Imperio Austro-Húngaro

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Imperio Austrohúngaro
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18671919










Bandera Escudo
Bandera Escudo
Ubicación de Imperio Austrohúngaro
Capital Viena
Idioma oficial Alemán, Húngaro y Latín
Gobierno Monarquía
Emperador
 • 1867-1916 Francisco José I
 • 1916-1919 Carlos I
Historia
 • Compromiso austrohúngaro 1867
Superficie
 • 1917 680,000 km2

Imperio austrohúngaro. Fue un estado europeo nacido en 1867, tras el Compromiso Austrohúngaro que reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio austríaco, a partir de ese momento, austrohúngaro. En 1914 tenía una extensión de 676.615 km² y contaba con 52.799.000 habitantes y era considerada como una de las grandes potencias en el marco internacional, ocupando el 6º puesto por su potencia económica.

Lo que era el Imperio austrohúngaro se reparte actualmente en trece estados europeos: Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y las regiones de Voivodina en Serbia, Bocas de Kotor en Montenegro, Trentino-Alto Adigio y Trieste en Italia, Transilvania y parte del Banato en Rumanía, Galitzia en Polonia y la Rutenia Transcarpática en Ucrania.

Contenido

Historia

La creación del Reino de Hungría en el año 1000, convierte a este en una potencia en Europa, sin embargo, los constantes ataques de los turcos otomanos lo debilitaron a lo largo de los siglos XIV y XV. Tras la muerte de Luis II de Hungría en 1526, en la batalla de Mohács contra los turcos otomanos, el trono del Reino de Hungría quedó vacante formándose un gran pleito por el mismo. El emperador germánico Fernando I de Habsburgo trataría de pactar con el voivoda húngaro Juan I Szapolyai de Transilvania, quien también era contrario al rey de Hungría, coronado tras la batalla de Mohács.

Dicho acuerdo no lograría mantenerse en el tiempo y eventualmente Hungría quedaría separada en tres partes: una como el Reino Húngaro, gobernada por los Habsburgo; otra como el Vilayato de Buda después de la ocupación otomana en 1541, gobernada por los turcos; y desde 1570, la tercera como el Principado húngaro de Transilvania, que era vasallo de los otomanos.

Dicha separación del reino de Hungría se mantuvo entonces a lo largo de casi siglo y medio de constantes batallas entre germanos, húngaros y turcos. En el Principado de Transilvania se protegió y se cultivó la cultura húngara, mientras que en los territorios húngaros ocupados por los turcos apenas existían pobladores.

La mayoría había emigrado buscando un sitio más apropiado para el cultivo y para vivir, que no estuviese bajo influencia turca. Los territorios húngaros bajo el control de los Habsburgo continuaron poblados y manteniendo su cultura, aunque con el tiempo fueron adoptando ciertos rasgos germánicos. Esta división también definió la confesión religiosa de los pobladores de dichas zonas. Los húngaros de Transilvania eran en su gran mayoría protestantes; los de los territorios turcos católicos y protestantes, mas no adoptaron la religión musulmana; y los de los territorios bajo control germánico eran fervientemente católicos.

Esta pugna religiosa resultó un arma perfecta para los príncipes húngaros de Transilvania como Esteban Bocskai y Gabriel Bethlen, quienes buscaban reunificar el reino, conduciendo así varias guerras de independencia contra los emperadores germánicos. Sin embargo, todos sus intentos resultaron en fracaso y después del intento de los turcos en 1683 de invadir Viena, la Liga Santa se dispuso a expulsar definitivamente a los otomanos de los territorios húngaros.

De esta manera, en 1686 el emperador germánico y rey húngaro Leopoldo I de Habsburgo, junto a su comandante el príncipe Eugenio de Saboya reconquistaron la ciudad de Buda. Después de esta victoria continuaron presionando a los ejércitos turcos fuera del reino, hasta que finalmente lo abandonaron en 1691. A partir de este momento todo el territorio húngaro, incluyendo Transilvania, estuvo bajo control del Sacro Imperio Romano Germánico, lo cual generó una serie de guerras de carácter independentista en dicho territorio.

