Batalla de Guantánamo (1898)

Batalla de Guantánamo (1898)
Información sobre la plantilla
Parte de la Guerra de los Diez Años
Fecha Desde el 21 de abril hasta el 22 de julio de 1898
Lugar Guantánamo, Bandera de Cuba Cuba
Beligerantes
Bandera de Cuba Ejército Libertador Bandera de España España
Comandantes
Pedro Agustín Pérez, Calixto García, Máximo Gómez, Tomás Estrada Palma, Demetrio Castillo Duany

Batalla de Guantánamo (1898). Librada durante la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, cuando las fuerzas estadounidenses y cubanas tomaron el puerto de importancia estratégica y comercial de la Bahía de Guantánamo. Los Estados Unidos consideraron el momento preciso para apoderarse de la Isla. Al no materializarse la victoria mambisa contra España en 1895, a través de la «guerra generosa y breve» como quería Martí, a pesar de que los insurrectos estaban en condiciones de sostener la lucha por tiempo indefinido y decidirla a su favor, en 1898.

Antecedentes históricos

El 21 de abril de 1898, con el pretexto de la voladura del Maine, el gobierno estadounidense presentó al de España, como ultimátum, la Resolución Conjunta, con lo cual quedaron rotas las relaciones diplomáticas. Ese día la escuadra del Atlántico Norte, al mando del contralmirante William T. Sampson, comenzó su despliegue por el norte de Cuba, incluso antes de que declarara oficialmente el bloqueo, autorizado el 22 mediante proclama del presidente William McKinley.

Con la declaración del día 25, dio inicio la primera guerra imperialista de la historia.

En la órbita de esta guerra, el 10 de junio de 1898, se produjo el desembarco anfibio de fuerzas de infantería de marina, el primero de ese tipo realizado por el imperialismo yanqui, con la misión de ocupar la bahía de Guantánamo y establecer la base de apoyo logístico de la flota que bloqueaba a Santiago de Cuba. En esta operación, las fuerzas estadounidenses fueron asistidas por unidades mambisas de la Primera División del general cubano Pedro Agustín Pérez para contribuir a rechazar la hostilidad de las fuerzas españolas y asegurar el campamento del Primer Batallón de marines en Playa del Este.

Aunque existen estudios vinculados con estos acontecimientos, se ha comprobado la insuficiente sistematización de los conocimientos vinculados al desempeño de la Primera División en el teatro de operaciones de Guantánamo. En la inmensa de ellos se minimiza, silencia o ignora su aporte a la victoria de las fuerzas conjuntas sobre las españolas que defendían Santiago de Cuba.

Fuerzas beligerantes

Al estallar la guerra hispano cubano estadounidense, fue confiada al coronel Charles Heywood la creación del Primer Batallón de infantería de marina (reforzado), con cuatro compañías, las que fueron incrementadas hasta seis: cinco de infantería y una de artillería, con alrededor de setecientos treinta marines. Al frente del batallón fue designado el teniente coronel Robert W. Huntington.

En el análisis de la composición de las fuerzas estadounidenses diversos autores describen solo a los infantes de marina, desconociendo las tripulaciones de los buques participantes en las acciones combativas, entre ellos de la escuadra del Atlántico Norte, a las órdenes del contralmirante Sampson; de la escuadra Volante, al mando del comodoro Winfield S. Schley, de la división del Atlántico Norte, del comodoro John A. Howell, y otros sin ninguna formación particular. La composición del personal de las unidades navales fue de 241 oficiales y 3 173 marinos, para un total de 3 414. Bajo estos presupuestos, las fuerzas de Estados Unidos en las acciones de Guantánamo, sumaron 4 145 hombres, de los cuales solo el 17,6 % correspondió a los infantes de marina del Primer Batallón.

A pesar del mensaje al Congreso, del 11 de abril de 1898, donde el presidente McKinley manifestó que no reconocería a los representantes del pueblo cubano, el coronel Arthur L. Wagner ordenó al teniente Andrew S. Rowan entrevistarse con el general Calixto García para recabar la cooperación militar.

