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Albert Einstein

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Albert Einstein
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Albert Einstein, científico más importante del Siglo XX
Fecha de nacimiento14 de marzo de 1879
Lugar de nacimientoUlm, Bandera de Alemania Alemania
Fecha de fallecimiento18 de abril de 1955
Lugar de fallecimientoPrinceton, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
NacionalidadBandera de Alemania Alemania
Bandera de Suiza Suiza
Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
CampoFísica
Premios
destacados
Premio NobelPremio Nobel de Física 1921
Medalla Copley (1925)
Medalla Max Planck (1929)

Albert Einstein. Físico alemán, creador de la teoría de la relatividad y de otras varias teorías físicas que han conducido a nuevas representaciones sobre el espacio, el tiempo, el movimiento, la sustancia, la luz y la gravitación. En 1905, formuló la teoría del «movimiento browniano» es decir, del movimiento de pequeños cuerpos en suspenso en un líquido bajo el influjo de los impulsos dados por las moléculas. Dicha teoría constituía una demostración convincente de la realidad de las moléculas y sus movimientos. En ese mismo año, llegó Einstein a la representación de las partículas de la luz como cuantos de luz o fotones. También en 1905, Einstein publicó su primer trabajo sobre la teoría especial de la relatividad (teoría de la relatividad).[1]

En 1916, formuló las ideas de la teoría general de la relatividad. El terror fascista obligó a Einstein a abandonar Alemania —fijó su residencia en Princeton (Estados Unidos)—. En las décadas de 1930 y 1940, Einstein procuró crear una teoría del campo unificado, que revelara la naturaleza no sólo de los campos de gravitación, sino, además, de otros campos.[1]

Síntesis biográfica

Nació el 14 de marzo de 1879 en la ciudad alemana de Ulm, a unos cien kilómetros al este de Stuttgart, en el seno de una familia judía. Los padres eran Hermann Einstein y Pauline Koch. El padre trabajaba como vendedor, aunque posteriormente ingresó en la empresa electroquímica Hermann. Desde sus comienzos, demostró cierta dificultad para expresarse, por lo que aparentaba poseer algún retardo que le provocaría algunos problemas.

Al contrario que la hermana menor, Maya, que era más vivaracha y alegre, Albert era paciente y metódico y no gustaba de exhibirse. Solía evitar la compañía de otros infantes de su edad y a pesar de que como niños, también tenían de vez en cuando sus diferencias, únicamente admitía a la hermana en las soledades. Cursó estudios primarios en una escuela católica; un período difícil que sobrellevaría gracias a las clases de violín que le daría la madre, (instrumento que le apasionaba y que continuó tocando durante toda la vida) y a la introducción al álgebra que le descubriría el tío Jacob.

Einsten a los 14 años de edad
Su tío, Jacob Einstein, un hombre con gran incentiva e ideas, convenció al padre de Albert para que construyese una casa con un taller, en donde llevarían a cabo nuevos proyectos y experimentos tecnológicos de la época a modo de obtener unos beneficios, pero, debido a que los aparatos y artilugios que afinaban y fabricaban eran productos para el futuro, en el presente carecían de compradores y el negoció fracasó.

Creció motivado entre las investigaciones que se llevaban a cabo en el taller y todos los aparatos que allí había. Además, el tío incentivó las inquietudes científicas que tenía, proporcionándole libros de ciencia. Según relata el propio Einstein en su autobiografía, de la lectura de estos libros de divulgación científica nacería un constante cuestionamiento de las afirmaciones de la religión; un libre pensamiento decidido que fue asociado a otras formas de rechazo hacia el Estado y la autoridad. Un escepticismo poco común en aquella época, a decir del propio Einstein.

El paso por el Gymnasium (instituto de bachillerato), no fue muy gratificante: la rigidez y la disciplina militar de los institutos de secundaria de la época de Bismarck le granjearon no pocas polémicas con los profesores: «tu sola presencia mina el respeto que me debe la clase», le dijo uno de ellos en una ocasión. Otro le dijo que «nunca llegaría a nada».

