El Cano-Valle Grande-Bello 26 y Morado (La Lisa)

El Cano-Valle Grande-Bello 26 y Morado
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Consejo Popular de Cuba
EntidadConsejo Popular
 • PaísBandera de Cuba Cuba
 • ProvinciaLa Habana
 • Municipio Municipio La LIsa
Iglesia de el cano.JPG

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El Cano - Valle Grande - Bello 26 y Morado es un consejo popular del municipio La Lisa. La Habana, Cuba. Tiene una extensión territorial de 11.30 Km2 y una población de 9 044 habitantes aproximadamente.

Ubicación

Colinda al norte con Arroyo Arenas y Punta Brava, al sur con la autopista nacional y con el municipio Boyeros, al este con Valle Grande y al oeste con el reparto Bello 26.

Características Geográficas

Zona arcillosa flanqueada por dos pequeños arroyos tributarios del río Marianao. Sin grandes alturas ni montes muy intrincados.
El clima de este consejo se corresponde con el de sabana tropical, típica para todo el país, con un período seco de diciembre a abril y otro lluvioso de mayo a noviembre. La temperatura media anual en este territorio oscila entre 24º y 26º Celsius

Historia

El primer paso en el proceso de evolución económica del territorio fue la merced otorgada para el corral de El Cano. El mismo fue admitido a diligencias el 10 de mayo de 1587 y otorgado a merced el 25 del mismo mes y año a Martín González Cano.
El Corral... era de forma circular y tenía una legua de diámetro.

Su perímetro poseía una longitud de 13,13 km. lineales aproximadamente y abarcaba una superficie entre 14 y 14,5 km2. Estaba ubicado su centro a cinco leguas de La Habana y limitaba con los corrales Ojo de Agua, Guatao, y Guajay, extendiéndose hasta las proximidades del río Quibú e incluyendo una buena parte de las tierras que ahora conforman el municipio La Lisa.

En 1675 eran sus dueños el alférez y mayor Don Nicolás Castellón y Don Jacinto Pedroso y lo habían dedicado a la cría de cerdos. Ambos el 10 de junio de dicho año hicieron solicitud a las autoridades correspondientes de que les concedieran merced de una franja de terreno, comprendida entre el arroyo Marianao y el realengo Jaimanitas por la vuelta del noroeste, que según ellos, necesitaban para reparar y resguardar sus ganados concentrados en los corrales Guatao y El Cano.Siglo XVI

Puede así constatarse que en un inicio la explotación de la ganadería era el objetivo fundamental a que fueron destinados los terrenos mercedados en este territorio. Por tal motivo se supone que la actividad de los colonizadores comienza a hacerse ostensible por estas regiones hacia fines del siglo XVI de donde se derivará, a largo plazo, la formación de los primeros núcleos de población.

En fecha 23 de enero de 1711 se dio licencia, por el cabildo de La Habana, para demoler el corral El Cano y al mismo tiempo se autorizó a Don Francisco del Barco, médico llegado del Perú, para que construyera un ingenio en terrenos de Don Lucas Franco. La aprobación de esta solicitud demostró que la ganadería extensiva había agotado ya sus posibilidades y atravesaba por una gran crisis que también se manifestaba en la zona y que hacía necesaria su sustitución por la industria azucarera. A su vez el desarrollo de esa nueva actividad económica propició el incremento de la población y con ella, la fundación de El Cano en 1723.

Con la creación del poblado fue edificada la iglesia alrededor de la cual se iría agrupando el caserío, según el patrón español de fundación de villas. En 1730 fue construida una iglesia de madera sin torre, que quedó declarada tenencia de la parroquia de Guanajay, bajo la devoción de la Purísima Concepción.
Posteriormente en 1765 fue erigida la parroquia, siendo declaradas auxiliares las iglesias de Guatao y Corralillo. La parroquia de El Cano llegó a ser, posteriormente, una de las más ricas en cañaverales.

