Levantamiento del 24 de febrero de 1895 en Holguín
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Levantamiento del 24 de febrero de 1895 en Holguín. Durante la década de 1880 se fue gestando en Holguín un movimiento revolucionario que constituyó el antecedente del reinicio de las guerras por la independencia. Los preparativos se materializaron entre 1890 y 1894 para dar paso a la insurrección. Finalmente el levantamiento se produjo en Mala Noche y fue secundado por acciones similares, el mismo 24 de febrero de 1895 y días posteriores, por miembros de la Junta Revolucionaria holguinera en Santa Lucía, Fray Benito, Aguada la Piedra, Yagüajay, Banes, Tacajó y Báguanos, entre otras.
Sumario
Luchas políticas previas al 24 de febrero de 1895 en Holguín
Entre las “libertades” ofrecidas por España a su colonia de Cuba, después del fin de la Guerra de los Diez Años, se destaca la que permitió la creación de partidos políticos. Surgieron así, en 1878, el Partido Liberal, luego Autonomista (PLA), y el Partido Unión Constitucional (PUC); ambos representaban dos tendencias no dispares de la burguesía cubano-española. Tanto uno como otro favorecían la permanencia de Cuba dentro de la “nación” española, con ciertas diferencias en sus propuestas políticas.
En la antigua provincia de Oriente el PLA se constituye en el mismo año de su par habanero. La dirección fue encabezada por Urbano Sánchez Echavarría y Rafael Tamayo, ambos de tendencia independentista. A partir de ese momento se crearon juntas locales en Holguín y en otras regiones de Oriente. Sus dirigencias estaban compuestas, en su mayoría, por antiguos revolucionarios del 68. Pero su vida fue efímera, al pronunciarse la mayoría de sus miembros por la abolición inmediata de la esclavitud e incorporarse a la Guerra Chiquita.
Hacia 1886, el PLA oriental resurgió producto al auge del autonomismo a partir de 1885, cuando se sustituyó el gobierno conservador de Antonio Cánovas del Castillo por el liberal Práxedes Mateo Sagasta, lo que fue un buen augurio para los autonomistas isleños. Para la Junta Central del partido, establecida en La Habana, estaba claro que de no contar con Oriente permanecería acéfala la organización y, en particular, con su constitución en esta región se limitaría el radicalismo de los orientales. A partir de su creación en Santiago de Cuba se fue a la conformación de juntas locales, entre estas estuvo la de Holguín que renació el 9 de agosto de 1887, con José Agustín García Leyva presidente de la Junta Directiva.[1]
El autonomismo en la ciudad de Holguín, una vez establecido, se enfrascó en la tarea de crearlo al nivel de cada uno de los barrios, para ello llevó a cabo una ingente tarea de divulgación y de reuniones en los distintos lugares del término. En menos de un año, el comité holguinero logró una fama que le “honra”, al acusársele de revolucionarios disfrazados, por su postura de ser los “más exaltados, los más intransigentes y perturbadores de cuantos militan en las filas autonomistas, (…)”.[2]La postura del autonomismo holguinero, como en forma general del oriental, fue de franco enfrentamiento ideopolítico al PUC y al colonialismo español.
El independentismo se encauzó a través del autonomismo para conspirar y manifestar su oposición al régimen colonial en esos momentos. El portavoz del PLA en Holguín se comenzó a publicar el domingo 15 de mayo, con el nombre de La Doctrina; este periódico flagelaba con su prosa las atrocidades que cometían las autoridades españolas en Cuba y favorecía la formación de la conciencia independentista en la población holguinera.[3]
En la década de 1890 las condiciones históricas habían madurado para reiniciar la revolución contra el coloniaje español. Es en este ámbito cuando se producirán tres de las más importantes acciones conspiradoras en Cuba, con repercusión en Oriente y Holguín, la encabezada por la Convención Cubana de Cayo Hueso en 1889 que más tarde se integró al Partido Revolucionario Cubano, constituido en 1892, y la dirigida por Antonio Maceo en 1890.
Maceo decidió trasladarse a la Isla, al considerar revolucionario el momento que se vivía en el país y sabía que su presencia fortalecería este proceso. Su solicitud para venir a Cuba fue aceptada por el capitán general Salamanca. El 30 de enero de 1890 arribó al puerto de Santiago de Cuba, de paso hacia La Habana, donde sostuvo entrevistas con un grupo de seguidores, a los cuales comunicó sus planes para propiciar un levantamiento. El 1º de febrero llegó al puerto de Gibara, donde fue recibido por el teniente coronel José Balán Montero y otros patriotas, quienes le dieron la disposición de los holguineros, bayameses, tuneros y mayariceros, para reiniciar la lucha contra el colonialismo español. [4]
Sin profundizar en lo acordado en La Habana, entre Maceo y Julio Sanguily, o entre Maceo y los representantes del Partido Autonomista y otras fuerzas de Occidente, hay que señalar que en la capital de la Isla, un pequeño sector de la izquierda del autonomismo, con Miguel Figueroa a la cabeza, acordaron incorporarse al movimiento insurreccional, pero la dirección del partido autonomista se oponía al movimiento.
El regreso de Maceo a la región oriental favoreció el crecimiento del movimiento conspirador. Las reuniones que realizó con los complotados le sirvieron para conocer las disposiciones de los orientales y, por otro lado, le valió a las autoridades españolas para saber que allí, estuvo presente “el separatismo impenitente e histórico”,[5] representado por el Titán de Bronce. El levantamiento solo esperaba por la fecha.[6]
En el proceso conspirativo desempeñaron un papel importante en Holguín, Ángel Guerra y José Miró Argenter, este último fue convocado a trasladarse a la capital de la provincia para convenir con Maceo sobre el plan insurreccional. Miró tenía mayor ascendencia en el elemento civil y Ángel en lo militar, y fue La Doctrina, el primer periódico en protestar por la expulsión de Maceo de Cuba, en franca demostración de su esencia política, mientras la dirección del PLA hacía mutis.
Las causas del fracaso del movimiento presidido por Maceo están en el nulo apoyo del autonomismo, la separación de sectores acomodados del movimiento por temor a perder sus propiedades y porque la conspiración fue “denunciada por sí misma debido a la imprudencia y poco sigilo de los hombres que en la misma tomaron participación”.[7]
Al surgir el PRC en el exterior, José Martí se enfrascó en su organización en la Isla, y con ese objetivo fueron varios los comisionados que vinieron a Cuba a contactar con los separatistas. Esta labor permitió la creación de una filial del PRC en Holguín, con el nombre de Junta Revolucionaria de Holguín (JRH), entre agosto y diciembre de 1892, formada por una Comisión Central presidida por Francisco Frexes Mercadé con el cargo de director.[8]
De los miembros de la dirección de la Junta, a nivel de municipio y barrio, siete llegaron a ostentar el grado de general, y ocho el de coronel. De ellos, once (el 65 porciento del total) provenían de la dirección del Partido Autonomista, elegida en 1887. Eran el presidente, dos vicepresidentes, un vicetesorero y los restantes siete, vocales del autonomismo. En la base del PLA fue mayor el número de participantes en la Guerra del 68.
