Saltar a: navegación, buscar

Conspiración trujillista

Conpiración Trujillista
Información sobre la plantilla
Mercenarios capturados.jpg
Mercenarios capturados en Trinidad
Fecha:1959
Descripción:
Conspiración militar organizada por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, con el apoyo de contrarrevolucionarios cubanos dentro y fuera de Cuba.
Resultado:
Fracaso total al ser detenidos los conspiradores dentro de Cuba, y capturados los mercenarios enviados por vía aérea por el presidente dominicano.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Bandera de la República Dominicana República Dominicana

Conspiración Trujillista: Conspiración organizada por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo con el objetivo de derrocar el poder revolucionario en Cuba. Contó con el apoyo de los emigrados contrarrevolucionarios cubanos, así como de elementos militares del antiguo régimen, retirados y en activo dentro del Ejército Rebelde; jefes del II Frente Nacional del Escambray y el aliento de la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos.

El 13 de agosto de 1959 fue totalmente abortada la conspiración cuando un C-47, procedente de Santo Domingo, repleto de pertrechos de guerra fue detenido en el aeropuerto de Trinidad. En el mismo viajaban como asesores para los complotados: Luis del Pozo, enviado especial de Rafael Leónidas Trujillo; Antonio Soto Rodríguez, piloto del avión en que había huido Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959; Roberto Martín Pérez; el excapitán Francisco Betancourt y otros mercenarios hasta el número de once.

Todo el armamento fue ocupado por el Ejército Rebelde y los detenidos fueron condenados a distintas penas de cárcel. En la medida en que fueron liberados tras cumplir parte de sus penas se les permitió abandonar el país a los que así lo solicitaron.

Historia

Antecedentes

Durante el año 1958 los organismos de inteligencia de Estados Unidos realizaron acciones encaminadas a deshacerse del presidente Fulgencio Batista que gobernaba Cuba, y al mismo tiempo impedir el triunfo del Movimiento 26 de Julio, que lideraba desde la Sierra Maestra el comandante rebelde Fidel Castro.

Con ese objetivo contactaron con parte de la jefatura del II Frente Nacional del Escambray, y confiaron en que esta pudiera llegar a ser un contrapeso del Ejército Rebelde. Al mismo tiempo el gobierno norteamericano maniobraba ante los gobiernos latinoamericanos en la OEA para que tomaran nota de la grave situación interna de Cuba. El 8 de diciembre el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo ofreció transportar cinco batallones (de mil hombres cada uno) hacia Cuba, tres hacia el centro de la Isla y dos hacia Oriente. Estas fuerzas de interposición de la OEA hubiesen actuado en realidad como refuerzo del ejército cubano, pues era bien conocida la intimidad existente entre Trujillo y Batista.

Los contactos de la CIA se dirigieron también a políticos como Carlos Prío, Tony Varona y Justo Carrillo, así como a militares en activo no comprometidos con los crímenes de la dictadura con el objetivo de formar un frente común contra el 26 de Julio e impedir el triunfo revolucionario. El rápido desarrollo de los acontecimientos, incluida la fuga de Batista con rumbo a República Dominicana y la caída de la Junta Cívico Militar de Eulogio Cantillo y José Manuel Piedra en apenas unas horas, impidieron que se consumaran los planes de la inteligencia norteamericana.

Desarrollo

Rafael Léonidas Trujillo, dictador dominicano y principal artífice de la conspiración

El 28 de enero de 1959 se creó en Nueva York la primera organización de exiliados cubanos contrarrevolucionarios La Rosa Blanca, encabezada por el político batistiano Rafael Díaz Balart. Esta se sumó a la campaña de descrédito dirigida contra la Revolución casi desde el mismo momento del triunfo del 1 de enero de 1959, acusando al poder provisional de tener vínculos con el Comunismo, lo que no se justificaba, al menos en los primeros momentos.

El comandante Hubert Matos, quien en octubre protagonizaría una sedición militar en Camagüey ayudó a finales de junio a la salida clandestina del país de Pedro Luis Díaz Lanz —recién destituido como jefe de la Fuerza Aérea— para que testimoniara ante el Subcomité de Seguridad Interna del Senado norteamericano, acerca de la “penetración comunista” en Cuba.

En el Consejo de la OEA fue aprobada la convocatoria a una reunión de cancilleres, pretendidamente bajo los intervencionistas preceptos del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), con el afán de tender un cordón sanitario alrededor de Cuba y facilitar la intervención militar.

El golpe definitivo a la Revolución hubiese sido asestado por los componentes paramilitares de la conjura, mediante el levantamiento armado de fuerzas del II Frente Nacional del Escambray, el control de unidades militares y policiales por antiguos oficiales de la derrocada tiranía que continuaban en servicio activo en el Ejército Rebelde y, finalmente, con la invasión por Trinidad de una brigada de exmilitares batistianos y la Legión Anticomunista organizada por Trujillo. La relación conspirativa entre el dictador dominicano y el comandante del II Frente Nacional del Escambray, William Morgan, había sido establecida por representantes de la mafia italo-norteamericana poco después del triunfo de enero. En esa oportunidad Morgan se había jactado asegurando que por un millón de dólares era capaz de derrocar a Fidel Castro. Tras varias semanas conspirando, temeroso de ser descubierto, decidió informar al estado mayor del Ejército Rebelde, pero ya la conjura era del conocimiento de las autoridades.

