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Francisco de Oraá

Francisco de Oraá
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Francisco de Oraá.jpg
Poeta y ensayista cubano.
NombreFrancisco de Oraá Carratalá
Nacimiento4 de julio de 1929
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento27 de febrero de 2010
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadCubana
CiudadaníaCubana
OcupaciónPoeta y ensayista
Partido políticoPartido Socialista Popular, Partido Comunista de Cuba
FamiliaresPedro de Oraá y Rolando de Oraá (hermanos)
Obras destacadasEs necesario, Por nefas
PremiosPremio Nacional de Literatura de Cuba (1993)
Sitio web
Francisco de Oraá

Francisco de Oraá Carratalá (1929-2010). Fue un importante poeta y ensayista cubano que desde muy joven se caracterizó por su actividad revolucionaria, siendo adolescente integró la Juventud del Partido Socialista Popular. Por su producción literaria obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Cuba en el año 1993.

Biografía

Nació el 4 de julio de 1929 en La Habana. Niño aún, su familia se traslada a Caibarién, en la provincia de Villa Clara, donde reside hasta 1960, año de su radicación definitiva en la capital del país. Cursó sus estudios de bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Remedios, en la propia Villa Clara.

Adolescente, se inscribió en la Juventud del Partido Socialista Popular en 1943, y desde entonces desarrolló numerosas tareas como militante en el centro docente donde estudiaba. Muy temprano comenzó a mostrar vocación por las letras, pues colaboró en la revista de literatura para niños titulada Ronda, editada en provincia, pero de circulación nacional, y hacia 1941 dio a conocer textos suyos en Archipiélago, de Caibarién, que se distribuía por América Latina. Sin haber salido de la adolescencia, colaboró también en El País Gráfico.

Después de 1959, con trabajos de carácter político y ocasionalmente literarios, difundiría su nombre en otras páginas: Hoy Domingo (suplemento literario del periódico Hoy, del Partido Socialista Popular), Revolución, Prensa Libre, El Mundo, periódicos de gran relieve en la vida cultural del país. Después de establecerse en La Habana en 1960, desempeñó la labor de bibliotecario en la recién fundada Escuela para Instructores de Arte, en la que además dirigía la superación obrero-campesina de los trabajadores del centro e impartía clases a empleados y becarios.

Tras varios años de desempeño en la biblioteca y en la docencia, empezó a trabajar en 1966 como secretario de redacción de la revista Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cargo que desempeñó hasta 1996. Para la editorial de esa institución realizó asimismo ediciones de libros como miembro de su Comisión de Publicaciones. Durante los tres decenios en que fue editor de Unión y de numerosos libros, hizo traducciones directas del francés y muchas versiones, a partir de transcripciones literales, de poemas de autores rusos, búlgaros, húngaros y de otros países del entonces campo socialista.

Entre sus traducciones del francés se encuentran Cartas a Theo, de Vincent Van Gogh, editado por el Instituto Cubano del Libro, y Viajes a las islas de la América, de P. Labat, editado por Casa de las Américas. Ha colaborado con poemas, traducciones y ensayos críticos en las revistas Unión, Casa de las Américas, Bohemia, La Gaceta de Cuba, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Islas, Revolución y Cultura. Como parte de su vida literaria, ha sido de Oraá jurado en el concurso latinoamericano Casa de las Américas, en el concurso nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y en los de Talleres Literarios de diversas provincias del país. Ha viajado a Bulgaria y a la antigua Unión Soviética representando a los escritores cubanos en el Festival Pushkin y en el Festival de las Literaturas Soviéticas. Su obra poética ha sido traducido al polaco, francés, ruso, búlgaro, yugoslavo, y ha sido dada a conocer en revistas literarias y libros. Su novela La parte oscura fue traducida al alemán. En 1978 ganó el Premio «Julián del Casal», de poesía, otorgado por la UNEAC, por su libro Ciudad ciudad.

En 1986 le fue otorgado el Premio de la Crítica, del Ministerio de Cultura, entregado anualmente a los diez mejores libros del año anterior, por su poemario Haz una casa para todos. En 1989 ganó el Premio «La Rosa Blanca», de literatura para niños, por su poemario Mundo mondo, y en 1998 el Premio de la Crítica por La parte oscura. En 1993, en reconocimiento a la calidad de toda su obra, se le concedió el Premio Nacional de Literatura, otorgado por el Ministerio de Cultura.

