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Julio Antonio Mella Artículos de Referencia

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Este artículo trata sobre Julio Antonio Mella. Para otros usos de este término, véase Julio Antonio Mella (desambiguación).
Julio Antonio Mella
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Destacado revolucionario cubano, cofundador del Partido Comunista de Cuba.

Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria

Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria
20 de diciembre de 1922 - 10 de enero de 1929
Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba
16 de agosto de 1925 - 10 de enero de 1929
Datos Personales
NombreNicanor Mac Pórtland y Diez
Nacimiento25 de marzo de 1903
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento10 de enero de 1929
Ciudad de México, Bandera de los Estados Unidos Mexicanos México
Causa de la muerteAsesinato
Alma materUniversidad de La Habana
OcupaciónLíder Estudiantil, Político
Partido políticoPartido Comunista de Cuba
CónyugeTina Modotti
PadreNicanor Mella Brea
MadreCecilia Magdalena Mac Pórtland y Diez

Julio Antonio Mella. Revolucionario cubano, cofundador del Partido Comunista de Cuba y de la Federación Estudiantil Universitaria, entre numerosas organizaciones. Desarrolló en su corta existencia una febril actividad política y revolucionaria que lo convirtió en un líder de talla internacional.

Honesto revolucionario que supo con firmeza y dignidad enfrentar las incomprensiones y erróneas acusaciones, dentro de las propias filas comunistas, y sobre todo, halló las vías más idóneas para superar esos momentos difíciles en aras de los intereses mayores de la Revolución.[1]Es reconocido como, el más auténtico líder estudiantil que hasta ahora ha producido Cuba.[2] Su inolvidable frase Muero por la Revolución llevaba en si misma toda la fe y el ímpetu de su acción luchadora.

Síntesis biográfica

Primeros años

Nació el 25 de marzo de 1903 y aparece inscrito en el Registro Civil como Nicanor Mac Pórtland, era nieto del general Ramón Matías Mella, prócer de la independencia del pueblo dominicano. Su padre, Nicanor Mella Breá, era el hijo del general "del ímpetu", y un próspero sastre que dictaba la moda en la capital habanera, su madre Cecilia Magdalena Mac Pórtland y Diez, joven inglesa procedente de Hampshire, Inglaterra, que llegó a amar profundamente la tierra de sus dos primeros hijos y nunca dejó de militar en las filas de quienes se oponían a la Enmienda Platt. De tales padres heredaría Julio Antonio, desde la cuna, su vocación cosmopolita. Desde su origen, como hijo de una unión extramatrimonial, debió enfrentarse con los injustos preceptos del derecho burgués que impedían la voluntad de don Nicanor de reconocerlo con todos los derechos legales, junto a su hermano menor Cecilio. [3]

Hizo la primera enseñanza en varios colegios católicos en La Habana. En 1915 viaja a Nueva Orleans, Estados Unidos, junto a su hermano Cecilio y su madre, alistándose en el ejército, asegurando una edad superior a los 14 años que realmente tenía. Un amigo de su padre logró sacarlo del ejército y lo regresó a Cuba, donde ingresó en la en la Academia Newton siendo allí alumno del poeta mexicano Salvador Díaz Mirón quien le hizo descubrir el ideario del fundador del Partido Revolucionario Cubano.

Su sueño de ser militar y pelear por la Patria americana se convierte en fuerte resolución. El anhelo de matricular en el Colegio Militar de San Jacinto lo lleva a emprender en 1920 viaje a México, Desde ese país en revolución comprendió la doble moral imperialista que declaraba el "panamericanismo" y la "democracia", mientras mantenía sus tropas de ocupación en Nicaragua, Haití y República Dominicana.

En esta temprana visita a la patria de Juárez, Mella precisa definitivamente cuál es el enemigo principal, y se planteará la vía de la unidad latinoamericana para derrotarlo. En una de las crónicas en que narra su viaje por tierra mexicana definirá:
"Los pueblos hermanos que un loco tenaz descubriera, cachorros de un caduco león son hoy presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna (...) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad, diosa. He aquí mi ideal".[4]

Regresa de inmediato a Cuba y obtiene el título de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río (1921). Ese mismo año matricula Derecho, Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.

Trayectoria revolucionaria

En la Universidad de La Habana se destacó como líder estudiantil y deportista, participando en la firma de un manifiesto mediante el cual los estudiantes de Derecho se oponían al nombramiento como Rector Honoris Causa de la Universidad al general norteamericano Enoch Herbert Crowder.

