Primera Guerra Mundial

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Primera Guerra Mundial
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Fecha:Inicio: 28 de julio de 1914 Terminación: 11 de noviembre de 1918
Lugar:Europa. Asia y África
Descripción:
La Primera Guerra Mundial fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1914 y 1918, y que produjo más de 10 millones de bajas.

Primera Guerra Mundial. Conflicto armado entre 1914 y 1918, y que produjo más de 10 millones de bajas. Más de 60 millones de soldados europeos fueron movilizados desde 1914 hasta 1918. Originado en Europa por la rivalidad entre las potencias imperialistas, se transformó en el primero en cubrir más de la mitad del planeta. Fue en su momento el conflicto más sangriento de la historia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, esta guerra solía llamarse la gran guerra o la guerra de guerras.

Contenido

Inicios

La guerra comenzó como un enfrentamiento entre Austria-Hungría y Serbia. Rusia se unió al conflicto, pues se consideraba protectora de los países eslavos y deseaba socavar la posición de Austria-Hungría en los balcanes. Tras la declaración de guerra austrohúngara a Rusia el 1 de agosto de 1914, el conflicto se transformó en un enfrentamiento militar a escala europea. Alemania respondió a Rusia con la guerra, obligada por un pacto secreto contraído con la monarquía de los Habsburgo, y Francia se movilizó para apoyar a su aliada. Las hostilidades involucraron a 32 países, 28 de ellos denominados «Aliados»: Francia, Gran Bretaña, Rusia, Serbia, Bélgica, Canadá, Portugal, Japón, Estados Unidos (desde 1917), así como Italia, que había abandonado la triple alianza. Este grupo se enfrentó a la coalición de las «Potencias Centrales», integrada por los imperios Austrohúngaro, Alemán y Otomano, acompañados por Bulgaria.

La paz armada

A finales del siglo XIX, Inglaterra dominaba el mundo tecnológico, financiero, económico y sobre todo político. Alemania y Estados Unidos le disputaban el predominio industrial y comercial. Durante la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del siglo XX se produjo el reparto de África (a excepción de Liberia y Etiopía) y Asia Meridional, así como el gradual aumento de la presencia europea en China. Inglaterra y Francia, las dos principales potencias coloniales, se enfrentaron en 1898 y 1899 en el denominado incidente de Faschoda, en Sudán, pero el rápido ascenso del imperio alemán hizo que los dos países se unieran a través de la entente cordiale.

Alemania, que solamente poseía colonias en Camerún, Namibia, África Oriental, algunas islas del pacífico (Islas Salomón) y enclaves comerciales en China, empezó a pretender más a medida que aumentaba su poderío militar y económico posterior a su unificación en 1871. Una desacertada diplomacia fue aislando al Reich, que sólo podía contar con la alianza incondicional de Austria-Hungría. Por su parte, Estados Unidos y, en menor medida, el imperio ruso controlaban vastos territorios, unidos por largas líneas férreas (ferrocarril Atlántico-Pacífico y Transiberiano, respectivamente). Francia deseaba la revancha de la derrota sufrida frente a Prusia en la Guerra Franco-prusiana de 1870-[[[1871]]. Mientras París estaba asediada, los príncipes alemanes habían proclamado el imperio (el llamado segundo Reich) en el “Palacio de Versalles”, lo que significó una ofensa para los franceses.

La III república perdió Alsacia y Lorena, que pasaron a ser parte del nuevo Reich germánico. Las generaciones francesas de finales del siglo XIX, sobre todo el ejército, crecieron con la idea de vengar la afrenta recuperando esos territorios. En 1914 sólo hubo un 1% de desertores en el ejército francés, en comparación con el 30% de 1870. Mientras tanto, los países de los balcanes liberados del imperio otomano (el «enfermo de Europa») fueron objeto de rivalidad entre las grandes potencias. Turquía, que se hundía lentamente, no poseía en Europa —hacia 1914 más que Estambul, la antigua Constantinopla. Todos los jóvenes países nacidos de su descomposición (Grecia, Bulgaria, Rumania, Serbia, Montenegro y Albania) buscaron expandirse a costa de sus vecinos, lo que llevó a dos conflictos entre 1910 y 1913, conocidos como guerras balcánicas.

Impulsados por esta situación, los dos enemigos seculares del imperio otomano continuaron su política tradicional de avanzar hacia Estambul y los estrechos. El imperio austrohúngaro deseaba proseguir su expansión en el valle del “Danubio” hasta el mar “Negro”, sometiendo a los pueblos eslavos. El imperio Ruso, que estaba ligado histórica y culturalmente a los eslavos de los balcanes, de confesión ortodoxa —ya les había brindado su apoyo en el pasado— contaba con ellos como aliados naturales en su política de acceder a «puertos de aguas calientes». Como resultado de estas tensiones, se crearon vastos sistemas de alianzas a partir de 1882:

A este período se le conoce como “Paz armada”, ya que Europa estaba destinando cuantiosas cantidades de recursos en armamentos y, sin embargo, no había guerra, aunque se sabía que ésta era inminente.

Detonante del conflicto

El evento detonante del conflicto fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del joven estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip, miembro del grupo serbio "Joven Bosnia", ligado al grupo nacionalista “Mano negra”, que apoyaba la unificación de Bosnia con Serbia. Francisco Fernando era el heredero de la corona austro-húngara después de la muerte de su primo, Rodolfo de Habsburgo (en 1889) y de su padre Carlos Luis de Austria (en 1896). Su asesinato precipitó la declaración de guerra de Austria contra Serbia que desencadenó la Primera Guerra Mundial.

