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Operación Santiago

Operación Santiago
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Entrada fidel.jpg
Fecha:Noviembre y Diciembre de 1958
Lugar:Antigua provincia Oriente
Descripción:
Golpe final contra la tiranía de Fulgencio Batista
Resultado:
Resultaría la última etapa de la Guerra de Liberación Nacional
País(es) involucrado(s)
Cuba
Líderes:
Fidel
Ejecutores o responsables del hecho:
Ejército Rebelde

Operación Santiago. Organizada por Fidel para asestar el golpe final contra la tiranía de Fulgencio Batista, en lo que resultaría la última etapa de la Guerra de Liberación Nacional.

Preparativos para la Operación Santiago

Batalla de Guisa

El estratégico triunfo en el combate que duró 10 días, permitió a las fuerzas revolucionarias aprovechar los armamentos allí concentrados para continuar la ofensiva dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro en diferentes localidades como Jiguaní, Contramaestre, Palma Soriano y El Cobre, en su rumbo a Santiago de Cuba. Mientras desde el Segundo Frente Oriental, dirigido por el Comandante Raúl Castro, eran tomados importantes pueblos como Alto Songo, La Maya, El Cristo, Dos Caminos y San Luis. Se aprestaban para poner sitio a Santiago de Cuba. Aquel éxito inició los combates finales en la llanura oriental, y marcó la antesala del triunfo de la Revolución Cubana.

La acción fue ejecutada por fuerzas del Primer y Tercer Frentes del Ejército Rebelde, cuya Comandancia General radicó, desde el siete de ese mes, en La Rinconada. Se encontraron, por vez primera desde la despedida en plena Sierra Maestra en marzo de 1958, el Comandante en Jefe Fidel Castro, el comandante Raúl Castro, jefe del Segundo Frente Oriental "Frank País" y el comandante Juan Almeida, jefe del Tercer Frente Oriental "Mario Muñoz Monroy", precisaron detalles de la Operación Santiago.

Con la victoria obtenida en la Batalla de Guisa se hacía claramente evidente, para cualquiera que analizara la situación que tenía la provincia de Oriente, que se había producido algo más que una derrota en una batalla, sino que era un verdadero desmoronamiento del Ejército de aquella tiranía.

Toma de Jiguaní

Jiguaní fue liberado el 19 de diciembre en el combate de San José del Retiro. Tropas gubernamentales acantonadas en la ciudad salieron rumbo a Bayamo por un camino secundario, en aquella madrugada neblinosa, y fueron atacadas desde su retaguardia por insurgentes dirigidos, entre otros, por el comandante Guillermo García Frías.

Al declararse rendidos y luego reanudar los disparos, los tránsfugas mataron al capitán Ignacio Pérez Zamora, Juan Pérez Olivera (tenía 14 años), Reinaldo Grenot, Arael Montero, Rafael Rubio, Inocencio Black Word, Ciro Arias, Nelson Corría, Ramón Acuña, Lorenzo Fonseca y Lesme Pérez Alonso, este último fallecido el día 20.

Pérez Zamora figuró entre los primeros campesinos incorporados a la guerrilla, y como reconocimiento a sus méritos resultó ascendido póstumamente al grado de comandante.

Los cadáveres de los rebeldes fueron velados en Jiguaní; Fidel, Raúl, Celia Sánchez y otros dirigentes hicieron guardia de honor, y el Jefe del Segundo Frente Oriental despidió el duelo, era ya la madrugada del 20 de diciembre.

Así quedó liberado Jiguaní, que había sido tomado por fuerzas mambisas el 13 de octubre de 1868, y con el aval de haber aportado miles de soldados y oficiales a las guerras patrióticas de los siglos XIX y XX.

Toma de Palma Soriano

Era el 23 de diciembre de 1958. La Operación Santiago, para tomar la capital de la entonces provincia de Oriente, estaba en su momento cumbre; tropas de los tres frentes guerrilleros operaban a todo lo largo de la Carretera Central.

