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Ramón Menéndez Pidal

Ramón Menéndez Pidal
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Destacado filólogo español
Nacimiento13 de marzo de 1869
La Coruña, España, Bandera de España
Fallecimiento14 de noviembre de 1968
Madrid, Bandera de España
NacionalidadEspañola
OcupaciónFilólogo, historiador, folclorista, medievalista
Ramón Menéndez Pidal. Destacado filólogo, historiador, folclorista y medievalista español. Creador de la escuela filológica española. Fue un miembro culto de la Generación del 98.

Síntesis biográfica

Nació el 13 de marzo de 1869 en La Coruña, España. Hijo del magistrado Juan Menéndez Fernández, natural de Pajares (Asturias), y de Ramona Pidal, natural de Villaviciosa.

Infancia y juventud

Cuando contaba trece meses su padre se trasladó a Oviedo, destituido de Magistrado por no jurar la constitución de 1869; en esta ciudad vivió hasta los siete años, cuando su padre fue rehabilitado en el cargo y destinado a Sevilla.

A los diez años se examinó para ingresar en el Instituto de Albacete, ciudad a la que había sido destinado su padre como magistrado; en dicho instituto inició la Segunda Enseñanza, que prosiguió en Burgos (segundo curso) y Oviedo (tercero y cuarto).

En 1883 se encuentra en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. A este período de su formación le llamó Ramón Menéndez Pidal «su castellanización», según escribió Carmen Conde en 1969, porque sus «condiscípulos se burlaban de los asturianismos de su habla».

En la Universidad de Madrid fue discípulo de Menéndez y Pelayo. En el año 1899 consigue la cátedra de Filología Románica de la Universidad Central, que desempeñó hasta 1939. Fundó la Revista de Filología Española.

Ingresó en la Real Academia Española en 1901 y fue su director entre 1925 y 1939. Continuador intelectual de la visión de la Generación del 98 acercándose a la lengua y a la historia medieval desde una perspectiva castellana.

En 1900 contrae matrimonio con María Goyri.

El 16 de junio de 1910 fue nombrado Presidente del Comité Directivo de la Residencia de Estudiantes, creada el 6 de mayo del mismo año. El 2 de marzo de 1915 fue confirmado en el cargo de Director del Centro de Estudios Históricos, que venía ejerciendo desde su creación. El 21 de mayo de 1926 fue elegido Vicepresidente primero de la Junta de Ampliación de Estudios; todas estas instituciones se hallaban relacionadas con los principios propugnados por la Institución Libre de Enseñanza.

Se incorporó a los estudios lingüísticos y literarios de su país los métodos comparatistas e historicistas europeos, con lo que sentó las bases de la moderna filología hispánica y se convirtió en uno de los más prestigiosos romanistas de la época.

Estallido de la Guerra Civil

Al estallar la Guerra Civil en 1936, se encuentra en Madrid. Se va a Burdeos y de allí a La Habana para ocupar una cátedra de Historia de la Lengua Española. En su intento de evitar tomar partido por alguno de los bandos beligerantes durante la guerra fratricida, rompe con la causa republicana y se traslada a Columbia en 1937. Tras la guerra, vuelve a Madrid, donde será sometido al Tribunal de Responsabilidades Políticas y apartado de la dirección de la Academia hasta 1947 por negarse a realizar el juramento en el Instituto de España al que se obligaba a todos los académicos.

Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, visita por dos veces París, dentro de una comisión de intelectuales españoles que apoyaban la causa aliada. Fue objeto de ataques por su escasa ortodoxia política y su tendencia a la reconciliación, palpable en la abundante correspondencia con Américo Castro.

Muerte

Falleció el 14 de noviembre de 1968.

Obra

Con La leyenda de los infantes de Lara (1896) inició sus trabajos sobre épica española primitiva, labor continuada con una serie de ensayos sobre el Poema del Cid, cuidadosamente editado por él entre 1908 y 1911, y con obras como La epopeya castellana a través de la literatura española (1910) y La Chanson de Roland y el neotradicionalismo (1959).

Su aprecio por la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, en consonancia con los autores de la Generación del 98, lo llevó a escribir La España del Cid (1929), en la que manifestó su dimensión de historiador.

Aportación fundamental a la ciencia filológica fue su Manual elemental de gramática histórica española (1904), reeditado numerosas veces, en el que despliega sus vastos conocimientos paleográficos con extraordinario rigor. Asimismo investigó los romances castellanos en Flor nueva de romances viejos (1928), Romancero hispánico (1953) y Cómo vive un romance 1954).

Otros textos notables son Poesía juglaresca y juglares (1924), Orígenes del español (1926), La lengua de Cristóbal Colón y otros ensayos (1942), España, eslabón entre la cristiandad y el Islam (1956) y El padre Las Casas y su doble personalidad (1963).

Fuentes