Heródoto

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Heródoto
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Heródoto padre de la Historiagrafía
NombreHeródoto
Nacimiento484 a.n.e.
Halicarnaso, Bandera de Turquía Turquía
Fallecimiento420 a.n.e.
Turios, Bandera de Grecia Grecia
Causa de la muertenatural
NacionalidadGriega
CiudadaníaGriega
OcupaciónHistoriador
Obras destacadas"Historias"

Heródoto. Historiador griego, considerado el padre de la historiografía. Viajó a lo largo de todo el mundo Mediterráneo. Recopiló sus hallazgos en una obra titulada "Historias" que proporciona una valiosa información acerca de la antigua Grecia, África del Norte y Oriente Próximo.

Biografía

Historiador griego nacido en Halicarnaso (actual Bodrum, en Turquía) poco antes de la expedición de Jerjes contra Grecia (480 a.n.e.). Con motivo de la revuelta en la que murió Paniasis, Heródoto hubo de abandonar su patria y dirigirse a Samos, donde pudo tener un contacto más estrecho con el mundo cultural jonio; se piensa que desde allí volvió a Halicarnaso y participó en el derrocamiento de Lígdamis (454 a.n.e.), hijo de Artemisa, representante de la tiranía caria que dominaba en aquella época la vida política de la colonia.

La siguiente fecha conocida con certeza de la biografía de Heródoto es la fundación de la colonia de Turios en el 444-443 a.n.e. a manos de Pericles junto a las ruinas de Síbaris. No se sabe si Heródoto formó parte de la primera expedición fundadora, pero sí que obtuvo la ciudadanía de la colonia. Algunos de sus biógrafos informan de que, entre la caída de Lígdamis y su llegada a Turios, Heródoto realizó viajes por varias ciudades griegas, en las que ofrecía lecturas de sus obras; incluso se dice que recibió diez talentos por una lectura ofrecida en Atenas, dato que hoy parece bastante improbable aunque manifiesta la buena acogida que tuvo Heródoto en la ciudad.

Su estancia en la Atenas de Pericles le permitió contemplar el gran momento político y cultural que vivía la ciudad: en Atenas, Heródoto pudo conocer a Protágoras, abanderado de la revolución de la sofística, y a Sófocles, el gran poeta trágico que tanto influiría en su obra histórica. También en la época previa a la fundación de Turios, Heródoto hizo aquellos viajes de los que nos habla en su obra: se sabe que estuvo en Egipto durante cuatro meses y que, después, fue a Fenicia y Mesopotamia. Otro de sus viajes le llevó al país de los escitas.

Todos estos viajes estuvieron inspirados por el deseo de aumentar sus conocimientos y de saciar sus ansias de saber, acicates constantes del pensamiento de Heródoto. Éste aparece a través de su obra como un hombre curioso, observador y siempre dispuesto a escuchar, cualidades que combinaba con una gran formación enciclopédica y erudita.

La parodia que realizó Aristófanes de la obra de Heródoto permite suponer que ésta era ya conocida en torno al año 425 a.n.e. De vuelta a su obra, los últimos acontecimientos mencionados acerca de Grecia se refieren al año 430 a.n.e., fecha en la que hubo de concluir su relato.

La obra de Heródoto

La gran obra histórica de Heródoto, múltiple y compleja, es difícil de resumir: su finalidad y sus narraciones son varias y muy diferentes entre sí, por lo que, en un primer momento, cuesta ver el principio unificador de tan diversos materiales. Para reunirlos, Heródoto recurrió, como ya se ha dicho, a sus muchos viajes a lo largo del mundo conocido; de allí, extrajo sus fuentes de información y sus datos: unas veces, Heródoto recoge aquello que ha visto con sus propios ojos; otras, lo que le han contado; otras muchas, el resultado de sus pesquisas e indagaciones tras contrastar las tradiciones orales recibidas con los restos arqueológicos y monumentos o tras recurrir a los sacerdotes y estudiosos de los lugares visitados: así, por ejemplo, su investigación sobre el mito de Hércules le llevó hasta Fenicia.