El 1 de mayo de 1898, Rowan llegó al cuartel general de las tropas cubanas en la ciudad de Bayamo, para entrevistarse con García. Allí fueron concertadas las condiciones de la cooperación militar entre las fuerzas armadas de Estados Unidos y el Ejército Libertador. A diferencia del general Máximo Gómez, el héroe holguinero no consultó la decisión y pactó la colaboración militar con una potencia extranjera, y los Estados Unidos pudieron contar con un apoyo inestimable, sin reconocer a las instituciones cubanas. Ello contribuyó a impedir la participación de Gómez en asuntos que decidían la suerte de Cuba.

Similar proceder fue asumido por Tomás Estrada Palma:

La República de Cuba dará instrucciones a sus generales para que sigan y ejecuten los planes de los generales americanos en campaña y, aunque mantenga su organización propia, el Ejército cubano estará siempre dispuesto a ocupar las posiciones y a prestar los servicios que los jefes americanos determinen.

El Consejo de Gobierno, el 10 de mayo, aprobó la propuesta y, en lo adelante, asumió una actitud pasiva en torno a los acontecimientos. Como resultado de las negociaciones de García, el 26 de mayo arribó por Banes, al norte de Cuba, la expedición del vapor Florida, que comandaba el general José Lacret Morlot, con un importante alijo de armas y hombres. Después de distribuir estos recursos, García se dirigió a Palma Soriano, donde pensaba concentrar las fuerzas.

Para colaborar con el desembarco yanqui, García cursó órdenes para hostigar las fuerzas españolas en Santiago de Cuba, Manzanillo, Holguín y Guantánamo, e impedir la cooperación entre ellas. Desde el momento en que el almirante Pascual Cervera ancló sus naves en el puerto de Santiago de Cuba, el 19 de mayo, García consideró que las acciones armadas principales tendrían como centro a la referida ciudad, y para facilitar el apoyo a los estadounidenses, el día 23, ordenó a los jefes del Segundo Cuerpo, de la Primera y Segunda División del Primer Cuerpo y al jefe de la división Holguín, organizar una columna de operaciones, denominada División Volante, bajo las órdenes de su cuartel general, integrada por diez batallones, de cuatro compañías de cien hombres cada una. La Primera División, al mando de Pedro Agustín Pérez, debía facilitar combatientes para la Primera media brigada del Primer y Segundo Batallón provisionales y establecer la vigilancia de los embarcaderos de Siboney, Juraguá, Daiquirí, en previsión del desembarco de fuerzas estadounidenses.

Los efectivos del Ejército Libertador en Guantánamo tenían la siguiente estructura: Primera Brigada Baracoa, Segunda Brigada Guantánamo y la Tercera Brigada Sagua de Tánamo y Mayarí. Esta plantilla fue incrementada con la brigada de Ramón de las Yaguas del general Demetrio Castillo Duany, a quien García ordenó subordinarse a Periquito Pérez. De acuerdo con las estadísticas de la Comisión Central Revisadora y Liquidadora de los Haberes del Ejército Libertador, la Primera División Guantánamo, contaba con aproximadamente ocho mil combatientes.

La Segunda Brigada Guantánamo y los destacamentos de Baracoa y Sagua de Tánamo, de la división Santiago de Cuba, formaban parte del Cuarto Cuerpo del Ejército español, a los cuales hay que añadir los voluntarios y guerrilleros. De los aproximadamente 276 000 hombres armados que España tenía en Cuba en esos momentos, sólo había en Oriente unos veinte mil setecientos ochenta de tropas regulares. Esto significaba que, fuera de toda lógica militar, la metrópoli destinó solo el 7.9 % de sus efectivos en la Isla para la defensa de la más extensa y rebelde provincia del país.

En la mayoría de las fuentes consultadas los autores totalizan solo 6 000 soldados regulares en la Segunda Brigada Guantánamo, sin considerar Sagua de Tánamo y Baracoa, con 800 y 700 hombres, respectivamente, más los 1 500 irregulares. Tampoco reconocen la tripulación y marines de la cañonera Sandoval. Por tanto, el número de fuerzas españolas ascendió, aproximadamente, a nueve mil hombres.

