Saltar a: navegación, buscar

George Washington

Este artículo trata sobre Washington. Para otros usos de este término, véase Washington (desambiguación).
George Washington
Información sobre la plantilla
George Washington.jpg
Retrato del George Washington
Presidente de los Estados Unidos de América
1.er Presidente de los Estados Unidos
30 de abril de 1789 - 4 de marzo de 1797
VicepresidenteJohn Adams
SucesorJohn Adams
Comandante en jefe del Ejército Continental
15 de junio de 1775 - 23 de diciembre de 1783
SucesorJohn Adams
Datos Personales
Nacimiento22 de febrero de 1732
Colonia de Virginia, América Británica
Fallecimiento14 de diciembre de 1799
Mount Vernon, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
OcupaciónGranjero y militar
CónyugeMartha Dandridge Custis
PadreAugustine «Gus» Washington
MadreMary Ball

George Washington (Estados Unidos, 22 de febrero de 1732 - 14 de diciembre de 1799). Fue un rico terrateniente, Coronel del Ejército británico en América del Norte, Comandante en jefe del Ejército Continental de las fuerzas revolucionarias en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775-1783), y primer presidente de los Estados Unidos de América (1789 - 1797, dos mandatos). La vida de Washington queda reflejada en la frase «el primero en la guerra, el primero en la paz y el primero en el corazón de sus compatriotas».

En 1793 fundó la nueva capital federal, bautizada Washington en su honor, aunque la residencia presidencial no se trasladaría allí hasta tiempos de su sucesor en el cargo, John Adams.

Biografía

Infancia

Los antepasados de Washington provenían de una distinguida familia inglesa oriunda de Northamptonshire, Inglaterra. Su abuelo, John Washington, llegó como inmigrante a Virginia en 1657 y había logrado amasar una considerable fortuna por lo que su familia estaba considerada como miembro moderadamente prósperos de la aristocracia de Virginia de «mediano rango».

El padre de George, Augustine «Gus» Washington (16931743), había estudiado en Inglaterra y poseía inmensa propiedades, ya sean plantaciones trabajadas por esclavos o negocios dedicados a la extracción de hierro; al enviudar de su primera mujer, Jane Butler, quien le había dado cuatro hijos, contrajo segundas nupcias con Mary Ball (17081789), de una respetable familia de Virginia, que le dio otros seis vástagos, entre ellos George, quien nació el 22 de febrero de 1732[1] a orillas del río Potomac, en la finca de Bridge's Creek, en el antiguo condado de Westmoreland, en el actual estado de Virginia.

Washington tuvo poca educación formal, sus padres lo destinaban a ser un agrimensor y por ello solo estudio en las escuelas rurales de aquel tiempo: entre los siete y los quince años estudió de modo irregular, primero con el sacristán de la iglesia local y luego con un maestro llamado Williams. Alejado de toda preocupación literaria o filosófica, el muchacho recibió una educación rudimentaria en lo libresco, pero sólida en el orden práctico, al que lo inclinaba su activo temperamento.

Juventud

Existe un famoso mito sobre su juventud: Una vez, taló un cerezo de su padre. Cuando este le preguntó quién lo había hecho, Washington le dio su famosa respuesta: «No puedo decir una mentira; fui yo, papá». Según algunas versiones, su padre no le castigó a causa de su honradez; según otras, su padre admiraba su honradez, pero le castigó de todas formas. En cualquier caso es probable que sea un mito, pero aún es importante dentro de la cultura estadounidense, y la frase «I cannot tell a lie» («No puedo mentir») es ya un cliché.

Ya en la temprana adolescencia estaba suficientemente familiarizado con las tareas de los colonos como para cultivar tabaco y almacenar las uvas. En esa época, cuando tenía once años, murió su padre y pasó a la tutela de su hermanastro mayor, Lawrence, un hombre de buen carácter que, en cierta forma, fue su tutor. En su casa, George conoció un mundo más amplio y refinado, pues Lawrence estaba casado con Anne Fairfax, una de las grandes herederas de la región y acostumbraba codearse con la alta sociedad de Virginia.

