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Conspiración del Domingo de Resurrección

Juicio
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Vista general del Juicio
Lugar:El Principe
Líderes:
Bautenses acusados

Conspiración del Domingo de Resurrección. El 4 de septiembre del 1933 se produjo una sublevación de sargentos contra los Mandos Militares. La misma fue dirigida por el Sargento Pablo Rodríguez.

Historia

El 4 de septiembre del 1933 se produjo una sublevación de sargentos contra los Mandos Militares. La misma fue dirigida por el Sargento Pablo Rodríguez; pero un Sargento taquígrafo de Banes en la actual Provincia de Holguín, llamado Fulgencio Batista Zaldívar, le arrebató su lugar en la historia. Estos sublevados crearon una alianza con el estudiantado, profesores universitarios y otros grupos revolucionarios de la época, los que formaron un “Gobierno Provisional” presidido por Grau San Martín, y que tenía en su gabinete a Antonio Guiteras como Secretario de Gobernación.

A su vez, aquellos mismos soldados del 33, encabezados por Batista, “el Indio Bonito”, derrocaron a este gobierno en busca de poder y de mejores oportunidades económicas. A partir de aquel momento se sucedieron gobiernos entreguistas, y el mismo Batista, el 10 de marzo del 1952, volvió a una asonada que dejó al país en otro caos político. Por esa causa, la FEU se insubordinó, y muy pronto los estudiantes universitarios entraron en una actividad sin igual de preparación en el uso de las armas, mientras esperaban la orden para derrocar a aquella dictadura. A esa audaz actividad de los estudiantes universitarios se unieron trabajadores, clases medias y grupos de “Movimientos Revolucionarios” ya existentes.

Estas actividades comenzaron a realizarse apenas tres meses después del “Cuartelazo del 10 de Marzo”, en el local de la FEU de la Universidad de La Habana, dirigidas e impartidas por dirigentes y ex dirigentes estudiantiles, entre los que se encontraba el joven abogado Fidel Castro Ruz.

Bauta no se vio marginado de aquellas lides, pues desde finales de la década del 40 y principios del 50, por estar en su territorio la mayor fábrica textil de América Latina, existía un fuerte "Movimiento Sindical Obrero", que ya se había hecho sentir en el ámbito nacional en varias ocasiones, y un Partido Ortodoxo también potente; no así el PSP (Partido “Socialista Popular”) que estuvo aislado políticamente en la década del 50. Era de esperar que aquellos estudiantes y dirigentes buscaran el apoyo de la clase obrera para desarrollar sus ideas revolucionarias y lograr la unidad, por lo que desde el inicio de los años 40 acudían a Bauta muchos líderes ortodoxos y sindicales, entre los que estaban Lázaro Peña, Eduardo Chibás, Fidel Castro, Antonio “Ñico” López y Juan Manuel Márquez entre otros.

Como ya dijimos, pocas semanas después del “cuartelazo”, Fidel acudió a Bauta a una reunión con los ortodoxos y dirigentes sindicales, que se efectuó en “La Vallita”, donde incitó a un gran grupo de jóvenes bautenses para que acudieran a la Universidad a recibir clases de armamentos para estar preparados para la lucha armada. Desde muy temprano, Fidel se había percatado de que la única vía para lograr la liberación nacional era la de las armas. Más de 30 bautenses participaron en aquella actividad, entre los que estuvieron el Dr. Eduardo Bernabé Ordaz, Juan Manuel Márquez, Jesús Soto, Antonio Morejón, Fulvio Fuentes, Rodolfo Iturriaga, Arsenio Sánchez, José Ramón Aguilar, Amado García, Miguel Lorenzo, Eloy Reinoso, Osvaldo Gutiérrez, Jorge y Daniel Villafranca, Héctor Carbonell, Manuel Núñez, Pedro Gutiérrez, Pedro J. Esperón (mártir de Guanajay ligado fuertemente a los revolucionarios bautenses que muere en el “Asalto a Palacio”), Eusebio Blanco, Orestes Hernández, Elpidio Aguilar, Juan A Soto y Miguel A. González entre otros.

Uno de los dirigentes de la Universidad de aquella época era el profesor Rafael García Bárcena , poeta, filósofo, periodista y cristiano que planteaba su teoría de la relación entre la religión y los avances de la ciencia.

