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Historia de la música de concierto en Banes

Historia de la música de concierto en Banes
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Testro Hernández.JPG
El Teatro Hernández fue inaugurado en 1922
Lugar:Banes
Descripción:
Historiografía de la música de concierto en el municipio banense
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba

Historia de la música de concierto en Banes. Durante la etapa republicana, Banes llegó a alcanzar un desarrollo cultural significativo, muy superior incluso al de otras poblaciones más antiguas e importantes de la región oriental. Entre las principales conquistas de ese período sobresale la música de concierto, expresión que paradójicamente también es una de las menos estudiadas de su rico patrimonio sonoro.

El auge de este tipo de música en el municipio estuvo dado, entre otras razones determinantes, por su auge económico y las grandes oleadas migratorias que atrajo. Sabido es que, el 11 de agosto de 1896, el poblado de Banes fue incendiado por los mambises y que al concluir la guerra del 95 comenzó su recuperación con un impulso exterior decisivo: el establecimiento de la compañía United Fruit Company, empresa capitalista norteamericana que monopolizó casi totalmente el territorio. A partir de aquel momento se produjeron importantes transformaciones, pues la plantación bananera fue cediendo paso a la industria azucarera.[1]

Período de inicio y expansión (1905-1921)

Aunque Banes se constituye como municipio el 17 de enero de 1910, el despegue de su historia musical se situa en 1905, año en que Emilio Rodríguez funda la primera orquesta de la ciudad y junto a su esposa, hijos y otros familiares conformó un núcleo de particular trascendencia en el desarrollo de la música banense, fundamentalmente en la etapa republicana, sin dudas la de mayor trascendencia hasta ahora para la música de concierto, culta o académica como también es llamada.

La compañía yanqui mantuvo un trasiego constante de personal para cubrir sus necesidades laborales y esa presencia incidió en la vida de la localidad, pues esos inmigrantes legaron sus aportes en diferentes aspectos de la cultura material y espiritual. Ya para 1911, en un censo que realizó la U.F.Co, en Banes residía un número considerable de inmigrantes, entre ellos 195 españoles y 46 estadounidenses, además de otros muchos franceses, alemanes, italianos y, claro está, incontables cubanos que venían en busca de mejoras económicas para su familia.[2]

Entre los que llegaron se incluían numerosas personas de una amplia cultura musical, destacándose maestros muy influyentes en la gestación de academias, bandas, orquestas, coros e incluso un grupo de zarzuelas y otras instituciones decisivas en el ímpetu musical que muy pronto alcanzó la otrora llamada Villa de los Pinos. Nombres insoslayables de ese período fundacional que va de 1905 a 1921 son los de Emilio Rodríguez, Juana Pérez, Emmanuel Aleu, Manuel Torquemada, Jesús y Carlos Avilés, Leovigildo Gómez y el cura Rafael Font.

Cuando en 1908 se exhibió en Banes el filme El pescador de perlas, se le pidió a Emilio creara una pieza para amenizar su proyección, él compuso el vals homónimo. En 1911, con texto de Ricardo Varona, el Himno de Banes, joya que sobresale en su catálogo de más de 200 piezas musicales en el que mayorearon géneros típicos en las retretas pueblerinas: valses, pasodobles, danzas, habaneras y danzones. Muchas de ellas fueron incorporadas al repertorio de pianistas y agrupaciones musicales, especialmente las que él dirigiera en Banes y Antilla.

En toda Cuba los primeros años del siglo XX abrieron una etapa que se caracterizó por la necesidad de agruparse con vistas a fortalecerse y autorreconocerse cada grupo social en su lucha por subsistir, no sólo económica y socialmente sino culturalmente, como autodefensa de sus raíces y por tanto de su identidad. Banes fue uno de los enclaves urbanos más representativos en la región oriental en esta tendencia, pues se daba como en pocas poblaciones un amplio mosaico étnico y de clases sociales, por eso en ella florecieron muchas sociedades benéficas, instituciones culturales y sobre todo de instrucción y recreo. Esos centros, aunque se limitaban muchas veces a la clase social o la raza que la integraba, irradiaron cultura, pues en todas se realizaban bailes, tertulias, veladas y otras celebraciones. En muchas ocasiones se realizaban conciertos con valores locales, nacionales y extranjeros que recorrían el país, teniendo en lugar destacado el canto lírico, operístico o coral, además de la música de cámara y hasta la sinfónica.

