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La localidad es una de las más pequeñas entre los quince municipios que comprende la provincia de La Habana. Por su ubicación provincial limita al norte con la entrada de la [[Bahía de La Habana]] la que también bordea el este del territorio hasta la [[ensenada de Atarés]]. Al sureste limita con el [[municipio Regla]]. Por el oeste tiene los municipios de [[Centro Habana]] y Cerro sirviendo de límites el [[Paseo del Prado]] o de Martí desde el [[Malecón]] hasta la calle San José, esta calle hasta la de Industria y por ella hasta la Calzada del Monte o Máximo Gómez, Matadero, Cristina o Avenida de México hasta la [[Vía Blanca]]. Por Prado, San José e Industria, ambas aceras corresponden a La Habana Vieja. Por el sur, en casi toda su extensión, limita con el [[municipio 10 de octubre]] y con el de [[San Miguel del Padrón]] en un pequeño tramo. El [[río Luyanó]] corre por parte del límite sur en los tramos que abarcan tres de sus puentes: los de Vía Blanca, del ferrocarril y del Anillo del Puerto.
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La localidad es una de las más pequeñas entre los quince municipios que comprende la provincia de La Habana. Por su ubicación provincial limita al norte con la entrada de la [[Bahía de La Habana]] la que también bordea el este del territorio hasta la [[ensenada de Atarés]]. Al sureste limita con el [[municipio Regla]]. Por el oeste tiene los municipios de [[Centro Habana]] y Cerro sirviendo de límites el [[Paseo del Prado]] o de Martí desde el [[Malecón]] hasta la calle San José, esta calle hasta la de Industria y por ella hasta la Calzada del Monte o Máximo Gómez, Matadero, Cristina o Avenida de México hasta la [[Vía Blanca]]. Por Prado, San José e Industria, ambas aceras corresponden a La Habana Vieja. Por el sur, en casi toda su extensión, limita con el [[Municipio 10 de Octubre]] y con el de [[San Miguel del Padrón]] en un pequeño tramo. El [[río Luyanó]] corre por parte del límite sur en los tramos que abarcan tres de sus puentes: los de Vía Blanca, del ferrocarril y del Anillo del Puerto.
  
 
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Revisión del 08:38 11 ago 2024


Historia del municipio Habana Vieja (La Habana)
Información sobre la plantilla
Cronología
Ubicación geográfica
Origen del nombre
Comunidad primitiva
Ejemplos de Intervenciones Arqueológicas
Período colonial
Conquista española y fundación de la Villa de La Habana
Asentamiento definitivo hasta 1607
Habana Vieja desde 1607 hasta 1762
Toma de La Habana por los Ingleses
La Habana Vieja a finales del siglo XVIII
Tráfico en el Puerto de La Habana (1796-1801)
Humboldt en La Habana Vieja
Figuras y acontecimientos precursores de la nacionalidad en el territorio a inicios del siglo XIX
Panorama citadino hasta 1867
Guerras de independencia y últimas décadas del siglo XIX
Período neocolonial
Desarrollo de Cojímar
Desarrollo de Guanabo
Desarrollo de Campo Florido
Surgimiento y desarrollo del Parque Residencial Bahía
Etapa de 1952-1958
Túnel de la Bahía de La Habana
Avenida Monumental
Lucha armada contra la tiranía de Batista
Centros Industriales existentes antes de 1959
Organización del Movimiento 26 de Julio en Cojímar
Revolución en el poder
Período 1959-1976
Entrada del Ejército Rebelde en el municipio
Organización del gobierno revolucionario territorial
Intervención de la compañía de Fomento del Túnel de La Habana, S.A.
Construcción de la Ciudad Camilo Cienfuegos
Planes revolucionarios en las Playas del Este
Desarrollo del Reparto Alamar entre 1959-1971
Leyes de Reforma Agraria
Organizaciones revolucionarias
Surgimiento del municipio Habana del Este

Historia del municipio Habana Vieja (La Habana). El municipio posee una historia y tradiciones de luchas que comienza con la comunidad primitiva, su fundación, el periodo colonial español, las luchas por la independencia y la etapa neocolonial hasta llegar a la etapa revolucionaria. Su historia ha dejado huellas en el territorio del municipio actual a través de sucesivas generaciones que dan continuidad al proceso histórico que enlaza su pasado con el presente. De igual modo se relaciona la historia del municipio con el acontecer nacional en el que a su vez influye el contexto mundial, reviviendo la memoria de las masas populares y las figuras vinculadas al territorio que se han destacado por independizar al país de la metrópoli colonialista y una vez en la república, mediatizada por la injerencia de los Estados Unidos, haciendo énfasis en el contexto económico, social y político correspondiente a la localidad y los esfuerzos desplegados para la liberación nacional, hasta arribar a la etapa de la construcción del socialismo.

Existen aspectos históricos que contribuyen a valorar al municipio como cuna de la vieja ciudad desde el siglo XVI en el que pronto se convirtió en capital del país y tuvo que librar batallas contra corsarios y piratas y contra naciones que estuvieron en guerra con España como Gran Bretaña en el siglo XVIII por lo que desarrolló sus defensas y construyó castillos y murallas, algunas de estas fortalezas se conservan como son los castillos de La Fuerza, La Punta y Atarés.

Ubicación geográfica

La localidad es una de las más pequeñas entre los quince municipios que comprende la provincia de La Habana. Por su ubicación provincial limita al norte con la entrada de la Bahía de La Habana la que también bordea el este del territorio hasta la ensenada de Atarés. Al sureste limita con el municipio Regla. Por el oeste tiene los municipios de Centro Habana y Cerro sirviendo de límites el Paseo del Prado o de Martí desde el Malecón hasta la calle San José, esta calle hasta la de Industria y por ella hasta la Calzada del Monte o Máximo Gómez, Matadero, Cristina o Avenida de México hasta la Vía Blanca. Por Prado, San José e Industria, ambas aceras corresponden a La Habana Vieja. Por el sur, en casi toda su extensión, limita con el Municipio 10 de Octubre y con el de San Miguel del Padrón en un pequeño tramo. El río Luyanó corre por parte del límite sur en los tramos que abarcan tres de sus puentes: los de Vía Blanca, del ferrocarril y del Anillo del Puerto.

Origen del nombre

La Habana Vieja es la parte más antigua de La Habana y durante los primeros siglos coloniales, llamadas la colonia temprana, fue el único espacio que abarcó la ciudad.

Como municipio se constituye en 1976 y adopta este nombre de acuerdo a la ley 1304 de ese año pero en el anteproyecto de la nueva división político- administrativa discutida en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en diciembre de 1975, se proponía denominarlo Centro Habana Vieja y se debía tal propuesta a que los actuales municipios de Centro Habana (que se proponía entonces llamarlo Centro Habana Norte) y la Habana Vieja, constituyen el Centro tradicional de la capital cubana, el primero como centro actual del comercio y los servicios y el otro como centro histórico.

No obstante la denominación de la Habana Vieja no se utilizó oficialmente a partir de 1976 sino desde 1963 cuando se constituyó el Seccional de la Habana Vieja, como parte de la región (o regional) de Centro Habana.

Y aunque antes de ese año, no era un nombre oficial de ningún territorio, popularmente se llamaba así a la parte antigua desde el siglo XIX y con más fuerza desde los albores del XX.

Caracterización

El municipio de La Habana Vieja en sus 4,5 km. cuadrados tiene una población de 94 966 habitantes, según censo del año 2002, siendo varones 44 852 y hembras 50 114, siendo su densidad demográfica de 21 103,5 habitantes por kilómetro cuadrado. Su territorio consta de 7 Consejos Populares y 83 Circunscripciones.

La topografía de este territorio es básicamente llana, ocupada fundamentalmente por edificaciones de viviendas, servicios y centros productivos, las únicas elevaciones de consideración son las lomas del Ángel y de Soto, la primera al norte del municipio y la última hacia el sur.

En todas las etapas de la historia de este territorio se aborda la importancia económica y social del puerto de La Habana, calificado como el más importante del país por ser centro de la actividad portuaria del mismo, la intensa actividad de carga y descarga que presenta y por constituir una de las puertas principales que relacionan a la nación con el resto del mundo. No obstante es de señalar que la urbanización creciente y dificultades en los servicios de saneamiento han dado lugar a la contaminación de sus aguas debido a los desechos de las industrias y otros residuos aunque está en desarrollo un plan para eliminarla.

Otras actividades económicas importantes lo constituyen la industria pesquera y las ramas alimenticias, el turismo, la construcción y la de tabaquería. También tienen gran significación, por el servicio que prestan la Terminal Central de Ferrocarriles y el Túnel de La Habana, así como la Termoeléctrica “Otto Parellada”, de Tallapiedra. Caracteriza también al municipio una amplia red comercial y de almacenes.

El municipio también cuenta con algunas de las principales sedes culturales de la provincia y la nación como es el Gran Teatro de La Habana con su Sala García Lorca que fuera el Teatro Tacón en la etapa colonial y más tarde el Teatro Nacional, en la república el museo de la Revolución ubicado en el antiguo Palacio Presidencial, el museo Nacional de Bellas Artes y la Casa Natal de José Julián Martí Pérez, Héroe Nacional de Cuba y patriota insigne del municipio y la provincia, inmueble que se conserva como museo nacional por su valor histórico.

En el municipio se concentran organismos nacionales tales como los Ministerios de Auditoría y Control, Comercio Interior, Finanzas y Precios y el de la Industria Ligera. Además de un grupo de empresas de carácter nacional: la Empresa de Navegación Caribe, la Unión de Gastronomía, Unión de Comercio, Unión Confitera, Unión Láctea, Unión Molinera, Unión de Industrias Locales, el Banco Central de Cuba, el Banco Nacional de Cuba y el Banco de Crédito y Comercio.

En 1979 se declaró Patrimonio de la Nación el recinto antiguo delimitado por las murallas y el puerto y en 1982 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad al Centro Histórico y sus sistemas de fortificaciones coloniales.

Desde 1981 la conservación de La Habana Vieja se efectúa según planes quinquenales que tienden a concentrar las inversiones por manzanas de modo que facilita tanto el trabajo de recuperación como el ulterior mantenimiento, comenzando por las principales Plazas y los ejes viales que la comunican. En este sentido, la Oficina del Historiador de la Ciudad, institución creada en 1938 por Emilio Roig de Leuchsenring y que después de su muerte dirigió Eusebio Leal Spengler.

Comunidad primitiva

Se conoce que hubo asentamientos indígenas hacia el occidente de Cuba y por una carta de relación de Velásquez, se señala como un jefe de esa región al cacique Habaguanex.

El municipio cuenta con un Gabinete Arqueológico perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad que dispone de un museo donde se exhiben las piezas arqueológicas encontradas en el territorio y una biblioteca con una amplia bibliografía referida a los aborígenes que estuvieron asentados allí, además de otras publicaciones sobre La Habana Vieja y otros artefactos de las culturas primitivas.

En las excavaciones arqueológicas realizadas en obras de restauración del Centro Histórico de La Habana Vieja han aparecido, entre otros, fragmentos de cerámica pertenecientes al grupo agro-alfarero y especialistas del Gabinete Arqueológico de dicho municipio han trabajado e investigan para arribar a conclusiones sobre esta etapa.

Ejemplos de Intervenciones Arqueológicas

De la Intervención Arqueológica realizada en la casa de los Marqueses de Arcos, investigado por Carlos A. Hernández Oliva[1] .

  • Piezas de factura aborigen encontradas
  1. Raspador (hecho en la concha Codakia Orbicularis)
  2. Gubia (hecho en la concha Strombus Sp.)
  3. Pico de mano (hecho en la concha de Strombus)
  4. Martillo (hecho en la concha de Strombus)

Sitios investigados por Leandro Romero Estevánez [2].

  • Piezas de factura aborigen encontradas
  1. Sitio Mercaderes 15: 49 fragmentos de Burenes.
  2. Sitio Casa de la Obrapía: 5 fragmentos 5 de Burenes

Inestimación de Lisette Roura Álvarez en Enterramientos [3].

  • Piezas de factura aborigen encontradas
  1. Punta de concha
  2. Fragmento de buren
  3. Perforador de silex

Período colonial

Aunque se puede aseverar que es a partir de 1519 que los españoles ocupan definitivamente el espacio del actual municipio de La Habana Vieja, existe un antecedente y es la escala que realizara Sebastián de Ocampo en ese puerto durante su bojeo a la isla (1508-1509) por órdenes del Virrey de la Española. En este sitio reparó (o carenó) algunas de sus embarcaciones y por ello lo denominó Puerto de Carenas.

Conquista española y fundación de la Villa de La Habana

Ha quedado establecida como fecha de fundación aproximada de la villa de San Cristóbal de La Habana, un día aún por precisar, entre los meses de abril y mayo de 1514, por lo que fue esta, la quinta villa fundada por los conquistadores; la precedieron Asunción de Baracoa, San Salvador de Bayamo, la Trinidad y Sancti Spíritus y la sucederían Santa María del Puerto del Príncipe y Santiago de Cuba.

La villa se funda al sur de la actual provincia de La Habana, al parecer en la zona de Batabanó aunque algunos historiadores la ubican en el valle del Mayabeque, Güines, y entre 1514 y 1519 se trasladó sucesivamente en busca de mejores condiciones de vida, hasta que se produjo su establecimiento definitivo.

Fueron las márgenes del río denominado por los aborígenes “Casiguaguas” y que los españoles nombraron inicialmente “La Chorrera” y después “Almendares”, las que acogieron el segundo asentamiento de la villa; algunos lo sitúan en el sitio conocido por Paso Seco, otros en Puentes Grandes y hay quien plantea que fue en la desembocadura del río al mar.

Finalmente se establecería la villa al Oeste del Puerto de Carenas. Se ha convenido considerar la fecha del 16 de noviembre como la del asentamiento definitivo.

Según algunos historiadores, el nombre es de procedencia indígena y era con el que se conocía la región gobernada por el cacique Habaguanex que abarcaba el territorio de las actuales provincias habaneras en su casi totalidad.

El descubrimiento del Canal de Bahamas que facilitó el tráfico marítimo entre España y América permitió que se conociera en esa ruta el valor estratégico del puerto al que la villa de San Cristóbal de La Habana dio su nombre.

Asentamiento definitivo hasta 1607

La población española de la villa fue muy inestable en los primeros tiempos, debido a que muchos pobladores se emplearon en las expediciones de conquista que salían por el puerto de La Habana hacia el continente donde se habían descubierto riquezas no halladas en Cuba. Era frecuente que se llevaran indios de esta isla como cargadores y para otros trabajos. A pesar de esa existencia aborigen pronto escasearon los indios en el territorio, sometidos a fuerte explotación.

En principio la solución fue traer indígenas del continente. Muchos de los que llegaron a estas tierras procedían de una región de Yucatán que los españoles llamaron Campeche y aquí dieron lugar a un barrio de ese nombre. Se ha considerado que dicho barrio se extendió aproximadamente “desde el lugar que ocupó después la iglesia de San Francisco, hacia el sur, hasta donde se construyó después la Alameda de Paula”[4].

La Habana primitiva se fue desarrollando inicialmente hacia el sur y este, pues al oeste la limitaba, por una parte, un terreno cenagoso que se llamaría plazuela de la Ciénaga que llegaría a ser la Plaza de la Catedral, por otra parte, existió una elevación que tuvo varios nombres: de Cayaguayo, Peña Pobre, Loma del Ángel. Mucho más al sureste presentó otra zona cenagosa conocida por Damajagual.

Los indígenas procedentes del continente fueron suficientes para realizar todo el trabajo que se necesitaba en la agricultura, pesca, construcción, fabricación de barcos y otros. Ante la escasez de mano de obra se trajeron esclavos africanos, aunque ya había algunos desde el inicio de la conquista.

A medida que el puerto de La Habana se convertía en lugar de escala de las naves que cruzaban el Atlántico la villa se fue dedicando a preparar condiciones para facilitar la estancia temporal de navegantes y aventureros atraídos por las tierras descubiertas. El abastecimiento y atención de las naves y a la población flotante que arribaba con ellas fueron conformando la actividad del territorio entre la que primaba el comercio basado en el incipiente desarrollo agrícola y ganadero.

