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Karl Richard Lepsius

Karl Richard Lepsius
Información sobre la plantilla
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Nacimiento1810
Naumburgo. Prusia
Fallecimiento1884
Berlín.
OcupaciónEgiptólogo

Karl Richard Lepsius Filólogo. Se trata de uno de los grandes nombres de la egiptología.

Antecedentes Familiares

Nació en Naumburgo (Prusia) en 1810. Estudió desde joven los textos de Champollion, para aprender la escritura jeroglífica, y visitó las colecciones europeas más importantes de objetos egipcios. Estudió arqueología griega y romana en Leipzig (1828-30), Gotinga (1830-32) y Berlín (1832-1833).

En 1837 publicó una obra sobre la transcripción de los jeroglíficos.

Con treinta y dos años consiguió un puesto como profesor supernumerario en Berlín, y, al año siguiente, fue el elegido para dirigir la más ambiciosa expedición arqueológica a Egipto. En 1842 el rey de Prusia Federico Guillermo IV, por solicitud del ministro Joahann Eichhorn, propuso a Lepsius para dirigir una expedición a Egipto y Nubia.

Es este el caso de un investigador muy preparado, con una formación académica completa, que contaría con algo de los que habían carecido sus predecesores: tiempo, ni más ni menos. La expedición se organizó partiendo de la idea de que su duración no sería inferior a tres años.

Lepsius viajó a Egipto y exploró Guiza, Abusir, Saqqara y Dahshur. Descubrió 67 pirámides y más de 130 tumbas de nobles. En 1843 fue a El Fayum donde encontró y excavó los restos del Laberinto de Hawara, descrito por Heródoto, y la pirámide de Amenemhat III. También excavó en Beni Hassan, Bersheh, y estudió los restos de Tebas.

De allí pasó a Nubia y aprovechó para hacer un estudio de las lenguas regionales. Después volvió a Luxor y pasó cuatro meses en Qurna, donde encontró numerosas tumbas. Después exploró Karnak y finalmente se fue al Sinaí. En el delta exploró Tanis. Volvió a Europa vía Beirut, Damasco, Baalbek y Estambul, llegando a Trieste en enero de 1846.

Sus trabajos y los de sus colaboradores fueron publicados en el libro Denkmäler aus Aegypten und Aethiopien (1849-1858), un conjunto de doce volúmenes de los que cinco eran textos y el resto láminas.

Lepsius destruyó algunos monumentos (una columna de la tumba de Seti I, dinamitada para poder llevársela, entre otros objetos). En 1846 fue nombrado profesor en la Universidad de Berlín y en 1865 director del departamento de antigüedades egipcias del Museo de Berlín. Después del nombramiento volvió a Egipto (1866), exploró el delta del Nilo y participó en el hallazgo del Decreto de Canopus, un documento escrito en griego, jeroglífico y demótico que se asemeja a la Piedra de Rosetta. Más tarde regresó a Europa. La colección egipcia del Museo estaba formada por 15.000 piezas de Lepsius y algunos objetos más.

En 1869 visitó Egipto por tercera y última vez, para asistir a la apertura del canal de Suez.

Muerte

Murió en Berlín en 1884.

Legado

El problema de partida estribaba en que los egipcios carecían de una verdadera Historia que recogiese el devenir temporal de su existencia como reino, y mucho menos de una cronología. Había, eso sí, narraciones incompletas, crónicas y anales de más que dudosa exactitud, como señalaban a menudo los investigadores de la época. Es algo que desconcertará a quien recuerde que el primer calendario de cierta exactitud que se aplicó en la antigüedad fue el egipcio, nacido de la periodicidad de las crecidas del Nilo, y que sirvió como base para el romano, que se mantuvo hasta el siglo XVI de nuestra era. Pero nuestra perspectiva histórica es diferente a la de un pueblo que vivía para el Más Allá hasta extremos que hoy no podemos asimilar. La historia no les interesaba demasiado, sino más bien los hitos históricos.

La cronología de Lepsius fue un gran instrumento, pero tuvo la asistencia inestimable de matemáticos y astrónomos. Los arqueólogos les facilitaron toda la información de que disponían, extraída de documentos de la más variada índole, desde inscripciones en piedra a papiros extraídos del relleno de los cuerpos momificados. Desecharon el empleo del calendario egipcio, que se reveló insuficiente, y emplearon las indicaciones astronómicas como datos más fiables, concretamente los relativos a la salida de Sirio, que fueron la clave para fijar el comienzo de la XVIII en el año 1580 a.n.e. y el de la XII en el 2000 a.n.e. (el margen de error estimado está en tres o cuatro años). Con estos datos absolutamente fiables, se pudo establecer una cronología en la que se basan los estudios actuales sobre la Historia del Antiguo Egipto.

Publicó varios libros, entre ellos la traducción del "Libro de los Muertos", al que dio este nombre que se ha consolidado.

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Fuentes