El colegio no lo motivaba, y aunque era excelente en matemáticas y física, no se interesaba por las demás asignaturas. A los 15 años, sin tutor ni guía, emprendió el estudio del cálculo infinitesimal. La idea, claramente infundada, de que era un mal estudiante proviene de los primeros biógrafos que escribieron sobre Einstein, que confundieron el sistema de calificación escolar de Suiza con el alemán (un seis en Suiza era la mejor calificación).

En 1894 la compañía Hermann sufría importantes dificultades económicas y los Einstein se mudaron de Múnich a Pavía en Italia cerca de Milán. Albert permaneció en Múnich para terminar sus cursos antes de reunirse con su familia en Pavía, pero la separación duró poco tiempo: antes de obtener su título de bachiller decidió abandonar el Gymnasium.

Entonces, la familia Einstein intentó matricular a Albert en el Instituto Politécnico de Zúrich (Eidgenössische Technische Hochschule) pero, al no tener el título de bachiller, tuvo que presentarse a una prueba de acceso que suspendió a causa de una calificación deficiente en una asignatura de letras. Esto supuso que fuera rechazado inicialmente, pero el director del centro, impresionado por sus resultados en ciencias, le aconsejó que continuara sus estudios de bachiller y que obtuviera el título que le daría acceso directo al Politécnico.

Su familia le envió a Aarau para terminar sus estudios secundarios y Einstein obtuvo el título de bachiller alemán en 1896, a la edad de 16 años. Ese mismo año renunció a su ciudadanía alemana e inició los trámites para convertirse en ciudadano suizo. Poco después el joven Einstein ingresó en el Instituto Politécnico de Zúrich, matriculándose en la Escuela de orientación matemática y científica, con la idea de estudiar física.

Durante los años en la políticamente vibrante Zúrich, descubrió la obra de diversos filósofos: Marx, Engels, Hume, Kant, Ernst Mach y Spinoza. También tomó contacto con el movimiento socialista a través de Friedich Adler y con cierto pensamiento inconformista y revolucionario en el que mucho tuvo que ver su amigo Michele Besso. En 1898 conoció a Mileva Maric, una compañera de clase serbia, también amiga de Nikola Tesla, de talante feminista y radical, de la que se enamoró.

En 1900 Albert y Mileva se graduaron en el Politécnico de Zürich y en 1901 consiguió la ciudadanía suiza. Durante este período discutía sus ideas científicas con un grupo de amigos cercanos, incluyendo a Mileva, con la cual tuvo una hija en enero de 1902, llamada Liserl. El 6 de enero de 1903 la pareja se casó.

Juventud

Se graduó en 1900, obteniendo el diploma de profesor de matemáticas y de Física, pero no pudo encontrar trabajo en la Universidad, por lo que ejerció como tutor en Winterthur, Schaffhausen y en Berna. El padre del compañero de clase, Marcel Grossmann, le ayudó a encontrar un empleo fijo en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, una oficina de patentes, donde trabajó de 1902 a 1909. La personalidad que poesía le causó también problemas con el director de la Oficina, quien le enseñó a "expresarse correctamente".

En esta época, Einstein se refería con amor a su mujer Mileva como «una persona que es mi igual y tan fuerte e independiente como yo». Abram Joffe, en la biografía de Einstein, argumenta que durante este período fue ayudado en las investigaciones por Mileva. Esto se contradice con otros biógrafos como Ronald W. Clark, quien afirma que Einstein y Mileva llevaban una relación distante que le brindaba la soledad necesaria para concentrarse en su trabajo.

En Mayo de 1904, Einstein y Mileva tuvieron un hijo de nombre Hans y ese mismo año consiguió un trabajo permanente en la Oficina de Patentes. Poco después finalizó su doctorado presentando una tesis titulada Una nueva determinación de las dimensiones moleculares, consistente en un trabajo de 17 folios que surgió de una conversación mantenida con Michele Besso, mientras se tomaban una taza de té; al azucarar Einstein el suyo, le preguntó a Besso: «¿Crees que el cálculo de las dimensiones de las moléculas de azúcar podría ser una buena tesis de doctorado?».

