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Telégrafo óptico

Telegrafía Optica
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Dispositivo de telecomunicación

Telegrafía Óptico: es un aparato para escribir a grandes distancias, configurando diversas señales por medio de un mecanismo operado por una o varias personas (en ocasiones, este artefacto es denominado también semáforo, del griego sema, signo o señal, y foro, llevar).

Concepto

Telégrafo óptico es un utensilio diseñado para ser visto a gran distancia configurando diversas señales por medio de un mecanismo operado por una o varias personas. colocando varias torres en cadena podía hacerse que cada torre repitiese el mensaje de la anterior, propagándose así y recorriendo grandes distancias en un tiempo muy inferior al que requería un mensajero a caballo.

Descripción

El telégrafo consiste en un aparato situado a distancia visual de otro aparato similar. El operador maneja unos controles que sitúan los elementos del telégrafo en una posición reconocible por la torre siguiente. Esta repite el mensaje, que es leído y reproducido por una tercera, y así sucesivamente. No obstante, las frecuencias vienen marcadas por el material que se emplea en su construcción.

Funcionamiento

El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje.

Historia

La historia del telégrafo queda definida por una evolución en la que se suceden diversas soluciones, en función de las innovaciones tecnológicas: el telégrafo óptico, el eléctrico, la telegrafía sin hilos y otras versiones de la telegrafía como es el caso del teletipo. El pionero es pues el telégrafo óptico. Fue el espíritu cientifista del mundo de la Ilustración en el siglo XVIII el que auspició una serie de experimentos que culminaron a partir de 1790 con las primeras realidades prácticas.

El día 2 de Thermidor de 1794 (19 de julio), la Convención recibía el primer telegrama de la historia, en cuyo texto se anunciaba la toma por parte del ejército republicano francés de las plazas fuertes de Landrecies y Condé, hasta entonces en poder de las fuerzas austríacas. La noticia había sido transmitida hasta París desde la ciudad de Lille, a través de una línea de telegrafía óptica de 230 kilómetros, montada sobre 22 torres, la última de las cuales estaba ubicada en la cúpula del Louvre.

Claude Chappe había concebido en 1790 un sistema de señales ópticas, a través de las cuales y del correspondiente código, se podían transmitir signos alfabéticos y numéricos a distancia. Presentó su sistema ante la Convención el 22 de mayo de 1792, recibiendo un año más tarde una subvención de 6.000 francos para la construcción de una línea de prueba. En la perfección de su sistema contó Chappe con la inestimable ayuda de Abraham Louis Breguet, relojero suizo que residía en París, quien incorporó algunos dispositivos al primitivo prototipo de Chappe. El éxito de esta primera línea posibilitó la creación de una completa red de telegrafía óptica en Francia, bajo la dirección de Chappe hasta su muerte en 1805. Cuando a mediados del siglo XIX apareció la telegrafía eléctrica, en Francia el entramado de las líneas de la telegrafía óptica alcanzaba casi los 5.000 kilómetros.

A raíz de las primeras experiencias de Chappe, varios países comenzaron a ensayar sus propios sistemas de telegrafía óptica. En 1794, los ingleses construyeron varias líneas entre Londres y los puertos del canal de la Mancha (Deal, Portsmouth y Plymouth). La repercusión de este nuevo método de comunicación fue considerable en casi todos los países europeos y en Estados Unidos.

La idea de concebir un sistema de transmisión del pensamiento, de manera mucho más rápida y más segura a la del correo de la época, venía gestándose desde el último cuarto del siglo XVIII. Las necesidades militares y las del propio Estado, con una burocracia cada vez más compleja, impulsaban la búsqueda de nuevos y más eficaces medios de comunicación. La publicación en 1785 de la obra Synthematographik, del alemán Bergsträsser, sobre la combinación de signos para la construcción de lenguajes y la aparición de varios métodos para enviar señales a distancia a través de cohetes y otros procedimientos acústicos, prueban la predisposición de un sector de la sociedad ante esta modalidad comunicativa.