Alianzas militares europeas en 1914

El imperio austro-húngaro exigió, con el apoyo del imperio alemán, investigar el crimen en territorio serbio, ya que consideraba que la organización paneslavista “Mano negra” tenía conexión con los servicios secretos de ese país. El imperio austro-húngaro dio un ultimátum el 7 de julio a Serbia, la que con apoyo ruso no aceptó todas las condiciones impuestas, en particular la participación de policías austríacos en investigaciones en territorio serbio. Ante dicha negativa, el 28 de julio de 1914, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia. Acto seguido el 29 de julio Rusia ordenó la movilización general.

En función de las alianzas militares, el 1 de agosto, Alemania le declaró la guerra a Rusia, al considerar la movilización como un acto de guerra contra Austria-Hungría. Ante esto, y en virtud, de la alianza militar franco-rusa de 1894 Francia le declaró la guerra a Alemania el mismo día. Los historiadores sostienen, además, que hubo otras causas, como las alianzas entre países (Triple Entente y Triple Alianza), que un conflicto local podía tomar dimensiones internacionales. Además entre 1890 y 1914 los países incrementaron progresivamente el presupuesto militar en una carrera armamentística, este período es conocido como la “Paz armada”.

Guerra de movimientos

En 1914, los europeos pensaban que la guerra sería corta. Pero los generales, que habían estudiado las guerras napoleónicas, estaban equivocados en su enfoque inicial del enfrentamiento, basado en el uso masivo de la infantería. Respondiendo a la enorme eficacia de las armas (fusiles, armas automáticas y artillería pesada), las fortificaciones fueron reforzadas. La caballería sería inútil como medio para romper el frente. Al comienzo de la guerra los dos bandos trataron de obtener una victoria rápida mediante ofensivas fulminantes. Los franceses agruparon sus tropas en la frontera con Alemania, entre Nancy y Belfort, divididas en cinco ejércitos.

Los franceses lanzaron simultáneamente el plan XVII, pero resultó un fracaso debido a las armas automáticas que frenaron cualquier asalto y a un repliegue prematuro de las tropas hacia sus líneas. Semanas después estaban ya ubicados en el río “Marne”, donde chocaron con el cuerpo británico y el ejercito francés, quienes frenaron el avance alemán. La derrota germana frustró el plan original y acabó con las expectativas de una conflagración breve, marcando el abandono definitivo de los planes anteriores a la guerra. En ese momento comenzó la «carrera hacia el mar»: los dos ejércitos marcharon hacia el mar del norte; ataques y contra-ataques se sucedieron. La contienda se desarrollaría en territorio francés y belga.

Las tropas británicas no tardaron en intervenir en mayor número, junto a los restos del ejército belga. Mientras tanto, Austria-Hungría fracasó en su intento de tomar Belgrado, lo cual lograría después con ayuda alemana, en agosto del 1915. Rusia invadió Prusia Oriental, pero los generales de estado mayor prusianos Hindenburg y Ludendorff los batirán contundentemente en Tannenberg. En el curso de 1915, dos nuevos países entraron en la guerra: Italia del lado de los aliados y Bulgaria al lado de las potencias centrales, que con este apoyo derrotan y ocupan a Serbia. Desde el comienzo de la guerra, el Vaticano y Suiza intentaron infructuosamente sondeos por la paz.

Frente occidental

Soldados franceses en las trincheras, durante la batalla de Verdún, en 1916. Artículo principal: Frente Occidental (Primera Guerra Mundial). Véase también: Guerra de trincheras. En agosto de 1914, el ejército alemán abrió el frente occidental el 4 de agosto invadiendo Bélgica y Luxemburgo, con un ataque a la ciudad de Lieja. y luego obteniendo el control militar de regiones industriales importantes del oeste de Francia, derrotando al ejército francés en la batalla de Lorena, la batalla de Charleroi (21 de agosto) y en la batalla de Maubeuge una semana más tarde. La fuerza del avance fue contenida drásticamente con la primera batalla del Marne en septiembre de 1914, donde enfentaron al cuerpo Británico compuesto por 5 divisiones experimentadas y las tropas de reserva francesas.

Los taxis de París ayudaron a trasladar a los efectivos ingleses al frente. El equilibrio de fuerzas y las nuevas armas facilitaron la defensa frente al ataque e impusieron la estabilización del frente. Ambos contendientes se atrincheraron en una línea sinuosa de posiciones fortificadas que se extendía desde el mar del norte hasta la frontera Suiza con Francia. Esta línea permaneció sin cambios sustanciales durante casi toda la guerra. Un asalto presentaba tal desventaja frente al adversario que los ataques aliados fueron infructuosos y Alemania pudo resistir a pesar de combatir en dos frentes. En estos ataques se recurrió a bombardeos masivos de artillería y al avance masivo de la infantería.

Sin embargo, la combinación de las trincheras, los nidos de ametralladoras, el alambre de espino y la artillería infligían cuantiosas bajas a los atacantes y a los defensores en contraataque. Como resultado, no se conseguían avances significativos. Las condiciones sanitarias y humanas para los soldados eran muy crudas y las bajas elevadísimas. En otoño de 1915 el general Joseph Joffre intentó una ofensiva, con apoyo inglés, que concluyó en un gigantesco fracaso. Después de este éxito defensivo, a finales de año, el general Von Falkenhayn, jefe de estado mayor, propuso al Kaiser su proyecto de atacar Verdún. Plaza fuerte e impenetrable según la propaganda francesa, pero que estaba en posición delicada por no poseer un camino o vía férrea para su reavituallamiento.

Al final, el frente casi no se modificó ni en Verdún ni en el Somme, pese a los centenares de miles de bajas. En un esfuerzo por romper este callejón sin salida, este frente presenció la introducción de nuevas tecnologías militares, incluyendo el gas venenoso y los tanques. Pero sólo tras la adopción de mejoras tácticas se recuperó cierto grado de movilidad. A pesar del estancamiento de este frente, este escenario resultó decisivo. El avance inexorable de los ejércitos aliados en 1918 convenció a los comandantes alemanes de que la derrota era inevitable, y el gobierno se vio obligado a negociar las condiciones de un armisticio.