Escuchando los relatos de su hermanastro, se despertó en él una temprana vocación militar y a los catorce años quiso hacerse soldado, aunque tuvo que desechar la idea ante la férrea oposición de su madre, quien se negó a que siguiera la carrera de las armas. Dos años más tarde comenzó a trabajar de agrimensor, como asistente de una expedición para medir las tierras de lord Fairfax en el valle de Shenandoah.

Gracias a sus conexiones con la familia Fairfax, Washington de diecisiete fue designado como oficial agrimensor de Culpeper County en 1749, un trabajo bien remunerado que le permitió comprar tierra en el Valle de Shenandoah, la primera de sus muchas adquisiciones en el oeste de Virginia.

A partir de allí, las agotadoras jornadas en campo abierto, sin comodidades y expuesto a los peligros de la vida salvaje, le enseñaron no sólo a conocer las costumbres de los indios y las posibilidades de colonización del Oeste, sino a dominar su cuerpo y su mente, templándolo para la tarea que el futuro le reservaba. Pero de momento, aunque las preocupaciones políticas no le perturbaban (el joven Washington era un fiel súbdito de la corona inglesa), se sentía molesto por las limitaciones impuestas por la metrópoli a la colonización, ya que con su hermanastro proyectaban llevar sus negocios a las tierras del Oeste.

Cabeza de familia

Casa de Washington en Mount Vernon

A los veinte años ocurrió un cambio decisivo en su vida, que lo convirtió en cabeza de familia. Una tuberculosis acabó con la vida de Lawrence en 1752 y George heredó la plantación de Mount Vernon, una enorme finca con 8.000 acres y 18 esclavos. Así, pues, pasó a ser uno de los hombres más ricos de Virginia, y como tal actuaba: pronto se distinguió en los asuntos de la comunidad, fue un activo miembro de la Iglesia episcopal y se postuló como candidato, en 1755, a la Cámara de los Burgueses del distrito. También sobresalía en las diversiones; era un magnífico jinete, alto y de ojos azules, un gran cazador y mejor pescador; amaba el baile, el billar y los naipes y asistía a las carreras de caballos (tenía sus propias cuadras) y a cuantas representaciones teatrales se daban en la región. Pero su vocación de soldado no había muerto, y entre sus planes figuraba ser también un brillante militar.

Por entonces, ingleses y franceses se disputaban el dominio de América del Norte, y la controversia sobre las rutas de la cabecera del Ohio había conducido a una extrema tensión entre los colonos. Washington se alistó en el ejército, y poco después de la muerte de su hermanastro fue nombrado por el gobernador Robert Dinwiddie comandante del distrito (1753), con un sueldo de 100 dólares anuales. Ante las invasiones de los franceses por la frontera, en 1753 el gobernador le encargó la misión de practicar un reconocimiento en la zona limítrofe. A mediados de noviembre, Washington se puso en marcha al frente de seis hombres por el valle del Ohio, un país inhóspito, poblado de tribus salvajes y múltiples peligros. A pesar del frío y las nieves, pudo llevar a cabo la dura travesía hasta alcanzar Fort-Le Boeuf en Pennsylvania, una hazaña que comenzó a cimentar su fama.

Guerra de los Siete Años

Declarada en 1756 la guerra de los Siete Años, que para los colonos ingleses en América suponía la lucha por su expansión frente al predominio francés, Washington fue designado teniente coronel del regimiento de Virginia, a las órdenes del general Fry. Al morir éste en combate, le sucedió como jefe supremo de las fuerzas armadas del condado, pasando poco después a formar parte del estado mayor del general Braddock, que dirigía las tropas regulares enviadas por Inglaterra. El 9 de julio de 1755 se distinguió en la batalla de Monongahela por su coraje y capacidad de decisión, si bien ésta acabó en un desastre para los ingleses.

