Fobia

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Fobia
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Concepto:Trastorno psicológico con amplia incidencia en la población mundial.

La fobia (palabra derivada de Fobos (en griego antiguo Φόϐος, ‘pánico’, que era la personificación del miedo en la mitología griega, hijo de Ares y Afrodita) son un trastorno psicológico que tiene una amplia incidencia en la población mundial. Una de cada veinte personas, aproximadamente, padece una fobia de uno u otro tipo.

Fobias

El manual de diagnostico de los trastornos mentales (DSM-IV) las define como:

“un temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”.

Una persona fóbica siente un miedo exagerado y sin sustento real ante determinadas situaciones u objetos, y en ocasiones esto puede incluso provocarle malestar físico: temblores incontrolables, mareos, sudoración excesiva, palpitaciones, etc. En los casos más extremos, pueden llegar a producirse ataques de pánico.

Clases de fobias

Existe un amplio espectro de las fobias conocidas como específicas: así se conoce al trastorno cuando el miedo está desencadenado por un determinado factor fácilmente identificable. Esas fobias tienen nombres propios, tales como la claustrofobia, zoofobia, coulrofobia, triscadecafobia, etc.(Ver Clasificación de las Fobias)

Otro tipo de fobia muy común es la fobia social, que es aquel trastorno por el cual la persona manifiesta un temor y una ansiedad excesivos ante situaciones que impliquen mostrarse o hablar en público. No ha de confundirse con mera timidez, pues en el caso de una fobia este miedo implica un impedimento para que la persona se maneje de manera normal en sociedad, en su entorno laboral o familiar.

Causas de las fobias

Las causas de la aparición de una fobia no siempre están claras. La mayoría de ellas tiene su origen en la infancia, si bien no deben confundirse con los temores infantiles normales que van superándose conforme madura el niño. Las fobias persisten en la edad adulta e incluso se pueden incrementar, aún cuando el paciente es consciente de que sus temores son irracionales y sin fundamento.

Hay quienes dicen que existe cierto componente genético en las fobias (si un padre la padece, puede llegar a transmitírsela a sus hijos), pero los expertos no están de acuerdo en qué papel juega en estos casos la biología y cuánto corresponde a la crianza: es posible que la transmisión del miedo se deba a que el niño teme aquello que ve que tanto afecta a sus padres.

Un episodio traumático puede llegar a desencadenar una fobia: por ejemplo, hombres o mujeres que hayan sido abusados en la infancia y que luego padecen de algún tipo de fobia sexual, asociando después el elemento que le causa temor. La asociación puede ser directa o indirecta. Es directa cuando ha sido ese elemento la causa misma que desemboca en una fobia: por ejemplo, un niño es arañado por un gato furioso, y a consecuencia de ello el niño crece y se convierte en un hombre con ailurofobia - fobia a los gatos-.

Las investigaciones al respecto indican que existen ciertos factores genéticos y ambientales que favorecen la aparición de una fobia. Asimismo, las situaciones en las cuales se desencadenan de manera más intensa son aquellos momentos donde la persona, por distintos motivos, está sometida a estrés.

Aún resta saber si cualquier persona sometida a un determinado estímulo puede desarrollar una fobia, o si es necesaria cierta predisposición genética para desencadenarlas. Algunos científicos se preguntaron esto al ver que en muchos casos, los hijos repiten la fobia de los padres: por ejemplo, una madre con aracnofobia es transmite a sus hijos su propio miedo a las arañas. Sin embargo, no necesariamente se trata de herencia genética, sino que simplemente puede tratarse de un comportamiento aprendido.

Asimismo, ciertas fobias tienen como causa los resabios de un comportamiento instintivo: a lo largo de los siglos, el hombre ha temido a ciertos animales peligrosos como las arañas y las serpientes, o a fenómenos climáticos como las tormentas. Y por supuesto, hay fobias que son absolutamente culturales como al número 13 (en los países occidentales, ya que los orientales temen al número 4), a Halloween o a los extranjeros.

En muchos casos, las personas no recuerdan las causas que los llevaron a desarrollar su fobia, especialmente cuando se trata de fobias específicas. Otras veces, en cambio, pueden recordar uno o varios sucesos que los llevaron a ellas, sobre todo cuando de fobias sociales se trata. Las causas de que una persona desarrolle, por ejemplo, glosofobia –miedo a hablar en público- pueden remitirse a situaciones en el pasado, que la persona haya experimentado como de humillación pública: burlas de sus compañeros, risas maliciosas, críticas, etc., y que en su momento hayan herido la autoestima del niño.