El telégrafo óptico encontró su máximo desarrollo en la Francia napoleónica, las necesidades militares del Imperio obligaban a una rápida transmisión de las noticias. El sistema de Chappe, probado con fortuna en Valmy, aparecía como el medio más eficaz. Entre 1805 y 1810 se construyeron las líneas París-Lyon-Turín-Milán, París-Brest, Paris-Calais-Boulogne. Durante la restauración borbónica el esfuerzo inversor se paralizó excepción hecha del tendido de la línea Paris-Bordeaux-Bayonne, realizado en 1823. Bajo el gobierno de Luis Felipe la telegrafía óptica asistió a un nuevo impulso, se trataba de crear una red en forma de tela de araña, que garantizará una comunicaciones eficaces del Estado, capaz de unir las plazas fuertes del Norte, los centros comerciales del litoral de La Mancha y las ciudades más importantes del Midi francés. Mientras Francia optaba por un modelo estatal, Gran Bretaña y Estados Unidos se decantaban por un modelo vinculado a la iniciativa privada y Prusia lo hacía por uno de carácter militar. En Gran Bretaña los primeros tendidos de telegrafía óptica fueron impulsados por el gobierno durante las guerras napoleónicas, con el fin de asegurar las comunicaciones entre los puertos y Londres. Tras la derrota de Napoleón, el gobierno británico abandonó en favor de la iniciativa privada la construcción y explotación de la telegrafía óptica. Comerciantes y compañías navieras fueron las protagonistas del desarrollo de la nueva innovación, particularmente el Comité de los Docks de Liverpool, interesados en la rápida comunicación de las llegadas y partidas de los barcos mercantes. En Estados Unidos el modelo fue similar. En 1800 entró en funcionamiento el primer sistema norteamericano de telegrafía óptica entre la ciudad de Boston y una isla próxima, con el fin de anunciar la llegada de los navíos. En 1812 Nueva York y la costa de Sandy Hook quedaban enlazadas. La telegrafía óptica en Estados Unidos no fue más allá de las ciudades costeras del Atlántico, la construcción de una auténtica red tuvo lugar con la llegada del telégrafo eléctrico. En Prusia la telegrafía óptica nació de la mano de las necesidades militares y políticas. Fue el Estado Mayor prusiano quién en 1832 tomó la iniciativa, construyendo una línea entre París y Coblenza, destinada a unir Prusia con la Renania, que asegurará una rápida comunicación de Prusia con Francia y Gran Bretaña. Lo tardío de la fecha hizo que la telegrafía óptica no tuviera un mayor desarrollo en Prusia.

España no fue ajena a esta corriente. El Conde de Aranda, embajador de España en Francia, tuvo los primeros contactos con varios de los precursores del telégrafo óptico. En los años posteriores a 1794, las repercusiones del nuevo invento impulsaron a individuos de las más variadas profesiones y estamentos a experimentar varios sistemas de telegrafía. Así, desde 1794 hasta 1808, se suceden entre otros los proyectos de Ximénez Colorado (astrónomo), Salvá y Campillo (médico), Hurtado (militar), Betancourt (ingeniero). Cronológicamente el primer ensayo corresponde al del profesor del Observatorio Astronómico de Madrid Salvador Ximénez Colorado, que la Gaceta de Madrid del 14 de octubre de 1794 recogía en sus páginas, lo que posiblemente no pasó de ser un mero ensayo de utilización de los entonces novedosos anteojos acromáticos. Por las mismas fechas el doctor Francisco Salvá y Campillo exponía sus experimentos sobre la utilización de la electricidad en la telegrafía. En 1799, Josef Fornell presentaba a la Corte "un método para transmitir las noticias con brevedad", sistema basado en un panel rectangular en el cual se movían horizontal y verticalmente 11 bolas o faroles, forrados con lienzo. El Ministro de Estado Mariano Luis de Urquijo remitió el proyecto a Agustín de Betancourt, que estaba desarrollando su propio sistema de telegrafía. El informe redactado por Betancourt criticaba el sistema de Fornell por la dificultad de su uso, la lentitud y el riesgo frecuente de averías provocadas por el viento.

