilitadas por su escasa experiencia bélica al servir como simples guarniciones, fueron poco capaces de empuñar las armas en su propia defensa.

A finales del siglo XVIII los manchúes aceptaron con reservas las relaciones comerciales con Occidente; el comercio estaba limitado al puerto de Cantón y los comerciantes extranjeros tenían que llevar a cabo sus intercambios comerciales a través de un número limitado de comerciantes chinos (sistema del Cohong).


Los países más activos eran Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, aunque el comercio británico era el más importante. Inicialmente el balance comercial era favorable a China, pues Gran Bretaña compraba té y hacía sus pagos en plata. Para invertir la balanza comercial, durante la década de 1780, los comerciantes británicos introdujeron en China opio procedente de la India.


Hacia 1800 el mercado del opio se había desarrollado muy rápidamente y la balanza comercial se había inclinado a favor de Gran Bretaña. La pérdida de la plata china como resultado del creciente comercio del opio agravó las dificultades fiscales a las que ya se tenía que enfrentar el gobierno Qing.


Principales reinados

El siglo XVIII tiene especial relieve por los reinados de Kang Hi (1689-1722) y Kien Long (1736-1796), bajo los cuales China revive el esplendor de sus mejores épocas. Las notas más destacadas son una vida fastuosa y refinada, un arte poco original (excepto en la cerámica), y numerosos trabajos de erudición y compilación. La política exterior fue imperialista; China se anexionó Ili y Kachgar, hizo tributaria a Birmania, y consolidó la soberanía sobre Tibet y Nepal.


Durante el reinado de Kang Hi, y como consecuencia del desafortunado final de la disputa de los ritos, China se cerró a la expansión misional, y se inició la era de las persecuciones. En 1796 llegó la misión Macartney, que fue mal recibida; en 1816 visitó China la misión Amherst. Eran las primeras tentativas occidentales para abrir el mercado de China, las cuales no tuvieron éxito. Por numerosas razones, muchas de ellas justificadas, China no deseaba la presencia de extranjeros.

El conflicto entre estas fuerzas opuestas no podía resolverse más que por la fuerza. La guerra del Opio, y la lucha contra Francia e Inglaterra (1858-1860), ensangrentaron los reinados de Tao Kuang (1821-1850) y Hien Fong (1850-1862). Durante este último, la dinastía estuvo en peligro por la revuelta de los taiping (1851-1865) que arrasó la mitad meridional del país y costó millones de víctimas.

A la muerte de Tong Che, se sucedieron las intrigas de corte en torno al joven emperador Kuang Siti (1875-1907). Se confió la regencia a su tía, la emperatriz Tsu Hi, que rigió los destinos de China, con crueldad y falta de escrúpulos, pero también con energía y actividad.


Nuevas guerras con las potencias extranjeras desmembraron el imperio: China cede Indochina a Francia (1885), y Formosa a Japón (1895). En 1898 se esbozan las primeras señales de reacción, apoyadas por el Emperador, pero que fracasaron por la oposición de la Emperatriz regente. Al mismo tiempo, la actividad de las sociedades secretas, cada día más intensa, desemboca en la sublevación de los boxers, que consagró la desmembración de China por las potencias.

Debilitamiento y Derrota

Tsu Hi comprendió, demasiado tarde, la necesidad de emprender reformas, y las inició en 1901; pero el descontento motivado por la corrupción de la corte crecía de día en día. A la muerte de Tsu Hi y del Emperador (1909), sube al trono Pu Yi, niño de dos años. La revolución ya estaba en marcha, y el 10 octubre 1911 un alzamiento núlitar en Wuchang desligaba del control de Pekín a las provincias meridionales. Débil e impotente, la dinastía Manchú. abdicaba el 12 de febrero de 1912.


La dinastía Manchú confirma una constante de la historia china: la portentosa capacidad de asimilación del país. Originaria, como otras, del área exterior, y formando, al principio, algo parecido a una casta dominadora, no tardó en identificarse con las tradiciones más autóctonas de la China milenaria. Eso sí, la corte m. tiene rasgos distintivos, como la activa política exterior, motivo al principio de expansión y luego de complicaciones, y la tendencia al fausto y a la erudición. Su conservadurismo inmovilista acabó abocándola a dos grandes peligros, de los que finalmente sería víctima: el imperialismo occidental, frente al que nunca supo oponer una política definida, y la subversión interna, fruto del malestar social y de la descomposición administrativa del anquilosado imperio.


Fuentes