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Camino de Santiago

Camino de Santiago
UNESCO logo.png Welterbe.png
Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.
CaminoSantiago.jpg
Coordenadas42°27′32″N 5°52′59″O
PaísBandera de España
TipoCultural
Criteriosii, iv, vi
N.° identificación669
RegiónEuropa
Año de inscripción1993 (XVII sesión)
Año de extensión2015

Camino de Santiago. Fue la ruta de peregrinación más importante de la Europa medieval y uno de los hechos de mayor importancia y beneficio para la historia de España. Es el fin de la vía originariamente construida por el Imperio Romano del Camino de Santiago, privilegio que otros conceden a Finisterre. Gracias al Camino de Santiago los aislados y pequeños reinos hispánicos enzarzados en guerras civiles y contras Al-Andalus pudieron abrirse a Europa para dar y recibir de los pueblos traspirenaicos una gran riqueza cultural.

Datos de la ciudad

Santiago de Compostela es una ciudad de España situada en la provincia de La Coruña que es la capital de Galicia. Incluye los antiguos municipios de Conxo (incorporado en 1925) y Enfesta (alrededor de 1970). El casco viejo de Santiago de Compostela es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1985.

Es sede del gobierno autónomo gallego (Junta de Galicia), además es un importante núcleo de peregrinación cristiana, tras Jerusalén y Roma. Destaca también su Universidad, de más de 500 años de historia y la Catedral dedicada al apóstol Santiago el Mayor. Santiago fue un como un "polo eléctrico" de gran intensidad de atracción que provocó grandes movimientos humanos en la Edad Media. Trataremos, en esta sección, de profundizar en las causas de tan emocionante fenómeno.

Origen e Historia del Camino

Santiago el Mayor, según una vieja tradición, predicó el Cristianismo por la Hispania romana antes de regresar a Palestina donde fue decapitado. Más tarde sería trasladado de nuevo a España por sus discípulos para ser enterrado en la costa gallega. Desde el descubrimiento del sepulcro en el siglo IX hasta su declive en el siglo XIII, la Ruta Jacobea evoluciona hasta convertirse en la principal ruta de peregrinación de occidente desplazando a las de Jerusalén y Roma. Para entender las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela, debemos partir de la tradición que habla de la labor evangelizadora de Santiago en tierras de la Hispania romana.

Se sabe que tras la muerte de Cristo, Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, continúa inicialmente su labor apostólica en Jerusalén. Posteriormente, pudo embarcar hasta alcanzar algún puerto de Andalucía en cualquier carguero que comunicaba comercialmente Hispania (que aportaba metales y otras materias primas) con Palestina (de la que se recibían mármol, especias y objetos elaborados) Su misión evangelizadora comenzaría en el sur de Hispania para posteriormente desplazarse al norte por tierras portuguesas (Coimbra, Braga, etc.) llegando hasta Iria Flavia, ya en Galicia.

Posteriormente se dirigiría hacia el este de la península (Lugo, Astorga, Zaragoza y Valencia) para partir, de nuevo, hacia Palestina, desde la costa mediterránea española. A su llegada a Palestina y tras incumplir la prohibición de predicar el Cristianismo, fue decapitado en tiempos de Herodes Agripa. Según la tradición, su cadáver fue robado por los discípulos Atanasio y Teodoro y llevado en barco de nuevo a tierras españolas, en concreto a Iria Flavia (cerca de la actual Padrón). La tradición prosigue con el azaroso viaje del cuerpo de Santiago, que es transportado en carro hasta el bosque de Libredón, lugar en que los bueyes se negaron a continuar. Este hecho debió ser tomado como una señal divina y fue elegido como lugar de enterramiento. Para entender el largo viaje emprendido por sus discípulos desde Palestina a las costas gallegas para dar sepultura al cuerpo de su maestro, tenemos las afirmaciones de San Jerónimo que ratifica que fue establecido, al disponerse la salida de los Apóstoles hacia todos los rumbos de la tierra, que al morir:

“Cada uno descansaría en la provincia dónde había predicado el Evangelio"

Posteriormente, en el Breviario de los Apóstoles, de finales del siglo VI, se habla de la predicación de Santiago en España y de su enterramiento en el Arca Marmárica. La tradición oral se encarga de difundir el portento y en la segunda mitad del siglo VII, Beda el Venerable describe con meticulosa precisión la localización exacta del cuerpo del Apóstol en Galicia.