Este líder, nacido en Güines en el 1907, era del pensamiento de Félix Varela, José Martí y de los teólogos contemporáneos en relación con la liberación de América Latina. Participó activamente en las luchas contra Gerardo Machado, Grau San Martín, Prío Socarrás y Fulgencio Batista. Fue fundador del MNR (Movimiento Nacional Revolucionario), y siempre mantuvo la meta de derrocar a Batista, pero aquella idea estaba sustentada con términos no acordes al uso de las armas por las masas oprimidas, sino de los militares. Bárcena había sido profesor de la “Academia de Guerra” y suponía que entre sus alumnos encontraría muchos adeptos para este plan, basándose aún en la caduca experiencia de la sedición de los sargentos de Septiembre del 1933.

El plan de la toma de Columbia

El MNR se nutría de personas con ideas ortodoxas, y entre sus militantes se encontraban Armando y Enrique Hart Dávalos, Faustino Pérez, los hermanos Hidalgo y Allan Rosell entre otros.

En el 1953 el país estaba convulso por las tropelías del batistato, y García Bárcena elaboró un plan para tomar la Jefatura del Estado Mayor del Ejército y la Fuerza Aérea de Ciudad Militar de Columbia. Este plan consistía en posesionarse, desde la "Posta 13" en la Avenida de los Oficiales y 7a, del enclave de referencia. Batista ya había hecho esto, pero por la "Posta 6" en su momento. Se pretendía que estas Jefaturas serían tomadas por los militares aliados a García Bárcena, y que posteriormente los civiles complotados entrarían a "Columbia" y tomarían las armas de allí. Este plan había sido programado inicialmente para ejecutarse el 8 de Marzo, posponiéndose para el 5 de abril del 1953, según testimonio actual de la Escultora Thelvia Marín, militante del MNR y una de las complotadas en la conspiración, en cuya casa, sita en Párraga 160, Víbora, era visitada por sus amigos y compañeros de lucha Fidel Castro y Rafael García Bárcena.

Los civiles habían sido convocados por líderes de los movimientos revolucionarios en sus Municipios habaneros; eran generalmente jóvenes de diversas tendencias que coincidirían y se concentrarían en las afueras del Cuartel "Columbia" —identificándose entre sí con una cuchilla de afeitar "Gillette"— al que entrarían a la hora señalada.

Las causas del fallido intento

Este hecho ocurrió el 5 de abril delL953, en “Semana Santa”. Por ejecutarse el “Domingo de Resurrección”, se conoce este complot como la “Conspiración del Domingo de Resurrección”.

Para explicar las causas que abortaron la toma de Columbia, se remite a lo que dijo el Comandante en Jefe en el libro “Cien horas con Fidel” de Ignacio Ramonet, cuando este le preguntó: -“¿Cuándo decide usted atacar el Cuartel Moncada?”.

“... Cuando nos convencimos que nadie haría nada, de que no habría lucha contra Batista, y de que un montón de grupos existentes - en los que había mucha gente que militaba en varios a la vez - no estaban preparados ni organizados para llevar a cabo la lucha armada que esperábamos.

Un profesor universitario, Rafael García Bárcena, por ejemplo, vino a hablar conmigo, porque quería tomar el Cuartel de “Columbia” de La Habana, baluarte fundamental del régimen. Me dice: - “Yo tengo gente dentro que me apoya”. Le digo: - “¿Usted quiere tomar Columbia, porque le van a franquear el camino? No hable entonces con nadie más, que nosotros tenemos los hombres suficientes y podría mantenerse la discreción total”.
¡Ah! Hizo todo lo contrario, habló con más de 20 organizaciones, y a los pocos días toda La Habana, incluso el Ejército, sabía lo que preparaba aquel profesor, hombre bueno, decente, que daba alguna de esas clases que los militares con rango reciben como parte de su preparación. Bárcena era uno de esos profesores. Como era de esperar, todo el mundo cayó preso, incluso el profesor.

Ya desde antes del esperado desenlace, que se produce algunas semanas después de mi conversación con Bárcena, al conocer que la próxima toma de “Columbia” era vox populi, decidimos actuar en un futuro inmediato con nuestra propia fuerza, que era superior en número, disciplina y entrenamiento a todas las demás juntas. Duele decirlo, pero era así. Entre aquellas organizaciones, una de las más serias y combativas era la Federación Estudiantil Universitaria. Pero sus páginas más brillantes, bajo la dirección de José Antonio Echeverría, recién graduado a la Universidad, y del Directorio Revolucionario, organización creada por él en 1956, estaban por escribirse.

