Manolo Alonso

Manuel Alonso García
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Foto-fija del film ”Casta de Roble / Oak’s Caste” (1954)
NombreManuel Alonso García
Nacimiento23 de agosto de 1912
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
ResidenciaNew York, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Otros nombresManolo Alonso
OcupaciónCineasta

Manuel Alonso. Fue un cineasta cubano, conocido también como Manolo Alonso, que trató varios géneros cinematográficos tan disímiles como la comedia, el policial, el drama social y los noticieros. Llegó a poseer gran parte de los mmedios de este medio en Cuba, motivo por el cual fue reconocido como Zar del cine cubano.

Síntesis biográfica

Nace el 23 de agosto de 1912 en La Habana, ubicada en la región occidental de Cuba. los primeros estudios fueron cursados en el Colegio Salesiano de la Víbora, y la carrera de dibujante, en la prestigiosa Academia de Artes y Oficios de San Alejandro. Mientras estudia, crea caricaturas para la revista La Semana, de Sergio Carbó, y comienza la primera incursión en el mundo del espectáculo trabajando como recibidor de boletos, en la entrada del Teatro Campoamor, que más tarde se encargaría en administrar, junto con el Teatro Alcazar, El Encanto y Fausto.

También se desempeñó como periodista y dibujante, dirigió la revista Lente y el diario humorístico Chispa, antes de vincularse al cine en labores de administración de los teatros Fausto y Encanto.

Esta situación le permitió vislumbrar el negocio de la publicidad cinematográfica, cuya explotación era pobre en esa época. Los inicios datan de la década de 1930, cuando presenta algunos dibujos animados, - Napoleón, el faraón de los sinsabores - laborando posteriormente en La noticia del día.

Fue dueño de la compañía Cuban Pictures, formando un consorcio junto al Noticiario Royal News-RHC Cadena Azul, emisora con la cual se asocia posteriormente. Entre las películas rodadas, se citan Hitler soy yo, Siete muertes a plazo fijo, Casta de roble.

Entre los cortos que filmó se citan, Cosas de Cuba, Dos cubanos en la guerra y Ratón de velorio. También es el creador del Noticiario América con el periódico El País y del Noticiario Royal News, así como de la sección Tirando a fondo.

Trayectoria

En agosto de 1936 concibió la idea de producir dibujos animados en Cuba, pero sin dejar de intercalarle anuncios publicitarios. En las ediciones dominicales, el periódico El País Gráfico publicaba unas tiras cómicas con el nombre del personaje protagónico: Napoleón, el faraón de los sinsabores y este fue el punto de partida para la incursión en el terreno de la animación.

En 1937, con idéntico título se estrenó este cortometraje de apenas dos minutos de duración, filmado con medios muy rudimentarios en los Laboratorios Piñeyro y musicalizado por el maestro Lorenzo Pego. Pese a inscribirse como el primer dibujo animado cubano sonoro, el experimento realmente no recibió la acogida esperada y el autor decidió abandonar el género, pero ya el gusto por el cine había surgido en él y tendía a arraigarse muy pronto.

La Noticia del día

En los laboratorios de Piñeyro comienza a presentar un apéndice informativo con el título de La Noticia del Día, creado por el periodista González Rebull, el empresario Ernesto P. Smit, la CMQ y el tabacalero Juan Menéndez, idealista y emprendedor presidente de la solvente editora Compañía Cinematográfica Cubana.

Esto era algo novedoso, nunca hecho en una isla donde al costo que implicaba sostener un periódico cinematográfico informativo, con el agravante de la actualidad, se sumaba el carácter infrecuente de una noticia importante a diario.

El director, haciendo caso omiso de las dificultades, consiguió pantallas para la exhibición y el equipo técnico quedó integrado de la siguiente forma: Jorge Piñeyro como director; camarógrafo: Enrique Bravo Pollini; laboratorio: Juan Martínez e iluminación: José Ochoa.

La narración estaba a cargo de José Manuel Fuentevilla y de Matías Vega. El circuito cinematográfico donde se exhibía La Noticia del Día estaba integrado, en la capital cubana, por las salas Encanto, Fausto, Auditorium, Riviera, Alkázar y Florencia, a las que se añadían otros setenta cines del interior del país.

