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Guerra de las Galias

Guerra de las Galias.
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Julio César durante la guerra de las Galias.jpg
Julio César en la guerra de Las Galias
Fecha:entre el año 58 a.n.e y el 51 a.n.e
Lugar:Galia, Germania y Britania
Descripción:
Conflicto militar librado entre el procónsul romano Julio César y las tribus galas.
Resultado:
victoria romana
Consecuencias:
las Tribus Galas se dispersan.
País(es) involucrado(s)
República de Roma,Galos, Germanos , Britanos
Líderes:
Cayo Julio César y Vercingétorix entre otros

Guerra de las Galias. Hecho histórico ocurrido en la Galia entre el año 58 y el 51 a.n.e donde resultó vencedor la Roma al mando de Cayo Julio César.

Historia

La Guerra de las Galias fue un conflicto militar librado entre el procónsul romano Julio César y las tribus galas entre el año 58 a.n.e. y 51 a.n.e.. En el curso de las mismas la República romana sometió a la Galia, extenso país que llegaba desde el Mediterráneo hasta el Canal de la Mancha. Los romanos también realizaron incursiones a Britania y Germania, pero estas expediciones no llegaron a transformarse en invasiones a gran escala. La Guerra de las Galias culminó con la Batalla de Alesia en 52 a.n.e. donde los romanos pusieron fin a la resistencia organizada de los galos. Esta decisiva victoria romana supuso la expansión de la República romana sobre todo el territorio galo. Las tropas empleadas durante esta campaña, conformaron el ejército con el que el general marchó sobre la capital de la República. Pese a que Julio César justificó esta invasión como una acción defensiva preventiva, la mayoría de los historiadores coinciden en que el principal motivo de la campaña fue potenciar la carrera política del general y cancelar sus grandes deudas. No obstante, nadie puede obviar la importancia militar de este territorio para los romanos, quienes habían sufrido varios ataques por parte de tribus bárbaras provenientes tanto de la Galia como del norte francés. La conquista de estos territorios permitió a Roma asegurar la frontera natural del río Rin.

Contexto político

Para el año 58 a.n.e., Julio César había concluido su consulado en Roma. El ex-cónsul estaba muy endeudado desde su edilato, sin embargo, siendo miembro del Primer Triunvirato (la alianza política compuesta por él mismo, Marco Licinio Craso y Pompeyo) se había procurado el gobierno de dos provincias: Galia Cisalpina e Ilírico. Cuando Quinto Cecilio Metelo Céler, gobernador de Galia Transalpina, murió de forma inesperada, César fue nombrado también gobernador de esta provincia. Mediante votación, llevada a cabo en el Senado, se dictaminó que César gobernara sobre estos territorios durante el sorprendente periodo de un lustro. Inicialmente, Julio César contaba con cuatro legiones veteranas bajo su mando directo: Legio VII, Legio VIII, Legio IX Hispana y Legio X. Julio César conocía personalmente a la mayoría (tal vez a todas) esas legiones, puesto que había sido gobernador de Hispania Ulterior en 61 a.n.e. y junto a ellas había efectuado una exitosa campaña contra los lusitanos. Entre sus legados se encontraban sus primos Lucio Julio César y Marco Antonio, Tito Labieno, Décimo Junio Bruto Albino, Cayo Trebonio, Aulo Hircio y Quinto Tulio Cicerón (hermano menor de Marco Tulio Cicerón). Además, Julio César tenía la autoridad legal para reclutar más legiones y tropas auxiliares si así lo creía conveniente. Probablemente, la ambición de Julio César era realizar una campaña que lo encumbrara y aliviara su situación económica, pero es discutible que hubiera elegido a los galos como objetivo inicial.

Lo más probable es que Julio César estuviese planeando una campaña contra el reino de Dacia, en los Balcanes. Por otra parte, las tribus galas eran civilizadas, ricas y se hallaban completamente divididas. Muchas de ellas comerciaban con mercaderes romanos y habían sido ya influidas por la cultura romana. Algunas incluso habían cambiado sus sistemas políticos, abandonando la Monarquía tribal para instalar repúblicas inspiradas en la romana. Los romanos respetaban y temían a los galos y las tribus germánicas. Hacía apenas 45 años, en el año 109 a.n.e., que Italia había sido invadida por una gran migración germana y rescatada tras varias sangrientas y costosas batallas lideradas por el general Cayo Mario. Hacía poco tiempo, la tribu germánica de los Suevos había migrado al territorio de Galia encabezada por su líder, Ariovisto. Parecía que las tribus habían vuelto a ponerse en movimiento, y eso amenazaba de nuevo la existencia de la República.

