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Guerra de Independencia de España

Guerra de Independencia de España
Información sobre la plantilla
España.jpg.jpg
Fecha:Entre 1808 y 1814
Lugar:Bandera de España España
Descripción:
Conflicto que convulsionó a España como consecuencia de la entrada de las tropas napoleónicas en la Península Ibérica con la excusa de invadir Portugal.
Resultado:
Tratado de Valencay, con la restitución en el trono español de Fernando VII.
Consecuencias:
Crisis económica, al paralizarse la producción agrícola y la industria españolas y muestra de la debilidad del imperio napoleónico que adivinó el fin de sus días.
País(es) involucrado(s)
Bandera de la República Portuguesa Portugal, Bandera de España España, Bandera de Francia Francia

Guerra de Independencia de España. Conflicto armado que entre 1808 y 1814 convulsionó España como consecuencia de la entrada de las tropas napoleónicas en la Península Ibérica con la excusa de invadir Portugal. Constituyó una respuesta espontánea y heroica del pueblo peninsular frente a la ocupación militar napoleónica. En desigual enfrentamiento armado, el pueblo ibérico se echó al monte y a la calle, a matar franceses.

Su denodada lucha fue decisiva en el desenlace victorioso de la guerra, inscribió el término guerra de guerrillas en los diccionarios militares y dio origen al concepto de guerra popular. Tiene marcado su inicio el 2 de mayo de 1808, cuando el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, proclama un oficio informativo llamando a las armas para acudir en socorro del rey, Fernando VII, que estaba retenido por Napoleón.

Antecedentes

España y Francia mantenían buenas relaciones, al punto que habían sellado una alianza, contra Inglaterra (Tratado de San Ildefonso), el 18 de agosto del año 1796. Pero la ambición y los intereses económicos, pudieron más que una amistad, que los había mantenido juntos, incluso en la derrota, cuando ambos sucumbieron ante el gigante inglés en Trafalgar. Napoleón, movido por su deseo imperialista, consideraba una necesidad para sus planes la anexión de España, sin la cual no alcanzaría el completo dominio del Mediterráneo. Por añadidura, también conseguiría proveerse del algodón y la lana que necesitaban los fabricantes franceses de paños.

Cuando las victorias del emperador (Napoleón) sobre Austria, Rusia y Prusia van dejando a media Europa a su merced. Para incluir también a la Península Ibérica en sus dominios, en julio de este mismo año, y excusado en el Tratado de Fontainebleau, comunica al gobierno de España su intención de enviar hasta Portugal, aliada de Inglaterra, un ejército al mando del Mariscal Junot, con la excusa de obligar a aquél país al cierre de sus puertos frente a posibles desembarcos británicos. De los setenta mil soldados dispuestos en la frontera de Los Pirineos, una parte marcha rápida a través de territorio español hacia Lisboa, quedando el resto a la espera de una posible invasión en defensa de aquellos. Invadida Portugal, su familia real embarca hacia Brasil y Junot se hace cargo del gobierno de la nación.

Contando con la autorización de la corona española, Napoleón ordena pasar los Pirineos a las tropas restantes, haciendo creer que ello responde a la necesidad de asegurar el frente sobre Portugal; así, ocupadas Barcelona, Pamplona y San Sebastián, entre otras ciudades importantes, y con un fuerte ejército y algunos de sus mejores mariscales y generales, Napoleón se hace dueño de la frontera y asegura el control del acceso por tierra a la Península. Además, consigue atraer a Carlos IV y María Luisa a Bayona, donde son retenidos con agasajos; y luego también a Fernando VII, que se reúne en dicha ciudad con sus progenitores. Las rencillas entre padre e hijo hacen que el primero recupere la corona que había cedido en favor de Fernando, quien a su vez renuncia a favor del Emperador, que nombra a su hermano José Bonaparte rey de España.