Sin dudas las Sociedades de Instrucción y Recreo (S.I.R) que más estimularon la música de concierto fueron la Flor Crombet, la Colonia Española y el Club Banes; las mismas poseían piano, agrupaban valiosos músicos y sus integrantes generalmente eran miembros de la burguesía, poseían formación cultural y los recursos económicos necesarios para contratar importantes figuras y agrupaciones. La Crombet fue fundada en 1903 y en ella se agrupaban personas de la raza negra, casi todas amantes de esta música, particularmente socios músicos como Emilio Rodríguez y su familia, Jesús y Carlos Avilés y Leovigildo Gómez.

Padre Font, cura y músico relevante

La Colonia Española fue fundada en 1911 por inmigrantes españoles, y realizó una contribución no menos importante. A ella pertenecieron el padre Font, Nicolás Llorente, Emmanuel Aleu y Manuel Torquemada, los cuales dirigieron varios grupos de cámara y las Bandas 20 de Mayo y El Pequeño Ciudadano, la primera fundada en 1910 por el Ayuntamiento y la segunda en la década siguiente por la Asociación Benéfica de igual nombre. Los tres últimos junto a Juana Pérez, Leovigildo Gómez y el notable pianista y compositor santiaguero Pedro Pons, gran amigo de José Martí en Nueva York, fueron pilares de la enseñanza musical en esa década de 1910. Por su parte el Club Banes, el cual agrupaba la más rancia burguesía local, desde su apertura en 1918 patrocinó muchas de las más importantes presentaciones de grandes concertistas y agrupaciones, hasta inicios de la década de 1960 en que cerró sus puertas.

Otras de las instituciones fundamentales en el auge de la música de concierto en este período de despegue que va de 1905 a 1921, fueron la iglesia católica y el Teatro Heredia. Con la llegada en 1915 de Rafael Font, sacerdote pero también músico y compositor formado académicamente en los mejores conservatorios de España, la música sacra y de concierto alcanzó una considerable altura, pero lamentablemente nunca ha sido tenida en cuenta por los grandes estudiosos del tema en Cuba.

El cine-teatro Heredia comenzó sus actividades el 25 de septiembre de 1912 con el nombre de Teatro Cuesta, pues sus fundadores fueron los hermanos Ángel y Servando Cuesta. Más tarde, en 1913, pasó a llamarse Teatro Heredia, para rendir homenaje al ilustre intelectual cubano. Con anterioridad existieron otros salones o locales adaptados para presentaciones artísticas, como el abierto en 1910 por los hermanos Nieto en la avenida “Martí”, nombrado Teatro Venus, dedicado esencialmente a cine y en el que por muchos años las proyecciones eran amenizadas por pianistas y orquestas como las de Jesús Avilés y Emilio Rodríguez. Allí se presentaron también cantantes líricos, concertistas y grupos de cámara.

Para 1912 la población de la ciudad había aumentado considerablemente, elemento muy tomado en cuenta por los Cuesta para construir un verdadero teatro como el Heredia, el cual sí reunía condiciones para presentar compañías de óperas y zarzuelas La Sociale y la de Matilde Rueda, orquestas sinfónicas como la de Santiago de Cuba y, además de concertistas como los violinistas José Dumois Mitchell y Adolfo Agüero, tercetos, duetos y solistas líricos como Los Sibaritas, Ferri-Mar, Les Pichardini, Elpidio Sánchez Agramonte y Eugenio Marsillí, los cuales hacían las delicias de los banenses interpretando arias y fragmentos de óperas de Verdi, Mascagni o Leoncavallo.

Primera Banda Municipal en 1910

Como en casi todos las poblaciones de la isla, los parques de Banes también devinieron salas de conciertos una o dos veces a la semana con la realización de las retretas o conciertos públicos. En el mismo año de la constitución del Ayuntamiento, 1910, su primer Alcalde, Vicente Cárdenas y Suárez, firmó el decreto para constituir la Banda Municipal de Música 20 de Mayo, nombre que recibió en homenaje al aniversario de la constitución de la República, siendo su director en ese momento el español Nicolás Llorente. Esa agrupación, que nunca cobró por sus servicios, permaneció activa hasta 1915 y excepto cuatro banenses que había formado Emilio Rodríguez, los músicos que la integraban procedían de otros lugares. Además de las retretas en el parque Cárdenas, amenizaron desfiles y actos sociales en la ciudad y otras poblaciones como Sagua de Tánamo.

