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José Manuel Acosta Bello

José Manuel Acosta
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José-Manuel-Acosta-Matanzas.jpg
Dibujante, pintor, fotógrafo y diseñador gráfico cubano
NombreJosé Manuel Acosta
Nacimiento2 de diciembre de 1895
Matanzas, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento28 de febrero de 1973
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadCubana
CiudadaníaCubana
OcupaciónDibujante, pintor, fotógrafo y diseñador gráfico
PadresJuan Leandro Acosta Armas, Adela Bello Herrera
FamiliaresAgustín Acosta Bello (hermano)
Leonardo Acosta Sánchez (hijo)

José Manuel Acosta. Dibujante, pintor, fotógrafo y diseñador gráfico, ilustró varios libros de su hermano Agustín, en especial La zafra. Llegaría a sumarse a la vanguardia plástica del país, recibiendo elogios de autoridades como Alejo Carpentier. Fue uno de los grandes artífices del arte moderno y colaboró como ilustrador de las revistas Social y Carteles. Sus dibujos acompañaron en muchas ocasiones artículos de grandes figuras de la cultura, entre ellas, Alejo Carpentier.

Síntesis biográfica

Padres

Con un pasado, presumiblemente humilde, los padres del futuro artista habían emigrado a Cuba, procedentes de las Islas Canarias, de donde habían partido a finales del siglo XVIII las familias fundadoras de la villa. Eran pues isleños que habían llegado en la segunda mitad del XIX a esta otra isla. Buscaban en ella el sueño indiano, perseguido por sus coterráneos durante casi cuatro centurias. Juan Leandro Acosta Armas, el padre, era natural del poblado de Valverde, mientras que la madre, Adela Bello Herrera, había nacido en Las Palmas, en la Gran Canaria. En 1870 Juan Leandro arriba al puerto matancero en medio de una tormenta. Unos años después Adela llega a la ciudad por el mismo lugar.[1]

Tras el noviazgo, de cuyas circunstancias poco se conoce, la pareja es bendecida en la iglesia parroquial de San Carlos (hoy Catedral), el catorce de marzo de 1884.[2]

Para esta época Matanzas dista de ser la próspera población que fuera durante gran parte de la centuria. Sostén económico de la Guerra Grande, después de 1895 su territorio sufre los embates del renovado conflicto independentista y con ello perderá su privilegiada posición azucarera. Sustentada en la economía de plantación y en la explotación del trabajo esclavo, la pujante economía yumurina se había traducido desde las luces germinales del siglo en un extraordinario florecimiento artístico y literario, por el que los lugareños la tributan, desde 1860, con el sobrenombre de Atenas de Cuba.

Nacimiento

Es la casa número 40 de la Calzada de Tirry, muy cercana a la vieja Estación de Ferrocarriles, más conocida por Estación de Sabanilla y desde allí comienzan a asomarse al mundo aquellos niños de inteligencia aguda. La familia que había aumentado con los nacimientos de Juan Agustín Plutarco (28 de junio de 1885), Agustín Diego (12 de noviembre de 1886) y María del Carmen Sotera (22 de abril de 1890) asiste, en la madrugada del 2 de diciembre de 1895, al nacimiento de José Manuel Aurelio. [3]

El 17 de marzo de 1895, a pocos días del grito de Ibarra (suceso que afirmó la integración de Matanzas a la conflagración independentista), el niño es bautizado, en la citada Iglesia Parroquial de San Carlos. Son nombrados padrinos Agustina Bello Herrera, hermana de la madre, y su esposo, el propietario José Isabel Marrero Domínguez, residentes ambos en Sabanilla del Encomendador, hoy Juan Gualberto Gómez.[4]

Familia

El padre se desempeña entonces como comerciante, aunque algunos documentos aluden también a la ocupación de cocinero y otros a la de copropietario de pequeños hoteles emplazados en la urbe. Los cambios de empleo generalmente están asociados a los avatares económicos y sociales de la región. Relatan algunos autores que Juan Leandro solía recitar de memoria las fábulas del ilustrado español Samaniego y que componía, con cierta soltura, décimas y romances, lo que debió influir en la sensibilidad de sus descendientes.