La derrota repercutió de tal forma en su ánimo que el joven militar se retiró a Mount Vernon con el firme propósito de no volver a tomar las armas. Pero no pudo llevarlo a cabo, pues los notables de Virginia le pidieron que se hiciera cargo de las tropas, a pesar de que sólo contaba con veintitrés años de edad. Washington conservó el mando entre 1755 y 1758, época en que también fue elegido como representante del condado de Frederic para la Cámara de los Burgueses de Virginia. Su nombre ya era popular, se le admiraba por su experiencia y tacto, y comenzaba a labrarse un sólido prestigio político interviniendo activamente en las deliberaciones de la asamblea.

Matrimonio de George Washington y Martha Dandridge Custis

Tras algunos sinsabores, desilusionado ante el curso de la guerra con Francia y la conducta de los comandantes británicos, Washington renunció a su cargo militar para regresar a Mount Vernon y al poco tiempo, el 6 de enero de 1759, se casó con Martha Dandridge, una mujer tan rica como bella, viuda del coronel Parke Custis y dueña de una de las mayores fortunas de Virginia. Poseía un gran número de esclavos, 15.000 valiosos acres y dos hijos de seis y cuatro años, que se convirtieron en la verdadera familia de Washington.

En Mount Vernon la pareja, unida más que por un amor apasionado por una armoniosa felicidad, llevaba la vida de los ricos propietarios, atentos a la prosperidad de sus tierras y al papel prominente que desempeñaban en la vida social de la región. Todo se hacía a lo grande, la ropa se compraba en Londres, las fiestas eran espléndidas y los huéspedes se contaban por cientos. Pero esta vida rumbosa se vería interrumpida por el vendaval político que pronto se abatió en la América del Norte.

El final de la guerra de los Siete Años, signado el 10 de febrero de 1762 por el Tratado de París, significó la renuncia de Francia a sus pretensiones sobre Acadia y Nueva Escocia y la posesión, por parte de Inglaterra, de Canadá y toda la región de Luisiana, salvo Nueva Orleans.

Guerra de independencia de los Estados Unidos

Artículo Principal: Guerra de Independencia de las Trece Colonias

Discrepancias con Inglaterra

El final de la guerra de de los Siete Años significo la victoria para los ingleses pero la discrepancia mercantil entre Londres y sus colonias aumentó a raíz de esta conclusión, pues el gobierno inglés consideró que todas sus posesiones habían de cooperar en la amortización de los gastos ocasionados por la guerra, ya que todas ellas se habían beneficiado de sus resultados.

De hecho, el déficit originado por la contienda era enorme, y en marzo de 1765 el parlamento inglés votó un impuesto que hirió los derechos tradicionales de las colonias, imponiendo el uso de papel timbrado para toda clase de contratos. Con verdadera ceguera política, al año siguiente impuso una serie de derechos aduaneros sobre el papel, el vidrio, el plomo y el té, que provocaron la indignación del mundo comercial norteamericano y la formación de ligas patrióticas contra el consumo de mercancías inglesas. A la vanguardia de las luchas que precedieron al estallido revolucionario habían de colocarse los aristócratas de Virginia y los demócratas de Massachusetts. Washington se sintió irritado por tales medidas, pero continuó considerándose un súbdito leal a Inglaterra y un hombre de opiniones moderadas.

En 1773 la población de Boston protestó contra los impuestos arrojando los cargamentos de té al mar. El hecho, conocido como el Boston Tea Party, acabó de abrirle los ojos a Washington y de volcarle hacia la defensa de las libertades americanas. Cuando los legisladores de Virginia se reunieron al año siguiente en Raleigh, él estuvo presente y firmó las resoluciones. En la primera legislatura revolucionaria de ese año pronunció un elocuente discurso declarando:
Organizaré un ejército de mil hombres, los mantendré con mi dinero y me pondré al frente de ellos para defender a Boston.
Ya había dejado de ser un moderado cuando, vestido de uniforme, representó a Virginia en el Primer Congreso Continental que se celebró en Filadelfia en 1774. Sus cartas muestran que aún se oponía a la idea de la independencia, pero que estaba decidido a no renunciar a:
la pérdida de los derechos y privilegios que son esenciales a la felicidad de todo Estado libre y sin los cuales la vida, la libertad y la propiedad se tornan totalmente inseguras.

