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Bashar al-Assad

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Bashar al-Assad
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BASHAR AL ASSAD.jpg
Escudo de Siria
Presidente de la República Árabe de Siria
Actualmente en el cargo
Desde el 10 de junio de 2000
PredecesorHafez al-Assad
Escudo de la  República de Chile
Secretario general del Partido Socialista del Renacimiento Árabe (Partido Ba'ath)
Datos Personales
Nacimiento11 de septiembre de 1965
Damasco Siria, Bandera de Siria Siria
Alma materHospital militar de Tishrin, en Damasco
OcupaciónPolítico, militar y médico oftalmólogo
Partido políticoPartido de Resurrección Socialista Árabe
Creencias religiosasReligión islámica

Bashar al-Assad. (En árabe بشار الاسد). Nacido en Damasco el 11 de septiembre de 1965, tercero de los cinco hijos del expresidente sirio Hafez Al-Assad y de su esposa Anisa Majlouf. político, militar y médico sirio y es el actualmente presidente de la República Árabe de Siria, llego al poder el 17 de julio del 2000. Al Assad es también secretario general del Partido de Resurrección Socialista Árabe (Partido Ba'ath).

Síntesis biográfica

Nacido en Damasco Siria el 11 de septiembre de 1965, realizó sus estudios primarios y segundarios en el instituto de Al Hurria ("La libertad", en árabe) ubicado en Damasco. en 1982 y luego cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Damasco, donde en 1988 obtuvo la licenciatura con una especialidad en Oftalmología. Nada sugería que Bashar no estuviera llamado a ejercer esa profesión, pues comenzó una serie de clases avanzadas y prácticas en el Hospital Militar Tishrin de Damasco, donde se desempeñó como oficial médico, y, desde 1992, en el Western Eye Hospital de Londres, donde adquirió pericia en el tratamiento del glaucoma. En la capital británica vivió bajo otro nombre y, al parecer, en el más completo de los anonimatos, sin escolta aparente y como un individuo normal, pues su rostro no era conocido.
Bashar al-Assad durante su preparación militar 1997

Esta apacible existencia en Europa experimentó un giro radical el 21 de enero de 1994. Fue el día en que su hermano tres años mayor, Basel, falleció en Siria en un accidente de tráfico. Basel al-Assad, comandante de la Guardia Presidencial con atuendo y poses marciales, era el candidato oficioso a la sucesión del padre.

De entrada capitán del cuerpo médico, tras un rápido entrenamiento de combate en las fuerzas acorazadas Bashar adquirió el rango de teniente y posteriormente ascendió a comandante de batallón en el cuerpo de élite de la Guardia Republicana, el mismo puesto que había ocupado su hermano. En 1996 su elenco de responsabilidades fue ampliado y pasó a ejercer el control de los servicios de seguridad y paramilitares del partido al frente de un equipo restringido de oficiales.

En julio de 1997 fue promovido a teniente coronel y en enero de 1999, tras la preceptiva estancia en la Academia Militar de Homs, a coronel del Ejército. Bashar sustituyó a su padre en varias reuniones con el presidente libanés, Émile Lahoud, cuya elección en noviembre de 1998, así como la del primer ministro Selim al-Hoss el mes siguiente, contaron. Assad se dio a conocer también a los demás líderes árabes, en particular los de las monarquías del Golfo, y el 7 de noviembre de 1999 fue recibido en el Elíseo por el presidente francés Jacques Chirac. y comenzó verse su atribuido papel en la lucha contra la lacra de la corrupción, eso le reportaron a Bachar popularidad .

En añadidura, la muy numerosa población joven encontraba atractivo el perfil de Bashar el joven, y aseguro que con su llegada a la Presidencia acarrearía una limpieza general en la Administración y el Ejecutivo, removiendo a oficiales implicados en la corrupción y nombrando a personas comprometidas con sus planes reformistas.

No obstante el único título oficial que poseía Bashar, adquirido en 1995, era el de presidente de la Sociedad Siria de Informática, organismo que entabló con la conveniencia de abrir el país a Internet y a las emisiones televisivas vía satélite. Con Bashar a su frente, esta entidad introdujo una nueva red de ordenadores en la Universidad de Damasco, que prácticamente carecía de estos equipos básicos, y adquirió licencias de aplicaciones informáticas para su uso en las escuelas de secundaria.