Según expresa el historiador Julio Le Riverend:

"“Poco se sabe de cómo fue repartida la tierra a los hombres que llegaron con Velásquez o a los (...) que vinieron de la Española, en cuanto se supo que la conquista era un hecho consumado. Hubo desde luego, repartimiento de solares urbanos para que cada vecino tuviera, dentro de los límites señalados a la Villa un lugar donde asentar su casa. Al mismo tiempo se concederían pequeñas parcelas de tierra fuera del casco de la urbe junto a los ejidos”[5] “para que sirvieran de huerta a los vecinos y le suministran productos agrícolas en pequeña escala y dieran sustento a algún ganado”[6].

Cuando se conquistan nuevas tierras en el continente aumenta la necesidad de abastecimiento en esa región y se trata de cubrir esa necesidad desde La Habana con el desarrollo de hatos y corrales ganaderos que no requieren mucha fuerza de trabajo, aunque se sabe que el ganado traído de España por los conquistadores se volvió cimarrón y se extendió por montes y sabanas.

En 1544, con motivo de la visita pastoral del obispo Diego Sarmiento se obtuvo el primer padrón de la población en algunas de las primeras villas fundadas por los españoles. En relación con La Habana se señala lo siguiente[7]:

Vecinos Naborías (obreros) Esclavos (negros)
40
120
200

De acuerdo con estos datos La Habana posee una población blanca de 200 habitantes aproximadamente (cálculo de 5 personas por vecino) y el número de esclavos se iguala al de peninsulares, lo que se considera insuficiente[8].

El florecimiento de la villa y las riquezas que se transportaban en las naves atrajeron a piratas y corsarios que atacaron a la población y a los barcos que se adentraban por estos mares.

A partir de 1537 la región fue asolada por corsarios autorizados por países que estaban en guerra con España y por piratas que actuaban por su cuenta. En 1538, un corsario francés atacó la villa, la saqueó e incendió[9]. En respuesta la Corona dispuso la construcción de una fortaleza y en 1541 se ordenó que las naves que regresaban a España cargadas con las riquezas extraídas de América se concentraran en el puerto de La Habana, y no viajaban aisladas, así se fue organizando la flota que iba convoyada hasta España.

A consecuencia de estos peligros y por la importancia que iba adquiriendo La Habana para los intereses de la Metrópoli, el gobernador de la Isla, en 1553, pasó su residencia de Santiago de Cuba a La Habana, traslado que posteriormente se hizo oficial.

En 1555, San Cristóbal de La Habana sufrió el ataque del corsario francés Jacques de Sores quien la incendió y saqueó de nuevo y destruyó la primera fortaleza que se había construido, también la iglesia, destruida en el ataque anterior, que por esa época estaba en reconstrucción fue saqueada y muy dañada.

Los pobladores volvieron a reconstruir la villa y algunos años después se inició la construcción de otra fortaleza con mejores condiciones, la Real Fuerza, la más antigua que se conserva. Se terminó en la década del 70. Su guarnición contó en principio con unos 50 hombres, cifra que se fue elevando a medida que aumentaba el peligro de ataque. La seguridad de la población se completaba organizando grupos de vecinos entre los que se incluían negros libres y esclavos.

Los astilleros de La Habana cooperaron a esa defensa por cuanto entregaron a España importantes barcos de guerra y también mercantes. La construcción naval fue una de las industrias de más desarrollo en la villa. Los astilleros estuvieron en principio en la zona norte, entre el castillo de la real Fuerza y la Aduana. Esto dio trabajo a muchos artesanos de distintos oficios, aprendices y también esclavos.

Además cuando hacía falta contrataban personal especializado del que venía en los barcos que hacían escala en La Habana.

La Metrópoli controlaba la economía colonial y solo permitía comerciar con España por un solo puerto, lo que traía demoras al comercio de la colonia por la vía oficial. Esto hizo que se buscara salida a los productos del país por otras vías a fin de obtener las mercancías que se necesitaban y que llegaban en las embarcaciones que hacían escala en el puerto.

Para reforzar las defensas a fines del siglo XVI se empezó a construir el Castillo de San Salvador de la Punta, al oeste del puerto que custodiaría conjuntamente con el Morro situado en la ribera opuesta del canal de entrada.

En 1592 se concedió a la villa de San Cristóbal de La Habana el título de Ciudad. En ese año se terminaron las obras del primer acueducto que abasteció la villa, la Zanja Real, al llegar sus aguas a la plazuela de la Catedral, donde también se cargaba el agua que necesitaban las embarcaciones que entraban en el puerto.

Habana Vieja desde 1607 hasta 1762

En 1607 se terminó la construcción del Castillo de San Salvador de La Punta y ese año la isla se divide en dos gobiernos: uno con sede en La Habana, que ejercería el arbitrio sobre todo el territorio occidental y central hasta la jurisdicción de Santa María del Puerto del Príncipe y el otro con sede en Santiago de Cuba, que gobernaría la región oriental, pero en la Real Cédula que establecía esa división, se especificaba que entre los dos gobernadores, el de La Habana y el reconocimiento oficial de La Habana como capital de la isla que, des hecho, lo era desde hacía más de cincuenta años.

La ciudad se había ido extendiendo alrededor de sus plazas, la primera fue la Plaza de la Iglesia junto a la Parroquial Mayor que luego se llamaría Plaza de Armas cuando se dedicó a ejercicios militares, la segunda fue la Plaza de San Francisco, junto al convento de su nombre, le siguió la Plaza Nueva, que se llamó Plaza Vieja cuando surgió la del Cristo en marzo de 1640 y se fue conformando la Plaza de la Ciénaga junto a la cual se erigió la ermita de San Ignacio de Loyola que después fue oratorio.

Dichas plazas se construyeron junto a edificios religiosos, no así la Plaza Nueva que funcionó como mercado. Las rodearon edificios civiles en unos casos del gobierno, en otros particulares. Hubo vendedores e intercambios comerciales en horas tempranas. La Plaza de Armas llegó a tener una especial importancia:

“...Para tomar una decisión trascendental, los vecinos se reunían en ella en Cabildo abierto”[10]. “En su ámbito se pregonaban las leyes y noticias a toque de tambor”[11].

En las otras plazas también se escuchaba a esos pregoneros, lo que hoy se denomina “Primer sistema defensivo colonial”, iniciado en el siglo XVI con los Castillos de la Real Fuerza, San Salvador de La Punta y Los Tres Reyes del Morro se completaría a partir de 1674 con la construcción de la Muralla que iba a rodear la ciudad para su defensa aunque no se terminó hasta el siglo siguiente. Con la muralla surgieron dos zonas, intramuros y extramuros junto a la Muralla debía dejarse libre de obstáculos la llamada zona del glacis para facilitar la actividad militar. Pero es más de una ocasión hubo que demoler construcciones en esa zona ante el peligro de un ataque a La Habana.

En principio solo hubo dos puertas en la Muralla, la de la Punta en el norte y la Puerta de Tierra hacia el centro, que enlazaba con la zona rural.

Las puertas de la ciudad fueron forzadas en 1717 durante una manifestación de protesta de vegueros, artesanos y comerciantes cuando la Metrópoli decidió establecer un impuesto al cultivo del tabaco y el estanco ese producto. En ese enfrentamiento se sumó el pueblo y el gobernador Vicente Roja no pudo controlarlos y embarcó para España. Pero la Metrópoli se impuso. Ya en 1727 se había creado la Real Factoría de Tabacos y se exportaba a España y América. No obstante esta insurrección se ha calificado como “el más lejano antecedente y la simiente primera de la identidad de un pueblo que estaba naciendo”[12].

Para satisfacer el gusto de los consumidores de esa época funcionaban más de cien molinos de tabaco movidos por fuerza animal en la zona de intramuros que elaboraban el polvillo y el rapé (de grano más grueso), formas de gran demanda en Europa, aunque en Cuba se prefería el tabaco torcido.

Como plantea el historiador Sergio Aguirre, en el siglo XVIII el tabaco llegó a superar al ganado y al azúcar como producto básico de la economía del país y la Metrópoli lo controló a través del monopolio que representó el Estanco del Tabaco y después la Real Compañía de Comercio de La Habana cuyos accionistas se enriquecieron[13].

Otra de las fuentes económicas desde fines del siglo XVII fue la fundición de cobre. El cobre se extraía en el oriente de la Isla y había que trasladarlo a la Fundición de La Habana con el consiguiente gasto que ocasionaba, no obstante tuvo auge la actividad hasta las primeras décadas del siglo XVIII y se construyeron cañones, anclas y otros elementos necesarios a las fortalezas, los barcos, pailas y otros instrumentos de la industria azucarera, los edificios con sus rejas forjadas y obras de arte como la Giraldilla colocada en lo alto de la Real Fuerza. Se dice que el trabajo decayó en la fundición por desvíos del mineral hacia zonas más rentables y por el interés de la Metrópoli de pasar esa actividad a otras regiones de sus dominios.

Según el Licenciado Leandro Romero, la casa de la fundición aparece en el plano de Cristóbal de Roda, de 1603, ubicada en la calle Cuba –antigua de la Fundición– entre Chacón y Cuarteles[14].

Hasta la toma de La Habana por los ingleses existió el monopolio que afectó a toda la población de Cuba, la Real Compañía de Comercio de La Habana, que llegó a tener la autorización exclusiva para vender a España casi todas las mercancías que se exportaban de Cuba y vender en Cuba casi todas las que venían de España[15].

Toma de La Habana por los Ingleses

A mediados del siglo XVIII La Habana parecía una plaza invulnerable. Pero Gran Bretaña, enemistada con España hizo un trabajo profundo para recoger información sobre los puntos débiles de la ciudad de La Habana a través de viajeros y otros medios y el 6 de junio de 1762 presentó frente a las costas de La Habana gran cantidad de navíos, hombres y armas. Así comenzó el sitio y ataque a la Plaza, los habaneros lucharon bravamente defendiendo su tierra. El teatro de operaciones militares fue fundamentalmente en los territorios que hoy corresponden a otros municipios como La Habana del Este y Guanabacoa. En el caso de La Habana Vieja tanto los defensores de La Punta como los de otras fortalezas militares lucharon con heroísmo. Se destacaron los batallones de pardos y morenos integrados por hombres libres y también participaron esclavos en algunos trabajos y campesinos con sus productos.

El comportamiento de los criollos contrastó con el del gobernador y sus oficiales que se mostraron pasivos.

Después de la capitulación de los españoles, el 12 de agosto, La Habana estuvo once meses bajo la dominación británica, hasta el 6 de julio de 1763. En esta etapa se favoreció la economía habanera al establecerse el comercio con otras colonias británicas como las de las Antillas Menores y las de la Costa Atlántica de América del Norte. La trata negrera se incrementó y se introdujo en Cuba las creencias protestantes y la fraternidad masónica. La dominación inglesa fue militar y no supuso el establecimiento de colonos de esa nacionalidad.

La Habana Vieja a finales del siglo XVIII

Al tomar de nuevo España el poder, se reforzó la defensa, en ese sentido se restauraran las fortalezas que habían sufrido estragos durante la guerra y se inició la construcción de lo que se denomina “segundo sistema defensivo”, el cual amplió las posibilidades del primero, de modo que surgieron los Castillos de San Carlos de La Cabaña en la loma aledaña al Morro, el del Príncipe en la loma de Aróstegui y el de Santo Domingo de Atarés, este último es el único que se encuentra dentro del espacio territorial actual de La Habana Vieja.

También se restauró el Arsenal, que ya había sido trasladado para la zona que ocupa la Terminal de Ferrocarriles, y que fue destruido por los ingleses antes de retirarse, los que también se apoderaron de varios navíos de guerra y otros mercantes que se encontraban en el lugar. La Metrópoli en esa etapa tuvo que dar más facilidades al comercio de la colonia dado que así podía obtener más ganancias.

Como expresa Sergio Aguirre:

Cuba pudo comerciar con varios puertos de España y continuar comerciando con las Trece Colonias inglesas de Norteamérica, especialmente para adquirir alimentos y materiales de construcción para los trabajadores que construían fortalezas en La Habana. La Real Compañía de Comercio de La Habana dejó de ser un monopolio y funcionó como simple empresa comercial. Aunque la metrópoli continuó controlando el monopolio del tabaco. Se creó la Intendencia de Hacienda para organizar las recaudaciones y los gastos[16].

Dos meses después de la retirada de los ingleses, el capitán general conde de Ricla, para tener un mayor control de la ciudad en caso de un ataque, estableció la primera división legal de La Habana.

Según refiere el historiador Emilio Roig en su obra “Habana Apuntes Históricos”:

"...la ciudad se dividió en cuatro cuarteles siendo esa la primera división político- administrativa interna de la ciudad. El primer cuartel comprendía toda la parte sur hasta la calle de Acosta; el segundo desde la calle de Acosta a la de Amargura; el tercero de Amargura a la calle O´Reilly y el cuarto comprendía el resto de la población. Entre otras medidas hizo listas de vecinos para organizar milicias y los ayuntamientos eligieron comisarios de barrio entre los vecinos distinguidos para que actuaran como policías en las demarcaciones..."[17]

El General Bucarelli, sucesor de Ricla, distribuyó la zona de intramuros en dos cuarteles: Cuartel de la Punta subdividido en los siguientes barrios, Dragones, del Santo Ángel, la Estrella y Montserrate; el otro fue el Cuartel de Campeche subdividido en los barrios de San Francisco, Santa Teresa, Paula (San Francisco de Paula) y San Isidro (1770).

Fuera de la Muralla, hacia el sur, se fue poblando el que sería después el barrio de Jesús María. Esas zonas más apartadas constituyeron demarcaciones que se llamaron partidos así como capitanes a guerra los que ejercían las funciones de justicia en los mismos. A estos le sucedieron los capitanes pedáneos.

Durante el gobierno del capitán general marques de la Torre (1771-1776), se realizaron importantes obras civiles en el territorio, tales como la Alameda de Paula, llamada el primer paseo:

“Fue el lugar de mayor vida en La Habana a finales del siglo XVIII, sobre todo los días de baile y retreta; sin embargo, otros días –y en esto contribuía mucho el paseo de a pie– era poco concurrido, sobre todo por las mujeres, que no acostumbraban a bajar de los carruajes”[18]

Construyó el teatro coliseo en un extremo de la Alameda y cuando hubo que reedificarlo recibió el nombre de Principal.

Entre otras obras que comenzó este gobernante está el haber abierto el Paseo Extramural que sería después el Prado. Se completó el Prado cuando se hizo un terraplén en el glacis y se formó el Campo de Marte. Carlos Venegas, en su obra sobre la Urbanización de las Murallas trata de la inauguración de este terraplén con maniobras que ya no podían hacerse en la antigua Plaza de Armas. Todos esos ejercicios militares, los barracones para las tropas, los desfiles aumentaron la concurrencia de la población hacia esa zona. Contribuyeron también las ascensiones en globos aerostáticos que se efectuaron en ese lugar[19].

Se inició en 1771 junto al Castillo de la Real Fuerza, la Casa de Correos o Palacio del Segundo Cabo o Palacio de la Intendencia, hoy Instituto Cubano del Libro.

En 1773 se construyó un amplio edificio para la segunda Factoría de Tabacos entre las calles Factoría, Revillagigedo, Diaria y el muelle de Tallapiedra (cuando se suprimió el estanco tuvo otros usos).

En 1776 la Parroquial Mayor ofrecía peligro de derrumbe y hubo que demolerla[20], se trasladó provisionalmente para el oratorio de San Felipe de Neri, en Aguiar y Obrapía y en el terreno dejado por la iglesia y la Plaza de Armas, que se reubicó, se inició la construcción del edificio del Palacio de los Capitanes Generales o Palacio de Gobierno, la Casa del Cabildo y la Cárcel, hoy museo de la Ciudad de La Habana.

En 1777 se trasladó definitivamente la Parroquial Mayor para la Iglesia de San Ignacio, frente a la Plaza de la Ciénaga, que había sido abandonada sin terminar por los jesuitas cuando fueron expulsados de los dominios de España en 1767. Se convertiría en la Catedral de La Habana y le daría nombre a la Plaza.