A mitad de camino entre la anterior variedad de proyectos teóricos y lo que luego serán primeras líneas de telegrafía óptica en funcionamiento, se encuentra la figura omnipresente de Agustín de Betancourt. Fue uno de los científicos españoles favorecidos por el Conde de Floridablanca, cuyo apoyo le permitió ampliar sus estudios en la capital francesa. Durante su primera estancia de 1781 a 1784, hizo amistad con el relojero suizo A.L. Breguet, colaborador de Chappe en el diseño del nuevo invento. Esta circunstancia posibilitó que el ingeniero canario siguiera de cerca los avatares del telégrafo óptico, del que conoció las dos principales versiones: la francesa por medio de la correspondencia con Breguet y la inglesa al encontrarse viviendo en Londres de 1793 a 1796, años en los que George Murria estaba construyendo su propia versión del telégrafo óptico en Inglaterra. Sus dudas ante la efectividad de ambos sistemas le indujeron a idear un nuevo tipo de telégrafo, que enseñó a su amigo Breguet a su regreso a París en 1796. Juntos perfeccionaron el invento, presentándolo ante la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. A pesar de los elogios y respaldos conseguidos, la oposición frontal de Chappe, entonces en la Jefatura de los Telégrafos franceses, hizo imposible que Francia adoptase el sistema ideado por Betancourt y Breguet.

El sistema suponía un avance considerable respecto al de Chappe, tanto en velocidad de transmisión como en la seguridad a la hora de captar los mensajes de una torre a otra. En los diversos tratados de la época sobre historia de la telegrafía, como los de Belloc, Fahié y Naud se reconocen los méritos del método Betancourt-Breguet, si exceptuamos la Histoire de la Télégraphie de Ignace Chappe, publicada en París en 1824.

Vuelto Betancourt a España, con el apoyo de Urquijo Ministro de Estado, consiguió de Carlos IV una Real Orden, con fecha de 17 de febrero de 1799, por la que se aprobaba el Proyecto para la instalación del telégrafo óptico en España. Posiblemente el tramo Madrid-Aranjuez fue el único que se construyó en esas fechas, entrando en funcionamiento a partir de agosto de 1800. En los primeros años del siglo XIX funcionó en Cádiz un telégrafo óptico de carácter estrictamente militar, creado por Francisco Hurtado, teniente coronel de Ingenieros. El sistema de tipo semafórico, muy parecido al que luego utilizaron los ferrocarriles, se instaló a partir de 1805 en cuatro líneas, que unían Cádiz con Sanlucar de Barrameda, Medina Sidonia, Chiclana y Jerez, algunas de las cuales se mantuvieron en funcionamiento hasta 1820.

La crisis del Antiguo Régimen, sobre todo en su vertiente hacendística, fue un lastre considerable para la expansión de la red telegráfica. Un nuevo intento surge a principios de la década de 1830. En una ambientación política bien diferente y en los prolegómenos de la instauración del Estado liberal, Juan José Lerena, teniente de navío exiliado en 1823 por sus posiciones políticas liberales, fue encargado, a su regreso a España, de instalar una red de telegrafía óptica entre Madrid y los Sitios Reales. Una real orden de 8 de febrero de 1831 aprobaba la construcción de una línea de prueba entre Madrid y Aranjuez. Fue terminada el 30 de mayo del mismo año, con cuatro estaciones: Torre de los Lujanes en Madrid, cerro de los Angeles, cerro de Espartinas en Valdemoro y "Monte Parnaso" en Aranjuez; su coste se elevó, con los gastos de entretenimiento y los sueldos, a 391.548 reales. Su uso quedaba reservado a la familia real. En años posteriores se siguió construyendo la red del telégrafo óptico: el 24 de julio de 1832, la línea Madrid-San Ildefonso, con torres intermedias en el Puerto de Navacerrada y en Hoyo de Manzanares; en marzo de 1834, la línea Madrid-Carabanchel de Arriba; en julio de 1834, la de San Ildefonso-Riofrío, y el 28 de agosto de 1.834 se iniciaba la de Madrid-El Pardo.