Entonces ordena tomar Palma Soriano, la ciudad más importante entre Bayamo y Santiago de Cuba. Ese día tropas dirigidas por el capitán Lino Carreras atacan la estación de la policía, y tratan de capturar una avioneta, después de aniquilar la patrulla enemiga.

El 25 todos los puntos importantes de la urbe son asaltados y el capitán Filiberto Olivera cruza el Río Cauto al frente de una columna guerrillera y entabla combate. Mientras, el comandante Guillermo García Frías trata de cumplir su encomienda, la más difícil de la acción: tomar el cuartel del ejército de la dictadura.

Durante dos jornadas se mantuvieron duros enfrentamientos y los rebeldes tienen que utilizar morteros de 60 y 81 milímetros para rendir las posiciones gubernamentales. El 27, luego de certeros morterazos y la inevitabilidad de la derrota, el comandante Sierra, jefe de la dotación, rinde sus armas. Como fruto del triunfo se ocupó un amplio arsenal, incluido armamento pesado, lo cual aumentó el poder de fuego rebelde. Importantes tropas quedaron fuera de combate y ya nada podía detener al ejército guerrillero.

Alocución de Fidel Castro desde Palma Soriano

En la mañana del 1ro.de enero de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro se hallaba en el batey del Central América, reunido con unos combatientes en la casa donde había pasado la noche, cuando supo de la huida del tirano Batista a Santo Domingo. De inmediato, sin perder un minuto redactó las declaraciones y salió a donde estaba la planta móvil, instalada a Radio Rebelde, que ya estaba instalada en Palma Soriano, se trasladó y leyó la Proclama.

Cantillo había solicitado una entrevista por la radio, cuando se le comunicó a Fidel; estando de acuerdo todos los presentes, Fidel reaccionó y expresó que Cantillo no existía en el cargo que decía ostentar, pues si él ordenaba que lo apresaran o cualquiera otra disposición, estaba reconociendo su presencia física. A Cantillo debían ignorarlo, no era el Jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército. Todo el poder era para la Revolución. Tomó el micrófono de Radio Rebelde y leyó la primera histórica alocución al pueblo santiaguero y a los jefes rebeldes, donde expresó que cualesquiera que sean las noticias procedentes de la capital, las tropas no deben hacer el alto al fuego por ningún concepto. Las fuerzas deben proseguir sus operaciones contra el enemigo en todos los frentes de batalla. Además que se aceptara sólo conceder parlamento a las guarniciones que deseen rendirse y que al parecer se había producido un golpe de estado en la capital teniendo el pueblo que estar muy alerta y atender sólo las instrucciones de la Comandancia General. Expresó que Revolución, sí; golpe militar, no, escamotearle al pueblo la victoria, no, porque sólo serviría para prolongar la guerra, que nadie se dejara confundir ni engañar. Estar alerta era la palabra de orden. Llamó al pueblo y muy especialmente a los trabajadores de toda la República a estar atentos a Radio Rebelde y prepararse urgentemente en todos los centros de trabajo para la huelga general, para iniciarla apenas se recibiera la orden, si fuese necesario, para contrarrestar cualquier intento de golpe contrarrevolucionario. Hizo un llamado para que más unidos y más firmes que nunca estuvieran el pueblo y el Ejército Rebelde para no dejarse arrebatar la victoria que había costado tanta sangre.

Fidel redactó su segunda alocución. En breves momentos tomó de nuevo los micrófonos y leyó una proclama en la que convocaba al pueblo a la huelga general revolucionaria. Instruyó a las columnas que estaban en las afueras de Santiago de Cuba para que ocuparan sus posiciones y estuvieran alertas a la orden de ataque. Por las ondas de Radio Rebelde hizo contacto con los comandantes Camilo y Che, que estaban en Las Villas en puntos distantes entre sí. Ordenó al primero partir de inmediato hacia La Habana con las fuerzas de que disponía, sin debilitar el frente, y ocupar el Campamento de Columbia.

A Che Guevara le dio la misión de ir hacia La Habana y hacerse cargo de la fortaleza de La Cabaña, a lo que este respondió:

"Comandante, sus órdenes serán cumplidas".