En 1777 el puerto de La Habana comenzó a desarrollar más actividad al ser La Habana el centro abastecedor de los norteamericanos que luchaban por independizarse de Inglaterra.

También influyeron en el desarrollo del país otros hechos internacionales como la Revolución Francesa de 1789 y la rebelión de esclavos de 1791 en Haití, preludio de su lucha por la independencia.

Tráfico en el Puerto de La Habana (1796-1801)

De ellos real o falsamente americanos[21]

Años Cantidad de Barcos Comercio de Rescate
1796
-
50
1797
781
383
1798
800
416
1799
803
558
1800
771
606
1801
993
824

La Habana vuelve a ser un centro de reexportación de mercancías para las demás colonias de América por haber quedado destruidas en las contiendas que sostuvo la flota de guerra y mercante de España y por depender La Habana de la marina norteamericana para sus exportaciones al haber heredado los mercados que ya no podía cubrir Haití al quedar destruidos sus ingenios y cafetales en la guerra[22]

La zona más antigua de la Ciudad, llamada la Habana Vieja además de ser el centro político y económico del país se fue convirtiendo en centro de desarrollo cultural y científico. En dicha zona se fundó en 1728 la Real y Pontificia Universidad de La Habana y en 1773 el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Figuras que se formaron en esos centros se consideran precursores de la nacionalidad cubana, tales como Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay –nativos de La Habana Vieja– y el padre José Agustín Caballero.

Arango y Parreño representó a la oligarquía criolla esclavista, fue economista y abogado e influyó en decisiones de la Metrópoli sobre la isla. Tomás Romay, médico representó el movimiento científico y trabajó por la salud de la población. El padre José Agustín Caballero impuso la revisión filosófica.

En 1970 se envió a Cuba como gobernante a don Luis de las Casas se dice que ocupó, aún sin terminar, el Palacio de los Capitanes Generales y tomó como colaboradores a criollos de talento que conocían las necesidades del país y sabían como afrontarlas. Es conocida la anécdota del primer encuentro de las Casas con Tomás Romay una tarde en que se retiraba al palacio de gobierno con otra persona que conocía a Romay los presentó cuando se lo encontraron en el camino. Lo invitaron a seguir con ellos y comenzaron a hablar de los problemas de salud de la población y terminaron de madrugada siendo ya Romay uno de los consejeros del gobernador en esas tareas.

Una disertación de Romay recogida en un folleto sobre el vómito negro o fiebre amarilla se considera el primer ejemplar de la bibliografía médica cubana[23].

Cuando el país fue azotado por la viruela, conocedor de la existencia de la vacuna capaz de inmunizar a la población, dedicó todo su esfuerzo a encontrar el virus pero no lo halló en Cuba, hasta que conoció a una familia que llegó a Cuba procedente de Puerto Rico donde se había vacunado. Extrajo el virus de la pústula de una de las niñas vacunadas y lo inoculó a varios niños, entre ellos sus hijos que no contrajeron la enfermedad. Aunque anunció por el Papel Periódico su disposición de vacunar a la población para inmunizarla hubo temor a la vacuna, entonces se decidió inocular con las viruelas naturales a sus hijos en presencia del gobernador y otros facultativos y convenció a los que dudaban [24].

Francisco de Arango y Parreño luchó por la divulgación de los conocimientos técnicos que aumentaran la producción y la calidad de los principales productos que se comercializaban en el país. Dio exitosas batallas por la libertad de comercio y por la supresión de medidas económicas que se cargaban a la propiedad de la tierra, contra el monopolio del tabaco y otros. A la vez promovió el aumento de la trata de esclavos que era la base de la producción azucarera y de otros renglones de la economía. Aunque al final de su vida fue partidario de la supresión de la trata y de la abolición gradual de la esclavitud convencido de que el desarrollo de la técnica aplicado a la producción con el uso de las nuevas maquinarias que ya se empleaban en otros países resultaba más rentable.

Por esa época se fundó el Papel Periódico de La Habana y la Sociedad Patriótica - que después se llamaría Sociedad Económica de Amigos del País-. En esta Sociedad funcionó la primera biblioteca pública y se ocupó de la enseñanza pública. Tanto en el periódico como en la Sociedad Económica se divulgó lo más avanzado del pensamiento de la época. En ambos colaboraron Arango, Romay y José Agustín Caballero.

En esta sociedad la vida del esclavo fue muy dura por la forma en que se le explotaba, especialmente en las fincas con largas jornadas de labor y fuertes castigos. Algunos lograban escapar y se les llamaba cimarrones. Pero había un día en que los esclavos podían sentirse libres, usaban los trajes de la nación de donde provenían y cantaban y bailaban con sus característicos instrumentos musicales era:

“el 6 de enero, el famoso día de los Reyes, de inenarrable Alborozo y libertad para todos los negros esclavos y horros Africanos y criollos... constituía una verdadera fiesta Africana durante la cual... la gente de los Cabildos (Cabildos africanos[25]) hacían lo mismo que hacían lo Mismo que hacían en su tierra... el Palacio del Gobernador Abría las puertas a la negrada y el mismo gobernador con Sus manos les tiraba el aguinaldo”[26]

Como se aprecia, tras el fin de la dominación inglesa que, aunque odiada por criollos y peninsulares, trajo progresos socioeconómicos a la capital de la colonia, la metrópoli española se vio obligada a desarrollar una política de beneficios sociales en el orden del comercio, la cultura y el urbanismo que benefició a la ciudad y dejó sus huellas en su parte más antigua que hoy se conoce como La Habana Vieja.

Humboldt en La Habana Vieja

En Cuba estuvo de visita y en plan de trabajo un ilustre científico alemán de ideas abolicionistas, Alejandro de Humboldt, quien se hospedó en La Habana Vieja. Realizó investigaciones sobre este país que recogió en su Ensayo Político sobre la Isla de Cuba, importante obra donde condenó la esclavitud que vio en América. Por esas ideas el Ayuntamiento prohibió la entrada de ese libro. La casa donde vivió en esa primera estancia en Cuba (1800-1801) se conserva como un museo en La Habana Vieja (Oficios 254) donde se recuerdan sus trabajos sobre Botánica, Mineralogía, cálculos matemáticos sobre el Meridiano de la ciudad y otros.

Figuras y acontecimientos precursores de la nacionalidad en el territorio a inicios del siglo XIX

En este siglo se destacan varias figuras precursoras de la nacionalidad en el territorio.

José Antonio Aponte Ulabarra: Negro libre que trabajó como carpintero hábil en la talla de madera, llegó a ser cabo primero de las Milicias del Batallón de Morenos y reclutado por el capitán Bassave para que participara en la conspiración de 1810. Luis Francisco Bassave, junto con Román de la Luz y Joaquín Infante, como expresara el historiador José Luciano Franco pertenecieron a “un grupo de ricas familias cubanas dirigentes de un movimiento político encaminado a lograr la independencia de la isla de Cuba”, actuaban bajo los auspicios de una logia masónica.

El capitán general, Salvador de Muro y Salazar, marqués de Someruelos, Gobernador de la Isla de Cuba controló este movimiento que no obstante se extendió a algunos barrios del territorio como Belén y Jesús María.

Aponte pudo eludir su inclusión en el proceso, aunque por su relación con Bassave se le retiró de las milicias alegándose la edad.

Su vivienda aunque modesta fue sede del cabildo Shangó Tedum y apoyándose en las actividades religiosas se reunieron para reclutar personas para el movimiento insurreccional desde 1811. Además mantuvo contacto con revolucionarios haitianos y dio algunos viajes por la Isla para incorporar a más personas.

Aclara José Luciano Franco:

"Como punto fundamental del Programa Mínimo de los conspiradores figuraba la abolición de la esclavitud y la trata negrera, también en forma rudimentaria, es lo cierto, aspiraban a derrocar la tiranía colonial y sustituir aquel régimen corrompido y esclavista por otro cubano y sin discriminaciones odiosas"[27]"

Aponte y otros seguidores pagaron con la vida este “glorioso empeño”.

El movimiento abolicionista dirigido por José Antonio Aponte, tuvo gran repercusión en todo el país en 1812, aunque fracasó, fue creando conciencia. Entre los conspiradores se cuentan participantes procedentes de barrios de La Habana Vieja: Jesús María, plaza del Santo Cristo, La Punta, Plaza de Armas, Alameda de Paula, Muelle de Luz.

El presbítero Félix Varela Morales nacido en La Habana Vieja en una familia de militares, sintió vocación religiosa y desde muy joven fue profesor en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Allí se dio a la tarea de transformar la enseñanza y la filosofía. Consideraba que era una responsabilidad de la sociedad y en especial de la escuela enseñar a pensar al hombre desde su más tierna infancia. Inició la enseñanza experimental de la Física y estableció el uso del español, en vez del latín en las clases de Filosofía y continuó la reforma antiescolástica.

Cuando se inauguró por segunda vez el régimen constitucional en España se le encargó a Varela la cátedra de Constitución. Esas materias políticas lo hicieron ir evolucionando, sobre todo cuando fue elegido diputado a las Cortes y comprobó el poco interés que había en aplicar medidas democráticas a Cuba. Sus pronunciamientos sobre la abolición y la libertad de los pueblos lo obligaron a huir de España al reimplantarse el absolutismo y los diputados a Cortes condenados a muerte. Vivió en el exilio el resto de su vida. Influyó en la juventud cubana desde la cátedra y el exilio. Se le considera el primer intelectual patriota independentista.

En el periódico “El Habanero” que editó Varela en el exilio escribió un paralelo entre la revolución que puede formarse en la Isla de Cuba por sus mismos habitantes y la que se formaría por la invasión de tropas extranjeras. Destaca el peligro que representarían esas tropas aunque vinieran de un país hermano de América Latina. En esto fue categórico al expresar que “desearía verla (a Cuba) tan Isla en política como lo es en la naturaleza”[28].

A medida que avanzó el siglo XIX aumentó la represión en el país por temor al movimiento independentista. Se persiguió a los sospechosos de ideas liberales y a los que pudieran desear más libertad social como los negros y mulatos. Estos sectores fueron involucrados en el proceso de “La Escalera”. Hubo un caso que dio mucho que hablar, el de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), nacido en La Habana Vieja –Bernaza 14[29], demolida hoy 64[30]– que pasó grandes dificultades económicas y fue acusado con los demás en esa causa porque a pesar de ser un poeta mulato llegó a alcanzar relieve social en la peña literaria de Domingo del Monte, sus poemas fueron premiados en concursos y se relacionó con poetas como José María Heredia quien lo invitó a viajar a México, pero no aceptó. Aunque no tuvo participación en movimientos abolicionistas fue condenado a muerte y ejecutado, al igual que decenas de personas más. Otros cientos murieron mientras se les azotaba para que confesaran o hicieran denuncias. Muchos sufrieron años de prisión o exilio.

En la plaza de Cristo existe un monumento dedicado a Plácido con un busto.

En un folleto de Nicolás Guillén sobre Claudio José Domingo Brindis de Salas, al tratar de; padre de este artista brinda otro ejemplo de las injusticias cometidas durante el proceso de “La Escalera”[31].

Hacia mediados del siglo XIX los artesanos se organizaron en sociedades de socorros mutuos. Debían destacar su carácter benéfico y su relación con la iglesia para ser aprobadas por las autoridades coloniales.

En La Habana Vieja se fundó la Sociedad de Socorros Mutuos de Honrados Artesanos y Jornaleros bajo la advocación de la Divina Pastora. Estuvo ubicada en la feligresía o barrio de Jesús María y José, en la calle Farruco (hoy Factoría) número 67[32].

Estas sociedades se consideran antecedente de los gremios. Se estima como el primer gremio genuinamente obrero la Asociación de Tabaqueros de La Habana, creada en 1866.

De las luchas puramente económicas se fue pasando a contradicciones políticas debido a la división que se agudizaba entre los cubanos y españoles. Esto se apreció en periódicos, revistas, obras de teatro y otros medios a través de los cuales se expresaban reformistas, integristas, anexionistas y separatistas.

La Habana Vieja fue escenario de muchas de estas luchas.

En 1851 fueron fusilados 51 expedicionarios que vinieron con Narciso López en el vapor Pampero. La condena se cumplió en el Castillo de la Punta. Narciso López también fue condenado a muerte, esta vez en garrote en el propio castillo. De este modo culminó esta expedición integrada mayormente por extranjeros que recibió ayuda de Estados Unidos con fines anexionistas.

Panorama citadino hasta 1867

En 1852, Eduardo Facciolo Alba, del sector gráfico montó una imprenta clandestina en Mercaderes núm. 18, casi esquina a Obrapía en la que imprimió tres números de La Voz del Pueblo Cubano, periódico que combatía al gobierno español y hacía propaganda a favor de la anexión a EE. UU. El cuarto número quiso imprimirlo en una imprenta ya establecida en Obispo entre Aguacate y Compostela para mejorar la impresión, estaba vigilada y prendieron a Facciolo y demás personas que se encontraban allí. Facciolo fue condenado a muerte y ejecutado en la explanada de la Punta[33].

Facciolo confeccionaba el periódico con los materiales que le proporcionaba Juan Bellido de Luna “anexionista por convicción de toda una vida” como caracterizaba el historiador Fernando Portuondo a uno de los dirigentes de la conspiración de Vuelta Abajo[34].

Además de estos sectores, una minoría que ostentaba poder económico y político basado en la producción esclavista mostró inclinación al anexionismo por temor a que España cediera ante la presión abolicionista de Inglaterra. Esto se mantuvo mientras existió la esclavitud en el sur de los EE.UU.

El contrabando negrero había continuado en Cuba hasta el punto de sobrepasar ya la población negra y mulata a la blanca, cuestión esta que frenaba la idea independentista en este sector acaudalado por temor a que se produjera una Revolución como en Haití.

Ante esta situación muchos terratenientes esclavistas para salvar sus intereses se mantuvieron al lado de España y abrazaron la tendencia reformista como medio de obtener mejoras.

Estas familias que tenían mansiones en La Habana Vieja derrochaban sus riquezas en fiestas, bailes, organizaban conciertos en los que se tocaba música clásica o se presentaban obras de teatro. Al cultivo de las artes contribuían sociedades como la Filarmónica, el Liceo Artístico y Literario de La Habana que tenía secciones de Literatura, Música, Pintura y Declamación. Contribuían a este desarrollo las compañías líricas, los concertistas y las agrupaciones teatrales que visitaban el país. Se contaba con el Teatro Tacón desde 1838 (hoy Gran Teatro de La Habana) ubicado en Prado y San Rafael, y el Circo Habanero que en 1853 tomó el nombre de Villanueva, ubicado en Zulueta (hoy Agramonte), entre Colón y Refugio, donde está la fábrica de tabacos “La Corona”. Allí se representaban obras dramáticas, óperas y zarzuelas.

Desde que la Plaza de Armas adquirió su ambiente de recreo fue lugar de encuentro de estas familias acaudaladas que paseaban alrededor de la plaza en sus volantes y quitrines especialmente los días de retreta.

En 1863 la Metrópoli autorizó la demolición de las Murallas y se trazó poco después un plano para hacer en ese terreno un reparto parcelado que se pondría en venta. Las autoridades en la colonia querían hacer grandes edificios para organismos oficiales, con portales calles anchas paralelas al Prado y reubicar la línea del tren en la llamada calle Central que después se llamó Zulueta.

Cuando fue desarrollado el Paseo Extramural que se conocería como el Prado su recorrido fue el preferido desde la Punta hasta la fuente de la India. Se cuenta que algunos solían hacer una parada en el café del Campo de Marte conocido por el café de los franceses.

Los hombres de esta sociedad tenían acceso a los centros de enseñanza superior ubicados en La Habana Vieja: la universidad de San Jerónimo en el Convento de Santo Domingo (demolido, donde después se construyó un edificio para oficinas y el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, al fondo de la catedral que por entonces tenía entrada por la calle Tejadillo.

En ambos centros estudió, en sus años juveniles Carlos Manuel de Céspedes, quien el 10 de octubre de 1868 hizo el primer llamado a la Revolución al grito de ¡Independencia o Muerte!

