Aida (ópera)
Aida (ópera) | |
|---|---|
| Otello | |
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| Autor | Giuseppe Verdi |
| Género | Drama lírico |
| Actos | 4 actos |
| Idioma | Italiano |
| Música | |
| Compositor | Giuseppe Verdi |
| Puesta en escena | |
| Lugar de estreno | Cairo |
| Fecha de estreno | 1871 |
| Personajes | * Aida: Princesa de Etiopía, esclavizada por Amneris (soprano) |
| Coro | 60 personas |
| Libretista | Camille du Locle |
| Duración | 2 horas 50 minutos |
Aida (ópera). Aida narra la historia de amor entre una esclava etíope (Aída) y un capitán del ejército egipcio (Radamés).
Sumario
Historia
En 1870, Verdi recibió un prestigioso encargo del Jedive de Egipto que consistía en componer una nueva ópera para la inauguración del Teatro de la Ópera Jediveal. Aceptó, y mientras buscaba un tema, el libretista francés Camille du Locle le sugirió una historia ambientada en el antiguo Egipto, enviándole a Verdi una sinopsis escrita por el famoso egiptólogo Auguste Mariette. Verdi quedó fascinado con la idea, pero insistió en que el libreto debía estar en italiano, así que contrató a un periodista para que tradujera el borrador de Du Locle. Verdi puso manos a la obra y, apenas cuatro meses después, la música estaba terminada, pero el estreno tuvo que posponerse: el asedio de París de 1870-1871 provocó que la escenografía y el vestuario quedaran atrapados en la capital francesa. Aida finalmente se estrenó en El Cairo a finales de 1871 y recibió excelentes críticas. Sin embargo, Verdi se mostró descontento porque el público de El Cairo estaba compuesto principalmente por políticos y personalidades importantes, por lo que consideró que el estreno de Aida en Milán, que tuvo lugar unos meses después, fue el verdadero estreno de la ópera.
Sobre la obra
- El gran éxito de Aida es la Marcha Triunfal. En la ópera, marca el regreso victorioso de Radamés de la batalla en el Acto II. La marcha utiliza un ritmo marcial y bélico, con capas de metales que se superponen a medida que la línea melódica asciende, aumentando progresivamente su volumen hasta que entra el coro completo, creando una magnífica muralla de sonido.
- Aida también presenta música de gran delicadeza, como el aria del Acto III de Aida, « O patria mia ». Un lamento anhelante por la patria que jamás volverá a ver, la línea de soprano está acompañada por una melancólica melodía de oboe. Con desgarradoras repeticiones de las palabras «mai piu» (nunca más), el aria se torna cada vez más onírica, culminando en un etéreo y flotante do agudo.
- Al inicio y al final de la pieza, en lugar de una obertura grandiosa y audaz, Verdi opta por un preludio sosegado: los violines comienzan con el tema de Aida, casi como un susurro. Y al final, la música parece desvanecerse: la orquesta y el coro se alejan cada vez más mientras los amantes mueren juntos, sepultados en la tumba.
Argumento
Egipto y Etiopía están en guerra. El general egipcio Radamés es elegido para liderar un ataque contra el enemigo y espera que, al salir victorioso, consiga la mano de su amada Aida , una etíope esclavizada como doncella de la princesa egipcia Amneris . Sin embargo, Amneris está enamorada de Radamés y empieza a sospechar. Radamés regresa victorioso de la batalla, pero Aida está devastada: su propio padre , Amonasro , rey de Etiopía, ha sido hecho prisionero. Para colmo, el rey de Egipto recompensa a Radamés con un regalo indeseado: la mano de su hija Amneris. Cuando Amonasro le encarga a Aida que lo ayude a vengar a Etiopía a través de Radamés, las lealtades chocan, con consecuencias devastadoras.
