Saltar a: navegación, buscar

Mediación de Sumner Welles

Mediación de Sumner Welles
Información sobre la plantilla
Lugar:La Habana
Descripción:
Mediación realizada por el embajador de Estados Unidos en Cuba, Benjamín Sumner Welles, con el objetivo de lograr un arreglo entre la oposición y el dictador Gerardo Machado.
Resultado:
Renuncia de Gerardo Machado, ascenso de Carlos Manuel de Céspedes
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos

Mediación de Sumner Welles. Negociación llevada a cabo entre el embajador de Estados Unidos en Cuba, Benjamín Sumner Welles, con el objetivo de lograr un arreglo entre los elementos moderados de la oposición y el gobierno dictatorial del general Gerardo Machado. La mediación constituyó un proceso de entendimiento entre los partidos del gobierno y de la oposición burguesa con miras a neutralizar la acción revolucionaria del pueblo de Cuba. Las demandas más sentidas de las clases medias, los campesinos y la clase obrera no tendrían cabida en estas negociaciones.

De los informes de Sumner Welles al Departamento de Estado se infiere que prácticamente todos los actos del gobierno y la oposición referidos a la mediación eran previamente planificados en círculos cerrados, donde el embajador norteamericano demostraba plenamente su protagonismo.

La Mediación

El 7 de mayo el embajador Sumner Welles llegó a Cuba en el barco Peten. Welles venía con la misión de lograr un entendimiento entre la oposición y el presidente Gerardo Machado que posibilitara el tránsito hacia un gobierno afín a los Estados Unidos.

Las gestiones del embajador comenzaron de inmediato. Se acercó a los dueños de medios de prensa y también a prestigiosas figuras del Ejército Libertador como el coronel Cosme de la Torriente. Ya a finales de junio se habían adherido a la Mediación: el ABC, la Junta Revolucionaria con Sede en Nueva York, el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido Popular Cubano y la Unión Nacionalista, de Carlos Mendieta.

Se negaron a sumarse: el Conjunto Revolucionario Cubano, de Mario García Menocal, el Ala Izquierda Estudiantil, el Partido Comunista, el ABC Radical, la Unión Radical de Mujeres, la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), el Directorio Estudiantil Universitario, la Federación Obrera de La Habana, los militantes del APRA y la Unión Revolucionaria de Antonio Guiteras.

Las negociaciones

El 1 de julio de 1933 comenzaron las conversaciones oficiales entre el gobierno de Gerardo Machado y los grupos opositores que respaldaban la Mediación. Dos sesiones diarias se llevaron a cabo en la sede de la embajada de Estados Unidos en Cuba.

La delegación del gobierno fue integrada por el general Alberto Herrera Franchi, Secretario de Guerra y Marina; Octavio Averhoff, secratario de Hacienda y Mario Ruiz Mesa, de Instrucción Pública y Bellas Artes. Y la oposición se hizo representar por el coronel Cosme de la Torriente, por Unión Nacionalista; Joaquín Martínez Sáenz, por el ABC; Nicasio Silveira, por la Organización Celular Radical Revolucionaria; Manuel Dorta Duque, por el claustro de la Universidad de La Habana; Gustavo Aragón y Díaz Baralt, por el profesorado de la segunda enseñanza; Rafael Santos Jiménez, por el grupo de Miguel Mariano Gómez; Wilfredo Albanés y Raúl de Cárdenas por el grupo conservador; Hortensia Lamar, por las llamadas mujeres oposicionistas; y René Lufriú, por la Junta Revolucionaria.

La oposición se proponía lograr, a través del embajador norteamericano, la libertad de los presos políticos, el regreso de los exiliados y un proyecto de reforma constitucional. Casi todo esto lo conseguiría a lo largo del proceso negociador.

Machado estuvo dispuesto a aceptar algunas transformaciones en la Constitución. Bajo esas circunstancias, Machado haría realidad su esperanza de mantenerse en el poder hasta mediados de 1935.

Inicialmente Welles le había indicado a Machado que dejase la presidencia en el otoño de 1934. Tal vez la indolencia de Welles y de los sectores de la oposición hacia esas maniobras gubernamentales radicaba en que se conformaron con que se había establecido el mecanismo con el que podrían deponer a Machado utilizando las vías legales, sin importar fechas. Ellos harían todo lo posible para que el momento de la caída de Machado les fuera conveniente.