Guerras de independencia y últimas décadas del siglo XIX

Una pléyade de combatientes mambises que estudiaron en la Universidad de San Jerónimo se sumó a esta lucha: Ignacio Agramonte, Rafael Morales, Honorato del Castillo, Luis de Ayestarán, Pedro Betancourt, Manuel Sanguily y otros; más de treinta cayeron en las contiendas independentistas.

En la etapa de la lucha por la independencia, en La Habana Vieja no hubo acciones militares por ser este territorio entonces la capital de la colonia, sede del gobierno y de sus cuerpos armados. Pero en ella se mostró el espíritu independentista y la agresividad del Cuerpo de Voluntarios.

El 28 de enero de 1853 nació en La Habana Vieja José Julián Martí Pérez en una modesta casa de la calle de Paula núm. 41 (hoy Leonor Pérez 314). Este hijo de un militar valenciano y de una joven de Islas Canarias fue Héroe Nacional de Cuba y Apóstol de sus libertades. Influyó decisivamente en su formación el maestro Rafael María de Mendive, director de la Escuela de Instrucción Primaria Superior Municipal de Varones donde matriculó a los 12 años. Esta escuela donde funcionó otra llamada San Pablo que también dirigió Mendive era su hogar y lo fue por un tiempo de Martí. Allí escuchaba a su maestro hablar de los grandes momentos de la Historia. Pudo disponer de su amplia biblioteca en la que pasaba largas horas y asistir a la peña literaria y patriótica de Mendive a la que concurrían escritores revolucionarios. Este centro estuvo ubicado en Prado 88 -hoy 266-.

Mendive lo llevó a continuar estudios en el antiguo Instituto de Segunda Enseñanza en el curso 1865-1866 y siguiente. Estaba situado en la parte sur del Convento de Santo Domingo (demolido) contiguo a la universidad. Allí inicia sus actividades revolucionarias poco después de comenzar la guerra de independencia. En el periódico manuscrito de los estudiantes da a conocer su soneto “¡Diez de Octubre!”. Por esa época escribe en un periódico de su amigo Fermín Valdés Domínguez. También en La Patria Libre, redactado por él publicó varios artículos revolucionarios y su poema Abdala. Estas actividades culminaron a los 16 años con el proceso por el cual fue llevado a la Cárcel Nacional y después al Presidio Departamental situado en Prado núm. 1 para cumplir condena a trabajos forzados, acusado de infidencia, hasta que por distintas gestiones fue trasladado y finalmente deportado a España.

Ricos propietarios españoles, conservadores, organizaron y tuvieron bajo su dirección batallones de voluntarios integrados en gran medida por inmigrantes que se han calificado de explotados, resentidos, incultos, que constituyeron una turba que el gobierno no pudo controlar.

En La Habana Vieja se sucedieron sus ataques. Fue alarmante el que sufrió el Teatro Villanueva una noche en que daban función bufos habaneros que anunciaron sería “a beneficio de unos insolventes”. Como el día anterior uno de los artistas dio vivas a Carlos Manuel de Céspedes y fue aplaudido por el público, los voluntarios tomaron posiciones en espera del momento oportuno para intervenir. El momento se dio cuando, según una versión, un artista dijo:

“No tiene vergüenza ni mucha, ni regular, ni mala, el que no diga conmigo....¡Viva la tierra que produce la caña!”

Y el público aplaudió.

Los voluntarios interrumpieron con sus gritos la función, se dice que algunos espectadores respondieron con disparos. “Agotado el parque los voluntarios penetraron en el local y se enseñaron sobre la masa indefensa de espectadores”[35].

El día 24 atacaron igualmente el café “El Louvre”.

Las acciones de los voluntarios de La Habana tuvieron su punto culminante en el fusilamiento de los estudiantes de medicina en 1871 en la explanada de La Punta.

Fueron acusados los cuarenta y cinco estudiantes universitarios de un aula de primer año de medicina por haber profanado tumbas en el cementerio. Entre esas tumbas señalaban la de un periodista muerto en un duelo y que se había destacado por sus artículos integristas.

El consejo de guerra que los juzgó no los encontró culpables de las acciones que les imputaban. El militar español, Federico Capdevila Miñono tuvo a su cargo la defensa.

La turba de voluntarios no aceptó el fallo y exigió un nuevo consejo de guerra. El gobernador interino cedió a esta demanda y se constituyó un nuevo consejo en el que participaron seis militares y nueve jefes de voluntarios con lo que se aseguraba la condena de los estudiantes.

El consejo señaló que ocho alumnos debían ser condenados a muerte. Tres de ellos fueron escogidos a la suerte, uno de los cuales el día de los hechos no asistió a la universidad, no obstante fue fusilado junto con los demás.

Nicolás Estévanez Murphi, militar español, en la Acera del Louvre protestó ante la consumación del fusilamiento.

Cuando el repudio general por este horrendo crimen llegó a la Corte española se dictó un Real Decreto por el cual se concedió el indulto a los 31 estudiantes que guardaban prisión.

Las autoridades de la Colonia por temor a represalias de los voluntarios los trasladaron junto con otros presos que llevaban a la Cabaña y de allí a la fragata Zaragoza, donde permanecieron 19 días en la bahía, en espera del barco que los trasladaría a España para que estuvieran libres de la ira de los voluntarios[36].

Varias semanas después del fusilamiento de los estudiantes de medicina se trasladaron las clases que se daban junto al cementerio para el antiguo hospicio de San Isidro en La Habana Vieja (San Isidro entre Picota y Compostela)[37].

Al finalizar la guerra se reconoció la condición de libres a los esclavos que habían peleado contra España. Quedó una contradicción que con el tiempo hubo que suprimir, que siguieran siendo esclavos los que no habían peleado.

La abolición contribuyó al desarrollo incipiente de la clase obrera y se organizaron de nuevo las agrupaciones artesanales. El gobierno las vigiló aunque se declararan de carácter benéfico y de ayuda mutua. Se organizaron cooperativas de consumo en fábricas y talleres. En La Habana Vieja tuvo importancia “la sociedad cooperativa “la Reguladora” que el 19 de enero de 1879 abrió en la calle Príncipe Alfonso (Monte) núm. 51, una fonda que fue entonces punto de reunión de los principales líderes obreros de La Habana”[38].

Pero no todos consiguieron trabajar por lo que se dedicaron a actividades marginales, muchos caen en el vicio del juego, que se dice superaba a cualquier otro vicio.

Con el Pacto del Zanjón no se perdió el espíritu revolucionario “En junio de 1878 se sorprendió en la calle Esperanza 88 una imprenta revolucionaria”[39].

También se considera que en la actitud de los jóvenes de la Acera del Louvre, los “Tacos”[40], frente a los representantes de la autoridad colonial que los calificó de indisciplinados, se reflejó un espíritu de resistencia ante la presencia de España en Cuba.

Durante el período de tregua que siguió a la Guerra de los 10 años, se crearon en La Habana clubes revolucionarios que dependían del Comité radicado en Nueva York, presidido por Calixto García. A esta labor conspirativa se incorporó José Martí cuando en 1878 retornó a Cuba por la amnistía que dictó el gobierno español. Aquí tuvo oportunidad de desarrollar actividades revolucionarias junto a Juan Gualberto Gómez con quien se relacionó cuando trabajó en el bufete de Azcárate y en el de Biondi en La Habana Vieja.

Su labor estuvo encaminada a la preparación de un nuevo levantamiento, esto le trajo enfrentamientos, entre otros, con los autonomistas a los que fustigó en el brindis ofrecido a Adolfo Márquez Sterling en los altos del café “El Louvre”, en 1879.

Meses después, descubierta su labor conspirativa, fue detenido y deportado por segunda vez a España. Juan Gualberto Gómez fue enviado a Ceuta.

Por esta época en el territorio de La Habana Vieja trabajó en sus investigaciones científicas el Dr. Carlos J. Finlay en el Hospital Militar de San Ambrosio. También tuvo una consulta en Prado 52 (hoy 156) y en la Academia de Ciencias Médicas, en la calle Cuba 460 –que hoy lleva su nombre– siguió “librando batallas para fortalecer la conciencia científica”[41].

En cuanto a la lucha de los trabajadores como dijera Fabio Grabart.

“la corriente reformista de colaboración de clases sostenida por Saturnino Martínez[42] desde 1865 va siendo desplazada por las corrientes anarquistas que sostienen aunque con mucha confusión el principio de la lucha de clases en el movimiento obrero”[43].

En este aspecto destacó Grabart el lugar que ocupó como líder sindical Enrique Roig San Martín, nativo de La Habana Vieja, del barrio de Jesús María. Lo consideró anarquista en tránsito al socialismo.

En 1890 el Círculo de Trabajadores (fundado en 1885), organizó la participación de los obreros en el primer 1 de mayo celebrado internacionalmente. El desfile salió del Campo de Marte (hoy parque de la Fraternidad), recorrió varias calles y terminó con un mitin en el que hablaron, se dice que quince personas. Por la repercusión que tuvo se prohibió que en lo adelante se dieran actos de calle en esa fecha.

En este período de tregua también estuvo Antonio Maceo por dos veces en La Habana Vieja, con el propósito de unificar voluntades para reiniciar la lucha.

La primera vez fue en 1890 alegó la necesidad de vender unos terrenos de su familia y autorizó su estancia en Cuba más de cinco meses durante los gobiernos interinos que se sucedieron. Se hospedó en el Hotel Inglaterra y el entusiasmo popular que despertó su presencia alentó la aspiración separatista de muchas capas de la población. Tuvo frecuentes contactos con Juan Gualberto Gómez, que regresó a Cuba por esa época y con otras personalidades como Julio y Manuel Sanguily, José María Aguirre, Miguel Figueroa, Juan Bruno Zayas, Néstor Aranguren, representaciones de los trabajadores, entre otros. Participó en tertulias en la redacción de “El Fígaro” con Ramón A. Catalá, Manuel de la Cruz, Julián de Casal y otros escritores.

Cuando llegó el nuevo gobernador en propiedad del cargo se vio obligado a abandonar la capital y salir del país.

Antonio Maceo también volvió a La Habana Vieja en 1893, pero esta vez vino clandestino, aunque con igual propósito que en el viaje anterior. Llegó con el pasaporte de su cuñado Ramón Cabrales.

El biógrafo de Antonio Maceo, José Luciano Franco, en su folleto sobre La ruta de Antonio Maceo en el Caribe y la América Latina relata cómo al superar mil dificultades, se trasladó de otras provincias a La Habana:

Aquí se ocultó en una casa cercana al puerto, en el barrio de San Isidro, desde la que estableció contactos con elementos populares que le eran totalmente adictos, singularmente los abakuá, integrantes del grupo Bacocó. Pero pronto la policía española –alertada por el alzamiento de Higinio Ezquerra en Lajas, provincia de Las Villas– estuvo sobre la pista de Maceo, que fue salvado de las garras de los esbirros coloniales por el aviso oportuno de un niño de apellido Salgado, y la cooperación de los abakuá que lo llevaron a un lugar seguro a la casa del famoso músico popular Raimundo Valenzuela[44].

De allí inició el recorrido que le permitió salir del país. De la última etapa de las guerras de independencia organizada por José Martí, se conserva una tarja en la “Acera del Louvre” (Prado entre San Rafael y Neptuno), con los nombres de cuarenta jóvenes del grupo que acostumbraba a reunirse allí y que cayeron combatiendo por la Patria.

Al concluir la invasión de Oriente a Occidente, conducida por Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo Grajales, se puso en pie de guerra toda la Isla y se decidió la contienda a favor de las fuerzas cubanas.

Una medida desesperada tomada por el gobernante español Valeriano Weyler hizo que se trasladara a poblados y ciudades la población campesina para que no prestara ayuda a los insurrectos. En la capital se alojaban en los Fosos, sin ninguna atención y morían por cientos.

En esas circunstancias ocurrió un hecho que le dio el pretexto al gobierno norteamericano para intervenir en la guerra, fue la explosión del buque norteamericano Maine en la bahía de La Habana.

Para acelerar la destrucción de la guerra el gobierno norteamericano usando su escuadra declaró el bloqueo naval a La Habana, con lo que se recrudeció la escasez en el territorio.

La Metrópoli como última medida dio por terminada la reconcentración y estableció un régimen autonómico, pero el pueblo cubano quería la independencia absoluta y siguió peleando hasta que España capituló.

Período neocolonial

OCUPACIÓN MILITAR NORTEAMERICANA (1898-1902). PERÍODO DE TRANSICIÓN DE LA COLONIA A LA REPÚBLICA

Terminada la guerra en 1898, pasó el poder de manos de los colonialistas españoles a los ocupantes militares yanquis, sin darle participación en los acuerdos a los cubanos. Así se frustró el nacimiento de la república de Martí.

En el antiguo palacio de los capitanes generales, se instalaron los militares yanquis y continuó en el territorio de La Habana Vieja el centro político y administrativo del país por lo que aquí concurrieron muchos hechos del proceso histórico que seguimos.

La ocupación militar de los Estados Unidos duró desde 1898 hasta 1902, período en el que prepararon las condiciones para el establecimiento del sistema neocolonial de Cuba.

La población habanera vio con preocupación a las tropas norteamericanas en formación en el Prado, desfilar por sus calles, al igual que la caballería militar formada frente al Parque Central.

Desde los primeros momentos de la ocupación comenzaron las manifestaciones de resistencia al sometimiento en las más diversas formas, así el reconocimiento público de los héroes y mártires.

El 28 de enero de 1899, unos días después de haber tomado posesión el gobernador Brooke, los emigrados cubanos de Cayo Hueso hicieron colocar una tarja de mármol en la casa natal de José Martí.

En los diarios de La Habana se publicó un manifiesto dirigido a los trabajadores donde los invitaban a tomar parte activa en los problemas de la patria y proponían iniciar una colecta para pagar los haberes de los mambises. A la vez invitaban a una reunión en el teatro “Irijoa”. Allí después de largos debates se acordó esperar la llegada del generalísimo Máximo Gómez para consultarle.

Al mes de iniciarse la ocupación militar ocurrieron huelgas en La Habana Vieja, tuvo lugar la de las mujeres trabajadores de la cigarrería “La Corona” (Las Papeleras), que confeccionaban las bobinas de papel de cigarros en una sola tira, podían aumento salarial. Otra huelga fue por el pago de los fogoneros de los trenes de carga y de pasajeros de los Ferrocarriles Unidos, en este caso no paralizaron el trabajo sino que lo hacían lentamente (especie de “paso de jicotea”).

Por otra parte se había convocado a una concentración en la plazoleta del Arsenal, en Egido entre Merced y Paula de donde partiría una manifestación hasta el palacio del gobernador para explicarle las dificultades que estaban padeciendo.

Nuevos acontecimientos tuvieron que lamentar, la muerte del General Calixto García, quien presidía una Comisión que había ido a EE.UU. para lograr que se reconociera a la Asamblea como representante del pueblo cubano y conocer cuáles eran las intenciones en relación con Cuba y el licenciamiento del Ejército Libertador.

Falleció allá de una pulmonía fulminante, un buque de guerra trajo su cadáver el 9 de febrero de 1899 hasta el puerto de La Habana donde lo esperaba el pueblo que desfiló después de largas horas en un salón del Ayuntamiento donde le rendían guardias de honor.

El día 11 al iniciarse el entierro un incidente motivó la retirada de la representación cubana. El periódico “La Discusión” lo relató al día siguiente:

El general Brooke rompió el orden del programa colocando los carruajes de los generales americanos antes que la Asamblea Cubana. Los cubanos toleraron el hecho por deferencia. Luego, tropa de caballería americana echó sus caballos sobre la Asamblea, la que tuvo que refugiarse en la acera de la calle Obispo. Entonces el general Freyre protestó y le envió un recado a Brooke. Ante esa contestación la Asamblea se retiró en masa del entierro dando orden de que lo hicieran las tropas cubanas (1).

Por esos sucesos se llegó a pedir la dimisión del general Brooke. En este período fueron reapareciendo las organizaciones obreras que habían suspendido sus actividades durante la guerra y surgieron otras nuevas sin que existiera una organización centralizada.