Ese período fundacional, de inicio o despegue de la música de concierto en Banes se cierra en 1921, año en que se funda el Grupo Artístico Banense (G.A.B) en la sede de la Colonia Española, institución que durante diez años satisfizo de forma ininterrumpida el gusto de su amplísima membresía por la zarzuela, el canto lírico y la música de concierto. Una conquista que, en el entorno provinciano de la región, puede catalogarse de proeza cultural y que no fue superada hasta la fundación del Teatro Lírico de Holguín tras el triunfo de la Revolución.

Tres décadas de esplendor (1921-1951)

Se puede afirmar rotundamente que al iniciarse el decenio de 1920, también comienza un período de particular esplendor para la música de concierto en Banes. El mismo se prolonga hasta inicios de los años 50 en que, por diversas razones, irrumpe una larga e implacable etapa de decadencia que, en cierta medida, se prolonga hasta la actualidad, pues pese a los esfuerzos nunca se ha vuelto a llegar a la riqueza y variedad de aquellas tres décadas republicanas.

El famoso Coro Parroquial de Banes en 1946

La intensa labor instituciones fundadas en años precedentes y otras nuevas, el oficio y la experiencia que fueron acumulando los músicos de bandas, orquestas y grupos de cámara, los cantores del coro parroquial, más el talento y la madurez profesional de personalidades como el cura Font, Carlos Avilés, Graziella de los Santos y Cheveto Alemany, entre otras fueron factores decisivos en los logros de esos años.

Banes se convirtió en una especie de capital de la música sacra de toda la región nororiental, pues al dejar de componer el maestro José María Ochoa, en estos predios nadie escribió misas, motetes, letanías o romanzas para la liturgia cristiana, o de cualquier otro credo religioso, como lo hizo ese venerable cura catalán que disponía de agrupaciones excelentes para dar a conocer sus obras. Algo similar se puede decir del teatro y el canto lírico, pues aunque en Holguín, las Tunas, Gibara y otras ciudades existieron grupos de calidad fueron efímeros y no llegaron a escenificar más que una o dos zarzuelas.

El rico y versátil quehacer durante la década de 1921 a 1931 del Grupo Artístico Banense, se puede decir que fue uno de los baluartes de la cultura en esta comunidad, pues esa institución no sólo calorizó el teatro dramático y musical, sino también la música de concierto, ya que organizaron recitales de canto lírico e intervinieron en incontables veladas, espectáculos e incluso programas de radio cuando este medio llega a Banes en 1938, porque aunque ya no existía el G.A.B sí varios de los cantantes y actores que formó.

Al iniciarse la década de 1920 se produjo el llamado período de las vacas gordas, producto de los elevados precios del azúcar en el mercado mundial, hecho que favoreció el desarrollo cultural de este municipio que poseía verdaderos colosos de esa industria En Banes esa prosperidad económica se hizo palpable en el fomento o renacer de diversas instituciones que con el cultivo de la música de concierto engrandecieron la espiritualidad y la vida social de sus habitantes.

El debut del G.A.B en 1921 fue un gran suceso, como también la reorganización al año siguiente de la Banda Municipal y el resurgir de verdaderas retretas, aquellas que si bien daban espacio a géneros típicos cubanos e incluso la música popular de moda, hacía énfasis en oberturas, arias de óperas y otras de la música culta europea. Lamentablemente tras la desintegración de la Banda 20 de Mayo en 1915, por la falta de apoyo económico del Ayuntamiento, esos conciertos públicos fueron asumidos por las orquestas típicas del municipio en los parques, limitando sus interpretaciones generalmente a los géneros populares, de ahí que fueran simples tocatas y no retretas o conciertos.

En 1922 esa adversidad no sólo fue superada, sino que el grupo formado por Font para acompañar las zarzuelas ofrece conciertos de música de cámara, formaron parte del mismo durante varios años José Alberto Alemany (Cheveto) en el atril del violín tercero, junto con Leovigildo Gómez en el violín primero, Jesús Avilés Vázquez, violín segundo y auxiliar, Carlos Avilés Vázquez en el piano, Jesús Avilés Urbino en el clarinete, José Agustín Mesa, cornetín, Leandro Álvarez, trombón y Vicente Martínez en el bombardino.