Sucesión

El10 de junio de 2000, Hafez al-Assad falleció repentinamente con un cuadro de fibrosis pulmonar, enfermedad cardíaca y diabetes a los 69 años de edad, tras tres décadas de poder. De inmediato la Asamblea Popular Siria, enmendó la Constitución de 1973 para permitir a Bashar asumir la Presidencia, pues a sus 34 años estaba seis por debajo del listón de edad exigido por el texto; desde ahora, aquella era, justamente, la edad mínima requerida para ejercer el cargo. Al día siguiente, el Mando Regional del Partido Ba'ath le nominó formalmente su candidato a la Presidencia. Hasta la toma de posesión mediado un referéndum de validación popular, Abdul Halim Jaddam, vicepresidente primero de la República desde 1984, ejercería las funciones del jefe del Estado. La primera decisión de Jaddam, el día 11 también, fue ascender a Bashar a teniente general y nombrarle comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

En los actos fúnebres celebrados el 13 de junio en Damasco, Bashar, centro de todas las miradas, pareció tener todo bajo control, recibiendo a los jefes de Estado árabes como el presidente de Siria que ya era y secundado con pleno acatamiento por los altos responsables del Estado, el partido y el Ejército. En el cortejo fúnebre la multitud le aclamó jurándole fidelidad y deseándole la protección de Dios.

En las semanas siguientes, el proceso de sucesión, debía dejar de cumplir todos los formalismos legales y políticos, se desarrolló sin novedad. El 20 de junio el IX Congreso Regional del Partido Ba'ath (Sirio) eligió a Assad secretario general del Mando Regional del partido en el último de los cuatro días de sesiones. Abdullah al-Ahmar continuó como secretario general adjunto del Mando Nacional, órgano supraestatal al que teóricamente estaba supeditado el Mando Regional sirio y que funcionaba como el consejo coordinador del movimiento baazista en todo el mundo árabe. El encumbrado, de cuyo programa sólo se conocía por el momento su compromiso con la lucha anticorrupción y con la promoción social de las tecnologías de la información, prometió atenerse a los principios socialistas del partido y perseguir el desarrollo económico nacional.

El 10 de julio fue realizado el referéndum con las cifras oficiales 97,3% de síes con una participación del 94,5% del censo. El 17 de julio, por último, Assad prestó juramento ante los legisladores como presidente de la República con un mandato de siete años. Bashar llegó al poder con una aureola de reformista benigno amigo de las nuevas tecnologías

Matrimonio

En el año 2000 contrae matrimonio, el 31 de diciembre en Londres con Asma Fawaz Al Ajras, joven economista de 25 años nacida y crecida en dicho país, formada en el King's College e hija de unos profesionales liberales de fe sunní procedentes de Homs: su padre era un pudiente cardiólogo que pasaba consulta en la capital británica y su madre una diplomática destacada en la Embajada de Siria. La pareja se conocía desde la época en que él estudiaba oftalmología en el Western Eye Hospital. Los Assad alumbraron a su primer hijo, al que nombraron Hafez en recuerdo del abuelo, doce meses después de la boda. Años después el hogar iba a crecer con los nacimientos de Zein (2003) y Karim (2004).

El estilo sofisticado de Asma, quien tenía experiencia laboral como analista y ejecutiva bancaria del Deutsche Bank y el JP Morgan y se movía con soltura en los ambientes cosmopolitas, abundó en el aura de modernidad que rodeaba a Assad. La elegante y jovial primera dama de Siria iba a adquirir un rol público bastante prominente, acompañando a su marido en la mayoría de sus viajes y actos oficiales, como si fueran una pareja presidencial americana o europea, y poniéndose al frente de una serie de iniciativas oficiales para reducir la pobreza, desarrollar el agro y promover la posición de la mujer en la sociedad, lo que no podía granjearle más que simpatías.