Regresaron a Cuba numerosos trabajadores cubanos que vivían en los EE.UU. algunos como Diego Vicente Tejera eran miembros del partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí.

Tejera pronto fundó un Partido Obrero para luchar por una sociedad más equilibrada y justa.

En febrero de 1899 fundó el Partido Socialista Cubano, según diría para perfeccionar la República, aunque no planteó la socialización de la producción,

solo duró 6 meses. No obstante siguió laborando para que existiera el Partido Obrero perfeccionado (2).

Otro hecho conmovió a La Habana el día 24, en que se conmemoraba el inicio de la guerra, fue la entrada del generalísimo Máximo Gómez en la capital. Entró al territorio de La Habana Vieja por la Calzada de Monte que hoy lleva su nombre y recorrió varias calles hasta llegar al Ayuntamiento donde se celebró una sesión en su honor. Hubo un desfile popular en el que participaron autoridades, corporaciones, clubes, comités, cuerpo de bombero y el Ejército Libertador. Hubo retreta en el Parque Central, fuegos artificiales en la Plazoleta de Albizu y un baile de gala en el teatro Tacón a beneficio de los huérfanos de la Patria y en homenaje al General Gómez. El periódico “La Discusión”, que describió el acto, calculó en 50 000 las personas que recibieron a Máximo Gómez en La Habana y señaló que al desfile, encabezado por el General en Jefe al frente de su Estado Mayor, que concurrieron generales norteamericanos con sus respectivas escoltas, y marcharon confundidos con los generales cubanos. (3)

Este período hubo algunas manifestaciones de discriminación racial contra las cuales se organizaron actividades en la ciudad. Por ejemplo en el café Washington, situado en los bajos del Teatro Payret, su propietario colocó en distintos lugares del salón carteles escritos en inglés donde se aclaraba que solamente se servía a personas blancas. El general, mambí Juan E. Ducarse, entró en dicho café y pidió una copa de licor, negándose el dueño a darle servicio. El general protestó ante el gobernador civil, quien dispuso la clausura del café y que el dueño le diera una satisfacción al ofendido. El café reabrió sus puertas una semana después pero no retiró los carteles discriminatorios provocando nuevamente su cierre.

Por este motivo se clausuraron los cafés Tacón y Albizu.

Estos hechos ocurrieron también en bares y cafés de la zona portuaria y otros sitios frecuentados por marines y soldados yanquis.

La Universidad se mantenía en el antiguo convento de Santo Domingo en La Habana Vieja. Enrique José Varona quien tuvo a su cargo la reforma de la enseñanza media y superior expresó en relación con la universidad que los estudios que se cursaban allí eran esencialmente teóricos y planteó la necesidad de una enseñanza más científica.

En septiembre de 1899 estuvo en ascenso la clase trabajadora al fundarse la Liga General de Trabajadores Cubanos. Por esa época los albañiles sostenían una huelga por la jornada de ocho horas y aumentó de salario y se circuló un manifiesto donde se acusaba a los huelguistas de ser enemigos del orden y la Patria.

Los obreros reunidos en el Círculo de trabajadores el 19 de septiembre decidieron apoyar la huelga de los albañiles. El paro señalado para el día siguiente no tuvo el

carácter general esperado. El día 24 distribuyeron un manifiesto explicando por qué debían apoyar la huelga y convocaron a una concentración que reunió a miles de trabajadores en la plazoleta de Balboa ubicada entre las calles Gloria y Egido. Allí se eligió un comité de huelga y aprobaron una declaración en la que se acordaba ir al paro. Paralizaron sus actividades maquinistas y fogoneros del ferry habanero, empleados y jornaleros de oficinas y almacenes de la estación de Villanueva, carniceros, panaderos, trabajadores del comercio y otros.

No obstante, la huelga fracasó por la división interna y la represión contra los líderes del movimiento a quienes encarcelaron bajo la acusación de sediciosos, aunque posteriormente se hicieron concesiones (4).

En esta huelga los trabajadores ganaron experiencia para sus luchas futuras.

En el mes de noviembre el periódico “La Discusión” en memoria de los estudiantes de medicina fusilados en 1871, mandó a colocar en el lugar donde cayeron, en La Punta, una tarja conmemorativa, así quedó señalado otro lugar histórico en la Habana Vieja.

Cada vez era más alto el clamor del pueblo por el fin de la ocupación del país y la formación de un gobierno cubano independiente. En la Universidad, al inaugurarse el curso 1899 a 1900 el Dr. Evelio Rodríguez Lendián lo expresó en su discurso de apertura que tituló “La independencia absoluta como ideal cubano”.

Los veteranos, al expresar el mismo sentimiento se organizaron en el Consejo Nacional de Veteranos de la Independencia, radicado en el territorio.

El 13 de diciembre de 1899 se dio a conocer la designación del General Leonardo Wood como gobernador militar en sustitución de John Brooke. En junio de 1900 el gobierno de ocupación convocó a elecciones municipales que se celebraron el propio mes, el día 25, y un mes después se convocó de nuevo a elecciones para la formación de una Asamblea Constituyente, ocasión en que el territorio de La Habana Vieja fue escenario de fundamentales acontecimientos.

Se le planteó a la Convención Constituyente “redactar y adoptar una Constitución y una vez terminada esta formular... las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”. (5).

Ante esta imposición hubo una protesta general.

El 5 de noviembre de 1900 se inició la Convención Constituyente, las sesiones se efectuaron en el Teatro Irijia que desde ese momento tomó el nombre de Teatro Martí. Miles de cubanos que no pudieron entrar rodearon las calles aledañas al teatro ubicado en Dragones y Zulueta.

En enero de 1901 se publicó el proyecto de Constitución de la República sin abordar las relaciones que el país había de tener con los EE.UU.

Dos meses después el gobierno norteamericano entregó a la Convención un documento que contenía la Enmienda Platt para agregarla a la Constitución. El pueblo protestó en gigantesca manifestación que reunió a más de 15 000 personas que recorrieron las calles del territorio y en Dragones donde funcionaba la Convención una delegación le entregó un mensaje de adhesión del pueblo a la Asamblea y de condena a la imposición norteamericana. De allí fueron hasta la Plaza de Armas, frente al edificio del gobierno y dieron gritos por Cuba Libre. Entregaron al General Wood un escrito de condena a la Enmienda y este, para calmar los ánimos les dijo que los cubanos podían aceptar o rechazar el documento. Pero al día siguiente hubo nuevas manifestaciones populares contra la Enmienda.

La Convención Constituyente, a pesar de toda la oposición desatada tuvo que ceder, con honrosas excepciones.

De nada valieron los planteamientos norteamericanos que se hicieron sobre el apéndice constitucional y ante la prolongación indefinida de la ocupación del país, ocurrió esa votación dividida que dio a los imperialistas el control de Cuba y aseguró las bases del neocolonialismo.

Antes de cesar el gobierno de ocupación, entre otras medidas crearon una policía especial e hicieron desaparecer antiguas zonas de tolerancia y concentraron las prostitutas en el barrio de San Isidro, en La Habana Vieja, con las consecuencias desfavorables para esa población de trabajadores.

NACIMIENTO DE UNA REPÚBLICA MEDIATIZADA

Se inauguró la República el 20 de mayo de 1902 con fastuosas ceremonias oficiales, el cambio de banderas y el traspaso de poderes en el antiguo palacio de gobierno, donde tomó posesión como presidente Tomás Estrada Palma.

La Habana Vieja fue escenario de ese acto para el cual se levantaron arcos de triunfo a lo largo del Paseo del Prado y las principales zonas comerciales.

El pueblo habanero llenó las calles junto a miles de personas que vinieron de todas partes del país para presenciar la ceremonia.

Después de los festejos, la población tuvo que enfrentar una realidad que no había cambiado: no había trabajo para las grandes masas de la población y los que lograban algún trabajo no cubrían sus necesidades.

Esto afectó también a mambises como Quintino Bandera Betancourt (Quintín), “General de tres guerras”, como tituló el escritor Abelardo Padrón la biografía que le dedicó. (1)

Este mambí que vino con Maceo, en la invasión de Oriente a Occidente, como jefe de su infantería, después de la guerra permaneció en el occidente y tras radicarse en algunas localidades de esa región se estableció finalmente en La Habana Vieja. En el barrio de San Isidro vivió en Velasco núm. 3 y en la zona que correspondería al Consejo de Jesús María, vivió en la Calzada de Monte núm. 10, en Revillagigedo 115 y en Esperanza 32, hoy 106.

Como relata Padrón, quintín Bandera aspiraba a fundar un periódico en el que publicaría sus memorias de la guerra. Pero en esta ciudad solo obtuvo trabajo en la limpieza de calles y haciendo propaganda a una marca de jabón entre las lavanderas. Labores que hacía mostrando en el cuello sus estrellas de general, lo que parecía molestar a algunas personas del gobierno que no habían alcanzado tal honor.

La penetración de capitales ingleses y norteamericanos en la industria y el comercio no mejoró la situación de los trabajadores. En el sector tabacalero representado en La Habana Vieja se conservaron los mismos capataces de la etapa colonial y estos traían de España a familiares para incorporarlos al trabajo y en las secciones que eran mejor pagadas no podían entrar como aprendices los cubanos. Esta fue la causa de la primera huelga de carácter general que tuvo lugar en La Habana, se conoció como “La huelga de los aprendices”.

En esta huelga se destacó la fábrica Villar del “trust americano” situada en Zulueta 106 entre Refugio y Colón. Lucharon por demandas económicas y por el derecho de los cubanos a ingresar como aprendices.

La Liga General de los Trabajadores Cubanos apoyó la huelga y logró que se sumaran otros sectores pero faltó unidad en la lucha. Hasta los veteranos se acercaron al Presidente Tomás Estrada Palma para que apoyaran a los obreros y acordaron mejoras que no aceptaron los dueños de fábricas y ante la continua alteración el presidente envió la guardia rural contra los obreros y tuvieron que regresar a sus talleres los que habían parado sus actividades. (2)

De este modo se protegían los intereses de los monopolios.

En 1903 se fundó en La Habana la primera organización obrera de ideas marxistas, bajo el nombre de Club de Propaganda Socialista, contando con la dirección de Carlos Baliño, quien junto a Martí había fundado el Partido Revolucionario Cubano en 1892. La habana era el centro de actividad de los marxistas cubanos y contaba con la clase obrera más altamente politizada de la Isla. En ella se formó en 1904 con carácter local el Partido Obrero, llamado en 1905 Partido Obrero Socialista de La Habana. (3)

El gobierno de Estrada Palma no emprendió obras de importancia en el territorio. Las principales edificaciones se debieron a la iniciativa privada. Así en 1903 se inició la construcción del palacio de la Asociación de Dependientes que señala el historiador Carlos Vanegas Fornias como “la primera entre las nuevas versiones arquitectónicas de las sociedades regionales” (4).

De igual modo el hotel Miramar, en la esquina de Prado y Malecón inició la construcción de hoteles en el territorio con técnicas norteamericanas.

En el Parque Central los cubanos habían decidido que debía erigirse un monumento a José Martí. Se hizo a través de una cuestación popular y Máximo Gómez, Juan Gualberto Gómez y otros veteranos presentes hablaron en el acto.

A partir de entonces el nombre oficial del Prado fue Paseo de Martí.

Estrada Palma en la última etapa de su gobierno oyó los consejos de miembros de su gabinete y aceptó ir a la reelección. La forma en que se preparó esa elección llevó al retraimiento a su oponente y al resultar electo como candidato único se produjo una insurrección armada conocida como “la guerrita de agosto” que pretendía anular las elecciones y celebrar nuevos comicios.

Quintín Bandera fue de los primeros en alzarse y al considerar que no se triunfaría escribió al presidente solicitando le permitieran salir del país. No obtuvo respuesta su petición y en cambio fue localizado, copado con su escolta y rematado a tiros y machetazos. (5)

No se respetaron sus años de lucha por la liberación de la patria.

En esos momentos que vivía el país aparecieron buques de guerra norteamericana en el puerto de La Habana. Como el gobierno no pudo controlar la situación Estrada Palma renunció y todos los que podían sustituirlo hasta nuevas elecciones, también renunciaron a sus cargos, dando paso a la segunda intervención norteamericana en Cuba.

SEGUNDA INTERVENCIÓN YANQUI CUBA (1906-1909) El 29 de septiembre de 1906 el Secretario de Guerra de EE.UU. se autoproclamó Gobernador Provisional de Cuba. Había venido en uno de los barcos, según dijo, en función de paz. El 13 de octubre lo sustituyó Charles E. Magoon.

Durante este gobierno se mantuvo la bandera cubana en todos los edificios oficiales para afirmar el carácter provisional, puesto que no convenía a su política con América Latina que se considerara que se habían apoderado de Cuba, lo que

no era necesario porque ya existían leyes vigentes que les daban el control neocolonial del país.

Por esta época circulaban en Cuba varias monedas, la americana oficial y también la española y la francesa. Como los dueños de las fábricas de tabacos pagaban en moneda española, que tenía un valor menor que la moneda americana, los obreros pidieron el pago en moneda americana, lo que les representaría un aumento en su jornal. Se declararon en huelga y durante los meses que duró, recibieron ayuda económica de los talleres o fábricas independientes.

El “trust americano” de acuerdo con los dueños de las fábricas independientes logró que las cerraran para que sus trabajadores no cooperaran con los huelguistas. Así se amplió el paro.

Los productores independientes temiendo que a ellos les pidieran el pago en moneda americana les dieron un aumento a sus trabajadores y el Trust ante el temor de perder clientes por la huelga cedieron y pagaron en moneda americana. La Unión de Fabricantes de Tabacos protestó y pidió que el gobernador interviniera, pero se negó, porque favorecía al dólar que se suprimieran las demás monedas. (6) Así ganaron los trabajadores la llamada “Huelga de la moneda”.

Había en La Habana Vieja unas 24 fábricas independientes distribuidas en las calles: Obrapía, Obispo, O´Reilly, Teniente Rey, San Ignacio, Mercaderes, Amargura, Zulueta, Someruelos, Suárez, Esperanza, Factoría y Príncipe Alfonso (Monte).

La gran masa de la población siguió sin trabajo a los dos años de la intervención.

Una comunicación enviada al gobernador Charles Magoon y al Pueblo de Cuba, por Francisco Puig, a nombre de los obreros del barrio Jesús María, nos muestra cómo se vivía en esos primeros años de la República. En ella decían:

“...miles de obreros de distintas ramas se encuentran en la inacción por falta de trabajo. Urge pues, que los que llevan las riendas del poder se den cuenta exacta de lo que les pasa a los trabajadores cubanos. Hoy se haya sin ocupación infinidad de albañiles, carpinteros, mecánicos, tabaqueros y un gran número de jornaleros que se cruzan de brazos pensando hasta cuándo ha de durar esta situación...” (7)

En su comunicación apelan a los gobernantes y a los comerciantes e industriales en demanda de pan o trabajo. Referían además que un gran número de ellos se encontraba demandado por no haber podido pagar el alquiler de las habitaciones que ocupaban, las que resultaban caras y los trabajadores con niños no encontraban quién quisiera alquilarles. Finalizaban haciendo un llamado a los trabajadores para que se agrupen en los distintos barrios y dieran a conocer al gobernador su situación para que tomara medidas.


La comunicación estaba respaldada por más de 200 firmas.

Por otra parte la intervención agudizó la injerencia cultural. Un ejemplo nos lo da el testimonio de Fernando Ortiz, investigador de la integración cultural cubana. En 1908 nos dejó una reseña de los carnavales habaneros que hacían su recorrido por el Paseo del Prado y el Malecón cuando en ellos irrumpieron las carrozas norteamericanas y las bandas de música de sus colegios. Sobre esto dijo: “Lo cierto y triste es que los americanos han triunfado en el Carnaval cubano y que tan misérrima es nuestra vida artística que para darle unos brochazos de cultura, ha sido necesario llevar hasta él la intervención americana...”. (8)

RESTAURACIÓN DE LA REPÚBLICA El 20 de mayo de 1909 se restaura la república. En esta etapa se sucedieron gobiernos cuyos representantes participaron en negocios fraudulentos. El primer Presidente fue José Miguel Gómez, quien llevó a cabo el cambio de los terrenos del antiguo Arsenal de la colonia por los de la Estación de Trenes de Villanueva que se quería trasladar del lugar céntrico donde estaba.

