Martí y los espirituanos

Martí y los espirituanos
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Patriotas espirituanos amigos de José Martí.
NombreJosé Julián Martí Pérez
Nacimiento28 de enero de 1853
La Habana,Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento19 de mayo de 1895
Dos Ríos, Contramaestre, Bandera de Cuba
Causa de la muerteCaída en combate
NacionalidadCubana
OcupaciónPolítico, escritor, ensayista.
TítuloMayor General del Ejército Libertador
Partido políticoPartido Revolucionario Cubano
CónyugeCarmen Zayas Bazán
PadresMariano de los Santos Martí y Navarro
Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez y Cabrera
Obras destacadasIsmaelillo, La Edad de Oro

Martí y los espirituanos. En los avatares de la lucha revolucionaria, Martí entabló relaciones directas con varios hijos de la tierra del Yayabo, inmersas como él en las labores patrióticas. Estos hombres y mujeres tuvieron el privilegio de recibir, del modo más directo, la influencia de su apostolado y lo ayudaron en su labor titánica.

Sinopsis

En su vida corta y azarosa, consagrada al ideal de la Independencia de Cuba, el Apóstol José Martí sólo permaneció en el territorio cubano por un tiempo equivalente a 16 años y entre cinco a nueve meses – aproximadamente el 40 % de sus 42 años . El resto de su existencia vivió el cruel destino de los exiliados políticos, lo cual no impidió que fuera un cubano de pura cepa y un conocedor de los problemas y las peculiaridades de la Cuba de su tiempo. El más cubano de todos los cubanos sólo visitó la parte oriental del país en los 38 días que vivió rodeado de luz, en los campos y montañas de Cuba Libre.

De las poblaciones cubanas El Maestro solamente conoció a La Habana, su ciudad natal; a Nueva Gerona, en 1870 y, de pasada, a los pequeños poblados de Batabanó, en 1868, y Cajobabo, en 1895. No obstante, en la intensa vida social que tenía en el exilio, Martí hizo relaciones con revolucionarios de todo el país, entre ellos: veteranos de la Guerra Grande y la Guerra Chiquita, desterrados, profesionales y artistas, empresarios y obreros, unidos todos por el ansia de libertad para la sufrida patria cubana. En estos contactos gustaba de escuchar anécdotas, testimonios y narraciones sobre acontecimientos de la guerra y descripciones de las distintas regiones del país que no había visitado. Esto le permitió llegar a escribir sobre lugares y acontecimientos de Cuba con tal plasticidad que parece haberlos vivido. Así, en su magnífico artículo El diez de abril, describe la entrada de las delegaciones a Guáimaro y, al referirse a los villareños, dice del jefe de la revolución en Sancti Spíritus, Honorato del Castillo y Cancio, que: "(...) venía a levantar la ley, sin la que las guerras paran en abuso, o deshonor, - y a volverse al combate, austero e impetuoso, bello por dentro, corto de figura, de alma clara y sobria" .

En los avatares de la lucha revolucionaria, Martí entabló relaciones directas con varios hijos de la tierra del Yayabo, inmersas como él en las labores patrióticas. Estos hombres y mujeres tuvieron el privilegio de recibir, del modo más directo, la influencia de su apostolado y lo ayudaron en su labor titánica, a partir de las condiciones y posibilidades de cada uno. Sirva este acercamiento para divulgar estas relaciones y las personalidades de estos patriotas, algunos poco conocidos y estudiados. Entre ellos encontraremos varios de los más fieles colaboradores del Maestro y otros que sólo compartieron algunos momentos de su vida, pero todos pusieron su grano de arena en el empeño común por hacer libre y próspera a la Patria.

Relaciones

El diferente nivel de profundidad, e intensidad, de las relaciones establecidas entre José Martí y patriotas espirituanos de su época hace necesario adelantar una posible clasificación de estas en tres grupos, a saber:

  • DIRECTAS: Cuando se haga referencia a vínculos personales directos, demostrados por fuentes diversas.
  • INDIRECTAS: Tratándose de referencias mutuas, sin contactos personales directos, aunque existiera un conocimiento del otro, más o menos profundo.
  • PRESUMIBLES: Relaciones probables, pero no suficientemente demostradas hasta la actualidad.