Este primer núcleo, proyectado como el embrión de la futura red de telegrafía óptica en España, no pasó de tal estadio. En 1836, la crisis política y hacendística imposibilitaron la continuidad del proyecto de Lerena. No obstante, el ejército liberal que operaba contra los carlistas en el norte peninsular construyó en ese año quince estaciones que enlazaban Pamplona y Vitoria a través de Logroño, formando una especie de media luna alrededor de Estella, sede del pretendiente carlista. Los avatares de la guerra imposibilitaron su utilización posterior, debido al grado de deterioro en el que quedaron las torres telegráficas.

Habrá que esperar a la década de 1840 para que la instalación de las líneas telegráficas ópticas registre un nuevo impulso. El decreto de 1 de Marzo de 1844 establecía las condiciones que el nuevo trazado debía cumplir. De los cuatro proyectos presentados fue elegido el firmado por José María Mathé Aragua, Coronel de Estado Mayor, que había colaborado con Lerena en la red telegráfica dirigida por este último. A partir de este momento, la figura de Mathé estará ligada a la construcción tanto de las redes de telegrafía óptica y eléctrica como a la formación del Cuerpo de Telégrafos.

De las numerosas líneas previstas sólo se construyeron tres, que enlazaban la capital con Irún, Cádiz y La Junquera. La primera de ellas, conocida como la línea de Castilla, comenzó a construirse en 1844 entrando en funcionamiento el 2 de octubre de 1846. A través de sus 52 torres, unía Madrid con la frontera francesa y con Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián. La segunda línea, la de Cataluña por Valencia, sólo funcionó plenamente a partir de 1849 en el tramo entre Madrid y Valencia a través de 30 torres. También funcionaron los ramales Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca. Por último, la tercera línea construida fue la de Andalucía que, a través de sus 59 torres, comenzó a funcionar por tramos, el de Madrid-Puertollano lo hizo en junio de 1850, hasta su conclusión en febrero de 1853. Esta última línea tenía torres en varias capitales intermedias, Toledo, Ciudad Real, Córdoba y Sevilla, además de en Jerez de la Frontera y Aranjuez, siendo el tramo Madrid-Aranjuez el de mayor frecuencia de uso por las prolongadas estancias de la Corte en esta ciudad. La casi simultánea instalación de la red de telegrafía eléctrica hizo que el telégrafo óptico tuviera una vida muy corta, así la línea Madrid-Irún dejo de funcionar en 1855 y la de Cádiz, la última en ser desmontada, en 1857.

