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Lidio Rivaflecha

Lidio Rivaflecha
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Lidio Rivaflecha Galán (1939-1971), fotografia.jpg
Combatiente revolucionario cubano
NombreLidio Rivaflecha Galán
Nacimiento25 de septiembre de 1939
poblado de San José,
municipio El Cobreprovincia de Santiago de Cuba,
Cuba Bandera de Cuba
Fallecimiento12 de octubre de 1971 (32 años) 
Boca de Samá,
provincia de Holguín,
Cuba Bandera de Cuba
Causa de la muerteAsesinado por contrarrevolucionarios

Lidio Rivaflecha Galán (San José, 25 de septiembre de 1939 - Boca de Samá, 12 de octubre de 1971) fue un combatiente revolucionario cubano integrante del Departamento de Seguridad del Estado cubano, asesinado por elementos contrarrevolucionarios en el ataque al poblado Boca de Samá (Holguín).

Síntesis biográfica

Nació en el seno de una humilde familia campesina. Sus padres eran Elifio Rivaflecha y Silvina Galán, ambos campesinos pobres, a cuyo amparo se encontraban ocho hijos, el mayor de los cuales era Lidio. El hambre y la miseria más espantosa eran una constante en la vida cotidiana del campesinado de aquella época, agravada, en el caso de la familia Rivaflecha Galán, por lo numerosa que era. Esto hizo que Lidio, en su condición de hermano mayor se vio precisado a dedicarse a las duras faenas del campo desde la tierna edad de seis años, por lo que se vio imposibilitado de asistir a la escuela y permaneció analfabeto hasta que ―después del triunfo de la Revolución―, se realizó la Campaña de Alfabetización mediante la cual fue alfabetizado.

Infancia y juventud

Desde pequeño Lidio fue un niño muy activo, le gustaba jugar a la pelota, era amable con sus amigos, disfrutaba mucho recoger café con su padre y un hermano. Cuando cumplió los doce años de edad, la familia se mudó para el cuartón El Tártaro, en el que realizó diversos trabajos agrícolas por un mísero salario y donde se mantuvo hasta cumplir los diecisiete años de edad.

Trayectoria revolucionaria

Retrato anónimo de Lidio Rivaflecha.

En enero de 1960 ingresó en la compañía 102 de las Milicias Nacionales Serranas, cumplimentando sus primeros entrenamientos en la Unidad Militar de Chivirico, bajo el mando del teniente Antúnez y el jefe de batallón Félix Guillermo, teniendo su primer gran atrincheramiento en La Gran Piedra cuando el cambio de gabinete de Estados Unidos.

En marzo de 1961 cursó estudios en la escuela de la Feria en Santiago de Cuba, partiendo de esta a la persecución del contrarrevolucionario Octavio Lugo]] en la zona de Ramón de Guaninao (municipio de Palma Soriano).

En su condición de miliciano fue movilizado durante la agresión de Playa Girón en 1961. En 1962 también participó en las operaciones realizadas durante la lucha contra bandidos en las montañas orientales.

Luego sería nuevamente movilizado para participar en la lucha contra bandidos, que proliferaban en el Escambray. Concluida su estancia en esta región permaneció atrincherado en las zonas de Chivirico, El Macho y posteriormente en Cienaguilla, en una operación efectuada contra un bandido alzado, conocido como el Haitiano Baldomero.

En muchas oportunidades fue movilizado voluntariamente a los cortes de caña, participó en tres zafras del pueblo y recogida de café, dando muestra de su interés por defender a cualquier precio la Revolución cubana.

Por sus indiscutibles méritos revolucionarios y la actitud ante las tareas de la Revolución, en 1963 obtuvo la condición de militante del Partido Comunista de Cuba.

En enero de 1964 fue nombrado presidente de la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP) en Chivirico y como tal desplegó una magnífica labor, lo cual determina que tres años más tarde fuera seleccionado para integrar la delegación de Santiago de Cuba al III Congreso de la ANAP.

Con vista a superarse culturalmente ingresó en 1964 en la Escuela Básica de Instrucción Revolucionaria (EBIR), de La Zarza, en Chivirico, donde cursó estudios por espacio de seis meses.

El 31 de julio de 1968 ingresó en filas del Ministerio del Interior (MININT) como soldado de la guarnición de la unidad del Departamento de Orden Público de Mayarí Abajo (actual Mayarí, en la provincia de Holguín), donde permaneció hasta julio de 1970, en que por sus resultados de trabajo pasó a ser oficial del Departamento de Seguridad del Estado.

Ataque terrorista al caserío de Boca de Samá

Boca de Samá.