Relaciones directas

Asumiendo un orden cronológico, el primer encuentro de Martí con un revolucionario espirituano ocurrió precisamente en los albores de su incorporación a la lucha por la independencia y dejó huellas indelebles en la conciencia del joven héroe. Ocurrió al ingresar el joven Martí en el presidio político, condenado a trabajos forzados, por el delito de infidencia. Tratábase – según testimonio del Coronel del Ejército Libertador Marcelino Díaz de Villegas – del venerable caballero DonNicolás del Castillo y Dialz, de cuyas penalidades nos ha dejado recuerdos José Martí que, así como Valdés Domínguez, fue compañero de este anciano. El origen espirituano de Nicolás del Castillo es corroborado por la anciana Elena García Casanova, hija del Mayor General Santiago García Cañizares cuando, al responder a la pregunta de la periodista Celima Bernal: "¿quién era Don Nicolás del Castillo?" Le responde:

"Un hombre muy rico de Sancti Spíritus, tío de mi abuela. Fue condenado a trabajos forzados por defender con las armas la causa cubana (...), cuando le dieron la libertad al fin, volvió a Sancti Spíritus, ya cumplidos los 60, y entonces nació su hija América, que era prima de mi abuela Tomasa Carbonel y del Castillo"

El sadismo con que los carceleros trataban a don Nicolás sirvió de fundamento al artículo Castillo y a uno de los más impactantes capítulos del opúsculo El Presidio Político en Cuba, que dio a conocer a Martí en España y entre los emigrados revolucionarios en los Estados Unidos, México y Centroamérica. Gracias a este texto la figura del anciano glorioso ha sido conocida por sucesivas generaciones de cubanos y extranjeros.

La presencia activa de patriotas espirituanos en las gestas independentistas los ligaba estrechamente con la actividad del Apóstol. Así, durante las labores preparatorias de la Guerra Chiquita, Martí, recién llegado a New York tras escapar de su segundo destierro a España, entra en contacto con el joven espirituano Alejandro Rodríguez Velazco (Sancti Spíritus, 19 de noviembre de 1852 – La Habana 27 de febrero de 1915), veterano del 68 y desterrado político, quien terminaría la Guerra de Independencia con los grados de General de División y sería el primer alcalde electo por votación popular en La Habana republicana. En 1880, Alejandro colaboraba con el Mayor General Calixto García Iñiguez en los preparativos de la Guerra Chiquita y, en esas gestiones, conoce a Martí, quien es nombrado, primero Vocal, y luego Vice – Presidente del Comité Revolucionario Cubano, teniendo en cuenta sus méritos como conspirador, ex presidiario y desterrado político. Fracasada la nueva gesta, ambos jóvenes – casi contemporáneos – se radicaron en la ciudad de Nueva York, donde compartieron amistades comunes, como Néstor Ponce de León, la afición por los libros y el amor por sus esposas camagüeyanas: Carmen Zayas Bazán, de Martí y Eva Adán, de Rodríguez. Años después, en agosto de 1893 y octubre de 1894, Alejandro Rodríguez Velazco, quien se había establecido en Camagüey desde 1885, marcha a New York, al reencuentro con Martí, enviado por un grupo de patriotas camagüeyanos, que no consideraban al Camagüey listo para lanzarse a la lucha. En carta a Gómez, Martí califica a Alejandro de antiguo conocido mío, contándole al Generalísimo cómo fustigó a Rodríguez por sus opiniones erradas, según otros informes, falsamente optimistas, que poseía Martí. De Alejandro se conoce una extensa carta a José Martí, fechada en Camagüey, en mayo de 1893, que prueba su amistad de larga data.