En cualquiera de los casos, la reacción ante las fobias suele ser la evitación de la situación tan temida. Esto puede llevar a que las personas vean deteriorada su vida social, laboral y afectiva. Por fortuna, en la actualidad existen varias maneras de tratar una fobia.

Cura para las fobias

Debido a que las fobias pueden afectar la vida cotidiana de quienes las padecen, hasta el punto de acarrearles verdaderos disturbios a sus relaciones afectivas, su entorno laboral y su vida privada, muchas personas realizan consultas acerca de un posible tratamiento de las fobias, ya sea para erradicar la fobia o para aprender a vivir con ella. Es importante saber que las fobias no suelen desaparecer por sí solas, por ello es muy importante buscar ayuda. Para iniciar un tratamiento, lo primero es tener el diagnóstico de un profesional (ya que lo que se puede confundir con una fobia específica podría ser en realidad un trastorno de ansiedad, o algo circunstancial). Es importante conocer los diversos factores implicados en el problema (qué desencadena la fobia, qué la predispone, qué soluciones se han intentado). El paciente y el especialista deben mantener una relación fluida que les permita elaborar objetivos a alcanzarse con el tratamiento.

Las fobias específicas suelen tratarse mediante psicoterapia, que, a la vez que le enseña al paciente las causas de su fobia, le aporta técnicas para ir dominando la ansiedad ante el estímulo desencadenante. Las técnicas para controlar la respiración y la tensión muscular también pueden ser de gran utilidad.

Tratamientos

  • Terapia de Exposición: Esta terapia conductual fue desarrollada originalmente por Joseph Wolpe. En este tipo de terapia, el terapeuta desensibiliza al paciente del estímulo fobígeno, usando una exposición programada, gradual y progresiva del mismo. Con esto, el paciente aprende a volverse fóbico a algún objeto o situación en particular, y puede reaprender a perderle el miedo si se usa la técnica apropiada. También se le enseña al paciente a controlar la angustia con técnicas de respiración y relajación.
  • Terapia Cognitiva: Con esta terapia se busca que el paciente entienda que su temor no está basado en la realidad, sino en temores internos ajenos a esta. En algunas ocasiones la raíz de esos temores se encuentra en una mala experiencia.
  • Desensibilización Sistemática: En esta técnica se utiliza la imaginación en lugar de la exposición. Al paciente se le hace imaginar que se va exponiendo de forma paulatina y programada ante el estímulo fobígeno. Cuando se detiene la exposición real o imaginaria, comienza el proceso de desensibilización, esto cuando el paciente ha logrado recuperarse del malestar. Poco a poco va acercándose más al paciente a la situación que le provoca el miedo.

El los últimos años, la Programación Neurolingüística se ha puesto de moda como tratamiento ante determinadas fobias, pero los resultados de la misma aún no han sido científicamente comprobados. Otros tratamientos alternativos incluyen las terapias con flores de Bach, los libros y grupos de auto-ayuda y la hipnosis.

Hay que tener en cuenta que una persona que padece una fobia no debe someterse a ningún tipo de tratamiento sin antes haberse puesto en manos de un profesional de la salud. Son ellos los indicados para estudiar su caso en profundidad, hacerle los exámenes clínicos correspondientes –para descartar cualquier tipo de causa médica que no responda estrictamente a la definición de fobia- y, llegado el caso, recomendarle la mejor manera de abordar el problema.

Lo fundamental a la hora de tratar una fobia es estar decidido a superarla, no desilusionarse si los resultados tardan en aparecer, ponerse metas claras y posibles (no imaginar situaciones imposibles de cumplir: una persona con cinofobia –miedo a los perros- tal vez nunca llegue a disfrutar de la convivencia con tres mastines, pero puede sentirse conforme si consigue visitar a un amigo que tiene un perro en casa sin por ello sentirse ansioso días antes. Luego hay que establecer un día determinado para comenzar el tratamiento, habiéndose armado de paciencia. Finalmente, valorar todos y cada uno de sus logros, ya que por pequeños que puedan parecer implican siempre un gran paso.

Fobias comunes

Por más que a más de uno le resulten curiosas o sorprendentes, las fobias no son un trastorno extraño. De hecho, son muy comunes. Los expertos calculan que las fobias en su conjunto tienen una incidencia en el 5% de la población mundial. Esto significa que una de cada veinte personas padece algún tipo de fobia. Las mujeres padecen fobias con más frecuencia que los varones.