El príncipe húngaro Emérico Thököly condujo una revuelta a gran escala en contra del emperador germánico y rey húngaro Leopoldo I, la cual fue sofocada alrededor de 1690 y lo obligaría a emigrar a territorio otomano donde falleció en 1705. Posteriormente su hijastro, Francisco II Rákóczi también príncipe húngaro de Transilvania, condujo una guerra entre 1703 y 1711, que se vería sofocada por Leopoldo I, y tras su muerte por su hijo José I de Habsburgo.

Tras dichos intentos independentistas Hungría se mantendría sin conflictos durante más de un siglo, permaneciendo como parte del nuevo Imperio Austriaco que surgió tras la caída del Sacro Imperio Romano Germánico en 1805. Hungría se alzó nuevamente durante la revolución en los estados alemanes en 1848, surgiendo la llamada Revolución Húngara de 1848, en la cual se enalteció el nacionalismo y la independencia de los estados europeos y el rechazo al poder austriaco de los Habsburgo.

De esta forma, el 25 de marzo de 1848 las calles de Buda se llenaron de gente, poetas e intelectuales, políticos y militares que protestaron contra el emperador austriaco Francisco José I. Las revueltas húngaras fueron sofocadas gracias a la intervención del Zar ruso, que acudió en ayuda del emperador austriaco, llevando nuevamente orden a la nación húngara.

El fracaso de la revolución desencadenó una serie de ejecuciones de generales y dignatarios húngaros que se habían sublevado contra los austriacos. Tras la Guerra Austro-Prusiana de 1866, donde el Imperio fue derrotado junto a Baviera por Prusia, Austria perdió la posibilidad de convertirse en el eje que articulase la unificación alemana y su papel central lo ocupó definitivamente el Reino prusiano.

Fue este un momento de debilidad idóneo para las aspiraciones autonomistas húngaras y los dignatarios de aquel Reino lo aprovecharon enviando una comitiva encabezada por Francisco Deák, la cual le exigiría a Francisco José el establecimiento de un Parlamento en Hungría, junto a más facilidades, libertades y autonomía. De esta forma, en 1867, ante la amenaza de una nueva sublevación húngara, el emperador austríaco firmó el tratado conocido como el Compromiso y con ello surgiría la monarquía dual austrohúngara.

Fue también el asentamiento definitivo de la política de los Habsburgo que ya desde el siglo XVIII tendió a prestar más atención e importancia a sus dominios directos, que se extendían por Hungría, Bohemia, Moravia y otras regiones del este de Europa en lugar de los distintos estados alemanes.

Surgimiento

Nace en 1867, tras el reconocimiento del Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio Austríaco, naciendo de esto el Imperio Austro-Húngaro con la firma del llamado Compromiso austrohúngaro donde además se aceptaban las autonomías de Galitzia y Croacia. Una década después, se anexaron al imperio los territorios turcos de Bosnia-Herzegovina y Novipazar. En 1878, después de esta anexión, se firman acuerdos y alianzas con el Imperio Alemán e Italia se uniría a la alianza cuatro años después. El Imperio Austro-Húngaro estaba conformado por 11 estados además de Austria y Hungría: Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Rumania, República Checa, Polonia, Ucrania y los territorios italianos de Trieste -Triestino. Hacia 1914 abarcaba una extensión 676.615 kilómetros cuadrados y su población rondaba los 53 millones de personas.

A partir de 1892 el Imperio Austro-Húngaro vive una serie de reformas importantes: comienza a circular la corona de oro, la nueva moneda del imperio y se legisla sobre el sistema de votación, permitiéndose, en 1897, que los hombres la zona de Austria votaran de manera indirecta para cargos menores; diez años después, los austrohúngaros varones de más de 24 años, podían votar de manera directa.