El 12 de octubre de 1971 se produjo un ataque contra el caserío de Boca de Samá (Banes, en la antigua provincia de Oriente), perpetrado por un grupo de terroristas pertenecientes a la organización Alpha-66 que tripulaban dos lanchas piratas procedentes de Miami (Florida). Según Griselda Rivaflecha Vargas, la hija de Lidio, ese había sido un día muy nublado. Ella hasta la actualidad le llama «el día oscuro».[1]

Lidio Rivaflecha se encontraba en el POVC (Puesto de Observación y Vigilancia Costero) en este poblado, desempeñando sus funciones como oficial costero del Departamento de Seguridad del Estado. Entre las 21:30 y las 22:00 horas, el segundo jefe del POVC detectó el ruido producido por el motor de una embarcación y ordenó ocupar las posiciones de defensa. En ese momento, Lidio, en compañía de Carlos Escalante Gómez (jefe del puesto), se dirigió al poblado Boca de Samá para alertar a los centinelas que se encontraban en la bahía.

Al aproximarse al caserío sobrevino el encuentro inesperado. Los piratas habían hecho prisionero a un anciano en su bohío costero, cerca del punto de desembarco.[2] Mientras se dormía, las 21 casitas del costero pueblito Boca de Samá fueron atacadas por la organización terrorista Alpha 66. Catorce hombres armados desembarcaron y abrieron fuego desde la costa sembrando la muerte.[3]

Con valor, reponiéndose a lo inesperado, los revolucionarios rechazaron e hicieron huir a los 14 agresores que reembarcaron. Entonces, desde el barco comenzaron a ametrallar el poblado. Las casas se convirtieron en blanco de la crueldad. Desde tierra les respondieron. Los piratas comenzaron la retirada, amparados en la noche cerrada.

«De la lancha rápida norteamericana desembarcaron 14 hombres, mientras que en el buque madre quedó el resto para hacer fuego contra el pobladito», contó el Chino Escalante, entonces jefe del puesto fronterizo, ante el tribunal. «Rápidamente organicé la defensa en grupos de tres, al primero lo situé en barlovento, el segundo en sotavento y los demás los distribuí en varias direcciones. Lidio y Ramón me acompañaban cuando comenzó el intercambio. Al primero lo mataron a boca de jarro, le quemaron la camisa con el cañón, al segundo le destrozaron la parte de las costillas y a mí me hirieron las dos piernas», prosiguió Escalante en su exposición de los sucesos al tiempo que mostraba las huellas de los impactos.[3]

En la loma, en la misma boca de la bahía, cuando se encontraban en el muelle, el auxiliar Romilio Zaldívar les avisó que en la tienda del pueblo se escuchaban ruidos extraños, que hacían pensar en la posibilidad de un robo, por lo que los combatientes se dirigieron al lugar de los hechos. Escalante Gómez procedió a dar el alto a los supuestos ladrones y realiza un disparo al aire, tras lo cual dispararon una ráfaga de ametralladora desde el interior de la tienda, que causó la muerte a Lidio Rivaflecha Galán y Ramón Arturo Siams Portielles.[4]

Me causaron muchas heridas en las piernas que aún me duelen, pero lo peor fue la muerte de Lidio y Ramón. Éramos como hermanos. Eso nunca lo he podido superar. Cada mañana me levanto y recorro donde cayeron mis compañeros y les coloco flores, porque ellos merecen ser recordados para siempre, merecen respeto y admiración.
Carlos Escalante Gómez, 2018[4]

Resultaron gravemente heridos Carlos Escalante Gómez, entonces jefe de la Unidad de Tropas Guardafronteras de la zona, el obrero agrícola Jesús Igarza Osorio y las hermanas Aracelis y Nancy Pavón, con 13 y 15 años de edad, respectivamente.[5]