Frente oriental

La estrategia de guerra alemana funcionó contra Rusia. Los ejércitos rusos eran enormes (8 millones de hombres en 1914). Pero la verdad era nefasta: el ejército zarista estaba compuesto principalmente por campesinos sin ninguna formación militar, mal armados y equipados; en suma, no estaba preparado para enfrentarse a los disciplinados germanos. El mando ruso era también mediocre. Los dos ejércitos se enfrentaron en la Batalla de Tannenberg (Prusia Oriental) del 26 al 30 de agosto de 1914, y después en la batalla de los lagos Masurianos del 6 al 15 de septiembre de 1914. Los rusos sufrieron flagrantes derrotas en los dos casos y fueron obligados a replegarse. Allí nació la leyenda del dúo formado por Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, los comandantes germanos en esta exitosa campaña defensiva.

Otros frentes

Si bien los principales esfuerzos de las potencias beligerantes se concentraron en los frentes occidental y oriental, la guerra se libro con mayor o menor intensidad en distintas partes del globo. A lo largo de ésta, se combatió en los balcanes, en los Dardanelos, en el medio oriente, en el Cáucaso, en los Alpes italianos, en África, en el extremo oriente, en las islas del pacífico y en los distintos mares del mundo.

Frente balcánico

Siendo el lugar donde comenzó la conflagración mundial, en el frente de los balcanes, se libraron una serie de campañas militares entre las potencias centrales Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria, por un lado y los aliados Serbia, Montenegro, Rusia, Francia, Gran Bretaña y más tarde Rumanía y Grecia. En este teatro de operaciones la guerra comenzó con la invasión austro-húngara a Serbia en 1914, que acabó con la conquista de Serbia y Montenegro a fines de 1915. Las fuerzas serbias fueron atacadas desde el norte y el este y se vieron obligadas a retirarse del país, sin embargo, el ejército serbio se mantuvo operativo, aunque emplazado en Grecia.

En el otoño de 1915, los aliados intentaron ir en ayuda de los serbios, por medio de una expedición franco-británica que se estableció en el puerto de Salonica, en Grecia. El plan aliado consistía en socorrer a los serbios desde el sur, abriendo un frente en Macedonia. La expedición llegó demasiado tarde y en la insuficiencia de la fuerza para evitar la caída de Serbia, y se vio complicada por la crisis política interna en Grecia. No obstante, se logró mantener estable el frente macedonio, desde la costa albanesa al río “Estrimón” en Bulgaria, el cual se mantuvo estable, a pesar de las acciones locales, hasta 1918. En 1916 la diplomacia aliada logró llevar a Rumania a la guerra contra las potencias centrales, pero esta decisión resultó desastrosa para los rumanos. Poco después de la declaración de guerra rumana, una ofensiva combinada entre los alemanes, austro-húngaros, búlgaros y turcos otomanos conquistó dos tercios del país en una rápida campaña que finalizó en diciembre de 1916. Sin embargo, los ejércitos ruso y rumano consiguieron estabilizar el frente y mantenerlo en Moldavia. En 1917, Grecia entró en la guerra del lado aliado, y en septiembre 1918 se produjo la gran ofensiva aliada de una fuerza multinacional acantonada en el norte de Grecia, que dio lugar a la capitulación de Bulgaria y a la liberación de Serbia.

Frente del Medio Oriente

Los Aliados contaban con la debilidad de Turquía para abrir una vía directa y apoyar a sus aliados rusos en problemas. La campaña de los Dardanelos fue desatada por los ingleses, a sugerencia de Winston Churchill, para controlar el estrecho de los Dardanelos, lo que permitiría a Francia y al imperio Británico revitalizar a Rusia, neutralizar Turquía y encerrar a los imperios centrales. El ambicioso proyecto comenzó con el despliegue de una imponente flota inglesa y el desembarco de tropas en Gallípoli, pero los turcos se defendieron con una decisión inesperada. Los aliados no consiguieron penetrar por sorpresa en el imperio otomano y fracasaron en las sucesivas ofensivas. La operación fue un sangriento desastre, convirtiéndose en una nueva batalla de trincheras (para colmo, esta vez con el mar a espaldas de los aliados).

Frente italiano

En 1915, Italia se une a los aliados y ataca a Austria. Sin embargo, una larga serie de ofensivas sobre el río “Isonzo” fracasa. En 1917, son los austro-húngaros, reforzados por tropas alemanas, los que baten duramente a los italianos en Caporetto. Este desastre casi saca a Italia de la guerra, pero el frente se estabiliza sobre el río “Piave”.

La guerra en África

En África, británicos y franceses atacaron desde todos los frentes a las colonias alemanas, rodeadas por sus posesiones. Las fuerzas germanas en Togolandia y Camerún se rindieron rápidamente a las tropas anglo-francesas, mientras que la colonia de África del sudoeste alemana fue invadida por el ejército sudafricano y ocupado totalmente en 1915 (véase: campaña de África del Sudoeste). Sólo la colonia de Tanganica, bajo la dirección del general Paul von Lettow-Vorbeck, resistió bajo dominio alemán hasta el final de la contienda.