La Campaña

Guerra contra los Helvecios

Historia de la migración helvecia. En el año 61 a.n.e.. Instigados por Orgétorix, los helvecios comenzaron a planificar y organizar una migración masiva. Los líderes de los helvecios no estaban satisfechos con la extensión de su territorio, cercados por las tribus germánicas, los sécuanos celtas y los romanos de la Galia Narbonense. En materia diplomática, Orgétorix negoció con los sécuanos y los heduos, y estableció también contactos personales y una alianza con Cástico y Dúmnorix, llegando incluso a casarse con la hija del último. Julio César acusó a los tres hombres de ansiar ser coronados reyes. Durante tres años, los helvecios se prepararon para la guerra, trazando planes y enviando emisarios a varias tribus galas para procurarse salvoconductos y alianzas. En 58 a.n.e. la tribu de Orgétorix se dio cuenta de su ambición y juzgaron a su líder.

Aunque consiguió escapar, acabó muriendo y se sospechó que incluso pudo haberse suicidado. No obstante, todo este asunto no evitó que los helvecios continuaran adelante con sus planes. Debido a sus luchas constantes y distancia, los helvecios eran una tribu guerrera y su gran número de habitantes representaba una gran amenaza para cualquiera que se les opusiera. Cuando se pusieron en marcha, el 28 de marzo según los datos que aporta Julio César, incendiaron todos sus pueblos y villas para eliminar cualquier tentativa de retirada. También se unieron a ellos otras tribus vecinas: los ráuracos, los tulingos, los latobicos y los boyos. Ante ellos, habían dos rutas posibles: la primera era a través del peligroso y complicado Pas de l'Ecluse, ubicado entre la cordillera de Jura y el río Ródano; la segunda, que era mucho más simple, los llevaría al pueblo de Ginebra, donde el lago Lemán desemboca en el Ródano y un puente permitía el cruce del río. Estas tierras pertenecían a los alóbroges, una tribu que había sido sometida por Roma y, por lo tanto cuyo territorio se encontraba bajo la esfera de influencia de la República romana.

En el Lago Lemán

Por entonces, Julio César se hallaba en Roma, dejando una única legión en la Galia Transalpina encontrándose ésta en peligro. Al ser informado de estos acontecimientos, inmediatamente apresuró su marcha hacia Ginebra y, además de ordenar la leva de varias tropas auxiliares, ordenó la destrucción del puente. Los helvecios enviaron una Embajada bajo el mando de Nameyo y Veruclecio para negociar el paso de su pueblo por su territorio, prometiendo no provocar ningún daño. Julio César estancó las negociaciones, tratando de ganar tiempo para que sus tropas fortificaran sus posiciones al otro lado del río mediante una Muralla de casi cinco metros de alto y una zanja que corría paralela a esta. Cuando la embajada regresó, Julio César rechazó de manera oficial su petición y les advirtió que cualquier intento de cruzar el río por la fuerza sería contrarrestado. Se rechazaron inmediatamente varios intentos. Los helvecios regresaron sobre sus pasos e iniciaron negociaciones con los sécuanos para que los dejasen pasar pacíficamente. Tras dejar a su única legión bajo la dirección de su segundo al mando, Tito Labieno, César se dirigió rápidamente hacia Galia Cisalpina. Allí asumió el mando de las tres legiones situadas en Aquileya y reclutó otras dos nuevas legiones, la Legio XI y la Legio XII. Al frente de estas cinco legiones, Julio César cruzó los Alpes por el camino más corto, atravesando territorios hostiles y enfrentándose a su paso a varias tribus.