Mujer humilde, Adela trasmite a los hijos valores morales universales. Sigue de cerca sus pasos y les ayuda a construir sobre el papel sus primeras palabras. El total esparcimiento y el esperado contacto con la naturaleza les llega a los Acosta - Bello los fines de semana, cuando la familia suele reunirse indistintamente en las fincas San Eugenio y San Francisco [5] situadas en Sabanilla del Encomendador y propiedad del mencionado José Isabel, tío político y padrino del pequeño José Manuel.

Trayectoria artística

Se desconoce el momento preciso en que el menor de los Acosta descubrió sus inclinaciones artísticas. Recientemente ha sido localizada en la Biblioteca Provincial Gener y del Monte una publicación que dirigió cuando no excedía los dieciséis años. Atraído tempranamente por el universo de la publicidad, gesta en 1911 La Edad Juvenil, Periódico Semanal Infantil del que se conservan escasísimos ejemplares. De formación autodidacta, sentía fascinación por la Arquitectura y por las maquinarias y la tecnología modernas, lo que dejará entrever en sus ilustraciones para revistas y libros y en su posterior quehacer fotográfico.

Las irregularidades económicas impiden que los padres puedan ofrecer a sus vástagos una educación superior y pronto los mayores se apartan de los estudios en busca de trabajo. Es muy probable que Agustín, casi diez años mayor que José Manuel, haya contribuido a alentar su vocación, en tanto desde muy joven se vinculó a los intelectuales y artistas más sobresalientes del ámbito cultural de la “ciudad de los puentes”, publicando sus versos en revistas locales y nacionales y transformándose en líder del prestigioso grupo de escritores que fue conocido por la denominación de Areópago de los Chocolates (1909-1912).

A inicios de los años veinte José Manuel marcha a la capital. En su peregrinaje por la bella Habana le acompañará regularmente José Zacarías Tallet (1893-1989), su amigo de la infancia, quien ya despuntaba como escritor y que había residido en los Estados Unidos entre 1912 y 1917. De los años escolares compartidos en el Colegio de los Padres Paules y de las aptitudes artísticas de José Manuel, Tallet ofrece una estampa magnífica en su poema Remembranzas.

En la Habana, la amistad de José Manuel y Tallet se robustece. El talento de ambos les permite salir airosos de más de una situación embarazosa, en un período en que deben enfrentar carencias materiales. Para ganarse el pan, Acosta había probado éxito en los más variados oficios, desde tenedor de libros, empleado de ferretería, inspector de ferrocarriles hasta pintor de toldos. En ocasiones, a los amigos no les queda más opción que compartir el mismo plato de arroz y una incómoda habitación, todo lo cual sobreviven por su sed de crecimiento personal e intelectual. De esta etapa son los siguientes recuerdos de “Pepe”, como era llamado cariñosamente Tallet, gracias a cuyo verbo -ocurrente y locuaz- ha podido reconstruirse una parte importante de la vida del artista, particularmente aquella en que pugnaba por hallar rumbo a su existencia.

Hubo épocas más difíciles que otras. En una ocasión una taza de café con leche fue el único sustento de los cofrades durante todo un día; pero Acosta, que ya delataba su interés por la pintura, se las ingeniaba junto a Tallet para sobrevivir.

Primeras ilustraciones

Amigo y adepto del artista llegaría a ser el destacado intelectual Rubén Martínez Villena (1899-1934), quien se mantenía atento a todos los acontecimientos sociales y literarios de la Isla. Luchador antiimperialista y penetrante poeta y periodista, el autor de La pupila insomne tiene la agudeza de dejar para la posteridad sus contundentes criterios en relación con todo cuanto se mueve, a la sazón, en el mundo intelectual.

En abril de 1923 Villena comenta un poema de Tallet insertado en las páginas de Social y llama la atención acerca de la ilustración que acompaña el texto. El autor es José Manuel y aquella su primera ilustración publicada, con la que iniciaba un largo y fecundo recorrido por el universo de la vanguardia plástica cubana. De una encomiable formación autodidacta, en el primer lustro de esta década, el matancero dejará su huella en emblemáticas publicaciones artísticas y literarias. Además de Social, ilustra las portadas e interiores de revistas como Chic y Carteles y funda con otros artistas la Asociación de Pintores y Escultores (1923).