La guerra en el extremo oriente y el pacífico

Tras el estallido de la guerra, el imperio japonés envió un ultimátum a Alemania, solicitándole la evacuación de Jiaozhou (noreste de China). Alemania se negó a cumplirlo, por lo que Japón entró en la guerra del lado de los aliados el 23 de agosto de 1914. Las tropas japonesas ocuparon las posesiones alemanas en las islas Carolinas y Marianas. En 1915, Japón presentó las veintiuna demandas a China que obligaban a China a no alquilar ni ceder ningún territorio frente a Taiwán a ningún país, excepto a Japón. En 1919, China cedió los derechos comerciales de Mongolia Interior y Manchuria a Japón. Mientras tanto, en el pacífico también hubo movimientos aunque no batallas de importancia. Las tropas australianas estacionadas en Papúa ocuparon sin problemas la Nueva Guinea Alemana, mientras que Japón y Nueva Zelanda dirigieron ataques contra las bases alemanas en las Islas Marianas. El puerto chino de Qingdao, principal base alemana en extremo Oriente, fue ocupado por los japoneses. Como resultado del acuerdo de paz de la guerra mundial, Japón recibió las islas del pacífico que había ocupado.

Guerra naval

La guerra naval en la Primera Guerra Mundial se caracterizó por los esfuerzos de las potencias Aliadas, especialmente Gran Bretaña, de imponer un bloqueo marítimo a los imperios centrales, utilizando sus grandes flotas navales; y por los esfuerzos de los imperios centrales de romper el bloqueo o establecer un bloqueo efectivo del Reino Unido y Francia. Los alemanes, que contaban con una importante flota de submarinos, intentaron imponer un bloqueo completo al Reino Unido y Francia, interceptar el apoyo de sus colonias y romper las rutas de aprovisionamiento entre América (carne de Argentina, armamento estadounidense) y Europa.

El mar del Norte y el canal de la Mancha fue el principal teatro de operaciones de la guerra en el mar. En él se encontraron la gran flota británica y la flota de Alta Mar alemana, protagonizando 3 grandes batallas. En agosto de 1914 se encontraron en la batalla de Heligoland, en enero de 1915 en la batalla del Banco Dogger, ambas a favor de Gran Bretaña. A mediados de 1916 ambas flotas se encontraron en pleno frente a la península de Jutlandia. Los alemanes tenían como objetivo impedir el abastecimiento británico desde Noruega. La batalla comenzó el 31 de mayo, duró 80 minutos y fue el mayor combate naval registrado durante la guerra. No hubo un total ganador, ya que la Royal Navy perdió más hombres y naves, pero los alemanes no pudieron romper el bloqueo y tuvieron más buques dañados.

Además la guerra en el mar se disputó en otros escenarios. En el Atlántico la actividad alemana se caracterizó por la guerra submarina. En el Mediterráneo, las flotas aliadas (británica, francesa e italiana) se enfrentaron a la armada Austro-Húngara en el Adriático, siendo el mayor enfrentamiento la batalla del canal de Otranto en 1917; y a la Armada Otomana durante la campaña de los Dardanelos. En el océano pacífico se enfrentaron el Escuadrón Alemán del Lejano Oriente, comandado por el almirante Graf von Spee, con el 4° escuadrón de la Real Marina Británica, la Real Marina Australiana y algunas unidades de la Marina Imperial Rusa y de la Armada Francesa. Las principales batallas de este teatro de operaciones fueron la batalla de coronel y la batalla de las Malvinas.

Viraje de la guerra

En 1917, el estado mayor alemán tomó la decisión de aguantar a los aliados en el oeste y hundir de una vez a las desalentadas tropas zaristas. Luego de la victoria táctica de los británicos en Arras. Los franceses, tras el fracaso total de su ofensiva de Chemin des Dames, no son capaces de lanzar ninguna otra ofensiva, limitándose a resistir. El 7 de junio los británicos lanzan una ofensiva en Flandes, sin embargo, no consigue romper el frente. El conflicto se estanca y el desaliento cunde en la retaguardia. La población civil padece restricciones, sobre todo en Alemania, bloqueada por los aliados. En abril de 1917 los Estados Unidos le declararon la guerra a los imperios centrales, lo que le dio a la contienda el carácter mundial. No obstante, sus efectos no se sentirían sino hasta 1918. El hecho que motivó el ingreso de Estados Unidos en la guerra, fue el hundimiento del Lusitania, donde viajaban 123 estadounidenses, por parte de un submarino alemán.

Este hecho provocó una viva reacción en Estados Unidos, que se preparó para entrar oficialmente en guerra al lado de los aliados. En febrero de 1917 en Rusia estalla la revolución rusa, la cual obligó a abdicar al Zar Nicolas II, quedando el país bajo el mando de Aleksandr Kérenski, quien continuó en guerra contra Alemania. Sin embargo en octubre estallaría la revolución bolchevique, que depuso al gobierno de Kérenski. Este clima de inestabilidad permitió a los alemanes avanzar considerablemente en Rusia. Los bolcheviques tomaron el control total y firmaron el armisticio con los imperios centrales en el mes de diciembre, después de la paz de Brest-Litovsk (negociada por León Trotsky) en marzo de 1918. Para obtener esta paz consintieron enormes sacrificios económicos y territoriales. Además, Alemania ocupó Polonia, Ucrania, Finlandia, los países bálticos y una parte de Bielorrusia.

El Reich aprovechó esta victoria para enviar casi todo su ejército oriental al frente occidental e intentar obtener una victoria rápida antes de la llegada masiva de los estadounidenses. Era su baza definitiva, ya que Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía daban muestras de desaliento ante las mayores reservas financieras y de hombres de los Aliados. Finalmente el 17 de julio de 1918 el Zar Nicolás II fue asesinado con toda su familia en Ekaterimburgo, ante el temor que el avance de la legión checoslovaca hacia la ciudad, pudiera liberar al Zar. La revolución rusa, en particular luego del tratado de Brest-Litovsk, dio paso a una guerra civil, la cual se extendió hasta 1923, provocada por el levantamiento de grupos anti bolcheviques dentro y fuera de Rusia, que se organizaron para actuar contra el nuevo régimen.