El proyecto de ley que permitió este cambio fue muy discutido en la Cámara de Representantes desde su presentación durante la Intervención. El General Sánchez Figueras, legislador, se opuso al proyecto por considerar que el gobierno entregaba terrenos de más valor que los que iba a recibir. Se decía que había una diferencia de varios millones en el valor de los terrenos y que en el cambio salía favorecida una empresa extranjera. Esto dio lugar a un hecho de sangre del que fue escenario La Habana Vieja donde estaba enclavada también la Cámara de Representantes. Sánchez Figueras fue amenazado de muerte por el legislador Severo Moleón y fue agredido en la esquina de Empedrado y Compostela y posteriormente fue atacado de nuevo por Moleón y dos hombres más en O´Reilly y San Ignacio. Herido Sánchez Figueras pudo defenderse con su revólver y resultó muerto Moleón.

A pesar de la oposición al proyecto el Congreso lo aprobó y dio un millón de pesos por la obra. (9)

Mientras en las altas esferas del gobierno se hacían grandes negocios, los obreros luchaban por la subsistencia, por ejemplo las planchadoras de trenes de lavado, se dirigieron al Palacio de Gobierno para plantearle al Presidente su situación. Les prometieron que el secretario correspondiente se ocuparía del caso, pero no tuvieron respuestas sus demandas y la huelga continuó. Tomaron el Teatro Martí y allí estuvieron en la asamblea permanente. Celebraban actos en parques concurridos para explicar al pueblo el motivo de la huelga. Ocurrieron graves alteraciones en los centros de trabajo entre las huelguistas y sus patronos. Esos trenes de lavado en La Habana Vieja estuvieron en Factoría 44, Suárez 44, 78, 82 y 91 y en la esquina de Esperanza.


Las dirigentes del gremio fueron acusadas junto con trabajadores de otros sectores que se solidarizaron con ellas. Se les procesó por el delito de coligación para alterar el precio del trabajo. (10)

Otra lacra de la república neocolonial que tomó auge en esta época fue la zona de tolerancia llevada al barrio de San Isidro desde la primera intervención americana. Estaba controlado pro francés y ejercido mayormente por extranjeras y no tardó en producirse rencillas entre franceses y cubanos por dominar el negocio de la prostitución. Alberto Yarini y Ponce de León, un cubano perteneciente a una familia distinguida, se adueñó del barrio hacia 1910. Dicho joven de 26 años era miembro del Partido Conservador del cual era presidente en el barrio y aspiraba a que lo eligieran como miembro de la Cámara de Representantes. Una noche se resolvieron a tiros las discrepancias y Yarini murió agredido por sus rivales. Su entierro tuvo una amplia concurrencia, además de los participantes de San Isidro, asistieron políticos, hasta el Presidente José Miguel Gómez. (11)

Unos años después el gobierno tuvo que cerrar esa zona de tolerancia.

Durante este gobierno se desarrolló el juego en diversas formas, se reimplantó la tolería que se decía que dejaba una recaudación para obras sociales. Los políticos acaparaban colecturías con las que compraban colaboradores. Se vendían billetes de lotería y el pueblo se empobrecía más enviciándose en el juego.

Pero también dejaban ganancia las casas de juego.

El jefe de la Policía de La Habana el General Armando J. Riva, combatió el juego en su demarcación con lo que afectó intereses del Gobernador de La Habana, Ernesto Asbert, que protegía varias casas de juego. A mediados de 1913 se enfrentó Asbert a Armando J. Riva quien paseaba por el Prado en su carro con dos menores y fue alcanzado por los disparos que le dirigió el gobernador y falleció a consecuencia de esa agresión.

Hubo un juicio amañado donde se declaró culpable otra persona, pero el escándalo fue tal que tuvo que ir a la cárcel Asbert y como relata Emilio Roig en su crónica de esa época, mayor escándalo provocó la Ley de Amnistía que se dictó año y medio después para dejar en libertad a los acusados en ese hecho. (12)

A fines de 1912 se inauguró la Estación Terminal de Trenes, pero finalizó el gobierno de José Miguel Gómez sin que se hubiera hecho el Palacio Presidencial como se había proyectado en los terrenos de Villanueva, a pesar del crédito gastado en la obra.

Al asumir la presidencia Mario García Menocal (1913 -1921) por una ley del Congreso se derogó la Ley del Canje por lo cual se había cambiado el terreno del Arsenal por el de Villanueva (aunque ambos terrenos eran de Cuba). Se acordó que en el terreno de la antigua Estación de Villanueva, en vez de un palacio para la presidencia de la República se construyera un Capitolio donde funcionaría la Cámara de Representantes y el Senado. Posteriormente se le concedió un crédito de un millón de pesos para la obra.

Los problemas obreros, este gobierno trató de resolverlos empleando la represión y la demagogia. Así creó una llamada Comisión de Asuntos Sociales que estudiaría los problemas de los trabajadores. La Comisión convocó a un Congreso Obrero Nacional. Tuvo una oficina Prado 8. El Ayuntamiento de La Habana y el Poder Legislativo cooperaron económicamente a los gastos del Congreso que tuvo lugar en La Habana Vieja, en el teatro Politeama. (13)

Criticaron el Congreso los proletarios más radicales (anarquistas y socialistas) porque propiciaba el “colaboracionismo entre las clases” y lo consideraron una farsa. Subieron de tono las críticas por el dinero del Estado gastado en el Congreso cuando había fábricas cerradas u obreros en paro forzoso a causa de la primera guerra mundial. A la vez repartieron panfletos contra la asamblea cerca del teatro por lo que los delegados decidieron renunciar a un lunch que tendrían los participantes en el Congreso y cedieron los $1000 que les costaría, al Comité de Auxilio creado para ayudar a los obreros en paro forzoso. (14)

Aunque en el Congreso los trabajadores plantearon sus problemas no mejoraron sus condiciones de trabajo.

No obstante, los tabaqueros dieron pasos en su organización. En 1914 en la fábrica de tabacos “La Corona” ubicada en la llamada “Casa de Hierro” se fundó la Sociedad de Resistencia Torcedores de la Corona que tenía como objetivo

defenderse de la explotación patronal. No se reunieron en el local de la fábrica (Zulueta 106) que pertenecía a una empresa norteamericana, sino en la Sociedad de Instrucción y Recreo “Dinorah”, en Monte núm. 15, y presentaron una ponencia en el Congreso en la que trataban la falta de unidad entre los trabajadores y otros temas.

Las elecciones fraudulentas que permitieron la reelección de Mario García Menocal provocaron el levantamiento armado de los liberales conocido por “La Chambelona” o la “guerrita de febrero”. Esta alteración trajo nueva intervención norteamericana en ese año de 1917 y se vieron naves de guerra en el Puerto de La Habana con marines dispuestos a desembarcar. El pretexto fue la defensa de las propiedades norteamericanas y apoyar al presidente, si no podía por sus medios contener a los sublevados. No obstante tuvieron que informar a los alzados que no reconocerían un gobierno producto de la revuelta para que desistieran de la lucha.

La guerra mundial había traído gran prosperidad económica por la venta del azúcar, aunque la controlaban los EE.UU. Esto ocurrió a partir de 1915, pero el gobierno no realizó obras de importancia, no se hizo el Capitolio para el Senado y la Cámara de Representantes. En cambio, en el lugar en que Asbert (preso entonces) había empezado a construir un edificio para el Gobierno Provincial, se construyó el Palacio Presidencial.

Se despilfarró el dinero que produjo el azúcar y los empréstitos solicitados que manejó el gobierno.

Cuando tomó posesión el nuevo Presidente, Alfredo Zayas, en plena época de depresión económica que siguió a la terminación de la guerra, ya no pudo emprender otra obra en los terrenos de Villanueva. Allí se construyó un parque de diversiones.

Con la especulación económica La Habana Vieja se había convertido en zona bancaria y el Wall Street cubano, especialmente en la calle Aguiar donde proliferaron los bancos, hasta el edificio del antiguo oratorio de San Felipe de Neri se vendió al Banco del Comercio. El centro de esta actividad estaba en la Manzana de Gómez donde ya se habían demolido los dos teatros de la azotea y construido varios pisos de oficinas que resultaban más rentables. Durante la crisis, los bancos norteamericanos, canadienses y algunos pocos cubanos quedaron en pie, los demás tuvieron que cerrar.

En relación con la forma en que se manifestó la penetración norteamericana en La Habana Vieja nos brindó un panorama Alejo Carpentier en un documental en que hable sobre La Habana: (15)

“Había (...) una pequeña ciudad norteamericana que se extendía, por así decirlo, desde El Floridita, que empezó por ser un bar casi exclusivamente

norteamericano, el Sloppy Joe´s más adelante que era de turistas norteamericanos ciento por ciento (...). Había el American Club en la esquina de Prado y Virtudes (hoy ocupado por sociedades españolas) desde donde prácticamente se gobernaba el país, porque era el club de la banca norteamericana, de los negocios norteamericanos, de los dueños de ingenios norteamericanos y de sus allegados y sus liados económicos y desde donde literalmente se impartían órdenes al Palacio (...), detrás estaba el hotel Washington que era de vendedores americanos, comerciantes americanos, etcétera. El hotel Plaza que era un hotel completamente americano (...). Por lo demás repito, el American Club, donde no solamente tenían su asiento los grandes capitalistas y banqueros norteamericanos, sino los agregados militares, todos los funcionarios de la Embajada norteamericana, era el lugar, además, donde se reunían ciertos núcleos de masones norteamericanos (...). La pequeña ciudad norteamericana tenía una prolongación a partir de 1917-1918 en el hotel Sevilla.”

Se refirió al interventor militar norteamericano Enoch Crowder y lo señala prácticamente viviendo allí en el Sevilla de la mañana a la noche de donde salía para el Palacio y gobernaba con el Presidente de turno.

En el país se refleja la crisis económica internacional, entre otros aspectos en la emigración de la población que huye de la miseria del campo hacia la capital, lo que redunda en el aumento del desempleo.

Barrios que corresponden al territorio actual de La Habana Vieja. Tomar con reserva de datos de los barrios que se prolongan a Centro Habana (La Punta, Colón, Tacón, Marte, Ceiba, San Nicolás y Chávez) así como el barrio que se extiende al Cerro (Atarés).

A partir de la década del veinte, como se ha analizado sectores populares le hicieron frente a los males que aquejaban al país, en principio por separado los obreros, estudiantes e intelectuales.

En 1920 se celebró una convención obrera o como se ha llamado un Congreso Preliminar en el local de Egido 2 que prepararía un Congreso Nacional para lograr la unidad del movimiento obrero. Aunque no pudieron tratar todo lo que tenían planificado si se sentaron las bases de la Federación Obrera de La Habana (F.O.H.).

Al año siguiente se celebró la primera reunión de la F.O.H. siendo su primer secretario José Peña Vilaboa por poco tiempo y después Alfredo López, y daría paso a la primera central obrera de Cuba.

El estudiantado en su más alto nivel estuvo representado por el Instituto de Segunda Enseñanza que, a principios de esta década que consideramos, estaba aún ubicado en la parte sur del Convento de la Orden de Santo Domingo.

La solicitud de Julio Antonio Mella de que los estudiantes de enseñanza secundaria participaran en la reforma de la educación en que estaba empeñado el estudiantado universitario contribuyó a radicalizarlos.

Leonardo Fernández Sánchez, alumno del Instituto, se vinculó a Julio Antonio Mella y se identificó con sus ideas revolucionarias. Fue elegido presidente de la Asociación de Estudiantes del Instituto de La Habana y colaboró en la revista del plantel donde se denunciaron fraudes y arbitrariedades cometidos en el centro. Cuando se celebró el primer Congreso de Estudiantes de la Universidad en 1923, Fernández Sánchez asistió en representación del Instituto y fue designado secretario de la Confederación Nacional de Estudiantes.

Al comenzar sus actividades la Universidad Popular “José Martí”, creada por Mella, Fernández Sánchez fue uno de los estudiantes que junto a los intelectuales asistió por las noches a los sindicatos obreros en pueblos cercanos para dar clases a los trabajadores.

Brindó el local de la Asociación de estudiantes del Instituto de La Habana cuando se prohibió que la Universidad Popular siguiera funcionando en la “Colina” (17).

De esta forma se expresó el intercambio entre obreros y estudiantes. Posteriormente los estudiantes del Instituto participaron con los obreros en demostraciones frente a la sede diplomática de Italia y en el Puerto de La Habana

en protesta por la presencia de un buque italiano enviado en plan de propaganda fascista.

La oligarquía en el poder sí festejó a los marinos y los llevó a visitar la fábrica de Partagás, en La Habana Vieja, pero cuando se presentaron allí, los tabaqueros abandonaron sus mesas y galeras.

El sector de los intelectuales y artistas en las primeras décadas de la república continuó la tradición, que venía desde la etapa colonial, de reunirse en tertulias en las que presentaban y comentaban sus obras e intercambiaban ideas sobre los avances de la cultura en Europa y otras zonas. Estos grupos heterogéneos en ideología fueron abarcando temas políticos y sociales.

Por el año 1920, Rubén Martínez Villena, con otros compañeros inició las tertulias de la glorieta del teatro Martí, en el que se presentaban zarzuelas españolas que se representaban por varias semanas. Alejo Carpentier, habitual en esas tertulias comentó cierta vez que en lo teatral y lo artístico no había podido penetrar la influencia norteamericana, prevalecía la española, no obstante reconocía que la puesta en escena de estas obras seguía siendo tradicional, no aprovechaba los aportes del teatro europeo, el llamado teatro sintético que pudieron apreciar en una compañía rusa que se presentó en el Payret en 1921. (18)

En 1923 un grupo de estos intelectuales encabezados por Rubén Martínez Villena, se manifestó públicamente en lo que se conoce como “la Protesta de los Trece”, llevada a cabo el 18 de marzo en el local de la Academia de Ciencias Médicas y Naturales situada en Cuba 460 casi esquina a Amargura. Allí se daba un homenaje a una intelectual uruguaya y pronunciaría unas palabras el Secretario de Justicia del gobierno de Alfredo Zayas. Cuando este se dirigía al escenario, Rubén pidió la palabra a la presidencia y se paró con todos sus compañeros diseminados por el salón y explicó que no podían permanecer en el acto porque el funcionario que iba a hablar había autorizado un robo al poner su firma en el

documento de la compra del Convento de Santa Clara por el Estado a un precio superior al pagado por el inmueble cuando lo vendió la congregación que lo tenía a su cargo. Al abandonar el salón se dirigieron a un periódico en el que presentó Rubén un manifiesto que firmaron los trece presentes.

Se les siguió un proceso que los puso más en contacto y fue la base de la creación del Grupo Minorista. (19) Como estuvieron presos a consecuencia de lo que se consideró injurias, Rubén escribió a un amigo latinoamericano la situación en que estaban, y como era poeta lo hizo en versos. Muy conocidos son los siguientes donde explicaba la situación de Cuba: “... Hace falta una carga para matar bribones,/ para acabar la obra de las revoluciones,/ para vengar los muertos que padecen ultraje,/ para arrancar la costa tenaz del coloniaje...”.

Otras de las actividades en que participaron fue el Movimiento de Veteranos y Patriotas dando mítines diarios en el Teatro Martí para que el gobierno rectificara errores.

En 1925 el Instituto de La Habana se trasladó para el nuevo edificio de Zulueta, aunque no estaba terminado, pero el anterior ofrecía peligro de derrumbe.

1925 fue un año de luchas en las que participaron distintos sectores de la población.