En la etapa republicana, el general Rodríguez participó en la creación de la Guardia Rural y del Ejército Nacional. En el plano personal, mantendría amistosas relaciones con Carmen Zayas – Bazán, viuda de Martí, y auspiciaría la continuación de la carrera militar de su hijo José Francisco Martí y Zayas – Bazán., quien alcanzaría, como su padre, el alto grado de Mayor General.

Por la profundidad alcanzada, no hay lugar a dudas en cuanto a la trascendencia especial de los vínculos entre Martí y el gran paladín espirituano, el general de las tres guerras, Serafín Sánchez Valdivia (Sancti Spíritus, 2 de julio de 1846Paso de Las Damas, 18 de noviembre de 1896). Desde junio de 1891, en que Serafín, abandonando en República Dominicana a su familia y a su compadre el General Máximo Gómez, llega a la ciudad de Nueva York y se presenta ante Martí, este lo acoge con sumo cariño y admiración y le brinda toda su confianza. La misión que Serafín se ha planteado al lado de Martí: promover el acercamiento necesario entre este y el Generalísimo, es cumplida con creces, llegando a convertirse en uno de los colaboradores principales del Maestro en la magna tarea que lleva adelante por esos días: la unión de los revolucionarios cubanos en un partido político único. Como parte de estas labores, el general Serafín Sánchez es enviado por Martí a La Florida, a crear condiciones para la creación del Partido Revolucionario Cubano y, proclamado este, trabaja por su fortalecimiento y lo defiende, con todo su prestigio de gran jefe militar. Entre 1891 y 1895, el Apóstol envía más de 100 cartas, telegramas y cables a Serafín, siendo el segundo hombre a quien más escribió, solo superado por el gran amigo mejicano de Martí, Manuel Mercado, a quien conocía desde el ya lejano 1874. Lamentablemente, la mayor parte de las cartas de Serafín a Martí no han sido encontradas. Hoy, solamente se conocen cuatro de ellas, pero, por las epístolas del Apóstol se percibe lo íntima que llegó a ser esta relación.

A Serafín le confió Martí otras importantes tareas revolucionarias, entre ellas:

  • Escoger al enviado principal del Partido Revolucionario Cubano a Cuba, honor que recayó en el Comandante Gerardo Castellanos y Lleonart, gran amigo de Serafín.
  • Defender el proyecto del Partido Revolucionario Cubano , tanto en el seno de la poderosa Convención Cubana de Cayo Hueso, como en los días en que se esperaba la aprobación de sus documentos programáticos por los diferentes clubes .
  • Presentar y firmar el documento mediante el cual los jefes militares más importantes, residentes en los Estados Unidos, manifestaron su adhesión al Partido Revolucionario Cubano declarando es nuestro acuerdo, en la hora que consideramos suprema, declarar, previo examen, nuestra fe en el Partido Revolucionario Cubano.
  • Escribir semblanzas de héroes populares de la guerra, para ser publicadas en la sección Caracteres, del Periódico Patria. A solicitud de Martí, estos trabajos fueron compilados en el libro Héroes Humildes, siendo Gonzalo de Quesada el compilador y autor de una bella semblanza del prócer espirituano. Asimismo, Serafín compiló, a instancias de Martí, el no menos famoso poemario titulado Los poetas de la guerra, con preámbulo del propio Maestro. En él apuntaba: Y en la prisa de trabajos mayores, como quien se descubre un instante la cabeza en la humildad del alma, y conversa en la tiniebla con los suyos antes de seguir el camino arduo, se publican los versos que Serafín Sánchez, el recitador de aquella noche, aprendió de los labios de los poetas, en los días en que los hombres firmaban las redondillas con su sangre
  • Comandar, junto al Mayor General Carlos Roloff Mialofski, la expedición que se enviaría a Las Villas, labor que Serafín cumplió cabalmente, después de muerto su jefe y amigo, y que vino a ser el mayor homenaje que podía rendir a su memoria.