El propósito era llevar al público el hecho palpitante, que aconteció unas pocas horas antes de que la cinta de plata que lo grabó, lo transmita en la pantalla iluminada, a los asiduos de los salones cinematográficos.

Llegó a darse la hazaña de que La Noticia del Día reprodujera hechos acaecidos antes de que circulara en los periódicos diarios. Uno de estos aclamados acontecimientos fue la reseña del atentado de que fue víctima el Dr. Orestes Ferrara; ocurrido a las tres de la tarde, apareció en La Noticia del Día apenas seis horas después, a las nueve de la noche del propio día; otro tanto sucedió con la Parada Militar y el acto de Afirmación Católica, celebradas el día 24 de febrero de 1940, así como la solemne apertura de la Asamblea Constituyente.

El director no permaneció durante mucho tiempo en los Laboratorios Piñeyro; en la forma que concibiera esta suerte de primitivo noticiero exigía mucha dedicación por parte del personal y del laboratorio debido a la rapidez requerida para que, a la mayor brevedad posible, estuviera en las pantallas.

En la Cuban Pictures

Entonces, decidió instalarse en los estudios de la Cuban Pictures, primer nombre que ostentara la Compañía Cinematográfica Cubana, integrada por Juan Menéndez, asociado con el periodista Guillermo Gener y los cineastas Salvador Cancio “Saviur” y Rogelio Pujol, además de Manuel Cuervo y Fernando del Busto.

Esta instalación estaba situada en los altos del Cabaret Montmartre, en P y 23, en el céntrico Vedado. El nuevo staff técnico quedó encabezado por Alonso y lo secundaban los camarógrafos Enrique Bravo Pollini, Eduardo Hernández Toledo “Güayo”, Juan Díaz Quesada; laboratorista: Restituto Fernández Lasa “Tuto”; iluminación: José Ochoa Rodríguez y sonido bajo la responsabilidad de Alberto Fernández Doce. La narración fue confiada al locutor Matías Vega Aguilera.

El 23 de enero de 1940 se inició la exhibición regular del Noticiario Nacional. En febrero de 1942, establecen oficinas conjuntas, - Noticiario Royal News-RHC Cadena Azul - de distribución para el Noticiario Nacional en la calle Trocadero 161. Como administrador fue nombrado el periodista Antonio Villazón Deus.

En diciembre del propio año adquiere a un costo de treinta y siete mil pesos todos los equipos de la Compañía Cinematográfica Cubana, los traslada para el Paseo del Prado 59, con oficinas propias de distribución, sala de proyección, laboratorio y un pequeño espacio para filmaciones.

Más adelante firma un contacto en la Cervecería Polar para intercalar al final como atracción adicional del noticiario unos sketches interpretados por los populares comediantes Federico Piñero y Alberto Garrido, los cuales fueron bien recibidos por el público.

En enero de 1944 fundó un nuevo noticiero al que puso por nombre América. Para la edición, utilizaba idénticos camarógrafos, además de obtener una cuota extra de película virgen de negativo, sonido y positivo de 35 mm, rigurosamente racionada, - en plena Segunda Guerra Mundial - por la O.R.P.A. (Oficina de Regulación de Precios y Abastecimientos), en la cual ejercía gran influencia mediante las tretas más inimaginables.

Poco a poco, este cineasta se apodera de todos los medios que pudieran contribuir al desarrollo de la cinematografía cubana. En el propio año 1944, en esa desenfrenada carrera por la posesión de equipos, adquiere de la viuda del Dr. Oscar Zayas Portela, que fuera presidente de Películas Cubanas S.A. (PECUSA), todas las pertenencias de dicha productora y alquila los viejos estudios de la C.H.I.C. en Estrella y Plasencia.

Algunos cortos, como Cosas de Cuba (1943), Dos cubanos en la guerra (1943) y Ratón de velorio (1943), fueron algunos de las filmaciones realizadas en esos estudios, teniendo como opera prima el largometraje de ficción, Hitler soy yo (1944), a un costo de veintitrés mil pesos, con el patrocinio del refresco Materva.

En 1944 funde el Noticiario América con el Periódico El País, que se había separado del competidor más fuerte, la Royal News. Poe esa época se separa de la CMQ y se une a la RHC Cadena Azul de Amado Trinidad Velazco. Surge así el Noticiario Nacional RHC Cadena Azul, que se exhibía en los cines del circuito propiedad de Ernesto P. Smith.