Composición de las fuerzas

La composición aproximada de las fuerzas enfrentadas en el teatro de operaciones de Guantánamo fue la siguiente: tropas cubanas, 8 274; estadounidenses, 4 145, y españolas 9 033, lo cual refleja una correlación que favoreció a las fuerzas conjuntas en proporción de 1,4:1 en toda la región. En el sector marítimo la superioridad naval estadounidense fue abrumadora, con una relación de 96:1. En el sector terrestre predominó la paridad entre los contendientes.

Las autoridades españolas no pudieron reagrupar estratégicamente de sus fuerzas, cuando el teatro de operaciones fue trasladado de Occidente a Oriente por la llegada de Cervera y su escuadra a Santiago de Cuba. La carencia de una vía expedita que comunicara a toda la isla, como el ferrocarril, impidió la materialización de este intento. Arsenio Linares Pombo tampoco pudo reagrupar en torno a Santiago de Cuba las fuerzas de Holguín, Manzanillo, Guantánamo, Baracoa y Sagua de Tánamo, con lo que violaron uno de los principios del arte militar: el de la concentración de los esfuerzos en la dirección principal.

Acciones combativas y aseguramiento de la bahía

La guerra, que tenía como teatro de operaciones La Habana y Matanzas, y por el sur a Cienfuegos, dio un giro al conocerse la llegada de la flota de Cervera a Santiago de Cuba; los planes de guerra fueron ajustados y se decidió ampliar el bloqueo al sur de Cuba, particularmente a Santiago de Cuba.

La inmovilidad de la escuadra española llevó al mando estadounidense a intentar obligarla a salir del puerto mediante un ataque del Ejército por tierra. Para ello, era necesario asegurar una base naval de operaciones y una cabeza de playa. Los lugares escogidos fueron Guantánamo y Daiquirí.

Para el Primer Batallón de infantería de marina la misión consistía en capturar y asegurar la rada. Los acompañaron prácticos cubanos, y los oficiales portaban planos y cartas náuticas de la bahía, sin embargo, la labor de inteligencia era limitada pues no conocían el número de efectivos, composición, ubicación, estado, equipamiento, sistema defensivo y capacidad combativa de las fuerzas españolas.

A la una de la tarde del viernes 10 de junio de 1898, el crucero auxiliar Panther penetró en la bahía de Guantánamo. Como preludio, durante toda la mañana, se había producido una fuerte preparación artillera contra las posiciones defensivas españolas. Una hora después fue iniciado el desembarco anfibio de cuatro compañías. El resto de la fuerza, (dos compañías), permaneció a bordo de los buques, ocupadas en la descarga de las provisiones, armamento y municiones.

El asalto anfibio fue realizado en una cabeza de playa no asegurada previamente, por la decisión de desembarcar sin el concurso de las fuerzas cubanas designadas para ello.

El mando estadounidense no contaba con un plan de desembarco ni de las acciones en tierra y los aseguramientos logísticos estaban incompletos, pues una parte permaneció en los buques, y otra en Tampa.

La noche del 11 de junio fue perturbada por los ataques de los guerrilleros contra el campamento. Desde los buques se mantuvo la intensa preparación artillera sobre las presuntas posiciones españolas, pero la acometida se reanudaba al cesar el bombardeo. La experiencia combativa de esas jornadas aconsejaba que las posiciones defensivas debían ser mejoradas, reforzadas y, algunas, trasladadas de lugar.

Las acciones se repitieron durante la madrugada y la mañana del 12, y fueron interrumpidas en horas de la tarde cuando los españoles percibieron el desembarco de fuerzas cubanas, del regimiento de infantería Guantánamo, al mando del teniente coronel Enrique Thomas, las que fueron racionadas, uniformadas, calzadas y armadas, como resultado de la entrevista del día 10 entre el coronel Gonzalo García Vieta y el capitán de fragata Bowman McCalla, que tuvo lugar a bordo del buque Marblehead, fondeado en la bahía.