La Comisión Central la integraban jóvenes, en su mayoría intelectuales, abogados y periodistas, sin participación en la guerra anterior; pero en las comisiones de barrios predominaban los revolucionarios del 68. El director de la Junta estaba en constante comunicación con el partido en el exterior y en particular, con José Martí.[9]Los vínculos de Bartolomé Masó, el líder de la conspiración en la región oeste de la provincia oriental, con los revolucionarios holguineros se efectuaban a través de Miró y la asistencia de Francisco Frexes a reuniones en Bayamo.[10]
En abril de 1893, los hermanos Manuel y Ricardo Sartorio, se levantaron en armas contra España, después de recibir un telegrama desde Cienfuegos, con la convocatoria a la rebeldía. Fueron secundados por varios centenares de pobladores de Purnio, Cruces de Purnio, Velasco y Chaparra. Los Sartorio mantenían contactos con la Convención Cubana de Cayo Hueso, con la que habían acordado un levantamiento de los revolucionarios cubanos residentes en la Isla, y luego llegaría el apoyo desde el exterior. Esta concepción fue modificada al crearse el PRC, por el alzamiento simultáneo de Oriente y Occidente. La nueva posición no le gustó a los hermanos Sartorio y a otros conspiradores de la Isla, al considerar que la Revolución era un hecho inminente y no debía esperarse más.
El alzamiento provocó el rechazo inmediato de los líderes de los PLA e Integrista, quienes vieron en el movimiento un ataque a la paz conseguida en 1878, que además aplazaría el avance económico de diferentes regiones de la parte oriental, en particular, Manzanillo y Gibara. Según los autonomistas, lo acontecido les brindaba a los integristas la posibilidad de criticar a los “elementos del país”, por lo que los provocadores de esa conducta merecían las “censuras de las personas sensatas y las protestas” de los periódicos La Lucha y El País.[11] Tanto los comités provinciales del autonomismo en las regiones de Cuba, como los holguineros se adhirieron a la proclama de la Junta Central.
En la reunión extraordinaria del comité autonomista de la ciudad de La Periquera, el 27 de abril, ratificaron su apoyo a la actitud de la Junta Central y entre los firmantes figuraron José Agustín García Leyva, Miró Argenter y Francisco Frexes, todos miembros de la Junta Revolucionaria. A partir de entonces se creó una comisión autonomista, formada por los antes mencionados, con el fin de conferenciar con los sublevados para que depusieran sus armas. Los levantados no tuvieron apoyo de otras regiones del departamento y del resto del país, por lo tanto fracasaron.
Sin profundizar en el análisis martiano sobre el levantamiento de Purnio, hay que señalar que distaba de los criterios del Maestro sobre la organización de la Revolución y la realización del levantamiento. La comisión autonomista, integrada por miembros de la JRH, encargada de ver a los sublevados, tenía ideas fijas de impedir la desactivación del movimiento conspirativo y el desgaste de los revolucionarios holguineros en un movimiento mal organizado y carente de la adecuada imbricación dentro del accionar de todas las fuerzas conspirativas. Esto lo reafirma el mismo Manuel Sartorio, al señalar que entre los comisionados “iba el hoy general José Miró y Argenter, que, comprometido para el alzamiento y no creyendo llegado el momento puesto que no había recibido órdenes de Martí”.[12]
Paso a la insurrección
Después de los sucesos de Purnio quedó una gran agitación independentista dentro de la población holguinera, y obligaron a las autoridades españolas a reforzar con tropas de caballería los destacamentos de Velasco, San Agustín y Victoria de Las Tunas, por ser los lugares de mayor movimiento opositor, de conjunto con la ciudad de Holguín. Por otro lado, se produce una reorganización del batallón de voluntarios de la urbe, “por no merecer confianza ni los jefes ni las fuerzas”, se pensó que aquel cuerpo, “no solo era inútil, sino perjudicial”, por esta razón se demandó su disolución.[13]
En junio de 1893, se señalaba la existencia de grupos de individuos de los territorios de Las Tunas y Holguín, que mantenían contactos entre sí y con Antonio Maceo y José Martí en el exterior.[14] Los grandes temores de las autoridades españolas estaban en las zonas donde se había dado el movimiento revolucionario anterior, pues justo en esos sitios se mantenía la agitación insurreccional. Para el redactor de la comunicación, el periódico La Doctrina era fuente de disturbio y agitación, y en particular su director Miró, por tener gran influencia entre los autonomistas y estar dispuesto a “todo, con tal de conseguir su objeto”.[15]
Para las autoridades el espíritu separatista de la región oriental, se debía a que “(…) predomina el elemento que hizo la campaña de los diez años (sic) y los hombres de color, faltos de instrucción sin nociones de deberes patrios ni sociales, dominados de todo por los Maceo y otros excabecillas”.[16] Consideraba que no creía que se pudieran lanzar a otra contienda, para ello se necesitaba que se “pusiera al frente del movimiento un hombre de cierto prestigio. (Pero) Maceo (…) se halla en Costa Rica donde está vigilado y de donde no es fácil que salga (…). De Cayo Hueso pudiera venir algún excabecilla, que nunca tendrá la influencia ni la importancia de aquel”.[17] En cuanto a los conspiradores de la Isla, consideraban que estaban bien controlados y espiados.
En los primeros meses de 1894, el general Calleja, gobernador de Cuba, resolvió salir hacia el Centro y Oriente del país con el pretexto de enterarse de la situación de esas comarcas, y llegó el 8 de mayo a la región. En Holguín hubo manifestaciones de “júbilo” por su presencia. A toda hora se escuchó el himno de Riego. Los partidos Autonomista e Integrista lo recibieron en sus respectivos salones. Al baile en su honor en el Casino Español, no asistieron ni el presidente de los conservadores locales ni la directiva del partido, como muestra de repudió a su persona. En el de La Tertulia, sociedad controlada por los autonomistas, no estuvieron presentes los colores nacionales en las banderitas que adornaban el salón. La despedida autonomista llamó la atención al leerse en un estandarte que portaba una joven a caballo: “El pueblo Liberal de Cuba al General Calleja” y los allí presentes con insistencia coreaban ¡Viva Cuba! ¡Viva el general Calleja! [18]
A fines de julio en Manzanillo fue apresado José Miró Argenter por las autoridades españolas, acusado de conspiración. Este hecho tuvo una repulsa inmediata de los autonomistas y reformistas,[19] quienes veían la represalia como una política del gobierno debido a su actitud crítica. Miró fue liberado, pero se generalizó la vigilancia en torno a su persona, así y todo, tuvo la osadía de presentarse ante el gobernador general para hacer una protesta formal contra la sospecha de ser separatista que tenían sobre él las autoridades de la Isla.