En 1905 redactó varios trabajos fundamentales sobre la física de pequeña y gran escala. En el primero de ellos explicaba el movimiento browniano, en el segundo el efecto fotoeléctrico y los dos restantes desarrollaban la relatividad especial y la equivalencia masa-energía. El primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zúrich en 1906, y su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico, le haría merecedor del Premio Nobel de Física en 1921, por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación sobre el efecto fotoeléctrico. Estos artículos fueron enviados a la revista Annalen der Physik y son conocidos generalmente como los artículos del Annus Mirabilis (año extraordinario).

Madurez

Albert Einstein en 1921
En 1908 fue contratado en la Universidad de Berna, Suiza, como profesor y conferenciante (Privatdozent). Einstein y Mileva tuvieron un nuevo hijo, Eduard, nacido el 28 de julio de 1910. Poco después la familia se mudó a Praga, donde Einstein obtuvo la plaza de Professor de física teórica, el equivalente a Catedrático, en la Universidad Alemana de Praga. En esta época trabajó estrechamente con Marcel Grossmann y Otto Stern. También comenzó a llamar al tiempo matemático cuarta dimensión.

En 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial, fue elegido miembro de la Academia Prusiana de Ciencias. Estableció su residencia en Berlín, donde permaneció durante diecisiete años. El emperador Guillermo, le invitó a dirigir la sección de Física del Instituto de Física Káiser Wilhelm.

El 14 de febrero de 1919 se divorció de Mileva y algunos meses después, el 2 de junio de 1919 se casó con una prima suya, Elsa Loewenthal, cuyo apellido de soltera era Einstein: Loewenthal era el apellido de su primer marido, Max Loewenthal. Elsa era tres años mayor que él y le había estado cuidando tras sufrir un fuerte estado de agotamiento. Einstein y Elsa no tuvieron hijos. El destino de la hija de Albert y Mileva, Lieserl, nacida antes de que sus padres se casaran o encontraran trabajo, es desconocido. De sus dos hijos, el primero, Hans Albert, se mudó a California, donde llegó a ser profesor universitario, aunque con poca interacción con su padre; el segundo, Eduard, sufría esquizofrenia y fue internado en una institución para tratamiento de las enfermedades mentales.

En los años 1920, en Berlín, la fama de Einstein despertaba acaloradas discusiones. En los diarios conservadores se podían leer editoriales que atacaban a su teoría. Se convocaban conferencias-espectáculo tratando de argumentar lo disparatada que resultaba la teoría especial de la relatividad. Incluso se le atacaba, en forma velada, no abiertamente, en su condición de judío. En el resto del mundo, la Teoría de la relatividad era apasionadamente debatida en conferencias populares y textos.

Ante el ascenso del nazismo, (Adolf Hitler llegó al poder en enero de 1933), por lo que decidió abandonar Alemania en diciembre de 1932 y marchar con destino hacia Estados Unidos, país donde impartió docencia en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, agregando a su nacionalidad suiza la estadounidense en 1940.

En Alemania, las expresiones de odio a los judíos alcanzaron niveles muy elevados. Varios físicos de ideología nazi, algunos tan notables como los premios Nobel de Física Johannes Stark y Philipp Lenard, intentaron desacreditar sus teorías. Otros físicos que enseñaban la Teoría de la relatividad, como Werner Heisenberg, fueron vetados en sus intentos de acceder a puestos docentes.

Einstein, en 1939 decide ejercer su influencia participando en cuestiones políticas que afectan al mundo. Redacta la célebre carta a Roosevelt, para promover el Proyecto atómico e impedir que los «enemigos de la humanidad» lo hicieran antes: «puesto que dada la mentalidad de los nazis, habrían consumado la destrucción y la esclavitud del resto del mundo.» Durante sus últimos años, Einstein trabajó por integrar en una misma teoría las cuatro Fuerzas Fundamentales, tarea aún inconclusa.

Aportes

Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zurich, y los cuatro restantes acabaron por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De éstos, el primero proporcionaba una explicación teórica, en términos estadísticos, del movimiento browniano, y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones; los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m, en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.

En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza sino un campo creado por la presencia de una masa en el continuum espacio–tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo presentó como el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche de violín bajo el brazo.

Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares. Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó infructuosa y acabó por acarrearle el extrañamiento respeto del resto de la comunidad científica.

En 1921 recibió el Premio Nobel de Física por su teoría sobre el efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la física teórica, y no por la Teoría de la Relatividad, pues el científico a quien se encomendó la tarea de evaluarla, no la entendió, y temieron correr el riesgo de que se demostrara errónea posteriormente. En esa época era aún considerada un tanto controvertida por parte de muchos científicos.

En 1932 abandonó la Academia de Prusia y se enfrentó valerosamente a Hitler. Iniciada la persecución nazi contra los judíos, marchó a América y enseñó en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton (Nueva Jersey).

En 1945 se retiró a la vida privada, a pesar de lo cual prosiguió intensamente su actividad científica.

En su primera formulación (teoría de la relatividad restringida) extendió a los fenómenos ópticos y electromagnéticos el principio de relatividad galileo–newtoniano, anteriormente limitado sólo al campo de la Mecánica, y afirmó la validez de las leyes de esta última tanto respecto de un sistema galileano de referencia K, como en relación con otro de referencia K' en movimiento rectilíneo y uniforme respecto de K.

Según las teorías de Einstein, la ley de la propagación de la luz en el vacío debe tener, como cualquier otra general de la naturaleza, la misma expresión ya referida, por ejemplo, a una garita ferroviaria o a un vagón de tren en movimiento rectilíneo y uniforme en relación con ésta; dicho en otros términos, la velocidad de la luz no se ajusta a la de los sistemas de referencia que se mueven en línea recta y de manera uniforme respecto del movimiento de la misma luz. En realidad, el experimento de Michelson-Morley, mil veces repetido y comprobado a partir de 1881, había demostrado la diferencia existente entre la velocidad de la luz y la de la Tierra.

Efecto fotoeléctrico

En 1905 Albert Einstein propuso una descripción matemática de este fenómeno que parecía funcionar correctamente y en la que la emisión de electrones era producida por la absorción de cuantos de luz que más tarde serían llamados fotones.

En un artículo titulado Un punto de vista heurístico sobre la producción y transformación de la luz mostró como la idea de partículas discretas de luz podía explicar el efecto fotoeléctrico y la presencia de una frecuencia característica para cada material por debajo de la cual no se producía ningún efecto.

El trabajo de Einstein predecía que la energía con la que los electrones escapaban del material aumentaba linealmente con la frecuencia de la luz incidente. Sorprendentemente este aspecto no había sido observado en experiencias anteriores sobre el efecto fotoeléctrico. La demostración experimental de este aspecto fue llevada a cabo en 1915 por el físico estadounidense Robert Andrews Millikan.

La relatividad restringida

La relatividad restringida ofrece la razón de tal hecho, antes inexplicable. A su vez, la invariabilidad de la velocidad de la luz lleva a la introducción, en Física, de las transformaciones de Lorentz, según las cuales la distancia temporal entre dos acontecimientos y la que separa dos puntos de un cuerpo rígido se hallan en función del movimiento del sistema de referencia, y por ello resultan distintas para K y K'. Ello nos libra, en la formulación de las leyes ópticas y electromagnéticas, de la relación con el hipotético sistema fijo "absoluto", rompecabezas metafísico de la Física clásica, puesto que tales leyes, como aparecen formuladas en la relatividad restringida, valen para K e igualmente para K', lo mismo que las de la Mecánica.

Teoría del campo unitario

Durante los últimos años de su existencia, Einstein fijó los fundamentos de una tercera teoría, la del "campo unitario", que unifica en un solo sistema tanto las ecuaciones del ámbito electromagnético como las del campo de la gravitación.

En el año 1950, expuso su Teoría de campo unificada en un artículo titulado Sobre la teoría generalizada de la gravitación(On the Generalized Theory of Gravitation) en la famosa revista Scientific American.

Aunque Albert Einstein fue mundialmente célebre por sus trabajos en física teórica, paulatinamente fue aislándose en su investigación, y sus intentos no tuvieron éxito.