Telegrafía en España

Aunque se habían realizado algunos intentos a principios del siglo XIX, el proyecto de una red nacional de telegrafía óptica se inició en 1844, paradójicamente cuando en Europa ya se consideraba un sistema obsoleto en comparación con la telegrafía eléctrica de reciente invención. De hecho, el telégrafo óptico en España dejó de funcionar en 1857, trece años después de iniciado el proyecto. Pero las circunstancias sociales y políticas españolas hacían muy difícil que pudiera garantizarse la existencia de una línea de telegrafía eléctrica con hilos y postes. En la primera mitad del siglo XIX, los bandoleros y los guerrilleros carlistas eran los dueños de los campos, las comunicaciones eran muy deficientes, las carreteras escasas y no existía ninguna línea de ferrocarril. Para colmo de males, en 1833 estalló en España una guerra civil, la Primera Guerra Carlista, que no terminaría hasta 1840. A partir de 1840 se va produciendo la normalización del país, y el gobierno puede por fin acometer una política de fomento en lo que se refiere a obras públicas. De esta forma, en 1844 se empezó a levantar en España la red de telegrafía óptica, prácticamente cuando ya eran obsoletas. Tanto es así, que en 1852, el gobierno decidió acometer la construcción de la red del telégrafo eléctrico, que avanzó rápidamente, de forma que en 1854 ya había una línea telegráfica eléctrica Madrid-París. Puede decirse que la situación política y social de España en 1840 no permitía la instalación de una red de telegrafía eléctrica, mucho más vulnerable que la óptica. El telégrafo eléctrico ya se había empezado a instalar en Gran Bretaña en 1837. Así que, cuando las circunstancias políticas y sociales cambiaron, el telégrafo óptico fue abandonado y así continúa hasta nuestros días.

Tipos de Telegrafía Optica

El telégrafo óptico francés de Claude Chappé

El primer sistema de telegrafía óptica se montó en Francia durante la Revolución y la idea se debió a Claude Chappé. Chappé ideó un sistema de señales ópticas, a través de las cuales, y del correspondiente código, se podían transmitir signos alfabéticos y numéricos a distancia. El día 2 de Thermidor de 1794 (19 de julio) se envió el primer telegrama de la historia desde Lille hasta París y su texto anunciaba la victoria del ejército republicano francés sobre las fuerzas austriacas. La noticia había sido transmitida a través de una línea de telegrafía óptica de 270 kilómetros, montada sobre 23 torres, la última de las cuales estaba ubicada en la cúpula del Louvre. Con este telégrafo era posible transmitir un mensaje de Lille a París en una hora, mientras que por medio de mensajeros a caballo se tardaban 24 horas. El telégrafo consistía en un mástil en cuyo extremo superior giraba un travesaño de cuatro metros de longitud, denominado regulador, que a su vez tenía en sus extremos otros dos travesaños giratorios de dos metros de longitud, denominados indicadores. El aparato iba acompañado de un código asociado para las diferentes posiciones que podían adoptar los distintos elementos. Cada indicador puede adoptar ocho posiciones, separadas entre sí 45º, y a su vez, el regulador puede adoptar dos posiciones, horizontal y vertical. En total había ciento noventa y seis combinaciones posibles, lo que hacía bastante complejo el sistema. El libro de códigos era un diccionario o vocabulario de 92 páginas, con 92 palabras en cada página, es decir, 8.464 palabras en total. Para cada palabra sólo eran necesarios dos signos, uno que identifica la página, y otro para identificar el orden de la palabra dentro de la correspondiente página. El telégrafo óptico de Chappé unió Francia con Austria en 1794 y permitía que un mensaje alcanzara su destino en solo 3 horas, en vez de los tres días que tardaba un correo normal.

El telégrafo óptico inglés de Lord Murria

El sistema de telegrafía óptica británico era diferente del francés, y su creador fue Lord George Murria, inventor y clérigo inglés. La primera línea del telégrafo óptico de Murray se inauguró en 1794, entre Londres y Deal. Posteriormente, entre 1794 y 1814, se añadieron líneas entre Londres y Portsmouth y entre Plymouth y Yarmouth. Las torres del telégrafo óptico se instalaban en colinas, torres de iglesias y cualquier edificación elevada, separadas por más de 10 km. Un mensaje corto entre Londres y Portsmouth, ciudades separadas por más de 100 km, tardaba algo más de 10 minutos en recibirse al otro extremo de la línea. El telégrafo óptico de Murray consistía en instalar en la cumbre de cada torre un gran bastidor de madera, dividido en seis paneles, que podían desplazarse horizontal o verticalmente, de manera que al abrir o cerrar las seis ventanas, permitía codificar las diferentes letras del alfabeto. El dispositivo de Murray permitía 64 combinaciones posibles. Cuando el telégrafo se presenta con las seis ventanas abiertas quiere decir que no hay nada para transmitir. Cuando todas las ventanas están cerradas quiere decir que se va a poner en marcha y que la estación siguiente debe estar preparada para la recepción.