Como expresión de este sentimiento el vapor que trajo la expedición Sánchez – Roloff – Mayía, desde Pine Key, en La Florida, hasta la playa espirituana de Tayabacoa, fue rebautizado con el nombre de José Martí. Prueba póstuma de la hermandad entre ambos próceres es el artículo Martí, escrito por Serafín para dejar constancia de sus impresiones al visitar Dos Ríos, un año después de la caída en combate del Apóstol. Este hermoso trabajo periodístico fue publicado en El Cubano Libre, el 30 de junio de 1896 .

Otro espirituano ligado directamente a Martí es el héroe de El Jíbaro, el prócer Néstor Leonelo Carbonell Figueroa (Sancti Spíritus, 22 de mayo de 1846 – La Habana, 8 de noviembre de 1923), iniciador de la Guerra de los Diez Años en el territorio del actual municipio La Sierpe. En la etapa de la Tregua Fecunda fue Néstor Leonelo una figura distinguida de la Revolución en La Florida. El 10 de mayo de 1891, fundó el club Ignacio Agramonte, en Ibor City, Tampa y era uno de los integrantes de La Convención Cubana, el más poderoso de los clubes cubanos en el exilio. De Néstor Leonelo partió la iniciativa de invitar a Martí – a través de Enrique Trujillo -para visitar Tampa, en octubre de 1891 y a él remitió Martí tres importantes comunicaciones relacionadas con su viaje. En una de ellas le dice: "De lejos he leído su corazón, y desde acá he visto también el mucho oro de su alma viril, donde corren parejas la ternura con la luz. Y digo que acepto jubiloso el convite de esa Tampa cubana, porque sufro del afán de ver reunidos a mis compatriotas"

Lleno de esperanzas y con el alma henchida de gozo inició Martí este viaje y al llegar a Tampa, el 26 de noviembre, sus sueños se tornaron realidad, encontrándose con una entusiasta multitud que le esperaba, encabezada por la directiva, en pleno, del Club Ignacio Agramonte. Esa noche, en el Liceo Cubano, de Ibor City, Néstor Leonelo presentó a Martí ante la aguerrida comunidad de emigrados de esa localidad. En aquellas circunstancias, el Apóstol pronunció su trascendental discurso Con todos y para el bien de todos, donde expuso las peculiaridades de la república futura y aseguró a aquella masa obrera que la primera ley de la república sería el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. Al siguiente día, Néstor Leonelo condujo a Martí a la velada conmemorativa por el 20 Aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, efectuada también en el Liceo Cubano, donde el Apóstol pronunció el no menos afamado discurso Los Pinos Nuevos. En ese ambiente revolucionario, el Maestro elaboró, con un grupo selecto de patriotas tampeños, las famosas Resoluciones, leídas por Ramón Rivero en el acto de despedida del día 28 y aprobadas allí por la masa de emigrados revolucionarios, pasando a convertirse en el embrión de las futuras Bases del Partido Revolucionario Cubano.

A partir de aquel viaje histórico de Martí a Tampa, Néstor Leonelo lo secundó en su proyecto revolucionario y fue uno de sus colaboradores en los preparativos de la Guerra Necesaria, llegando a publicar artículos en el periódico Patria. Por su prestigio revolucionario fue electo, el 8 de abril de 1891, como Presidente del Cuerpo de Consejo del Partido Revolucionario Cubano en Tampa. También con sus recuerdos de la guerra ayudaba Néstor Leonelo a Martí. Así, en el libro de Serafín Los Poetas de la Guerra, el Maestro destaca que: De Las Villas sabe mucho Néstor Carbonell, y él cuenta el porte noble de Miguel Gerónimo y su verso doloroso, y la melancolía y enfermedad del pulcro y tierno Hurtado (...) En aquel viaje a La Florida, El Delegado compartió con el joven Eligio Carbonell y Malta (Sancti Spíritus, 9 de septiembre de 1867 – La Habana, 5 de agosto de 1899), primogénito de Néstor Leonelo y miembro activo del Club Ignacio Agramonte, donde fungía como Secretario.