Fin de la guerra

Reforzados por las tropas provenientes del frente este, los alemanes ponen todas sus fuerzas en su última ofensiva, nombrada por el general de infantería Erich Ludendorff como Kaiserschlacht (nombre clave Michael), a partir de marzo de 1918, sobre el río “Somme”, en Flandes y en Champagne. Esta comenzó el 21 de marzo y se extendió hasta el 5 de abril, aunque con el final de esta los alemanes continuaron con una serie de cuatro ofensivas hasta el 17 de junio. Pero, mal alimentadas y cansadas, las tropas alemanas no pudieron resistir la contraofensiva de Foch y fallan frente al objetivo final: París, quedando a 120 km de la capital gala. El general Foch comanda sus tropas francesas y estadounidenses hacia la victoria, en la segunda batalla del Marne; los primeros tanques británicos entran en combate y la superioridad aérea aliada es evidente. Es el principio del fin para los imperios centrales. En los Balcanes, las tropas francesas atacan las líneas búlgaras en Macedonia. Después de pocos días de lucha, Bulgaria comprende que no puede hacerles frente y pide el armisticio. Turquía está al límite de sus fuerzas y no puede contener a los británicos que han tomado ya Jerusalén y Bagdad y avanzan hacia Anatolia; además la derrota búlgara compromete a Constantinopla. Franceses y británicos ocupan el oriente próximo e Iraq y el imperio otomano también se rinde. El duelo entre italianos y austríacos está asimismo por resolverse. El general Diaz obedece la insistencia de su gobierno que necesita de una victoria en el frente alpino para poder negociar. Los italianos derrotan a Austria-Hungría en Vittorio Veneto. Este hecho marcó el descalabro del ejército imperial, y la monarquía de los Habsburgo se hunde, incapaz de oponer nada al avance aliado por los Balcanes (3 de noviembre).

El Reich está en una situación desesperada: se ha quedado sin aliados, su población civil sufre draconianas restricciones, su ejército está al límite, sin reservas y desmoralizado. Ludendorff y Hindenburg son partidarios de la capitulación inmediata, pues creen que el frente se derrumbará en cualquier momento. En efecto, tropas estadounidenses de repuesto no paran de desembarcar e incluso Italia se prepara para enviar un contingente a Francia. El 8 de agosto un ataque aliado cerca de Amiens tiene éxito y rompe el frente germano: los aliados penetran en Bélgica. El alto mando pide al brazo político iniciar inmediatamente negociaciones de paz. Cunde la convicción de que la guerra está perdida. Wilson proclama que Estados Unidos sólo negociará con un gobierno alemán democrático. Los Hohenzollern tienen los días contados. Tras una revolución obrera en Berlín, el Kaiser huye a Holanda; el gobierno de la nueva República alemana firma el armisticio de Rethondes el 11 de noviembre de 1918. La guerra termina con la victoria de los aliados.

España durante la gran guerra

El gobierno español; consciente de su debilidad militar tras el desastre del 98 y librando una guerra colonial en el norte de Marruecos, además de tener graves tensiones políticas en el interior del país que darían lugar a la crisis española de 1917; decidió mantener la neutralidad, que duró todo el conflicto. Aunque acabó simpatizando con los aliados, debido a los hundimientos que causaban los submarinos alemanes a los mercantes españoles. La guerra produjo un gran crecimiento económico en España porque se convirtió en suministrador de materiales y recursos a países beligerantes de ambos bandos.

Trabajo de la mujer durante la guerra

Con el inicio de la guerra, la sociedad capitalista-burguesa se ve afectada totalmente y su producción pierde su equilibrio al perder a millones de trabajadores que fueron movidos de sus puestos en las fábricas.[1] Pero los grandes capitalistas no podían permitirse limitar sus producciones y dadas las nuevas condiciones, el carácter de las producciones se modificaron: en lugar de bienes de consumo para la industria se comenzaron a abastecer, fortalecer y enriquecer la industria armamentista,[2] la que al formar parte de la gran industria capitalista, daba ocupación también a la fuerza de trabajo sin especializar.

Luego de la movilización general, las mujeres deberían buscar el sustento de las familias, al marchar los hombres a la guerra fueron las fuerzas de trabajo femeninas (FTF) las que ocuparon los puestos vacíos de las industrias, sobre todo, aquellas de las que dependía el sustento de sus hijos, - las mujeres solteras con acceso a esos puestos eran menor -, con la diferencia que vendiendo su trabajo a muy bajos precios. En ese estado, en agosto de 1914 el parlamento alemán (Reichstag) dictó la ley de emergencia por la que se derogaba la protección a las trabajadoras, lo que permitía que las mujeres fueran llamadas a trabajar en los puestos en las minas, altos hornos y fábricas de municiones y con frecuencia a trabajar en los turnos de noche.

Aumento y explotación de la FTF

Los empresarios vieron la fuerza de trabajo femenino barata como una oportunidad de aumentar de manera desmedida sus bolsillos. En todos los países y ramas de la industria, los salarios de las mujeres eran más bajos que el de los hombres, el promedio podía ser desde la mitad hasta un tercio de lo que se le pagaba a un hombre en el mismo puesto, lo que ayudaba a que el nivel de explotación hacia las trabajadoras fuera cada vez más en aumento.[3]

Dejando a un lado su discurso de cuál había sido hasta ese momento el lugar de la mujer, en su casa, criando a sus hijos, comenzaron a discursar nuevas ideas, alzando la imagen de la mujer como forma de demostrar su patriotismo al ocupar los puestos de los hombres en las industrias mientras ellos daban su vida por la nación. Aunque la situación de la mujer había dado un cambio producto de la guerra, pues el número de mujeres empleadas creció rápidamente, el total de obreras en Europa y América aumentó cerca de 10 millones, pero casi en igual medida también se incrementó su explotación.