Guerra contra los suevos

Venida de los suevos

Tras la victoriosa campaña, varios aristócratas galos de casi todas las tribus acudieron a felicitar a César por su victoria. Reunidos en un consejo galo para discutir ciertas cuestiones, invitaron a César a acudir. En esta reunión los delegados se quejaron de que, debido a las luchas entre los heduos y los arvernos, estos últimos habían contratado a un gran número de mercenarios germánicos. Los mercenarios, liderados por Ariovisto, rey de los Suevos, habían traicionado a los arvernos y tomado como rehenes a varios de los hijos de los aristócratas galos. Además, habían ganado distintas batallas, recibido muchos refuerzos, con lo que la situación estaba descontrolándose.

Negociaciones

Entonces, Julio César mandó emisarios a Ariovisto, proponiéndole una reunión, para discutir el asunto, pero Ariovisto se negó, diciendo que no confiaba en César, y era muy costoso trasladar a su ejército al sur. Julio César le respondió diciéndole, que entonces él pasaría a ser su enemigo, debido a los agravios que le había hecho a los aliados de Roma, y haberse negado a entrevistarse con sus aliados, cuya alianza tanto él había pedido. César se enteró de que Ariovisto amenazaba con tomar Vesontio, la principal ciudad de los Secuanos, que aparte es una plaza fortificada fácil de defender, por lo que este marchó con sus legiones e impidió que fuera tomada. En Vesontio, los soldados de César comenzaron a temer a los germanos, a excepción de la legión décima, en la que Julio César confiaba, pero este temor se disfumó cuándo Ariovisto le pidió a César una entrevista, bajo la condición de que ambos bandos llevaran únicamente jinetes, de manera de ser difícil preparar una emboscada. Al llegar el día señalado, Julio César y Ariovisto se entrevistaron, pero la reunión fue inútil, ya que la caballería de Ariovisto atacó a la romana en el medio de la entrevista, por lo que César se retiró, ordenándoles a sus caballeros que no atacaran, para que después no circule el rumor de que él había comenzado con la batalla. Luego de unos días, Ariovisto pidió a César que mandara emisarios para seguir negociando, pero, a la llegada del emisario romano, este fue arrestado por Ariovisto.

Batalla de Vosgos

Tras el fracaso de las negociaciones, Julio César ubicó sus legiones en dos campamentos, uno de los cuales fue atacado sin éxito por la caballería de Ariovisto, tanto al construirse como al instalarse las tropas. Julio César preguntó a los prisioneros por qué Ariovisto no atacaba el campamento central con todo su ejército, y estos respondieron que era porque su religión no les permitía entablar combate antes de la luna llena. Aprovechando la desventaja psicológica de los germanos, Julio César marchó con sus legiones hacia el campamento enemigo, consiguiendo su flanco izquierdo imponerse con celeridad, no así el derecho que hubo de ser reforzado para alzarse con el triunfo. Conocida ésta victoria al otro lado del Rin, los suevos desistieron de cruzar el río y seguir conquistando la Galia.

Conflicto con los Belgas

En 57 a.n.e.. Julio César volvió a intervenir en un conflicto entre las tribus galas cuando marchó contra los Belgas, quienes habitaban en la zona que hoy en día conforma aproximadamente el territorio de Bélgica y además habían atacado a una tribu aliada con Roma. Su ejército sufrió un ataque por sorpresa mientras acampaba cerca del río Sambre y estuvo a punto de ser derrotado, pero logró rearmarse gracias a su mayor disciplina y a la intervención de César en persona durante el conflicto. Los belgas sufrieron grandes pérdidas y finalmente se rindieron cuando vieron lo imposible de lograr la victoria.

Expediciones punitivas

Al año siguiente, 56 a.n.e., Julio César centró su atención en las tribus de la costa atlántica, principalmente en la tribu de los vénetos, que habitaban en la región de Armórica (la actual Bretaña). Esta tribu había reunido una confederación de tribus para combatir a Roma. Los vénetos eran un pueblo marítimo y habían construido una flota en el Golfo de Morbihan, por lo que los romanos debieron construir Galeras y realizar una campaña poco convencional por tierra y mar. Una vez más, César venció a los galos, saqueando el territorio de los derrotados.