Analizamos la situación y elaboramos el plan. Habíamos escogido Santiago de Cuba para iniciar la lucha. No volví a conversar con el profesor. Un día, cuando regresaba por carretera de un viaje a aquella ciudad, escuché por radio la noticia de la captura de Bárcena y varios grupos civiles en distintas esquinas de “Columbia”...”

Está claro que aquella operación era un “secreto a voces” que permitió a la dictadura tomar la iniciativa. Incluso, los altos personajes del gobierno salieron de paseo aquel fin de semana a sabiendas que nada pasaría”.

Plantea Thelvia Marín queFidel en una ocasión en que la llevaba a la casa de ella en “La Víbora”, le dijo que no entraría en lo de García Bárcena, pues ya él tenía lo suyo. Fidel, dijo Thelvia, tenía un auto carmelita.

La detención de los participantes

El día señalado para la acción, el cabecilla de la intentona, Rafael García Bárcena, conjuntamente con otros conspiradores, fue detenido a las doce del día en la casa de Eva Jiménez Ruiz - quien fungía como secretaria del profesor y que estaba involucrada en el complot - situada en Calle 12 No. 307, apartamento 8 en el Reparto “Almendares”, por miembros del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) y del BI (Buró de Investigaciones). En ese mismo Reparto, pero en la Calle 9 No. 854, vivía García Bárcena, quien a la sazón tenía 45 años cumplidos, era casado y padre de un adolescente.
También en casa de Eva detuvieron a unos jóvenes que llegaron en un auto en el preciso momento en que los militares allanaban el lugar. Entre estos se encontraban el hijo del Rector de la Universidad de La Habana Rafael Inclán Argudín. Con él estaban Pedro J. Martínez, José Hernández Bacallao y José Caraballo Orraca que tenía solamente 13 años de edad. La soldadesca dijo a la prensa que estos jóvenes habían sustraído de la casa del periodista Joaquín Claret varias escopetas de caza y cartuchos, y que, además, traían consigo 5 revólveres y 4 pistolas. En total, en casa de Eva fueron detenidos 12 encartados más los jóvenes mencionados.

Lo cierto fue que apresados los cabezas de la operación, quedaron como electrones libres en los alrededores de “Columbia” todos los civiles que participarían en ella, de los que la gran mayoría fueron apresados indiscriminadamente por los distintos “Cuerpos Militares”, que cargaron con todos los que por allí merodeaban.

Parte del grupo bautense cayó preso de inmediato, pero otros lograron escapar con ardides varios, entre los que se encontraban Eduardo Bernabé Ordaz , Arsenio Sánchez, Jesús Soto,Amado García y otros. Pero muchos de los que pudieron eludir momentáneamente la detención, fueron apresados a posteriori en Bauta y enviados a “La Cabaña”. De una u otra forma, la gran mayoría de los bautenses que participaron en aquella conspiración, muchos de los que recibían clases de armamento en la Universidad de La Habana, fueron apresados ese mismo día.

Según el diario “Prensa Libre” del 7 de abril del 1953, el General Salas Cañizares ordenó investigar a los encartados en la fallida toma de “Columbia” a los Coroneles Suárez Suquet yAntolín Falcón (Primero y Segundo Jefes del Buró de Investigaciones), en cooperación con los Coroneles da la Policía Hernando Hernández, Orlando Piedra y Juan Salas Cañizares, al Comandante Casals, al Capitán Abejón Puñal y al Teniente Juan Castellanos.

Para llevar prisioneros desde Bauta fue seleccionado el Comandante Emilio Rubí, pues por ser del BI, conocía de antemano algunas de las actividades revolucionarias en nuestra localidad.

Entre los prisioneros, estaba el periodista bautense Fulvio Fuentes, el también periodista y ortodoxo José Pardo Llada, el “Secretario del Presidente del Partido Ortodoxo” “Millo” Ochoa, Juan Orta, Arturo Gelpi y otros. Realmente, Pardo Llada no estaba involucrado en aquel complot como se probó después.