La comunicación quedó interrumpida. Cuando se restableció, le informaron a Fidel que el Che ya no estaba en la radioemisora.

Antes de partir de Palma Soriano rumbo a Santiago de Cuba, Fidel dejó las siguientes instrucciones:

"Radio Rebelde continuará en cadena con la CMKC de Santiago de Cuba y radioemisoras nacionales y de aficionados, para mantener al pueblo verazmente informado y evitar que sea confundido con falsas noticias".

Rendición de la plaza de Santiago de Cuba

Fidel había sostenido conversaciones el día 28 con el general Eulogio Cantillo, para un levantamiento que contribuyera a darle el golpe final al régimen.

Un movimiento coordinado de militares, rebeldes y pueblo se produciría el 31 en Santiago de Cuba, luego de un llamamiento desde el Moncada, convocando a las restantes guarniciones del país a secundar el alzamiento.

Pero Cantillo era una de las piezas del embajador norteamericano Earl T. Smith para frustrar el triunfo revolucionario. En combinación con Batista y otros personeros viola lo acordado, y está entre quienes pretenden instaurar un gobierno provisional.

Descubierta la traición, Fidel se entrevista en El Escandel con el Coronel Rego Rubido, jefe de la plaza militar, para definir los términos de la rendición de la ciudad. Es en estas circunstancias, cuando en la madrugada del primero de enero el dictador huye y deja un gobierno fantasma.

"Esta vez los mambises entrarán en Santiago de Cuba", señala. En un ultimátum a Rego Rubido lo conmina a rendirse, y advierte que si no lo ha hecho a las seis de la tarde del 31, los rebeldes avanzarían y tomarían cada posición enemiga a sangre y fuego.

Entrada a Santiago de Cuba

El operativo final de la estratégica Operación Santiago, destinada a derrotar la tiranía batistiana en Oriente, estaba en marcha. La capital de la entonces provincia oriental y segunda ciudad en importancia en Cuba estaba aislada, sólo por aire y mar tenía algún tipo de comunicación, el Ejército Rebelde cercaba en un férreo anillo a la urbe.

Cuba estaban copados más de cinco mil soldados batistianos. El Cuartel Moncada era, un bastión, pues en todos los accesos y entradas tenían un fuerte dispositivo defensivo. Pretendían tomar la plaza mil 200 combatientes rebeldes, quienes serían apoyados por la población, que con las milicias del Movimiento 26 de Julio al frente se alzarían en armas. Había cuatro soldados por cada guerrillero, la correlación más favorable a las fuerzas revolucionarias en los 761 días de guerra.

Pertrechados con las armas arrebatadas al enemigo todavía su poder de fuego era inferior al de sus contrarios. El heroísmo, una estrategia de guerra irregular, de arte militar basado en las enseñanzas mambisas y las experiencias adquiridas en los 25 meses en las montañas, eran los factores con que contaban, combinados de manera inteligente con la lucha política, la moral, la justeza de las ideas. La ciudad estaba en pie de guerra, la moral de la soldadesca por el piso. Por la tarde Raúl entra sin combatir al Moncada, rompe el retrato del dictador delante de los oficiales, les habla a los soldados en el polígono del cuartel, y se produce la rendición.

Fidel marcha hacia la indómita ciudad y por la noche, en medio de un júbilo extraordinario baja las lomas del Escandel, se confundían los uniformes verde olivo, con los kakis amarillos, oficiales del Ejército, con el brazalete rojo y negro del 26 de Julio daban vivas a la Revolución y en medio de gran expectación, el Coronel Rego Rubido rinde la Plaza.

Se trasladaron al Ayuntamiento. Dentro del edificio se movían miembros del Ejército Rebelde y del ejército derrotado. Estos últimos vestían relucientes uniformes, que contrastaban con la raída vestimenta de los revolucionarios. Hubo preocupación de que pudiera ocurrir un derrumbe y se dio la orden estricta de no dejar pasar a nadie; además, había que convencer a muchos de los que allí se encontraban para que abandonaran el local.

