Carolus Clusius

Carolus Clusius
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Charles de lEcluse.jpg
NombreCarolus Clusius
Nacimiento18 de febrero de 1525
Arrás, Bandera de Francia Francia
Fallecimiento4 de abril de 1609
Leiden, Bandera de Holanda Holanda
OcupaciónMédico, micólogo y botánico

Carolus Clusius o Charles de L'Ecluse. Médico, micólogo y botánico flamenco, quizá el científico y horticultor más influyente del siglo XVI. Considerado como uno de los fundadores de la horticultura, fue uno de los primeros en realizar descripciones realmente científicas de plantas.

Síntesis biográfica

Inició sus estudios en su villa natal y en Gante para trasladarse más tarde a Lovaina, en cuya Universidad obtuvo en 1548 el grado de licenciado en Derecho, además de recibir una sólida formación en lenguas clásicas. Atraído por las ideas protestantes, estuvo a continuación en la Universidad de Marburg, donde se convirtió al luteranismo bajo la influencia del teólogo André Gheeraerds (Hyperius), así como en la de Wittenberg, donde estuvo en directa relación con Melanchton, que le aconsejó que se dedicara a la medicina.

Trayectoria científica

Desde 1551 a 1554 estudió medicina en Montpellier, donde tuvo como principal maestro a Guillaume Rondelet y, tras cinco años en el sur de los Países Bajos, completó su preparación en París, ciudad de la que se vio obligado a huir en 1562 debido a su participación en las conspiraciones hugonotes. Dos años más tarde era preceptor de Jacobus Fugger, hijo del famoso banquero alemán Anton Fugger , en compañía del cual realizó un viaje de dieciséis meses por la Península Ibérica. Procedente de Bayona, llegó a Vitoria a mediados de 1564; marchó a continuación a Burgos, Valladolid, Salamanca y otras ciudades de Castilla la Vieja, atravesó el Guadarrama y, tras estar en Alcalá y Guadalajara, llegó a Madrid en septiembre. Pasó después por Toledo, Guadalupe y Badajoz y viajó el resto del año por Portugal. En enero del siguiente estuvo en Sevilla, siguió por el resto de Andalucía, por Murcia y Valencia, desde donde volvió a Madrid en abril.

Durante la década siguiente, Clusius residió en los Países Bajos, donde participó de modo activo en el movimiento calvinista. Desde 1567 hasta 1573 vivió casi exclusivamente en Malinas, en el domicilio de Jean de Brancion, quizá el mejor de sus amigos. Coincidió entonces con Benito Arias Montano, quien estuvo en Amberes desde 1568 hasta 1575 encargado por Felipe II de la edición de la famosa Biblia sacra, hebraice, chaldaice, graece et latine, que imprimió Christofer Plantino. Arias entabló estrecha relación con Clusius y el resto de intelectuales y científicos que se reunía regularmente en casa de este gran impresor, e incluso llegó a convertirse a la secta espiritualista "Familia Charitatis", que tenía en él su principal núcleo. La amistad entre ambos se refleja en sus obras, en las cartas que cruzaron y en su correspondencia con terceros. La botánica ocupó un lugar destacado en dicha relación.

En 1573 Clusius se trasladó a Viena, al ser nombrado por el emperador Maximiliano II responsable de la organización de un jardín de plantas medicinales. Vivió en la capital imperial hasta la muerte de este monarca en 1588, ya que su sucesor, Rodolfo II, no le renovó el cargo a causa de sus ideas religiosas. Durante estos tres lustros estudió la flora de Austria y Hungría, que sería el tema de otro de sus principales libros. Tras su destitución, residió en Frankfurt hasta que, en octubre de 1593, fue nombrado profesor honorario de botánica de la Universidad de Leiden. A pesar de su mal estado de salud, vivió todavía quince años, dedicado fundamentalmente a la publicación de sus obras y también a planificar el "Hortus academicus" de dicha Universidad.

Al realizar su viaje por la Península Ibérica, Clusius conoció a Juan Plaza, catedrático de “herbes” o medicamentos simples de la Universidad de Valencia, y entre sus numerosos corresponsales figuró largo tiempo Francisco Holbecq, “destilador” y jardinero de Felipe II en Aranjuez. Durante los tres últimos lustros de su vida en Leiden mantuvo, primero, una fructífera relación epistolar y de intercambio de materiales botánicos con el médico y naturalista sevillano Simón de Tovar, quien fue uno de los primeros que en Europa confeccionó y distribuyó catálogos anuales de las plantas de su jardín, y tras su muerte en 1596, con los también sevillanos Juan de Castañeda y Rodrigo Zamorano. Castañeda era otro médico estudioso de las plantas y Zamorano, el célebre cosmógrafo de la Casa de Contratación, aprovechó su condición de examinador de pilotos de la llamada “carrera de Indias” para tener un jardín y un museo o colección con rarezas de todo el mundo, principalmente vegetales y animales.

