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Mariana Grajales

Para otros usos de este término, véase Mariana Grajales (desambiguación).
Mariana Grajales Coello
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Mariana Grajales Coello.jpg
Heroína cubana (Retrato de Antonio Guerrero para la Exposición Toda la patria está en la mujer
NombreMariana Grajales Coello
Nacimiento12 de julio de 1815
Santiago de Cuba, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento27 de noviembre de 1893
Kingston, Bandera de Jamaica Jamaica
CónyugeMarcos Maceo
HijosAntonio Maceo Grajales, José Maceo Grajales, Rafael Maceo Grajales, Miguel Maceo Grajales, Julio Maceo Grajales, Tomás Maceo Grajales, Marcos Maceo Grajales, María Baldomera Maceo Grajales y Dominga Maceo
PadresJosé Grajales y Teresa Coello
Mariana Grajales. Madre de los Maceo, fue grande, no solo porque gestara y pariera héroes, sino también porque educó a todos los hijos para que tomaran la senda que condujera a la consecución de la libertad de Cuba, sojuzgada por el colonialismo español, a la par de establecer, desde el hogar, un ejemplo excepcional de conducta humana en un medio totalmente hostil. Su ejemplo ha devenido símbolo de la mujer cubana.

Ella misma, además, consagró la vida a la lucha por la independencia de Cuba a la que entregó, con amor de madre y orgullo de patriota, a todos los hijos y alentó al esposo a seguirlos, convirtiéndose de inmediato en una mambisa irreductible.

Datos biográficos

Vida antes de 1868

Nació en Santiago de Cuba, Oriente, el 12 de julio de 1815 de padres dominicanos: José Grajales y Teresa Coello. El nacimiento en esa fecha aparece inscrito en el libro de bautismo de la parroquia santiaguera de Santo Tomás, ubicada en lo que es hoy parte del centro histórico de la Ciudad de Santiago de Cuba, aunque la mayoría de las fuentes citan al 26 de junio de 1808 como la fecha del nacimiento.

En la condición de hija de una familia mulata libre, que incluso no había sufrido la esclavitud, no hay ninguna duda que recibió instrucción, hasta donde era posible en Cuba colonial para los negros y mulatos libres aún con independencia económica. Mariana, además, tuvo una educación ética en el seno de su familia, favorable para transmitirla a su prole.

Según algunos especialistas, ella tuvo instrucción de lo que entonces llamaban las primeras letras, lo cual no hay que desconocer si queremos tener una idea de su pensamiento y comportamiento personal de sus hijos, como tampoco que sus padres provenían de una isla donde ya no existía la esclavitud, liberada La Española a partir de la revolución haitiana. Sin embargo, conoció en Cuba las prisiones de cimarrones y también la importancia libertaria de los palenques de Oriente. Se ha escrito que cerca de Las Delicias, finca de la familia Maceo, ella pudo conocer de una cosa y la otra.

El 31 de marzo de 1831 se casó con Fructuoso Regüeiferos, con quien tuvo cuatro hijos: Felipe, Fermín, Manuel y Justo. En 1840 enviudó.

En 1843 se unió a Marcos Maceo, del cual hay dos versiones: nativo de Santiago de Cuba y nacido en Venezuela, residente en Cuba desde 1825. El matrimonio fue a vivir a la finca que tenía Marcos en Majaguabo, San Luis, y en 1845 nació el primogénito: Antonio Maceo.

La familia fue creciendo sucesivamente, José Maceo, Rafael Maceo, Miguel Maceo, Julio Maceo, Tomás Maceo y Marcos Maceo Grajales, así como dos hembras: Baldomera Maceo, Dominga Maceo y María Dolores Maceo Grajales que nació en Santiago de Cuba el 22 de julio de 1861, fue bautizada en la iglesia de Santo Tomás Apóstol. Sus padrinos fueron Francisco Fernández y Agustina Marcial. Falleció de empacho gástrico a los 15 días de nacida. Este hallazgo rompe con el esquema del número de trece descendientes que se le atribuyen al matrimonio de Mariana Grajales y Marcos Maceo, aunque tenían una casa en la ciudad santiaguera, su residencia fija era en el campo, donde vivían con relativa libertad y no sentían el despotismo hispano y el sistema de castas imperante.