Todos los encarcelados fueron incomunicados. Por su parte, la prensa nacional de la época publicó que habían sido 60 los detenidos y enviados a “La Cabaña”. Estos periódicos fueron “El Crisol”, “Alerta” y “Prensa Libre” entre otros. También publicaron que en casa de Eva Jiménez habían sido encontrados, además de material bélico, documentos, claves, planos, gallardetes, insignias y una bandera nacional.

Rememora Thelvia Marín, que una vez detenidos los conspiradores, se reunieron en su casa algunos directivos del MNR, aún libres, con Armando Hart Dávalos para que este asumiera como abogado defensor de García Bárcena.

Discrepancias entre los acusadores

Todo aquel alboroto formado justificó posteriormente que los órganos represivos arreciaran contra los movimientos opositores de Batista.

Por su parte, los libelos pro gobierno sustentaban una campaña periodística endilgando a Prío y secuaces el financiamiento de esta operación. Aludían que los documentos obtenidos eran de la incumbencia priista; se habló de que el ex Ministro de Prío, Arturo Hernández Tellechea, era quien tenía los fondos en Miami, y que Manuel Antonio Varona, líder auténtico, se había trasladado el mismo domingo de los hechos por la tarde, desde Miami aLa Habana, para observar “In situ” el cumplimiento del plan previsto.

El SIM se apresuraba por presentar documentos al “Tribunal de Urgencia” donde decían que elementos ortodoxos, socialistas populares y auténticos, deseaban, con esta operación, producir un golpe de efecto, pues la finalidad de los líderes era destacarse como oposicionistas para ganarse a las masas y a la opinión pública, preparando un movimiento subversivo para derrocar al gobierno o alterar el orden, con lo que se suspendían las garantías constitucionales y se implantarían medidas enérgicas para el establecimiento del orden.
Por su parte, el General Tabernilla, Jefe del Ejército, manifestó que era un suicidio intentar ese ataque con el raquítico arsenal de que disponían. Dijo, además, que 32 jóvenes habían sido apresados cerca de la “Posta 13” con revólveres, pistolas y cuchillos. Parecía que todo era un juego de muchachos.

Los ortodoxos defendieron a los detenidos con planteamientos como los de Roberto Agramonte, quien apuntó que era una táctica de la dictadura inventar cosas de la conspiración para perpetrarse en el poder.

Millo Ochoa dio otra versión del Partido del “Pueblo Cubano”: “que todo era para justificar persecuciones, atropellos y violencias”.

Batista, quien había regresado ese mismo día de un paseo a Isla de Pinos, dijo que el hecho no era de preocuparse, que solo se trataba de románticos y tontos útiles.

José Mañach, biógrafo de Martí, tildó el hecho y a sus dirigentes como irresponsables.

A todas estas, los posibles encartados fueron llevados a “La Cabaña” sin que la prensa u otros medios pudieran verlos, o al menos saber de ellos. Tampoco los abogados, entre los que se destacó Armando Hart Dávalos en su primer gran trabajo como tal. Hart tenía 22 años de edad y conocía bien a García Bárcena, con quien incluso participó en el Teatro “Milanés” de Pinar del Río, en un acto de repudio a los acontecimientos de los estudiantes de medicina fusilados en el 1871.

Antes del juicio

Era de suponer que el juicio se realizaría en el “Tribunal de Urgencia”, sin embargo, el régimen planteó que no tenía transporte para trasladar a los encartados.

La verdad era que muchos de los detenidos habían sido golpeados, entre los que estaban García Bárcena con un fuerte golpe en la cabeza producto de un puntapié que le propinara un esbirro. Los sátrapas habían argumentado a la prensa que aquel golpe había sido consecuencia de un accidente en una escalera, aprovechando que Bárcena se mantenía incomunicado y recluido en el “Hospital Militar”. Otro prisionero golpeado fue Antonio Valdés Zambrana quien llegó a tener hemoptisis provocada por una golpiza en su celda, por lo que tuvo que ser llevado en brazos del bautense Arsenio Sánchez a la enfermería de “La Cabaña”.

El martes 7 de abril, un oficial del Regimiento “Máximo Gómez” llevó al “Tribunal de Urgencia” las actuaciones policiales de la causa incoada por el delito de sedición e infracciones contra el gangsterismo.

Siete menores de edad que estaban prisioneros fueron devueltos a sus padres. Los abogados seguían sin ver a los detenidos.

En la madrugada del viernes 10 de Abril, los complotados fueron llevados a “El Príncipe”, donde se mantuvo la incomunicación con los abogados, la prensa y los familiares.