Estallido de la Guerra

Comenzadas las hostilidades entre ingleses y americanos en la batalla de Lexington, el 19 de abril de 1775, los autonomistas declararon sus anhelos de independencia frente a la corona inglesa. Todas las colonias se consideraron en guerra contra la metrópoli y, en el Segundo Congreso reunido en Filadelfia ese año, confiaron el mando de las tropas del recién creado Ejército Continental al plantador virginiano George Washington. Su elección fue en parte el resultante de un compromiso político entre Virginia y Massachusetts, pero también la consecuencia de la fama ganada en la campaña de Braddock y del talento con que impresionó a los delegados del Congreso.

El flamante jefe de las fuerzas coloniales se vio entonces frente a la arriesgada tarea de crear un ejército casi desde la nada y en presencia del enemigo. Al llegar a Boston se encontró con más de quince mil hombres, pero se trataba sólo de una masa confusa de insurrectos indisciplinados, divididos en bandas hostiles entre sí, a menudo en harapos y mal armados. Faltaban víveres y vituallas, y además, cada asamblea provincial dictaba órdenes a su capricho. Aquí demostró Washington sus brillantes dotes de organización y su incansable energía, disciplinando y adiestrando a los voluntarios inexpertos, reuniendo provisiones y llamando a las colonias en su apoyo. De esa forma organizó al ejército de Massachusetts, con el que pudo ocupar Boston y expulsar de Nueva Inglaterra a los ingleses del general Howe en 1776. Ese año, ante la llegada de nuevas tropas enviadas por la metrópoli, los americanos habían proclamado solemnemente la independencia de los Estados Unidos.

Washington había ganado la primera batalla contra las tropas de la corona, pero aún faltaban varios años de guerra en que los soldados americanos serían puestos al borde de la aniquilación. Entre los factores decisivos para alcanzar la victoria, en primer término figuraron su capacidad para infundir confianza a los soldados, su energía incansable y su gran sentido común. Nunca fue un genial estratega, ya que, como dijo Jefferson, «a menudo fracasó a campo abierto», pero supo mantener viva entre sus hombres la llama del patriotismo y escuchó siempre las opiniones de los generales a su mando, sin importarle dejar de lado su propio parecer.

En 1779, el famoso artista estadounidense Charles Wilson Peale pintó este retrato del general George Washington en Princeton (Nueva Jersey).

Así, en un segundo momento, retiró sus tropas al sur y esperó la contraofensiva británica en Long Island, pero decidió retirarse debido a su inferioridad numérica respecto a Howe. Desde entonces, en Pennsylvania empleó una táctica de desgaste, esta posibilito que la noche del 25 de diciembre de 1776, Washington realizó un contrataque llevando a las fuerzas estadounidenses a cruzar el río Delaware para capturar a cerca de 1.000 hessianos en Trenton (New Jersey). George Washington continuó el asalto con un ataque sorpresa sobre las fuerzas británicas en Princeton. Estas inesperadas victorias después de una larga serie de derrotas levantaron la moral de los revolucionarios. En retirada, contuvo a las fuerzas de Howe que avanzaban sobre Filadelfia. La ciudad no pudo resistir y cayó en manos del jefe británico, pero pronto los ingleses sufrieron un desastre considerable y el general Burgoyne fue obligado a capitular en Saratoga, el 17 de octubre, ante el asedio del jefe americano Gates.

Este éxito de la Revolución americana conmovió en Europa a los adeptos del enciclopedismo y a los partidarios del «hombre natural» de Rousseau. Voluntarios franceses como La Fayette, Rochaubeau y De Grasse, polacos como Kosciuszko y sudamericanos como Francisco de Miranda, acudieron en auxilio de las huestes de Washington, que vio así facilitada su tarea. Después del terrible invierno de Valley Forge, donde se dedicó a adiestrar a sus tropas, pudo reanudar victoriosamente la lucha gracias a los refuerzos recibidos. El gobierno francés vio en el conflicto la oportunidad de vengar la derrota de la guerra de los Siete Años y, en 1778, firmó una alianza con los Estados Unidos, a la que se sumó al año siguiente Carlos III de España.