El 13 de junio los ataques alcanzaron mayor intensidad y consciente del peligro que corrían las tropas allí desplegadas, Thomas consideró oportuno conferenciar con McCalla, quien lo designó para dirigir las operaciones militares terrestres en el asalto al campamento español en el Cuzco.

Al siguiente día, fuerzas cubanas y estadounidenses organizaron el ataque victorioso al campamento español en el Cuzco, como resultado del cual los españoles tuvieron 30 muertos y 72 heridos. Fueron ocupados 40 armamentos, parque, un botiquín y 28 prisioneros. Los cubanos seis muertos y nueve heridos. Los estadounidenses dos muertos, dos heridos y 23 desmayados por los efectos del sol.

Desde entonces, la bahía fue transformada en Base Naval de operaciones. El historiador estadounidense Jack Shulimson, señaló que, si los marines se hubieran retirado o expulsados por los españoles, el desembarco del Ejército en Santiago de Cuba se habría aplazado indudablemente.

Aseguramiento del desembarco del escalón de asalto

Para reforzar la vigilancia al este de la bahía de Santiago de Cuba, el 23 de mayo Calixto García ordenó a Pedro Agustín Pérez la organización de la Primera media Brigada de la División Volante. El 11 se incorporó un contingente de los regimientos de infantería Sagua y Guantánamo, de los coroneles Francisco de Paula Valiente y Enrique Tudela García y, el 22, fuerzas de la brigada de Baracoa.

El aporte de la infantería guantanamera representó alrededor de ochocientos soldados, a los cuales se sumaron 780 de la brigada de Ramón de las Yaguas, del general Demetrio Castillo Duany, que fue subordinada a Periquito.

Como resultado de las indecisiones del mando yanqui para iniciar las operaciones conjuntas, el 20 de junio tuvo lugar la conferencia entre Shafter y Sampson con García y los generales Jesús Rabí, Saturnino Lora, Agustín Cebreco y Joaquín y Demetrio Castillo Duany. Allí fue admitido el plan de este último, que contemplaba el desembarco en Daiquirí, mientras los mambises cercaban la ciudad por el Oeste.

Al siguiente día 21, fue dispuesto el traslado en transportes estadounidenses de las fuerzas cubanas desde Aserradero hacia Daiquirí, pero debido a la marejada, desembarcaron en Sigua, 13 km más al este, donde fueron recibidas por las unidades de la Priemra media Brigada de la División Volante de los infantes guantanameros, junto con la Brigada de Ramón de las Yaguas, bajo el mando de Pedro A. Pérez, aspecto insuficientemente reconocido en la historiografía militar cubana y extranjera.

Las tropas desembarcadas contramarcharon hacia Daiquirí y desalojaron los destacamentos españoles que guarnecían el litoral, con lo que éste quedó expedito pera el desembarco del cuerpo expedicionario estadounidense. Cuando el día 26 las tropas cubanas y expedicionarias habían desembarcado y ocupado sus posiciones en tierra, la infantería guantanamera subordinada a las fuerzas del coronel Clavel, ya combatía contra el enemigo y participaba en las acciones de la ofensiva conjunta sobre Santiago de Cuba.

Cerco a las líneas militares españolas

Mientras estos acontecimientos tenían lugar, el mando español intentaba la maniobra de reagrupar las fuerzas en torno a Santiago de Cuba, con unidades de Guantánamo, Holguín, Manzanillo y San Luis, para intentar la correlación favorable a sus armas. Desde el 7 de junio Calixto García había ordenado al general Pedro Agustín Pérez evitar que las guarniciones de Sagua de Tánamo y Guantánamo se unieran entre sí y menos con las de Santiago de Cuba, lo que ratificó desde Aserradero, el día 21.

Cuando el 20 de junio el general Linares transmitió a las brigadas de Manzanillo, Guantánamo y Holguín la orden para que se incorporaran a las defensas de Santiago de Cuba, la disposición nunca llegó al general de brigada Félix Pareja Mesa, pues lo impidieron la interrupción de las comunicaciones del cable submarino, la renuncia española a la comunicación óptica entre Santiago de Cuba y Guantánamo, el cerco a las líneas españolas y la captura de más de 15 espías o correos que intentaron llegar o salir de Guantánamo.