Eligio no solo atendió a Martí durante su estancia en Tampa, apareciendo, junto a él, en una de las fotografías que se le hicieran en aquella solemne ocasión -, sino que formó parte de la pequeña guardia tampeña que lo acompañó, un mes después, en su primera visita a Cayo Hueso (25 de diciembre de 1891, al 6 de enero de 1892). Durante ese viaje al Cayo, Eligio tuvo el honor de participar, en representación del Club Ignacio Agramonte, en la famosa Reunión del Hotel Duval, el 4 de enero de 1892, donde fueron presentadas por Martí las Bases y los Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano, siendo analizadas y aprobadas por los representantes de las principales agrupaciones de revolucionarios cubanos en La Florida. De Eligio a Martí se conoce una misiva, enviada desde Jacksonville, el 4 de julio de 1892 , pero, por la carta que le enviara Martí, fechada en New York, el 10 de enero de 1892, se aprecia que hubo cartas de Eligio desde este mes. Enfermo del pulmón y herido en el alma por la carta ofensiva e injusta de Enrique Collazo y otros, Martí le agradece a Eligio su defensa inmediata, junto a Néstor Leonelo Carbonell y otros cubanos de Tampa. A este joven diría el Maestro:

"Pocas criaturas conozco de un corazón tan límpido como el de Ud, y no quisiera yo mejor fortuna que la de tener siempre su juicio y su afecto a mi lado"

En prueba de su afecto imperecedero, El Maestro le envió como recuerdo, desde New York, una foto suya con la siguiente dedicatoria:

"A Eligio Carbonell- Que pasa por el mundo con alma de hermano, y tiene uno en un hombre que solo ama la virtud, su José Martí. Tampa, 7 julio, 1892"

Una de las páginas más hermosas de las relaciones de Martí con hijos de Sancti Spíritus la encontramos en su vinculación con el primogénito de Máximo Gómez el joven Francisco Gómez Toro (Panchito) (La Reforma. Sancti Spíritus, 11 de marzo de 1876Punta Brava, 7 de diciembre de 1896). El conocimiento de Martí por Panchito se debe, en mucho, a lo que contaba Serafín Sánchez del Apóstol en sus epístolas a Gómez. Por ello, cuando el 9 de septiembre de 1892, Panchito recibe, en la Casa Comercial de Juan Isidro Meneses en Montecristi, al Delegado del PRC que viene a entrevistarse con su padre, una gran emoción lo embarga.

Los días que pasa Martí en la finca de Montecristi constituyen el primer peldaño de aquella relación, que se ampliará mucho más cuando, entre abril y julio de 1894, Panchito acompañe a Martí en un periplo por las emigraciones de los Estados Unidos y la Cuenca del Caribe. De Panchito a Martí se conocen tres cartas, fechadas en Montecristi, los días 18 y 20 de febrero de 1895 y el 15 de junio de 1895. Una de sus fotos más conocidas lo muestra, de pie, entre sus maestros Fermín Valdés Domínguez y José Martí.

El 1 de abril de 1895, se despiden ambos patriotas por última vez y el valiente joven, que no puede calmar su angustia por tener que quedarse en tierras dominicanas mientras Martí, su padre y su amigo César Salas marchan a la guerra en Cuba, tiene el gesto extraordinario de regalar al Apóstol el mejor de los presentes: el revólver y el machete que tiene preparados para venir a pelear en Cuba. Por ello, cuando Martí cae en combate en Dos Ríos, blandía ante sus enemigos el revólver de Panchito. El pensamiento y la obra de Pancho, en sus dos últimos años, muestra fehacientemente la influencia creciente de Martí en la evolución acelerada de su ideario.