El auxilio de las tropas francesas fue tan eficaz que Washington pudo recuperar Filadelfia, sitiar Nueva York y dirigirse al sur para cortar el avance de lord Cornwallis, que iba al frente de once mil hombres, el grueso de las tropas inglesas. El 19 de octubre de 1781 éste se vio obligado a capitular, luego de caer prisionero con su ejército. Esta rendición provocó la definitiva victoria de los colonos y el reconocimiento de la independencia por parte de Inglaterra, antes de firmarse la paz en Versalles, el 20 de enero de 1783.

Apoyo cubano

Cuba tuvo importancia decisiva en la independencia de las Trece Colonias norteamericanas. George Washington pudo enfrentar y vencer a los ingleses en Yorktown, en la costa de Virginia, gracias al dinero que recibió desde la Isla y al concurso que le prestaron tropas habaneras y haitianas. Es una ayuda de la que apenas se habla. En dicho sitio no hay siquiera una tarja que la recuerde y nada se dice acerca de esta en una voluminosa Reseña de la historia de los Estados Unidos preparada por el Departamento de Estado de Washington y que obsequian con largueza embajadas y consulados norteamericanos en el mundo.

Gracias al esfuerzo de los cubanos, Inglaterra fue desplazada, al mismo tiempo, de muchos de los enclaves determinantes que hasta entonces ocupó en el Caribe, con lo que quedó lavada la afrenta de 1762, cuando tropas británicas se apoderaron de La Habana. Fue la primera vez que los naturales de Cuba salieron de su tierra para pelear por la independencia de otro país.

Posguerra

En la cumbre del prestigio y la fama, después de los triunfos militares, Washington tuvo que hacer frente a los problemas de la reconstrucción nacional. Por un lado se negó a aceptar la corona que algunos notables le ofrecían, dedicándose a combatir la reacción monárquica de algunos sectores del país, y por otro proclamó la necesidad de establecer una constitución.

Su postura federalista, defensora de la implantación de un poder central eficiente que defendiera los intereses americanos en el exterior y equilibrara las tendencias partidistas de los territorios, supo conciliarse con la de los republicanos, partidarios de conservar la independencia política y económica de los estados. El acuerdo entre ambos grupos fue expresado por la Constitución del 17 de septiembre de 1787, la primera carta constitucional escrita que reguló la forma de gobierno de un país. Una vez más, las dotes de organización y dirigente de Washington hicieron que las esperanzas fueran puestas en él, y el Congreso lo eligió como primer presidente de los Estados Unidos en 1789.

Presidente de los Estados Unidos

Retrato al óleo con la imagen de George Washington, efectuado por Gilbert Stuart en 1796.

La prudencia, la sensatez y sobre todo un respeto casi religioso a la ley, fueron las notas dominantes de sus ocho años de gobierno. Al elegir a los cuatro miembros de su gabinete, Thomas Jefferson en la Secretaría de Estado, el general Henry Knox en la de Guerra, Alexander Hamilton en la del Tesoro y Edmund Randolph en la de Justicia, Washington estableció un cuidadoso equilibrio entre republicanos y federales, el cual posibilitó la puesta en marcha del aparato que habría de coordinar y dirigir la administración del país. Para hacer frente a los graves problemas económicos por los que éste atravesaba, aplicó una férrea política fiscal y se esforzó por asociar los grandes capitales con el Estado, a fin de comprometerlos en la estabilidad de la nación. Con idéntico objetivo creó el Banco de los Estados Unidos y, a fin de promover el desarrollo industrial, dictó una serie de medidas proteccionistas que le valieron el apoyo de la burguesía.