En la intensa vida musical que vivió Banes en este período jugaron un papel primordial las diversas academias de música que se fundaron en la ciudad, la mayoría dedicadas a la enseñanza del piano, teoría y solfeo, aunque también las hubo de violín, mandolina y canto. A las primeras de Juana Pérez y Leovigildo Gómez, adscriptas al Conservatorio Orbón y Falcón respectivamente, se fueron incorporando las de Limbana Menéndez, también del Falcón, María A. Simón del Conservatorio Nacional Húbert de Blanck, así como las de Teresa Pino del Conservatorio Lobo y al abrirse el Conservatorio Provincial de Oriente, en 1927, se incorporaron a este las academias de Faustina y Flor Castillo (antes del Orbón), así como la de Carlos Avilés Vázquez. Cada año esos conservatorios enviaban prestigiosos maestros a realizar exámenes, los banenses tuvieron la posibilidad de disfrutar de numerosas presentaciones de concertistas como Alberto Falcón, Benjamín Orbón y Dulce María Serret, por sólo mencionar tres de los más eminentes como músicos y directores de tres de los conservatorios de mayor prestigio.

Hernando Hernández, violinista que integró la Sinfónica de New York.

Todos los profesores de esas academias solían organizar frecuentemente veladas y funciones benéficas, entre los más destacados cultores de la música de concierto estuvo Carlos Avilés. El también notable pianista también nucleó a su alrededor valiosos cantantes y instrumentistas como la soprano Doris de Goya y el violinista Hernando Hernández, entre otros con los que desarrolló la música de concierto en este período. Avilés dirigió en sus mejores años la banda El Pequeño Ciudadano, fundada por la institución cultural homónima, la cual había abierto una academia nocturna para impartir clases a niños y jóvenes, quienes luego integraron una de las bandas infantiles de mayor calidad en toda la historia musical de la provincia holguinera. El fundador había sido Manuel Torquemada Véliz, pero al ser destituido por imponer una disciplina excesivamente severa, poco antes de su debut en 1923, ocuparon su lugar Jesús Avilés Urbino y su hijo Carlos Avilés Vázquez.

Jesús Avilés, un maestro de este formato que, entre otras bandas prestigiosas dirigió junto a Dositeo Aguilera la que acompañó a Antonio Maceo en la histórica invasión al occidente del país en la guerra de 1895, concluyó las lecciones a los aprendices de los instrumentos de viento-madera y Carlos a los de viento-metal. La misma debutó bajo la dirección de Carlos Avilés en el parque Domínguez en 1923 Posteriormente fue dirigida por Leovigildo Gómez Berrillo competente violinista, arreglista, compositor, profesor y director de orquestas y bandas, hasta la irrupción de la crisis de 1929. La misma interpretaba géneros musicales como valses, mazurkas, pasodobles, arias de óperas y oberturas constituyendo esas presentaciones un gran éxito en la ciudad y en otros lugares como Holguín y Antilla.

Se puede afirmar que esta y la Banda Municipal en esta etapa hicieron de Banes uno de los municipios más destacados de la región, pues ambas poseían excelente calidad y en ellas se formaron valiosos instrumentistas, directores de orquestas y bandas, además de arreglistas y compositores. Al frente de la Banda Municipal se solía ubicar a reconocidos músicos del territorio, aunque no pocas veces los más capaces eran relegados por otro que ante los ojos del partido gobernante reunía mayores méritos. Por ejemplo, Emilio Rodríguez- uno de los músicos más talentosos - nunca fue director de la Banda Municipal por no cumplir esos requisitos extramusicales.

Elementos reveladores de la calidad y la originalidad del quehacer de las bandas y agrupaciones de concierto de Banes, es que usualmente en el repertorio que interpretaban abundaban creaciones o arreglos de creadores locales como los ya mencionados maestros Emilio, Leovigildo y Font, lo cual le imprimía un sello de distinción y engrandeció un repertorio patrimonial auténticamente banense. En este período también las bandas locales u orquestas que hacían esta función, tuvieron la posibilidad de alternar con otras agrupaciones similares que visitaron la ciudad, entre ellas la Banda de la Marina que dirigía el maestro Armando Romeu Marrero, las Bandas Municipales de Palma Soriano, Holguín y Mayarí, así como la Banda Militar de Oriente.