Primer mandato

Política interna y proyección internacional

En su discurso inaugural, Assad envolvió con fárragos retóricos y bastante ambigüedad los contenidos sustanciales de su atribuido programa de mudanzas, que asomó muy tímidamente. No dejó de rendir tributo al "glorioso" legado de su difunto padre, pero reconoció la necesidad de introducir mejoras de muchos tipos y a varios niveles. Así, era menester "descartar las ideas obsoletas", encajar "críticas constructivas" (que no "críticas destructivas", puntualizó), elaborar "nuevas estrategias" y hacer de la "honestidad", la "transparencia" y la "eficiencia" normas de aplicación general. Más concreto fue cuando se refirió a la necesidad de avanzar de manera "gradual" hacia los "cambios económicos" mediante la "modernización de las leyes", la "remoción de los obstáculos burocráticos", la "implicación de los capitales públicos y privados", la "reactivación del sector privado" y la "elevación del sector público a niveles competitivos en los mercados doméstico y externos". La expresión "reforma" quedó reservada para la administración estatal y para las "instituciones educativas, culturales e informativas".


El diagnóstico de la situación política era ineludible y aquí Assad solventó la cuestión tirando balones fuera. Preguntándose a sí mismo sobre si en Siria había o no democracia, y sobre qué debía entenderse exactamente por democracia, el orador respondió con un confuso razonamiento sobre "derechos", "obligaciones", "prácticas" y "principios" democráticos de las personas que serían excluyentes entre sí para concluir que: "No podemos aplicarnos la democracia de otros. La democracia occidental, por ejemplo, es el resultado de una larga historia que partió de las costumbres y tradiciones que distinguen la cultura de las sociedades occidentales. Para adoptar lo que tienen tendríamos que haber vivido su historia, con toda su significación social. Como eso es, obviamente, imposible, debemos tener nuestra propia experiencia democrática, la que se derive de nuestra historia, cultura y civilización".

El acceso de Bashar a la Presidencia despertó grandes expectativas en este terreno, sobre todo a raíz de su discurso inaugural. Al Gobierno se le atribuyó la capacidad de emprender la reforma de un sistema rígido e ineficiente con criterios de racionalidad de mercado. La reconversión del sector público, el desarrollo del diminuto sector privado, la apertura de canales de crédito, el impulso a las exportaciones (de las que casi el 70% eran petroleras) y la oferta de incentivos a la inversión foránea parecían entrar en las intenciones del Ejecutivo.

Por otro lado, Assad aseguró la continuidad de la política exterior Siria, cuya doctrina fundamental era la defensa intransigente del territorio y la soberanía nacionales. Esto suponía que un tratado de paz con Israel, escenario que había dejado de ser un tabú desde la histórica Conferencia de Madrid de 1991, sólo sería posible si el Estado judío devolvía previa e íntegramente los Altos del Golán, arrebatados en la Guerra de los Seis Días de junio de 1967 y anexionados por el Gobierno Begin en diciembre de 1981. Para Damasco, la desanexión y retrocesión del Golán, invocando las resoluciones 242 y 497 del Consejo de Seguridad de la ONU, era una condición sine qua non para la paz, no su corolario.

En mayo del 2001, el papa Juan Pablo II visitó el país, y a continuación lo hizo el comandante en jefe Fidel Castro. Bachar al-Assad se unió a la condena mundial de los ataques terroristas sufridos por Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

El Assad y el apoyo a la causa palestina

La actitud del recién estrenado dirigente sirio ante la segunda intifada palestina del 2000 no estuvo exenta de cautela. En octubre, en la cumbre extraordinaria celebrada por la Liga Árabe en El Cairo para estudiar la explosiva situación que se vivía en los territorios autónomos y ocupados, Assad hizo su debut internacional suscribiendo la condena colectiva a Israel por "apostar por la guerra" y la exigencia de la retirada judía de Cisjordania y Gaza, sin la cual no podría haber una paz "justa y plena" entre árabes e israelíes. Como represalia por los bombardeos aéreos y la muerte de civiles, Assad solicitó el boicot comercial concertado de todos los países de la Liga a Israel, pero se guardó de invocar la movilización militar para acudir en auxilio del Gobierno de Yasser Arafat, en lo que se distanció de las voces más exaltadas y se alineó con líderes moderados como el anfitrión, Hosni Mubarak.

