Historia del municipio Campechuela (provincia de Granma)

Historia del municipio Campechuela (provincia de Granma)
Información sobre la plantilla
Cronología
Comunidades primitivas
Etapa colonial (1492–1898)
Génesis de Campechuela
Guerras de independencia
República Neocolonial
Lucha de la clase obrera
Guerra de Liberación Nacional
Revolución en el poder
Otros hechos relacionados con Campechuela

Historia del municipio Campechuela (provincia de Granma). La historia de este municipio abarca desde las poblaciones aborígenes hasta la Revolución en el poder. A la llegada de los españoles a estas tierras, la encontraron habitada por los aborígenes, con fisonomía, lenguaje, costumbres y cultura diferentes, se conoce que habitaron en sitios de El Arrozal y La América.

El 11 de octubre de 1868 se produce la primera acción bélica en el primer núcleo poblacional del territorio, conocido por Guá, propiciando esto el surgimiento de un nuevo poblado, Campechuela, y posteriormente las comunidades de San Ramón y Ceiba Hueca.

Al triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959 el municipio comienza a desarrollarse en todos los frentes, consolidándose hasta la actualidad. Se ha caracterizado por ser agrícola, contando con dos centrales azucareros, dos talleres de confecciones textiles, una empresa pecuaria, y otras menores.

Campechuela es un municipio costero de la provincia Granma, en el oriente cubano. Está conformado por 56 asentamientos poblacionales, cuatro urbanos y 52 rurales, distribuidos en 10 Consejos Populares. Posee una población de 46 126 habitantes, registrándose en la zona urbana el 53.67% del total del municipio, mientras que el 36.96 % radica en la cabecera municipal. El 80.8% de la población se asienta de forma concentrada, quedando dispersa el 19.2%. Existen en el municipio 155 km2 en áreas del Plan Turquino, donde se registra el 17.59% de los habitantes del territorio.

Comunidades primitivas

El conocimiento de la cultura aborigen resulta imprescindible en el proceso de estudio y conformación de la Historia de Cuba en cada localidad y de la identidad cultural en específico, toda vez que es en esas comunidades donde comienzan los procesos sociales en la isla y que a lo largo de varios siglos, producto de la consabida transculturación ha dado lugar a los hombres y mujeres de hoy, donde el autoreconocimiento social no es una simple mirada a las raíces; sino la búsqueda de las raíces para su reconocimiento como ser social, heredero de importantes tradiciones.

En el momento de la llegada de las huestes ibéricas a la isla de Cuba, fenómeno al que se ha dado en llamar «encuentro entre dos culturas», sus habitantes vivían relativamente pacíficos en cada una de sus áreas de asentamiento. Estos primeros habitantes llegaron a estas tierras como resultado de sus incursiones pesqueras y quizás por la necesidad de localización de nuevos lugares de habitación:

«[…] hay que agregar que nuestros primeros pobladores eran buenos navegantes. Para ellos moverse por sobre el mar a distancias que sumaban varios kilómetros resultaba una actividad cotidiana y en sus pesquerías, alejándose cada día más, iban descubriendo nuevas islas que posteriormente habitaban y explotaban […]»

Procedentes del norte de América del Sur, a través de un largo proceso migratorio que incluyó el paso por varios territorios de América del Sur y Central, aprovechando la cadena de cerca de 25 islas grandes y pequeñas, se establecieron en la costa sur de Cuba, (Ciénaga de Zapata y Península de Guanahacabibes) y en la Isla de Pinos. Con posterioridad, y siguiendo las costas, se desplazaron hasta llegar a las zonas orientales del archipiélago, sur de Camagüey y el Guacanayabo, habitando el territorio actual de Campechuela.

Estos grupos dominaban las técnicas para procesar las conchas que servían de protección a parte de sus dietas alimenticias. Emplearon como lugares de habitación las cuevas y los abrigos rocosos, así como terrenos despejados y otros tipos de locaciones que pudieran servirle de sitio de habitación. Es conocido que, a la llegada de los españoles, la isla se encontraba dividida en cacicazgos.

En el territorio local habitaron en Las Américas, El Arrozal, El Pensamiento, Jiménez 1 y Jiménez 2, donde se han localizado residuarios de conchas de diferentes tipos, característico de sus dietas de alimentación. El sitio de Las Américas está considerado dentro de la categoría de paradero conchal y en el mismo se han colectado picos de manos de Strombus sp y restos de dietas de Strombus pugilis en abundancia y Strombus sp en menor cantidad, lo que evidencia su presencia en la zona.

En el lugar conocido como El Arrozal, considerado como un sitio de habitación, se ha localizado gran cantidad de piedras trabajadas en volumen, lascas microlíticas de silex, percutores, pico de mano de Melongena melongena y restos de dietas de Melongena melongena, Crassostrea rhizophorae y Strombus pugilis, entre otros materiales. En El Pensamiento, considerado como un paradero conchal, se han encontrado percutores de piedra, lascas microlíticas de silex y restos de dietas de Melongena melongena, Crassostrea rhizophorae y Strombus pugilis. En Jiménez 1 y Jiménez 2, dentro de la categoría de paradero conchal, se han colectado lascas microlíticas de silex, percutores de piedra y conchas de de Melongena melongena, Crassostrea rhizophorae y Strombus pugilis.

Estos etnos cubanos incursionaron también en el trabajo con la cerámica, logrando elaborar vasijas pequeñas de factura muy rústica. Sus creencias mágico religiosas eran muy complejas al no poder comprender los fenómenos naturales e interpretar el mundo de diferentes maneras, por lo que justificaban cada uno de los fenómenos a través de los deseos y designios de los espíritus (buenos y malos). Enterraban a sus seres queridos muertos en lugares comunes que consideraban sagrados.

Las comunidades agroalfareras por su parte, llegaron al territorio a partir de los 500 años d.n.e., hace alrededor de más de 1500 años:

«procedían del tronco étnico Arauco sudamericano y llegan en diversas oleadas a través del arco de Las Antillas desde el norte de Venezuela, desde la cuenca del río Orinoco

Tenían un mayor desarrollo de las fuerzas productivas, con el conocimiento y empleo de técnicas más avanzadas para las labores fundamentales que realizaban, sus agricultores eran experimentado, se distinguían por el dominio de la alfarería y el procesamiento de la yuca para la producción del casabe, su dieta principal.

Este grupo étnico que se asentó en el actual territorio campechuelense pertenecía al cacicazgo de Macaca, que limitaba con el de Guacanayabo por el este, lo que:

«[…] evidencia una organización territorial que rebasa la unidad clánica para insertarse en la tribal, con un mayor grado de complejidad social y económica.»

Entre sus objetos utilitarios se destacaron en la industria productora de majaderos, percutores, morteros, hachas petaloides pulidas, buriles, ídolos y colgantes de piedras. Fabricaron también objetos de concha, textiles y otros importantes para su ajuar. Sus habilidades como alfareros les posibilitaban emplear métodos complejos como el acordelado. Los objetos elaborados eran adornados con incisiones antes del cocido de la pieza, con aplicaciones que les distinguían. En su industria alfarera modelaron platos, ollas, vasijas naviculares, boles y burenes, este último para la elaboración del casabe, consistente en gruesas planchas de barro cocido sobre las cuales se extendía la masa de yuca para cocinarla.