Persiguiendo la unificación de las fuerzas fundamentales, Albert ignoró algunos importantes desarrollos en la física, siendo notablemente visible en el tema de las fuerzas nucleares fuertes y nucleares débiles, las cuales no se entendieron bien sino después de quince años de la muerte de Einstein (cerca del año 1970) mediante numerosos experimentos en física de altas energías. Los intentos propuestos por la Teoría de cuerdas o la Teoría M, muestran que aún perdura su ímpetu de alcanzar demostrar la gran teoría de la unificación de las leyes de la física.

El desarrollo ulterior de esta teoría, dejada por el sabio como herencia, permitirá seguramente la obtención —según observa Infeld, discípulo de Einstein— no sólo de las ecuaciones de ambos campos, sino también de las correspondientes a la teoría de los quanta.

Einstein y la educación

Aunque en su juventud aspiraba a ser profesor de física y matemáticas, cuando lo consiguió no mostró demasiado entusiasmo por las aulas, prefirió trabajar con pocos alumnos y a ser posible sin un horario determinado. Fue, por tanto, un profesor desigual, más apreciado en el trato directo con los alumnos que por las clases numerosas, pero tampoco le dieron la dirección de ninguna tesis doctoral, como sería de esperar en quien prefería trabajar con grupos reducidos.

En una carta a una joven, quejosa del trato que recibía de sus profesores, Einstein le recuerda haber recibido un trato similar:

"me detestaban por mi independencia y me excluían cuando querían ayudantes".

Lo que corrobora su inadaptación a la enseñanza reglada, al menos la practicada en las escuelas prusianas durante la niñez y juventud. Y más adelante le escribe:

"Por otra parte, he venido a Princeton sólo a investigar, no a enseñar. Hay demasiada educación formal, sobre todo en los centros norteamericanos"
. No obstante tenía en alto aprecio a quienes se sentían con vocación para la enseñanza:
"la enseñanza ha sido siempre el medio más importante de transmitir el tesoro de la tradición de una generación a la siguiente...La continuidad y la salud de la humanidad depende, en consecuencia, en grado aún mayor que antes, de las instituciones de enseñanza".

Máxima que siempre enarboló como remedio a los males y desengaños de los que fue víctima o testigo a lo largo se su vida.

Valoraba la escuela no sólo como centro para adquirir conocimientos, pensaba que:

"deberían cultivarse en los individuos jóvenes cualidades y aptitudes valiosas para el bien común".

Anteponía la formación personal y ciudadana al mero aprendizaje, pero el método para incidir en el desarrollo de la personalidad no debía ser, en su opinión, la transmisión verbal.

"Las grandes personalidades no se forman con lo que se oye y se dice, sino con el trabajo y la actividad...con la realización de tareas concretas", tareas a realizar con libertad, sin miedos ni coacciones para fomentar "esa curiosidad divina que todo niño posee, pero que tan a menudo se debilita prematuramente".

Sobre la formación científica de la juventud, opinaba:

«"La mente de un joven no debe atiborrarse de datos, nombres y fórmulas: cosas todas que puede encontrar en los libros, sin necesidad de seguir ningún curso universitario. Los años de estudio deben emplearse únicamente para enseñar a pensar al joven, para darle un entrenamiento que ningún manual puede sustituir. Es un verdadero milagro que la pedagogía moderna no haya llegado a ahogar completamente la santa curiosidad de la búsqueda. Creo que se podría, incluso, hacer desaparecer la voracidad de una fiera salvaje sana, a base de obligarla, bajo la amenaza del látigo, a comer constantemente aunque no tuviera hambre y, sobre todo, eligiendo de forma apropiada el alimento que le forzaría a tragar"».