Dentro de la clasificación en fobias específicas (miedo a ciertos objetos, situaciones o fenómenos) y fobias sociales (temor o ansiedad extrema frente a determinados acontecimientos sociales, como entablar contacto verbal con desconocidos o tratar con la familia política), son mucho más comunes las primeras. De hecho, mucha gente padece una fobia específica pero ésta no le afecta en su vida cotidiana (como podría ser el caso de una persona que viva en una gran ciudad y que padezca de ofidiofobia –miedo a las serpientes- y que, llegado el caso, evitará encontrárselas en un Zoológico).

Si bien es difícil determinar cuáles son las diez fobias más comunes (ya que varían según el sexo y la edad –los adolescentes padecen fobias sociales con más frecuencia que los adultos-).

Las 10 fobias más comunes

  • Aracnofobia: Se trata del miedo a las arañas. Se calcula que la mitad de las mujeres y el 10% de los hombres padecen esta fobia en algún grado. Las reacciones de estas personas resultan exageradas para los demás, e incluso para los mismos afectados. Éstos procuran mantenerse apartados de los sitios en donde pueden encontrarse arañas, o donde han visto telas de araña. En los casos más serios, el pánico puede ser detonado incluso al ver una fotografía.
  • Sociofobia: Se trata de un persistente e intenso miedo a ser juzgado negativamente en situaciones sociales. Es una fobia de las más comunes entre adolescentes y jóvenes, se calcula que cerca de un 4% de las personas entre 18 y 55 años la padecen. A diferencia de lo que sucede en la mayoría de las fobias, esta fobia social es igualmente común en hombres y mujeres.
  • Aerofobia: Se trata del tan común miedo a viajar en avión (de hecho, se calcula que sólo el 5% de los pasajeros abordan el avión sin temores de ningún tipo). Sin embargo, las personas que padecen de esta fobia no experimentan sólo una ligera inquietud en el momento del aterrizaje y del despegue, sino que en ocasiones las fobias les impiden planear siquiera un viaje de este tipo, o les ocasionan trastornos de ansiedad ante la perspectiva de un futuro viaje, incluso meses antes de llevarlo a cabo.
  • Agorafobia: Se trata del miedo a los espacios abiertos, y es un trastorno más común entre las mujeres que entre los hombres. El agorafóbico teme todo aquel lugar donde no se sienta “seguro” o no pueda “recibir ayuda”. El que presenta este tipo de trastorno suele refugiarse en su hogar y rara vez sale, ya que en esas ocasiones experimenta una gran ansiedad. Es la fobia que motiva más a menudo consultas a especialistas.
  • Claustrofobia: Al contrario que la agorafobia, este trastorno implica el temor a quedar confinado a espacios cerrados. Se estima que entre un 2 y un 5% de la población padece esta fobia. Estas personas suelen evitar los ascensores, el metro, los túneles, las habitaciones pequeñas, hasta las puertas giratorias les pueden presentar dificultades, así como también el uso de equipos para técnicas de diagnóstico médico como el TAC.
  • Acrofobia: Se trata del miedo a las alturas, no simple vértigo sino un temor que ocasiona ansiedad a quienes lo padecen. La fobia suele manifestarse en situaciones tales como las de asomarse a un balcón, estar en un mirador elevado o junto a un precipicio. Al igual que sucede en otras fobias, aquellos individuos que la sufren buscarán evitar la situación temida.
  • Emetofobia: Se trata de la fobia al vómito o a vomitar. Hay personas que sienten más que una simple aversión hacia el acto de vomitar, y que incluso cambian sus hábitos alimenticios y sociales en consecuencia (por ejemplo, evitar ir a comer a restaurantes por temor a que la comida que le sirvan allí le siente mal al estómago). Si bien sólo en casos extremos se considera fobia, se calcula que el 6% de la población siente temor de vomitar.
  • Carcinofobia: Se trata del miedo a contraer cáncer. Es uno de los temores más comunes desde el momento en que la mayoría de los adultos siente aprensión ante la posibilidad de manifestar esta enfermedad. Sin embargo, en el caso de los fóbicos, se trata de un miedo muy antinatural, ya que demostrarán temerle a cualquier síntoma físico negativo, asociándolos todos a síntomas de la enfermedad.
  • Brontofobia: Son comunes las fobias que involucran elementos climáticos o determinados fenómenos meteorológicos, y éste es el caso de la brontofobia. Consiste en el miedo extremo ante los rayos y truenos de las tormentas. Alguien con esta fobia estará alarmado tanto antes como durante las tormentas, y en casos extremos, padecerán los síntomas de la ansiedad. Incluso puede verse afectada su vida social, ya que su planificación de actividades depende del pronóstico meteorológico, y pueden llegar a faltar al trabajo o modificar sus hábitos debido al clima.
  • Necrofobia: El miedo a la muerte es algo natural e instintivo en el hombre, posiblemente porque la muerte es lo desconocido. Además, se asocia la muerte con los padecimientos que la preceden, dolor, sufrimiento, etc. Sin embargo, algunas personas padecen de una verdadera fobia a la muerte y a los seres muertos. Quienes padecen de esta condición no pueden explicar con claridad el sentimiento escalofriante que experimentan al estar frente a una momia o a un cadáver.
  • Araquibutirofobia. Es el miedo a la mantequilla de maní, específicamente la preocupación de que la mantequilla de cacahuete se pegue al techo de la boca y haga que sea difícil de masticar, respirar o tragar.