Obra

La obra de Clusius que recoge su relación inicial con los naturalistas españoles es Rariorum aliquot stirpium per Hispanias observatarum Historia (1576), en la que expuso los materiales procedentes de su viaje durante 1564 y 1565 por la Península Ibérica y que fue la principal monografía sobre su flora publicada en este siglo. Resulta notable que en ella solamente se refiera a la Universidad de Valencia, de la que también habló con elogio en su correspondencia, a pesar de haber estado en Sevilla, Madrid y la grandes ciudades universitarias castellanas de Salamanca, Valladolid y Alcalá. Cita casi una veintena de veces al catedrático valenciano Juan Plaza, que es el único autor renacentista español que aparece, con la excepción de una mención a Elio Antonio de Nebrija. La mayoría de dichas citas se refieren a plantas del territorio valenciano que Plaza había estudiado en el curso de sus herborizaciones, o a opiniones suyas acerca de la identificación de las mencionadas por los autores clásicos. En ambos casos, destaca el gran respeto que le tenía, hasta el punto de llegar a equipararlo a Rondelet. Sin embargo, en dos ocasiones lo cita con motivo del aguacate (Persea americana Mill.) y la pitera o maguey (Agave atrovirens Karw), plantas americanas que le había dado a conocer en un jardín valenciano.

En su libro sobre la flora austro-húngara, Rariorum aliquot stirpium, per Pannoniam, Austriam, et vicinas quasdam provincias observatarum historia (1583) y en su reedición junto al dedicado a la Península Ibérica (1601), en el volumen en el que reunió sus traducciones de obras acerca de historia natural “exótica” (1605) y en sus Curae posteriores (1611), Clusius publicó textos y reprodujo noticias que le habían enviado sus corresponsales españoles.

Dedicó, por ejemplo, un capítulo a los “jacintos”, con motivo de once que le había remitido desde Aranjuez Francisco Holbecq, “la mayor parte de los cuales (pues España es extraordinariamente fecunda en bulbáceas y otras plantas exóticas) no vi durante mi viaje por España”. Una de las especies que le dio a conocer “el celebérrimo Arias Montano” fue la “castanea peruana”, es decir, el árbol de las almendras de Chachapoyas (Caryocar amygdaliferum Cav.). Concedió, asimismo, gran importancia y amplio espacio a las aportaciones de Simón de Tovar, algunas tan famosas como la descripción del “narciso jacobeo” (Sprekelia formosissima Herb.), considerada la más precisa de la botánica renacentista, la del nardo americano (Polyanthes tuberosa L.) y la del árbol del coral (Erythrina coralloides D. C.). Las noticias y materiales de Juan de Castañeda precisaron aspectos de plantas conocidas, como la flor de árbol del coral y las variedades dulces de Capsicum y su empleo en forma de pimentón, o informaron por vez primera de otras, entre ellas la hierba luisa (Aloysia citriodora Ort.) y el zapotillo de La Habana (Trichilia havanensis Jac.).

Por otra parte, Clusius tradujo al latín el Tractado de las Drogas, y medicinas de las Indias Orientales, con sus Plantas debuxadas al bivo, de Cristóbal de Acosta, y la Historia Medicinal de las Cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, de Nicolás Monardes, a la que, como se verá a continuación, acabó añadiendo la de otros cinco libros suyos. No se limitó a una traducción literal, ya que reordenó los textos, resumió algunos capítulos y complementó otros con noticias, que en el caso de Monardes proceden en su mayoría de las obras de Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara y Pedro Cieza de León o de sus amigos y corresponsales, entre ellos, Arias Montano, Tovar y Castañeda.

La versión del Tractado de Acosta apareció por vez primera el año 1582 en Amberes, publicada por Plantino, y tuvo cuatro reediciones en la misma ciudad e imprenta, la última en 1632. La de las dos primeras partes de la Historia medicinal de Monardes lo hizo en 1574, también impresa en Amberes por Plantino, y fue reeditada sin cambio alguno significativo en 1579. Plantjin se encargó también de publicar en 1582 la versión de la tercera parte que Clusius había preparado en Frankfurt el año anterior y, en la misma "Officina Plantiniana", regentada después de su muerte por su viuda y su yerno Jan Moerentorff (Joannes Moretus), se imprimió el año 1593 la edición conjunta de la tres partes. Como hemos adelantado, Clusius reunió al final de su vida las traducciones que había publicado de obras relativas a la historia natural exótica en un volumen, titulado Exoticorum libri decem (1605). De Monardes reprodujo, por supuesto, la edición conjunta de 1593 de las tres partes de la Historia medicinal, pero suele olvidarse que añadió los textos o las versiones latinas de otros cinco tratados suyos: De rosa et partibus eius. De succi rosarum temperatura, nec non de rosis Persicis; De malis citriis, aurantis ac limonis; el Libro de la piedra bezaar, y de la yerba escuerçonera; el Libro de la nieve y del bever frio; y el Dialogo de las grandezas del hierro, y de sus virtudes medicinales, es decir, toda la producción impresa del médico y naturalista sevillano, con la excepción de dos obras juveniles. Estos cinco tratados, que habían ya sido publicados varias veces en diversos idiomas fuera de España, eran las primeras monografías sobre las rosas, los cítricos y el uso terapéutico del hierro, un temprano texto dietético sobre las bebidas frías, el libro que difundió en la materia médica europea el empleo de la Scorzonera hispanica L., introducida por el médico catalán Pedro Carnicer, y el que incorporó los bezoares americanos, tras la difusión de los asiáticos, debida principalmente al portugués García da Horta. El hecho de que Clusius los incluyese en su volumen refleja claramente la opinión que tenía sobre la obra del que llama "Hispalensis Medicus praestantissimus".

Fuente