En el municipio estos grupos culturales habitaron en Ojo de Agua de Campechuela y El Martillo de San Ramón, donde se han colectado importantes objetos utilitarios, ceremoniales y decorativos. En Ojo de Agua. En el sitio de El Martillo, considerado como un sitio de habitación, también se han localizado fragmentos de burén, bordes y asas de vasijas.

En estas comunidades existía una división natural del trabajo, relacionado con el sexo, y la edad de sus miembros. Así, las mujeres estaban vinculadas a las actividades de la artesanía y en gran medida a la agricultura y la elaboración de los alimentos, además de la recolección y la cría de la prole. La máxima autoridad de la tribu recaía sobre los hombros de un conjunto de individuos que por su edad, experiencia y prestigio se erigían en el sector dominante y decidor. De este grupo se elegía al cacique.

Etapa colonial (1492–1898)

Génesis de Campechuela

La zona de Guá se componía a su vez y en su gran mayoría por los terrenos de la hacienda comunera Callahacas, hacienda que abarcaba grandes extensiones de tierra, según las informaciones encontradas en los libros de antiguas Anotadurías de Hipotecas del Registro de la Propiedad de Manzanillo, era resultado de un proceso de expansión colonial. La finca había sido fundada por el capitán Don Francisco de Parada, en 73 pesos y 4,5 reales de posesión en la primera mitad del siglo XVII.

La hacienda comunera Callahacas fue una de las tantas propiedades que Francisco de Parada, un gran latifundista del siglo XVI, la que dejó en legado a favor del convento de los padres dominicos de Bayamo, a fin de que se emplearan en el fomento de escuelas, conventos y obras sociales para la difusión del cristianismo. No fue ésta, sin embargo, la ulterior utilización que se hizo de ellas. La hacienda se fue fraccionando en otras pequeñas, sitios de labranzas y crianza, cuartones y fincas, en dependencia de las condiciones del terreno en las cercanías de la costa del golfo de Guacamayo. Entre las propiedades deslindas se encontraba el sitio de crianza Campechuela, adquirido por compra–venta por Don José de Jesús Fonseca, tributado a favor de la capellanía colectiva del convento de los padres dominicos de Bayamo.

La hacienda tenía una extensión de 678 kilómetros y más de 2000 habitantes, comprendía además grandes extensiones de tierra de los partidos de Guá y Vicana, dependientes todos de la jurisdicción de Manzanillo. El principal núcleo poblacional organizado dentro de la hacienda era el poblado de San Miguel de Guá.

Para 1849 el Partido Rural de Guá, poseía una población total de 2 184 habitantes, que se dividía en los siguientes estamentos: blancos 789, libres de color 1299 y 96 esclavos. De acuerdo con el censo demográfico español de 1860, el Partido Rural de Guá, se constituía de 1157 blancos, 2046 libres de color y 55 esclavos, lo que suman un total de 3258 habitantes; predominando los libres de color y en menor cuantía los esclavos, aun estando lejos la fecha de emisión de la ley de abolición de la esclavitud (1886). Así mismo se evidencia una identificación de la población libre de color con la actividad económica fundamental que se desarrollaba en las haciendas, fincas de cría y las vegas de tabaco, así como en la producción azucarera en su condición de asalariados.

Campechuela pues, es el resultado del fraccionamiento de las tierras, que se produce de la hacienda comunera Callahacas, como consecuencia del legado que Don Francisco de Parada dejó a los Padres Dominicos de Bayamo, a fin de que estos las emplearan en el fomento de escuelas, conventos y otras obras de difusión del cristianismo en la zona, y que por el contrario, se pusieron en función de extraer de las mismas rentas mediante impuestos que se aplicaban a cada una de las posesiones de terrenos que fueron fraccionándose del total de la hacienda.

El sitio de crianza Campechuela, fue adquirido por compra–venta a favor de Don Manuel Ferral Monge en el año 1858, por un valor de 500 pesos. Tenía sus linderos con el camino de la costa por el norte; con los terrenos de El Arrozal, propiedad de Don Feliciano Aldereguía y Cia. y con los de Don Bartolomé Roca Tasis y Don Ángel Rosas por el Este; con el fundo nombrado Guaraguao por el sur y con el potrero y estancias Santa Bárbara, de Don Ramón José Muñoz por el Oeste. Poseía entonces una extensión de 1045 hectáreas, 74 centiáreas, equivalente a 72,92 caballerías aproximadamente.

En el año 1858, en que se apropió Don Manuel Ferral de los terrenos de Campechuela, no existía población alguna organizada, un plano de los terrenos que para entonces se consideraban en la fecha mencionada, así lo evidencian. Hasta el año 1864 la finca contaba con una estructura económica dedicada a dos renglones económicos fundamentales: como potrero para la cría de ganado y como bosque firme para la explotación maderera.

El territorio, se subordinaba a la jurisdicción de Manzanillo, que desde el año 1839, ostentaba la categoría y que, como jurisdicción independiente, lo formaban cuatro partidos rurales: Yaribacoa, Vicana, Guá y Yara. El territorio manzanillero abarcaba para el año 1860 una superficie de 14, 884 caballerías, de las cuales el 80% de la tierra se dedicaba a la agricultura.

Según el Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba, editado en España en el año 1863, en el partido de Guá no existía hasta entonces aglomeración de casas o villa alguna hasta esta fecha, refiriendo que:

«no conteniendo este partido ninguna población reunida, el punto que le sirve de cabeza y de residencia a su capitán pedáneo es un pequeño grupo de viviendas separadas en la hacienda de Guá.»

Las familias que como resultado de la incursión del 11 de octubre de 1868 a las propiedades de Carlos Cancino se trasladaron desde el núcleo poblacional de San Miguel de Guá, así como de distintas propiedades que conformaban el Partido Rural a partir de 1868, para alejarse de las zonas de conflicto bélico, en busca de seguridad, refugio y mejoras económicas, se constituyeron en vecinos de la naciente población que se erigía en la finca Campechuela y que quedaría definitivamente conformada años más tarde.

Varios años después en el informe que rindiera el alcalde de Campechuela, Pedro Cabrera al gobernador civil de la provincia de Santiago de Cuba, de fecha 13 de noviembre del 1900, expresa:

«El pueblo de Campechuela comenzó a fundarse en el año 1869. El caserío de San Ramón en el Batey del ingenio del mismo nombre en el año 1883 y el caserío de San Francisco en el año 1885

A la par surgían los poblados de San Ramón (1883) y Ceiba Hueca (1885), que prontamente adquirieron importancia económica y social en la extensa zona de Guá. San Ramón tuvo sus inicios en la fundación del ingenio azucarero del mismo nombre, donde se emplearon técnicas de las más avanzadas de la época, lo que trajo consigo una vertiginosa evolución que propició además un rápido desarrollo social, al aglutinarse muchas familias procedentes de diversas zonas del país alrededor del central, en la búsqueda de fuente de trabajo para el sustento de la prole. La extensión del área de cultivo de esta fábrica era de 4 caballerías dedicadas a la caña, pero poseía además otras 8 como parte de la finca. La producción que se obtenía del ingenio, se embarcaba a través de lanchas por un pequeño muelle cercano a la fábrica hasta el puerto de Manzanillo, que se encontraba por esa vía a unas 24 millas.