Población

No se cuenta con información estadística sobre la composición de la población en fechas tan tempranas, ni tampoco con cifras de la introducción de esclavos en la zona, pero esta región no escapó a la mayor importación de nuevos esclavos con el desarrollo y expansión de la industria azucarera, como parte de la economía habanera en la que la esclavitud alcanzó el máximo desarrollo en la etapa comprendida entre 1820 y 1845. Así vemos que en 1841 se registran para El Cano 1118 habitantes pero no se clasifica la composición de su población; en el censo de 1846, de un total de 1170 habitantes se registra un número de 887 blancos, 213 libres de color y 70 esclavos.

Según las estadísticas de 1862 en El Cano había 19 esclavos y 122 libres de color, de un total de 876 habitantes.
La disminución de la población negra esclava, desde el período de auge de la industria azucarera hasta mediados del siglo XIX es evidente.
Existe evidencia de esclavitud asiática un ejemplo de ello fue que en el pueblo de El Cano existió entre los primeros tejares uno, dedicado a la fabricación de ladrillos, en el que solo trabajaban chinos.

Otra evidencia de la esclavitud asiática en la historia del actual municipio, se recoge poco tiempo después de 1878 también en El Cano. Se trata de la construcción con mano de obra china del puente “Salas” sobre el arroyuelo que cruzaba la carretera de enlace entre El Cano y Arroyo Arenas.

Realización de alfarería y hornos de quema

Actividades económicas fundamentales

Al convertirse el azúcar en el principal artículo de exportación de la Isla, los hacendados se dieron febrilmente a la empresa de cultivar plantaciones cañeras, fomentar ingenios y procurarse en el mayor grado posible mano de obra barata con la libre introducción de esclavos.

En lo que abarcaba la parroquia de El Cano, el número de esas primitivas fábricas de azúcar era de 21 en 1800, pero para 1827 al arruinarse numerosos hacendados ante la baja del precio del azúcar y la introducción de la máquina de vapor para la que se requería un gasto de cierto caudal monetario, estuvieron forzados a emprender otros tipos de actividades.

Esta fue la causa de que en los años siguientes la riqueza del pueblo se redujera fundamentalmente a la agricultura, y que los cultivos de mayor difusión fueran: arroz, café, frijoles, maíz, plátanos, hortalizas, frutas, viandas, etc. La diversificación económica que sobrevino se refleja en los datos de la producción agrícola del período de 1858-1859, que aparecen a continuación:

Producto
Producción en Arrobas
Caballerías de ese cultivo
Café
1000
5
Arroz
4600
8
Frijoles
1800
3
Millo
750
6
Maíz
600
-
Plátano
4000
25
Vianda
8000
-
Hortalizas
280
3


Contaba con 21 potreros en 1858. En esta misma fecha se registraron las siguientes cabezas de ganado:

Toros y vacas
116
Añojos
398
Caballos
361
Asnos
3
Cerdos
501
Lanar
179
Cabras
203


Posteriormente en 1862 la cifra de potreros aumentó a 27, cuya renta era de $24, 445. Ha de suponerse entonces que la actividad ganadera alcanzó cierto desarrollo en la zona.
No solo las actividades agropecuarias alcanzaron gran importancia, además, debido a la naturaleza de su suelo (zona arcillosa flanqueada por dos pequeños arroyos tributarios del río Marianao) comenzó a desarrollarse en la alfarería a partir de 1845.

Ya hacia fines de 1858 existían 15 tejares, donde laboraban alrededor de 41 maestros alfareros. Este pueblo llegaría a convertirse a mediados del siglo XIX, en uno de los más importantes núcleos alfareros de la porción occidental de la Isla, y con el andar de los años dicha actividad representó la principal fuente de riqueza de la zona.