Llama la atención ver cómo va engarzando estos elementos tan distintos entre sí y cómo, en ocasiones, los recoge aun cuando, en su opinión, no son fiables: "Mi deber es informar de todo lo que se dice, pero no estoy obligado a creerlo todo igualmente" (lib. 7, 152). En definitiva, Heródoto fue un gran narrador y un compilador experimentado de datos de índole etnográfica o geográfica, características que lo hacen afín a muchos otros logógrafos; sin embargo, ya la Antigüedad distinguió a Heródoto con el título de "padre de la historia" y un análisis más profundo de su Historia revela su novedad frente a escritores contemporáneos.

Ya desde el comienzo de la obra, que los eruditos distribuyeron con posterioridad en nueve libros (cada uno de los cuales lleva el nombre de una de las nueve Musas), el propio Heródoto anuncia que su cometido es narrar los sucesos y hazañas de los hombres y, más en concreto, la guerra entre bárbaros y griegos. El núcleo central del relato es, pues, la narración de las Guerras Médicas, aquellas que enfrentaron a Oriente con Occidente, lo que da pie a Heródoto a insertar a lo largo de su obra numerosas digresiones; éstas permitían a su público acercarse a esos países extraños y alejados, que estaban relacionados en mayor o menor medida con los persas. De esa manera, su narración no es unitaria sino que se rompe siguiendo un principio asociativo, según el cual los distintos países y regiones aparecen en el momento en que se relacionan de algún modo con los persas.

Sin embargo, si estas digresiones son especialmente frecuentes en los primeros libros de la obra, se observa que en la parte central de la misma, aquella en la que se narra el enfrentamiento entre Grecia y Persia, éstas disminuyen. Aparece, así, un relato bastante más escueto y objetivo, con un análisis e investigación mucho más detenida de los datos. Se descubre de este modo en la obra de Heródoto una gran multitud de estilos en dependencia directa con sus fuentes: para su descripción de países exóticos, Heródoto tuvo que recurrir a sus viajes y a informaciones de segunda mano, bien orales o bien escritas (como los relatos de otros logógrafos); por el contrario, para narrar la guerra, centro de su relato, Heródoto dispuso de documentos más accesibles y fiables sobre esos acontecimientos. Heródoto aúna así las dotes de un gran narrador y las de un historiador (esto es, investigador) en su intento de dilucidar la verdad a través de la maraña de sus múltiples fuentes.

A pesar del enorme éxito obtenido por Heródoto, pronto comenzaron las críticas de parte de los historiadores posteriores, que le acusaban de ser poco riguroso con los datos. Uno de sus primeros críticos fue Tucídides, quien se refiere a su método como algo efímero y válido sólo para un instante, es decir, apto únicamente para la lectura y el disfrute.

Lo cierto es que Heródoto se convirtió en una fuente inexcusable para todos los historiadores del mundo antiguo, que poco a poco fueron rectificando algunas de sus informaciones sobre países lejanos y exóticos. Con el helenismo, la obra de Heródoto adquirió una mayor relevancia gracias al carácter un tanto novelesco de algunos relatos (algo muy del gusto de la época); de hecho, el célebre estudioso alejandrino, Aristarco, realizó un comentario de sus obras. Así, la obra de Heródoto fue siempre, como se dijo, punto de referencia bien como modelo consciente o simplemente como anti-modelo.

También los romanos se rindieron ante la figura del célebre historiador, al que tildaron, como Cicerón, de "padre de la historia". Fueron muchos los historiadores romanos los que se sirvieron de él como fuente y abundan las citas sacadas de su Historia. Sin embargo, durante la Edad Media, período en que el griego se convirtió en un verdadero arcano, Heródoto dejó de leerse, aunque, de una manera indirecta gracias a los historiadores latinos, sí se conocieron algunas de las anécdotas insertas en sus relatos. Su estrella volvió a brillar gracias a los logros del humanismo: fue Lorenzo Valla el primero que se atrevió a traducir su obra al latín y ya, a comienzos del Siglo XVI (en 1520) salió de las prensas de Aldo Manuzio la primera edición de su Historia, con lo que el texto original de Heródoto entró de nuevo al caudal de la erudición de los siglos siguientes.