El Assad declaró al primer ministro británico Tony Blair de visita en Damasco en noviembre de 2001, las acciones de los movimientos de resistencia palestinos contra Israel no constituían terrorismo, sino "lucha legítima de los pueblos contra la ocupación". Lo mismo cabía decir de Hezbolah, insistía el presidente sirio, que instó a hacer una precisión semántica sobre lo que era y no era terrorismo, ya que este iba a ser combatido con medios militares a nivel internacional. Según el Gobierno sirio, la libertad de movimientos de que gozaban en su territorio determinados grupos de la resistencia palestina debía contemplarse como un "respaldo pasivo" a sus programas de "lucha de liberación".

Guerras de Irak

Las relaciones con Washington se deterioraron drásticamente en la cuenta atrás para la invasión anglo-estadounidense de Irak el 20 de marzo de 2003, a la que Assad se opuso empecinadamente, aunque por unos motivos ajenos a la suerte que pudiera correr Saddam Hussein, cuya desaparición Damasco no lamentaría lo más mínimo por ser el suyo un régimen baazista rival con el que las espadas habían estado en alto durante muchos años; de hecho, Siria e Irak ni siquiera mantenían relaciones diplomáticas.

Casualmente miembro temporal –el único de la Liga Árabe- del Consejo de Seguridad en esos momentos, Siria no puso reparos a la resolución 1.441 de noviembre de 2002 que conminó a Irak a someter sin reservas a las inspecciones internacionales sus programas y equipamientos nucleares, químicos, bacteriológicos y de misiles balísticos. Pero en las tensas semanas previas a la guerra, el ministro de Exteriores, Farouk ash-Shara, fue muy vehemente en la fijación de la posición de su país: Siria quería que Irak se desprendiera de sus armas prohibidas, si las tenía, pero por la vía de la persuasión diplomática y las negociaciones, no por la fuerza militar. Assad dejó a Shara que hiciera de portavoz del régimen en la exposición de una oposición radical a la campaña bélica en ciernes porque un ataque unilateral de Estados Unidos sin el aval del Consejo de Seguridad "sólo traería caos a Oriente Próximo y podría incrementar la violencia y el terrorismo". El ministro llegó a afirmar, en una alocución en el consejo de seguridad, que "queremos una victoria de Irak".

Los argumentos oposicionistas sirios no eran sustancialmente diferentes de los expuestos por Francia, Alemania, Rusia, China y la Liga Árabe, pero en este caso traslucían genuinos temores por la integridad propia: una ocupación estadounidense a gran escala de Irak, donde con toda probabilidad el régimen saddamista sería reemplazado por un gobierno dúctil a los intereses de la superpotencia, era vista como una amenaza directa a este lado de la frontera. ya que la posición del gobierno sirio la "agresión injustificada" y la "flagrante violación de las leyes internacionales" que estaban teniendo lugar en Irak, fue estimulada incluso antes de caer Bagdad (9 de abril) por el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quien acusó a los sirios de estar facilitando material militar a los irakíes, lo que debía considerarse un "acto hostil".

Las advertencias del Gobierno George W. Bush. subieron de tono a renglón seguido del colapso del régimen de Saddam Hussein, hasta el punto de no parecer descabellado un inminente asalto a Siria por la avasalladora fuerza de invasión de Estados Unidos, que parecía ansioso por fijar nuevos objetivos. El presidente, Rumsfeld y los portavoces del Pentágono y la Casa Blanca confeccionaron un pliego de acusaciones contra los gobernantes deDamasco, cualquiera de las cuales, insinuaron, podía acarrear represalias a menos que prestaran la "cooperación" requerida: seguir apoyando a organizaciones, como Hezbolah; permitir la entrada en Irak de militantes árabes y jihadistas extranjeros dispuestos a combatir a las fuerzas de la coalición internacional; pertrechar y adiestrar a la incipiente insurgencia; haber suministrado armas convencionales a Saddam; dar cobijo a altos cargos prófugos del régimen depuesto; asilar a científicos responsables de las armas de destrucción masiva irakíes; almacenar algunas de estas armas procedentes de los arsenales del país vecino; y desarrollar una capacidad propia de armamento químico.