Taller de alfarería

En un principio las técnicas empleadas en los tejares era muy primitivas y la rueda del alfarero constituyó el instrumento fundamental en la fabricación de los distintos objetos que se confeccionaban a mano. El barro que se extraía de los alrededores del pueblo, era amasado por bueyes y caballos que “pisaban” el material hasta que adquiría la consistencia adecuada para ser trabajado.

Para la creación de las piezas se utilizaban al llamado horno criollo, construido con ladrillos y alimentado con leña.
(poner imágenes)Torno del alfarero y horno criollo en tejares actuales
Los objetos elaborados eran tirados por mulos hasta la ciudad, donde se vendían en casas comerciales.

Principales manifestaciones de rebeldía

Las primeras manifestaciones de rebeldía de que se tienen noticias establecen en el Guatao (perteneciente al El Cano) la existencia de un palenque llamado Guanímar.
Hubo sublevaciones de esclavos en la hacienda Guatao (1795) y en varios ingenios (febrero y octubre de 1798), aunque se carece de datos precisos sobre el lugar exacto en que se ubicó el refugio, la cantidad de negros participantes y el carácter de dicha sublevación.

En el siglo XVIII, con una connotación diferente, se apunta para esta zona la participación en la resistencia ante el ataque inglés a La Habana, como parte de las milicias de Chacón a quién estuvo asignada la defensa de la zona oeste de la ciudad.

No obstante en nuestros primeros poblados se produjeron importantes manifestaciones de participación en la actividad conspirativa que marcaba los inicios del ideal independentista en la isla.
A raíz del inicio de las guerras por la independencia, en el actual territorio del Municipio La Lisa, se fueron a la manigua oriental Francisco Herrera y otros hijos de El Cano, y el 21 de marzo de 1869 fueron deportados a la isla de Ceuta 250 personas acusadas de conspirar a favor de la independencia de Cuba, entre las cuales se encontraba el joven Luis Blanco, natural y vecino de Guatao.

El período posterior a la Guerra de los Diez Años, conocido para la historia de Cuba según el bautizo martiano como de "Tregua Fecunda"- también fue fértil en este territorio pues se recoge información sobre los grupos de conspiradores y la creación de los clubes revolucionarios que los agruparon hacia 1878.

Al estallar la guerra del 95 muchos vecinos de El Cano se lanzaron a la manigua o colaboraron con los insurrectos. Entre ellos puede destacarse la figura de Carlos Marrero Brito, quién murió en 1898, con el grado de Comandante del Ejército Libertador. Simples vecinos como Juan Santos y su esposa Clara Rivero López, Francisco Gómez, Alberto Guzmán, Andrés Baeza, Ignacio Zamora, entre otros fueron también activos colaboradores de la revolución.

El año 1898 no fue solo este el indicador de pujanza de la Revolución en la zona, también el laborantismo continuó creciendo y para septiembre de ese año se creó el Club Patriótico Juan Bruno Zayas, en El Cano, del que fue electo primer presidente Carlos Ramírez Oquendo y uno de sus vocales, Juan Santos.
Juan Santos y su esposa Clara Rivero López se habían vinculado a la guerra desde mucho antes.

Fue particularmente importante la actividad desplegada por Clara que ejecutó verdaderas proezas en el trasiego de correspondencia, medicinas, parque, armas, alimentos; acciones todas que la vincularon con grandes patriotas de la guerra: Máximo Gómez, José María Rodríguez, Juan Delgado, Baldomero Acosta, Perfecto Lacaste, entre otros. Para su actividad en la lucha utilizó el seudónimo de “Teodora”. En justo reconocimiento a su meritoria labor recibió el grado de Capitana.

El 4 de diciembre de 1898, se produjo la entrada de los libertadores en El Cano. Alrededor del parque les recibió el pueblo alegre y engalanado, encabezado por los esposos Juan Santos y Clara Rivero, así como por otros miembros del Club Patriótico de ese pueblo que portaban una enorme bandera cubana, cuidadosamente cosida a mano por Clara durante la guerra.