Ese mismo año, decisivo para su evolución artística, José Manuel ilustra la portada de Hermanita, el segundo libro de su hermano Agustín. De claras referencias cubistas, la imagen es una mezcla de síntesis y modernidad, que se aleja en lo formal de la esencia del poemario. De franco aliento modernista y signado por ese tono intimista y no exento de las dosis de romanticismo e impresionismo que caracterizan muchos de los versos de Acosta, tanto el poemario como la ilustración serán altamente enjuiciados - a pesar de sus disímiles presupuestos estéticos - por los valores que atañen a cada uno.

Martínez Villena saluda la llegada de este nuevo volumen desde las páginas de Chic , donde tiene oportunidad de apreciar nuevas entregas gráficas de José Manuel. Para esta fecha (julio de 1923) y tras compartir incontables aventuras y vicisitudes materiales, el dibujante y Tallet habían comenzado a relacionarse con importantes personalidades de la cultura cubana, como el referido José Antonio Fernández de Castro. En los círculos literarios traban amistad además con Alejo Carpentier, Julio Antonio Mella, Emilio Roig de Leuchsenring, Fernando Ortiz, Mirta Aguirre, Nicolás Guillén, Alejandro García Caturla, Amadeo Roldán, Carlos Enríquez, Marcelo Pogolotti, con el propio Rubén Martínez Villena y con su hermana, Judith, de quien Tallet se enamoró de inmediato.

En compañía de estos artistas y escritores los matanceros protagonizan algunos de los momentos más memorables de la cultura cubana de los años veinte y treinta. Etapa ésta calificada por Juan Marinello como “la década crítica”, en virtud de la fuerza renovadora de aquellos hombres y de su actitud de vanguardia ante el mundo económico, político y social que los rodea. José Manuel y su hermano Agustín se sumarán a los audaces proyectos de aquellos e integran, como se ha referido, el emblemático Grupo Minorista. Extraordinario dibujante y fotógrafo, José Manuel formará parte también del movimiento afrocubanista que lideran, entre otros, Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Regino Pedroso y Tallet. Éste debió contagiar al amigo el gusto por la nueva poesía negrista, dentro de la que se estima, su poema La Rumba, uno de los títulos precursores.

Presencia en el Grupo Minorista y en la revista Social

Gestado en los años iniciales de la década de 1920, el Grupo Minorista -constituido esencialmente por escritores y artistas- se plantea como intereses comunes el cultivo por la literatura y el arte y el respaldo a las causas sociales justas. La denominación de Minorismo (1923-1928) se debió al periodista, ensayista, crítico de arte e historiador Jorge Mañach (1898- 1961), quien se incorporó al grupo desde de la Protesta de los Trece, en marzo de 1923. Inicialmente, sus fundadores, entre los que se hallan Martínez Villena, Enrique Serpa, Juan Marinello, Enrique Núñez Olano, Alberto Lamar Schweyer y Rafael Esténger se reunían en el café del teatro Martí. De ahí que estas reuniones germinales se hayan conocido con el nombre de “tertulias del Café Martí”.

Entre los “nuevos” que se van incorporando, José Manuel Acosta se distingue, junto a su entrañable Tallet, por su activa posición contra los desaciertos de los gobiernos de turno. De ahí su participación, al lado del visionario Villena y de Marinello, en algunos de los sucesos protagonizados en la época por la intelectualidad revolucionaria, entre otros, la citada Protesta de los Trece y la constitución de la Falange de Acción Cubana. Protagonistas de una colosal obra cultural que se conoció gracias a la acogida de publicaciones como Social, Carteles y la Revista de Avance, los minoristas firman, en mayo de 1925 el Manifiesto contra la complicidad del Gobierno de Zayas con el tirano Juan Vicente Gómez.