Según la leyenda popular, el lugar obtuvo el nombre de un ingenio alrededor del cual se agruparon varias familias para obtener sustento mediante su trabajo en él y que en la primera mitad del siglo XIX, ya producía azúcares en grandes cantidades para la exportación. Se encontraba ubicada en la parte más alta de la zona, lo que se extendió para toda la parte del vecindario. Inicialmente el poblado estaba ubicado en la parte más baja de la zona, a orillas del mar, donde las personas además de dedicarse a la agricultura y la producción azucarera, pescaban para el sustento de la familia.

El incipiente poblado estaba conformado por vías estrechas de tierra, con un tramado regular, sin llegar a conformarse manzanas en su estructura, siendo sus viviendas dispersas en la zona, sin que su tipología estuviera definida por estilo alguno.

Las casas eran construidas de madera con cubiertas de guano, con excepción de lo que se conoció como la “casa de viviendas” del administrador del central, que tenía un estilo propio de las construcciones de las personas adineradas de la época y que luego se convirtió en ecléctico por las modificaciones que con el decursar de los años les fueron realizando, ubicada en la parte más alta o superior al pequeño batey.

Aunque no se ha especificado la cifra exacta de la población de San Ramón antes de 1900, es obvio que el crecimiento era admirable pues se hacía evidente la necesidad de incrementar las condiciones higiénico–sanitarias del poblado, por lo que el 21 de noviembre del año 1897 quedó constituido el cementerio de San Ramón.

Por su parte, Ceiba Hueca debe su nombre, según la leyenda popular a la existencia en la antigüedad de una Ceiba con un hueco en el tronco que sirvió de punto de referencia para la acumulación de los materiales que luego fueron utilizados en la construcción del central azucarero. El nacimiento del mismo, como pequeño batey, tuvo sus orígenes entre los años 18651870, en la finca conocida como San Francisco donde se encontraba el trapiche Cupey, alrededor del cual se aglutinó el vecindario. El trapiche no sobrevivió a la contienda bélica de 18681878, al ser incendiado por los mambises. A partir del 1885, comenzó a gestionarse la construcción de otra fábrica de azúcar en la zona cercana a la Ceiba de renombre, surgiendo el central Santa Teresa de Jesús, alrededor del cual surgió el batey Ceiba Hueca cerca de 1886.

La mayor cantidad de las familias que poblaron a Ceiba Hueca eran procedentes del Partido de Vicana en busca de mejoras económicas, pues además de fuente de trabajo segura, la zona les posibilitaba alimentación a través de la pesca y facilidad de comunicaciones. Para entonces ya el naciente poblado contaba con una tienda de víveres, propiedad de Elías Moreno. Las construcciones eran de tabla y guano, aunque los propietarios del central construyeron indistintamente de mampostería y zinc.

Hacia el año 1895, Ceiba Hueca continuaba siendo un pequeño batey pobre que mantenía como fuente de trabajo fundamental el central, la agricultura y la pesca, existía un parco comercio, dentro del que resaltaba una fonda que era propiedad de Rafael Perea. No obstante, para el año 1899, Ceiba Hueca desde el punto de vista demográfico figuraba entre los núcleos poblacionales más importantes del recién categorizado Término Municipal de Campechuela, que de manera general tenía una población de 7 369 hab. de los cuales 4 115 pertenecían a los barrios rurales, entre los que se mencionaban a Ceiba Hueca y San Ramón.

El Partido Pedáneo de Guá en 1849 poseía una extensión de 2 679, 20 caballerías que se identificaban en 90 sitios, 65 vegas y 71 haciendas de crianzas. Además, contaba con una población ganadera de 512 caballos de crianzas y mulos, 12 463 vacunos, 105 lanar y caprino y 3 780 cerdos. Predominaba la apropiación individual del suelo y la privativa dedicación a frutos menores, producción de tabaco y ganado, este último en mayor escala.

La explotación de la tierra contaba con 104 haciendas de crianza, un potrero, 165 estancias, 221 vegas de tabaco, 1 ingenio (San Ramón) y 1 trapiche (Cupey). La aparición de estos últimos, no significa un cambio de estructura agraria, se inicia un sistema de implantación, donde predominaba el dominio individual del suelo. Se revela el aumento de las haciendas de crianza y las vegas en su compraventa. La población ganadera formaba un cuadro alentador para la época, 109 bueyes, 462 caballos y mulos 2 mulas. Las estadísticas por especies eran de 14 068 toros y vacas, 5 113 añojos, 9 asnos, cerdos 5 017 y 30 cabras, lo que evidencia como fuente fundamental de crianza a la ganadería.

En cuanto a las principales producciones se destacaban las siguientes: el tabaco en rama, plátano y otras viandas, café, algodón, sagú, arroz, frijoles, cera, queso y maíz.

Escudo de Campechuela

El municipio posee un escudo que refleja las características más sobresalientes de la localidad costera de Granma, muestra de la preocupación de sus hijos por darle identidad al poblado.

El escudo está dividido en tres partes: en la superior y en toda la extensión se reflejan colmenares que al decir de cronistas de la época proliferaron en el territorio y constituyó una fuente económica que con el decursar de los años se ha ido extinguido quedando solo como fuente de subsistencia.

Escudo de Campechuela

La parte inferior dividida en dos partes muestra en un extremo un árbol, de preferencia campeche, en el otro extremo un central azucarero que en aquel momento era la base económica fundamental y que propició al territorio la categoría de municipio en 1912.

Al centro del escudo la efigie del santo patrono del municipio, Santo Tomás de Aquino, tradición que se celebra de años atrás y que ha llegado hasta la actualidad.

Sirve de soporte al escudo una olla en forma de banderín irregular en amarillo quemado, con una cinta superior en la que reza Paraíso del Guacanayabo y una inferior Campechuela.

En su diseño se tuvo en cuenta los elementos más distintivos del territorio en su época y un basamento tradicional significativo. El escudo, aunque poco difundido en el municipio es la muestra de lo que existió y una posibilidad a la comparación histórica y cultural.

Toponimia

Campechuela debe su nombre a las relaciones demográficas, tanto con las zonas de Guá como con las zonas aledañas al Golfo de Campeche, en Yucatán.

De acuerdo con datos suministrados, el poblado de Campechuela existió en la zona conocida por Guá. Allí vivían grupos de indígenas que denominaban lugar con el nombre de Campeches, para ellos este topónimo era sinónimo de campo. Era muy difícil que Campeches derivara al actual Campechuela, teniendo en cuenta que los descendientes de los indios bajaron de las montañas hacia las zonas porteñas y se estacionaron allí, y luego la zona fue poblada por habitantes de origen español.

Después de la Guerra del 68, sus primitivos pobladores comenzaron a emigrar y el poblado cambió el nombre de Campeche. Ello indica que, aunque hay relación fónica, no hay razones para suponer que el nombre indígena derivara hacia Campechuela, por cuanto ya existía en la época un golfo y una población con el mismo nombre en la Península de Yucatán.