Los abogados Armando Hart, Rosa Ravelo y Arturo Albert Orozco fueron rechazados por las postas militares por lo que apelaron al “Colectivo de Abogados”.

Por su parte la FEU no estaba ociosa. Designó una comisión para ir a los Colegios de Abogados y Periodistas.

El decano José Miró Cardona, “Presidente del Colegio de Abogados”, informó a la “Junta de Gobierno” la situación, y solo entonces los abogados tuvieron acceso a sus “clientes”, no sin antes destacar las peripecias de estos por la negación de oficiales que no los dejaban actuar a pesar de mostrar sus carnés, como en el caso de Rosa Ravelo con un sargento. Una vez en “El Príncipe”, los abogados conocieron de las vejaciones y golpes sufridos por los prisioneros.

Después de conocer esto, Miró Cardona, Silvio Sanabria, Julio Duarte y los Diputados Mariña y Siero, fueron a la casa del Ministro de Justicia Gastón Godoy para ventilar los aspectos que, a sus juicios, eran incompatibles por la brutalidad ejercida, por lo que el Ministro citó a la “Junta de Gobierno” para el sábado 11 a las 10 de la mañana.

El día anterior Hart visitó a García Bárcena donde supo que el golpe en la cabeza no había sido accidental, descubriendo otra de las mentiras descritas por los militares.

El lunes 13 la FEU estableció una asamblea en la “Plaza Cadenas” con unos 400 estudiantes, los que reclamaron ir al “Tribunal de Urgencia” el día 14, que era la fecha fijada para el juicio. A esta reclamación de los estudiantes, los dirigentes de la FEU tuvieron que acceder. Bajaron por la escalinata al medio día, caminaron por la calle L hasta 23 rumbo al “Cementerio de Colón”, pero en calle J tuvieron una refriega con la policía; al llegar al Cementerio, allí estaban ya los del Buró de Investigaciones y los de la “motorizada”. Todos estos acontecimientos ocurrieron en el segundo mes del aniversario del asesinato de Rubén Batista, y además de golpes, hubo heridos de bala como fue el caso de los estudiantes Félix Amador y Elpidio Zorrilla, ambos de la “Facultad de Medicina”.

El entonces “Presidente de la FEU”, Joaquín Peláez, hizo un llamamiento al pueblo que acudió aquella noche a la “Escalinata”, donde el expresidente de la FEU, Álvaro Barba, acusó públicamente a la policía por los hechos ocurridos. También leyó un artículo escrito por García Bárcena en el 1930 llamado “¡A las armas!”. Aquel mitin fue lo suficiente como para que la policía rodeara la Universidad con carros bombas, pero los estudiantes y el pueblo, unidos, bajaron por San Lázaro hasta Infanta formándose la bronca nuevamente en Masón; esta vez fueron lesionados Ildeliza Álvarez Castillo y Joaquín Hart entre otros.

También aquel lunes 13 se había reunido el “Consejo Universitario”, donde el Rector Inclán fue enérgico en cuanto a la postura criminal del gobierno, acordando suspender el curso académico el martes 14 en protesta por los hechos. Es de señalar que desde el 1935 no se suspendía ningún curso por cuestiones políticas, y la solidaridad con los eventos acaecidos no se hizo esperar, pues los Institutos de Matanzas y Sancti Spíritus pararon al igual que la “Escuela de Comercio de Camagüey” y el estudiantado de Santiago de Cuba que se “fajó” con la fuerza pública. La Universidad de Santiago de Cuba suspendió sus clases hasta el 16. La actividad de Guantánamo fue más violenta, pues los alumnos de Segunda Enseñanza, en la noche del 4 de Mayo, quemaron pupitres y otros efectos escolares, lo que hizo que las fuerzas del Ejército entraran al plantel y apresaran a unos 40 estudiantes, de los que hubo tres heridos, uno de ellos en estado de gravedad.

El juicio

El juicio se efectuó en “El Príncipe”, en una sala conocida como “La Estrella”. El cuadro judicial estuvo presidido por el Dr. Cabezas; el Fiscal era el Dr. Zayas, y completaban el mismo los Dres. Vignier y Riera Medina. La causa fue numerada 237-52. No se permitió la entrada de la televisión al juicio.