La parte más progresista de la intelectualidad cubana demuestra su solidaridad y su raigambre antimperialista a través de este manifiesto. En el mismo, reprochan al Presidente Zayas su cuestionable relación con el gobierno de Venezuela y la determinación de este de condenar y desacreditar a sus intelectuales establecidos en Cuba. Artista no evasivo y atento al devenir histórico y social de su país, dos años después, José Manuel firma la Declaración del Grupo Minorista , publicada en Carteles , el 22 de mayo de 1927. El emblemático documento es redactado por Martínez Villena, autor de la mayor parte de los manifiestos del Minorismo.

Entre los otros firmantes (un total de 35, coincidentes la mayoría con los del manifiesto anterior) se destacan José A. Fernández de Castro, Jorge Mañach, José Zacarías Tallet, Juan Marinello, Enrique Serpa, Agustín Acosta, a quien Villena - en muestra de respeto- solía llamar “hermano mayor”, Emilio Roig de Leuchsenring, Conrado W. Massaguer, María Villar Buceta (matancera como Massaguer y los hermanos Acosta), Alejo Carpentier y los artistas plásticos Antonio Gattorno y Eduardo Abela.

Entre los principales voceros del Minorismo en la capital (en Matanzas y otras ciudades también se organizaron pequeñas filiales) se cuenta la ya referida Social . Nacida en 1916, esta revista mensual ilustrada es dirigida, hasta su desaparición, por el cardenense Conrado W. Massaguer, quien fue además su ilustrador gráfico y su principal caricaturista. Desde 1918 Emilio Roig de Leuchsenring se encargaba de la sección literaria y a su capacidad de visionario se debió la inserción en la redacción de la revista de figuras como las de Villena, Marinello, Enrique Serpa, Tallet, Carpentier, Rafael Esténger, Agustín y José Manuel, quien desarrolla un arte de primera línea. Letra, arte y música de vanguardia son protagonistas de Social , definida por sus impecables ilustraciones y fotografías. En torno a la presencia de los minoristas en la publicación, Roig de Leuchsenring, redactor además de secciones fijas como Recuerdos de la Habana , considera:

Al Grupo Minorista debe Social, su auge y esplendor literario y artístico, lo que hoy significa y lo que hoy vale. Sin los minoristas mi labor hubiera sido incompleta […] Por los minoristas Social ha podido realizar la obra de selección y depuración de valores literarios y artísticos […] ha dado a conocer las figuras, doctrinas y escuelas más avanzadas que en Europa y en América han aparecido en estos últimos años; con su cooperación a Social le ha sido tarea fácil y grata […] el librar campañas por mil nobles empresas, patrióticas e intelectuales.

A tono con el criterio anterior, Marcelo Pogolotti confirma el afianzamiento de la revista a partir de la irrupción en ella de los intelectuales afiliados al Minorismo. El pintor y escritor estima como momento decisivo el año de 1924.

Carpentier percibe tempranamente que José Manuel es un artista auténtico. Enterado de cuanto acontecía con las vanguardias europeas, consideró al matancero un precursor de aquellas nuevas poéticas en Cuba. Tal criterio lo sostendrá durante toda su vida y es una de las razones que anima la redacción de estos apuntes. Durante una entrevista que se le realizó en 1973 - año en que muere Acosta – el autor de El siglo de las luces recordó:

En ese grupo [se refiere al Minorista] apareció de repente la figura de José Manuel Acosta, el hermano de Agustín Acosta, el poeta […] que fue prácticamente el iniciador de la plástica en Cuba, y era un hombre que estaba muy al tanto de lo que estaban haciendo Picasso, Juan Gris, Braque; Léger y pintores cuyos nombres eran completamente desconocidos en la Cuba de aquellos días.Alejo Carpentier. “Sobre La Habana (1912-1930)”. [6]

Significativo para Acosta es su participación en el Salón de Bellas Artes, inaugurado en febrero de 1924. De este suceso también se hace eco Social . Presidido el Tribunal por Luis A. Baralt, entonces Embajador de Cuba de Perú, se trató de una convocatoria pobre, salvada únicamente por el vigor que le imprimieron “figuras jóvenes”, como la de José Manuel. Social connota este criterio, a través de una breve reseña en la que se expresa: “Nuestra impresión ha sido la misma de años anteriores: mucha indulgencia de parte del Comité de Admisión. Se ven muchos trabajos descuidados que no acusan esfuerzo alguno, ni entusiasmo. […] Los nuevos trabajan y lo demuestra el hecho de que Valer, Botet , Acosta, Mateu, Caravia y otros se llevaron los pocos elogios del Salón”. [7] Es en este Salón donde se exhibe el magnífico retrato que José Manuel dedica a Mañach, catalogado como un “retrato futurista” por ser “construido” a partir de esas formas cubistas que definen los presupuestos estéticos del creador. [8]