Parece ser que en la zona del primitivo Campeche se sostenían relaciones comerciales de carácter maderero con el palo de Campeche madera de un árbol leguminoso de América, capaz de dar un hermoso pulimento con algunas zonas aledañas al golfo del mismo nombre.

Plano del poblado de Campechuela

En 1951 se encontraron poblaciones con rasgos aborígenes cerca de Yara, al indagar su origen, respondieron que se debía a la descendencia de yucatecos traídos por los españoles como esclavos, siglos atrás.

Esto indica la probabilidad de un enlace de la zona de la costa sur oriental con la Península de Yucatán. Así el nuevo poblado de Campeche, surgido después de 1878, debía su nombre tanto a la madera como a las relaciones con el Campeche mexicano. Poco después adoptó el nombre derivado de Campechuela.

Guerras de independencia

La contienda revolucionaria de 1868, desde sus primeras acciones en el territorio jurisdiccional, fue la causa directa de la aparición de las condiciones objetivas para el surgimiento de este poblado organizado en el Partido de Guá, al ser la finca Campechuela la receptora de numerosas familias que ante la incertidumbre, el temor y la alarma se refugiaron y establecieron en ella, propiedad de Ferral Monge, quien a la sazón era capitán del Cuerpo de Voluntarios y había levantado un campamento español en sus predios, por ser una zona con magníficas ventajas geográficas y de comunicación marítima con la cabecera jurisdiccional, que lo ponían en condiciones de hacer frente a las incursiones de los insurrectos y le daba mayores posibilidades de abastecimiento logístico.

El 11 de octubre de 1868 se produce la primera acción bélica en el primer núcleo poblacional del territorio, conocido por Guá, propiciando esto el surgimiento de un nuevo poblado, Campechuela, y posteriormente las comunidades de San Ramón y Ceiba Hueca.

Al iniciarse la Guerra de los Diez Años, el 9 de octubre de 1868, se produce un alzamiento en el poblado de San Miguel de Guá y el 11 de octubre tiene lugar la primera acción bélica en el núcleo poblacional del territorio, el poblado de San Miguel de Guá, formando parte estas de las Huellas mambisas en Campechuela.

Principales acciones combativas en Campechuela durante las guerras de Indepdnencia

Concluida la Guerra Grande, la concentración de la producción, derivada entre varias razones del desarrollo del capitalismo, y sobre todo de la ruina de los pequeños y medianos productores que no habían podido efectuar el cambio tecnológico imprescindible dentro de la industria azucarera, trajo como característica la desaparición de muchas pequeñas unidades ineficientes y el surgimiento de verdaderas fábricas de azúcar, ahora llamadas "centrales", cuyo rendimiento era muy superior a los ingenios tradicionales.

El central implicaba un desarrollo altamente maquinizado de la producción y una infraestructura de transporte (utilización amplia del ferrocarril) no visto con anterioridad. El Santa Regina o Santa Teresa y el Dos Amigos, en Ceiba Hueca y Campechuela, ambos con un amplio empleo de modernas técnicas y del ferrocarril como medio de transporte tanto para la materia prima desde las colonias hasta el central, como del producto ya elaborado para la comercialización con un sistema característico en los tres centrales existentes en el territorio campechuelero.

El 24 de febrero de 1895 se produjeron dos alzamientos en este territorio, uno en la villa de Campechuela y otro en Guá, con lo que se inició la guerra necesaria. Entre las acciones más importante de esta gesta se puede mencionar el combate de Campechuela y el combate de Rancho las Yaguas.

República Neocolonial

Tan pronto como el gobierno interventor inició su labor por la orden militar No. 86, de fecha 22 de febrero de 1900, en el Término Municipal de Campechuela, se designó alcalde de facto al mambí Feliciano Ortiz y como Jefe de la Policía local a Pedro Cabrera Garcés, se creó además la Junta de Educación, nombrándose al señor Diego Fajardo como secretario de la misma.

El 2 de octubre de 1901, el Ayuntamiento Provincial emitió la orden No. 211 mediante la cual se derogaba la categoría de Término Municipal de Campechuela y quedaba integrado como barrio de Manzanillo, fungía entonces en funciones un alcalde de barrio y para sustituir al jefe de la policía (señor Feliciano Ortiz) se designó al señor Juan Hernández, que era también el presidente de la Asociación de Veteranos en el territorio.

Uno de los primeros símbolos de Campechuela al surgir como municipio

Campechuela continuó siendo barrio de Manzanillo hasta el año 1912, en que por moción presentada al congreso por parte del representante Manuel de Jesús Manduley, a petición del Coronel Diego Gassó Bombí, se le otorgó al territorio la categoría de Municipio, de acuerdo con los límites que ostentaba el Término Municipal antes existente. El municipio quedaba integrado por los barrios de cabecera (Campechuela) con 4817 habitantes, Ceiba Hueca con 2532, Cienaguilla con 2489, La Gloria con 1881, Tana con 1416, y San Ramón con 1730.

Fueron entonces candidatos a la alcaldía los señores Pedro Cabrera Garcés, capitán del Ejército Libertador y el Coronel Diego Gassó Bombí, que era representante del Partido Liberal y que resultó electo con 1388 votos. El ayuntamiento funcionó en un local frente al parque 24 de febrero y quedó constituido oficialmente el 20 de mayo de 1913. El Sr. Alberto Rey Viamonte, procedente de Santiago de Cuba, fue nombrado Secretario de Administración Municipal, como Jefe de la Policía fue recomendado por el ex-gobernador de Santiago de Cuba, el Capitán del Ejército Liberador Joaquín González (Polí), Presidente de la Cámara Municipal el Sr. Segundo Iturriaga V. y como Jefe de Salubridad al Dr. Delio Núñez Mesa, quien más tarde fue senador de la República de Cuba. Como Secretario de la Junta Electoral fue nombrado el Sr. Luís Rodríguez.

En esta etapa se construyó el parque 24 de febrero, en el año 1914. Los gobiernos de entonces propiciaron reparaciones en las calles Martí (breve arreglo entre la iglesia católica hasta la calle Caridad), la obra fue realizada por orden del señor Manduley del Río, que se desempeñaba como gobernador en la provincia de Oriente, la calle fue rellenada con piedras y sus bordes construidos con muros de cemento, no obstante los vecinos se percataron de que parte del dinero destinado a esta obra fue robado, por lo que la calle fue bautizada como calle del chino.

Ante la precaria situación en que vivían los vecinos de Campechuela, también se construyó un pequeño hospital, muy pobre de todos los recursos, que no ha sido reconocido dentro de los aportes de estos primeros gobiernos y partidos políticos en el naciente municipio, así como un vertedero municipal, para evitar las constantes críticas de los pobladores sobre las difíciles condiciones de salubridad de la zona. Con la intensión de urbanizar un poco la pequeña villa, el ex gobernador de la provincia, señor Barceló influyó para que se construyera el paseo del malecón, considerando que este atendía de manera particular la conservación y funcionamiento de la alcaldía y la jefatura de sanidad. En alguna medida se dieron pasos de avance en la organización del sistema de enseñanza.