Aunque la invasión árabe y los tumultuosos cambios políticos, sociales y religiosos que acarrearon en el país, silencian durante un tiempo la incipiente tradición jacobea en España, pronto resurge, a finales del siglo VIII de la pluma del célebre Beato de Liébana que escribe:

¡Oh Apóstol, dignísimo y santísimo

cabeza refulgente y dorada de España

defensor poderoso y Patrono nuestro.

Descubrimiento del sepulcro

Tras la batalla de Covadonga, se asienta en Asturias un pequeño reino que intenta recuperar el ideal unificador de la monarquía hispanovisigoda. Uno de los principales y decisivos monarcas de este periodo inicial fue Alfonso II El Casto que reinó durante un largo periodo de tiempo (entre el año 791 y el 842). Este gran gobernante estableció la capital en Oviedo, a la que dotó de numerosos edificios públicos y construyó numerosas iglesias (Cámara Santa, San Tirso, San Julián de los Prados...) y palacios, tratando de imitar el antiguo esplendor del Toledo visigodo. Su gran logro fue consolidar la resistencia al poder musulmán de Al-Andalus. Es durante sus reinado cuando se produce el milagroso descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago.

Según cuenta la Concordia de Antealtares, -el primer testimonio escrito de los hechos, datado en 1077 un ermitaño llamado «Pelayo» que vivía en Solovio, en el bosque de Libredón, empezó a observar durante las noches resplandores misteriosos. Inmediatamente informó del hallazgo a Teodomiro, obispo de Iria Flavia que marchó a aquel lugar encontrándose que esa luz revelaba el lugar donde estaba enterrada el Arca Marmárea. En el sepulcro pétreo reposaban tres cuerpos, atribuyéndolos a Santiago el Mayor y sus discípulos Teodoro y Anastasio. Teodomiro visita la corte ovetense de Alfonso para informarle de tan fenomenal suceso. El monarca organiza un viaje a este lugar rodeado de sus principales nobles, y al llegar al citado "Campo de Estrellas" (Compostela) manda la construcción de una pequeña iglesia de estilo asturiano, que ha sido constatada por las excavaciones arqueológicas. Teodomiro traslada la sede episcopal a este lugar y muere en el año 847 (en las excavaciones arqueológicas ha aparecido su lauda sepulcral)

Desde este momento, queda establecida oficialmente la tumba del apóstol en aquel mágico lugar, cercano al cabo de Finisterre, punto situado en el extremo occidental de Europa. El camino a Finisterre era indicado desde cualquier lugar de Europa por las estrellas de la «Vía Láctea». desde antiguo se creía que allí se acababa el mundo y que el Atlántico era «la tumba del sol». Posiblemente estos hechos geográficos y astronómicos ayudaron a reforzar el magnetismo que desde entonces provocó en millones de almas la ruta jacobea. Los siglos IX y X representan la consolidación del reino asturleonés en condiciones muy difíciles desde el punto de vista político, religioso y militar. Por un lado la iglesia ovetense se encuentra enfrentada con la de Toledo, (famosos son los cruces dialécticos entre Beato de Liébana y Elipando de Toledo a cuenta de la herejía adopcionista) para los asturianos la iglesia de Toledo había caído en la tolerancia e incluso complicidad con ciertas creencias del Islam.