Por este tiempo José Manuel colabora en varias ocasiones con Social, ilustrando, entre otros, el poema Renunciación y el artículo de aires satíricos Un matrimonio en apuros , ambos de Juan Marinello. Asimismo ilustra en varias ocasiones la sección Notas de la dirección , de Roig de Leuchsenring y en octubre del propio 1924 sus trazos enmarcan la poesía [9] A mi padre, de su hermano Agustín. En esta ocasión se aparta de la poética cubista para crear una imagen, donde la figuración realista y la atmósfera sombría apuntan, con melancolía, a la pérdida del progenitor.de su hermano Agustín. En esta ocasión se aparta de la poética cubista para crear una imagen, donde la figuración realista y la atmósfera sombría apuntan, con melancolía, a la pérdida del progenitor.

Entre las portadas de José Manuel que prestigian a Social deben mencionarse Cubismo cubiche (junio de 1924), cuyo título habla por sí solo acerca de las deudas del artista con el consabido movimiento. En esta obra, pensada justamente para ilustrar, se aprecian las habilidades de Acosta en el manejo de las líneas y su uso atrevido de las tonalidades, peculiaridades con las que, según algunos críticos, se proponía escandalizar a los cándidos. Las mismas signan la mayor parte de sus composiciones decorativas, “tan raras y voluptuosas de color” [10] y en las que se libera de las ataduras realistas, para citar y recontextualizar los nuevos ismos europeos. Emparentada con la anterior en los recursos plásticos empleados: exhuberancia de color, manejo firme de las líneas y referencias a la gráfica moderna, la portada publicada en octubre de 1927 nos remite a la cultura oriental, simbolizada en la apariencia asiática del personaje que ocupa gran parte de la ilustración. La estridencia cromática de ésta es atrevida y distingue a José Manuel como un autor que no pone límites al acto creador.

Agustín Acosta, que en estos años colabora reiteradamente con la revista y cuya obra poética estuvo más ligada a la de su hermano de lo que se había supuesto hasta hoy, le dedica, en julio del citado 1924, la composición Unidad (A mi hermano José Manuel ). En ella, el autor de Ala y Hermanita ensalza, con evidente regocijo, la ascendente madurez artística de José Manuel, quien estaba por cumplir los treinta. Junto a los versos de Agustín aparece un retrato al creyón de José Manuel, realizado por Mañach, quien a sus amplios conocimientos de historia y arte, sumaba sus habilidades en la creación plástica.

Otros artistas afiliados a la revista trasmiten su propia visión del colega matancero. Sobresale Massaguer, quien le dedica una de sus inconfundibles caricaturas. Unas pocas líneas revelan mucho de José Manuel que, frente a un caballete, aparece ataviado formalmente y observando, tras sus espejuelos, hacia un lado, tal vez al espectador. La pipa en sus labios delata la afición del artista al tabaco. Al pie de la caricatura la siguiente nota: “Uno de nuestros jóvenes artistas, de más sólido y brillante porvenir, con cuya colaboración se ha honrado SOCIAL. Es, además, hermano de Agustín, nuestro primer poeta de la hora de ahora, y el portadista elegido por nuestros actuales literatos”. [11]

Arte y letra en La zafra

En 1926 es publicada La zafra, considerado el libro más importante de ese período en Cuba. Es ésta la obra que esperaba Martínez Villena después de la sosegada palabra de Hermanita . Antes de ser divulgados en la capital del país, los poemas que conforman el volumen fueron conocidos en Jagüey Grande, pueblo donde residía Agustín Acosta por estos años y su fuente de inspiración más inmediata. El poemario será ilustrado por José Manuel. El artista que hacia esta época se halla establecido definitivamente en la capital visita al hermano escritor siempre que sus compromisos intelectuales se lo permiten.