Sin discusión un maestro que dejó una particular impronta en la historia de la banda y la música de concierto fue José Alberto Alemany (Cheveto) el que desde 1945 en que reorganizó la Banda Municipal y hasta su destitución por el batistato en 1952 desplegó una labor titánica, dotando a la misma de un variado y exquisito repertorio, además de laborar intensa y permanentemente por la formación de valiosos instrumentistas durante toda su vida. En el año 1948 Cheveto fundó la Academia Nocturna de Música ¨Perucho Figueredo¨, en la que se impartieron clases de solfeo, teoría e instrumentos aerófonos tanto de metal como de madera. De ella surgió la Banda de Concierto homónima que también realizó aportes a este tipo de música con su participación en numerosas veladas y actos.

Actualmente con más de cien años maravilla conversar con él y escuchar sus vivencias y anécdotas sobre tantos valores musicales de su ciudad, en la que también contribuyeron al desarrollo de este arte instituciones como los clubes de Leones y Rotarios, las escuelas públicas y privadas y la asociación femenina Minerva.

Esta última fue fundada en 1925 y durante décadas aglutinó numerosas mujeres que dejaron una huella en la historia musical banense, Cheveto contó de María Dolores Álvarez, pianista de sólida formación en el Conservatorio de la capital española y de Chalía Rodríguez de Alea, dos de sus miembros más destacadas, las cuales organizaron incontables actividades y agrupaciones como la Coral de la Primaria Superior, la cual integraban 70 adolescentes que interpretaban con soltura piezas de Strauss, Beethoven, Lecuona y otros grandes de la música cubana y universal.

Sofía Hadad, La Diva de Banes.

Y si se habla de mujeres inolvidables hay que detenerse en Graziella de los Santos y su alumna Doris de Goya. Nacida en Matanzas y con una reconocida trayectoria como soprano lírica en la capital, Grazziela vivió durante los años 20 en Banes, luego retornó en 1945 para vivir en esa ciudad hasta su muerte en 1952. Con el grupo lírico y con pianistas como Limbana Menéndez encabezó puestas en escena, giras y conciertos, fundó la Sociedad Pro-Arte, el Kindergarten Musical y una Academia de Canto en donde se formaron figuras como Doris de Goya, artista versátil que junto a Sofía Hadad y Náyade Proenza, tal vez sean las más recordadas intérpretes líricas de Banes.

Aunque no pueden ser olvidadas varias voces femeninas que triunfaron en Santiago, La Habana y en otras partes del país, como fueron Josefina Mesa y Araminta Ruiz, las cuales fueron muy bien recibidas en la escena del Heredia o del Hernández, este último inaugurado en 1922. Durante estos años en ambos, así como en las sociedades locales se presentaron una pléyade de instrumentistas, cantantes y agrupaciones de prestigio nacional e internacional que realizaban giras por el país: violinistas como Diego Bonilla, Antonio Serret y Norka Rouskaya, los guitarristas españoles Vicente Gelabert y Antonio Hernández, la arpista Estrella Grau, cantantes líricos como José de Urgellés, Mariano Meléndez y Manuel Señarís, entre otros muchos que se presentaron como solistas o formando parte de compañías como las de Esperanza Iris, María Jaureguízar, Natalia Gentil o Luisa Martínez Casado.

Al iniciarse la década de 1950 la balanza en la dicotomía arte comercialismo, se inclina a esta última con el desarrollo pleno de nuevas tecnologías y medios de comunicación - entre ellos la discografía, la radio y la televisión - también muy influyentes en el ámbito nacional son el auge de géneros bailables al estilo del mambo y el cha cha chá, así como la consolidación en el gusto popular de grandes vocalista del bolero y otras modalidades populares, con ídolos de la talla de Benny Moré, Olga Guillot y Celia Cruz, por lo que el canto lírico y la música de concierto en general pasan definitivamente a un segundo plano. Esta realidad que se abre paso es más devastadora en poblaciones pequeñas como Banes.