El gobierno de Assad negó todas las imputaciones, al menos una de las cuales, la transferencia de armas de destrucción masiva irakíes, era rotundamente falsa por la sencilla razón de que Saddam Hussein no tenía ninguna arma prohibida por la ONU. Otra, en cambio, la apertura de par en par de un pasillo fronterizo por el que afluían en tromba miles de partisanos y terroristas para luchar contra la ocupación de Irak era de una certeza obvia, si bien la desintegración del Ejército irakí y la desidia de las fuerzas estadounidenses en el caos inicial por el control efectivo de las fronteras hicieron mucho más por la inseguridad de Irak que el gesto de desafío de Siria.

Assad recibió con algún alivio el rechazo por el Gobierno británico a la apertura de un segundo frente bélico en su país y la ofensiva diplomática francesa que buscaba ahuyentar esa amenaza, mientras el Ministerio de Exteriores intentaba impulsar en el Consejo de Seguridad una resolución dirigida a eliminar "todas las armas de destrucción masiva" de Oriente Próximo, pretensión que incluía acusaciones explícitas a Israel (que tiene más de 200 armas nucleares).

El 11 de mayo de 2004, un mes después de declarar Assad a la cadena qatarí Al Jazeera que las "operaciones armadas contra la ocupación americana" en Irak constituían una "resistencia legítima", la Casa Blanca se decantó por el embargo comercial con excepciones, la exclusión aérea y las sanciones financieras. El primer ministro Otari se refirió a estas medidas como "crueles" e "injustas".

Crisis del Líbano

En junio de 2001 el Ejército sirio desplazó a unos 6.000 soldados fuera de Beirut y cedió el terreno al Ejército libanés. No se trató de una retirada propiamente dicha, sino de un repliegue a nuevas posiciones, como en la oriental gobernación de Beqaa, aunque algunas unidades, según testimonios visuales, sí cruzaron la frontera de regreso a casa. Con este movimiento, Assad intentaba apaciguar a la comunidad maronita, que venía haciendo campaña para la completa evacuación siria del país.

El 3 de marzo de 2002 Assad protagonizó lo que para los observadores fue un gesto simbólico del concepto más respetuoso que el dirigente sirio tendría de Líbano: una histórica visita oficial a Beirut, donde fue recibido a modo de par por el presidente Émile Lahoud (quien era maronita, conforme al esquema institucional contenido en el Pacto Nacional de 1943 y ratificado por el Acuerdo de Ta'if de 1989, bases del consenso multiconfesional de la República Libanesa).

Al mes de la visita de Assad a Beirut, el Ejército sirio realizó otro repliegue de tropas, esta vez en la populosa gobernación de Monte Líbano, en toda la periferia de la capital y en el distrito costero de Chouf, entre Beirut y Sidón. Parecía que Damasco empezaba a aplicar uno de los puntos del Acuerdo de Ta'if que se había quedado en el tintero: el repliegue por etapas de sus fuerzas de Líbano. Una parte considerable de las tropas movidas fue efectivamente repatriada, lo que redujo el contingente a unos 20.000 soldados, concentrados en la Beqaa, a todo lo largo de la frontera, y en la gobernación Norte.

El 14 de febrero de 2005 Rafic Hariri, y con él otras 22 personas entre miembros de su escolta y peatones, fue asesinado en un masivo atentado con bomba hecha explotar al paso de su comitiva de vehículos en una calle beirutí. La brutal desaparición del líder de la oposición libanesa provocó un revuelo internacional y el pandemónium doméstico. De inmediato, la oposición libanesa en bloque dirigió sus dedos acusadores al gobierno sirio.

Los imputados se apresuraron a dar la cara. En el caso del sirio, este calificó el atentado de "terrible acto criminal" y urgió a los libaneses a “reforzar su unidad nacional” en esta “situación crítica” y a “oponerse a aquellos que buscan crear divisiones en el pueblo”. El vicepresidente sirio aseguró que el responsable del asesinato era Israel.