Convirtiéndose así en un magnate de la cinematografía cubana, aunque, afirmaran algunos contemporáneos: para desgracia de ésta. Apodado «el Zar del cine cubano» por el poderío que llegó a acumular, generó controversias de toda índole.

Hitler soy yo

De bufonada sobre el nazismo, la calificó en Carteles con su seudónimo de G. Cain, Guillermo Cabrera Infante. Las aristas humorísticas de Hitler y el partido nazi no podían dejar de ser abordadas en un país como Cuba, donde nunca gozaron de la más ligera simpatía y el choteo se ensañó no pocas veces en el grotesco líder germano.

Según el ingenioso humorista Cástor Vispo, se trataba de un disparate para explotar el éxito que en breve sketches obtuviera Adolfo Otero, otro célebre gallego del teatro bufo, en la convincente caracterización del trágico pelele. Además del argumento, Vispo escribió los diálogos para el guión de Pedro Pablo Chávez. La música corrió por cuenta de Osvaldo Farrés.

Acompañaron a Otero en el elenco, Minín Bujones, Marujita Sánchez, María Monterroso, Aníbal del Mar, Julito Díaz, Jesús Alvariño, Mario Barral y Rosendo Rosell, entre otros.

Con el diseño escenográfico que reproducía fielmente el despacho del fuhrer según El gran dictador, de Chaplin, se responsabilizó a Álvarez Moreno, y de las cámaras a Ricardo Delgado. El General Von Pancra (Aníbal del Mar) no lograba intimidar del todo ni siquiera a una colegiala o a los prisioneros aliados y por supuesto que Hitler no podía resistir la tentación de bailar una rumba con la Bujones.

Con una duración dilatada, Hitler soy yo falló al utilizar actores que en pequeños comerciales impresionaran favorablemente a los espectadores, pero que en largometraje no obtuvieran análogo resultado, debido a la mediocridad del guión. La reacción del público no fue muy favorable, pero el baj costo permitió que, desde el punto de vista económico, no fuera una mala inversión.

Siete muertes a plazo fijo

En esos estudios filma íntegramente el largometraje Siete muertes a plazo fijo; el argumento original, fue escrito por Obón y Correón para ser rodado en México, pero el director cubano adquirió los derechos y lo sometió a una adaptación al ambiente cubano confiada a Antonio Ortega y Anita Arroyo

El guión de la película fue supervisado por María Julia Casanova, la misma contó actuaciones de Alejandro Lugo, Ernesto de Gali, Raquel Revuelta, Eduardo Casado, Maritza Rosales, Pedro Segarra, Adolfo Otero y Rosendo Rosell.

"El filme, en el que se advierte la búsqueda del mayor realismo posible, consigue superar la etapa del aprendizaje para distinguirse por entrar en la verdadera mayoría de edad del aspecto técnico, sobre todo por el nivel cualitativo alcanzado en el sonido, a cargo del ingeniero Dean Cole. El género escogido, el policíaco, con todas las convenciones, podría haber significado un paso en falso, pero una suerte de atmósfera de cualquier cinta de serie B norteamericana se percibe en la trama estructurada en torno a la irrupción de Siete caras, un connotado delincuente, perseguido por la policía, que interrumpe la cena de fin de año de un banquero y sus amigos que, asombrados, son testigos de la entrada de un enigmático personaje, el astrólogo Crisantemus, que dejará escuchar las maléficas predicciones que deberán cumplirse inexorablemente".

En las páginas del Peródico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular, para las que escribía las crónicas de cine la periodista Mirta Aguirre, celebró el acontecimiento con evidente euforia:

"Algunos de los nombres de quienes han intervenido en las realización de Siete muertes a plazo fijo serán recordados como los de quienes pusieron la primera sólida, básica piedra del gran edificio del cine nacional. Antes de este filme de Manolo Alonso, En Cuba había habido intentonas más o menos felices o desdichadas, algunas de ellas —Hitler soy yo— debidas al mismo Alonso; pero con Siete muertes a plazo fijo es que puede decirse que nace el verdadero cine cubano, concebido no como aventurilla fotográfica de carácter pintoresquista, sino como serio maridaje de industria y arte, negocio y ciencia, cuyo conflicto central se encuentra en el equilibrio entre las apetencias y las urgencias de taquilla de la producción y los imperativos de la técnica y las demandas de la estética. Problema dificilísimo para las cinematografías novatas y para el cual, hasta hoy, no habían apuntado en Cuba soluciones".
"En Siete muertes a plazo fijo, sabiéndose que los obstáculos a vencer eran muy numerosos, se ha comenzado por un motivo argumentístico acaso endeble, que sin duda habría podido ser mejor, pero que suprimía complejidades de fondo cuyo abordaje debe iniciar nuestro cine tan pronto como le sea posible, pero nunca antes de estar en condiciones para ello. De donde Manuel Alonso, sin tener que romperse la cabeza en otras cosas, ha podido dedicar toda la atención y todos los esfuerzos a las exigencias técnicas del rodaje mismo. [...] El resultado ha sido esta vez cine: demostración de la posibilidad de desarrollar en celuloide un tema cualquiera, ya sea valioso o mediocre, en un nivel que muy pronto nada tendrá que pedir a las más ágiles producciones de la pantalla latinoamericana. Manolo Alonso, hábil como director cinematográfico —salvo una cierta timidez para la disposición escénica de los personajes a la hora de ser fotografiados, la mayor parte de las deficiencias, más que a Alonso, pueden achacarse a sus colaboradores, como por ejemplo los conjuntos demasiado numerosos de los espectáculos coreográficos—, ha garantizado en Siete muertes a plazo fijo dos aspectos especialísimos de los cuales, en cine, depende casi todo: la fotografía, para la cual utilizó a Hugo Chiesa, el artista suizo-argentino laureado en el último Festival de Cannes, y el corte, encomendado a Mario González, el notable editor cubano, ganador en México del premio Ariel 1949 ".
"Bien fotografiada, admirablemente cortada y dirigida con acierto, realizada sobre un tema sin limitaciones localistas, Siete muertes a plazo fijo es la primera película cubana que podrá salir de nuestro país en condiciones de atraer el interés de públicos extranjeros y con oportunidades de recogida de una estimulante cosecha crítica. El argumento tiene una concatenación lógica de principio a fin: el desenvolvimiento responde, en este caso, a un acertado concepto del ordenamiento del carácter, de la unidad interna que deben poseer las secuencias cinematográficas; y, por fortuna, el diálogo es —¡al fin!— espontáneo, fluido, natural como el cine exige, y no calcado en la novela, ni en el teatro, hecho de gracia sin grosería, aunque vaya a veces a tocar con lo vodevilesco, enemigo de los largos parlamentos y tan escueto como cada escena lo permite. [...] Y como Manuel Alonso ha demostrado con su película que toma en serio su trabajo de director cinematográfico, nos parece que lo urgente es señalar los puntos débiles de su obra. No por mal deseo de decir que algo está mal cuando muchas cosas están bien, sino por empeño de fraternal cooperación. ".

Nuevos contratos

El 9 de junio de 1946, subcribe un contrato con Manuel Simón Esparza, cubano de origen santanderino, en representación de Películas Latinoamericanas, para fusionar temporalmente los respectivos equipos cinematográficos y de laboratorio a fin de que funcionaran dentro de una misma organización y fueran explotados en beneficio de ambas.

Asumía así toda la contabilidad, se atribuía la adopción de todas las decisiones fundamentales del negocio, con la concurrencia y consentimiento de Simón. Las ansias de poder no se había saciado aún; al año siguiente, Luis Ricardo Molina finaliza el contrato con Celedonio Borbolla, para no perder esta oportunidad, Alonso, poseedor de acciones en la Royal News, le compra el Noticiario Royal News.

Nombra como director del Royal News al periodista José Guerra Alemán, que había combatido en la Segunda Guerra Mundial y regresaba a Cuba. Utilizó como camarógrafo a Marcelo Muiño, contratado ahora para desempeñarse como tal en la sala de proyección de pruebas. Durante un tiempo no pasó de ser un noticiario de tercera categoría, que utilizaba el nombre en propagandas comerciales en blanco y negro, ya que las tarifas eran las de más bajo precio para seducir a los hipotéticos comerciantes.