Decadencia y nuevas expectativas (1952-2014)

Desde mediados de la década de 1940 se inicia el declive de la música de concierto en Banes, en primer lugar con la desaparición física de las principales personalidades que la habían impulsado: la soprano Graziella de los Santos fallece en 1945, al año siguiente el Padre Font, en 1948 Leovigildo Gómez y en 1949 Emilio Rodríguez. Mientras que por otro lado el pianista y director de agrupaciones Carlos Avilés continúa su meritoria labor musical en Holguín, la soprano Doris de Goya se convierte en vedette de la farándula nacional y el violinista Hernando Hernández ingresa a la Sinfónica de Nueva York, entre otros que protagonizan un gran éxodo de talentos en busca de mejores posibilidades para desarrollar su labor artística.

José A. Alemany, director de la Banda Municipal 1945-1952.

El 12 de septiembre de 1950 el destacado intelectual Rolando Gómez de Cárdenas, desde las páginas del periódico El Pueblo, reflexiona sobre la crisis de la cultura banense e intenta en vano rescatar iniciativas como las Charlas culturales, actividad que durante años desarrolló el maestro Luis Augusto Méndez y en la que se conjugaban la literatura, la música y otras manifestaciones culturales. Dos años después el dictador Batista, hijo tristemente célebre de este Término, al tomar las riendas de la nación despoja de sus cargos a sus desafectos; es así como el maestro Alemany pierde la dirección de la Banda Municipal y la música de concierto llega a un estado crítico, pues Lolo Ballart, el nuevo director, a duras penas logra mantener las retretas y la cohesión del colectivo.

En estos años también escasean las presentaciones de grandes concertistas, la prensa en esta década recoge escasas presentaciones de figuras como Rafael Vega Caso con el joven barítono Raúl Camayd, el pianista César Morales con el violinista Eduardo Vidal Avilés y el dúo de Juan Bruno Tarraza y Felo Bergaza, el que en los carnavales de 1956 impactó con sus interpretaciones pianísticas de obras clásicas y populares. Para mantener vivo el ambiente musical fue muy valioso el apoyo de Dulce María Serret, la cual organizó conciertos con sus alumnos del Conservatorio Provincial, entre los que muy pronto descollaría un banense que había iniciado sus estudios en su ciudad natal bajo la guía del maestro Avilés: Silvio Rodríguez Cárdenas, luego uno de los grandes concertistas cubanos en tiempos de Revolución.

Aunque desde 1949 en que se realizó un concierto de la Orquesta Sinfónica dirigida por Antonio María Serret, patrocinado por el Colegio de Profesionales de la Música de Banes, esta institución y la Serret intentaron fundar una filial de Pro Arte Musical que no se concretó hasta 1957, tuvo vida efímera por las condiciones que atravesaba el país y apenas alcanzó algunos logros en el ballet y otras manifestaciones. La mejor conquista de esta música en la última década republicana seguía siendo el canto coral, no sólo en las iglesias sino también en las escuelas, pues integrantes del Colegio de Profesionales de la Música como Sofía Rodríguez, María A. Simón o Cuca Cintra mantuvieron por años la tradición iniciada por el Padre Font.

Alumna eminente de Font y su escuela coral fue la soprano Sofía Hadad, llamada por sus admiradores La Diva de Banes, porque con su bella voz y sus presentaciones en ciudades como La Habana, Santiago y Camaguey se convirtió en paradigma del canto lírico en su comunidad. Pese a triunfar en importantes escenarios bajo el acompañamiento de maestros como Orlando de la Rosa, Gonzalo Roig y Frank Fernández, ella le fue fiel al terruño y devino el enlace natural entre un período histórico y otro. Fue aplaudida por varias generaciones, primero los que la vieron empinarse en la iglesia, las Sociedades de Instrucción y Recreo y el Ceibón Club, luego los que comenzaron a llenar la Casa de Cultura, la Biblioteca Municipal y otras instituciones abiertas por la Revolución.