Categorías de Fobias

Fobia Específica

Esta fobia se puede detectar cuando la persona responde con una ansiedad muy marcada ante un objeto, persona o situación concreta. Este tipo de fobias pueden afectar marcadamente la vida de la persona. La ansiedad, la crisis, la angustia, la evitación pueden ser síntomas de que la persona padece esta fobia. La persona sabe perfectamente que está exagerando ante la situación, pero no puede hacer nada para controlarse. Por ejemplo, una persona sabe que exagera al ponerse nerviosa cuando pasa por un puente, pero el miedo a que se derrumbe es tal que no puede controlarse

Tipos de Fobias Específicas

Las fobias específicas pueden clasificarse en diversos subtipos según cuál es el objeto o la situación que detona el miedo. Por ejemplo:

  • Tipo animal: Es un subtipo de fobia que suele aparecer en la infancia. El miedo se refiere a ciertos animales o insectos. Una persona puede padecer más de una fobia: por ejemplo, bufonofobia (miedo a los sapos) y musofobia (miedo a los ratones).
  • Tipo situacional: Este subtipo puede iniciarse, o bien en la segunda infancia, o bien después de los veinte años. Se trata de un miedo que se detona ante situaciones específicas como viajar en avión, atravesar un túnel, encontrarse en un recito cerrado, etc.
  • Tipo ambiental: Este subtipo también suele tener su origen en la infancia del paciente. Se refiere al miedo a situaciones propias del entorno natural o fenómenos climáticos tales como las tormentas, los rayos o relámpagos, etc.
  • Tipo sangre-inyecciones-daño: Este subtipo suele presentar una incidencia familiar (lo padecen los hijos de padres con la misma fobia) y se caracteriza porque ante el estímulo, a la persona le baja la presión, se desmaya o sufre de mareos. Se trata de un miedo extremo a la sangre, a las inyecciones, transfusiones de sangre, cirugías o cualquier intervención invasiva.
  • Otros tipos: Algunas fobias específicas no se ubican en ninguno de los subtipos anteriores, ya que hay un amplio espectro de estímulos que pueden desencadenar temor y fobias. Por ejemplo, el miedo al vómito, el miedo a los espejos, el temor de los niños pequeños a los ruidos fuertes, a las personas disfrazadas, a las marionetas o a los muñecos, etc.

Las fobias específicas varían según el sexo: por lo general, su incidencia es mayor en las mujeres que en los hombres. Ellas suelen padecer fobias específicas del subtipo animal o situacional, mientras que la incidencia de los hombres es mayor cuando se trata del tipo sangre-inyecciones-daño, donde se igualan a las mujeres.

Tratamiento

Si bien no existe un tratamiento específico para cada tipo de fobia, en ocasiones ayuda tomar medicamentos cuando se sabe que uno va a estar expuesto al objeto de su miedo (por ejemplo, antes de subirse a un avión, una persona con aerofobia puede tomar un tranquilizante recetado, de manera que aunque su fobia no se solucione, sí pueda realizar el viaje con relativa tranquilidad). De todas maneras, siempre es bueno consultar con un profesional si se sabe o se presiente que uno padece una fobia específica.