El período de ocupación militar norteamericana en el territorio

El 1 de enero de 1899 el Ayuntamiento de El Cano decide cambiar el nombre de sus calles más importantes por otros en homenaje a personalidades y hechos de la Guerra de 1895, en la localidad.

La Asamblea de Representantes de la Revolución, que había comenzado sus sesiones el 24 de octubre de 1898 en Santa Cruz del Sur, decidió trasladar sus sesiones para El Cano. El 15 de febrero de 1899 reanudó sus trabajos en la sede del Ayuntamiento de este poblado, presidida por el General Freyre de Andrade.

Las medidas que en el orden sanitario y educacional aplicó la Ocupación Yanqui en Cuba tenían como finalidad preservar a su propio ejército y garantizar la preparación indispensable a la fuerza de trabajo de que dispondrían en el futuro dentro de un país que sería campo para sus inversiones de capital.
Muchos cubanos que tenían nivel para ello fueron enviados a Estados Unidos a prepararse en los llamados “Cursos de Verano” para regresar a hacerse cargo de aulas en calidad de “Maestros de Certificado”.

Así, Clorinda Ruiz Braña, que había sido farmacéutica en El Cano, posición desde la que contribuyó notablemente con las fuerzas del Ejército Libertador en el territorio, fue a prepararse como maestra. Esta maestra devino por su dedicación y por sus raíces patrióticas en un ejemplo cimero del magisterio del territorio. En El Cano ejerció su profesión durante el resto de su vida, y en su honor, además del noble cariño de muchas generaciones que le recuerdan aún, lleva su nombre la escuela primaria de ese pueblo.

Urbanización y desarrollo poblacional con el surgimiento de la república

Para dar mejor acceso a la necrópolis se mejoró la red vial de la zona incluyendo la carretera de El Cano y una nueva calle que enlazaba el cementerio con la Calzada Real en Punta Brava.

La construcción del Acueducto de Marianao ayudó a resolver el problema del agua a Arroyo Arenas y El Cano.

Fue beneficiado con algunas construcciones que en apariencias formaban parte de su obra “filantrópica”; ejemplos suficientes tendremos en lo sucesivo en instituciones sociales, educacionales, de salud y religiosas.
En cifras de población los censos de la etapa republicana resultan muy incompletos porque no en todas las fechas se incluyeron los distintos barrios o poblados que conforman el Municipio actual. No obstante quedaron registrados los habitantes por barrios que a continuación se señalan:

Años    El Cano
1899        -
1909     1717
1943     3222
1953     3398

Evolución de la economía durante la época republicana

Las tierras de El Cano produjeron excelentes cosechas de tabaco en las primeras décadas del siglo XX.
En cuanto a la industria, alcanza un mayor nivel de desarrollo, al introducir en las producciones alfareras mejoras técnicas, sin abandonar las formas originales; así comienza a utilizarse la “máquina de cazuela” que realizaba mecánicamente el moldeado interno de las vasijas, y se mejora el amasado del barro haciéndose en menor tiempo.

Hacia 1925 existían en El Cano alrededor de 4 ó 5 tejares grandes y 10 pequeños, con una elevada demanda de su producción de cazuelas de barro, utensilio imprescindible en los hogares del país, así como de otros objetos famosos por su resistencia al fuego, como tejas y platos.

El desplome de algunos tejares durante el ciclón del 26 provocó una sensible reducción de las producciones, lo que unido a la competencia que ofrecían los útiles de cocina elaborados con aluminio, hizo que la industria alfarera de El Cano atravesara una profunda crisis, de la que se iría recuperando durante la década del 40, al introducirse una tecnología más avanzada para elaborar tubos de barro para instalaciones sanitarias y la incorporación de nuevas producciones como bebederos para conejos, de gran aceptación popular, Poner fotos Producción de Vasijas de Barro

Este tipo de producción con predominio de mano de obra artesanal familiar a partir de la propiedad de los tejares, o de pequeños comercios de diferentes tipos, convirtieron a El Cano en un pueblo artesanal de familias con algunos recursos y con una fuerte mentalidad pequeño burguesa a lo que contribuía también la influencia politiquera de empleados del Ayuntamiento de Marianao, de los miembros de la policía o el ejército de la tiranía y de los vínculos, por empleo o favores, de la influyente Marta Fernández de Batista, vecina en su finca campestre de “Kuquine”.

