Enrique Martínez Cubells

Enrique Martínez Cubells
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Enrique Martínez Cubells retratado por Eduardo Chicharro.
NombreEnrique Martínez Cubells y Ruiz Diosayuda
Nacimiento28 de abril de 1874
Madrid, Bandera de España España
Fallecimiento25 de febrero de 1947
Málaga, Bandera de España España
ResidenciaMadrid, Múnich, Málaga
NacionalidadEspañol
CiudadaníaEspañola
EducaciónEscuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid
OcupaciónPintor, docente y restaurador
Conocido porGran maestro de la pintura marinera y el realismo social de principios del siglo XX en España
TítuloProfesor de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y Académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
PadresSalvador Martínez ­Cubells y Ruiz Diosayuda
FamiliaresFrancisco Martínez Yago (abuelo)
Obras destacadasTrabajo, descanso, familia; La vuelta de la pesca; El viático en la aldea
PremiosPrimeras medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (1904 y 1912); Primeras medallas internacionales en Múnich y Ámsterdam
Resultados deportivos
Títulos obtenidosComendador de número de la Orden de Isabel la Católica y de la Orden Civil de Alfonso XII

Enrique Martínez Cubells. Pintor español que destacó de manera sobresaliente en el panorama de las artes plásticas de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Desde sus inicios profesionales se especializó en una pintura de marcado carácter costumbrista y hondo sentido social, centrando la madurez de su producción en la representación realista de la vida del mar, las faenas marineras y el paisaje costero peninsular.[1]

Síntesis biográfica

Primeros años y formación madrileña

Nació en Madrid el 28 de abril de 1874 en el seno de una ilustre saga de creadores. Inició sus lecciones elementales de dibujo y pintura en la Escuela de Artes y Oficios de la capital bajo la tutela directa de su padre, el célebre pintor y restaurador Salvador Martínez Cubells. En este ambiente familiar asimiló los principios del rigor técnico y la copia del natural. Posteriormente, continuó su educación superior matriculándose en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, vinculada a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde sobresalió por su destreza en la composición figurativa.[2]

El periodo germánico y los viajes por Europa

Buscando expandir sus horizontes conceptuales y estilísticos, en 1898 emprendió un extenso viaje formativo por el continente europeo que transformaría su paleta de color. Fijó su residencia temporal en la ciudad de Múnich, Alemania, un núcleo germinal de vanguardia y realismo donde se vinculó a los círculos artísticos locales. En este entorno asimiló las corrientes del realismo centroeuropeo y perfeccionó su técnica lumínica mediante el estudio de las luces frías y los contrastes acusados. Complementó esta etapa germánica con prolongadas estancias de investigación plástica en ciudades de gran tradición artística como Venecia, París y Ámsterdam, donde estudió a los maestros holandeses del paisaje. Con esta sólida formación cosmopolita, continuó de forma brillante la herencia familiar iniciada por su abuelo, el destacado pintor academicista y restaurador Francisco Martínez Yago.[3]

Labor profesional

Consagración en las Exposiciones Nacionales

Su trayectoria estuvo signada por una masiva participación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid, certámenes donde su evolución estética fue ampliamente vitoreada por la crítica oficial. En 1897 obtuvo una medalla de tercera clase merced a su lienzo titulado Un accidente, obra adscrita a la vertiente del realismo social en boga. Consolidó su prestigio en 1899 al alzarse con la segunda medalla por El viático en la aldea, un cuadro de profunda carga emotiva y piedad popular, galardón que repitió en el año 1901 con su obra Invierno en Múnich, donde plasmó con maestría los rigores atmosféricos de su estancia alemana. El reconocimiento definitivo en el ámbito nacional le llegó al obtener las codiciadas primeras medallas: la primera de ellas en 1904 defendiendo la monumental obra Trabajo, descanso, familia, y la segunda en 1912 por su aclamada composición marina La vuelta de la pesca, pieza cumbre de su catálogo costumbrista marinero.[1]

Madurez plástica y aportaciones técnicas

Enrique Martinez Cubells
Venecia por Enrique Martínez Cubells.

Durante su madurez, la influencia de la pintura centroeuropea se tradujo en una pincelada vigorosa, amplia y cargada de materia, caracterizada por empastes generosos y un dominio absoluto de la luz matizada y los cielos cenicientos. Su aproximación a los temas costumbristas y populares esquivó siempre la ligereza decorativa o el pintoresquismo superficial; por el contrario, confirió a sus personajes, fundamentalmente pescadores, marineros y campesinos, una dignidad monumental y severa. Sus composiciones en las playas del Cantábrico, Bretaña y el Mediterráneo capturaron con crudo realismo las fatigas físicas del trabajo marítimo, el vigor de los bueyes arrastrando las pesadas barcas y la tensión dramática de las familias que aguardaban el retorno de la pesca, consolidándolo como un pintor fundamental del naturalismo marinero.[4]

Proyección internacional y cargos oficiales

Fotografía de Enrique Martínez Cubells
Fotografía de Enrique Martínez Cubells

Paralelamente, impulsó con enorme éxito su proyección comercial e intelectual fuera de las fronteras de España, convirtiéndose en uno de los creadores con mayor presencia en los circuitos de las grandes exposiciones internacionales y bienales americanas y europeas. Fue laureado con la primera medalla en la Exposición Internacional de Buenos Aires en 1910, recibió el Gran Premio en la Exposición de Panamá en 1916, y se adjudicó la única medalla concedida a la delegación extranjera en la Exposición de Santiago de Chile en 1910. En el entorno europeo, su técnica y su dominio de los grises le granjearon una de las primeras medallas de la Exposición Internacional de Múnich en 1909, así como otra medalla de primera clase en la Exposición Internacional de Ámsterdam en 1912.[5]

Compaginó su incesante producción de caballete con una relevante labor pedagógica, ejerciendo como profesor de término en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y, más tarde, dictando cátedra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución de la cual llegó a ser nombrado Académico de número. Su estatus dentro de la cultura oficial española e internacional le valió los nombramientos de comendador de número de la Orden Civil de Alfonso XII, comendador de la Orden de Isabel la Católica, caballero de la Orden de la Corona de Prusia y caballero de la Orden de San Miguel de Baviera. Asimismo, su solvencia teórica motivó que fuera designado delegado artístico oficial de España en las prestigiosas Exposiciones Internacionales de Múnich durante las ediciones de 1901, 1905 y 1909.[6]

Muerte

Durante sus últimos años fijó su residencia en Andalucía, buscando la luz del litoral mediterráneo para sus composiciones de madurez. Falleció el 25 de febrero de 1947 en la ciudad de Málaga, a la edad de setenta y dos años, dejando un amplio catálogo que constituye un testimonio imprescindible del naturalismo regionalista español y un puente técnico fundamental entre el academicismo del siglo XIX y la modernidad figurativa del siglo XX.[7]

Galería

Referencias

Fuentes

  • Carlos de Haes. En: Pintura Española del Siglo XIX del Museo de Bellas Artes de La Habana. Fundación Cultural MAPFRE VIDA, p. 106.