En el año 1916, fue reelecto como alcalde el Coronel Diego Gassó Bombí y posteriormente para ocupar un escaño en la cámara de representantes. Después del Coronel Diego Gassó Bombí, ocuparon la alcaldía municipal, por elecciones, el Sr. Ángel Piña, que estuvo en el cargo en varias ocasiones y que además fue concejal durante ocho años.

Como una prolongación de la carrera política, de acuerdo con los partidos de turno en el país, entre 19281932, ocuparon la silla del alcalde el Dr. Luís Escalona Cañete, abogado, que prestó especial atención a la construcción del cementerio. En el período de 19321940, le siguió en el cargo el Dr. Juan Pons Janet, que solo estuvo al frente del ayuntamiento por espacio de tres meses como resultado de la caída de Machado y que en distintas ocasiones llegaría a ser representante de la cámara en dos períodos consecutivos, delegado a la Convención Constituyente de 1940 y Gobernador de Oriente.

En 1934 en la finca Pablo Bejuquero, del municipio de Campechuela, se constituyó el primer Partido Comunista en el territorio de Campechuela. Los fundadores de esta organización revolucionaria fueron los integrantes de la familia Antúnez, que procedían de la zona de Rancho Viejo en Media Luna, donde eran obreros agrícolas y habían participado en este movimiento que surgió en ese territorio en 1933, de donde salieron huyendo de la represión a que fue sometido el movimiento en julio de 1934, asentándose en Bejuquero y Guairajal.

El movimiento comunista se extendió además hasta Ceiba Hueca Arriba, insertándose en las filas de tabaqueros de la zona. En 1938, se incorporaron militantes de otras provincias y municipios como Arturo Paneque, Víctor Estrada, Juvencio Guerrero y Rodrigo Aleaga, este último con gran desempeño en la lucha de los azucareros de la localidad.

En ese mismo año, se constituyó en Campechuela el Partido Unión Revolucionaria, presidido por José Romero, hombre de ideas progresistas y revolucionarias. Este partido tuvo sus ramificaciones en varias localidades del municipio y contaba en sus filas con personas de gran prestigio como Jorge Chávez, Eduardo Olazábal, Eligio Figueredo, Tomás Jiménez, Francisco Pí; en San Ramón, Tomás Sarmiento, Cesar Comas y en Cienaguilla (El Fustete) Luís Toledano y Eduardo Estrada. Ya para el año 1941, se habían constituido comités del partido en las zonas de Pozo Azul, La Habanita, Las Malangas y Ceiba Hueca.

La sistemática actividad partidista contribuyó a que desde las propias filas del partido se organizara en el año 1942 el Frente Antifascista, que en esta localidad fue dirigido por Joaquín Fonseca. El frente desarrolló importantes actividades en apoyo a la Unión Soviética. En este año se realizó la actividad cumbre del partido en el municipio, en la localidad de Ceiba Hueca Arriba, efectuándose un acto político con la participación de gran cantidad de obreros. Asistieron por la dirección nacional del partido el Dr. Carlos Rafael Rodríguez, Arsenio Rojas, Cesar Vélez y los líderes locales de entonces Paquito Rosales y Enrique Oliveras.

Lucha de la clase obrera

Desde el propio surgimiento de los centrales azucareros en el territorio se iniciaron las contradicciones entre los patrones y los trabajadores en demanda del mejoramiento de los salarios y las jornadas laborales, en contra del pago mediante bonos y fichas, en la búsqueda de trabajo en el tiempo muerto, entre otras razones propias del capitalismo. Empero la influencia de las ideas de Agustín Martín Veloz desde Manzanillo contribuyó en gran medida a la organización de las fuerzas obreras en sindicatos para dirigir la lucha contra los desmanes de los propietarios y administrativos de la época. En enero de 1912 Martinillo inició en la zona un movimiento a favor del mejoramiento de la jornada laboral de ocho horas, por el aumento del salario por el valor del corte y el tiro de caña y otras demandas de los obreros.

De esta manera se inició la lucha del movimiento obrero. En diciembre de 1944, durante del desarrollo del IV Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, el secretario general de la organización sindical del central Dos Amigos, Agustín Sarmiento, dio a conocer las principales demandas de los trabajadores, pues se estaban burlando casi todas las leyes sociales.

«En relación con este problema, el líder Sarmiento rindió un amplio y brillante informe ante el plénum del Congreso […] Posteriormente y en unión de los dirigentes de la Federación Nacional Azucarera, Sarmiento se entrevistó con el Ministro de Trabajo, dándole cuenta de la crítica situación de los trabajadores de dicho Central, recibiendo la formal promesa del Ministro de actuar en ese asunto.»

En 1945 fue electo Enrique Olivera como secretario general del sindicato del central Dos Amigos, quien guió la huelga más importante de la historia del movimiento en el territorio al declarar al pueblo ciudad muerta, en demanda del incremento salarial, al haber alcanzado el central una categoría superior pues había sobrepasado los 60 000 sacos de azúcar y los obreros tenían derecho a un aumento del 10% del salario diario, lo que se logró un año después por resolución del ministerio, esto constituyó una victoria y demostración de la fuerza que iba cobrando la lucha del proletariado en el territorio.

En 1947 nuevamente Enrique Olivera organizó una manifestación en demanda de mejores condiciones de vida y trabajo de los obreros y campesinos en función de la comprobación de las pesadas de caña en las romanas de las colonias para evitar el constante robo de arrobas que realizaban a los macheteros. Como represalia por la actitud del dirigente obrero, este fue detenido en el propio local del sindicato con dos guardias custodiándolo, de donde fue rescatado por los obreros en franca manifestación de valentía y organización sindical. A los cinco días de iniciada la huelga el propietario y administrador del central aprobaron las demandas.

Los sindicalistas no estuvieron solos en estas acciones cívicas de defensa de sus intereses, el Partido Comunista en el territorio se encargó de contribuir en ese sentido, como lo hizo también ante la escalada de desalojos campesinos proyectada en la zona rural y que fracasaron en lugares como La Angulema, Ceiba Hueca Arriba, La Siguapa y Pablo Bejuquero, donde específicamente se presentó en el año 1945 un comprador de la zona de Mir, Holguín, de nombre Rafael Prendes que quiso adquirir esas tierras mediante compraventa sin el consentimiento de los propietarios de las mismas, por lo que serían desalojados de no intervenir los vecinos de la zona dirigidos por el partido, que era fuerte en el lugar. El caso fue llevado a los tribunales de la provincia Oriente, determinándose que la familia afectada fuera propietaria a perpetuidad mediante el pago de las tierras.

En Ceiba Hueca, en 1938, se fue formando la dirección del primer sindicato azucarero de este central, donde son elegidos en Asambleas generales los compañeros: Benito Arias como Secretario General, Manuel Estrada, José Gil Mojena, Juan Yero y Urbano Yero. La tendencia política de esta dirección sindical era unitaria, donde estaban aglutinadas todas las corrientes partidarias de la época. Desde el año 1933 hasta 1946 los trabajadores obtienen en esa etapa considerables mejoras económicas y democráticas. Para lograr estos beneficios existieron demandas y huelgas que se extendieron hasta el campesinado; las más significativas fueron paros de la industria demandando mejoras salariales, y acciones de los campesinos en el campo para apoyar las huelgas de sus compañeros en la industria, ante esta situación la patronal se ve precisada a ceder y los obreros ganan la demanda.