Serafín Sánchez Valdivia
La profunda amistad entre el Apóstol y el general Serafín Sánchez Valdivia es bien conocida, pero pocos han prestado atención al hecho cierto de que Martí fue también amigo y compañero de luchas de otros miembros de esa gloriosa familia, como el también general Raimundo Sánchez Valdivia (Arroyo Blanco. Sancti Spíritus, 21 de agosto de 1865 – La Habana, 5 de octubre de 1928) y Josefa Pina Marín (La Pepa) Arroyo Blanco, 15 de junio de 1857 - ¿1930), esposa y colaboradora de Serafín.

El primer contacto entre Martí y Raimundo ocurre en Cayo Hueso, en noviembre de 1892, al coincidir la llegada al exilio del joven espirituano, estudiante de medicina, con el arribo de Martí a esa localidad floridana. Pronto El Delegado escoge a Raimundo como amanuense, para redactarle las cartas secretas que enviaría a los conspiradores en la Isla. Más de un mes estuvo el joven, junto a otros dos secretarios, tomando los dictados del Maestro, conociendo e identificándose con su manera de pensar y de actuar. Posteriormente Martí le asignó otras tareas más complicadas e importantes, entre ellas varias misiones secretas a Cuba.

En una de las fotos más famosas de Martí entre los revolucionarios de Cayo Hueso aparece Raimundo, junto a su hermano Serafín, muy cerca del Apóstol En mayo de 1894, en ocasión de la visita de Martí al Cayo, acompañado por otro espirituano, el joven Panchito Gómez Toro, se reencuentra con Raimundo, quien se convierte en amigo inseparable del hijo de Gómez, compartiendo ambos una gran admiración por el genio del Apóstol. En las cartas de Martí a Serafín hay constantes referencias y saludos a Raimundo, a quien cataloga de Mi hermano.

Sobre la relación de Martí con Pepa Pina es de destacar que no se trata solo de la relación amistosa y cordial con la esposa de un amigo íntimo, sino que la inteligencia y el valor de la espirituana fueron reconocidos y admirados por el Apóstol en varias oportunidades. Así, en agosto de 1893, Martí escribe a Gómez sobre el brillante papel de enlace y orientación revolucionaria que ha cumplido La Pepa en La Habana, donde se entrevista, entre otros, con el general Francisco Carrillo. En sus misivas a Serafín, Martí dedica siempre un espacio a La Pepa, como muestra de admiración y cariño por tan valiente mujer.

En 1893, durante su peregrinaje por las emigraciones revolucionarias de la Cuenca del Caribe, Martí conoció al viejo conspirador espirituano Dr Manuel Coroalles Pina (18361906), establecido desde años atrás en Panamá, donde fue nombrado Agente Especial de la Revolución. El Dr. Coroalles ayudó a muchos cubanos que llegaron a aquel país, como los hermanos Maceo, Máximo Gómez, Flor Crombet y otros y colaboró con las fracasadas expediciones de Ramón Leocadio Bonachea y Limbano Sánchez. Al llegar Martí al istmo es atendido por Coroalles, quien comparte con él su mesa y lo presenta a la comunidad de emigrados, llegando a impresionarlo favorablemente. El periódico panameño El Cronista, en sus números correspondientes a los días 27 y 29 de junio de 1893, inserta dos interesantes notas sobre la visita del apóstol cubano. En la segunda de ellas explica: El Sr Martí deseaba ponerse en comunicación con sus compatriotas residentes en esta capital, y así fue que inmediatamente después que el respetable doctor M. Coroalles, declaró instalada la reunión, el Sr Martí tomó la palabra para poner a los suyos al corriente, en lo posible y discreto, de la situación y operaciones del partido revolucionario