El telégrafo óptico español de Betancourt

Agustín de Betancourt, ingeniero español nacido en Tenerife, fue uno de los científicos más relevantes de su época. Estudió en París (1781-1784), donde conoció los trabajos del telégrafo óptico francés de Chappé. También vivió en Londres entre 1793 y 1796, años en los que Murray construía el telégrafo óptico en Inglaterra. Las dudas sobre la efectividad de los dos sistemas llevaron al ingeniero tinerfeño a idear un nuevo tipo de telégrafo, que perfeccionó junto con el relojero suizo Breguet, logrando avances considerables respecto al telégrafo óptico de Chappé, tanto en velocidad de transmisión como en seguridad a la hora de captar los mensajes de una torre a otra. El sistema propuesto por Betancourt constaba de un mástil en cuyo extremo superior podía girar un travesaño en forma de T que giraba por su centro de gravedad en incrementos de 10 en 10 grados, consiguiendo así 36 posiciones, o signos, con los que obtenía 10 números y 26 letras. El telégrafo de Betancourt transmitía los mensajes letra a letra. El nuevo telégrafo óptico fue presentado en la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. Pese a los elogios y el respaldo conseguido de la mayoría de los miembros de la Academia, el sistema no es adoptado a causa de la oposición frontal de Chappé, que en esa época ostentaba el cargo de director de los Telégrafos Franceses. Para distinguir a simple vista estas pequeñas diferencias de 10º en la inclinación del mástil, el ocular de los catalejos tenían grabadas marcas cada 10º. Además, los catalejos estaban sincronizados con el timón que gobernaba el mástil de señales para facilitar la transmisión de la señal a la torre siguiente. De vuelta a España, consiguió en 1799 que Carlos IV le encargara un proyecto para la instalación de una red de telégrafo óptico en España. Del citado proyecto sólo se construyó el tramo Madrid-Aranjuez que entró en funcionamiento en agosto de 1800. En 1802 creó la Escuela de Ingenieros, de la que fue su primer director. En 1807 termina su estancia en España, se exilió en Rusia y murió en San Petesburgo en el año 1824.

El telégrafo óptico español de Mathé

Después del proyecto de Betancourt, del que solo se llegó a construir el tramo Madrid Aranjuez, se abandona el proyecto de construir una red de telégrafo óptico en España debido, fundamentalmente, a la crisis del Gobierno y las guerras internas en el país. Pero, a partir de 1844 se proyecta una extensa red, aunque solo llegaron a construirse tres líneas: Madrid-Irún, Madrid-La Jonquera, y Madrid-Cádiz. El encargado de diseñar y construir la red de telegrafía óptica fue José María Mathé, Coronel del Ejército. Puede considerarse a este sistema como el sistema español ya que Mathé ideó su propia versión del telégrafo óptico. Su aparato constaba de un bastidor con tres franjas negras, alternadas con otras blancas o vacías más anchas, interrumpidas todas ellas en el centro, dejando una columna abierta por la que se movía verticalmente una pieza de altura igual a la de las franjas negras. Esta pieza, llamada indicador, podía adoptar doce posiciones con respecto a las franjas, según estuviera en el centro de las blancas, en éstas, tangente a una de las negras adyacentes, o coincidiendo con las negras. El movimiento del indicador se efectuaba por una cadena, a partir de un torno accionado por una manivela y una gran rueda dentada donde estaban grabados los doce signos, correspondientes a cada una de las posiciones del indicador. El código era una especie de diccionario que estaba constituido por páginas en forma de tabla de doble entrada, con diez filas y diez columnas identificadas por cada una de las diez cifras. Mathé llegó incluso a crear una escuela de "torreros" que luego se convertirá en la Escuela de Telégrafos. De las numerosas líneas previstas sólo se construyeron tres, que enlazaban la capital, Madrid, con Irún, Cádiz y La Junquera. La primera línea entró en funcionamiento el 2 de octubre de 1846 y unía, a través de 52 torres, Madrid con la frontera francesa a través de Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián. La segunda línea, entre Madrid y La Junquera por Valencia, sólo funcionó a pleno rendimiento a partir de 1849. Por último, la tercera línea construida fue la de Andalucía, que a través de sus 59 torres discurría entre Cádiz y Madrid, pasando por Aranjuez, Toledo, Ciudad Real, Puertollano, FUENCALIENTE, Córdoba, Sevilla y Jerez de la Frontera. La vida útil de la red de telegrafía óptica fue corta a causa de la instalación, casi simultánea, de la nueva red del telégrafo eléctrico: la línea entre Madrid y Cádiz, la última en ser desmantelada, dejó de funcionar en 1857.