Desde su fundación se caracterizó este poblado por una fuerte religiosidad y ya en la década de 1950 su parroquia era el centro de una división eclesiástica que abarcaba poblados tales como Wajay y Arroyo Arenas, se extendía hasta Jaimanitas. Contradictoriamente con esta influencia, en igual período, alcanzó asombrosa difusión el juego, no solo de bolita y charada, sino también el monte, el póquer y el bacará.

Situación socio – cultural en la etapa Neocolonial

La caracterización del estado socio- cultural del territorio en época de la República Neocolonial es, necesariamente, un conjunto de insuficiencias, acumulación de males y manejos turbios, relacionados con las esferas de la educación, la salud, la cultura y el deporte. Dentro de eso algunos destellos quedan de instituciones y personalidades, que aportaron al buen desarrollo y a la formación de tradiciones.

También encontramos referencias en las primeras décadas del siglo a una escuela pública para varones y otra para hembras en El Cano, en la primera de las cuales desempeñaba su magisterio Clorinda Ruiz.

Batista y su servidor el alcalde Orúe, emprendieron la construcción de un nuevo centro Escolar en el poblado de El Cano, Escuela Primaria Clorinda Ruiz, que quedó inaugurado en septiembre de 1958.

La falta de atención estatal y la diferenciación social con clases y capas con medianos y altos ingresos posibilitaron la proliferación de escuelas privadas y religiosas, muchas de ellas en instalaciones modestas y con tarifas asequibles a los ingresos de esa clase media De ahí que sin resolver el problema de la mayoría, las escuelas privadas y religiosas viniesen a dar una alternativa a las necesidades educacionales de las capas de población con medianos y altos ingresos.

En la década de 1950 funcionaba la escuela parroquial anexa a la iglesia de El Cano
Los datos del censo de 1953 solo el 2% de la población era universitaria.

Durante la alcaldía de Francisco Orúe se construyeron algunos centros de socorro, correspondiendo en el Cano la inauguración del Julio Galetti situado en 284 y 81. Algunos peloteros procedentes del El Cano llegaron a integrar las nóminas del béisbol profesional de los Estados Unidos, La construcción del campo de béisbol en el Cano.

Los cines de barrio por su módico costo constituyeron el lugar de expansión por excelencia para los residentes de la localidad. Punta Brava (La Lisa), Arroyo Arenas (La Lisa) y El Cano contaron con un cine cada uno.

La Fiesta del Alfarero en El Cano formó parte de las tradiciones culturales nacidas en la época de la República Neocolonial. Aparece en 1945 coincidiendo con el centenario de esa industria local patrocinada por los dueños de tejares que buscaron en estas fiestas una vía para aumentar sus ventas, pero con el tiempo se convirtió en una linda tradición de arraigo popular, que se celebraba fundamentalmente en el último fin de semana de septiembre.

Primeras medidas revolucionarias

De sensible repercusión en el territorio fueron las rebajas de tarifas telefónicas y de la electricidad y especialmente la rebaja de los alquileres. Miles de familias fueron beneficiadas con la supresión del desalojo del que estaban ya amenazados al momento del triunfo de la Revolución.
La Ley de Reforma Agraria, aprobada en mayo del 59, benefició a varios campesinos en la adquisición de tierras, ejemplos de esta situación la finca Cotillero en el barrio de El Cano, cuyo propietario tenía arrendadas dos caballerías a Félix Díaz Rodríguez y además de no permitirle chapear el marabuzal le exigía poseer un número muy limitado de reses; así mismo el dueño de la finca Cruz de Piedra nunca accedió a que Vicente Valdés-Pino Pérez se mudara para el pedazo de tierra que desde 1951 le tenía arrendado, obligándolo a seguir viviendo en el entonces insalubre Reparto La Concepción. También benefició a otra importante parte de pequeños productores de frutos menores, viandas, cría de ganado y producción de leche.