Primer mandato

Washington fue elegido de manera unánime por el Colegio Electoral en las elecciones presidenciales del 30 de abril de 1789, siendo de esta manera la única persona elegida presidente de manera unánime (hecho que se repitió en las elecciones presidenciales de 1792). Su estricta dignidad y sentido de la decencia frenaron el partidismo que caracterizaría las administraciones de los gobernantes sucesores. Washington fue uno de los siete presidentes que no fueron a la universidad y de los pocos que ostentaron el grado de general.

En segundo lugar, con 34 votos, John Adams se convitió en el vicepresidente. El primer Congreso de los Estados Unidos votó por pagarle a Washington un sueldo de 25.000 dólares al año, una significativa suma en 1789. Washington, con una buena posición económica, rechazó el sueldo, dado que se consideraba a sí mismo como servidor público desinteresado. Washington le prestaba cuidadosa atención a la pompa y ceremonia del cargo, aunque asegurándose que no se emulara a las cortes reales europeas.

Segundo mandato

Elegido para un segundo mandato en 1793, ante sus dudas fue Jefferson quien le convenció de que aceptara el cargo nuevamente. En esta segunda etapa de gobierno tuvo que abocarse a serios problemas, como el suscitado en el Oeste por la oposición a los impuestos sobre el aguardiente, que originó en 1794 una sublevación, conocida como Whiskey Rebellion, la cual fue reprimida por las tropas enviadas por orden del presidente.

Otro elemento de desgaste fue el choque entre Jefferson y Hamilton, motivado por la radicalización de la Revolución francesa y el conflicto armado que asolaba Europa. Mientras que el secretario de Estado se inclinaba por el apoyo de Estados Unidos a la Francia revolucionaria, el secretario del Tesoro defendía la neutralidad ante la contienda. Washington, que al principio había tratado de mantener la armonía entre ambos, apoyó, una vez declarada la guerra europea, las posiciones de Hamilton y se decidió por la neutralidad. No tardó mucho tiempo en declarar sus simpatías pro británicas, a pesar de la enorme deuda que su país tenía con Francia, y ello trajo como consecuencia el debilitamiento de las relaciones con esta nación. Thomas Jefferson, por su parte, manifestó su disconformidad abandonando el gobierno y, ya desde la oposición, se opuso al centralismo del presidente.

Así fue cómo la estrella política de Washington comenzó a declinar hasta ensombrecerse totalmente cuando se conocieron los términos de un acuerdo comercial firmado por Gran Bretaña, el Tratado Jay del 25 de junio de 1794, que provocó fuertes discusiones en el parlamento y una real merma de la popularidad presidencial. Aun así, fue elegido por tercera vez para ocupar el poder, pero en esta oportunidad se negó tajantemente, aduciendo que quería volver con su familia y a la paz de la vida privada. En realidad, le frenaba el miedo a la tentación dictatorial que desvirtuaría el origen democrático de su lucha por la independencia, y no dudó en regresar a su plantación de Virginia.

Renuncia a un tercer mandato

George Washington rehusó presentarse a un tercer mandato en 1796, en un discurso que contenía una clara advertencia para que los Estados Unidos no mantuvieran vínculos estables con ningún país a lo largo de mucho tiempo. Al final de su Carta de Despedida mediante la cual George Washington renuncia a su reelección, fija los motivos íntimos que lo impulsan a no aceptar continuar en la Presidencia de su país y dice:
Confiando en esa bondad de mi país, y poseído de un ardiente amor hacia él, tan natural en el hombre que en esta tierra tuvo su cuna y la de sus padres por muchas generaciones, me regocijo anticipadamente al pensar en el tranquilo retiro donde pienso entregarme al reposo, a fin de disfrutar, entre mis queridos conciudadanos, de la benéfica influencia de sabias leyes, bajo un gobierno libre, objeto favorito de mis constantes deseos y la más dulce recompensa que puedan alcanzar nuestros mutuos afanes y peligros.[2]