Al presentar estas notas, la investigadora Diana Abad valora positivamente la situación política que encontró Martí en Panamá y el papel relevante del Dr Coroalles en este logro. Al fundamentar la frase Panamá entero, con la que Martí califica aquella comunidad cubana, señala: Dos simples palabras, escueta frase que, en la valoración martiana, mucho implica. Síntesis cabal de un acontecimiento político a no dudar trascendente. Localidad donde señorean las simpatías por la causa cubana y cuya figura principal, el Dr Manuel Coroalles, de acendrada ejecutoria independentista, constituye a la vez símbolo y aval de contribución efectiva a la obra del PRC. Al tener que partir, pocos días después, Martí envía dos hermosas misivas a Coroalles , donde lo califica de sensato y patriota y lo exhorta a que me ponga todo su inmediato empeño en la labor que le he echado encima y en cuya realización no llegará un minuto más tarde de lo preciso, y le añade esta cariñosa despedida: déjeme decirle, sin embargo, aunque le parezca halago, que me salí de Panamá apenado por tener que ver a hombre como Usted tan de prisa y que tiene a orgullo haber merecido su compañía y estimación, su amigo José Martí.

La vinculación de Martí con revolucionarios espirituanos exiliados se amplió cuando llegó a República Dominicana, en febrero de 1895, en vísperas ya de su incorporación a la manigua redentora. En esas circunstancias, el Apóstol conoce al joven César Salas Zamora (Sancti Spíritus, 4 de agosto de 1868Bolondrón, Matanzas, 3 de marzo de [[1897), hijo del Dr. Indalecio Salas, patriota del 68 y amigo íntimo de Panchito Gómez Toro, ansioso como él de poder participar en la Guerra Necesaria. Cuando Martí lo conoce el joven César era ya un conspirador probado, valiente y responsable y gozaba de toda la confianza del General Máximo Gómez.

Llegada la hora de partir hacia Cuba, César es escogido, por Martí y Gómez, para formar parte del grupo selecto de cuatro compañeros, de entera confianza, que los acompañará a Cuba. Los jóvenes amigos César y Panchito, se despiden con pesar por la orden dada a Pancho de permanecer en Santo Domingo. Meses después, el General en Jefe enviaría al propio César a buscar a su hijo y traerlo a Cuba en una expedición. Ya a punto de zarpar, Martí y Gómez dan otra prueba de su confianza en el joven Salas, al confiarle los fondos del PRC que llevarían consigo para costear el viaje y comprar suministros en Cuba. Con esa responsabilidad adicional el espirituano hace la incierta travesía y aborda el histórico bote en que desembarcan por Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895. Todo parece indicar que fue César Salas Zamora el último espirituano en ver a José Martí con vida, pues lo acompañaba, como Teniente Alférez adscripto a la Escolta del General en Jefe, cuando ocurrió el desastre de Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.

Relaciones Indirectas

Entre los conspiradores espirituanos del período dela Tregua Fecunda o Reposo Turbulento sobresale la actividad del incansable Luis Lagomasino Álvarez, quién llegó a interferir, con sus iniciativas desorganizadas, en los planes de largo alcance del PRC. Por ello, Martí se refiere a él en repetidas ocasiones, fundamentalmente en las orientaciones a su comisionado en la Isla, Gerardo Castellanos, y en cartas al General en Jefe. A Castellanos le indica: "A Lagomasino, explíquele bien el plan del Partido, para que con la esperanza de cosa mayor, refrene su impaciencia noble".

Por su parte, Lagomasino admiró a Martí y comprendió su valor como apóstol independentista, aunque no dejó de intentar hacer la revolución a su desajustada manera. Al respecto, el investigador Ibrahím Hidalgo ha afirmado: "Lagomasino consideró, durante toda su vida, que Martí le había arrebatado la dirección de un gran movimiento insurreccional". Muy distintas son las referencias de Martí sobre uno de los iniciadores de la Guerra Grande en Sancti Spíritus y luego renegado del camino de la Revolución, el ilustre Marcos García Castro.