Al interés propiamente académico por la renovación universitaria se unía en Mella la preocupación política por la modernización de la sociedad, en busca de la ampliación de la democracia y la participación de los estudiantes en la vida nacional. Para lograr tal propósito se hacía indispensable la unidad de todo el estudiantado, primero universitario, después del país. Sobre la función social de la Universidad de La Habana las concretaba así:
“… no debe ni puede ser el más alto centro de cultura una simple fábrica de títulos, no es una Universidad latina, una escuela de comercio a donde se va a buscar tan sólo el medio de ganarse la vida; la Universidad Moderna debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos”.[5]

Sus primeros trabajos periodísticos aparecieron en la revista universitaria Alma Mater (19221923), de la que fue administrador. En enero de 1923 es líder de la lucha estudiantil por la reforma universitaria. Funda la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). En octubre de 1923 organiza y dirige el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, y en noviembre inaugura la Universidad Popular “José Martí”, con el propósito de impartir instrucción política y académica a los trabajadores y de vincular la Universidad “con las necesidades de los oprimidos”.[6] También se implantó la Declaración de Derechos y Deberes del estudiante, de su autoría, donde se establecía que su deber era divulgar los conocimientos en la sociedad y especialmente entre los obreros.

Fue director y redactor de Juventud (1923 – 1925), fundador de la Liga Anticlerical (1924) y de la sección cubana de la Liga Antiimperialista de Cuba junto a Carlos Baliño y con la presencia combativa de Rubén Martínez Villena. La Liga, inspirada por la Internacional Comunista, sería un instrumento fundamental para la aplicación creativa de las ideas leninistas en los países coloniales y dependientes. Julio Antonio llegaría a convertirse en el máximo orientador de la organización en toda Latinoamérica. En este mismo año ingresa en la Agrupación Comunista de La Habana y desde ella despliega un trabajo muy activo entre el proletariado.

En 1924 publicó un folleto titulado "Cuba, un pueblo que nunca ha sido libre", dividido en varias partes: El imperialismo yanqui ha sido siempre enemigo de la independencia de Cuba, La soberanía de Cuba ante el Derecho Político, la Enmienda Platt, y Otras manifestaciones del dominio yanqui en Cuba.[7]

En su trabajo "La única salida", opina:
”Hay que hacer la Revolución de los ciudadanos, de los pueblos contra el dólar. En todos, inclusive, o mejor, en los Estados Unidos de Norteamérica”.
Más adelante señala...
"La hora es de lucha, de lucha ardorosa; quien no tome las armas y se lance al combate pretextando pequeños desprecios, puede calificarse de traidor o cobarde. Mañana se podrá discutir, hoy solo es honrado luchar.

Funda el Instituto Politécnico "Ariel" junto con Alfonso Bernal del Riesgo en 1925 y se encuentra entre los primeros fundadores del primer partido marxista-leninista cubano en unión de Carlos Baliño siendo el primer secretario de organización que tiene del mismo.

En 1926 fue expulsado de la Universidad de la Habana por sus acciones revolucionarias y de rebeldía, siendo además detenido por las autoridades, en la cárcel se declara en huelga de hambre. El Comité Pro-libertad de Mella inicia una campaña para liberarlo, la presión nacional e internacional se hace sentir, y se le libera el 23 de diciembre del propio año, se embarca entonces rumbo a Honduras.

Relación con Villena

Mella, en los inicios de la década de 1920, apenas había tenido trato personal con Rubén Martínez Villena sin embargo a Rubén le impresionó el ímpetu revolucionario, las ideas audaces y el poder persuasivo de Mella. Al aparecerse de repente éste en el domicilio de Rubén en las vísperas de la apertura del curso universitario, en procura de su consejo sobre lo que pensaba hacerle al Secretario de Instrucción Pública si se atrevía a asistir al Aula Magna de la Universidad de La Habana, la conversación fue larga.

Rubén le expuso a Mella sus puntos de vista con patrióticos ardores cómo resolver los problemas planteados. Mella escuchó a Rubén con interés y respeto y no le escondió su carencia de fe en los máximos dirigentes de Veteranos y Patriotas, y sin ambages ni tapujos le dijo con su peculiar ceceo:
Mira, Rubén, la única forma resolverlos de veras es mediante la conquista de nuestras riquezas, independencia y soberanía, que hoy detentan los banqueros de Wall Street y los políticos de Washington. El pueblo cubano nunca ha sido libre. Ayer fuimos colonia del imperio español. Ahora somos semicolonia del imperialismo yanqui. Es cierto cuanto denuncias y necesario cuanto reclamas, pero la honestidad administrativa, el sufragio efectivo, la verdadera democracia, la igualdad racial, la educación del pueblo, el bienestar de los trabajadores, la justicia para todos, la soberanía nacional, son mitos, puros mitos, en nuestra sociedad actual.[8]

El 20 de mayo de 1925, el general Gerardo Machado asumió la presidencia de la república neocolonial, ilegalizó el Partido Comunista y la Federación Estudiantil Universitaria, y expulsó a Julio Antonio Mella de la Universidad encarcelándolo sin pruebas, bajo la acusación de terrorista, ante tal arbitrariedad Villena junto al periodista Muñiz Vergara, conocido por su seudónimo de Capitán Nemo, decide interceder por Mella ante el mismísimo presidente.