Las proclamaciones de inocencia de Siria no convencieron a Estados Unidos y Francia. Si bien, por una elemental prudencia, no formularon acusaciones directas, los presidentes George W. Bush y Jacques Chirac aventaron sus firmes sospechas de que el poder de Damasco, por acción o por omisión, estaba de alguna manera relacionado con la eliminación de Rafic Hariri, y reclamaron la apertura de una investigación internacional del magnicidio así como la inmediata retirada de Líbano del Ejército sirio, que la Casa Blanca calificó de "fuerza desestabilizadora". El Departamento de Estado, además, llamó a consultas a su embajadora en Damasco.

El funeral de Hariri en la capital fue el toque a rebato para una vasta protesta antigubernamental y antisiria que prendió en las principales ciudades del país, ataques a la sede beirutí del Partido Ba'ath y a comercios regentados por sirios, la retirada de las fuerzas del ejército sirio la que aun se encontraban en el país, y llamamientos a la huelga general.

El 24 de febrero del 2005 el Gobierno sirio anunció la retirada en fechas próximas que no concretó de todas las tropas de Líbano, unos 14.000 hombres. El proceso debía ser cuidadosamente coordinado con el Ejército libanés, que llenaría el vacío de seguridad dejado por el repliegue. El 5 de marzo Assad, en un discurso ante el parlamento , arrojó más luz sobre el calendario de la evacuación militar, que seria en dos fases, la primera de las cuales, la concentración de las tropas en la Beqaa, arrancó dos días después.La primera fase del proceso, la concentración temporal de todos los soldados en la Bekaa, concluyó el 17 de marzo. Finalmente, las últimas unidades expedicionarias cruzaron la frontera por el puesto de Masnaa, al cabo de una ceremonia castrense de despedida, el 26 de abril.

A partir de 2007, Assad se las arregló para salir de su acorralamiento internacional. Los éxitos militares y políticos de Hezbolah en Líbano afianzaron el statu quo prosirio del país de los cedros, mientras que la pacificación de Irak empujó a Estados Unidos a reanudar el diálogo bilateral. La interlocución con Turquía, la Unión Europea, Francia y Arabia Saudí se hizo compatible con la alianza estratégica con Irán. Incluso el Tribunal Especial de la ONU para Líbano se inclinó por exonerar a Siria del asesinato de Rafic Hariri.

Segundo mandato

En mayo de 2007, recibió el apoyo del 97,6% de los votantes en el referéndum presidencial que determinó su continuidad en la jefatura del Estado durante un nuevo mandato de siete años.

Al comenzar 2011, Assad seguía enfrascado en el proceso de rehabilitación diplomática cuando las revueltas llamadas Primavera Árabe empezaron a sucederse en el mundo árabe. El dirigente, que venía reconociendo los atrasos en el plan de las reformas internas pero justificaba las inercias en aras de la "seguridad", aunque se jactó de que su país sería inmune a los disturbios. A mediados de marzo, la ciudad de siria de Daraa, un grupo de mercenarios pagados por Israel, Qatar y Arabia Saudita asesinaron a varios habitantes de la región y se atrincheraron en una mezquita donde las autoridades les hicieron frente. Otros mercenarios se fueron infiltrando en las manifestaciones que tuvieron lugar Daraa y Homz en demanda de una reforma política y la derogación de la ley de emergencia, vigente desde 1963, posteriormente se produjeron manifestaciones en algunas ciudades sirias ante el llamado de predicadores sauditas y egipcios a través de Al-Jazzera solicitando la instauración de un régimen islámico, Varios manifestantes de la corriente sectaria del sunnismo exigían la dimisión del presidente al-Assad, por pertenecer a la minoría alauita, por lo que el repudio era por causas religiosas y no políticas. El presidente prohibió a las fuerzas de seguridad, a la policía y el ejército, el uso de armas de fuego en cualquier circunstancia en la que existiese la más mínima posibilidad de herir a civiles.

Fuentes