El gobierno de Alfredo Zayas convocó a una movilización de empleados públicos, militares, partidos políticos, comerciantes e industriales que recorrería varias calles hasta pasar por el Palacio Presidencial y disolverse en el Campo de Marte. Sería en agradecimiento al gobierno de los EE.UU. por haber firmado, después de más de veinte años de espera, el tratado en el que se reconocía la soberanía de Cuba sobre Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), que siempre fue de Cuba por formar parte de su archipiélago. Se realizó el 18 de marzo y la encabezaron el Presidente Alfredo Zayas y Gerardo Machado quien ya había sido elegido presidente para el siguiente período. Iba con ellos el embajador norteamericano Enoch Crowder.

Ante esta manifestación que recorrería parte del territorio de La Habana Vieja, Julio Antonio Mella organizó un Comité Antiimperialista que distribuyó un manifiesto y lanzó gritos contra el imperialismo y el gobierno. En este Comité estuvo representado el Instituto de La Habana. Resultaron detenidos Mella y otros estudiantes, acusados de injurias. Con una colecta del pueblo se pagó la multa que se les impuso. A la salida volvieron al territorio y dieron un mitin en el Parque Central y siguieron hasta el parque frente al Palacio Presidencial y apedrearon la estatua que el presidente se había hecho erigir allí donde hoy está el Memorial Granma. La manifestación se disolvió a tiros y palos resultando heridos Mella y su hermano Cecilio.

GOBIERNO DE GERARDO MACHADO. LA REVOLUCIÓN DEL 30

Estos hechos en que el pueblo reconoció la injerencia yanqui estimularon la creación de la Liga Antiimperialista, el 14 de julio de 1925 en el local de la Asociación de Estudiantes del Instituto de La Habana. Se eligió a Mella organizador, a Alejandro Berreiro financiero y a Carlos Baliño vocal.

En el mes de agosto se celebró un Congreso de las Agrupaciones Comunistas en la clandestinidad y quedó fundado el primer Partido Marxista-Leninista de Cuba que inmediatamente fue ilegalizado por el gobierno y sus dirigentes perseguidos, entre ellos Baliño y Mella. El Secretario General José Miguel Pérez natural de Islas Canarias, fue expulsado del país.

Mella junto con Alfredo López y otros dirigentes de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (C.N.O.C.), fueron detenidos al mes siguiente acusados de sediciosos y se les dejó libres bajo fianza.

Mella quien había sido expulsado de la Universidad por un año acudía diariamente a la Federación Obrera de La Habana ubicada en un centro obrero de Zulueta y veía trabajar a Alfredo López, en la solución de los problemas proletarios. A su vez pronunciaba conferencias a los obreros sobre temas revolucionarios.

Asistía también a la imprenta de la Sociedad de Torcedores, en Figuras 25, cambiando impresiones con Carlos Baliño, que era corrector de pruebas en ese centro.

El 27 de noviembre se dirigió al centro obrero de Zulueta para pronunciar unas palabras en conmemoración de la muerte de los 8 estudiantes de medicina y fue detenido de nuevo y llevado a la prisión de La Habana, situada entonces en Prado núm. 1.

Se le quiso trasladar de prisión en la noche pero se negó pensando que sería un pretexto para asesinarlo.

Dos días después prendieron a los dirigentes obreros que habían estado presos con él, acusados igual que Mella de infracción de la Ley de Explosivos. En la prisión en torno a la mesa que tenían se reunían a escuchar las palabras de Mella sobre el desarrollo de la Revolución en la URSS, y la necesidad de llevar a cabo una revolución en Cuba.

Después de recibir la visita de una comisión de estudiantes y el Dr. Gustavo Aldereguía, Mella se declaró en huelga de hambre.

Estudiantes y obreros pedían la libertad de Mella y sus compañeros.

A los 11 días le sobrevino un colapso y lo salvó la atención rápida del enfermero y lo trasladaron a un hospital.

Gestiones de Rubén Martínez Villena, su abogado, aceleraron el trámite de la libertad bajo fianza y debido a la solidaridad internacional los pusieron la libertad a todos. Mella tuvo que salir del país para salvar la vida, pero en 1929 lo asesinaron en México esbirros de Machado.

Alfredo López siguió siendo perseguido y en julio de 1926 al entrar en el centro obrero de Zulueta 37 fue detenido por esbirros de la tiranía machadista que lo secuestraron y asesinaron.

En 1928 el Partido Comunista desde la clandestinidad organizó la Liga Juvenil Comunista que participó en todas las acciones de la época.

Se encomendó a Rubén Martínez Villena, que había ingresado en el PCC el año anterior, que asesorara legalmente a la CNOC para reorganizar los sindicatos y desarrollar agitación y propaganda. Al celebrarse en La Habana la VI Conferencia Panamericana inaugurada en el Teatro Nacional, hoy García Lorca, Villena redactó un Manifiesto de condena a esa reunión en la que no se defendían los

intereses latinoamericanos. Mientras distribuían el Manifiesto los militantes comunistas Claudio Bouzón y Noske Yalob fueron apresados, asesinados y arrojados en la Bahía de La Habana.

Alumnos del Instituto de La Habana secundaron a los universitarios que en manifestación se dirigían a Palacio el 30 de septiembre para pedir la renuncia de Machado, entre ellos Juan Mariano González Rubiera (mártir del machadato), Rodolfo de Armas (muerto en la guerra civil española), Pedro Vizcaíno y César Escalante, detenido por la policía y expulsado del Instituto.

En 1933 se organizó la huelga general que hizo caer al régimen de Machado. El 7 de agosto estaba en su apogeo cuando se propalaron rumores de que Machado había renunciado. El pueblo se lanzó a la calle para festejar la huída del tirano y la muchedumbre fue masacrada cerca del Capitolio por orden del Jefe de la Policía, Ainciarte; no obstante la huelga se mantuvo.

El 12 de agosto huyó Machado con sus colaboradores cercanos y miles de ciudadanos se lanzaron de nuevo a las calles, asaltaron las residencias de figuras comprometidas con el régimen y se ajustició al fundador de la Porra a quien reconocieron por el Prado queriendo detener la marcha espontánea del pueblo disparando su pistola y un soldado le disparó con el arma que portaba.

En el Palacio Presidencial, la mediación de Benjamín Sumner Welles impuso el gobierno de Carlos Manuel de Céspedes, hijo, con el apoyo de partidos políticos tradicionales y el ABC. A los veintiún días cayó este gobierno por el golpe militar del 4 de septiembre que apoyó parte de los estudiantes contrarios a la mediación. Asumió el poder un gobierno colegiado de cinco miembros. Fue elevado a la Jefatura Militar el sargento Fulgencio Batista.

La Liga Antiimperialista, con la orientación del Partido Comunista, movilizó a las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles para un acto de protesta que se dio en el Teatro Nacional, frente al Parque Central.

A la semana se eligió como presidente a uno de sus miembros, Ramón Grau San Martín. Juró su cargo ante la multitud reunida frente a la terraza Norte del Palacio y no juró la Enmienda Platt, por ello y por el programa antiimperialista que anunció el Secretario de Gobernación, Antonio Guiteras Holmes, el gobierno de EE.UU. se negó a reconocer este gobierno provisional que se instaló en Palacio.

Batista trató de hacer méritos ante los imperialistas y reprimió las huelgas obreras y la manifestación organizada para el recibimiento de las cenizas de Julio Antonio Mella que se trasladaron a Cuba. En el local que tenía la CNOC en Prado 123 se acordó que a la llegada del barco se hiciera un paro en el Puerto de La Habana para que los portuarios le rindieran honores en el muelle de la Ward Line, por donde debían desembarcar los que traían las cenizas de Mella.

No hubo incidentes en ese momento, las cenizas no fueron descubiertas y a nombre de los presentes habló Leonardo Fernández Sánchez. Después se trasladó la urna para un local de la Liga Antiimperialista de Cuba.

El 29 de septiembre fue la fecha escogida para depositar la urna en el monumento levantado en la Plaza de la Fraternidad pero no llegaron a ese lugar de La Habana Vieja por la agresión del ejército. No obstante las cenizas se mantuvieron en poder de miembros del Partido Comunista hasta el triunfo de la Revolución. Detuvieron a los obreros que daban los toques finales al monumento en la Plaza de la Fraternidad, porque no tenían autorización escrita para realizar esta obra.

El ejército y elementos del Directorio Estudiantil Universitario asaltaron e incendiaron en La Habana Vieja, la Federación de Bahía de tendencia comunista.

El gobierno de EE.UU. para derrocar al gobierno cubano promovió alzamientos de ex militares, del ABC de tendencia fascista y entre el 8 y el 9 de noviembre asaltaron lugares importantes, en La Habana Vieja: la zona portuaria fue atacada con bombas e incendiada, tomaron el Castillo de Atarés y el Cuartel de San Ambrosio, estaciones de policía y la jefatura ubicada a una cuadra del Palacio Presidencial.

El gobierno enfrentó la sublevación. Guiteras con fuerzas armadas leales y personas de confianza asaltó la jefatura de policía y los derrotó allí, un grupo que se fue hacia el Castillo de Atarés fue atacado por tierra, aire y mar y derrotado, y fueron masacrados por el ejército algunos sublevados después que se rindieron.

A pesar de este triunfo, el gobierno no se consolidó ni se logró unidas entre Batista, Grau y Guiteras que estaban en el poder.

Grau renunció por las presiones imperialistas después que Guiteras intervino la Empresa Eléctrica por incumplir lo acordado para terminar la huelga de los empleados y porque se prolongaba la falta de luz y agua en la población.

Entre las huelgas obreras de los primeros meses de 1934 se destaca la del sector tabacalero para impedir el embarque de tabacos confeccionados por los rompe- huelgas y protestaron por la protección militar que tenían. Miguel Fernández Roig, dirigente tabacalero ligado a la fábrica “La Corona” a pesar de la vigilancia, logró que se hicieran sabotajes en el puerto, con el apoyo de los portuarios.

En el Puerto de La Habana, Aracelio Iglesias, quien se había destacado en la huelga contra Machado, dirigió los piquetes que impidieron actuar a los rompe- huelgas en las labores del puerto.

Los estudiantes del Instituto de La Habana dispusieron un paro de actividades en apoyo a la huelga de los tabaqueros.

Como resultado de este movimiento huelguístico al que se solidarizaron varios sectores, muchos obreros fueron encarcelados, disueltos varios sindicatos y se cometieron otros atropellos.

En el mes de marzo en que ocurrieron estas huelgas, fuerzas del ejército tirotearon el edificio del Instituto, poniendo en peligro la vida de estudiantes y profesores. El director del Instituto, Dr. Aragón, con una comisión de alumnos protestó ante el presidente Mendieta.

Al mes siguiente entregaron carros perseguidoras a la policía, eran automóviles blindados con armas, granadas, caretas antigás y otros implementos. Dirigía ese cuerpo Eleuterio Pedraza.

A partir de entonces los gases lacrimógenos se usaron para atacar a los manifestantes.

El primero de mayo, en los actos convocados por el Día Internacional de los Trabajadores, lanzaron bombas de ese tipo contra los participantes.

Los estudiantes del Instituto de La Habana habían apoyado varias huelgas y después del 1º de mayo se concentraron en el Instituto junto con los alumnos del centro, los de Artes y Oficios, la Normal de maestros y otros. Protestaban por los atropellos cometidos en esos días. Habían tratado de impedir el paso de los vehículos del ejército poniendo mesas y bancos en la calle. Un grupo de jóvenes se dirigió al piso alto y parapetados en las ventanas controlaban a los que disparaban desde varias azoteas. Entre ellos Rodolfo de Armas y Carlos Aponte (oficial sandinista que cayó al año siguiente junto a Antonio Guiteras en El Morrillo). En esa batalla desigual muchos estudiantes recogían las bombas lacrimógenas que les lanzaban y las tiraban de nuevo contra la fuerza pública. Entre ellos estaba Mercedes Aniceto que resultó intoxicada con los gases tóxicos que se lanzaron allí y no pudo recuperarse falleciendo algún tiempo después. (20)

Pablo de la Torriente Brau, que estuvo presente ese día describió los hechos y comparó el 3 de mayo de 1934 en el Instituto de La Habana, por su significación, con el 30 de septiembre de 1930 en la Universidad de La Habana.

Al día siguiente la fuerza pública tomó el Instituto y se desató una ola de protestas contra el ejército por la agresión a los estudiantes. Se pidió la renuncia del Secretario de Instrucción Política y la del Jefe de la Policía y el gobierno se vio obligado a retirarse el ejército del Instituto y otros centros y se pudieron reanudar las clases.

Para el 17 de junio estaba anunciada una marcha del Partido ABC “los camisas verdes”, de propaganda fascista. El alumno del Instituto, Moisés Raigorodski conoció que Rodolfo de Armas preparaba un sabotaje al arco de triunfo que habían levantado frente al Parque Central, entre la Manzana de Gómez y el Centro Asturiano, y avisó a un grupo de revolucionarios comunistas para apoyarlos.

El grupo de Rodolfo lanzó botellas incendiarias que hicieron arder el arco. Los abecedarios repostaron con sus armas de fuego y se resguardaron en los portales cercanos. El grupo de Moisés se enfrentó a los que perseguían a Rodolfo y sus compañeros, cubriéndoles la retirada. A partir de entonces no le fue posible a Moisés actuar más y el Partido ordenó su salida de Cuba (participó en la guerra civil española) y allí cayó combatiendo.

Rodolfo de Armas se destacó posteriormente en la huelga de marzo de 1935 como líder universitario.

Este movimiento huelguístico se precipitó sin acuerdo previo. La prensa destacó que la huelga de los funcionarios públicos se inició en la Aduana, donde hicieron explosión varias bombas. Se sumaron al paro los trabajadores de los muelles y fuerzas de infantería de Marina ocuparon las instalaciones portuarias. El ejército montó vigilancia en la Secretaría de Educación ubicada entonces en la calle de Oficios (donde está hoy el Poder Popular), allí los empleados se habían declarado en huelga. También fue custodiada toda la zona bancaria de La Habana Vieja.

La huelga fue aplastada aunque se pudieron hacer algunos sabotajes.

El gobierno designó a José Eleuterio Pedraza jefe militar de La Habana, quien entre otras medidas ordenó un toque de queda que obligaba a los habaneros a permanecer en sus casas desde las 9 p.m.

PERÍODO 1935-1952 Se cerraron sindicatos y se clausuraron los centros estudiantiles por tiempo indefinido.

Muy lentamente se fueron recuperando las fuerzas revolucionarias. El Partido Comunista adoptó distintos nombres durante su largo período de clandestinidad, para poder participar en la vida política del país. Desde los años 30 funcionó en Lamparilla 315 una imprenta que nunca fue descubierta. La manejó Juan Blanco Grandio, auxiliado por su esposa. Vivían en la azotea del edificio y tenían oculto el equipo tras una falsa pared y solo se podía llegar al mismo por una abertura bajo el fogón. Allí se imprimió el órgano del Comité Central “Bandera Roja” y el “El Centinela”, periódico que se distribuía en cuarteles y campamentos.

Frente a la represión desatada después de la huelga de marzo, para reorganizar a las masas juveniles se crearon clubes patrióticos culturales. En La Habana Vieja se constituyó el Club de los Jóvenes Martianos con jóvenes del Comité Seccional de Belén que en aquella época extendía su organización clandestina por todo el territorio desde la calle Águila, de mar a mar, hacia el puerto comprendiendo la original Habana Vieja.

El compañero Pablo Bertrán Coma (21) nos da testimonio del desarrollo de sus actividades. Sus primeras reuniones tuvieron lugar en el Sindicato de Dependientes de Almacenes de Víveres en San Ignacio entre Muralla y Teniente Rey. Tuvieron local propio en Luz 310 entre Habana y Compostela. Su último local estuvo en los altos del cine “Ideal”, allí se cerró el club y el movimiento juvenil tuvo que replegarse ante la violenta represión del régimen, cuando cayó una bomba en el periódico “El País”. Habían existido células de la Liga Juvenil Comunista en organizaciones estudiantiles tales como “los Jóvenes Florecientes” de la barriada de Jesús María, el “Club Deportivo Aurora” de la Unión Gastronómica del Centro Castellanos, de Egido y Monte, la Unión de Estudiantes del Centro “Concepción Arenal”, en Prado y Dragones, la Asociación de Estudiantes del Centro de

Dependientes, Células del Instituto de La Habana y del Plantel Jovellanos del Centro Asturiano.