Gobernantes

El Emperador, de la familia de los Habsburgo, era el jefe de los dos estados, seria entonces el Emperador de Austria y Rey de Hungría; motivando así a los territorios de Austria. En Hungría esta denominación no fue fácilmente aceptada, requiriendo el gobierno de Budapest que el monarca fuera designado separadamente como "emperador" y "rey" atendiendo a que Hungría tenía oficialmente el rango de reino, para designar los asuntos de todo el imperio.

La esposa del Emperador recibía el título de Emperatriz y ostentaba la representación del estado del mismo modo que una Reina o Primera Dama. Las dos emperatrices que tuvo Austria-Hungría fueron:

El heredero al trono era el Archiduque de Austria. Los herederos fueron:

Fin del imperio

Austria y Hungría mantenían dos parlamentos separados, con sede en Viena y Budapest respectivamente, cada uno con su propio primer ministro. De la coordinación entre estos dos gobiernos se encargaba el Gobierno del Emperador, dotado en teoría de un poder absoluto, pero limitado en la práctica. En ambos territorios algunas regiones, como Galitzia-Lodomeria, en Austria, o Croacia-Eslavonia, en Hungría, tenían un régimen autónomo de autogobierno.

Había un Consejo de Ministros Común, formado por los dos primeros ministros, el ministro imperial de Asuntos Exteriores, el Jefe del Estado Mayor Imperial, el ministro de Finanzas, algunos archiduques y el emperador, que se encargaba del gobierno de las responsabilidades comunes , es decir, las finanzas, defensa y política exterior. A su vez, dos delegaciones representantes de cada uno de los dos parlamentos se reunían por separado y votaban las propuestas del Consejo de Ministros Común. En cualquier caso, el emperador tenía la decisión final en temas de defensa y relaciones exteriores.

La invasión de competencias entre los ministerios conjuntos y los gobiernos de cada uno de los dos estados causó fricciones y desgobierno, especialmente entre las fuerzas armadas. Aunque el Consejo de Ministros Común se encargaba de todas las cuestiones militares, el gobierno austriaco y el húngaro se encargaban separadamente de los temas de reclutamiento, legislación del servicio militar, transporte de tropas y de la regulación de las cuestiones civiles de los militares. Por tanto, cada uno de los gobiernos tenía mucha influencia en cuestiones militares y cada uno podía desbaratar operaciones militares si lo juzgaba conveniente a sus intereses.

A menudo se dieron conflictos sobre aranceles exteriores y sobre la contribución de cada uno de los estados a la hacienda común aportando el 70% del presupuesto. Según los acuerdos del Compromiso de 1867, cada diez años se tenían que renegociar estos temas, y cada renovación comportaba nuevos problemas políticos. En 1905 las relaciones se torcieron con la disputa sobre qué lengua se debía utilizar en el ejército húngaro y por la llegada al poder en Budapest, en 1906, de un gobierno de coalición nacionalista húngaro. No obstante, los acuerdos se renovaron en octubre de 1907 y en noviembre de 1917.

Respecto a la participación de la población en el gobierno del imperio, Austria propició un régimen parlamentario a partir de las reformas de 1860, 1862 y 1867, que reconocieron las libertades religiosas, de pensamiento y de asociación. Se creó un parlamento bicameral o Reichsrat es decir, cámara de diputados y cámara alta. Entre 1861 y 1897 se mantuvo el sufragio censitario e indirecto a través de cuatro curias de las que eran excluidos los trabajadores. En 1897 el canciller imperial, conde Badeni, creó una quinta curia para representar a los trabajadores, pero hubo que esperar a 1907 para que se concediera el sufragio universal y directo a los austriacos, lo que redundó en los grandes partidos de masas.

En Hungría, por el contrario, se mantuvo una rígida y centralista política de magiarización de las minorías (eslovacos, ucranianos, serbios, y rumanos) que quedaban sujetas a la autoridad del gobierno de Budapest (exceptuando de estas políticas a las minorías de croatas y germanos, protegidos expresamente por el Compromiso de 1867.