En 1946 se funda en este central otra organización sindical unitaria que dura hasta 1947, estaba dirigida por Juan Elías Arias, Tomás Jiménez, Hugo Rodríguez y otros, con esta dirección los obreros obtienen algunas demandas de salarios y reintegros que les debían. En el período de 1948 a 1952 existió una asociación mutualista, los obreros que a ella pudieron asociarse pagaban la cantidad de $10.00 pesos anuales y en pago recibían una eficiente asistencia médica, el facultativo de la misma era el Dr. Teodoro Dólar León.

En 1949 se plantea por parte del señor Eugenio Sosa Chavau no realizar la zafra, a consecuencia de esta decisión se produce una demanda de los trabajadores que en una asamblea del sindicato toman el acuerdo de enviar una comisión a La Habana para exponer ante el Ministro de Trabajo las razones de este señor. Dicha comisión queda integrada por los obreros Mariano Sánchez, Juan Yero Fuentes, Juan Prohenza y Camilo Batista.

Ante lo que parece una firme decisión de no moler ese año y de la aceptación por parte de las autoridades civiles y militares de la región se rebela la clase obrera y entre las gestiones que se hace está nuevamente la de enviar una comisión a La Habana compuesta por obreros, estos fueron: Isidro de Dios, Pedro René Sánchez, Manuel Rodríguez Román, Miguel Rodríguez, Narciso Telarroja y otros, quienes luego de establecer contacto con el Ministro de Justicia Dr. Camacho Covani y con dirigentes de la FNTA durante 8 días, en la que está presente también la Asociación de Colonos a nivel nacional y de la zona de Ceiba Hueca logran que las instancias superiores nombren un interventor, este sería en aquella ocasión el señor Ángel Morales Vázquez, funcionario del Ministerio del Trabajo.

En su estancia en La Habana los compañeros tuvieron la oportunidad de establecer contacto con Juan E. Arias, obrero exiliado de esta fábrica quien tuvo que abandonarla ante las amenazas y persecuciones, éste sirve de guía y orientación en aquellas gestiones, ocupando más tarde una plaza de responsabilidad en la fábrica.

En San Ramón, a partir de 1952 se produjo un auge en los partidos políticos y las luchas obreras por mejorar las condiciones de vida y de trabajo. El sindicato como principal defensor de los obreros en aquella época, funcionaba de acuerdo con sus dirigentes, el primer sindicato estaba ubicado en una esquina que había entre la calle central de la loma hacia el mar y la calle intermedia de la parte baja, era espacioso construido de guano y con dos portales, luego se construyó un nuevo local. El sindicato estaba vinculado a la Clínica Piña, en Manzanillo, la San Rafael y otras en Santiago de Cuba y La Habana, también estaba unida a la de Simón Galiano en Campechuela, toda la asistencia médica era pagada con el dinero del sindicato y los atendían en el propio local, existía además un vehículo que servía de ambulancia.

El sindicato tenía delegados en cada una de las colonias del central. Uno de los dirigentes del sindicato Ramiro Bermejo era mujalista; Eusebio Mujal visitó en unos principios de zafra, motivada porque no se ponían de acuerdo los de la compañía y los obreros a la hora de firmar el contrato de trabajo, esta huelga duró aproximadamente un mes. Otra contienda de los obreros representados por el sindicato estaba encaminada a que los obreros que laboraban en el traslado del azúcar ganaran lo mismo que los que trabajaban en el embarque, así como, contra los despidos de los obreros. La lucha de los obreros no culminó hasta el triunfo del primero de enero de 1959.

Guerra de Liberación Nacional

En 1954 se constituyó un grupo clandestino contra la tiranía batistiana que en su etapa inicial no pertenecía a ninguna organización tradicional del momento; lo integraban Enrique López Castro, Enriquito; Francisco Reyes Vega, Rubén Otero Sosa, Francisco Fonseca Cisneros (Pacón) y Heriberto González Fonseca (Segucha). Entre sus primarias acciones pintaron letreros contra la tiranía en paredes, también regaron tachuelas en las calles y la carretera de Campechuela a Ceiba Hueca, en las noches introducían por debajo de las puertas de las viviendas volantes mecanografiados que contenían textos antibatistianos. Se reunían indistintamente en el interior del Cine Ruth y del Bar–Cafetería colindante.

Este grupo luego se vinculó a otro que estaba organizado y dirigido desde la capital y que respondía unas veces al autenticismo de tendencia insurreccional Triple A que representaba Aureliano Sánchez Arango o a la O. A. que representaba el expresidente de la república Carlos Prío Socarras. Otras veces respondía a la Ortodoxia también insurreccional, representada por Emilio Ochoa (Millo), entre otros políticos que nunca llegaron a realizar acciones dirigidas realmente al enfrentamiento militar a la tiranía. Durante la etapa de campaña politiquera asaltaron el local de la Junta Electoral Municipal llevándose unos sacos llenos de cédulas, burlando la posta de la Guardia Rural; la junta estaba ubicada al fondo del Bar Polar, acción realizada por Enrique López, Francisco Reyes Vega y Heriberto González Fonseca.

De esta manera, un grupo de compañeros que participaban en actividades en otras organizaciones clandestinas comenzaron a operar de manera independiente conformando el grupo directriz del 26 de julio en el municipio, en el mes de junio de 1955. La organización quedó oficialmente constituida en ocasión de la visita que con carácter organizativa realizaran a la zona, Manuel Echevarria y los miembros de la Dirección Nacional del MR–26–7 Antonio López Fernández (Ñico), combatiente del cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo; Rolando Rodríguez, asaltante al cuartel Moncada; Luís López y Armando Cubría, así como de la dirección provincial del movimiento en Oriente, Marcos Bravo y Julio Pérez, el 15 de noviembre de 1955.

La dirección del Movimiento quedó constituida de la forma siguiente: Jefe del Movimiento en el municipio: Heriberto González Fonseca (Segucha); Segundo Jefe: Rolando Fernández Corona (Rolambil); Responsable de Finanzas: Eduardo Remón Manrique (Guaro); Responsable de Propaganda: Armando Izaguirre Vargas (Toti); Jefe de Célula de Acción: Enrique López Castro (Enriquito Piña); Miembro de la dirección: Carlos Trevín Pico; Enlace de la dirección con las Células: Rubén Otero Sosa.

A este grupo fundador del Movimiento se le sumaron, tras un acelerado e intenso trabajo de captación, otros muchos compañeros para totalizar 27 en Campechuela (cabecera), 13 en Ceiba Hueca Abajo y 19 en San Ramón. Con 59 efectivos contaba el movimiento hasta el momento mismo del levantamiento revolucionario del 30 de noviembre de 1956 en apoyo al desembarco de los expedicionarios del yate Granma.