El trabajo femenino se extendió al máximo en la industria metalúrgica, en la de explosivos, fábricas de conservas, entre otras ramas que trabajaban directamente para el frente. También ocuparon plazas que habían estado cerradas siempre para ellas, como fueron: tranviarias, ferroviarias, conductoras de taxis, trabajadoras de puertos, etc. y otras que por su rudeza eran dañinas para su salud. En los cuatro años que duró la guerra, el trabajo de las mujeres en las distintas ramas aumentó entre el 70 y el 400 por ciento y en la industria metalúrgica aumentó incluso a un 408 por ciento. El número de mujeres que se encontraban trabajando en las fábricas de municiones, (en Gran Bretaña las llamaban munitionettes), aumentaron mucho, la proporción en Alemania, la diferencia de las féminas contratadas antes y durante la guerra era muy alta: las fabricas alemanas de armamento Krupp, que daban empleo a entre 2.000 y 3.000 mujeres antes de la guerra, contaban con 28.000 empleadas en 1918. En Francia, 684. 000 mujeres trabajaron en las fábricas de armamento y en Gran Bretaña, la cifra fue de 920 000.[4]

Existieron empresarios que crearon talleres donde toda la mano de obra que poseía era femenina, creando productos que requería especial agilidad en los dedos, aplicación y cuidado en los detalles.
Durante la guerra se prolongaron en varios países las jornadas de trabajo, se prohibieron las huelgas, se implantó en las empresas un régimen cuartelario y el trabajo obligatorio[5]
La prensa burguesa exigía incluso, durante el tiempo de guerra, un servicio obligatorio de trabajo para las mujeres, especie de movilización organizada de los soldados tras el frente y una formación técnica especial de guerra para las ramas profesionales correspondientes. Esto era compartido por algunas luchadoras feministas burguesas y las social-patrióticas, en especial Lelly Braum, que exigía la implantación de un servicio auxiliar de guerra para las mujeres (en la retaguardia), al igual que muchas campañas alentaban a las mismas a que incitaran a los hombres a participar en la guerra, sin analizar que esto propiciaría seguir aumentando la explotación de las trabajadoras.

Existieron muchas mujeres que se dedicaron al cuidado de los heridos de guerra. En Gran Bretaña, el Servicio Imperial de Enfermeras de la reina Alejandra, pasó de 163 enfermeras diplomadas en 1914 a 7.710 enfermeras tituladas y 5.407 voluntarias con alguna o ninguna formación al final de la guerra. Pero también en ese campo no podían demostrar humanidad con todos los soldados heridos por igual, esto podía costarles la vida, como el caso de la enfermera Edith Cavell fusilada por los alemanes por ayudar tanto a los heridos de guerra ingleses como a los alemanes.

Ya se había hecho normal el trabajo nocturno y las horas extraordinarias. Casi todas las leyes de protección del trabajo de la mujer fueron invalidadas para el tiempo de guerra. En Inglaterra las horas extraordinarias se hicieron obligatorias para las mujeres lo que condujo a jornadas laborales de 12 hasta 15 horas. Los empresarios de la Rusia zarista continuaron tratando de derogar las leyes que les ayudaran a aumentar la mano de obra barata femenina. En muchas fábricas trabajaron niñas de 12 y 13 años y los empresarios extranjeros siguieron el ejemplo de los colegas rusos.

La situación de las trabajadoras siguió tornándose más insoportable cada vez, con las jornadas cada vez más fatigosas por no estar limitadas por la ley, trajo consigo el empeoramiento del estado de salud de las trabajadoras y una mortalidad elevada. Comenzó a propagarse la tuberculosis y un grupo de enfermedades que eran a consecuencia del agotamiento general, pero la burguesía sólo lo consideró el precio necesario que se debía de pagar por la guerra. En Prusia, en 1914, el número de enfermos de disentería después de la movilización aumentó diez veces con respecto al año anterior y en 1915 hubo 2 680 casos registrados de enfermos de cólera y 6 549 de tifus.

Durante la guerra se implantó en los países europeos el sistema de distribución de los productos por cartillas de racionamientos, que reducía el consumo de las trabajadoras a una ración de hambre[5]
Cuando después de las largas jornadas de trabajo las mujeres debían de pasar otro tanto de tiempo en colas interminables para adquirir alimentos y combustible, muchas enfermaban y sufrían ataques de nervios, aumentando los casos de neurosis y enfermedades mentales, además de la progresiva desnutrición producto de la inflación. De madres que se encontraban en condiciones depauperadas y daban a luz a niños que nacían en estas condiciones, se registraron casos en que nacían sin piel o ciegos e impedidos lo que hacía que las muertes prematuras fueran comunes.

Aunque el trabajo femenino tras el frente había sido de gran importancia en el desarrollo de la guerra, la burguesía se negaba a reconocer los derechos de la mujer. Los gobiernos burgueses reglamentaron la asistencia a los supervivientes de guerra, en ciertos aspectos las condiciones de vida de las esposas de los soldados, sus viudas o huérfanos, pero estas consideraciones dadas por el Estado no eran para nada suficientes y no era por su buen corazón al ver la situación de las trabajadoras sino por tratar de elevar la moral de los soldados. En la industria textil, sector que había crecido dada la necesidad de uniformes militares, en Francia gobierno aprobó una ley en julio de 1915 donde estableció un salario mínimo para las mujeres que trabajaban en esta industria, mejorando un poco los salarios de estas mujeres pero aún se mantenían por debajo de que recibían los hombres.