En los días finales de agosto y principios de septiembre, la situación en Holguín era de franca insurrección. Se señalaba que en Cruces, San Andrés, el Vedado, Los Alfonsos, Maniabón y en otros lugares, los revolucionarios se reunían y recaudaban fondos. Por su parte, las autoridades decidieron la incorporación de 50 individuos rebajados de servicio y la constitución de guerrillas de 20 hombres para incrementar la vigilancia en las zonas de mayor “ajetreo revolucionario”.
Jorge Garrich, como jefe militar de Holguín, exponía que si se ejecutaba un movimiento lo conocería unos dos o tres días antes de que se produjera, al mantener “(…) moviendo columnitas de infantería y caballería por las zonas designadas para el movimiento, tendré muchas probabilidades para hacerlo abortar, (…)”.[20] Los campesinos eran torturados para que denunciaran los depósitos de armas, a los autores de proclamas o conspiradores; en la mayoría de los casos no tenían esa información. Se reconocía que pronto la rebelión iba a estallar, se encontraban dos grupos de individuos en los “montes de Chaparra y el otro en los de Bijarú, esperando desembarco de Flor Crombet y Maceo”.[21]
El movimiento estaba preparado para ejecutarlo el 10 de octubre, propuesta de Bartolomé Masó a los emisarios mandados por Martí. El líder del PRC la aceptó con reservas, “aduciendo muy bien, que esa era una fecha muy señalada y haría poner sobre aviso a los españoles”.[22] Fracasó al no estar en correspondencia los comités de Santiago de Cuba, Baire, Manzanillo y Holguín, “focos principales de la conspiración de Oriente, y no pudo transmitirse la orden a causa de un formidable temporal que interrumpió las comunicaciones por tierra durante seis días”.[23] Por ello, se trasladó a Holguín Miró Argenter el 2 de octubre; enterado de este viaje el general Lachambre ordenó asesinarlo a su regreso a Manzanillo, mandato que no se ejecutó porque Miró fue avisado a tiempo.
La dirección del PLA de Oriente le informó, en los primeros días de enero de 1895, a la Junta Central que el partido en esta región no iría a las “elecciones ante la falta de garantías y de votantes”. Dicha actitud significaba su disolución como partido, que se efectuó un mes antes del reinicio de la lucha por la independencia nacional. Solo quedaba, por los seguidores del partido, “proceder a la celebración de una Junta Magna para reorganizar el partido autonomista. Celebraremos infinito que prospere tan correcto y patriótico pensamiento”.[24] Los autonomistas ortodoxos no pudieron reorganizar el partido.[25] Fracasó la vía autonomista, por lo tanto, solo quedaba la acción armada.
Alzamiento del 24 de febrero en Holguín
Luego del fracaso de la Fernandina, José Martí se vio apremiado por los revolucionarios de la Isla, quienes consideraban que no podía esperase más. Después de reunirse con José María Mayía Rodríguez, delegado del general Máximo Gómez y Enrique Collazo en representación de la Junta de La Habana, Martí firma la orden de alzamiento dirigida a Juan Gualberto y “en él a todos los grupos de Occidente”.[26]
En la orden se autorizaba al alzamiento simultáneo de todas las zonas en conspiración o, al menos, la “mayor simultaneidad posible”. De este modo se podía evitar que las autoridades españolas destruyeran el levantamiento en su período embrionario. Por ello, se consideraba peligroso y de ningún modo recomendable, todo alzamiento que no se efectuara a la vez que los de Oriente, y con los mayores acuerdos posibles en Camagüey y Las Villas.
La orden de alzamiento, para los revolucionarios del suroccidente de Oriente, que confirmaba el 24 de febrero, fue dirigida por Juan Gualberto Gómez a Celedonio Rodríguez, uno de los dirigentes del movimiento en Manzanillo. La envió a través de un telegrama que decía: “Diga Director Liberal publique artículo recomendado el 24,[27] sin falta. Martínez”.
Esta vía había sido convenida entre Juan Gualberto y Miró Argenter. El 22 de febrero, cuando llega el mensaje a los conspiradores manzanilleros, estos se reunieron de inmediato con el objetivo de precisar las acciones. La reunión se efectuó en la barbería de Celedonio Rodríguez, bajo la dirección de Miró Argenter; participaron allí, además de los dos mencionados: Pancho Estrada, Eduardo Jerez, Pascual Mendoza, Bellito y Amador Guerra. Todos eran miembros de la Junta conspiradora.[28]
Bartolomé Masó señaló sobre lo acontecido:
Miró antes de trasladarse para Holguín, se despidió de su mujer y su pequeña hija que quedaban en Manzanillo. Inició su marcha en la noche del 22, luego de informar por vía telegráfica la orden de levantamiento a los hermanos Sartorio, para que se trasladaran a Mala Noche donde debían esperarlo para pronunciarse en este lugar. El catalán se dirigía hacia allí para “avivar y fortalecer con su presencia y prestigio al movimiento encabezado por los hermanos Sartorio, Diego Carballo y Pablo Garcés, que se hallaban vinculados a él (…)”.[30]
A Miró lo acompañaba un pequeño grupo de hombres. Él tuvo toda la razón con dejar precipitadamente Manzanillo porque el mando español en Santiago de Cuba estaba tras la conspiración. El comandante militar español, coronel Luis Otero Pimentel, intentó apresar a Bartolomé Masó el 21 de febrero, acción frustrada por la intervención de Virgilio López Chávez con el argumento de que aquel no estaba para pensar en la guerra por estar enfermo. Aun así, el jefe español situó emboscadas en los caminos de Manzanillo a Bayamo, Jibacoa, El Calicito y La Demajagua.[31]
En Holguín esperaba a Miró el comerciante Benítez, quien se encargó de avisarle en Santiago de Cuba a Eduardo Yero.[32] El catalán, en viaje desde Bayamo llegó a las siete de la mañana al Caño y a media noche a Barranca, donde comunicó la disposición a Masó Parra y Esteban Tamayo, quienes se insubordinaron cerca de la histórica ciudad. En este lugar se comenzaron a concentrar jinetes de los alrededores, avisados de que llegarían Miró y el grupo que lo acompañaba, perseguidos por las tropas del comandante militar de la plaza de Bayamo, coronel Ulpiano Sánchez Echevarría, quien tenía órdenes de detenerlos.