En 1945 fundó y presidió la nueva compañía Tirando a fondo, S.A., con la participación de Alberto Valdés como administrador. Para contribuir al desarrollo de la industria cinematográfica, en 1946 recibió del gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín, un crédito de cien mil pesos.

Entre 1949 y 1950, adquirió en Estados Unidos un equipo sonoro marca R.C.A Victor. con el propósito de mejorar el sonido de los estudios P.L.A.S.A. Aparecen como asociados el hermano Bebo y Eduardo Hernández.

En 1950 inscribió el Patronato para el Fomento de la Industria Cinematográfica, que funcionaba con anterioridad como una entidad privada pero sin legalizar en el Paseo del Prado No. 59, precisamente sede de los negocios siempre en aumento.

En ese propio año, se le concede por los Decretos No. 3411, de fecha 17 de octubre y No. 4183, firmado el 30 de noviembre, dos sorteos de la Lotería Nacional ascendientes a las cantidades de cuarenta mil y cien mil pesos, respectivamente, importes que recibió al año siguiente. En 1951 mediante los Decretos No. 1042 y 3160, de 16 de abril y 24 de julio, le concedieron otros sorteos de la Lotería por cien mil y ciento sesenta mil pesos.

Otras producciones

Le seguirían otras incursiones esporádicas en el cortometraje de ficción, sustentadas en conocidas figuras, procedentes del teatro vernáculo que, con las habituales caracterizaciones, no hacían sino repetir ante la cámara, el repertorio de chistes de probada eficacia, entre las que se citan: La tremenda corte (1945), Levanta parejo (1947) y Chicharito alcalde (1949).

Después del 10 de marzo

Al producirse el Golpe de estado del 10 de marzo de 1952, los técnicos cinematográficos cubanos, agrupados en la ATICA Agrupación Técnicos Cubanos y Auxiliares), dirigidos por Bernabé Muñiz, ocuparon los estudios del Biltmore, - hoy Cubanacán - para reclamar atención hacia la industria del cine, fuentes de trabajo y la disolución del fraudulento Patronato que encabezaba Alonso.

El nuevo gobierno nombró Delegado al Dr. Raúl Acosta Rubio y como interventores al cineasta Ramón Peón García y al actor Enrique Santisteban. El 31 de julio, ya disueltos todos todos los negocios de Alonso, es creada la Comisión Ejecutiva para la Industria Cinematográfica (C.E.P.L.I.C.).

Alonso fundó la editora de Revistas y Noticiarios Cinematográficos, S.A., para controlar la producción de películas comerciales de las empresas Notiscope, Noticolor y Noticiarios Unidos, S.A.

En 1954 es considerado como el mejor realizador de cine cubano, - por encima de Ramón Peón - se las había ingeniado para tener la totalidad de las salas cinematográficas así como las cámaras y equipos de iluminación de todas las empresas a las cuales la situación económica reinante había conducido a la inevitable quiebra.

En ese año crea la Compañía Productora de Noticiarios Noticolor, con el objetivo de producir en Cuba películas en colores. Para ese fin, llegan a efectuar negociaciones con la firma estadounidense Houston Fearles Corporation, de acuerdo a su propósito de adquirir novedosos equipos de laboratorio.

En 1955 es designado presidente del Instituto Nacional para el Fomento de la Industria Cinematográfica (INFICC). Al triunfo de la Revolución, estando inmerso en los preparativos de Leonela, destinado a convertirse en el cuarto largometraje de ficción, inspirado en la novela homónima ochocentista escrita por Nicolás Heredia, le fueron decomisados todos los bienes adquiridos a través de los manejos turbios.

El oportuno rescate de los archivos filmícos acantonados en el local del Paseo del Prado, posibilitó poseer posteriormente valiosísimo testimonio preservado por Alonso, los que nutrieron los archivos del naciente ICAIC, y permitieron la reconstrucción de ese período en numerosos documentales, entre ellos el largometraje ¡Viva la República! (1972), realizado por Pastor Vega.

Casta de roble

En esta nueva empresa filma Casta de roble, estrenada el 14 de julio de 1954 en los teatros Fausto, Reina, Cuatro Caminos, Olimpic, Florencia, Santos Suárez y Habana, es el título del tercer largometraje dirigido por este cineasta presentado bajo el sello de Producciones San Miguel, a un costo de 75 601 pesos.