Actos
Acto I
En una sala del palacio. Ramfis, el sumo sacerdote, conversa con Radamés, el joven capitán de la guardia. Este espera ser elegido para dirigir las tropas egipcias que han de enfrentarse a los invasores etíopes que amenazan la frontera. Sumido en un sueño de gloria, anhela un gran triunfo para ofrecérselo a su amada Aida, esclava etíope al servicio de Amneris, la hija del faraón. El sacerdote consulta con la diosa Isis el nombre del elegido como salvador de la patria. Entran Amneris y Aida. La hija del faraón se consume de celos, pues sabe que el joven capitán ama a otra mujer y sospecha que esa mujer es Aida, su esclava. El faraón y los sacerdotes comunican que Isis ha determinado que sea Radamés quien acaudille el ejército egipcio contra el invasor, que marcha conducido por su rey Amonasro, padre de Aida. La esclava, al conocer el nombramiento de Radamés, ve divididos sus sentimientos entre el amor y el patriotismo. Desde el interior del templo de Vulcano en Menfis se oyen a lo lejos los cantos de las sacerdotisas invocando la protección de los dioses; con ellos se mezclan las invocaciones de Ramfis y sus sacerdotes. En el curso de la ceremonia posterior, Radamés es investido por el sumo sacerdote con las armas sagradas mientras todos piden al dios que le proteja y le conceda la victoria.
Acto II
Un grupo de esclavas entretienen a la hija del faraón mientras esta se prepara para la fiesta del triunfo, pues se ha sabido que Radamés ha resultado victorioso contra los etíopes. Pero ella recurre a un ardid para asegurarse de los sentimientos de Aida hacia el joven capitán: le comunica la falsa noticia de que Radamés ha muerto en combate. La joven esclava no es capaz de ocultar su turbación, revelando con ello su amor por él. Amneris confiesa entonces que le ha mentido y Aida no puede controlar sus emociones, sobre todo cuando Amneris le hace saber que también ella ama al capitán. A punto de revelar su verdadero origen, Aida consigue dominarse y no confesar que es la hija de Amonasro, aunque admite que solo vive por el amor de Radamés. Amneris la amenaza con una feroz Radamés. En las puertas de Tebas la multitud recibe con vítores triunfales a Radamés, quien, junto a sus tropas victoriosas, conduce también a los prisioneros etíopes. Radamés recibe la corona triunfal de manos de Amneris y pide clemencia para los prisioneros, entre los que se encuentra Amonasro. Al ver a su padre encadenado, Aida no puede evitar delatarse como hija suya. Ramfis aconseja al rey que los ejecute, pero este consiente en que los prisioneros sean liberados a condición de que Amonasro permanezca en calidad de rehén. Además, como premio a su victoria, concede a Radamés la mano de su hija Amneris.
Acto III
Antes de celebrarse las nupcias, Amneris se dirige al templo de Isis para orar en compañía de Ramfis. Aparece Aida, que debe encontrarse furtivamente con Radamés. A Amonasro no le ha pasado inadvertido el interés que muestra Radamés por su hija, e intenta que esta averigüe de boca de Radamés el paso secreto que utilizará el ejército egipcio. Los enamorados se encuentran y Radamés confiesa que pronto estará de nuevo a la cabeza del ejército y que como premio a su nueva victoria tiene previsto pedir al rey la libertad y la mano de Aida. Pero esta le hace ver que ni los sacerdotes, ni Amneris, ni el propio rey lo permitirían, y que solo la huida pondría fin a sus padecimientos. Radamés revela entonces que el desfiladero de Nápata no está custodiado y que podrían escapar por él. En ese momento Amonasro, que ha escuchado escondido toda la conversación, irrumpe y revela su identidad a Radamés, quien descubre así que, involuntariamente, ha traicionado a su país. Amneris y Ramfis salen del templo y los sorprenden. Amonasro se abalanza contra Amneris, pero Radamés se interpone entre ambos y permite la huida de Aida y Amonasro. Después se entrega al sumo sacerdote.
Acto IV
A pesar de que sabe que ha intentado huir con Aida, Amneris todavía ama a Radamés, e intenta infructuosamente convencerlo de que niegue los cargos que se han levantado contra él. Después le dice que Aida todavía está viva y promete a Radamés que conseguirá que sea perdonado si renuncia al amor de la esclava, pero este rechaza el ofrecimiento. Radamés es juzgado por el tribunal de sacerdotes y es condenado a la muerte reservada a los traidores: será enterrado vivo. Mientras Radamés espera su [inal en el la tumba en la que ha sido sepultado, Aida aparece a su lado; se ha hecho enterrar viva con él para morir a su lado.