Consecuencias y manifestaciones huelguísticas

La mortalidad en aumento de los recién nacidos obligó a los gobiernos de Inglaterra, Francia y Alemania a conceder cierta ayuda a las madres solteras, pero también eran insuficientes, sobre todos para aquellas mujeres y sus hijos cuyos sustentos luchaban en el frente. Los gobiernos lanzaron campañas de propaganda para que las parejas se dedicaran a tener muchos hijos, en Francia hasta el periódico feminista Le Feminisme Integral hacía publicaciones alentando el aumento de la natalidad, por miedo a que lo tachasen de antipatriótico. Por eso era natural que durante todo el período de guerra las mujeres se encontraran molestas. Ya en la primavera de 1915 las trabajadoras de Berlín, organizaron una manifestación ante el Reichstag.

En Berna, se reunieron el 26 de marzo de ese mismo año las socialistas, en una conferencia internacional femenina, para formular en común la propuesta de las trabajadoras contra la guerra y para establecer las líneas directrices comunes para lucha de las mismas contra la guerra mundial. Este es considerado el I Congreso Internacional desde el comienzo del conflicto y tuvo en su desarrollo dos tendencias políticas fundamentales.

  • La fracción mayoritaria que condenaban la guerra pero sin prescindir del social-chauvinismo.
  • La fracción minoritaria, las bolcheviques rusas, que exigían la condena de los traidores a la sociedad internacional del proletariado y una constatación categórica a la guerra capitalista: la declaración de guerra civil.

En la mayor parte de los países hubo protestas contra la guerra y la inflación. Las mujeres rusas comenzaron sus protestas extendiéndose desde Petersburgo y Moscú. Solamente en Rusia zarista hubo en ese año 156 huelgas y en 1916, 310, algo más del doble. El año siguiente, 23 de febrero, el proletariado femenino, representadas fundamentalmente por las trabajadoras textiles, en Petersburgo, formularon su descontento y este levantamiento fue la señal de la iniciación de la gran revolución rusa.

En París, en 1916, asaltaron las mujeres las tiendas y saquearon los depósitos de carbón. En Austria se vivió un levantamiento de tres días en contra de la guerra. Después de la declaración de guerra y durante las movilizaciones, las mujeres italianas hicieron barricadas en las líneas de los ferrocarriles y se colocaron sobre los raíles para retrasar la salida de los hombres a la guerra.

Ya con la desmovilización y el tránsito a la economía de paz se pusieron de manifiesto las tendencias inequívocas de que la mujer debía de ser eliminada de la producción y el número de mujeres sin trabajo creció muy rápidamente. Si un empresario se encontraba en la disyuntiva de darle un puesto de trabajo a una mujer o aun hombre, tomaba la decisión de emplear al hombre que volvía del frente. Aunque esto pudiera parecer paradójico, porque los hombres estaban menos dispuestos a cooperar, exigían mayores salarios y por lo general eran mejores pagados y bajo las circunstancias sociales, los empresarios hubieran preferidos la mano de obra femenina barata, no olvidaban que la desmovilización se había llevado a efecto en un momento en que la población se encontraba en un estado de ánimo revolucionario.

Tratados de paz

Tras el conflicto, se firmaron varios tratados de paz por separado entre cada uno de los vencidos y todos los vencedores, con excepción de Rusia, que había abandonado la guerra en 1917. Al conjunto de estos tratados se le conoce como “La Paz de París” (1919-1920).

Versalles: Firmado el 28 de junio de 1919 entre los aliados y Alemania. El imperio fue cortado en dos por el corredor polaco, desmilitarizado, confiscadas sus colonias, supervisado, condenado a pagar enormes compensaciones y tratado como responsable del conflicto. Este tratado produjo gran amargura entre los alemanes y fue la semilla inicial para el próximo conflicto mundial.

Saint-Germain-en-Laye: Firmado el 10 de septiembre de 1919 entre los aliados y Austria. En este tratado se establecía el desmembramiento de la antigua monarquía de los Habsburgo, el imperio Austrohúngaro, y Austria quedó limitada a algunas zonas en las que se hablaba solamente el alemán. Sèvres: Firmado el 10 de agosto de 1920 entre el imperio otomano y los aliados (a excepción de Rusia y Estados Unidos). El Tratado dejaba a los otomanos sin la mayor parte de sus antiguas posesiones, limitándolo a Constantinopla y parte de Asia Menor. Trianon: Acuerdo impuesto a Hungría el 4 de junio de 1920 por los aliados, en el que se dictaminó la entrega de territorios a Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia.

Neuilly: El Tratado de Neuilly-sur-Seine fue firmado el 27 de noviembre de 1919 en Neuilly-sur-Seine (Francia) entre Bulgaria y las potencias vencedoras. De acuerdo con lo estipulado en el tratado, Bulgaria reconocía el nuevo Reino de Yugoslavia, pagaba 400 millones de dólares en concepto de indemnización y reducía su ejército a 20.000 efectivos. Además, perdía una franja de terreno occidental en favor de Yugoslavia y cedía Tracia occidental a Grecia, por lo que quedaba sin acceso al mar Egeo.

Consecuencias

Lucharon 65,8 millones de soldados, de los que murieron más de 1 de cada 8, un promedio de 6.046 hombres muertos cada día de los cuatro años que duró, [10] A consecuencia de esta guerra cayeron cuatro imperios -el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano- y tres grandes dinastías, los Hohenzollern, los Habsburgo y los Romanov. Se calcula que la guerra produjo aproximadamente ocho millones de muertos y seis millones de inválidos. Francia fue el país más afectado proporcionalmente: 1,4 millones de muertos y desaparecidos, equivalentes a un 10% de la población activa masculina, acompañado por un déficit de nacimientos.