Situación actual

El telégrafo óptico fue cayendo en desuso al ser superado por el telégrafo eléctrico. Basta una simple comparación para constatar su inferioridad. Así para una línea de unos 120km, el óptico necesitaba: 15 torres, 15 operadores y permitiría enviar mensajes únicamente durante unas 10 horas al día. Durante estas 10 horas podría enviar unas dos palabras por minuto. Con estos números el coste por palabra y milla sería de unos 0.0114 dólares. Mientras que si la línea fuera eléctrica, sólo serían necesarios 6 operadores, la línea funcionaría las 24 horas del día, y podría enviar 15 palabras por minuto. Estos números reducirían los costes a 0.00038 dólares por palabra.

La única ventaja de la telegrafía óptica sería que no necesitaría de la colocación de cables, lo cual aparte de ser un coste también suponía una vulnerabilidad del sistema frente a sabotajes y ataques, como ya señalaron algunos críticos de la época.

Pero fue paradójicamente en los años anteriores al ocaso de la telegrafía óptica cuando esta recibió el impulso definitivo en España. Pese a que ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde hacía 4 años. Fue en el 1844 cuando se estableció el trazado de telegrafía óptica en España, siendo el Coronel José María Marthé uno de los máximos responsables del proyecto.

El proyecto pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia de la península. Para reducir los costes se tomaron una serie de medidas, como que las torres estuvieran cerca de caminos o pueblos para facilitar su avituallamiento o reutilizar estructuras ya existentes como torres y atalayas. Para los casos que se tuvieran que construir torres nuevas, se optó por un único modelo para todas ellas que se asemejaba al de una fortaleza, de manera que en caso de guerra fuera lo más difícil posible para el enemigo interrumpir las comunicaciones.

La construcción del proyecto quedó inconclusa y finalmente sólo se construyeron tres de las líneas, Madrid-Irún, Madrid-Cádiz y la línea Madrid-La Junquera. Sin embargo estas líneas estuvieron poco tiempo en uso, por ejemplo la Madrid-Irún dejó de funcionar en 1855 justamente un año después que quedara completada su equivalente eléctrica. La misma suerte corrió la Madrid-Cádiz en 1857. Las últimas estaciones que dejaron de funcionar fueron las catalanas, que siguieron en uso hasta finales del siglo XIX.

En la actualidad en España el único resto material que queda de la telegrafía óptica son algunas torres en ruinas, mención especial merece la de Adanero, torre número 11 de la línea Madrid-Irún que fue restaurada en 2002 por movistar. Sin embargo queda un gran rastro en la toponimia peninsular donde encontramos numerosos cerros y montes que se llaman “del telégrafo”.

En Francia el país inventor de la telegrafía óptica resistiría hasta el 1846 cuando el gobierno se decidió por la eléctrica, pese a las preocupaciones de muchos contemporáneos ante la facilidad de interrumpir su servicio simplemente cortando un cable.

Fuentes