La Historia según Heródoto

Su obra estaba escrita en dialecto jónico, y más tarde fue dividida por los gramáticos de Alejandría en nueve libros que tomaron el nombre de las nueve musas de la mitología griega: Calíope, Clío, Talía, Euterpe, Terpsícore, Melpómene, Erato, Urania y Polimnia. Todas ellas, hijas de Zeus y Mnemoside. Estas musas eran consideradas como las protectoras de las artes, la memoria y la Astronomía.

Su obra simplemente se llamó Historiae, cuyo nombre deriva de la palabra griega investigación o búsqueda. Es esto lo que más nos impresiona, pues no se dedicó sólo a escribir lo que le contaban, sino que fue un incansable viajero que se recorrió todo el Egipto, La Magna Grecia, Anatolia, y gran parte del Imperio Persa para poder interpretar con sus propios ojos la realidad. Además, fue el primero en ordenar de forma racional los hechos, con la cronología y la geografía del entorno que estudiaba. De hecho, la primera frase de su obra era Historíes apódexis , es decir, "exposición de las investigaciones". Su principal obra histórica fue Las Guerras Médicas, o lo que es lo mismo, la unión de las Polis contra el Imperio Persa (Los Medos)

Posteriormente fue incluso tachado de fantasioso y exagerado por autores griegos como Ctesias, Isócrates o Plutarco, opiniones que se mantuvieron hasta los descubrimientos arqueológicos del antiguo oriente en el Siglo XIX, en donde se demostró la veracidad de gran parte de su obra. Sin embargo, sí que es cierto que Heródoto sólo hablaba el griego y que siempre tuvo necesidad de guías y traductores, lo que pudo influir en la narración de acontecimientos que él no pudo ver y que le llevaron sin duda a confiar en lo que le decían los nativos.

Sus viajes

Su primer viaje tuvo como destino los alrededores de su polis, Halicarnaso, y el Hélade de Asia Menor. Posiblemente lo hizo antes de exiliarse en Samos. A parte de la Caria, su país de origen, visitó Lidia y su capital Sardes, así como Misia, Troas y las ciudades del Helesponto.

Su segundo viaje fue a Oriente, sirviéndose probablemente del camino real Persa, que llevaba de Éfeso a Susa, capital del Imperio por entonces, y terminó en Babilonia, donde se maravilló con las construcciones que vio. Más tarde, hacia el 449 a.n.e., viajó a Egipto, donde se sorprendió de la increíble arquitectura y sociedad egipcia. Visitó Tebas, Menfis y Heliópolis, donde obtuvo la mayor parte de la información sobre el antiguo Egipto. Llegó a bajar hasta la isla Elefantina, junto a Asuán, en lo que fue su punto más meridional de su viaje por el Nilo. No llegó a conocer Etiopía.

Más adelante visitó la colonia griega de Cirene, al norte de África, donde reunió toda la información posible sobre las tribus de la costa e interior de Libia, nombre antiguo para designar el norte de África. Se sabe también que no llegó a ver Cartago.

En un tercer gran viaje se dedicó al país de los "Escitas", actual Bulgaria y Rumanía, siguiendo la costa del Mar Negro (Ponto Euxino), que por entonces estaba poblado de colonias griegas. Fue más allá de la desembocadura del Danubio y llegó hasta el Río Dníeper, ubicado en la actual Moldavia. También visitó todas las regiones e islas griegas, así como Tracia y Macedonia.

En definitiva, habría que entender a Heródoto como un polígrafo, un enciclopedista que en sus magníficos viajes reunió una inagotable riqueza de noticias sobre todo lo interesante y digno de saberse que ofrecía el mundo de entonces. No sólo impresiona su expresiva geografía y el repertorio de anécdotas, sino también el averiguar costumbres y cultos de los pueblos que visitaba. Además, en cualquier parte donde se hallara no olvidaba la fauna y flora, y sobre todo las plantas raras y animales exóticos. También describía el clima y las particularidades geográficas, así como su historia, leyendas, arquitectura y características de sus gobernantes. A todo esto habría que añadir las dificultades de las comunicaciones de entonces, que le dan un mayor mérito si cabe a este titánico proyecto. Así lo vi, así os lo cuento.

Muerte

Se piensa que murió en Turios ca. 420 a.n.e.

Fuentes