Por otro lado, Al-Andalus se había fortalecido políticamente desde la creación del Emirato primero y luego el Califato de Córdoba. Este nuevo poder peninsular quedó reflejado en numerosas incursiones militares durante los siglo IX y siglo X, llegando a su máxima expresión en los tiempos de devastación de Almanzor. Es por ello por lo que el enorme prestigio que proporciona la presencia de las reliquias de Santiago el Mayor, discípulo preferido de Jesús, fue hábil y rápidamente aprovechado por los monarcas asturianos y leones para consolidar su reino en oposición a Al-Andalus y para darse a conocer al resto de la Cristiandad europea. Se hace de Santiago el abanderado de los ejércitos cristianos en las contiendas militares y se crea la leyenda de la intervención gloriosa del apóstol en la más que dudosa batalla de Clavijo. Desde entonces, los ejércitos cristianos entran en batalla con el grito: "Santiago y cierra España" Existen dos hechos que prueba la importancia del enclave compostelano para la monarquía asturleonesa. Por un lado, en el año 899 Alfonso III, El Magno, consagra una nueva catedral de mayores dimensiones y calidad artística que la levantada por Alfonso II. Un siglo más tarde, en el año 977 Almanzor destruye Santiago -aunque respeta la tumba a sabiendas que se trataba del centro espiritual del enemigo cristiano.

Apogeo del Camino en tiempos del románico

La orden de Cluny pronto se hace eco del prestigio de Compostela y durante el siglo XI promueve las peregrinaciones a Santiago. A cambio, los reyes cristianos hacen generosas donaciones a sus monasterios. A lo largo del siglo XI la afluencia de peregrinos se intensifica y comienza la labor organizadora de los reyes para facilitar el tránsito. Se comienzan a construir puentes y hospitales en los enclaves necesarios. Comienza a establecerse una ruta principal con sus respectivas estaciones (Camino Francés). En el año 1073 se inicia la construcción del tercer templo consecutivo sobre la tumba del apóstol, bajo mandato del obispo Peláez. Será la gran catedral románica que conocemos: un magnífico templo del "románico de peregrinación". El definitivo espaldarazo que hace del Camino de Santiago la gran ruta de peregrinación de los siglo XII y siglo XIII es la concesión desde Roma de los Años Santos Compostelanos, con la posibilidad de que los peregrinos obtengan la indulgencia plenaria. La Bula Regis Aeterni concedida por el Papa Alejandro III en 1179, no hace sino confirmar privilegio concedido a Compostela por el papa Calixto II en el año 1120 por lo que serán Años Santos o Años Jubilares todos aquéllos en los que el día 25 de julio (día de Santiago) coincida en domingo. Compostela aventaja claramente a la propia Roma en este aspecto. Allí los años jubilares suelen coincidir cada 25 años, en Compostela cada seis. Las indulgencias de ambos Años Santos son las mismas, es decir, será la indulgencia plenaria o perdón de todo tipo de culpa o pena. Las condiciones para ganar el jubileo son las siguientes: ·Visitar en Año Santo la Catedral de Compostela donde se guarda la Tumba de Santiago el Mayor. ·Rezar alguna oración (al menos el Credo, el Padre Nuestro y pedir por las intenciones del Papa). Se recomienda asistir a la Santa Misa Recibir los Sacramentos de la Penitencia y la Comunión, dentro del período comprendido entre los quince días anteriores y posteriores a la visita a Compostela.