El 2 de julio, el comandante Linares en Santiago de Cuba fue instado por el gobernador general Ramón Blanco Erenas para que sostuviera la posición hasta la llegada de refuerzos de Manzanillo, bajo la dirección de Escario, y de la brigada de Guantánamo, de Pareja. El refuerzo de Manzanillo llegó demasiado tarde y la fuerza de Pareja nunca pudo salir de Guantánamo.

El 22 de julio las fuerzas guantanameras, impuestas de la firma del armisticio, cesaron sus ataques a los fuertes de la línea defensiva española cuyos jefes no conocían la noticia. McCalla envió comisionados para imponer a Pareja las bases de la capitulación, las que incluyeron, además de Santiago de Cuba, la Segunda Brigada Guantánamo y los destacamentos de Baracoa y Sagua de Tánamo.

La aplicación de las experiencias de la lucha insurreccional facilitó a Pedro A. Pérez el desarrollo de las acciones armadas en condiciones de guerra irregular de trascendencia estratégica. Desde el punto de vista táctico, las acciones del regimiento Guantánamo y el Primer Batallón de marines desalojó las fuerzas españolas y aseguraron el empleo de la bahía como carbonera, centro de comunicaciones y base de partida de las fuerzas que forzaron la rendición de Manzanillo y la invasión a Puerto Rico.

En el nivel estratégico, las tropas de la Primera División contribuyeron al aseguramiento del desembarco anfibio del escalón de asalto cubano que posteriormente marchó hacia Daiquirí, cercaron las fuerzas de la Segunda Brigada española, contribuyeron al aseguramiento de la cabeza de playa para el desembarco del Quinto Cuerpo del Ejército expedicionario estadounidense e impidieron el paso de Pareja a la ofensiva contra el Primer Batallón de marines desembarcado, la cooperación táctica y la reagrupación de fuerzas españolas hacia Santiago de Cuba, dirección principal de la guerra.

Con estas operaciones, las tropas del general Pedro A. Pérez ejercieron una influencia estratégica en el curso de la guerra hispano cubano estadounidense, al contribuir a que se alcanzaran objetivos superiores a los tácticos, con lo cual aceleraron la victoria de las fuerzas conjuntas sobre las españolas.

Fuentes

  • Escalante Beatón, Aníbal: Calixto García Iñiguez, su campaña en el 95, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1978, p. 498.
  • Escalante Beatón, Aníbal: Ob. cit., pp. 499 y 529-530.
  • Hispanic Division, Library of Congress. (HD). (1999). The World of 1898. The Spanish-American War. “McCalla, Bowman Hendry, 1844-1910. Memoirs of a naval career”: typescript, 1910. 4 v. Recuperado el 5 de septiembre de 2006, de http://www.loc.gov/rr/hispanic/1898/manucuba.html.
  • Ilich Lenin, Vladimir: El imperialismo y los imperialistas, Ed. Progreso, Moscú, 1975, p. 41.
  • Roig de Leuchsenring, Emilio: La guerra Hispano-Cubano-Americana fue ganada por el lugarteniente general del Ejército Libertador Calixto García Íñiguez, Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana, 1955, p. 41.
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  • Shulimson, Jack, Wanda J. Renfrow, David E. Kelly y Evelyn A. Englander. (1998). Marines in the Spanish-American War. 1895-1899. Antology and Annotated Bibliography. Washington D.C: History and Museums Division Headquartes, US Marine Corps. Recuperado el 1 de diciembre de 2018, de https://www.marines.mil/News/Publications/MCPEL/Electronic-Library-Display/Article/898659/marines-in-the-spanish-american-war-1898-1899-pt-1 and 2/, pp. 76-77.
  • Varona Guerrero, Miguel: La guerra de independencia de Cuba (1895-1898), Ed. Lex, La Habana, 1946, t. 2, p. 489.
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