Este coronel no hizo mucho esfuerzo para cumplir la orden. De Barranca continuaron su camino hacia el norte de la provincia, y llegaron bajo un aguacero a la finca El Carnero, cuyo dueño les ayudó con información y les sirvió de práctico. Entrada la noche, llegaron a El Salvial, donde le esperaban unos 50 hombres listos para combatir al gobierno español.
Para la mayoría de los autores, en especial Constantino Pupo,[33] Miró estuvo presente el 24 en Mala Noche, cuando llegó al atardecer se unió a los congregados, Diego Carballo, Pablo Garcés y otros que le proclamaron jefe del movimiento en esa antigua prefectura mambisa de la guerra anterior. Pero, el escritor Germán Álvarez Fuentes en su libro, José Miró Argenter, modifica ese criterio, cuando recalca que desde El Salvial parte rumbo a Mala Noche, y arriba a este sitio después de acampar en un lugar no precisado, en la madrugada del 26, porque en la noche del 25 había reiniciado su marcha.
Al llegar a Mala Noche, los pronunciados no se encontraban en ese lugar; por lo tanto se hospedó en casa de Antonio Santiesteban, quien estaba en Cauto el Paso, donde había carnavales. Al regresar Santiesteban, Miró lo hace ir a Holguín para que Francisco Frexes, Castillo, García, Rafael Manduley, los hermanos Rodríguez y José “Pepe” Torres supieran donde localizarlo.[34] Al volver Santiesteban, viene acompañado con Diego Carballo y Pablo Garcés, quienes les notificaron que en las lomas de Alcalá esperaban los Sartorio, Luis Jerez, Aurelio del Monte y un numeroso grupo de cubanos. Se dirigió sin demora hacia allí, al llegar al “campamento es recibido con estruendosos aplausos y calurosas aclamaciones. Se le designa allí mismo, jefe nato de la columna, y de toda la zona de Holguín”.[35]
El pronunciamiento en Mala Noche fue secundado por acciones similares, el mismo 24 de febrero y días posteriores, por miembros de la Junta Revolucionaria holguinera en Santa Lucía, Fray Benito, Aguada la Piedra, Yagüajay, Banes, Tacajó y Báguanos, entre otras. Mientras, el alcalde de Holguín, en comunicación al gobernador Civil de la provincia, señalaba que reinaba la tranquilidad en la jurisdicción, a diferencia de otras regiones donde ya se conocía de los alzamientos, en particular, en el poblado de Baire.
La respuesta del alcalde, ante la interrogante del gobernador provincial, era por desconocimiento real de la situación de la región o simplemente quería dar una imagen de tranquilidad para evitar cualquier crítica a su actuación. Nos inclinamos por la primera idea, pues donde se pronunciaron los holguineros es en un lugar intrincado y rodeado de ciénagas, y, sobre todo, alejado de la ciudad de Holguín. El pronunciamiento de los holguineros en Mala Noche, quizá, revela la continuación histórica entre el 68 y el 95, al ser este lugar, el enlace entre una y otra guerra.
Al igual que en el 68, el movimiento tuvo entre los campesinos y artesanos a los más decididos en abandonar “unos sus talleres, otros sus contratos y cerrando los ojos ante el cuadro desolador en que dejaban a sus familias, se marchaban al campo donde Cuba les pide el supremo esfuerzo”,[36] constituyeron una fuerza fundamental en la lucha.
Los improvisados guerreros acudían a los campamentos mambises por “centenares, y costaba ímprobo esfuerzo hacerlos comprender que era preciso que aguardasen turno para convertirse en soldados, porque no teniendo armas, era un impedimento que dificultaba la movilidad de los pequeños grupos armados”.[37] Los revolucionarios se mantuvieron por la premisa de estar en movimiento constante para no ser sorprendidos ni cercados por sus enemigos.
En el nuevo movimiento se encontraban veteranos de la Guerra Grande como Remigio Marrero, José Balán Montero, Luis de Feria, Cornelio Rojas y jóvenes nacidos durante o después de la Guerra del 68. El ejemplo más digno era el del patriota Luis de Feria Garayalde, quien se alzaba por tercera vez contra España. Su incorporación el 20 de abril, al frente de 200 hombres, fue muy comentada por la prensa española, como muestra de que la guerra adquiría serias proporciones en toda la comarca.
El general español Álvaro Suárez Valdés en carta al comerciante Javier González Longoria, diputado a Cortes, le dice:
Las últimas palabras caracterizan la prepotencia que manifiestan los colonialistas de distintas épocas. Algunas cosas sí estuvieron claras, temían la incorporación de Feria, y no pudieron dar término al movimiento, como se afirmaba en la carta citada.
La guerra en la región fue mantenida, los primeros meses, por los veteranos Feria, Remigio, Cornelio y el novel en estas lides, Miró, quienes con los viejos y jóvenes recién incorporados mantuvieron en jaque a las tropas colonialistas hasta la llegada de Maceo, Gómez y Martí. Estos combatientes holguineros formaron grupos que estaban diseminados de norte a sur, de este a oeste en todo el territorio, pero sin una estructura de mando real. Aun cuando Miró Argenter fue nombrado jefe de Holguín, todavía no se contaba con fuerza suficiente para emprender acciones de envergadura sobre lugares bien fortificados.
No obstante, se llevaron a cabo ataques en los caseríos con el fin de avituallarse y armarse, cuando todavía las expediciones del exterior no habían arribado a las costas de la Isla. Las autoridades españolas reconocían la existencia de grupos de alzados en diferentes lugares:
El 27 de febrero, un grupo de revolucionarios encabezados por Ricardo Sartorio y Tomás Salazar tomaron Bijarú, y se apropiaron de varios caballos con los que salieron en “dirección a Deleyte, que dista una legua, a unirse con el Sor Miró, de ayí (sic) partieron con dirección a Cortaderas, más tarde se dijo que abían (sic) dirigido a Melones con un acompañamiento bastante (sic)”.[40] El informante español reconoció que las tropas de Miró eran numerosas, pero a su vez trató de minimizar la situación en el barrio a su mando, cuando señaló que fueron “insignificantes” los individuos que se le unieron sin haber “causado daño alguno”.[41] En ese mismo día se habían presentado también partidas de insurrectos en Tacajó y Alcalá.
La movilidad, que hemos apuntado antes, hizo que los revolucionarios en pocos días recorrieran largas distancias de hasta cientos de kilómetros. Un ejemplo elocuente lo constituye la actuación del mismo Miró: el 24 de febrero estaba en Mala Noche, al suroeste de Holguín, a las orillas del río Salado; pero tres días después se encontraba en operaciones al noreste de la ciudad, por Tacajó, y el 1.º de marzo pasó por Melones, al norte de la cabecera de la jurisdicción. A mediados del mes, llegó por San Lorenzo para pasar el 9 de abril de nuevo por Tacajó, y cruzar por el norte de la ciudad en dirección oeste.