La extensa nobleza húngara consiguió retener en sus manos los poderes ejecutivo y el legislativo gracias a un sufragio censitario muy restrictivo y a un fuerte autoritarismo que mantuvo sumisa a la mayoritaria población rural húngara, mientras restringía la participación política de las minorías a unos cuantos aristócratas rumanos y eslovacos, mientras ucranianos y serbios sólo tenían asegurado su poder político a nivel municipal y local. El poder de la nobleza húngara se basaba en el control de la tierra que, hasta la revolución de 1848, les pertenecía por completo.

Economía

La economía austrohúngara cambió profundamente durante la época de la monarquía dual. El progreso tecnológico aceleró la industrialización y el crecimiento de las ciudades. Ante el desarrollo del capitalismo, las antiguas instituciones feudales comenzaron a desaparecer. El crecimiento económico se centró en un principio en Viena y su entorno, en las regiones alpinas y en Bohemia. Durante los últimos años del siglo XIX el crecimiento económico se extendió también a la llanura húngara y las regiones de los Cárpatos. Al estallar la Gran Guerra, la economía austrohúngara era la quinta economía europea y la sexta mundial por su PNB, ocupando los mismos puestos respecto a su potencia industrial y comercial.

Dentro del Imperio las regiones occidentales estaban más desarrolladas que las orientales. Como muestra del rápido crecimiento económico, el PNB percápita se incrementó a un ritmo de 1,45% anual entre 1870 y 1913.

Aun así, la economía de Austria-Hungría en su conjunto se encontraba todavía por detrás de las de otras potencias ya que había comenzado más tarde su modernización. Así, el Reino Unido tenía un PNB un 70% superior al austrohúngaro y el Imperio Alemán un 100%. Por otro lado había importantes diferencias de nivel económico entre las distintas regiones (Bohemia o Austria mantenían niveles de desarrollo económico y social equivalentes a los de Alemania o Francia, mientras que Transilvania, Galitzia o Bosnia-Herzegovina mantenían una gran similitud con los situaciones balcánicas o rusas.

El ferrocarril se extendió rápidamente en todo el territorio austrohúngaro. Anteriormente, en 1841, el Imperio había desarrollado una red de ferrocarriles en las regiones occidentales, con centro en Viena. Poco después y con intención de aprovecharlo militarmente, el gobierno invirtió fuertemente en el ferrocarril, construyendo líneas de tren hacia Bratislava, Budapest, Praga, Cracovia, Graz, Liubliana y Venecia. En 1854 Austria disponía ya de 2.000 Km. de vías férreas de las que un 70% eran propiedad del Estado. Desde ese momento el gobierno comenzó a vender gran parte de las líneas a la iniciativa privada para recuperar sus inversiones y poder pagar los costes provocados por la Revolución de 1848 y la Guerra de Crimea.

Desde 1854 hasta 1879 la iniciativa privada se ocupó de la construcción de nuevas vías. En Austria, con 7.952 km nuevos de líneas, y en Hungría, con 5.839 km, se conseguía de esta forma cohesionar la economía austrohúngara, al menos en lo que hacía referencia al transporte. Después de 1879, el gobierno austrohúngaro comenzó a racionalizar la red ferroviaria, principalmente a causa del freno en el crecimiento económico durante la depresión mundial de la década de 1870. Entre 1879 y 1900 se construyeron más de 25.000 Km. nuevos de vías en todo el Imperio, llegando el ferrocarril a las regiones más orientales. En 1914 la red ferroviaria llegó a tener más de 43.000 km. La red ferroviaria redujo los costes del transporte y abrió nuevos mercados para productos de otras regiones del Imperio, sobre todo de las más industrializadas (Baja Austria y Bohemia).

Datos generales

Población

La población del Imperio austrohúngaro era de 48.592.000 habitantes en el censo de 1907. El censo oficial de [[1910] arrojaba la cifra de 51.439.048 habitantes en todo el Imperio. Austria tenía 28.571.446, Hungría 20.935.800 y la provincia de Bosnia-Herzegovina 1.931.802. En 1914 la población era de 52.799.000 habitantes.