Por otra parte, en la Casa Blanca el Presidente Franklin Delano Roosevelt no estaba al corriente de las realidades cubanas. Durante junio, julio y la primera semana de agosto el Secretario de Estado, Cordell Hull, tampoco recibió los reportes de Welles puesto que se encontraba participando en la Conferencia Económica de Londres. De modo que Sumner Welles actuó sin apenas recibir señalamiento alguno para corregir la política exterior norteamericana hacia Cuba. Esto explica cómo el Embajador procedió prácticamente libre en las componendas que fraguó en La Habana.

En los primeros momentos no estuvo claro si el Embajador se iba a decidir a apoyar plenamente al gobierno en su estrategia política de mantenerse hasta 1935 o si por el contrario iba a hacer de las propias conversaciones de la mediación el mecanismo para fraguar las reformas constitucionales. De cualquier manera, Welles tenía que dejar ver que la reconstrucción económica de Cuba era posible. En informe del 8 de junio de 1933 que dirige al Departamento de Estado, solicita que se anuncie pronto la negociación del Tratado de Reciprocidad Comercial.

Entre las sugerencias que Welles le trasmitió a Machado se encontraba la de suavizar la censura de los periódicos. El embajador le pidió expresamente a Machado que le diera libertad total a Cosme de la Torriente para hacer declaraciones a través de la prensa. De la Torriente sería el encargado de lograr que la opinión pública se pronunciase a favor de la mediación del Embajador norteamericano.

El cisma de la oposición

El manifiesto público que había presentado Cosme de la Torriente, el cual convocaba a un arreglo negociado a los sectores políticos en pugna a través de la mediación del Embajador norteamericano, había evidenciado que era preciso contener el empuje de los sectores revolucionarios. Si al ABC se le había podido atraer a la mediación, había que repetir la fórmula para toda la emigración revolucionaria. Un debate de ideas entre Cosme de la Torriente y Pepín Rivero, director del Diario de la Marina sobre el candente tema de la revolución, sus propósitos y limitaciones sirvió de plataforma política para la campaña que la derecha oposicionista emprendió contra los sectores más radicales de la oposición.

Los objetivos finales de la campaña que los líderes derechistas de la oposición desataron contra la Junta Revolucionaria de Nueva York eran la liquidación del programa revolucionario y la neutralización de los sectores antimperialistas y nacionalistas.

Cosme de la Torriente, a partir de ese momento, se convirtió en abanderado de la división de las fuerzas oposicionista y contribuyó en buena medida a neutralizar el sesgo revolucionario de las demandas de la oposición. La oposición debía parlamentar con el gobierno sobre formulismos legales para producir un tránsito ordenado de gobierno y no para hacer válido el programa social de transformaciones mínimo que habían previsto.

Los artífices de la mediación debían demostrar que sólo la propuesta mediacionista podría arrojar luz sobre los acuciantes problemas cubanos. Había que convencer a la opinión pública de que algunas propuestas revolucionarias podían tener acogida en las conversaciones que gobierno y oposición iniciarían con la anuencia de la embajada norteamericana.

Cosme de la Torriente, vasto conocedor de la historia republicana, se sentía preocupado no tanto por las extensiones arbitrarias de los mandatos políticos, sino por el peligro de que se desatase una revolución social que podía servir de pretexto a la intervención militar de Estados Unidos. Pero el verdadero sentido de su pensamiento político se expresó le advirtió a sus partidarios que el mayor peligro para sus intereses era perder las riendas de la insurrección y que estas fueran asumidas por los sectores más radicales.

Caída de Gerardo Machado

Para el verano de 1933 había que definir si la solución a la crisis general del país vendría a través de las fórmulas de la mediación, de las propuestas del gobierno, por la vía revolucionaria o en última instancia por la ocupación militar norteamericana. A medida que las negociaciones se estancaban, Welles podía percibir que a la mediación le quedaba poco aunque continúo aferrándose a ella antes de plantear nuevas soluciones.

En los últimos mensajes de Welles se expresaba el objetivo de derribar a Machado de la silla presidencial por medio de “un compromiso individual”. La mediación, como vehículo utilizado para interferir en los asuntos cubanos y ajustar los cambios internos a los requerimientos del New Deal a escala mundial, había llegado a un punto donde era preciso descabezar al régimen.