Einstein y la literatura

Habicht, Solovine y Einstein, agrupados como "Academia Olimpia" en Berna
Una de las tareas que se impusieron Habicht, Solovine y Einstein, en su juventud, al agruparse como "Academia Olimpia" en Berna fue leer y hacer comentarios literarios. Sus lecturas favoritas fueron los clásicos, entre ellos Sófocles, Racine y Cervantes. En un escrito fechado en 1952, Einstein escribe a propósito de la literatura clásica:
Una persona que lee sólo periódicos y como mucho libros de autores contemporáneos, dice que soy como un miope que se burlase de las gafas. Él depende por completo de los prejuicios y modas de su época, puesto que nunca llega a ver ni oír otra cosa. Y lo que una persona piensa por su cuenta, sin el estímulo de los pensamientos y experiencias de los otros es, aun en el mejor de los casos, bastante mezquino y monótono.
Sólo hay unas cuantas personas ilustradas con una mente lúcida y un buen estilo en cada siglo. Lo que ha quedado de su obra es uno de los tesoros más preciado de la humanidad. A unos cuantos escritores de la antigüedad debemos el que las gentes de la Edad Media se libraran poco a poco de las supersticiones y de la ignorancia que habían ensombrecido la vida durante más de cinco siglos. No hay nada mejor para superar la presuntuosidad modernista.

De la literatura contemporánea, Einstein se sintió seducido por las concepciones del mundo de H. G. Wells y Bernard Shaw. En una conferencia sobre La comunidad judía pronunciada en el Hotel Savoy de Londres en 1934, a la que asistían aquellos escritores, dirigiéndose a Shaw, a quien califica como médico del alma por los principios morales contenidos en sus obras, dice: '

«"Usted, señor Shaw, se ha ganado la admiración y el afecto de los hombres tomando un camino imposible de seguir para muchos. No sólo ha predicado la moral a la humanidad, se ha burlado de tantas cosas que parecían intocables. Lo que usted ha hecho sólo puede hacerlo un artista. Gracias a ello ha conseguido librar a la existencia de un poco de su pesadez."»

El propio Einstein fue a la vez motivo literario para algunos escritores. Durante su estancia como profesor en Praga conoció al escritor Max Brod, amigo, biógrafo y editor de Franz Kafka, que en su novela La redención de Tycho Brahe (1916), el personaje que representa a Kepler está inspirado en Albert Einstein. Semblanzas de él escribieron otros autores, entre los que se cuentan los españoles Juan Ramón Jiménez, Ramiro de Maeztu, Pedro Salinas, Ortega y Gasset, Jorge Guillén, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, y otros más.

En la comedia negra Los físicos, escrita por Friedrich Dürrenmatt en 1962, Einstein comparte protagonismo con Newton, nombres adoptados por enfermos recluidos en un manicomio, en el que se refugia huyendo de sus propios horrores el protagonista de la obra, un físico nuclear, Möbius, descubridor de la fórmula para la fabricación de la bomba atómica.

Así como Albert Einstein fue lector selecto y motivo literario, su obra, junto con la de Planck y quienes hicieron posibles las revoluciones relativista y cuántica del siglo XX, es considerada por algunos estudiosos de los movimientos culturales como notablemente influyente en la literatura y en las artes plásticas, que en el primer tercio de ese siglo se abrieron a formas tan revolucionarias como las producidas en la física.

En autores como William Carlos Williams, Archibald MacLeish, Virginia Woolf, Vladimir Nabokov, Lawrence Durrell, William Faulkner y James Joyce, por citar los más sobresalientes y contemporáneos de Einstein, encuentran un lenguaje inspirado en las nuevas concepciones científicas del mundo. Alan J. Friedman y Carol C. Donley se ocupan de estas influencias, en particular su repercusión en la literatura, en Einstein as Myth and Muse (1985). Gerald Holton en Einstein, historia y otras pasiones (Madrid, 1998) aboga por una mayor cautela a la hora de adjudicar tales influencias: "La tentadora tarea de encontrar la detallada culminación de los lazos causales ocultos que relacionan las obras capitales y el espíritu de la época queda para futuros investigadores".

Einstein y la filosofía

Einstein consideraba que su actividad científica formaba parte de las contribuciones filosóficas habidas a lo largo de la historia para entender los misterios de la naturaleza. En el libro escrito junto con su ayudante Leopold Infeld La Física, aventura del pensamiento (Buenos Aires, 1939), a propósito de la reciprocidad entre física y filosofía, en el apartado "El fondo filosófico", escriben:

«"Los resultados de las investigaciones científicas determinan a menudo profundos cambios en la concepción filosófica de problemas cuya amplitud escapa al dominio restringido de la ciencia. ¿Cuál es el objeto de la ciencia? ¿Qué requisitos debe cumplir una teoría que pretende describir la naturaleza? Estas cuestiones, aun cuando exceden los límites de la física, están íntimamente relacionadas con ella, ya que tienen su origen en la ciencia. Las generalizaciones filosófica deben basarse sobre las conclusiones científicas. Pero, establecidas y aceptadas aquéllas ampliamente, influyen a su vez en el desarrollo ulterior del pensamiento científico, indicando uno de los múltiples caminos a seguir. Una rebelión afortunada contra lo aceptado da como consecuencia, generalmente, inesperados progresos que traen aparejadas nuevas concepciones filosóficas. Estas observaciones parecerán vagas e insustanciales mientras no estén ilustradas por ejemplos de la historia de la física."»

Sin embargo, la actitud de Einstein ante el conocimiento fue peculiar como todo en su vida, es decir no exento de contradicciones. Si bien en los comienzos de su carrera estuvo influido por filósofos positivistas como Ernst Mach y el matemático Poincaré, en sus años de madurez se apartó del positivismo, incluso llegó a calificar a Mach como "un mal filósofo", convencido cada vez más de que la formulación de las teorías científicas no tenían por qué estar asociadas con la experiencia de la observación. De su encuentro con Einstein, Karl Popper llega a esta conclusión: "Es nuestra inventiva, nuestra imaginación, nuestro intelecto y especialmente el uso de nuestras facultades críticas para discutir y comparar nuestras teorías lo que hace posible que se desarrolle nuestro conocimiento". Lo que Einstein solía resumir en pocas palabras: "Aquí no hay objetivo alguno, sino sólo la ocasión de entregarse a la agradable tarea de pensar". Así relata Popper la impresión personal que le produjo Einstein: «"Es difícil transmitir la impresión que la personalidad de Einstein hizo sobre mí y sobre mi esposa. Simplemente había que confiar en él, había que entregarse sin condiciones a su amabilidad, a su bondad, a su sabiduría, a su sinceridad y a una sencillez casi infantil. Habla a favor de nuestro mundo y a favor de América que un hombre tan ajeno al mundo no sólo pudiera sobrevivir en él, sino que fuera apreciado y respetado."»

En relación con su forma de trabajar y comportarse, son ilustrativas las conversaciones con el hijo de Einstein, Hans Albert, y una nutrida representación de colaboradores de Einstein a lo largo de su vida, radiadas por la BBC en 1966, publicadas por G. J. Whitrow en Einstein: el hombre y su obra (México, 1961). Estas son algunas ideas extraídas de las respuestas de Banesh Hoffmann referidas al tiempo en que él y Leopold Infeld, trabajaron bajo la dirección de Einstein a partir de 1937, tras atreverse a presentarse al insigne científico para que les aconsejara algún tema de investigación: «"Yo tuve la fortuna de trabajar con Einstein. Cualquiera hubiera pensado en ello como una maravillosa oportunidad para ver cómo trabajaba su mente y aprender a convertirse uno mismo en un gran científico. Desgraciadamente, no se producen esas revelaciones. El genio no puede reducirse a una serie de reglas simples para que cada cual las siga.

Cuando llegábamos a un callejón sin salida...todos hacíamos una pausa y entonces Einstein se ponía de pie tranquilamente y decía, en su curioso inglés: "I will a little think" ("Voy a pensar un poquito"). Diciendo esto se ponía a caminar para arriba y para abajo o en círculos, mientras jugaba con un mechón de su largo cabello cano, dándole vueltas con su dedo índice. En esos momentos altamente dramáticos, Infeld y yo nos quedábamos completamente callados, sin atrevernos a movernos ni hacer el menor sonido, para no interrumpir el curso de su pensamiento. Había en su rostro una mirada soñadora, lejana y, sin embargo, interiorizada. No daba ninguna apariencia de concentración intensa. Pasaba un minuto más y otro y, de repente, Einstein se relajaba visiblemente y su semblante se iluminaba con una sonrisa...parecía volver a la realidad y darse cuenta de nuestra presencia. Entonces nos daba la solución al problema y casi siempre la solución funcionaba."»