Entre el 56 y 55 a.n.e., las tribus germanas de los usípetes y téncteros (que sumaban de 150 a 180 mil personas, aunque según César eran 400 mil) cruzaron el Rin, estableciendo su campamento en el Mosa. Desde ahí, la caballería germana atacó un campamento romano y mató a unos 6000 romanos. Julio César reunió su ejército y comenzó las negociaciones con los germanos; pero cuando la caballería de estos se alejó a pastar, el romano atacó el campamento enemigo, matando o capturando a 100.000 de ellos, su mayoría Mujeres, Niños o Ancianos. En consecuencia, ambas Tribus germanas volvieron a su país con los sobrevivientes. Julio César condujo sus fuerzas al otro lado del [[Rin] en 55 a.n.e. para llevar a cabo una expedición punitiva contra los germanos, con cerca de 40 mil hombres construyó un puente y cruzó el río, los germanos se retiraron ante el avance romano y no presentaron Batalla. El propio Julio César estimaba en 430 mil Guerreros germanos la fuerza a combatir aunque hoy se considera una exageración.

No obstante los Suevos, contra quienes principalmente se había dirigido la expedición, jamás llegaron a ser combatidos. Posteriormente, Julio César cruzó el Canal de la Mancha a la cabeza de dos legiones para realizar una expedición similar contra los britanos. La incursión en Britania casi finalizó en un Desastre cuando el mal Clima destruyó gran parte de su flota y la inusual visión de una inmensa cantidad de Carros de guerra provocó confusión entre sus tropas. Julio César logró desembarcar y venció en dos batallas a los britanos, pero al no tener su caballería como refuerzo y ante las cercanías del invierno, decidió retirarse del suelo britano para reorganizar sus fuerzas y planear una segunda expedición. De los britanos se aseguró una promesa de rehenes, aunque sólo dos tribus cumplieron con lo acordado. Tras retirarse, regresó al año siguiente con un ejército mucho mayor que venció a los poderosos catuvellaunos y los forzó a pagar tributo a Roma. El efecto de las expediciones no duró mucho, pero fueron una gran propaganda de las victorias de Julio César. El pueblo de Roma consideraba a este general que había vencido a los extraños britanos y a los belicosos galos y germánicos como el mejor general de la historia, ensombreciendo a Pompeyo Magno, algo que finalmente se volvería en contra de Julio César.

Las campañas del año 55 a.n.e. y principios del 54 a.n.e. han causado gran controversia durante muchos siglos. Fueron incluso controvertidas en la época de los contemporáneos de César, y en especial entre sus opositores políticos, quienes las censuraron como un costoso ejercicio destinado al engrandecimiento personal. En épocas modernas, los expertos se han dividido entre quienes critican el claro plan imperialista de Julio César y quienes defienden los beneficios generados en la Galia por medio de esta Expansión del poderío romano.

Consolidación y rebeliones

En el invierno de 54–53 a.n.e. el descontento entre los galos subyugados provocó un gran levantamiento, cuando los eburones del noreste de Galia se rebelaron bajo su líder, Ambíorix. Quince cohortes romanas fueron aniquiladas en Atuátuca (Atuatuca Tungrorum, la actual Tongeren en Bélgica) y una guarnición comandada por Quinto Tulio Cicerón logró sobrevivir al ser socorrida por César justo a tiempo. El resto de 53 a.n.e. se ocupó con una campaña punitiva contra los eburones y sus aliados, de quienes se dice fueron prácticamente exterminados por los romanos.

Resultado de la contienda

Según Plutarco, los resultados de la guerra fueron 800 ciudades conquistadas, 300 tribus sometidas, un tributo de más de 40 millones de sextercios para César, un millón de prisioneros vendidos como Esclavos y otros tres millones muertos en batalla (se estima que la población gala era de unos 3 a 15 millones de habitantes antes de la guerra). Aunque los Historiadores antiguos son conocidos por exageraciones de este tipo, ciertamente la conquista de la Galia por parte de Julio César fue la mayor gesta militar desde las campañas de Alejandro Magno.