Muñiz Vergara había hablado primero. Se dirigió a Machado, le presentó a Rubén, le habló de las virtudes de Mella, y le pidió que autorizara su excarcelación bajo fianza. La respuesta del dictador no se hizo esperar:
“Mella será un buen hijo, pero es un comunista... Es un comunista y me ha tirado un manifiesto, impreso en tinta roja, en donde lo menos que me dice es asesino... ¡Y eso no lo puedo permitir!”
Ya Rubén no pudo contenerse, preso de la ira y con tono desafiante le espetó:
“¡Usted llama a Mella comunista como un insulto y usted no sabe lo que es ser comunista! ¡Usted no debe hablar de lo que no sabe!”
Machado, “se replegó como un tigre que iba a saltar”, y con esa furia le contestó:
“Tiene usted razón, joven... Yo no sé lo que es comunismo, ni anarquismo, ni socialismo... Pero a mi no me ponen rabo, ni los estudiantes, ni los obreros, ni los veteranos, ni los patriotas... ni Mella. ¡Y lo mato, lo mato!...”
A renglón seguido, los acompañantes de Machado lo rodearon y arrastraron hacia el auto mientras Rubén, irritado, increpaba al dictador. De inmediato, aún en el patio de Barraqué, le expresó Rubén a Muñiz Vergara:
¡Yo no lo había visto nunca; yo no lo conocía; sólo había oído decir que era un bruto, un salvaje! ¡Y ahora veo que es verdad todo lo que se dice! ¡Pobre América Latina, pobre América Española, capitán, que está sometida a estos bárbaros! ¡Pero éste no es más que un bárbaro, un animal, un salvaje... una bestia!... [9]
Minutos después, al relatar el encuentro a Fernando Ortiz y Pablo de la Torriente Brau en el bufete del primero, Martínez Villena calificaría genialmente al tirano:
"Es un salvaje, un animal, una bestia..., un asno con garras".
Con ese mote trascendió Machado a la posteridad.

En el exilio

Se exilia en México y se vincula al movimiento revolucionario continental e internacional del que es nombrado secretario general posición rectora desde la que establece contacto con los revolucionarios y demócratas de toda la región e impulsa las actividades preparatorias para un evento internacional. Colabora en los periódicos "Cuba Libre", "El Libertador", "Tren Blindado", "El Machete" y "Boletín del Torcedor" (este último de La Habana). Pronuncia conferencias, pública críticas sobre el muralismo mexicano.

En febrero de 1927, Mella asiste al Congreso Mundial contra la opresión colonial y el imperialismo, celebrado en Bruselas, en él contacta con los revolucionarios y luchadores anticolonialistas de 37 países y 137 organizaciones progresistas del mundo, como anticipara en carta a Sarah Pascual:
”la experiencia que se adquirirá en este Congreso vale una vida”.

Bajo su conducción, los latinoamericanos hicieron en el Congreso un importante aporte al pensamiento revolucionario de la época. Se denuncian las dictaduras criminales que apuntalan los monopolios norteamericanos y desenmascara la Unión Panamericana como instrumento de la expansión estadounidense. Participa luego en la Liga Campesina Nacional de México. Realizó además, una constante labor de apoyo material y solidaria a la causa del pueblo nicaragüense que, comandado por Augusto César Sandino, resistía la invasión yanqui. También apoyó las labores conspirativas de los revolucionarios venezolanos que se preparaban para la lucha armada contra la dictadura proimperialista en su país.

"La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias –afirmaba en su prédica latinoamericanista–, es la lucha más importante en el momento actual (...), tenemos el deber de plantear el problema ‘nacionalista’ para unos, el ‘social’ para otros pero antimperialista para todos".

Viaja a Moscú, donde participa en el Congreso de la Internacional Sindical Roja. Miembro del Comité Central del Partido Comunista de México, lucha por la reforma agraria, por la nacionalización del petróleo y en las huelgas de los mineros.