Con el tiempo, el más decidor de los poetas de la guerra, se habría de convertir en cacique del Partido Autonomista en su ciudad natal, donde alcanzó la Alcaldía, llegando incluso a Gobernador de la provincia de Las Villas. Este sagaz político era un hombre muy influyente para escapar al análisis profundo de la realidad cubana que hacía, desde los Estados Unidos, el Delegado del Partido revolucionario Cubano. Así, en sus indicaciones a Castellanos, Martí le orienta sobre todo "que le acorrale esa revolución hipócrita (...) que tiene en Las Villas el único jefe que en toda la Isla simpatiza de veras acaso con revolución semejante y le reitera la necesidad de que ni me lo irrite, ni se me le entregue. Álcele los obstáculos que son necesarios y justos, pero cariñosamente, y por el bien del país, sin darle razón para que se dé por perseguido o excluido, puesto que no lo puede ser ni debe serlo, sino de modo que la entrada en nuestro campo le sea fácil luego, sin que tenga derecho para alzarse de él por el pretexto de enemistad o de mal trato".

Puede apreciarse que Martí aspiraba aún, a mediados de 1892, a atraer a Marcos a las filas de los independentistas, cuestión que ya estaba desechada por aquel caudillo. Marcos García, por su parte, siempre desestimó la importancia de Martí para alcanzar los altos fines de la nación cubana y lo consideró un ideólogo de la subversión, muy alejado de sus concepciones evolucionistas y reformistas, propias de la burguesía moderada.

Relaciones presumibles

Entre los veteranos y periodistas de la región del Yayabo, en el primer cuarto del siglo, era reconocida la estrecha vinculación de la patriota, poetisa y dirigente feminista espirituana Lucrecia González Consuegra (Sancti Spíritus, 1849 – Sancti Spíritus, 10 de abril de 1929) con importantes líderes de la gesta independentista, entre ellos José Martí. Mas, las pruebas epistolares de esa relación parecen haber sido destruidas por la propia Lucrecia, ya anciana, al enterrar su papelería en el jardín, llevando así a la destrucción importantes documentos de sus años mozos.

En los primeros treinta años del siglo XX el Capitán del Ejército Libertador Pedro Larrea Moustelier (Santiago de Cuba ¿1864? – Sancti Spíritus, 15 de junio de 1941), de origen santiaguero, pero aplatanado en Sancti Spíritus, se convirtió en el Padre del Movimiento Obrero Regional, fundamentalmente por su dirección del combativo Gremio de Escogedores. Este líder, quien había escuchado a Martí en Cayo Hueso, entre 1891 y 1894, fue uno de los trasmisores más fieles de la prédica martiana en la región yayabera y defendió, con su pensamiento y obra ejemplares, los más puros ideales que Martí había sembrado en él mediante sus encendidas arengas floridanas. A su inspiración se debió la construcción de la Casa de los Obreros, hermoso edificio, sede de las principales organizaciones proletarias de la ciudad, de escuelas para los trabajadores y sus hijos y de importantes eventos y actividades revolucionarias.

Como muestra del amor que le profesaban los obreros y de su confianza en el carácter genuinamente martiano de la obra de Larrea vale recordar estos anónimos versos en su honor:

Como director genial
Como dirigente obrero
Puso cariño sincero
Cuando trajo puro aquí
El mensaje de Martí
En la voz del tabaquero

Resultados

  • En los arduos trajines revolucionarios, nuestro Apóstol José Martí coincidió, en repetidas ocasiones - desde sus primeros pasos en el camino de la Revolución, hasta el día de su caída en combate en Dos Ríos - con hijos de la región del Yayabo, quienes lo acompañaron en muchas de sus empresas y llegaron a militar entre sus discípulos más fieles. Entre ellos se han determinado diez que se relacionaron directamente con el Maestro.
  • El modo en que los espirituanos de su época aprehendieron el legado martiano estuvo estrechamente relacionado con sus actitudes políticas y de clase y abarcaron, desde posiciones populares y auténticamente revolucionarias, de admiración, respeto e identificación plena, hasta posturas de desconfianza y rechazo, por parte de representantes de los sectores inmaduros políticamente, o cegados por su prepotencia clasista.

Fuentes

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  • Castellanos, Gerardo: “Misión a Cuba. Cayo Hueso y Martí”. La Habana. 1944
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