Einstein y el pacifismo

El rechazo de lo militar, le resultaban ridículos y grotescos los desfiles, llegando a renunciar a la nacionalidad alemana a los 17 años de edad con el propósito de no hacer el servicio militar, y la aversión a la carrera armamentista fueron una constante en la vida de Einstein manifiesta en sus escritos y en su adhesión a sociedades en pro de la paz. Su actitud se radicalizó cada vez más llamando a la objeción de conciencia de los pueblos para oponerse frontalmente a los gobiernos que optaban por la guerra como un forma de "conseguir la paz". Sin embargo, a raíz de la persecución y exterminio de que fue objeto el pueblo judío por el nazismo alemán ya no fue su mensaje tan claramente opuesto a la no participación en la guerra. Él mismo, con el fin de recaudar fondos para la causa aliada en la segunda guerra mundial, rescribió en 1939 a mano el artículo sobre relatividad de 1905 para subastarlo. Se pagaron por él 6 millones de dólares.

El fatal desenlace de la guerra, con el lanzamiento de sendas bombas atómicas, le hicieron revelarse de nuevo de forma radical contra la producción de armas, insistiendo una y otra vez en que la solución no estaba en tratados internacionales que en los momentos críticos nadie cumple ni en organismos de carácter mundial, de los que acabó dimitiendo, porque nunca entran en el fondo de los problemas.

La última acción pacifista de Albert Einstein fue su aceptación a encabezar el llamado Manifiesto Einstein-Russell en 1955. En el discurso de presentación del mismo en Londres, Russell cuenta cómo los primeros pasos fueron acordados entre él y Einstein. Cuando se recibió la carta de Einstein suscribiendo el manuscrito había muerto la semana antes. El llamamiento que hacen por la paz mundial queda resumido en el párrafo final del manifiesto: "En vista del hecho de que en cualquier futura guerra mundial serán sin duda utilizadas las armas nucleares, y que tales armas amenazan la continuidad de la existencia de la humanidad, urgimos a los gobiernos del mundo a reconocer, y manifestar públicamente, que sus propósitos no pueden conseguirse mediante una guerra mundial, y les urgimos, en consecuencia, a que encuentren medios pacíficos para resolver todos los motivos de disputa entre ellos."

Joseph Rotblat, que formó parte del equipo del proyecto Manhattan para la fabricación en Estados Unidos de la primera bomba atómica, aunque dimitió antes de concluirse la fabricación, acusado por ello de espía ruso, y el único aún vivo de los firmantes del manifiesto, cuenta en El Mundo (14 de abril de 2005) cómo se gestó el manifiesto desde Gran Bretaña por iniciativa de Russell y la colaboración de Rotblat. Querían contar con los científicos más prestigiosos; 11 fueron los firmantes, pero el más reconocido mundialmente era, sin duda, Einstein. Sobre él, escribe Rotblat: "Era un científico, pero también un realista, consciente de lo que ocurría en el mundo. Era casi lo contrario de lo que la gente piensa sobre los científicos: ausentes, inmersos en su trabajo e ingenuos. Era totalmente consciente y trataba de hacer algo. Le admiro no sólo como un gran hombre de ciencia, sino también como un gran ser humano. Creo que si estuviera vivo, continuaría trabajando en sus teorías, pero también trabajando por la paz."

El Manifiesto Einstein-Russell dio lugar a las conferencias Pugwash sobre ciencia y asuntos mundiales reconocidas en 1995 con el Premio Nobel de la Paz.

Obras

Entre las obras deben destacarse:

  • Las bases de la teoría general de la relatividad (1916).
  • Sobre la teoría especial y general de la relatividad (1920).
  • Geometría y experiencia|Geometría y experiencia (1921).
  • El significado de la relatividad (1945).

Frases

"Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas".
"Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber".
"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".
"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa".
"Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro".
"Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos".
"Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida".
"Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad".
"Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres".
"Al principio todos los pensamientos pertenecen al amor. Después, todo el amor pertenece a los pensamientos".

Véase también

Referencias

  1. 1,0 1,1 Rosental M. y P. Iudin. Diccionario Filosófico. Ediciones Universo, Argentina, 1973, p. 132-133.

Fuentes