En el curso de aquellos meses que precedieron al levantamiento del 30 de Noviembre en apoyo a la llegada de los expedicionarios del yate Granma, se realizaron entrenamientos sobre el manejo de armas, clases teóricas y prácticas de infantería que fueron impartidas por Victor Boronat (Vitico), Pedro Sotto Alba (Pedrín) y por César Suárez, de la dirección del movimiento en Manzanillo; las clases prácticas de tiro se realizaron en un área salinizada que existía al final del barrio de La Marina, hoy sumergida en las aguas del mar. Las clases de infantería las realizaron en pequeños grupos en el patio de la casa de Heriberto González Fonseca, las armas utilizadas eran del movimiento de Manzanillo generalmente prestadas por estos compañeros.

Ejercitaron el tiro, arme y desarme del fusil 30-06 Sprinfield igual al de uso reglamentario del ejército de entonces; carabina automática M-1; fusil calibre 22; pistola 45 y 22; revolver calibre 38, y el lanzamiento de granadas de mano sin explosivo; igual se hicieron prácticas de entrenamiento en Ceiba Hueca en la casa de Julio García Fuentes y en San Ramón fueron realizadas en un terreno de pastoreo de ganado vacuno a la salida del pueblo hacia Media Luna.

En Ceiba Hueca se originó el primer golpe silencioso y clandestino para la adquisición de armas para el movimiento, en el patio interior del Central Regina (hoy Enidio Díaz Machado) existía un área de expendio de gasolina, grasas y otros insumos automotores, en cuya gasolinera trabajaba Heriberto González Fonseca durante la zafra de 1955; al lado de ésta estaba el pañol y allí, en una caja de madera permanecían en depósito tres fusiles 30-06 Sprinfield que, a todas luces, constituían un parque de reserva de la administración del Central para sus guardajurados que estaban a cargo la seguridad y custodia de las instalaciones e intereses. Las armas fueron escondidas en Campechuela y luego trasladas a Manzanillo.

Otra significativa acción en el afán de conseguir armas para el movimiento fue el asalto clandestino que Salvador Rosales del Toro (Parrito), Víctor Alarcón y Salvador Salazar Mecías de San Ramón realizaron a la vivienda de la administración del Central San Ramón el 25 de marzo de 1956. Este asalto registró la adquisición de un mayor número de armas, 12 fusiles, una pistola calibre 22 y un cuchillo comando, las que eran mayoritariamente de cacería, pero que igual servían para los propósitos del movimiento.

De San Ramón fueron transportadas en un jeep y escondidas en el foso del escenario del Cine Ruth; posteriormente fueron distribuidas. Esta acción registró consecuencias muy lamentables, pues el compañero Víctor Alarcón fue hecho prisionero, torturado salvajemente aplicándole chapapote caliente en la planta de sus pies, de lo que definitivamente quedó con serias limitaciones físicas. Gerardo Reyes Alarcón (Yayo), Salvador Salazar Macías (Pupo) y Filiberto Álvarez Zambrano, tuvieron que romper monte en el campo y más tarde se incorporaron al Ejército Rebelde, en tanto que Parrito y Juventino Alarcón Reyes tuvieron que esconderse, quedando como jefe del movimiento en ese poblado Esmérido Alarcón Reyes.

Ante la necesidad de adquirir armas los miembros del movimiento Rubén Otero Sosa y Rafael Rosa (Fengue) por iniciativa de Rubén, asaltaron enmascarados al guardajurado, Rafael Quesada, del Central Regina que diariamente se trasladaba al trabajo portando un revólver calibre 38 que pasó al inventario del MR–26–7 sin que el asaltado sufriera daño físico alguno. Otro hecho relacionado con la adquisición de armas fue la gestión realizada por Enrique López Castro con un comerciante propietario de varios establecimientos y fincas en Campechuela que se comprometió a aportar dos revólveres calibre 38 y que, al no entregarlos, se hizo estallar en uno de sus establecimientos una bomba casera, la primera en la historia de Campechuela.

También se elaboraron octavillas que se imprimían en un vetusto mimeógrafo del Ayuntamiento. Cientos de folletos de La Historia me Absolverá fueron distribuidos en tres ocasiones en todo el municipio, cumpliendo la doble función como medio de difusión de las ideas y como medio de obtención de finanzas. Sobre las colectas a Eduardo Remón Manrique (Guaro), carnicero de oficio devenido clandestino financiero del Movimiento en Campechuela, se le ocurrió, la rifa de una inexistente novilla que aportó una buena suma y que, por supuesto, nadie se la ganó. Se trataba de un ardid para obtener finanzas para el Movimiento sin el menor ánimo de engañar ni estafar a nadie, pues en la propia papeleta se decía que el sorteo sería el 26, sin más datos de mes ni año, en clara alusión al 26 de Julio.

El 26 de diciembre de 1958, se produce la entrada de las tropas rebeldes al municipio de Campechuela.

Revolución en el poder

Municipio Campechuela

Al triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959 el municipio comienza a desarrollarse en todos los frentes, consolidándose hasta la actualidad. Se ha caracterizado por ser agrícola, contando con dos centrales azucareros, dos talleres de confecciones textiles, una empresa pecuaria, y otras menores.

En este periodo dos de los tres centrales existentes pararon sus máquinas, uno (San Ramón) a principios del triunfo revolucionario y el otro (Dos Amigos o Francisco Castro Ceruto) hace sólo algunos años, en correspondencia con las estrategias que ha tomado el país para poder palear la difícil situación impuesta por un injusto bloqueo económico a la Isla. El Enidio Díaz Machado, ubicado en Ceiba Hueca y donde existía la única operadora de azúcar a granel de la provincia la (Dos de Diciembre) mantiene activos sus equipos de molienda, comprometido en aportar su producción a los intereses del Estado y el pueblo.

Cuenta con 80 centros educacionales, un hospital y más de 60 consultorios del médico de la familia, así como varias policlínicas. Se desarrolla un fuerte movimiento cultural desde sus instituciones (Museo, Cine, Biblioteca, Galería de Arte, Librería, Banda de Concierto y cuatro agrupaciones musicales), reflejado en las actividades que se realizan en el territorio. De igual manera se consolida la esfera deportiva, especialmente el Béisbol, que ha situado varios de sus atletas en equipos provinciales y nacionales.

En el año 1959, la vida económica del municipio se sustenta principalmente en la agricultura, destacándose renglones como la producción ganadería, viandas, hortalizas, arroz y café, y en menor cuantía cacao y frutales. Esta área está seriamente afectada por la poca disponibilidad de riego y tecnologías apropiadas, así como por serios problemas de orden organizativo, que provocan los bajos rendimientos que caracterizan sus resultados. En la industria se destaca la producción azucarera y establecimientos de industria alimenticia y confecciones textiles. Existen en el municipio tres empresas, Azucarera Enidio Díaz, Cultivos Varios, Comercio y Gastronomía.

La bienvenida al municipio de Campechuela

Además de seis unidades presupuestadas que corresponden al Poder Popular, Salud Pública, Educación, Comunales, Cultura y Trabajo. Igualmente funcionan, numerosos establecimientos pertenecientes a entidades provinciales. A nivel municipal se consideran empresas priorizadas por su papel en la producción y la vida económica, las Empresas Azucarera Enidio Díaz y de Cultivos Varios. Ambas representan las mayores fuentes de empleo dentro del sector productivo. Las entidades en proceso de perfeccionamiento empresarial son establecimientos de empresas provinciales, y solo se incluyen Construcción, Tienda Panamericana, Acueducto y Alcantarillado que están en el octavo paso.