El 15 de junio de 1808, una corte de notables, dio aprobación a este cambio de gobierno, sancionándose una constitución, que declaraba legítimo el mando de José I, a pesar de que en Madrid una Junta sigue gobernando en nombre del depuesto rey Fernando VII. La Junta General del Principado de Asturias, a la que luego se le sumaron Cantabria, Galicia y León, se unieron contra el poder francés, solicitando la ayuda británica. A partir de este momento se crearían por toda la España no ocupada un total de trece Juntas Provinciales que acabarían en la creación de la Junta Central Suprema, con sede en Sevilla, que ante la presión francesa pasaría a la Isla de León (hoy San Fernando) el día 24 de enero de 1810, donde decide su disolución y la creación de un Consejo de Regencia cuyo principal cometido fue la convocatoria de Cortes.

Respuesta española a la invasión francesa

Cuando el pueblo español descubre el engaño se produce la reacción que provoca los sangrientos sucesos del 2 de mayo de 1808, cuya brutal represión hace que todas las regiones se levanten en armas contra los franceses en una lucha desigual del pueblo contra los organizados ejércitos de militares tan importantes como el Mariscal Víctor o el Mariscal Scoul.

La fácil campaña en España, que había imaginado Napoleón, pronto se transformó en una empresa abrumadora. En Bailén, por ejemplo, sufrieron una gran derrota, que les impidió ingresar a Andalucía, y demostró que el ejército imperial tenía debilidades y podía presentársele batalla.

Preocupado por los acontecimientos, el propio Napoleón resolvió ponerse al frente de la lucha, reclutando 300.000 hombres de armas, especialmente entrenados. Estableció su cuartel general en Vitoria, y el 5 de diciembre consiguió entrar en Madrid. Los ingleses acudieron en defensa de España y Portugal, penetrando por este último país un ejército al mando de John Moore. Napoleón regresó a Francia, el 4 de enero de 1809, donde la situación se había complicado por la amenaza austríaca, dejando en España la campaña en manos de Soult, imaginando que estaba ya controlado el territorio, ya que habiendo ocupado la zona norte, el avance hacia el sur no tenía perspectivas de mostrarse dificultoso.

Pero Napoleón no contó con la fuerza popular, organizada de manera espontánea, en forma de guerrillas, por líderes ocasionales, que movidos por el espíritu patriótico tomaron las armas realizando una feroz resistencia. Se destacaron entre los jefes guerrilleros, Juan Martín “El Empecinado”, Espoz y Mina, Julián Sánchez “El Charro” y Jerónimo Merino Cob, sacerdote, apodado “El cura Merino”. En contra de esta corriente había un grupo reducido que apoyaba la ocupación francesa y que por ello recibieron el calificativo de “afrancesados”, formado en su mayoría por miembros de la nobleza.

En 1812, los franceses debieron iniciar la campaña a Rusia, por lo cual retiraron parte de sus fuerzas de la Península. Artthur Wellesley, al frente del ejército inglés aprovechó esta situación para tomar Ciudad Rodrigo y Badajoz. En junio de 1812, los franceses fueron derrotados en Salamanca y un mes más tarde, en Arapiles. En junio de 1813, los franceses debieron retirarse hacia los Pirineos, tras sufrir las derrotas de Vitoria, el 21 de junio, y en agosto, la de San Marcial. Por el Tratado de Valencay, firmado el 11 de diciembre de 1813, en la ciudad francesa de ese nombre, donde estaba alojado Fernando VII, éste recuperó el trono español.

Consecuencias de la guerra

El Tratado de Valencay, con la restitución al trono de Fernando VII marcó el comienzo de un tiempo de desilusiones para todos aquellos que habían creído que la lucha contra los franceses era el comienzo de la Revolución española y también el inicio de la Guerra de Independencia Hispanoamericana, dando la oportunidad a las colonias españolas en América a iniciar sus propios procesos independentistas, al desconocer la autoridad de la Metrópoli, a través de un rey cautivo, Fernando VII. El virrey, máxima autoridad colonial, ya no tenía superior jerárquico a quien obedecer sus órdenes, por lo tanto, los americanos quedaban fuera del dominio de su metrópoli y con poder de decidir su propio destino y elegir sus autoridades. Con la reasunción de Fernando VII, se iniciaría una lucha contra la independencia americana, que costaría miles de vidas. Aparejado a esto trajo consigo una gran crisis económica, al paralizarse la producción agrícola y la industria españolas y provocó la conciencia de debilidad del imperio napoleónico que adivinó el fin de sus días.

Véase también

Fuentes