Al año siguiente de la publicación de La zafra, José Manuel contrae matrimonio [12] con Esperanza Sánchez, a quien cariñosamente llamaban “minúscula escandinava”, sobrenombre con el que la había rebautizado Villena (gran amigo de la pareja) debido a su pequeña estatura y a su rubia fisonomía. Estos rasgos de su apariencia habían sido recreados por Acosta en 1925, en un retrato que obsequiara a la joven y que también fue publicado oportunamente en Social .

Agustín intervino, según las costumbres de la época, para formalizar la unión. Como hermano mayor, suple el lugar del padre y junto a su madre Adela se presenta ante la familia de Esperanza para los arreglos que preceden a la boda. Casados un mes antes, en abril de 1927, Tallet y Judith Martínez Villena, intervienen como padrinos del enlace. [13]

Más que suceso familiar, el matrimonio de José Manuel y Esperanza deviene evento social y artístico. A él asisten los más notables escritores y artistas cubanos. Carpentier, cuyo aprecio por el talento vanguardista de José Manuel era conocido por todos, le obsequia con la presencia del acreditado Amadeo Roldán y de otros músicos contemporáneos para amenizar la boda. Celebrado en la Iglesia del Cerro, el 21 de mayo de 1927, las notas de Stravinsky y Prokofiev, confieren al enlace una atmósfera especial.

Esta etapa es, por razones diversas, de sucesos notables para la familia Acosta. De un lado el matrimonio del hermano menor. Del otro, la publicación del libro que consolida el renombre literario de Agustín en toda Hispanoamérica. La obra es acompañada, como ya se ha insinuado, por ilustraciones de José Manuel que preceden cada uno de los 18 cantos que conforman el libro y el Postscenio. En esta ocasión y a diferencia de la experiencia conjunta en Hermanita, el talento del dibujante e ilustrador se suma con coherencia y lucidez al discurso del poeta.

Figuración sobria y en extremo simplificada, unida a no pocas imágenes cubistas, sintetizan en pocos trazos el mensaje del escritor, captado con maestría por el hermano. De tal forma, La zafra constituye una obra singular por su contenido novedoso - tomando en consideración la literatura que le precede- y por su riqueza plástica. Arte y literatura cohesionados en una obra clave para la cultura nacional. Por esta elocuente razón es considerada un punto de partida en la historia bibliográfica del siglo XX en Cuba. Ese hermanamiento entre arte y letra constituyó entonces una novedad y el excelente resultado ha motivado en algunos estudiosos de la cultura cubana, (Ana Cairo, entre ellos), la idea de realizar una edición facsimilar de la obra. Ejemplo de la gráfica vanguardista de José Manuel es la ilustración del canto Admonición , en el que líneas sin rostro simbolizan al campesinado que escucha al líder, tal vez poeta. Un reducido texto: “Viva el paro” apoya el mensaje de la ilustración y el poema todo.

No por mera casualidad José Manuel había llamado la atención de sus contemporáneos. Junto a Tallet, Martínez Villena y otros, compartía el afecto por la naciente nación soviética, por la música y por el llamado arte nuevo. Dibujante, cartelista y portadista de ilimitados recursos, su obra en este ámbito merece un estudio especializado que lo de a conocer como un precursor de la actual gráfica cubana.

Otras facetas del creador

Entre 1924 y 1929 Acosta participa en incontables exposiciones colectivas, entre ellas la del mencionado Salón de Bellas Artes (1924), en la Asociación de Escultores y Artistas y una década más tarde en el Lyceum de La Habana (1939). A su fecunda labor como dibujante, ilustrador gráfico y pintor, José Manuel suma, como se ha apuntado, su inserción en el importante movimiento afrocubanista que integran, entre otros, Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Alejo Carpentier, José Antonio Portuondo, José Zacarías Tallet y Regino Pedroso.

Su entusiasmo por la poesía negra que tuvo su apogeo en el panorama lírico cubano entre 1923 y 1958 lo lleva a ilustrar las primeras ediciones del Glosario de afronegrismos. Publicado en 1924 por la imprenta habanera “El Siglo XX” y reeditado, casi setenta años más tarde, por la Editorial de Ciencias Sociales (1990), este Glosario fue el resultado de los profundos estudios realizados por el sabio Fernando Ortiz (1881-1969) en torno a la cultura afrocubana.