García Bárcena declaró que no tenía ninguna vinculación con Prío, y que en el momento de la detención estaba desarmado. Mostró entonces los golpes recibidos en el SIM manifestando que había sido vejado por el Coronel Ugalde Carrillo, Jefe del SIM, y que a causa del puntapié en la frente tuvo que ser recluido en el Hospital Militar. Declaró también que fue separado de sus compañeros y había sido despojado de su botón y carné de periodista.

Hart atacó, alertando que el juicio se hacía en “El Príncipe” porque tenían miedo de que el pueblo viera lo que les habían hecho a los prisioneros; que irónicamente el gobierno había dicho que no tenía transporte para trasladar a todos al “Tribunal de Urgencia”, pero... ¿En qué fueron llevados a “El Príncipe”?. Declaró que el hecho no llegó a consumarse, y que según la legislación vigente entonces, había derecho a la rebelión. La historia se repetía, pues se iba a hacer “lo mismo que hizo Batista en el mismo enclave”.
Aparecieron los testigos de la Fiscalía, que no se ponían de acuerdo en lo que iban a decir, como fue el caso del Capitán Abejón, quien al preguntarle los abogados si había encontrado armas en alguno de los que había detenido en la casa de Eva Jiménez, fingió un “agudo dolor de vientre” por lo que salió de la sala evadiendo así la pregunta.

El Comandante Emilio Rubí señaló que el grupo de Bauta estaba altamente complicado, pues él conocía de antemano a cinco revolucionarios a los que vigilaba estrechamente, y que sabía que “ellos practicaban con ametralladoras en una casa de ese pueblo”. Rubí era del Buró de Investigaciones y “sabía, por indicios que poseía, que el Dr. Eduardo Bernabé Ordaz era el cabecilla que había organizado al nutrido grupo bautense”.

Todas estas disyuntivas fueron permeando la credibilidad de la acusación, además de los distorsionados planteamientos que no coincidían cuando hablaban testigos del BI, Policía o del SIM, que actuaron al unísono en el caso.

El colmo fue que entre los detenidos figuraban personas afiliadas al Partido pro Batista, como el caso del ciudadano José Manuel Martín, vecino de Cayo “La Rosa” en Bauta, quien era miembro del PAU con afiliación No. 28 del Barrio de “Anafe”. Otro caso fue Pardo Llada, que se encontraba en el Reparto “La Sierra” cuando lo detuvieron; fue liberado ese mismo día, pero por el comentario que lanzó en su “Programa Radial Dominical”, fue detenido nuevamente el lunes. Pardo Llada no tenía vinculación alguna con este complot, pues hasta se encontraba convaleciente de una enfermedad que lo tuvo en cama 4 días.
La deficiencia de evidencias era sustancial. Solo en pocos casos se detectaron inconvenientes, como en el caso de Gabriel Mancebo a quien, en el momento de ser apresado, le encontraron tres recibos de multas y en el reverso de uno de ellos tenía anotados datos comprometedores; Antonio Valdés Zambrana portaba una pistola y un revólver, y Danilo Méndez tenía consigo un croquis de “La Cabaña”.

Contra ninguno de los restantes acusados hubo pruebas incriminatorias.

La sentencia

El proceso judicial duró casi dos meses. Llegado el momento de la sentencia, la fiscalía pidió las siguientes penas:

Rafael García Bárcena, Eva Jiménez Ruiz, Rolando Abay, Gabriel Mancebo, Antonio Valdés Zambrana y Danilo Méndez: tres años de privación de libertad.

Orlando Ventura Reyes, Antonio Saud, Matías Dilio Núñez, José L. Fernández, José Prieto, José Rodríguez y Gerardo Lee: dos años de privación de libertad.

Una vez dictado el fallo, la FEU, en voz de su Presidente Joaquín Peláez, exhortó a un paro el día 25 de Mayo.

Producto de las demandas de los abogados y la presión popular, la fiscalía redujo las sentencias a:

García Bárcena, por el artículo 156 A, a dos años de privación de libertad. Antonio Valdés Zambrana, Gabriel Mancebo y Danilo Méndez, un año de privación de libertad por el mismo artículo. A Eva Jiménez, por el artículo 221, 6 meses de privación de libertad. A Rolando Abay, Orlando Ventura, Antonio Saud, Gerardo Lee y José Prieto, por el artículo 222, tres meses de privación de libertad.