Dimensión espiritual, económica y social del Camino

El Camino de Santiago no sólo tuvo repercusiones de tipo religioso. Para España supuso uno de los hechos de mayor transcendencia de su historia medieval.Gracias a la peregrinación se construyeron iglesias, monasterios, puentes y hospitales, surgieron nuevas ciudades, nuevos asentamientos de emigrantes francos y un intercambio cultural sin precedentes. El Camino de Santiago, desde sus inicios, se constituyó como una incesante fuente de espiritualidad, de trasmisión de la cultura y las tradiciones, permitiendo la entrada de nuevos gustos provenientes de otros países como pudieron ser los artísticos con su influjo en numerosísimas iglesias, catedrales y construcciones civiles o los literarios con personajes como los juglares; sin olvidar que fue la conexión entre la península y el continente europeo, situándose junto a Jerusalén y Roma como lugar sagrado que todo cristiano aspiraba a visitar al menos una vez en la vida. El prestigio que los restos de Santiago alcanzaron en el occidente cristiano superaron todo lo hasta ese momento conocido, instaurándose como un fenómeno a escala global que sobrepasó las expectativas y las ideas que sobre el Apóstol la Iglesia pudo crearse que, con su descubrimiento, pretendió un doble objetivo: la conexión del mundo cristiano tras la caída del Imperio Romano y las incursiones de los bárbaros a partir de la creación de lugares que se establecieron como referentes para los cristianos y, en el caso español, la consolidación del Reino de Asturias. En la dimensión social, la Iglesia hizo partícipe a toda la sociedad en nuevos ritos, asegurándose de ese modo su participación y devoción en los mismos. La idea funcionó y es que a la hora de analizar y estudiar la enorme implicación de la sociedad medieval con el Camino de Santiago y la gran notoriedad que el Apóstol alcanzó a partir del siglo X, debemos apartar, una vez más, nuestro punto de vista actual situando en primera plana la profunda creencia y veneración que profesaban a una figura como la del Santo. Se creía, de la misma forma, en la oración, la salvación y el perdón, término esencial al hacer referencia al jubileo.

Santiago y el refuerzo político del Reino de Asturias

Entorno al descubrimiento del cuerpo de Santiago Apóstol, a mediados de siglo IX, se creó toda una leyenda que ayudó a la mitificación de un santo que, incluso hoy en día, mueve a millones de peregrinos. Su figura fue determinante también en la consolidación del nuevo reino astur, único reducto fiel en la Península Ibérica ya que la mayor parte del territorio, Al- Ándalus, estaba bajo el dominio islámico. Así pues, Santiago se erigió como símbolo del mundo cristiano el cual no podría haber luchado contra los infieles sin su ayuda, llegando por ello a ponerle el sobrenombre de Santiago Matamoros. Desde los inicios del Camino de Santiago las crónicas recogieron historias, aventuras y anécdotas que, pudiendo ser más o menos veraces, nos permiten hacernos una idea de la importancia que tuvo durante la Edad Media. Entre ellas vale destacar el Códice Calixtino (1140). En estas historias, que gustaban mezclar lo real con lo ficticio, llega a mencionarse la posibilidad de que fuera el propio Carlomagno el que, avisado por el mártir a través de alguna acción divina, encontrase el sepulcro y comenzase el culto del mismo en Santiago de Compostela, ciudad fundada para tal objetivo. Alejada de esta postura, parece que fue la realidad. De cualquier forma y como ya apuntábamos, su descubrimiento contribuyó a la formación del emergente reino astur que observó en este elemento un estupendo punto de partida que utilizó como aglutinador contra los musulmanes presentes en Al- Ándalus. El norte se convirtió en centro de batalla con Pelayo a la cabeza, instituyéndose como los dos símbolos del cristianismo español.

Plano religioso

En el aspecto más espiritual, el Camino de Santiago compitió rápidamente en popularidad con las peregrinaciones a Jerusalén y Roma, forjándose como un destino tanto para reyes y nobles como para campesinos, artesanos o religiosos. De esta forma no hacía falta ser caballero y luchar en las Cruzadas para expiar las culpas. Podían visitar Santiago de Compostela, lugar de donde también los musulmanes fueron expulsados. Todo cristiano aspiraba, al menos una vez en la vida, a visitar Santiago de Compostela. Para darle mayor personalidad y transcendía al Camino, se creó todo un culto de santos menores a lo largo de la peregrinación. Entre las adoraciones destacaba el culto mariano, el realizado a la Virgen María. Así lo demostraban las miles de iglesias, ermitas y catedrales que se construyeron antes de Santiago cuyo objetivo primordial era dar soporte espiritual a los peregrinos.