Entre los sectores priorizados por la Revolución desde el primer momento estuvieron la educación y la salud
De manera inmediata, a partir de enero de 1959, se amplió en el territorio el número de escuelas para dar cobertura a las necesidades acumuladas en población desatendida con edad escolar.
A esta zona llegó la alfabetización por medio de brigadas especiales campesinas.

Se concretaron en El Cano obras de significación popular tales como el arreglo y pavimentación de calles, la construcción de aceras y contenes, de un centro comercial moderno y amplio, de una nave para la escuela de cerámica y el taller de artesanía, un parque infantil y un terreno deportivo; se reparó el centro escolar “Clorinda Ruiz”, se realizó la adaptación del local para la Biblioteca “Conrado Benítez” que fue abierta al público el 11 de octubre de 1963; el antiguo Liceo fue demolido para levantar en su lugar un nuevo Círculo Social más moderno y amplio, inaugurado el 25 de diciembre del 63 con el nombre de “Roberto Negrín”; unos días después en enero del 64 abrió sus puertas el Círculo Infantil “Semillitas del Futuro” en adaptación de la casona de la finca de recreo “Graciosa” y un poco más tarde se inició la construcción de un edificio para escuela secundaria básica, con lo que se resolvió el problema de los estudiantes de ese nivel que debían venir a La Lisa.

Esta escuela fue inaugurada el 21 de octubre de 1965 y adoptó como nombre esa fecha, que señalaba la integración de las distintas organizaciones del movimiento juvenil revolucionario en la AJR; años más tarde cambió su nombre por el de “14 de Junio” en honor al nacimiento de Antonio Maceo y de Ernesto Guevara

Bello 26

La urbanización del territorio continuó en función de sustituir antiguos barrios marginales.
En una extensa área despoblada del Balcón de La Lisa (lo que es hoy Bello 26) en ave 81 y 240 se inició la construcción de un reparto que daría albergue a familias del reparto Zamora de Marianao. En 1963 se entregaron para ser habitadas las primeras 250 viviendas y en años posteriores este continuó creciendo con nuevas construcciones, hasta conformar el actual reparto “Bello 26”.

Valle Grande

En la zona aledaña a la Autopista que conduce a San Antonio de los Baños, se produjo la construcción de otro importante asentamiento que debía sustituir un barrio insalubre aparecido con anterioridad alrededor del Autocine Novia del Mediodía, así como otorgar vivienda a vecinos y pequeños propietarios de terrenos aledaños a la Autopista que se incorporaron al Plan del Cordón de La Habana.

Surgimiento

La construcción de este reparto se inició el 13 de noviembre de 1967 y fue inaugurado 44 días después, el 6 de enero de 1968 con la presencia del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz. Contó inicialmente con 120 casas del tipo prefabricado, y fueron entregadas completamente amuebladas sin costo alguno para sus moradores.

El reparto estaba dotado además de alumbrado eléctrico, aceras, áreas verdes, centro comercial, círculo infantil, campo deportivo y agua potable. Inmediatamente después se inició la construcción de la escuela primaria para niños de primero a sexto grados, residentes en la comunidad y en las fincas vecinas.

En el acto inaugural Fidel planteó a la multitud el problema del nombre que denominaría a la nueva comunidad. Fue aprobado por todos “Valle Grande”, en tributo de recordación al Comandante Ernesto Guevara, por llamarse así, en
Bolivia, el Departamento en cuyo territorio fuera vilmente asesinado tres meses atrás.

Fuente