El estancamiento demográfico francés se prolongó, con un envejecimiento de la población que sólo logró crecer con la inmigración. El norte francés estaba en ruinas: casas, puentes, vías férreas, fábricas, etc. En el plano político, cuatro imperios autoritarios se derrumbaron, lo que transformó profundamente el mapa de Europa, rediseñado por el tratado de paz de 1919: el imperio del zar quedó transformado en la Rusia comunista (más tarde la URSS), el imperio otomano se redujo a Turquía (península de Anatolia y Constantinopla), el imperio austrohúngaro fue desmantelado y nacieron las minúsculas Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia como nuevos países independientes, el imperio alemán llegó a su fin y fue reemplazado por la República de Weimar, mermada territorial y económicamente por el pago de las reparaciones de guerra.

Nuevo equilibrio político mundial. Las colonias suministraron víveres, materias primas y soldados. Tras la guerra los pueblos coloniales no creyeron más en lo que se les había inculcado sobre la superioridad natural de la metrópoli y reclamaron una mejora de su situación. A este primer declinamiento de la influencia de Europa en las colonias, se sumó la expansión de Estados Unidos, el mayor beneficiado de la guerra junto a Japón, y cuyas capitales se colocaron al lado de París y Londres en la escena internacional. Transformación social. Las diferencias sociales se acentuaron con el enriquecimiento de los mercaderes de armas y el empobrecimiento de los pequeños ahorradores, los retirados y los asalariados afectados por la inflación. Las mujeres adquirieron un nuevo lugar en la sociedad y se volvieron indispensables durante toda la guerra, en el campo, las fábricas, las oficinas, las escuelas (para compensar la marcha de numerosos profesores).

El feminismo progresaba, el derecho a voto fue acordado en Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Turquía y Rusia, pero no en Francia. Consecuencias tecnológicas. La contienda generó un intenso desarrollo de los instrumentos y técnicas de guerra: fusiles de repetición, ametralladoras, gases venenosos dando origen a la guerra biológica y química, hubo tanques, dirigibles y aviones, también se practicaron los bombardeos a las ciudades. La artillería multiplicó los calibres, aumentó el alcance y mejoró los métodos de corrección. El transporte motorizado se generalizó. Consecuencias políticas en Alemania. Los cinco tratados tras la guerra, principalmente el suscrito en Versalles, ocasionaron un ambiente de opresión hacia los vencidos.

La nueva Alemania republicana sufrió las consecuencias del imperio Alemán y su economía fue explotada por los vencedores. Así surgieron tesis tanto izquierdistas como derechistas para acabar con esta situación. Los golpes contra el sistema comenzaron cuando, en 1921, milicias comunistas se levantaron en Múnich. La revuelta fue sofocada. Adolf Hitler culpaba a los marxistas alemanes de la rendición alemana, alegando como pruebas la constitución progresista de Weimar y el armisticio a continuación. Cuando Hitler aún seguía en las trincheras, los militares alemanes convencían a la población civil de que la guerra podía ser ganada, mientras que confesaban a los políticos que la rendición era ineludible.

Pero Hitler sostuvo esta tesis en el partido nacional socialista alemán de los trabajadores y, con ella, dirigió el denominado Putsch de Múnich de 1923 contra la sede del gobierno. El golpe militar fue aplastado y Hitler recluido en prisión durante ocho meses. Sin embargo, en enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller por el presidente Paul von Hindenburg y el 14 de octubre de 1933 triunfó en las elecciones, por lo que llegó al parlamento alemán.

Curiosidades

Veterano de Guerras mundiales cumple 100 años

Claude Choules, último veterano sobreviviente de la Primera Guerra Mundial, celebró sus 110 años en su residencia de Perth, Australia.

Nacido en el Reino Unido en 1901, mintió sobre su edad para poder enrolarse en 1916 en el Royal Navy. Durante la Segunda Guerra Mundial, combatió en la Marina de Australia, a donde emigró en 1926.

Choules es el último combatiente superviviente de la Gran Guerra en el mundo, tras la muerte el domingo, también a los 110 años, de Franck Buckles, último veterano estadounidense de la Primera Guerra Mundial, quien igualmente falseó su edad para ser reclutado en 1917.

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Citas y notas

Fuentes

  • Wolfgang Mommsen, La época del Imperialismo: Europa 18851918, siglo XXI Editores, México, 1971.
  • Juan Lago, La Primera Guerra Mundial, ed. Akal, 1993.
  • Paul Fussel, La Gran Guerra y la Memoria Moderna, Oxford University Press, 1992 y Turner, 2006.
  • Barbara Tuchman, Los cañones de agosto, (Península, 2004).
  • Michael Howard La primera guerra mundial, (Crítica, 2003).
  • Norman Stone, Breve historia de la I Guerra Mundial, (Ariel, 2008).
  • H. P. Willmott, La Primera Guerra Mundial (Inédita, 2004).
  • Michael S. Neiberg La Gran Guerra, una historia global (1914-1918), (Paidós, 2006).
  • John H. Morrow Jr., La Gran Guerra (Edhasa, 2005).
  • Hew Strachan, La Primera Guerra Mundial (Crítica, 2004).
  • Jesús Hernández, Todo lo que debe saber sobre la I Guerra Mundial (Nowtilus, 2007). ISBN 978-84-9763-413-7
  • Sebastian Haffner Los siete pecados capitales del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial (Destino, 2006).
  • Georges Blond, La batalla de Verdún, (Inédita, 2008).
  • Kollontai, Alexandra. La mujer en el desarrollo social. Lluita Comunista Biblioteca. Editorial Guadarrama, Barcelona, 1976.
  • Briggis, Asa; Clavin, Patricia. Una guerra civil Europea 1914-1918. Historia Contemporánea de Europa 1789-1989. Historia Universal Tomo II. pp.277-330.