Miró describió un círculo alrededor de Holguín y cruzó por el territorio comprendido entre Holguín y Gibara. Esta era la zona más peligrosa de la comarca por su apoyo al poder español. Aunque no se posee información fidedigna en cuanto a los objetivos de estos recorridos en círculo alrededor de Holguín, se opina que lo hacía con los mismos intereses que tuvo Máximo Gómez cuando ejecutó acciones similares sobre Puerto Príncipe, para exacerbar los ánimos y atraer más compatriotas a la manigua.
Gracias a los informes presentados por los alcaldes de barrios, se pudo seguir las incorporaciones de los holguineros a la Revolución, en particular de aquellos que desempeñaron un importante papel en la guerra, como fueron los casos de Cornelio Rojas, Tomás Salazar, Francisco Frexes, Federico Pitaluga entre otros.[42] Los primeros holguineros que regaron su sangre lo hicieron en la acción de la sabana de Uñas, cuando el hijo de José Balán Montero, Manuel y un grupo de combatientes rescataron a su padre mal herido y al joven Rafael Peña, quienes habían caído prisioneros de los españoles.[43]
En los primeros días de marzo, Bartolomé Masó se trasladó a las tierras holguineras con el objetivo de activar la guerra. Este recorrido lo comenzó luego de terminadas las dos entrevistas que sostuvo con los autonomistas. Uno de ellos, fue el gibareño Herminio Leyva, miembro de la Junta Central Autonomista, quien le conminó a trasladarse a Oriente para que los sublevados volvieran a sus hogares. La respuesta de Masó está en el telegrama cifrado del comandante general de Santiago de Cuba al gobernador militar de Holguín y Bayamo, general Jorge Garrich: “comisionados han regresado, manifestando que Bartolomé Masó no admite más arreglo que sobre la base de Independencia. Marche con fuerzas sobre Baire, donde están reunidos y atáquelos, firmado, Lachambre”.[44]
El 4 de marzo, Garrich se puso en movimiento desde Gibara para Baire, vía Holguín. En Baire, según las autoridades españolas, se había producido “el suceso más ruidoso del 24 de febrero”.[45] Los miembros de la guerrilla holguinera de Eduardo Ochoa fueron los primeros de esta región nororiental en entrar al pueblo. Masó volvió a la comarca a fines de mes. En este último recorrido, al llegar a Cacocum destruyó la casa cuartel a machetazos y todo cuanto había en la misma.
Ese mismo día atacó a Yareyal, y obtuvo abastecimiento para su tropa. Dos días después, Masó hizo reconocimiento sobre San Andrés y Purnio y fue atacado en este último lugar, el 28, por una partida de cien hombres, con posterioridad saqueó los establecimientos de José Blanco Alonso. Fue destrozada la Alcaldía, destruyeron los “impresos de células personales llevándose la recaudación verificada por dicho concepto”,[46] tomaron preso al alcalde al que luego liberaron. Las fuerzas cubanas lograron retirarse y se llevaron al cabo Benito Castillo herido de tres balazos. El enemigo tuvo dos muertos y un herido.
En carta de Masó a José Martí desde Cabezuela, Holguín, el 28 de marzo, le informó sobre el recorrido por esta zona y los realizados en el resto de la provincia, le señaló que el movimiento revolucionario era potente, “en todas partes cunde el entusiasmo”. Además, le expone la necesidad del arribo de las expediciones ofrecidas desde la emigración:
Por su parte, las autoridades españolas trataron de tomar la iniciativa en determinadas zonas donde actuaban grupos de revolucionarios. El coronel Santocildes comenzó a operar sobre el este de la provincia holguinera, al salir con unos “300 hombres divididos en tres columnas, para San Vicente, encontrando al enemigo el mismo día en Punta Gorda, causándoles tres muertos y cogiéndoles armas y caballos”.[48] Sea real o no la noticia, demostraba que el mando militar trataba de presionar a los grupos guerrilleros que operaban en esos momentos.
Se perseguía el objetivo de evitar la incorporación de nuevos revolucionarios a las huestes insurrectas, por medio de desacreditarlos como militares, al señalar las derrotas que se les estaban infligiendo, con lo que se desmoralizarían ante las victorias españolas. Desde los primeros momentos las acciones militares de los insurrectos se efectuaron sobre objetivos económicos, en especial, sobre el ferrocarril que enlazaba a Holguín con Gibara. Este no solo tenía importancia económica, sino también militar, al facilitar el traslado de tropas entre estas dos poblaciones y permitir la entrada de fuerzas por el puerto de Gibara para operar sobre los mambises en la costa norte de la provincia.
Con el fin de recaudar recursos para la Revolución, Miró le envió una carta al presidente de la Junta Directiva del Ferrocarril Holguín y Gibara, en ella le exigía quinientos pesos oro, si no sería dañada la empresa. La respuesta de la compañía fue rechazar la exigencia. Por su parte, las autoridades españolas y la misma corporación, tomaron medidas para proteger las propiedades de la empresa con el incremento de la custodia por Ejército y de la Guardia Civil de las vías férreas y los equipos de la firma.[49] Otros terratenientes, como la familia Dumois solicitaron la instalación de un fuerte destacamento en su finca platanera a cuyo efecto había dos cuarteles y se levantaron fortines en puntos estratégicos.[50]
Este hecho fue comparado por la prensa pro española, en especial por el periódico de los autonomistas El País, como lo realizado con anterioridad por el bandido Manuel García, el Rey de los Campos de Cuba, contra la Empresa de los Ferrocarriles Unidos de La Habana, al exigirle dinero para no atacarle con su “cuadrilla de malhechores”.[51] El fin de esta comparación era muy evidente, caracterizar a los revolucionarios como bandidos. A ello le sumamos que el periódico La Discusión señalaba que la actitud de Miró no tenía la anuencia de Masó ni de Antonio Maceo, con lo que dejaban entrever diferencias entre los líderes del movimiento.[52] Meses después, Maceo maniobró sobre el ferrocarril con el fin de perjudicar sus operaciones.
El Partido Liberal Autonomista que se había manifestado en el período como una fuerza crítica a la política española, pero dentro de los cánones que la metrópoli había establecido, tuvo en el reinicio de la contienda, la posibilidad de demostrar si estaba capacitado para estar a la altura del momento histórico que se vivía en Cuba. Su incapacidad se puso de manifiesto cuando se alió sin ningún tapujo a los colonialistas en su empeño por mantener ese sistema, pues para ellos la guerra traía el fin del progreso de la Isla.