Durante los preparativos para el acto alguien llevó un modelo del juramento de rigor, que terminaba con la frase: "Así Dios me ayude". Nadie había señalado suprimirla del texto, con excepción de Urrutia, que propuso eliminarla. Esto motivó una amplia discusión, por la trascendencia política que podría acarrear entre los religiosos. Finalmente, ante la insistencia del nuevo Presidente, se suprimió esa frase del juramento.

Se dispuso que en el acto ondearan las banderas de los países americanos, incluida la de Puerto Rico. Todas habían sido traídas -junto con las armas- en la expedición aérea procedente de Venezuela, para el acto de toma de posesión del Presidente de la República.

El 1ro. de enero, muy tarde en la noche, la radio convocó a los santiagueros para que se congregaran en el Parque Céspedes. Al acto asistieron miles de personas que se ubicaron frente al edificio del Ayuntamiento, con el propósito de escuchar las palabras orientadoras del doctor Fidel Castro.

Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba fue el primero en hacer uso de la palabra, transmitiendo un mensaje de paz y conciliación. A continuación, el comandante Raúl Castro Ruz se dirigió al pueblo. Intervinieron también: José Pellón Jaén, en nombre de los trabajadores; Omar Fernández Cañizares, por los estudiantes; Leyila Sarabia Rodríguez, por las mujeres cubanas y Francisco Ibarra Martínez por los maestros y clases vivas de la ciudad, entre otros.

Fidel, en su condición de Comandante en Jefe del Ejército Rebelde y líder máximo de la Revolución, se dirigió al pueblo para explicar la línea de conducta política y de orden a seguir, consciente de su responsabilidad personal en los acontecimientos inmediatos.

En medio de aplausos, desde los balcones del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, se refirió a lo duro y largo que resultó el camino, pero que habían llegado. Además que se decía que ese día se les esperaba a las dos de la tarde en la capital de la República; y que el primer extrañado era él, porque era uno de los primeros sorprendidos con ese golpe traidor y amañado de esa mañana en la capital. Expresó que cuando se decidía que Santiago de Cuba sería la Capital Provisional de la República, no se trataba de halagar demagógicamente a una localidad determinada; sino, sencillamente, de que Santiago había sido el baluarte más firme de la Revolución. Manifestó que la Revolución empezaba en esos momentos, y que no sería una tarea fácil, sino una empresa dura y llena de peligros, sobre todo en la etapa inicial.

Más adelante explicó la traición del general Cantillo y la frustración del golpe militar que habían intentado dar en La Habana y que si había golpe militar a espaldas del pueblo, la Revolución seguiría adelante. Planteó que en esa ocasión la Revolución no se frustraría, por fortuna para Cuba, ella había triunfado. No sería como en 1895, cuando los americanos no dejaron entrar a Calixto García en aquella histórica ciudad; ni como en 1933, cuando Batista traicionó, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años. Tampoco sería como en 1944, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder y los que llegaron al poder fueron los ladrones.

Manifestó que esa noche el doctor Manuel Urrutia Lleó tomaba posesión de la presidencia provisional de la República y expresó que, a diferencia de otras oportunidades: El poder no ha sido fruto de la política, ha sido fruto del sacrificio de cientos y de miles de compañeros. No hay otro compromiso que con el pueblo, y con la nación cubana.

Fidel afirmó su seguridad de que tan pronto tomara posesión y asumiera el mando el Presidente de la República, decretaría el restablecimiento de las garantías y la absoluta libertad de prensa y todos los derechos individuales del país y que no todos los problemas se iban a resolver fácilmente, porque el camino estaba plagado de obstáculos; pero que ellos eran hombres de fe, enfrentados siempre a las grandes dificultades. Apuntó que el pueblo de una cosa podría estar seguro, y es que se podían equivocar una y muchas veces; y lo único que no podrían decir jamás, es que robaron, que timaron, que hicieron negocios sucios, que traicionaron el Movimiento.

Fuentes

  • Pevida Pupo, Manuel. Colección 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución. Santiago de Cuba. Diciembre 2008
  • Tasé Avilés, Maria del Carmen. Multimedia 50 Aniversario. Asociación de Pedagogos. Santiago de Cuba. 2010.
  • Revista Caliban

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