Gabinete

Oficina Nombre Término
Vicepresidente John Adams 1789–1797
Secretario de Estado Thomas Jefferson
Edmund Randolph
Timothy Pickering
1790–1793
1794–1795
1795–1797
Secretario del Tesoro Alexander Hamilton
Oliver Wolcott, Jr.
1789–1795
1795–1797
Secretario de Guerra Henry Knox
Timothy Pickering
James McHenry
1789–1794
1795
1796–1797
Secretario de Asuntos exteriores John Jay 1789
Director General de Correos Samuel Osgood
Timothy Pickering
Joseph Habersham
1789–1791
1791–1795
1795–1797
Fiscal General Edmund Randolph
William Bradford
Charles Lee
1789–1794
1794–1795
1795–1797

Retiro y muerte

Tras abandonar el cargo en 1797 se retiró a Mount Vernon. Los dos últimos años de su vida, ya en la declinación de sus facultades físicas, los dedicó a cuidar de su familia y sus propiedades, salvo una breve interrupción en 1798, cuando se le nombró comandante en jefe del ejército ante el peligro de una guerra con Francia. En el invierno siguiente, Washington regresó a su casa agotado por una cabalgata de varias horas, por el frío y la nieve. Una aguda laringitis lo llevó a la muerte el 14 de diciembre de 1799[3].

El prohombre de la independencia enfrentó el final con su serenidad característica, la misma que le había permitido afrontar el peligro de los campos de batalla con absoluta tranquilidad. Como escribió Jefferson, era un hombre inaccesible al temor.

Washington y la masonería

Retrato de George Washington con la vestimenta masónica.

George Washington se unió a la Logia Masónica en Fredericksburg, Virginia, a la edad de 20 años en 1752[4]. Su membresía masónica, al igual que los otros títulos públicos y funciones que realiza, era lo que se esperaba de un joven de su condición social en la colonia de Virginia. Durante la Guerra de Independencia, el general Washington asistió a celebraciones masónicas y prácticas religiosas cristianas en varios estados. También apoyó las Logias Masónicas que se formaron dentro de los regimientos del ejército.

En su primera toma de posesión en 1791, el Presidente Washington tomó juramento de su cargo sobre una Biblia de la Logia de San Juan en Nueva York. Durante sus dos mandatos, visitó a los masones en el Norte y Carolina del Sur y presidió la ceremonia de primera piedra del Capitolio de los EE.UU. en 1793.

Al retirarse, Washington se convirtió en la carta principal de la recién creada logia Alejandría Lodge N º 22, posó para un retrato en su regalía Masónica, y en la muerte, fue enterrado con honores masónicos.

Tal era el carácter de Washington, que casi desde el día en que tomó sus obligaciones masónicas hasta su muerte, lucía el mismo comportamiento en privado que en público. En términos masónicos, se mantuvo una paz justa y recta Masónica y se convirtió en un verdadero Maestro Masón. Washington fue, en términos masónicos, una piedra viva que se convirtió en la piedra angular de la civilización americana. Él sigue siendo el hito de las civilizaciones que otros siguen en libertad y la igualdad. Él es sillar perfecto de la Masonería en la que innumerables Maestros Masones evalúan en su labor en Logias y en sus propias comunidades.

Véase el Anexo:Historia Masónica de George Washington para ver la cronología de historia masónica.

Referencias

  1. Is President George Washington's birth certificate in Virginia?, en la repuesta a esta interrogante se señala como fecha de nacimiento el 11 de febrero de 1732, pero la mayoría de los especialista coinciden en que el nacimiento de George Washington fue el 22 de febrero y no el 11 de ese mes. Consultado el 6 de mayo de 2011.
  2. El discurso de despedida de George Washington publicado por Carlos A. Lucas el 30 de marzo de 2011 en Confidencial Digital. Consultado el 6 de mayo de 2011.
  3. Questions and Answers taken from: History of the George Washington Bicentennial Celebration, Volume II, Literature Series (Washington, D.C.: George Washington Bicentennial Commission, 1932), 643-688. Consultado el 6 de mayo de 2011.
  4. George Washington, Masón y Presidente de Estados Unidos. Consultado el 6 de mayo de 2011.

Fuentes