Los autonomistas locales vieron como sus filas se deshacían cuando su membresía ocupaba un puesto en la manigua y dejaba a un lado a la minoría de sus dirigentes que no se habían incorporado a la guerra. Las figuras más importantes del partido en la localidad lo abandonaron, excepto el jefe del partido, José Agustín García Leyva, considerado por Manuel Sartorio, al finalizar la Guerra de Independencia, como “el más antiguo y consecuente de los patriotas holguineros, por cuyo conducto fue y vino casi toda la correspondencia con el extranjero” desde el inicio de la guerra.[53]
La historiografía holguinera reconoce a Francisco Frexes, José Miró Argenter y otros autonomistas solapados, como revolucionarios anticolonialistas, pero nunca García Leyva aparecía en relación alguna de luchadores por la independencia de Cuba; es más, al instaurarse el gobierno autonómico, García Leyva fue el último alcalde del período colonial. Esta aseveración lleva a una nueva interpretación del alcance del autonomismo holguinero, al estar no solo miembros de la directiva del partido en la conspiración, sino que lo estaba el mismo presidente del partido, y lo más importante, jugando un papel de primer orden, al pasar por él la mayor cantidad de correspondencia con el extranjero. Hay entonces que preguntarse: ¿Por qué no se fue a la manigua? ¿Qué le hizo mantenerse del lado español? No existen respuestas aún.
Organización de las fuerzas cubanas antes de la llegada de Maceo
Antes de la llegada de Maceo a la región holguinera existía una organización militar creada por Bartolomé Masó como jefe máximo de la conspiración en la zona Occidental de Oriente. Esta primera organización militar no estuvo exenta de contradicciones entre los jefes militares que integraron sus mandos. Miró asumió desde el primer momento la jefatura de las fuerzas holguineras con el grado militar de coronel por encargo de Masó, al considerarle como “el único indicado para ello por sus trabajos, sus relaciones y su influencia en aquel territorio (…)”.[54]
La “imposición” de la jefatura de Miró provocó una fuerte reacción de los hermanos Sartorio, al sentirse desplazados del mando holguinero. Pues pensaron que el liderazgo alcanzado por ellos durante el fallido alzamiento de 1893 en Purnio prevalecería. Por su parte, Miró solo podía presentar como avales sus conocimientos militares obtenidos en España y su labor protagónica en la dirección de los periódicos autonomistas en Holguín y Manzanillo. Esto último era poco apreciado, no solo por los veteranos de la guerra pasada, sino también por todos aquellos que se consideraban hombres de armas. En la práctica fue el más activo de los jefes revolucionarios sublevados.
En la conversación sostenida por Ricardo Sartorio y José Martí, y reseñada por este último en su Diario, apuntaba: “(...) Ricardo Sartorio desde su hamaca me habla de Purnio, cuando les llegó el telegrama falso de Cienfuegos para alzarse: me habla de la alevosía con su hermano Manuel, a quien Miró hurtó sus fuerzas (…)”.[55] Como se puede apreciar, el Maestro ha escrito, la palabra hurtó, lo que quiere decir que Miró le había usurpado las fuerzas a Manuel, o lo que es lo mismo, el mando sobre la región de Holguín.
Si se deja hasta aquí la referencia del diario del Maestro, se trunca una idea que termina “(…) a quien Miró hurtó sus fuerzas, y «forzó a presentarse», «le iba esto», —la garganta”.[56] El Maestro puso entre comillas con el fin de resaltar, la acción “forzó a presentarse”, a Manuel. Este se presentó a las fuerzas españolas, el 8 de marzo, al acogerse al bando publicado por la Alcaldía de Holguín en Yareyal, movido por estas circunstancias.[57] Su presentación fue informada al Gobierno General como el mayor logro de las fuerzas gobernantes en la región holguinera.[58] Manuel no volvió al campo insurrecto hasta bien entrada la guerra, mientras Ricardo permaneció dentro de las fuerzas de la revolución.
En la decisión del jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, del 9 de mayo de 1895, de sustituir a Miró de la jefatura de Holguín, influyó mucho lo expresado por Ricardo sobre Miró a Martí. Al frente de la brigada de Holguín fue puesto Ángel Guerra Porro, desembarcado con ellos en Playita de Cajobabo. Pero esta decisión se había tomado mucho antes, cuando el delegado y el jefe militar del PRC organizaban la Revolución en Santo Domingo. Esta orden se ratificó el 6 de mayo, un día después de la reunión entre los máximos dirigentes de la Revolución en La Mejorana. La distribución militar realizada desde el exterior por los organizadores de la Guerra Necesaria no tuvo en cuenta la estructura militar creada por los conspiradores de la Isla.
La enemistad de Gómez con Miró se subsana un día después que se tomó la decisión de sustituirlo, cuando Miró le da a conocer a Gómez el nombramiento de jefe de la brigada de Holguín hecha por Masó. Además, en una acción de desprendimiento suyo, Miró había dividido la brigada en dos, Oriental y Occidental, como se había establecido en la primera contienda, para poner en el mando de una de ellas a Luis de Feria Garayalde, por poseer la misma graduación militar que él, y ser uno de los principales líderes de la región, además de un excombatiente de la guerra anterior.
Al conocer esta acción Gómez le dijo: “que nobleza la suya, que generosidad, que satisfacción tan inmensa me ha dado usted con esa noticia”.[59] En carta de Gómez a Ángel Guerra, le escribe: “debe darle (a Miró) enseguida el mando de la primera Brigada de esa División y con el destino de Jefe de operaciones en la zona que le sea más adecuada”.[60] Con esto quedaron salvadas las discrepancias y las dudas que Ricardo había llevado a Gómez y a Martí sobre la actuación de Miró. La jefatura de Holguín quedó como sigue: jefe de la Brigada Occidental José Miró Argenter y de la Oriental, Ángel Guerra.
Cuando Maceo llega al territorio holguinero realizó una nueva estructura militar que trajo aparejada contradicciones con Bartolomé Masó y Máximo Gómez. Partiendo de su criterio, Maceo reorganiza los mandos militares, al considerarse con facultades para hacerlo como jefe de Oriente, puesto que tenía cuando abandonó la Isla en 1878. Con estas facultades llevó a cabo la reorganización provisional del Primer Cuerpo de Ejército hasta que Gómez, en acuerdo con él, dispuso la estructura definitiva.
Al Maceo disponer en Holguín sobre una parte de lo que sería el Segundo Cuerpo militar de Oriente, entraba en contradicción con la hegemonía histórica de Masó, asentada en el proceso conspirativo dirigido por él en la región de Bayamo, Manzanillo, Jiguaní, Holguín y Las Tunas; a ello se une la permanencia del jefe manzanillero en Cuba en los 17 años de interguerras. Organizar o reorganizar las tropas de Holguín que integraban la Segunda División, iba en contra de lo hecho por Masó, que a raíz de la muerte de Guillermón Moncada, era reconocido como la máxima figura del movimiento insurreccional en Oriente y en especial de lo que era el Segundo Cuerpo.