En 1995 participó con una ponencia en el Colloque International à José Martí, convocado por L' École Normale Superieur de Fontenay-St. Cloud, Francia. Falleció el 27 de febrero de 2010 a la edad de 80 años[1].

Bibliografía activa

  • Es necesario. Editorial Belic, La Habana, 1964.
  • Por nefas. Ediciones Unión, La Habana, 1966.
  • Con figura de gente y en uso de razón. Ediciones Unión, La Habana, 1968.
  • Bodegón de las llamas. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1978.
  • Ciudad ciudad. Ediciones Unión, La Habana, 1979.
  • Desde la última estación. Poemas. Antología, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983.
  • Haz una casa para todos. Poemas, Ediciones Unión, La Habana, 1986.
  • Bodas. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986.
  • La espada en el sol. Contribución a una lectura poética de Martí. Ediciones Unión, La Habana, 1986.
  • Mundo mondo. Editorial Gente Nueva, La Habana, 1989.
  • La parte oscura. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1997.
  • De crítica invención. Ediciones Unión, La Habana, 1999.

Opiniones sobre él

«Francisco es uno de los poetas de la Historia de la lírica cubana de todos los tiempos, no solo de su generación ni del siglo XX. Creo que es un poeta poco divulgado en Cuba y menos, fuera de Cuba. Un hombre silencioso, muy humilde, muy modesto, un poeta de una gran intimidad. No de una obra muy extensa sino muy intensa. Y, a partir del triunfo de la Revolución, lo colectivo con lo personal es una forma muy profunda. Ademas, es un magnífico crítico. Ha hecho una de las mejores interpretaciones que yo conozca de los Versos Sencillos, de José Martí.» Cintio Vitier

Valoraciones de su obra

Cintio Vitier[2] expresó sobre su obra:
Sí, el contexto del solipsismo era el mercado, la usura, el lucro. La esperanza apocalíptica, en fin, lo que está en el fondo cegador de todas las religiones y de todas las revoluciones, la ciudad que sea el reino de la justicia y de la paz, la ciudad santa de los hombres, comparece fascinante al final de este libro de enseñanza bíblica, articulado por tres momentos esenciales: Expulsión, Cantar de los Cantares, Apocalipsis... De este modo el que apenas tenía «figura de gente»... entra en «uso de razón» como animal del espíritu, racional y político, hijo de la polis que hay que construir incesantemente con la razón y el amor, con la razón del amor.
Raúl Hernández Novás[3] expreso sobre su obra:
La poesía de Oraá en la década de 1950 es, como el título Por nefas indica, un desesperado braceo contra una realidad adversa, enajenante. Los temas esenciales son la soledad y la angustia. (...) Ese fenómeno se muestra en la insaciable proliferación de la imagen, que produce cierta hurañez, cierta oscuridad. Se trata de poemas siempre introspectivos, de severa densidad. Su «intención formal de desaliño y desgarbo» -como dice en la solapa de Por nefas lo alejaba, por otra parte, de la directa comunicación emocional y la limpieza intentadas por algunos poetas de Orígenes. En Con figura de gente (...) hallamos ya un contrapunto entre el doble diapasón de la soledad y la solidaridad. (...) El fenómeno más singular que distingue a la poesía de Francisco de Oraá es su no ruptura con la poesía anterior, pues, aunque hay cambios evidentes, y una manera muy personal de decir, esa avidez por la imagen se conserva, en momentos en que se intentan otros caminos («antipoesía», poesía narrativa o coloquial). El cambio de actitud está en que ahora Oraá marcha a encontrar al hombre común sin renunciar a un ya formado estilo, aunque con un lenguaje en general más sencillo. Otra característica importante de la poesía de Oraá es -digámoslo así- su ingenuidad. Con esto no aludimos a primitivismo o falta de oficio literario, sino al hecho de que sus poemas, más que construcciones perfectas, prefieren ser testimonios sinceros de sentimientos originales, prístinos.

Referencias

Fuentes