Lamentablemente Sofía y otros baluartes de la música de concierto en Banes no han encontrado aún el relevo necesario que rescate el esplendor que la misma llegó a tener, pero al menos ya hoy se ha superado la etapa más adversa, iniciada con la debacle musical de 1968 en que casi todas las bandas, incluyendo la de Banes, desaparecieron. La imposibilidad de que los músicos de estas también trabajaran con las orquestas de baile y otras medidas de la llamada Ofensiva Revolucionario y el Quinquenio Gris, trajeron esas nefastas consecuencias, aunque la formación de numerosas instituciones y la labor de prestigiosos concertistas permitió, aunque no con la asiduidad necesaria, presentaciones –sobre todo en la casa de Cultura Juan Marinello, una de las primeras de su tipo en el país- del Coro Nacional con Serafín Pro, la Sinfónica de Oriente, el Coro Madrigalista, el Orfeón Holguín y Evelio Tieles, entre otros nombres relevantes.

Al iniciarse la década de 1980 surgió la Agrupación Nacional de Música de Concierto, institución que comenzó a organizar giras y eventos como la Jornada anual de este tipo de música, también surgieron las Semanas de la Cultura y el proyecto de las diez instituciones básicas, conquistas que contribuyeron a mejorar significativamente esa programación. En el periódico Ahora de los 80 encuentran reseñas de las actuaciones de Rosario Franco, Ramón Calzadilla, la Sinfónica Nacional, Mayra Luz Alemán y Roberto Urbay, entre otras figuras y agrupaciones nacionales e internacionales de una extensa lista que enriquecieron la vida musical de Banes. Con la llegada de los 90 y el Período Especial disminuyen las presentaciones, aunque el talento de la provincia, más los egresados del ISA y otros centros, permite la fundación de la Agrupación Provincial de Música de Concierto con valores como el Dúo Savarez, Eliezer Travieso, el Quinteto Impromptu y, posteriormente, la pujante y juvenil Orquesta Sinfónica y otros grupos de Cámara que realizan en Banes y demás municipios diversas actividades.

Teatro Heredia y glorieta del parque Domínguez.

En ese prolongado lapso de tiempo también en esta comarca han surgido nuevos valores que, como tantos precedentes, toman diferentes rutas. La reorganización de la Banda Municipal en el 2000 ha sido el logro más importante, por ser este tipo de institución portadora y transmisora de un rico legado musical y patriótico. Este hecho convirtió a Banes en uno de los municipios pioneros en ese tipo de rescate, el cual poco después también se concretó en toda la provincia con la apertura en zona cercana a la playa Guardalavaca de la escuela “Manuel de Jesús Leyva” en el 2005.

Para reorganizar la Banda Municipal se tuvieron que superar múltiples escollos, pero gracias al empeño de la Dirección de Cultura y de músicos como Luisito Okay, Manuel Silva, Ramón Castillo (Director de la Banda del Ejército Oriental) y los maestros Manuel de Jesús Leyva (Koco) y José A. Alemany (Cheveto), se logró vestuario, local donde ensayar, instrumentos, partituras, algún presupuesto y los primeros siete de los 22 músicos que tenía al debutar la agrupación el 14 de enero del 2001, en el marco de la Semana de la cultura en la que ofrecieron su primer miniconcierto en el parque Cárdenas; dos años después se convierte en la tercera, después de la de Holguín y Sagua de Tánamo, en alcanzar la condición de profesional.

Actualmente bajo la dirección del maestro Roberto Lescay García, Licenciado en Educación Musical e Hijo Ilustre de Banes por la contribución a su desarrollo cultural, esta banda cuenta con un amplio repertorio en el que destacan himnos y marchas, oberturas, pasodobles, polkas, valses, contradanzas y otros géneros clásicos y populares. Jóvenes egresados de diversas escuelas, convencidos de que en la Cuba profunda es esta una de las agrupaciones más representativas y trascendentes de las que nacen nuevas expectativas y proyectos, siguen nutriendo sus filas, empeñados en ofrecer lo mejor del arte musical a su pueblo, pues con ello preservan las tradiciones y valores culturales que como nación nos enaltecen espiritualmente.

Citas y notas

  1. Yurisay Pérez Nakao: Inmigración Española, Jamaicana y Árabe a Banes: historia, cultura y tradiciones. p. 9
  2. Tomado del Resumen del Censo de 1911. Fondos documentales del Museo Municipal de Banes)

Fuentes

  • Hernández, Zenovio. La música en Holguín. Ediciones Holguín, 2001.
  • Periódico El Pueblo, Banes, 1915-1957.
  • Periódico Antorcha, Banes, 1965-1969.
  • Velázquez, Roiny. La música en Banes. Apuntes para su historia. (Inédito).