Al término de la lectura de las sentencias, todos los acusados gritaron al unísono: -“¡Viva Cuba Libre!”; al instante el Coronel Cruz Vidal interrumpió vociferando que si no se callaban los dejaría presos por desorden y desobediencia. Aquel juicio se extendió hasta el 23 de Mayo del 1953, prácticamente a dos meses del ataque al Moncada y al Carlos M. de Céspedes.

Después del juicio

García Bárcena fue enviado al “Presidio Modelo” de Isla de Pinos junto con sus compañeros y a Eva Jiménez la ubicaron en la cárcel de Guanajay, donde la sorprendieron los hechos del 26 de Julio. Eva partió al exilio a México con su hermana Graciela posteriormente. Durante la preparación de la expedición armada a Cuba, Fidel las visitaba en su casa en el Distrito Federal en Independencia 101. Allí también arribaron José A. Echeverria, Juan Nuiry, Faure Chomon, Fructuoso Rodríguez, Ñico López, Calixto García, y otros. En Independencia 101, Fidel pasó su cumpleaños para el cual preparó personalmente espaguetis con camarones y pollo. Eva fue quien mostró a Fidel la armería de Antonio Conde “el cuate”, quien tuvo la responsabilidad de conseguir las armas, y comprar y preparar el yate “Granma” entre otras delicadas tareas del MR-26-7.

Armando Hart y otros adeptos siguieron trabajando en la proliferación del MNR. Aprovechando la cobertura como abogado de García Bárcena, Hart lo visitaba en el presidio de Isla de Pinos donde estaba confinado; sin embargo, el profesor no mostraba entusiasmo por mantener este Partido, pues seguía influido por la sedición de los sargentos del 33 y su idea estaba fijada en la conspiración de los militares contra Batista.

Por su parte, la FEU continuó sus protestas por el fallo. El resto de los detenidos fue liberado, pero todos, sin excepción, quedaron expedientados en las correspondientes sedes de los órganos represivos de la dictadura. Sobre ellos se mantuvo una estrecha y absoluta vigilancia, especialmente en los Municipios aledaños a la Capital, remarcando al numeroso grupo de Bauta, que quedó bajo la constante supervisión del “Jefe de la Guardia Rural” bautense Jacinto García Menocal, quien había sido alertado por el Coronel Rubí del Buró de Investigaciones, de que “algunos de su patio realizaban prácticas con ametralladoras”.

En los primeros días del mes de Julio del 1953, José “Pepín” Naranjo, enviado por Fidel, visitó Bauta reuniéndose con una parte del grupo que participara en “La Conspiración del Domingo de Resurrección”, a los que les dijo que se mantuvieran en la lucha, pero con extremo cuidado pues todos estaban muy vigilados, y que esperaran órdenes que recibirían muy pronto.

Esta fue la primera acción subversiva que se realizó después del Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, que abarcó desde el 5 de Abril hasta finales de Mayo de 1953 en que terminó el juicio de los encartados, y muy pronto dejó de ser noticia por los sucesos del 26 de Julio cuando fueron atacados los cuarteles militares de Bayamo y Santiago de Cuba, por lo que poco se volvió a hablar de él, incluso en Bauta, de donde partieron muchos revolucionarios al fallido intento, y prácticamente nadie sabe de qué se trató esta valiente acción.

Sobradas razones existieron para prescindir de los bautenses en la participación de los históricos asaltos a los cuarteles “Moncada” y “Carlos M. de Céspedes”, excepto en el caso del bautense Ángel Guerra Díaz que no tuvo vinculación alguna con este grupo por vivir muchos años fuera de nuestra localidad y fue asesinado después del asalto al Cuartel Militar bayames de la dictadura cuando participó como “moncadista”.

Después de la amnistía de los revolucionarios presos en Cuba en el 1955, regresó García Barcena del exterior y Fidel lo esperó en el aeropuerto junto a la familia del destacado Profesor, que al triunfo de Enero del 1959, pasó a ser embajador de Cuba en Brasil hasta su fallecimiento; mucho antes le había confesado a Thelvia Marín que Fidel le había propuesto ser el “Presidente de la República” cuando triunfara, pero declinó el ofrecimiento porque era de mucha responsabilidad.

Fuentes

  • Ing. Ríos González, Omar Dr. Ordaz Callejón, Eduardo. 2008. Catauro bautense