Fobia Social

En este caso, la persona se siente intimidada o nerviosa ante una situación en público, lo que puede llevar a una evasión total del sujeto ante la situación. Uno de los ejemplos más claros es el de las personas que les da miedo hablar en público. El la mayoría de los casos, la causa por la que las personas evitan el público, es por miedo a comportarse de manera embarazosa o inapropiada. Este comportamiento puede afectar significativamente la vida de la persona, ya que entrará en pánico cuando tenga que hacer una presentación escolar, o hablar en una reunión de trabajo o de amigos, o enfrentarse ante un superior.

Agorafobia

Se puede detectar por la aparición de ansiedad, por evitar lugares donde les puede ser difícil escapar en caso de que ocurra una crisis. Las personas que sufren de agorafobia evitan lo más que pueden salir de su casa, quedarse solos en la misma, viajar en vehículos, etc. La mayoría de las veces cuando estas personas salen, deben hacerlo acompañados de una persona cercana que los ayude en caso de una crisis.

Crisis de Angustia

Durante una crisis de angustia, la persona siente una presión en el pecho, miedo pavoroso o terror, mareos o desmayos, asfixia, miedo a volverse loco o perder el control de la situación, escalofríos, entumecimiento, hormigueo, palpitaciones muy fuertes. Si la persona siente un malestar intenso acompañado por 4 o más de estos síntomas, estará atravesando una crisis de angustia.

Las fobias infantiles

Para empezar, es importante recordar que las fobias se caracterizan por ser miedos irracionales, extremos e incontrolables que se desencadenan ante un estímulo determinado. Una persona que sufre de una fobia, ante el contacto real o incluso la anticipación de encontrarse con aquello que le produce el temor, experimenta síntomas físicos tales como palpitaciones, temblores, náuseas, etc. Los niños más pequeños viven al objeto o a la circunstancia temidos como auténticas amenazas y peligros. Aún así, si bien los adultos y los adolescentes logran darse cuenta de que su temor es infundado, no por ello logran controlarlo.

¿Fobia o temor normal?

Todos los niños experimentan algunos miedos muy comunes a lo largo de las diferentes etapas de su infancia. Así, es normal que los bebés teman a los ruidos muy fuertes, que los niños de tres años no quieran dormir con la luz apagada, que los niños de cuatro años tengan miedo a los monstruos y a partir de los ocho años teman a la muerte. La edad del niño indica si es un miedo normal, y estos temores tienden a desaparecer conforme el niño madura. Es bueno respetarles estos miedos a los chicos, calmarlos, hablar con ellos y darles una dimensión real.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de las fobias tiene su origen en la infancia, entre los seis y los doce años. Sin embargo, muchas veces los niños que las padecen terminan sobreponiéndose a sus temores, así que no siempre la aparición de algún síntoma parecido al de una fobia es sinónimo de que el niño la vaya a padecer aún de adulto.

Por ello, las fobias infantiles son algo para preocuparse únicamente cuando interfieren en la vida cotidiana de los chicos. Los niños que padecen fobias tienden a evitar todo aquello que podría desencadenar sus temores: por ejemplo, un niño de ocho años que no puede dormir con la luz apagada por su terror a la oscuridad, o una pequeña que se niega a ir a jugar al parque por temor a encontrarse un insecto.

Fobias más comunes en los niños

Existen algunas fobias que son particularmente comunes entre los niños.

  • Fobia específica (miedo a determinado objeto o situación fácil de identificar)
  • Fobia a las serpientes
  • Fobia a los insectos
  • Fobia a los payasos
  • Agorafobia (miedo a encontrarse en una situación donde sea difícil salir o recibir ayuda)
  • Fobia social.

¿Cómo ayudar a un niño que padece de una fobia?

Afortunadamente, existen tratamientos terapéuticos que ayudan a los pequeños a liberarse de sus fobias. En los chicos lo que más suele funcionar (siempre en manos de un profesional) es la exposición al estímulo temido, junto con la elaboración del mismo y las técnicas de continencia.

La exposición puede ser tanto a un estímulo real como a uno imaginario, pero con niños pequeños (de cinco a once años) funciona mejor si de un estímulo real se trata. Lo importante es que lentamente el niño se vaya desensibilizando y aprenda a superar sus temores. El rol de sus padres como acompañantes es fundamental para ayudarlo.

Otra forma de tratamiento incluye el uso de medicamentos –de cualquier manera, la decisión final siempre debe contemplar el caso de cada paciente en particular, y dependerá tanto del profesional como de los padres del niño-.

Tipos de Fobia

Los tipos de Fobia son muy variados. Para conocerlos, visitar el artículo: Listado de Fobias.

Referencia

Fuentes