No podían faltar las notas promocionales que bordeaban lo cursi:

"Es la historia eterna del campesino, luchando contra los elementos, contra los geófagos, contra los odios, los rencores, el analfabetismo, las castas sociales, el miedo y la desesperación sin remedio. El autor Álvaro de Villa nos describe con trazo maestro el amor del hombre por la tierra madre, que lo recoge al nacer, lo mancha con su barro colorado, lo alimenta y lo acoge, muerto, para cubrirlo después amorosamente. Es un canto épico al hombre que lucha durante una vida entera que se prolonga de generación en generación para defender ese pedazo de mundo que lo vio nacer, que debe alimentarlo a él, a su mujer, a sus hijos y a los hijos de sus hijos".

El Diario de la Marina no podía quedar a la zaga en la propaganda de una película extraordinaria y junto a un reportaje fotográfico a toda página evocador de las composiciones de Gabriel Figueroa para el Indio Fernández, insertó un texto que enfatizaba:

"Casta de roble es algo más que un drama campesino. Es como uno de esos vibrantes Tirando a fondo del director de los noticiarios Nacional y América, lanzado a la pantalla de plata con relieves profundos y humanos, aplicando los principios y la línea artística del más moderno cine de nuestros días. Tras su estreno, la sección «Escenario y pantalla» del mismo periódico publicaba una crítica firmada por Auxiliar —posiblemente un seudónimo de José Manuel Valdés-Rodríguez— en la que, sin dejar de enumerar las virtudes y defectos del filme, concluía: «Creemos, sin embargo, que no es saludable sobre-estimar un esfuerzo de esta naturaleza, pues puede esa actitud crear un estado de ánimo en que se considere que ya lo tenemos logrado todo en un empeño donde quedan todavía muchas batallas por librar y no pocas jornadas por cubrir ".

Dos días después de la premiere, desde el diario Pueblo, un cronista daba la bienvenida a una obra capaz de llamar la atención del mundo entero;

"hacia esta pequeña isla perdida al sur de la Florida, como una cuna de arte cinematográfico moderno, tan moderno que pertenece al mañana".
"El mejor elogio que se puede hacer [...] es decir que se trata de una película cubana. Que sus realizadores han querido situarse, por primera vez, en Cuba, en una actitud sincera frente a la realidad de nuestro pueblo; que han tenido la valentía suficiente para apartarse de la línea pintoresca y falsa que habían trazado todas nuestras anteriores producciones, y han llevado a la pantalla importante problemas de nuestro pueblo. Todo esto debe servir de base y orientación para un sólido desarrollo de nuestra cinematografía".
"En suma: que a pesar de sus defectos y por sus virtudes, Casta de roble es la mejor película que se ha filmado en Cuba y esto solo es suficiente para que todo el que ame el cine se imponga el deber de verla. ".

Así escribió con entusiasmo, un joven de veintiséis años, miembro de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, en el segundo número de la revista en la que colaboraran algunas de las personalidades cimeras de la cultura cubana; era Tomás Gutiérrez Alea, que acababa de regresar de Roma, donde viajara literalmente arrastrado por la tendencia neorrealista del cine italiano.

La película contó con las actuaciones de Xonia Benguría, Ángel Espasande, las partituras de Félix Guerrero, fotografía del español Alfredo Fraile, el mexicano David Silva, http://www.ecured.cu/index.php?title=Manolo_Alonso&action=editSantiago Rios, Ricardo Dantes y Antonia Valdés.

Radicado en Estados Unidos

A inicios de la década de 1960 se radica en Miami. En 1963, se muda a New York donde comienza a montar espectáculos en el Lincoln Center, con la colaboración del empresario Victor del Corral, y Rosendo Rosell.

En los espectáculos presentaban artistas tanto del exilio cubano como del extranjero, incluyendo a Celia Cruz, Rolando La Serie, Rafael, Sara Montiel, Pedro Vargas y Tito Puente.

También produce junto al hermano, el camarografo Bebo Alonso, La Cuba de Ayer, documental que muestra los adelantos de la Cuba pre-revolucionaria, y trabaja en el desarrollo, junto con Rene Anselmo, del WNJUTV canal 47, donde labra el futuro de la televisión hispana en los Estados Unidos.

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