Disciplina estricta

Dicen que Mariana se mostraba tierna y bondadosa con sus hijos, pero a la vez, inflexible en la disciplina. Reglamentaba las horas exactas de las comidas y el sueño. Ningún miembro de la familia podía estar fuera de la casa pasadas las diez de la noche. Su vivienda siempre estaba ordenada y limpia. En el aspecto personal, vestía, y vestía a su prole, con la mayor pulcritud.

A los ojos de los hijos, ella siempre fue la compañera del padre. Juntos analizaban todos los problemas y ambos tomaban de mutuo acuerdo las decisiones. Siempre los recordarían consultándose las dificultades, felices en la expansión hogareña, juntos sobre el dolor y la felicidad.

Incorporación de su familia a la Guerra del 68

El 12 de octubre de 1868, ante la noticia del levantamiento armado de Carlos Manuel de Céspedes y el grupo de patriotas que le secundaron, Marcos Maceo envía a su hijo Miguel a la tienda de los hermanos Tranquilino y general Palencia donde se encontraba un grupo de insurrectos al mando del capitán Rondón. Este capitán era un viejo amigo de los Maceo Grajales, el que en su encuentro con Mariana y Marcos se hizo de caballos, armas y dinero y preguntó cuál de sus hijos estaría para apoyar a la guerra independentista.

El paso al frente sin contemplación lo dieron Antonio, José y Justo que salieron posteriormente hacia Ti Arriba convencidos y decididos a defender la Patria con el grupo de alzados. Mariana rebosando de alegría hace jurar a sus hijos de rodillas y frente a un crucifijo de Cristo… "Juremos libertar a la Patria o morir por ella".

Era indudable que su corazón de madre temblase ante la idea de la muerte por heroica que fuese de seres tan queridos, pero en Mariana Grajales se anteponían a esos sentimientos la confianza patriótica, la actitud revolucionaria, la voluntad férrea por la lucha por la libertad y sabia que para conquistar la independencia de Cuba era preciso volcar los sentimentalismos.

Todos participaron en la Guerra del 68: Felipe fue fusilado siendo capitán; Fermín murió en la acción de Cascorro el 18 de abril de 1874; Manuel cayó en el combate de Santa Isabel, con grado de sargento; Justo, siendo capitán, fue hecho prisionero y fusilado cerca de San Luis, Oriente.

De los Maceo, el primero en caer fue su esposo Marcos, quien con grado de sargento murió en el combate de San Agustín de Aguarás el 14 de mayo de 1869, aunque algunos historiadores plantean que su muerte ocurrió meses después en un hospital de campaña de la Sierra Maestra, como consecuencia de las heridas recibidas en ese combate; Rafael, quien había alcanzado el grado de general de brigada, fue hecho prisionero al concluir la Guerra Chiquita y enviado a las cárceles de Chafarinas, en Marruecos, donde murió el 2 de mayo de 1882; Miguel cayó junto a su hermano Fermín, en Cascorro, con grado de teniente coronel; Julio, siendo subteniente, murió heroicamente en la Acción de Nuevo Mundo acción de Nuevo Mundo]]  el 12 de diciembre de 1870.

Fin de la Guerra de los Diez Años

Concluida la contienda del 68, a Mariana solamente le quedaban cuatro hijos varones: Antonio y José, quienes caerían gloriosamente en la gesta del 95; y Tomás y Marcos, quienes sobrevivieron con sus cuerpos llenos de cicatrices. Baldomera y Dominga también se incorporaron a la guerra, trabajando en los hospitales de campaña.