Maceo puso como jefe de la brigada oriental a Luis de Feria Garayalde en sustitución de Ángel Guerra, acción opuesta a la determinación del máximo jefe militar de la guerra, Máximo Gómez, y ratifica a Miró en la brigada occidental. Pero, en la práctica, aún hasta los primeros días de agosto existía una dualidad de mandos en la brigada entre Ángel Guerra —nombrado por Máximo Gómez— y Luis de Feria. El primero no quiere dejar el mando, pues fue designado por la máxima autoridad militar de la Revolución, esta dualidad condujo al fracaso del ataque a Santa Lucía.
Este fracaso provocó que Maceo destinara a Guerra para la brigada de Las Tunas: “(…) por conveniencia del mejor servicio el Cuartel General del Departamento Oriental ha tenido por conveniente nombrar Jefe de la Brigada de las Tunas al General [sic] de Brigada (sic) Ángel Guerra”.[61] Esta medida es criticada por Máximo Gómez en carta a Guerra: “lamento las variaciones que ha hecho el Gral. Maceo. Creo que hará V más en la comarca de Holguín como hará más en las Tunas, por varias razones que no necesitan explicarse (,) el Bdier José María Capote”.[62] Además señalaba: “el Gral. Maceo se ha sobrepuesto a muchas de mis disposiciones, y sólo (sic) él puede saber lo que se promueve. Siendo Ud. Un subalterno a sus órdenes, nada tengo que decirle respecto a la conducta que Ud observará”.[63] En otra comunicación a su amigo Guerra:
La decisión de Gómez no fue tomada en cuenta por Maceo. El Generalísimo temía que este actuar de Maceo provocara problemas para la Revolución:
En el mismo documento que Gómez nombra a Guerra primer jefe de la comarca de Holguín, reconocía la jefatura de Maceo sobre esta región: “todas estas disposiciones pueden ser modificadas más o menos por el jefe del Primer Cuerpo de Ejército General (sic) Antonio Maceo toda vez que dicho jefe pueda girar su primera visita a esa comarca”.[66]
El coronel Feria era premiado por Maceo, pues fue uno de sus hombres en la región, el otro lo era Miró, quien mantuvo la dirección de la brigada occidental. Aunque Guerra había estado vinculado a Maceo en la conspiración de 1890, después del abandono de la Isla y su establecimiento en el extranjero se vinculó a Gómez, y se estableció una amistad muy profunda entre ellos.[67] Pero, sobre todo, debemos recordar que Guerra estuvo involucrado en los sucesos del Cantón Independiente de Holguín y en la insubordinación de las fuerzas militares que siguieron a Limbano Sánchez.
Las diputas entre Maceo y Masó, sobre la dirección militar de Holguín, tenían que ver con el dominio sobre Oriente, en especial sobre el mando de las regiones del oeste de Oriente, donde la influencia de Bartolomé Masó era considerable. Al llegar a Holguín, Maceo, en carta a Enrique Trujillo, reconoce que toda la jurisdicción se encontraba en pie de lucha.[68] En Tacajó lo esperaron Miró y Luis de Feria con unos 400 hombres reclutados entre la población holguinera.
En Holguín la guerra evolucionó al igual que en el resto de la provincia, desde pequeñas partidas hasta la formación de una verdadera estructura militar. La llegada de los tres líderes de la Revolución convirtió en un organismo regular lo que antes era una masa deforme de rebeldía, que hubiera evolucionado por sí sola hacia ese organismo uniforme, y, la insurrección desde entonces creció hasta el punto de verificarse la invasión a Occidente, con la extensión de la guerra a todo el país.
Referencias bibliográficas
- ↑ Además lo integraba Augusto Betancourt Ochoa, José Ramón Manduley del Río, José Miró Argenter y el licenciado Francisco Frexes Mercadé, como primero, segundo, tercero y cuarto vicepresidentes. respectivamente; secretario el licenciado Alfredo Betancourt Manduley y vicesecretario, Félix Hernández Ávila; tesorero y vicetesorero Luis Benítez Téllez y Manuel Angulo Rodríguez y 8 vocales. Santiago Palacio y Vega: Panchito Frexes, Imprenta P. Zayas, La Habana, 1937, pp. 59-60.
- ↑ Santiago F. Palacios y Vega: ob. cit., p. 50.
- ↑ La publicación era leída en diferentes lugares de la Isla y de la Península: Madrid y Barcelona. Se presentaba como: “Periódico Liberal Autonomista”, José Miró Argenter era su director-fundador y propietario y se publicaba los jueves y domingos. En ausencia de su director Miró Argenter lo fueron: Francisco Frexes Mercadé, Juan Pérez y Heliodoro Luque Pupo, este último fue el administrador durante toda su vida.
- ↑ Manuel J. de Granda: La paz del Manganeso, t. 2, Imprenta “El Siglo XX”, A. Muñiz y Hno., La Habana, 1932, p. 40; José Luciano Franco: Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 364-365.
- ↑ Tesifonte Gallegos: La insurrección cubana, Imprenta de los ferrocarriles, Madrid, España, 1897, p. 131.
- ↑ Los conspiradores habaneros escogieron el 10 de octubre; mientras los orientales lo fijaron para el 8 de septiembre, Día de La Caridad. El plan de alzamiento fue confeccionado por Urbano Sánchez Hechavarría, en el cual desempeñaba un papel muy importante la llegada de Máximo Gómez; mientras tanto, asumiría el mando Julio Sanguily, así se evitaba la acusación de racista al movimiento, como aseguraba la propaganda española y la del PLA.
- ↑ Manuel J. de Granda: ob. cit., p. 44.
- ↑ Secretario, Federico Pitaluga González; vicesecretario, José R. Torres; delegados: licenciado José Fernández Rondán, Manuel T. Guillén Aguilera, José Miró Argenter, Rafael Manduley del Río y Cornelio Rojas Hurtado. La Junta tenía representación en los barrios. Santiago Palacio y Vega: ob. cit., p. 64.
- ↑ Mario Vallant Luna: Mayarí, [s. n.], [s. l.], [s. p.].
- ↑ Se efectuaban en la casa de Mercedes Gorina Porta y Rosario García Íñiguez, esta última hermana de Calixto García. Muchas de las visitas de Frexes a Bayamo coincidieron con las del mayor general Bartolomé Masó, Benjamín Ramírez y Calixto García Enamorado (hijo de Calixto García), quien iba por Guisa, y del hijo del general Jesús Rabí en representación de Jiguaní. Santiago Palacio y Vega: ob. cit., p. 11.
- ↑ “Los provocadores de siempre”: El Pueblo, Puerto Príncipe, 7 de mayo de 1893, p. 1.
- ↑ Archivo Provincial Histórico de Camagüey (APHC): Fondo Juárez Cano, leg. 41, no. 41.