Al sumar su aporte a tan importante obra, el vanguardista José Manuel no sólo legitima su nombre como personalidad significativa de la plástica insular, sino que además subraya su interés por todo aquello que contribuya al conocimiento y reconocimiento de nuestra personalidad como nación. Con motivo de la edición del emblemático volumen, Social publicó una breve reseña, en noviembre de ese año. La misma es acompañada por la reproducción de la portada. Un rostro de rasgos negros, en una imagen irrefutablemente cubista y pequeños iconos alusivos también a la cultura africana apuntan a la habilidad de Acosta para hacer confluir el lenguaje de la plástica moderna en el contexto de la cultura y la identidad cubanas.

Después de 1927 José Manuel viaja con Esperanza a Estados Unidos, a donde es invitado por un productor que había visto sus dibujos. Contratado por el norteamericano se establece por un tiempo (entre 1930 y 1931) en Nueva York. Allí coincide con Villena y trabaja para varias revistas como dibujante y fotógrafo. La mayor parte de estas publicaciones se vinculan al mundo del arte, en especial al teatro y la danza. Las revistas Dance Magazine , Theater Magazine y Vanity Fair , para las que trabaja, develan al público norteamericano la destreza de este artista cubano, al que le cuesta acostumbrase a la bulliciosa metrópoli de elevados edificios y temperamento agitado. Para la primera de esas publicaciones creó incontables cubiertas.

En Nueva York, José Manuel y Esperanza se encuentran a menudo con Villena, quien celebra la buena acogida con la que su coterráneo es recibido en la competitiva plaza artística. Más adelante lamentará la decisión de ambos de regresar a Cuba, justamente cuando el reconocimiento de Acosta se ensanchaba con cada nueva entrega. Este sentir lo trasmite Rubén en una postal que les envía a La Habana , desde la Unión Soviética. Era marzo de 1931 y el intelectual revolucionario pensaba en la crítica situación que vivía la isla y en las trabas de una prensa manipulada que poco o nada podía ofrecer al amigo artista.

Para esa fecha, el matrimonio se hallaba en espera de Sergio, su primer hijo. En 1933 nace Leonardo, quien recientemente ha merecido por su trayectoria como escritor, el Premio Nacional de Literatura. Acosta tuvo que emplearse entonces en la Compañía Internacional Harvester, de propiedad norteamericana, donde trabajó hasta su jubilación, poco después de1959. Absorto en el trabajo, se aleja de la pintura y el dibujo y ocasionalmente se dedica a vender anuncios, aunque esta faceta la disfrutaba menos que aquellas. Por estos años se acrecienta su interés por la fotografía, arte al que también legó exponentes memorables.

Como fotógrafo artístico José Manuel llegó a crear una poética signada por valores estéticos que se alejan de la fotografía tradicional y de géneros. Los motivos geométricos y la originalidad de sus imágenes no pudieron ser entendidas por los autores apegados a las reglas del academicismo, recibiendo críticas inflexibles del Boletín Fotográfico, en el que predominaban los criterios academicistas del Club de Fotografía , del cual Acosta era miembro desde 1940 (en 1941 labora como fotorreportero para el periódico Tiempo Libre).

Entre sus referencias se contaba el pintor y fotógrafo estadounidense Man Ray (1890-1976), quien estuvo vinculado a la vanguardia francesa y a los movimientos plásticos Dadá y Surrealista. Innovador de la técnica fotográfica, Ray creó imágenes memorables, donde luces y sombras confieren a los modelos una atmósfera y una psicología especiales. Otros de sus paradigmas fueron la italiana Tina Modotti, el norteamericano Edward Weston, (compañero en un tiempo de la anterior y uno de los primeros en considerar a la fotografía obra de arte), el también norteamericano Paul Strand, quien captó primeros planos de objetos comunes como maquinarias o instrumentos de cocina, sin apartarse de los tradicionales temas del retrato y el paisaje, John Heartfield, pionero alemán del fotomontaje y Martin Munkacsi.