Un hecho singular mostró el elevado patriotismo de Mariana, cuando a raíz de haber recibido Antonio su primera herida de guerra en el combate de Armonía  el 20 de mayo de 1869, le dijo a su hijo más pequeño, Marcos: “Empínate, que ya es hora de que pelees por tu patria como tus hermanos”.

Además de madre ejemplar, Mariana simboliza a la mujer mambisa, pues a pesar de su avanzada edad, curó heridos en los hospitales de campaña y arengaba a los convalecientes incitándolos a que, una vez restablecidos, regresaran con más bríos al campo de batalla. Alentó la rebeldía de Antonio en su histórica Protesta de Baraguá el 15 de marzo de 1895.

Exilio y muerte

Solo salió de Cuba esta valiente mujer, obligada por las circunstancias adversas generadas tras el Pacto del Zanjón. Antonio, seguramente al conocer que para la metrópoli española ella podría ser considerada un "trofeo de guerra apreciable", preparó meticulosamente el viaje de la madre hacia Jamaica, porque, además, sabía que el ejército colonialista la tenía ubicada en Toa.

Con sumo cuidado en mayo de 1879 embarcaba al exilio en Jamaica acompañada por María Cabrales, en un barco de bandera francesa. Llevaba como trofeo en el corazón la muerte de varios hijos: de Justo por fusilamiento; la muerte de Julio en el combate de San Miguel; la deportación en Chafarinas, de Rafael, donde moriría tuberculoso y así hasta el primer golpe: la muerte, igualmente en la guerra, del esposo, Marcos Maceo.

Murió en el exilio el 27 de noviembre de 1893 a los 78 años.

Treinta años habían pasado de la muerte de tan ilustre mujer y 25 de la instauración de la República y sus restos permanecían en suelo extranjero. Se hacía evidente la misión de trasladar los restos de la mujer a la que José Martí había calificado como “fuego inextinguible” y “raíz del alma”.

En sesión celebrada el 15 de marzo de 1923, el Sr. José C. Palomino Aciego, entonces Vicepresidente del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, presentó una moción a la Cámara Municipal proponiendo el traslado de los restos de la madre de los Maceo. Dicha moción fue aprobada y el día 18 salió rumbo a Jamaica a bordo del cañonero “Baire” una comisión integrada por Dominga Maceo Grajales, autoridades, veteranos, médicos, periodistas, en busca de los preciados restos, los que fueron exhumados en la campaña del día 22 del propio mes de abril en el Cementerio Católico Romano de Saint Andrew.

El mismo día 22 a las 4.00 pm se hizo a la mar desde el puerto de Kingston el “Baire”, que se encargaba de trasladar los restos de tan inmortal mujer, a pesar de los avatares que hubieron de atravesar en Punta Morantes y el Paso de los vientos donde fueron sorprendidos por una fuente ventolera que los azotó aproximadamente ocho horas.

Finalmente tocaron suelo patrio al anochecer del día 23. La urna fue trasladada hasta el Ayuntamiento, donde fue velada hasta la tarde del día 24 en que fue conducida al cementerio Santa Ifigenia y depositada en la bóveda que se había construido temporalmente, presenciando el pueblo santiaguero el homenaje de dolor más grandioso que se haya tributado a patriota alguno en esta ciudad.

Actualmente sus restos descansan junto a los de Dominga Maceo y María Cabrales en el patio D del cementerio Santa Ifigenia.

"Es la mujer que más ha conmovido mi corazón", escribió Martí cuando supo que había muerto, Doña Mariana, madre de los Maceo y de los cubanos, porque lo dio todo para que Cuba fuera libre.

Opiniones

Monumento a Mariana Grajales, en el parque que lleva su nombre en El Vedado, La Habana
El apóstol cubano José Martí expresó sobre Mariana:
¿Qué había en esta mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella como de la raíz del alma con serenidad de hijo, y como de entrañable efecto? Así queda en la historia, sonriendo al acabar su vida, rodeada de los varones que pelearon por su país, criando a sus nietos para que peleen.

Enlaces externos

Fuente