Otras potencialidades se aprecian en instituciones como el grupo de trabajo de la Organización No Gubernamental (ONG) Cuba Solar, que funciona en el municipio y que trabaja actualmente en la presentación de proyectos de energización en comunidades que no pueden recibir servicios a través del sistema electroenergético nacional.

Los principales impactos de la actividad científica e innovadora se producen en la sustitución de importaciones con un significativo crecimiento en la producción de hortalizas (17 500 quintales), frutales (2 700 quintales) y leche (252.3 Litros). En la actividad azucarera se logra cumplir con un alto grado de eficiencia el plan de producción y aportar más de 5 mil toneladas extras al plan de la provincia.

En la salud es evidente la incidencia, pues los nuevos servicios que se prestan en los policlínicos y el hospital municipal han elevado notablemente la calidad de la atención primaria de la salud.

Igualmente, en el sector educacional son significativos los impactos de las nuevas tecnologías cuyos resultados se reflejan en la calidad de la enseñanza.

En el año 2009 se desarrollaron 17 proyectos. De ellos 13 son de innovación tecnológica y en su ejecución se destacan la Empresa de Cultivos Varios, Granja Francisco Castro y Empresa Azucarera Enidio Díaz, cuyas prioridades están dirigidas esencialmente a la disminución de importaciones y dan valor agregado a rubros como la producción de carne, leche, viandas, hortalizas y granos.

Otros hechos relacionados con Campechuela

Fidel Castro dejó inaugurado el Programa de Televisión en El Puntico, Campechuela
  • En este poblado nació el revolucionario y compositor Eduardo Saborit Pérez, autor de conocidas obras como Cuba, qué linda es Cuba, el Himno del Miliciano, Himno de las brigadas Conrado Benítez y el Himno del 1 de mayo.
  • Durante la Guerra de Liberación Nacional aterrizó un avión en el poblado de Cienaguilla con la primera expedición de armas para el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.
  • Constitución del primer Hospital del Ejército Rebelde en Pozo Azul en la Sierra Maestra.
  • El 29 de marzo del 2002 desde El Puntico, en Campechuela se inaugura el programa de Salas de Televisión en zonas no electrificadas. A este acto asistió el Comandante en Jefe.

Fuentes

  • Eliécer García Sosa, historiador y profesor. Labora en la sede universitaria de Campechuela de la Universidad de Granma. Es jefe del equipo que trabaja la Síntesis histórica municipal de Campechuela.
  • Jacobo de la Pezuela: Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba. Imprenta del Banco Industrial y Mercantil, Madrid, 1863, 5t.
  • César Rodríguez Expósito: Hatuey. El primer libertador de Cuba, Editorial Cubanacán, La Habana, 1944.
  • Bartolomé de Las Casas: Historia de Las Indias, Fondo de Cultura Económica, México, 1992, 2t.
  • Hortensia Pichardo: Facetas de nuestra historia, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989.
  • Gloria García: Conspiraciones y revueltas, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2003.
  • Cuba. Resumen del censo de población de la Isla de Cuba a fin del año 1841. Imprenta del Gobierno, La Habana, 1842.
  • Cuba. Comisión de Estadística: Cuadro estadístico de la siempre fiel Isla de Cuba correspondiente al año de 1846. Imprenta del Gobierno, La Habana, 1947.
  • Ramiro Guerra: Guerra de los diez años. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1986, 2t.
  • Carlos Rebello: Estados relativos a la producción azucarera de la Isla de Cuba. La Habana, 1860.
  • Cuba. Censo de Cuba: 1862. Imprenta del Gobierno, La Habana, 1863.
  • Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. (comp. de Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo). Editorial de ciencias sociales, La Habana. 1982, 3t.
  • Lucio Baatlle Reyes (comp.): Blas Roca: Virtud y ejemplo. La imagen de un hombre excepcional, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2008.
  • Modesto A. Tirado: Efemérides de Manzanillo, inédito en Archivo Histórico de Manzanillo.
  • Máximo Gómez: Diario de Campaña. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968.
  • Pedro Álvarez Tabío: Celia, ensayo para una biografía, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006.
  • Félix Figueredo: La guerra de Cuba de 1878. La Protesta de Baraguá (comp. César Rodríguez Expósito), Ministerio de Salud Pública, Publicaciones del Consejo Científico, La Habana, 1973.
  • Juan Casasús: Calixto García. El estratega, La Habana, 1962.
  • Francisco Estrada Céspedes: Cartas familiares (comp. Olga Portuondo Zuñiga), Editorial Oriente, Santiago, Santiago de Cuba, 1980.
  • Eusebio Leal Spenguer: Carlos Manuel de Céspedes. El diario perdido. Publicimex, S.A., Ciudad de La Habana, 1992.
  • Enrique Loynaz del Castillo: Memorias de la guerra, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2001.
  • Rafael Gutiérrez Fernández: Oriente heroico, Santiago de Cuba, 1915.
  • Aníbal Escalante Beatón: Calixto García, su campaña del 95, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1978.
  • Enrique Collazo: Los americanos en Cuba, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1972.
  • Cuba. Informe sobre el Censo de Cuba 1899. Washington, 1900.
  • Delio Orozco González: Azúcar dependencia en Manzanillo 1899- 1952, Ediciones Orto, Ciudad de Manzanillo, 2006.
  • Roberto Pérez Rivero: La guerra de liberación nacional. Formación y desarrollo el Ejército Rebelde, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2006.
  • Mario Riera: Cuba política 1899-1955, Impresora Modelo, S.A, La Habana, 1955.
  • Manuel Fabré Bonet: Don Porfirio: biografía y anécdotas, Editorial El Arte, Manzanillo, 1941.
  • Ludín B. Fonseca García y José Eloy Rodríguez Romás: Crecencio Pérez Montano y la guerra de liberación nacional, Ediciones Bayamo, ciudad de Bayamo, 2011.
  • Ernesto Che Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria, Editora Política, La Habana, 2006.
  • Andrés Castillo Bernal: Cuando esta guerra se acabe. De las montañas al llano, de Ciencias Sociales, La Habana, 2000.
  • Oliva Rodríguez, Nelson y Ángel Velásquez Callejas: Campechuela, origen y desarrollo hasta 1899, Poligráfico José Joaquín Palma, Bayamo, 1989.
  • Colectivo de autores: Fidel entre nosotros. Testimonios de la presencia del Máximo Líder de la Revolución en Granma, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2007.
  • Ludín Fonseca García: Fidel Castro Ruz: Itinerarios por la provincia Granma, Ediciones Bayamo, 2006.
  • República de Cuba: Censo de población y vivienda de 1981, Instituto Nacional de la Vivienda, Provincia Granma, 1981, v. 12.
  • Colectivo de autores: Catalogo sitios arqueológicos aborígenes de Granma, Ediciones Bayamo, 2004.