En dos viajes a Miami en abril y mayo, Morgan contactó con el cónsul dominicano, coronel Augusto Ferrando, y con el representante especial de Trujillo, el sacerdote Ricardo Velazco Ordóñez. Éste viajó a Cuba en junio para ajustar la participación en la componenda de representantes de la alta burguesía nacional y exmilitares batistianos. Al regresar de un tercer viaje a la Florida, a principios de agosto, Morgan recibió un yate con un valioso cargamento de armas para los complotados y una fuerte suma de dinero.

Este fue el momento en que la dirección de la Revolución decidió neutralizar las inminentes acciones paramilitares, lo que posibilitaría adicionalmente hacer fracasar la encerrona diplomática que se fraguaba contra Cuba en la reunión de cancilleres convocada por el Consejo de la OEA. El 7 de agosto, bajo la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro y con la participación de los comandantes Juan Almeida Bosque, Ramiro Valdés Menéndez, Efigenio Ameijeiras Delgado y Augusto Martínez Sánchez, entre otros, se desencadenaron las detenciones que neutralizaron a los principales conspiradores.

Al día siguiente las operaciones se trasladaron hacia la ciudad de Trinidad, en cuyos alrededores ya se encontraban desplegadas las Fuerzas Tácticas de Combate del Centro, al mando del comandante Filiberto Olivera Moya, de su jefe de operaciones, el comandante Juan Abrantes Fernández y el jefe de plana capitán Orlando Lorenzo Castro. El jefe del batallón era el capitán Héctor García Tamayo. El pelotón comandado por el primer teniente Jesús Núñez Núñez ocupó la playa El Ancón y el dirigido por el capitán Reynaldo Perera García la playa El Inglés, donde el 11 de agosto un avión dominicano lanzó un gran alijo de armas y otros pertrechos de guerra.

En estas nuevas circunstancias la jefatura militar revolucionaria decidió hacerle creer a Trujillo que el sur de la zona central del país estaba tomado por los conspiradores, por lo cual las condiciones estaban creadas para iniciar la invasión. Tropas bajo el mando del capitán Félix Cabrera Reyes, de las Fuerzas Tácticas de Combate, y Eladio Machín Estévez, del Escuadrón de la Policía Rural Revolucionaria, ocuparon Trinidad y con la ayuda de la población se simularon las condiciones de una plaza sitiada. Fue tan perfecto el escenario logrado, que resistió el 12 de agosto una inspección personal del sacerdote Velazco Ordóñez, quien trasladaba además pertrecho bélicos, entre ellos 10 bazucas, 3 000 pistolas, cinco radios portátiles y otros medios de comunicación. Una compañía rebelde disfrazada de campesinos gritaba en la pista aérea: "¡Viva Trujillo! ¡Abajo Fidel!"

En las proximidades de la pista de aterrizaje Fidel Castro observaba los acontecimientos en compañía de Camilo Cienfuegos, Celia Sánchez, Demetrio Montseny y otros oficiales rebeldes. Las comunicaciones radiales con Ciudad Trujillo, a cargo del joven Manuel Cisneros Castro, tenían como fondo el ruido de las explosiones y los disparos que correspondían al ficticio combate que se desarrollaba.

En República Dominicana, los trujillistas planearon enviar a Cuba dos aviones P – 51 Mustang para bombardear los alrededores de Trinidad y propiciar las condiciones para el desembarco final. También planteaban que un oficial de los sublevados viajara a República Dominicana en uno de los aviones para que dirigiera los suministros de armas. Esto último ponía en riesgo toda la operación de inteligencia.

Desenlace

El Comandante Fidel Castro y otros altos oficiales impeccionan el armamento ocupado.

Pero ya el mando revolucionario había decidido concluir la operación y capturar el próximo avión y sus tripulantes para denunciar al mundo la agresión dominicana y desbaratar el componente diplomático puesto en marcha en la Quinta Reunión de Consulta que ya desde el día anterior se estaba celebrando en Santiago de Chile.

Sobre las ocho de la noche apareció el C – 47 de la fuerza aérea dominicana. A bordo viajaban 11 hombres, de los cuales seis permanecerían en Cuba y cinco regresarían a Ciudad Trujillo. El avión era piloteado por el teniente coronel Antonio Soto Rodríguez, piloto del avión en que Batista había abandonado Cuba el 1 de enero de 1959.

Los expedicionarios que descendieron del avión fueron rápidamente neutralizados; pero una descordinación con la señal dentro de la aeronave provocó que el excapitán Francisco Betancourt advirtiera el engaño y abriera fuego contra los revolucionarios que se aprestaban a detener a los tres restantes, que permanecían dentro del C – 47 con los motores encendidos. Se inició entonces un intenso tiroteo que al terminar se saldaba con la muerte del excapitán Francisco Betancourt y el copiloto Carlos Vals, además de heridas al piloto Antonio Soto, por parte de los trujillistas.

Del lado revolucionario resultaron muertos el primer teniente Elíope Paz Alonso y el civil Frank Hidalgo Gato y heridos el capitán Domingo Ortega Acosta, el capitán José Arcadio García Aguilar, los primeros tenientes Eldo Sánchez, Fidel Salas Veloso y Oscar Reytor Fajardo (quien fallecería 42 días después producto de las graves heridas) y los tenientes Jesús La Rosa Sabina, Jorge Bencerril y Héctor Rodríguez, y el piloto de la Fuerza Aérea Luis José Cereceda.

Los arrestados en la Conspiración Trujillista fueron condenados a distintas penas de cárcel. Una vez cumplida la sanción, se les facilitó la salida del país a los que quisieron hacerlo.

Fuentes