El 23 de julio de 1933 los trabajadores de los ómnibus de La Habana se fueron a la huelga, bajo la orientación de la CNOC, a causa del despido de 300 de ellos por el jefe del Distrito Central, Pepito Izquierdo. Oros sectores se sumaron al paro y a partir de ese momento se desencadenó la revolución.

El 1 de agosto el ejército se enfrentó con la población de Santa Clara, sublevada contra el gobierno y ocupó militarmente la ciudad. Los días 2, 3 y 4 de agosto se unieron a la huelga los ferroviarios, barberos, estibadores de los muelles, periodistas y linotipistas. Los medios de comunicación dejaron de funcionar. Sumner Welles pidió entonces a Machado que renunciara en favor de un secretario de Estado imparcial, pero el presidente se negó.

La Mediación y Sumner Welles quedaron a la zaga absorbidos por los acontecimientos. La batalla popular de los que no aceptaban la confabulación de la embajada de Estados Unidos pasó a primer plano y no se conformaría con otra solución que no fuese la salida del poder de Gerardo Machado.

En esa coyuntura Sumner Welles maniobró con los militares sublevados y parte de la oposición para propiciar la salida del poder de Machado. Tras la renuncia del presidente y todos los secretarios, menos el de Guerra y Marina, Alberto Herrera, este asumió la presidencia el 12 de agosto de 1933, pero esta solución no satisfizo a los opositores por los vínculos de Herrera con Machado. Siempre a sugerencia de Welles, Herrera nombro Secretario de Estado a Carlos Manuel de Céspedes y le traspasó la presidencia. Céspedes ascendió entonces a la presidencia con el apoyo del embajador de Estados Unidos y los sectores políticos que apoyaban la Mediación.

Gobierno de Carlos Manuel de Céspedes

El gobierno de «Concentración Nacional» de Carlos Manuel de Céspedes fue el gobierno de la Mediación donde hasta las más pequeñas decisiones se le consultaban a Benjamin Sumner Welles. El peso político de las agrupaciones que lo respaldaban era tan escaso y los miembros del gobierno tenían tan poco arraigo popular que el pueblo los bautizó como "el gabinete de las sombras"[1].

Inicio sus funciones en medio de una gran efervescencia revolucionaria y su corta administración sufrió la consecuencias del régimen de caos y confusión que vivía la nación después de la caída de Machado. Céspedes disolvió el Congreso y abolió las reformas constitucionales de 1928, restituyendo la Constitución de 1901 pero estas disposiciones no bastaron para satisfacer las aspiraciones de muchas organizaciones oposicionistas que consideraban a Céspedes como obra de la Mediación, una continuación del Machadato sin Machado.

Después de propagarse el rumor de que el gobierno realizaría una reducción sustancial de efectivos militares y rebajaría los salarios, el ambiente de insubordinación se incrementó hasta provocar entre el 3 y el 4 de septiembre la sublevación de los sargentos, quienes ocuparon Columbia y dieron un golpe militar.

Fracaso de la Mediación

El golpe militar significó el fin de la Mediación. Tras el golpe militar del 4 de septiembre de 1933 Céspedes fue depuesto y los elementos revolucionarios, agrupados en la Junta Revolucionaria de Columbia designaron una presidencia colegiada denominada Comisión Ejecutiva que ignoró todos los requerimientos de Sumner Welles y no fue reconocida por el gobierno de Estados Unidos, como tampoco lo fue el gobierno de Ramón Grau San Martín que le sucedió.

En medio de la crisis provocada por el alzamiento de los abecedarios y la posición cada vez más traidora del jefe del Ejército, el presidente Ramón Grau San Martín solicitó al gobierno de Estados Unidos que retirara a su embajador Benjamin Sumner Welles, el cual intervenía abiertamente en los asuntos internos de Cuba y exigía:

"Poner término a la perturbadora acción del embajador Welles, que mantiene relaciones y negociaciones con los enemigos del gobierno"[2]

El presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, respondió con una declaración amenazante, en la que amenazaba a Cuba con sanciones económicas; pero, finalmente, decidió sustituir a Welles por Jeffersson Caffery[2]

Referencias

  1. Briones Montoto, Newton. Aquella decisión callada. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2005. ISBN 959-06-0796-9
  2. 2,0 2,1 Colectivo autoral: La enciclopedia de Cuba. Editorial Vicente Báez. San Juan, Puerto Rico y Madrid

Fuentes