Funda varias organizaciones antiimperialistas, estudiantiles y campesinas. Con Leonardo Fernández Sánchez y Alejandro Barreiro organiza la Asociación de los Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos, (ANERC) en 1927, vehículo idóneo de realización en las condiciones de la lucha antimachadista. Esta organización fue dotada por su creador de un programa que abrió una nueva perspectiva para el desarrollo del pensamiento y la práctica revolucionaria en Cuba y América Latina.

Entre los trabajos que dejó inéditos se encuentra "Hacia dónde va Cuba". Utilizó los seudónimos Cuauhtémoc Zapata, Kim (El Machete), y Lord Mac Pórtland.

Relación con Tina

En 1928 conoció a la fotógrafa y luchadora revolucionaria italiana Tina Modotti, que estaba vinculada afectivamente al pintor mexicano Xavier Guerrero; ambos participaron en el comité en apoyo a los anarquistas italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, así como en otras actividades como las del periódico comunista “El Machete” en el que escribía Julio. Entre ambos jóvenes surgió la atracción sexual y la pasión amorosa. Pero ella puso como condición a Julio Antonio que necesitaba hablar con Xavier, quien se encontraba en la Unión Soviética y a quien escribió una desgarrada carta, en la que le planteaba sus sentimientos y la ruptura. Comenzó entonces la relación que unió a Tina y a Mella y que sólo duró 4 meses al ser él asesinado.

Mella y Tina
En una ocasión en que ambos se separaron Mella conmocionado por la separación momentánea escribió a Tina desde Veracruz:
Mía cara Tiníssima:
Puede ser que para ti fuera una imprudencia el telegrama, pues estas acostumbrada a llenarte de asombro por todo lo que hay entre nosotros. Como si fuera el crimen más grande el que cometemos al amarnos. Sin embargo, nada más justo, natural y necesario para nuestras vidas… Creo que voy a perder la razón. He pensado con demasiado dolor en estos días y hoy tengo todavía abiertas las heridas que me ha producido esta separación, la más dolorosa de mi vida[10]
La noche del asesinato, andaba Mella caminando del brazo de su compañera, Tina Modotti, cuando sus asesinos lo liquidaron a balazos. El joven lo había vaticinado antes de salir de Cuba:
“No le tengo ni un ápice de miedo a la muerte, lo único que siento es que me van a asesinar por la espalda”.[11]
Tina grita, pero no llora ante el cuerpo del caído sin embargo llora después, cuando llega a su casa, al amanecer, y ve los zapatos de Mella, vacíos, como esperándolo bajo la cama.

Una campaña de mentiras inundó la prensa mexicana: El gobierno cubano de Gerardo Machado, no tiene nada que ver con su muerte, afirmaban los diarios mexicanos de derecha, Mella ha sido víctima de un crimen pasional; Tina Modotti, es una mujer de dudosa decencia, que reaccionó con frialdad ante el trágico episodio y posteriormente, en sus declaraciones policiales, incurrió en contradicciones sospechosas. Por consiguiente Tina fue expulsada de México, acusada incluso de conspiraciones contra políticos mexicanos, principalmente la de complicidad en el intento de asesinato de Pascual Ortiz Rubio, presidente de México, por lo que se le deportó a Alemania.

Asesinato

Mella muerto
Apenas iba a cumplir 26 años cuando murió asesinado el 10 de enero de 1929 en México, mientras caminaba junto a Tina Modotti, presumiblemente por órdenes del dictador de turno en la entonces neocolonia cubana Gerardo Machado. Se encontraba en aquella época en plena preparación de la expedición que lo llevaría desde México hacia Cuba para incorporarse a la lucha armada. Sus últimas palabras fueron:
“Machado me mandó a matar… Muero por la Revolución… Tina me muero”.

Sus cenizas fueron trasladadas a Cuba el 29 de septiembre de 1933.

Tina Modotti, su compañera inseparable de los últimos meses dijo refiriéndose a Mella:
“En la persona de Mella asesinaron no sólo al enemigo del dictador cubano, sino al enemigo de todas las dictaduras. Machado, una caricatura de Benito Mussolini, ha cometido un nuevo crimen, pero hay muertos que hacen temblar a sus asesinos y cuya muerte representa, para aquellos, el mismo peligro como su vida de combatientes […] esta noche, un mes después del cobarde asesinato, honramos la memoria de Mella prometiendo seguir su camino hasta lograr la victoria de todos los explotados de la tierra. De esta manera lo recordamos como él lo hubiera preferido: no llorando, sino luchando. [12]

Véase también

Enlaces externos

Referencias

Fuentes