La población estaba desigualmente repartida en el territorio, que presentaba una densidad de población de 78 hab/km². En 1914, Austria tenía 97 hab/km², y Hungría 66 hab/km². El contraste era superior entre las regiones industrializadas (Baja Austria, Bohemia, Moravia y Silesia), que superaban los 120 hab/km², y las zonas montañosas de los Alpes (Salzburgo, Tirol y Vorarlberg) y los Balcanes (Bosnia-Herzegovina y Dalmacia), que no llegaban a los 60 hab/km².

Las regiones centrales, dedicadas sobre todo a la agricultura, tenían densidades entre los 50 hab/km² y los 70 hab/km². La costa estaba densamente poblada superando los 100 hab/km² y otras regiones de economía mixta (Alta Austria, Bucovina) estaban entre los 70 hab/km² y los 80 hab/km². La extensa provincia de Galicia y Lodomeria, la más poblada de la Cisleithania, estaba en torno a los 100 hab/km².

Idioma

El Imperio austrohúngaro tenia una gran variedad de grupos étnicos, debido a la diversidad lingüística, cultural y religiosa (15 nacionalidades con 12 lenguas y 7 confesiones religiosas). Los grupos mayoritarios eran el austro-germánico (23,9%), de lengua alemana y el magiar (20%), de lengua húngara, y la religión del estado era la católica, además de la predominante.

Los eslavos eran el tercer grupo en número si bien se dividían lingüísticamente en 6 idiomas (polaco, checo, eslovaco, ucraniano, esloveno y serbocroata) y 8 etnias, alguna de ellas de religión musulmana (bosniacos o bosnios). También había pueblos latinos, fundamentalmente italianos y rumanos (pero también friulanos de Gorizia y ladinos del Trentino), y judíos, estos concentrados en las grandes ciudades y en la región de Galitzia, de lengua alemana, húngara o yiddish.

Ciudades

En el Imperio Austrohúngaro existía una red de ciudades similar a las de otros estados de la época, condicionada por la densidad de población, la industrialización y los condicionantes históricos. En 1914 el imperio contaba con una extensa red de unas 30 ciudades de más de 50.000 habitantes, además de tres grandes metrópolis en el ámbito económico y cultural europeo.

A la cabeza de todas las urbes estaba la capital, Viena, que pasó de los 900.998 habitantes de 1869, dos años después de la creación del estado dual, a 2.083.630 en 1910, siendo en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la tercera ciudad más grande de Europa, tras Londres y París y cuarta de la Tierra tras estas y Nueva York. El crecimiento de Viena, que alcanzó en 1916 su máxima población histórica con 2.239.000 habitantes, se debió a una suma de factores que la convirtieron en un centro político, económico, industrial y cultural de primer orden europeo y mundial, y por tanto el mayor polo de atracción demográfica de toda Austria-Hungría.

La segunda ciudad del Imperio era Budapest, que contaba con 880.371 habitantes en 1910 y un área metropolitana de 935.000, superando el millón en 1914. Era la capital y centro económico y cultural del Reino de Hungría, el otro de los estados de la monarquía dual, y estaba poblada mayoritariamente por magiares con importantes minorías judía y germana. Budapest era el resultado de la unión de los núcleos de Buda y Pest a finales del siglo XIX.

En importancia demográfica les seguía Praga, capital del Reino de Bohemia, en Austria, que contaba con 224.000 habitantes (550.000 en el área metropolitana), poblada mayoritariamente por checos y con minorías de judíos y germanos, y que experimentó un gran crecimiento debido a la industrialización. Tras ella, Lviv (llamada Lemberg), con 361.000 habitantes de origen polaco, ucraniano y germano, capital de Galitzia; Trieste, con 229.510 italianos y eslovenos; Cracovia (llamada Kraków o Krakau), la antigua capital polaca, con 183.000 habitantes, centro del irredentismo polaco; las ciudades de población germana Graz y Brno (llamada Brünn) superaban los 100.000 habitantes.

Fuentes