- ↑ Tesifonte Gallego: ob. cit., p. 186.
- ↑ “Informe del 11 de julio de 1893, del Comandante General de Holguín al Gobernador General de Cuba”, citado por Tesifonte Gallego: ob. cit., p. 176.
- ↑ Archivo Nacional de Cuba (ANC): Fondo Donativos y Remisiones, leg. 243, no. 1, Comunicación de Jorge Garrich, Gobernador Militar de Holguín y Bayamo a José Lachambre, del 11 de julio de 1893.
- ↑ ANC: Fondo Donativos y Remisiones, legajo: 243, no. 6, Comunicación del Gobernador de la Isla, Emilio Calleja al general José Lachambre, desde La Habana, 15 de noviembre de 1893.
- ↑ Idem
- ↑ Tesifonte Gallego: ob. cit., p. 205.
- ↑ Miembros del Partido Reformista, creado en la década del 90.
- ↑ ANC: Fondo Donativos y Remisiones, leg. 243, no. 22, Comunicación de Jorge Garrich a José Lachambre, desde Holguín, 18 de septiembre de 1894.
- ↑ Tesifonte Gallego: ob. cit., p. 237.
- ↑ Germán Álvarez Fuentes: José Miró Argenter, P. Fernández y Cía., S en C, La Habana, Cuba, 1952, p. 31.
- ↑ José Miró Argenter: Crónicas de la guerra, t. 2, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, pp. 63- 64.
- ↑ El Pueblo, Puerto Príncipe, 24 de enero de 1895, p. 3.
- ↑ José Miró Argenter: Crónicas de la guerra, t. 1, p. 65.
- ↑ José Martí Pérez: “Orden de alzamiento al ciudadano Juan Gualberto Gómez y en él a todos los grupos de Occidente”, en Obras Completas, t. 4, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, p. 414.
- ↑ Para José Miró Argenter, tomar como fecha del alzamiento el primer día del carnaval era incorrecto, porque nadie “advirtió que era domingo de Quincuagésima”, y era raro que el primer día de carnaval empezara la Revolución, José Miró Argenter: Crónicas de la guerra, t. 1, p. 68.
- ↑ Doctor Germán Álvarez Fuentes: ob. cit., p. 33.
- ↑ “Diario de Bartolomé Masó”, citado por Enrique Loynaz del Castillo: Memorias de la guerra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989, p. 136.
- ↑ Nemesio Lavié: Bayate, índice de la Revolución de 1895, Editorial El Arte, Manzanillo, 1951, pp. 64- 65.
- ↑ Gabriel Cartaya López: “Manzanillo en el 24 de febrero. Una respuesta ejemplar al Partido Revolucionario Cubano”, en revista Del Caribe, Santiago de Cuba, no. 34, p. 45.
- ↑ Doctor Germán Álvarez Fuentes: ob. cit., p. 33.
- ↑ Constantino Pupo Aguilera: Patriotas holguineros, contribución a la historia, [s. n.], Holguín, mcmlvi , p. 197.
- ↑ Doctor Germán Álvarez Fuentes: ob. cit., p. 35.
- ↑ Ídem.
- ↑ Constantino Pupo Aguilera: ob. cit., p. 123.
- ↑ Ibídem, p. 197.
- ↑ Constantino Pupo Aguilera: ob. cit., p. 123.
- ↑ Museo Histórico Provincial de Holguín (MHPH) La Periquera: Fondo 1895-1899, no. 325.
- ↑ MHPH: Fondo 1895-1899, no. 170.
- ↑ Ibídem, no. 325.
- ↑ AHPH: Fondo Alcaldía y Ayuntamiento del Término Municipal de Holguín, leg. 3, no. 901. El informe del alcalde del barrio Sur al alcalde municipal, de fecha 17 de septiembre, es un ejemplo de lo que decimos con respecto a Mercadé: “(…) referente al paradero de Don Francisco Frexes Mercadé, debo manifestar a V.S. que según informes adquiridos el referido señor Frexes sacó pase para Gibara y que no llegó más que hasta Auras de cuyo punto mandó razón a su señora que no lo esperase puesto que desde ayi (sic) se marchava (sic) a la Insurrección (sic)”.
- ↑ Constantino Pupo Aguilera: ob. cit., p. 117.
- ↑ Enrique Ubieta: Efemérides de la Revolución Cubana, t. 2, Editora La Moderna Poesía, La Habana, 1911, p. 30.
- ↑ José Miró Argenter: Crónicas de la guerra, p. 114.
- ↑ Enrique Loynaz del Castillo: Memorias de la guerra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989, p. 150.
- ↑ Rolando Rodríguez: “Los documentos de Martí en Dos Ríos”, en Juventud Rebelde, Ciudad de La Habana, 19 mayo de 2001, p. 4.
- ↑ ANC: “De Oriente en Punta Gorda”, La Lucha, 20 de abril de 1895 (recorte), Fondo Asuntos Políticos, leg. 279, no. 4.
- ↑ ANC: Fondo Asuntos Políticos, leg. 279, no. 4, “El Ferrocarril de Gibara”, La Discusión, 9 de mayo de 1895.
- ↑ Ídem.
- ↑ Ibídem, “Contribución”, El País, 28 de abril de 1895.
- ↑ Ibídem, “El Ferrocarril de Gibara”, La Discusión, 9 de mayo de 1895.
- ↑ AHPC: Fondo Jorge Juárez Cano, leg. 41, no. 41.
- ↑ Carta de Bartolomé Masó citada por Rufino Pérez Landa: Bartolomé Masó y Márquez, Estudio biográfico documentado, Imprenta El Siglo XX, A. Muñiz y Hno., La Habana, 1947, p. 115.
- ↑ José Martí: “Diario de Campaña”, en Obras Escogidas, 3 t., t. 3, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 547.
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- ↑ Ibídem, leg. 12, no. 317.
- ↑ Nemesio Lavié: ob. cit., p. 45.
- ↑ Archivo Museo Ignacio Agramonte (AMIA): Fondo Tercer Cuerpo, leg. 8(1), no. 150.
- ↑ Esta comunicación tiene fecha 2 de agosto, pero la decisión fue tomada por Maceo el 6 de julio. AMIA: Fondo Tercer Cuerpo, leg. 8(1), no. 180.
- ↑ Ibídem.
- ↑ Ibídem.
- ↑ Ibídem, leg. 8 (1), no. 161.
- ↑ Ibídem, no. 162.
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- ↑ Rufino Pérez Landa: Bartolomé Masó y Márquez. Estudio Biográfico documentado, IMP El Siglo XX, La Habana, 1947, p. 357.
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Fuentes
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- ANC: Fondo Donativos y Remisiones, leg. 243, no. 22.