Los grupos terroristas tales como Alfa-66 todavía funcionan en Florida. Alfa-66 muestra orgullosamente sus dos oficinas en Miami, en el 2443 NW 29th Street y en el 1714 Flagler Street. Un ataque conocido atribuido a Alfa-66 sucedió el 12 de octubre de 1971. Dos veloces lanchas fuertemente armadas atacaron el pueblo de Boca de Samá, en el oriente de Cuba. La cabina de Lidio Rivaflecha y Rmaón Arturo Siam Portelles fue destrozada a tiros de ametralladora, matándolos a ambos. Dos hermanas, Nancy Pavón (15) y Ángela Pavón (13) fueron gravemente heridas. Tras su retorno, la prensa de Miami mostró una fotografía de los jubilosos asesinos. Las estaciones de radio de Miami se jactaron del exitoso ataque, e incluyeron un comunicado oficial de prensa de Andrés Nazario Sargén (1926-2004): «Desde el momento del primer ataque comando en 1961, estábamos incitados a la guerra. Toda nuestra meta era destruir todo lo que pudiéramos dentro de Cuba».
Pero Nancy Pavón, de Boca de Samá, recuerda: «Esa noche yo estaba durmiendo cuando oímos disparos. Mi madre empezó a llorar porque en casa había bebés y niñitos pequeños. Una bala le pegó, y a mí me pegaron en ambos pies. El pie derecho me quedó como si lo huberan cortado en pedazos con un machete. Me lo tuvieron que amputar. Estuve 19 meses en el hospital. Me destrozaron la vida para siempre».
El Gobierno de los Estados Unidos, cuando se le solicitó que replicara al comentario del cubano Sargén, afirmó: «El Gobierno estadounidense defenderá la ley en relación con todos aquellos que intenten violarla. La legislación estadounidense, incluida la Ley de Neutralidad, prohíbe expresamente la participación en cualquier expedición militar o naval lanzada desde territorio de los Estados Unidos contra una nación extranjera».
El Gobierno cubano pagó los funerales de Lidio Rivaflecha y Ramón Portelles el 14 de octubre de 1971 en Boca de Samá, y desde el 12 de octubre de 1971, Cuba ha pagado todos los cuidados médicos que ha requerido Nancy Pavón debido al daño en los nervios de la pierna y a su pie amputado.
Siempre forzada a cuidar sus espaldas, Celia Sánchez ha estado cada vez más estresada por el incesante parloteo en Miami que solo alentaba más de tales ataques inhumanos contra la población civil de Cuba. Muchos de sus conocidos la urgían a tomar represalias mediante ataques terroristas contra la población civil de Miami. Pero ella nunca lo hizo. Marta Rojas la recuerda diciendo: «No. La mayoría de la gente en Miami son inocentes también. Nunca permitiré que Cuba les haga daño. Esa no es la respuesta».
La larga costa cubana y su proximidad a territorio estadounidense la hace muy vulnerable a los ataques terroristas de este país. Lanchas desde Miami pueden hacer fuego contra pescadores cubanos como medio para lastimar la economía de Cuba. Ibrahim Ruiz, un pescador que trataba de dar de comer a su joven familia, fue hecho estallar en su bote el 28 de enero de 1973. Esa misma noche el grupo terrorista estaba atribuyéndose el ataque en las radios de Miami, desdeñando cualquier reclamo del Gobierno acerca de la Ley de Neutralidad.
Envalentonados por lo que Celia Sánchez ha denominado «su licencia para matar, cortesía del Gobierno de Estados Unidos y los ciudadanos estadounidenses que pagan sus impuestos», los batistanos gradualmente expandieron sus atentados terroristas contra Cuba hasta incluir a los socios comerciales de la isla.
Rich Haney (periodista estadounidense), en el libro
Celia Sánchez, la leyenda del corazón revolucionario de Cuba, de 2005[5]
A Juana Vargas vinieron a decirle que Lidio estaba herido, pero la mujer presintió, desde el primer momento que habían matado a su esposo: «Aquello fue horrible, yo pensé que también me iba a morir de sufrimiento».
Ramón apenas cumplía 24 años, había logrado su mayor obsesión: tener una niña. «Ya ve, estaba loco por tenerla y nunca pudo darle calor a su bebita», evocó llorando su mamá, Josefa Portela.[3]

Juana Vargas, la esposa de Lidio, era recogedora de café, y la llevaron al pueblo sobre un caballo, desmayada.[1] Su hija menor, que en ese momento tenía dos años, desde ese momento no quiso que le «picaran» el pelo (recortar el cabello) nunca más, porque su padre Lidio siempre les decía a sus hijas que le gustaba el cabello largo de las niñas, y les insistía en que no dejaran que les picaran el pelo.[1]

Entierro

Al día siguiente, Lidio fue trasladado a Santiago de Cuba, donde se le realizó un funeral multitudinario.[1]

Sus restos descansan en el Panteón de los Mártires del cementerio Santa Ifigenia.[1]

El obrero agrícola Jesús Igarza Osorio arrastró las secuelas de sus heridas.[6] Las hermanas Nancy y Ángela Pavón Pavón (de 15 y 13 años de edad, respectivamente) quedaron con secuelas graves.[7] Carlos Escalante, otra de las víctimas, quedó con las piernas muy heridas. Él ha expresado su decisión de volver a enfrentar al enemigo que osara atacar a Boca de Samá.[6]

Legado

Existe una escuela en Cuba que lleva el nombre de Lidio Rivaflecha Galán.[8]

Fuentes