Análisis de la estrategia

El triunfo romano en la Guerra de las Galias se debió a una combinación de astucia política, campañas efectivas y una mayor capacidad militar que sus oponentes galos. César llevó a cabo una política de "Divide y conquista" para acabar con sus enemigos, poniéndose del lado de tribus individuales durante sus disputas con oponentes locales. Reunió de forma sistemática información sobre las tribus galas para identificar sus características, debilidades y divisiones, lo que a su vez le permitía poder librarse de ellas. Muchos soldados de las tropas de Julio César eran galos, así que el conflicto no fue sencillamente una guerra entre romanos y galos. Ciertamente su ejército era una entidad cosmopolita en extremo. Su núcleo constaba de seis, más tarde diez, legiones de Infantería pesada, con el apoyo del equivalente a dos más en campañas posteriores. Dependía de aliados extranjeros para su Caballería e Infantería ligera, reclutándolos entre las tribus numidias, cretenses, hispanas, germánicas y galas. César empleaba sus fuerzas de manera sumamente efectiva, estimulando el orgullo de las unidades individuales para que realicen un mayor esfuerzo. Los oponentes galos de Julio César eran considerablemente menos hábiles que los romanos en términos militares. Podían disponer de inmensos ejércitos pero sufrían falta de flexibilidad y disciplina. Los guerreros galos eran oponentes feroces y esto les reportaba la admiración de los romanos (véase el Galo moribundo), pero carecían de disciplina en el campo de batalla. Sus tácticas estaban restringidas a cargar en masa sobre sus enemigos, y su falta de cohesión los volvía incapaces de ser sofisticados durante los enfrentamientos. Tampoco tenían un apoyo logístico y no podían permanecer en el campo tanto tiempo como los romanos. Por otro lado, también es posible que la derrota gala se debiera a la enorme debilitación sufrida por varias de sus generaciones a causa de la constante guerra contra los invasores germánicos, quienes eran sometidos a costa de la pérdida de grandes cantidades de guerreros.

Curiosidades

El botín que Julio César tomó en las Galias era enorme, saqueó los lujosos santuarios, adueñándose de gran cantidad de oro, destruyó ciudades enteras con el único objetivo de saquearlos. No olvidó a los soldados cuya paga dobló para ganar su apoyo, llegando a veces a regalarles esclavos. Cubiertos de gloria y prestigio por sus victorias militares, Julio César entró en Roma con sus ejércitos en el año 49 a.n.e. , y se hizo elegir Cónsul, más tarde Julio César conquistó a Egipto destrozando a su rey Tolomeo y situó al frente de aquel Estado a Cleopatra.

Comentarios de la guerra de las Galias y guerra civil.

Julio César XIII. En toda la Galia dos son los estados de personas de que se hace alguna cuenta y estimación. Los plebeyos son considerados como esclavo, que por sí nada emprenden, ni son jamás admitidos a consejo. Lo más, en viéndose endeudados o apremiados del peso de los tributos o la tiranía de los poderosos, se dedican al servicio de los nobles, que con ellos ejercitan los mismos derechos que los señores con sus esclavos. De los dos estados, uno es de los druidas, el otro de los caballeros. Aquellos atienden al culto divino, ofrecen los sacrificios públicos y privados, interpretan los misterios de la religión. A su escuela concurre gran número de jóvenes a instruirse. El respeto que les tienen es grande. Ellos son los que sentencian casi todo los pleitos del común y de los particulares; si algún delito se comete, si sucede alguna muerte, si hay disensión sobre herencia o sobre linderos, ellos son los que deciden; determinan los premios y los castigos… en caso de haber muchos iguales, se hace elección por votos de los druidas, y más de una vez se disputan la primacía a mano armada…créese que la tal ciencia fue inventada en Bretaña y trasladada de allí a la Galia. Aún hoy día, los que quieren saberla a fondo van allá por lo común a estudiarla.

XVIII. Blasonan los galos de tener todos por padre a Plutón, y esta dicen ser la tradición de los druidas. Por cuya causa hacen el cómputo de los tiempos no por días, sino por noches (según Tácito, Germania, era esta también costumbre de los antiguos germanos) y así en sus cumpleaños como en los principios de meses y años, siempre la noche precede al día. En los demás estilos se diferencian particularmente de otros hombres que no permiten a sus hijos el que se les presenten públicamente hasta haber llegado a la edad adecuada para la milicia, y es desdoro de un padre tener a su lado en público a su hijo todavía niño.

Enlace relacionado

Fuente