En el imaginario visual y en el constante afán de experimentación y búsqueda de Acosta hay mucho de ese “talento precursor” al que Carpentier se refería cuando reseñaba el genio acostiano. José Manuel es un artista que se adelanta a su tiempo, uno de esos creadores vitales que inserta a Cuba en lo más avanzado de la creación plástica internacional. Su espíritu no envejece con los años. Constantemente se supera a sí mismo. Y si en los veinte su obra pictórica y gráfica se sitúa a la altura de las poéticas más avanzadas de Europa Occidental, en las décadas posteriores su fotografía será igualmente innovadora dentro del contexto de la manifestación en Cuba.

En 1988, tres lustros después de la pérdida física del artista, la Fototeca de Cuba organiza una exposición con parte de su obra. Ésta, conjuntamente con los artículos de Aida Mesa y de María Eugenia Haya, publicados a principios de la misma década, son algunos de los reconocimientos de que ha sido objeto su obra en los últimos lustros.

En la primera mitad del siglo XX, Acosta había colaborado directamente con emblemáticas personalidades de la cultura cubana (su hermano Agustín Acosta, José Zacarías Tallet, Juan Marinello, Fernando Ortiz) para los cuales no titubeó a la hora de ilustrar versos y textos de índole diversa. Otro tanto sucede después del triunfo de 1959, cuando Samuel Feijóo (1914-1992) lo llama para reproducir varios dibujos y fotografías suyas en la revista Signos , dirigida entonces por el escritor. Impresionado, Feijóo calificará a José Manuel de “estupendo dibujante cubista”, sumando su nombre al de los numerosos intelectuales y artistas que encomiaron el quehacer plástico del matancero. [14]

Muerte

Conmovido ante su pérdida, el 27 de febrero de 1973, el autor de El reino de este mundo subraya:

“No podrá hablarse del arte moderno en Cuba sin recordar el papel precursor del que hace unas semanas acaba de dejarnos”. [15]

Referencias

  1. Tomado de Yolanda Brito Álvarez. Desde Ala hasta La Zafra. Introducción al estudio de la obra poética de Agustín Acosta. La Habana: Facultad de Artes y Letras. Trabajo de Diploma. Mecanografiado. 1988. p. 11
  2. Archivo Parroquial de la Iglesia San Carlos Borromeo. Matanzas. Libro 10 de Matrimonios de Blancos. Partida 327. f. 141.
  3. Archivo Parroquial de la Iglesia San Carlos Borromeo. Matanzas.. Libro 43 de Bautismos de de Blancos. Partida 128. f. 50 v.
  4. Idem
  5. Yolanda Brito. Ob. cit. p. 13
  6. Tomado de la entrevista filmada por Héctor Veitía. La Habana, 1973. En: Amor por la ciudad. La Habana: Ediciones Unión. 2006. p. 122
  7. Tomado de Social. La Habana, febrero de 1924. p.30
  8. El retrato de Mañach fue publicado en Social, en el número correspondiente a marzo de 1924 p.19
  9. Agustín Acosta. “A mi padre” (Dibujo de José Manuel Acosta). En: Social. La Habana, octubre de 1924. p.24
  10. María E Haya. “El talento precursor de José Manuel Acosta”. En: Revolución y Cultura. La Habana, septiembre-octubre de 1983. p.14
  11. Social. La Habana, enero de 1924. p.7
  12. De esta unión nacen Sergio y Leonardo. Este último se ha destacado como músico, periodista y escritor.
  13. Los datos acerca del matrimonio de José Manuel con Esperanza Sánchez y otros han sido tomados del ya citado y esclarecedor artículo de María E. Haya. “El talento precursor de José Manuel Acosta”, publicado por la revista Revolución y Cultura en septiembre-octubre de 1983
  14. Tomado de Aida Mesa Martínez. “José Manuel Acosta”. En: Bohemia. La Habana: 26 de junio de 1981. p.88
  15. María Mesa. Ob. cit p.88. Estas declaraciones de Alejo Carpentier fueron publicadas por el diario Granma el 22 de mayo de 1973.

Fuentes