Los peregrinos

Los primeros datos que sobre peregrinaciones constan, alrededor del siglo X, aseguran que las personas que realizaban el camino no lo hacían solos sino en expediciones o comitivas y es que era necesaria la protección y la compañía, entendiendo el Camino como un momento de solidaridad, compañía e incluso de protección mutua, sin olvidar que durante el trayecto llevaban a cabo un proceso por el cual los peregrinos asumían sus pecados, aceptándolos e intentando que, a través del perdón y la reflexión, además de una penitencia, pudiesen ser expiados al llegar a Santiago. Para ello era igualmente importante la actitud de aquellos que lo recorrían, siendo necesaria la caridad y la Penitencia, implantándose como obligación de los que más tenían ayudar a alimentar y proteger a los que menos poseían. También era característica la indumentaria del peregrino donde podía observarse el sombrero de ala ancha, el zurrón, la calabaza cantimplora y la concha. Los peregrinos, españoles o extranjeros, traían con ellos sus tradiciones y gustos, poniendo en contacto a éstos con las nuevas tendencias y modas ultrapirenaicas.

El trayecto. Auge económico del recorrido

Gracias al recorrido y el prestigio cada vez mayor de la peregrinación, las localidades por las que cruzaba pudieron beneficiarse de ello tanto en el aspecto del comercio como del hospedaje y la alimentación, proliferando puestos y tabernas que abastecían al peregrino. Además, según apunta el excelente medievalista Julio Valdeón, los ingresos no vendría sólo del hospedaje sino que el requerimiento de nuevos alojamientos y la construcción de edificaciones religiosas necesitaban de un considerable número de trabajadores, como albañiles, canteros, carpinteros o vidrieros lo que constituyó, sin duda alguna, un poderoso factor de dinamización económica. Otro de los pilares de la economía, la artesanía, se vio igualmente impulsada por la mayor presencia de peregrinos que, gracias a su demanda de productos, aumentaba considerablemente el nivel de negocio que podían tener en una población cualquiera en ese tiempo. Podemos pensar que los sectores más importantes eran el alimenticio y el textil, siempre relacionado con los símbolos que diferenciaban a los peregrinos. La creación de estos nuevos espacios junto con la mejora de los caminos, permitieron un excelente comercio que, aprovechando las ventajas que permitía la mejora de las vías de comunicación, aumentó el recorrido y la cantidad de productos incluso del proveniente del otro lado de Los Pirineos así como la articulación del mercado dentro de la Península. En estas localidades comenzaron a ser habituales los mercados semanales, mensuales y anuales, citas que albergaban a comerciantes deseosos de proveer de lo necesario a aquellos que recorrían el Camino. Nadie mejor que Valdeón ha descrito la situación: Las condiciones para el desarrollo del comercio a lo largo de la ruta jacobea fueron, ciertamente, favorables. Por de pronto contaba a su favor la existencia de las antiguas calzadas romanas, convertidas en vías naturales de penetración del comercio ambulante a partir del siglo IX. Pero quizá lo más positivo fue la gestación de un marco legal favorable para la práctica mercantil, expresado en el denominado "derecho de francos". Es significativo, a este respecto, un decreto del año 1095, otorgado por el conde Ramón de Galicia, en el que se ordenaba no prender ni despojar a ningún mercader ni habitante de Santiago. Los mercaderes de la ciudad del apóstol gozaban, prácticamente desde esas fechas, de autonomía jurisdiccional. Tampoco podemos olvidar la importancia que tuvo la implantación en las tierras de la cristiandad occidental, y por lo tanto en las comarcas por donde pasaba el camino de Santiago, de la "paz de Dios". Además de posadas se crearon hospitales y un cuerpo de seguridad especial para cuidar la seguridad de los peregrinos.

Fuente