El Partido creó otra organización legal en 1936, la Hermandad de los Jóvenes Cubanos que aglutinó a jóvenes de distintos sectores con fines patrióticos y culturales, entre los que estaban jóvenes comunistas.

En marzo de 1937 se creó la Agrupación de Jóvenes del Pueblo también legal, aunque de frente amplio. Estaba más politizada y siguió las orientaciones del Partido en relación con la lucha por la Asamblea Constituyente, en La Habana Vieja presidió el Comité de Base Pablo Bertrán. En el tiempo que pudo funcionar en el local de Sol entre Habana y Compostela se dieron clases de Corte y Costura y de materias culturales. Además daban mítines en los solares y casas de inquilinato. También pegaban pasquines y vendían el periódico Hoy. Fue una época de legalidad del Partido Comunista y su local en La Habana Vieja funcionó en Obrapía entre Compostela y Aguacate.

Finalmente se unen la “Hermandad de Jóvenes Cubanos” y la “Agrupación de los Jóvenes del Pueblo” y constituyen la “Juventud Revolucionaria Cubana” que tiene su Club-Escuela “28 de enero” en Cuba 517 entre Muralla y Teniente Rey, donde se imparten clases a los asociados, y se celebran conferencias, bailes y actos culturales. También apoyaron al movimiento obrero de la época.

Cuando se puso en vigor la Constitución de 1940 se produjo, como se ha dicho, un cambio más aparente que real. En las elecciones celebradas Batista resultó presidente después del largo período de provisionalidad que siguió a la caída de Machado. Batista seguía contando con el apoyo del ejército y del gobierno norteamericano, para el sometimiento del país. Aunque la situación internacional obligó a Washington a apoyar al movimiento revolucionario y antifascista por las agresiones a los países aliados de los EE.UU., en la Segunda Guerra Mundial y Batista tuvo que buscar un entendimiento con la izquierda y enmascarar sus posiciones fascistas anteriores.

Existía legalmente la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

Esa conquista no impidió que continuaran los intentos por quebrar la unidad obrera y en la etapa de la “guerra fría”, en 1947, la reacción pudo crear una CTC oficialista que obligó a pasar a la clandestinidad a los dirigentes elegidos por las masas trabajadoras, aunque el 8 de agosto los obreros dieron un acto en el Parque Central de apoyo a la CTC Unitaria sin temor a la represión.

Mujal y su camarilla antiobrera no se detuvieron ante al asesinato de líderes insobornables como Miguel Fernández Roig y Aracelio Iglesias.

Dentro de este marco de luchas se debatieron portuarios, ferroviarios, obreros gráficos y de almacenes y sus anexos, entre otros. Recogemos en este trabajo testimonios de algunos de estos luchadores (22).


Fernández Roig, Secretario Organizador del Sindicato de Torcedores de La Habana, fue asesinado el 2 de abril de 1948 en la Fábrica de Tabacos “La Corona”.

Aracelio Iglesias Díaz, líder de los portuarios, llevaba 10 años en la Secretaría General del Sindicato de Estibadores y Jornaleros del Puerto de La Habana cuando cayó por la agresión de los gangsters mujalistas el 17 de octubre de 1948 en Oficios 259, local del Sindicato de Obreros Portuarios de la Empresa Naviera de Cuba.

SECTOR PORTUARIO

La huelga de marzo de 1935, sirvió de pretexto al gobierno para autorizar el empleo de rompehuelgas traídos del interior del país, valiéndose de su ignorancia política para enfrentarlos a los trabajadores del puerto.

Aracelio Iglesias, ya en esta época, destacado líder de los portuarios que se opuso a las maniobras del gobierno, fue acusado falsamente y le impusieron tres años de prisión. Salió en 1938 y se dedicó a reorganizar el movimiento obrero en el puerto.

Otro dirigente encarcelado tras la huelga de marzo fue Manuel Porto Pena. Luchó por la unidad del Sector y participó en la constitución de la Federación Marítima Local del Puerto de La Habana. Llegó a ser responsable máximo de la Comisión de Orden del Partido. El 30 de septiembre del 1940, en la conmemoración de la muerte de Rafael Trejo, fue herido mortalmente por elementos gangsteriles en el Teatro Principal de la Comedia, en La Habana Vieja.

En 1942 ya Aracelio Iglesias había logrado erradicar de los muelles la distribución arbitraria del trabajo por los contratistas y sus representantes. Se impuso desde entonces la lista rotativa en los muelles, así como otras medidas sociales y económicas que favorecieron a los trabajadores, tales como la reglamentación de los Ferryboats, “Seatrains” que con su tráfico ilegal limitaban las posibilidades de trabajo a los estibadores y braceros del Puerto de La Habana. Durante la segunda guerra mundial, cuando este puerto fue declarado único a utilizar en Cuba a causa del bloqueo que habían establecido los submarinos nazis, trabajó, junto con Lázaro Peña para que se diera un subsidio por el paro portuario, en beneficio de los trabajadores de los puertos afectados por la supresión de los embarques. Además cedió el 20% de la capacidad de trabajo de la lista rotativa para ayudarlos.

Las organizaciones obreras del puerto lo eligieron Delegado Obrero ante la Comisión de Inteligencia del Puerto de La Habana. Con su labor tesonera impidió que las empresas navieras aprovecharan la situación bélica para modificar o arrebatar las conquistas logradas por los trabajadores.

Como Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Obrera Marítima Nacional, combatió a líderes reformistas que traicionaban a los trabajadores del sector.

Al no poder doblegarlo lo asesinaron. Situación aprovechada por Mujal y su grupo para dividir y sembrar la confusión en el sector y cometer nuevos atropellos con los trabajadores. No obstante, el ejemplo de Aracelio Iglesias y su llamamiento a continuar la lucha quedó en muchos trabajadores que desde la clandestinidad continuaron la resistencia.

SECTOR FERROVIARIO

Al organizarse la CTC en 1939, los trabajadores ferroviarios conquistaron importantes demandas. En ese año tuvo lugar el movimiento denominado: ¡Economías, no! Iniciado contra una medida del gobierno que rebajaba los salarios en un 10, 15 y 20% y ordenaba un despido que afectaba a 1800 trabajadores que laboraban en los ferrocarriles desde Pinar del Río hasta la antigua provincia de Santa Clara.

Este movimiento adquirió tal fuerza que Batista tuvo que reunirse con Lázaro Peña y Ricardo Rodríguez González, militante del Partido Socialista Popular que presidía la Hermandad. Esta lucha se ganó, se suspendieron las rebajas de sueldos y se orientó la recalificación de los cargos. También se obtuvo otra demanda de aumento de la pensión a los jubilados que sólo percibían un 25%.

SECTOR GRÁFICO

Este sector obrero había acumulado una larga tradición de lucha desde que lo dirigiera, en la década del veinte, Alfredo López Arencibia, mártir del proletariado. En enero de 1940, unos 800 trabajadores gráficos de más de media docena de empresas impresoras de la capital se declararon en huelga para demandar el reconocimiento de su sindicato por los patrones, la restitución de la semana de 44 horas y las tarifas establecidas en 1933. Fue una huelga de brazos caídos, marcaban las tarjetas al entrar en los centros y durante las 8 horas permanecían en sus puestos sin trabajar. Esto duró unas semanas hasta que los patrones pidieron ayuda a la policía que prendió a numerosos trabajadores en distintos centros. Los demás no se amilanaron y continuaron la huelga.

Por gestiones del sindicato fueron liberados los obreros presos. En el mes de marzo fue apresado y llevado al Castillo del Príncipe el Secretario General de la Unión Sindical de Artes Gráficas y otros dirigentes. En solidaridad con ellos unos 330 o 40 trabajadores, a fin de exigir la libertad de los compañeros, llevaron a cabo una campaña en el territorio de La Habana Vieja, regaron miles de volantes impresos denunciando a firmas reaccionarias. Los trabajadores deseaban llamar la atención a través de la prensa de su detención pero no fueron molestados por la policía. Decidieron presentarse en la Primera Estación de Policía en Cuba y

Chacón, acusándose ellos mismos de estar en huelga para que los prendieran, pero el jefe de la estación se negó a detenerlos.

Hacia el 9 de marzo cedieron los patrones, triunfó la huelga y fueron puestos en libertad los trabajadores presos.

El sindicato se mantuvo defendiendo las reivindicaciones obreras hasta que en los años de “la guerra fría” sufrió el ataque de los gobiernos “auténticos”. En 1948, como en muchos otros sectores obreros fue destituido el secretario general por orden de Carlos Prío, quien siguiendo la línea de Washington, promovió los sindicatos “amarillos”.

Desde entonces el sindicato mantuvo una existencia semi-ilegal, hasta que en 1952 fue ilegalizado totalmente. A pesar de la presión gubernamental el sindicato gráfico rechazó el golpe del 10 de marzo y miembros no fichados por la policía, participaron, el 1º de mayo en una velada para celebrar el Día del Trabajo y plantear sus demandas.

Dicho sindicato tenía una dirección provincial y en los centros fundamentales se constituyeron secciones sindicales: imprentas Fernández Solana y Cía., La Habana, Palacio y Cía., Ukar García y Cía. Molina y Cía., Editorial Publicitas, Savanes, Fernández y Cía., Editorial Atalaya, Siglo XX, Editorial Lex, Gaceta Oficial, además en talleres de fotograbados y los de linotipo.

SECTOR DE ALMACENES, SUS ANEXOS Y SIMILARES

En el municipio La Habana Vieja radicaron distintos organismos relacionados con la actividad comercial, dada la importancia que siempre tuvieron dichas actividades en el territorio, desde la época colonial, entre ellos está la Lonja del Comercio ubicada en Lamparilla 2 y fundada en 1908, que agrupaba a comerciantes de grandes firmas, de ahí el carácter reaccionario de este organismo frente a las demandas de los obreros del sector, organizados en el Sindicato General de Trabajadores de Almacenes, sus anexos y similares. El sindicato estaba en la calle Muralla 107 entre San Ignacio y Mercaderes. En él participaban obreros de almacenes de víveres, ferreterías, productos químicos, tostaderos de café y otras ramas variadas, entre ellas los mataderos de reses.

Desde la década del 30 el sector se encontraba bajo la atención de los portuarios en la persona del dirigente comunista Manuel Porto Pena. Llegó a ser un sindicato de gran potencia y prestigio. Se destacó frente a las acciones divisionistas de la dirigencia mujalista de la CTC en las décadas del cuarenta y cincuenta. Las luchas se acrecentaron en el período posterior a la segunda guerra mundial en que la política de “guerra fría” se dirigió a combatir el movimiento obrero y comunista.

La labor del sindicato de enfrentamiento a esas realidades y de defensa al trabajador del sector se manifiesta en numerosos hechos como el ocurrido en la

calle Sol número 20 esquina a Oficios, donde estaba situado uno de los grandes almacenes importadores de J. Noval y Cía. Los dueños del mismo importaban arroz, producto deficitario en el período de guerra, y que al finalizar ésta y llegar las primeras cantidades del cereal a Cuba constituyó una vía de negocio para las pandillas gangsteriles de acuerdo con cada minorista o bodeguero.

Los trabajadores de los almacenes estaban organizados bajo el Sindicato, el que controlaba la lista o escalafón para suministrar personal eventual cuando se solicitaba de los almacenes.

El negocio de las citadas pandillas, entre ellas las del gángster Cucú Hernández, Jefe de la Policía Judicial, burló esta organización al vender al bodeguero directamente el saco de arroz en el almacén con medios propios de transporte, arroz que servía para que este especulara con él y además dejaba sin trabajo a los dependientes y transportistas de almacenes, además de suministrar ganancias a los miembros de los grupos gangsteriles. Ante tal situación la dirección del sindicato en unión del Sindicato de Víveres al Detalle realizaron una reunión con los trabajadores de J. Noval y Cía. Orientándoles que no dejaran sacar ningún arroz si no era transportado por ellos.

Los trabajadores del almacén respondieron a la orientación y esto llevó a un enfrentamiento y cuando el gangster Cucú Hernández quiso apelar a la fuerza, la entrada en el lugar de Caramés, segundo Jefe de Policía, en componenda con los gangsters detuvo el enfrentamiento. Era una aparente intervención legal, lo real era el miedo a la actitud intransigente de los trabajadores y sindicato y la repercusión del escándalo que se avecinaba en que el pueblo que se aglutinaba en los alrededores iba a ser el principal divulgador.

Este hecho hizo ganar una batalla al Sindicato y aumentó su fuerza frente a las luchas con los comerciantes de la Lonja.

La especulación con la mercancía que entraba al país, sobre todo el arroz y la manteca era una característica de estos años. Por este motivo se creó una Oficina Reguladora de Precios de Almacenes (ORPA). El Sindicato de Almacenes estuvo representado por Cosme del Peso, en la Comisión de Congelación creada por Lázaro Peña, en dicha oficina.

El asalto a las oficinas de los sindicatos por los elementos oportunistas de la CTC, para tomar la dirección de ellos tuvo el apoyo de las autoridades de turno.

En el periódico Información del 28 de febrero de 1950, bajo el gobierno de Carlos Prío Socarrás se publicó el ataque a Muralla 107 que tuvo gran repercusión porque se convirtió en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre los obreros y asaltantes. Fueron alrededor de 30 armados de revólveres y cuchillos y aspiraban a obtener la lista rotativa o de eventuales para poner en ella a sus adeptos, elementos de la CTK.

La policía detuvo a todos los que allí estaban. En un primer momento se levantó acta de acusación contra los asaltantes. Dos de los detenidos acusaron a Cosme del Peso de provocar la riña y de ser comunista. Al final, los acusadores se convirtieron en acusados y los miembros del sindicato independiente fueron enviados al Príncipe y procesados.

Dos años después de este hecho, al producirse el golpe del 10 de marzo de 1952, el Sindicato fue intervenido y tuvo que permanecer clandestino.

Siendo Presidente Carlos Prío Socarrás, tuvo lugar en 1949 un bochornoso incidente, marinos yanquis, procedentes de una escuadra norteamericana que había arribado al Puerto de La Habana, se volcaron de noche sobre la ciudad. Un grupo llegó al Parque Central y dos de ellos se subieron en la estatua de José Martí y fueron captados por un fotógrafo en los momentos en que cometían sus desmanes. Al propalarse la noticia el pueblo manifestó su indignación. Los estudiantes universitarios entre ellos Fidel Castro organizaron una movilización hacia la Plaza de Armas, frente a la cual se encontraba la Embajada de los EE.UU. Se sumaron muchas personas a la protesta y fueron hostilizadas por la fuerza pública hasta disolver la concentración. Los que se reunieron en el Parque Central fueron desalojados. En cambio, los culpables no fueron juzgados y al día siguiente partieron los barcos. En el Senado se presentó una moción de protesta y fue rechazada por 29 votos contra uno.

En ese ámbito político y social se fue abriendo paso la lucha contra la corrupción administrativa y por la dignidad nacional. Un antiguo líder estudiantil, Eduardo R. Chibás, quien había contribuido al triunfo del autenticismo, al darse cuenta de que el gobierno se alejaba cada vez más de los intereses del pueblo, fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). En Prado 109 en La Habana Vieja, funcionó el Liceo Ortodoxo y la Oficina Nacional del Partido. Allí se le unieron grandes masas de la población y también escuchaban sus prédicas para moralizar el país por la estación CMQ de la televisión que estaba, al inicio de sus charlas con el pueblo en Prado y Monte.



En su última comparecencia por la televisión quiso hacer un llamado a la conciencia del pueblo y se suicidó, después de expresar lo que llamó “el último aldabonazo”.

La alta dirigencia del Partido Ortodoxo quedó dividida después de la muerte de Chivas, aunque mantuvo gran parte de la oposición. El Partido Socialista quiso sumársele pero no lo aceptaron aunque para las elecciones que se darían unos

meses después, acordaron los socialistas votar por el presidente que eligieran los ortodoxos.

LA HABANA VIEJA DE 1952 A 1958 Fulgencio Batista que figuraba como candidato a la presidencia de la República ante la situación de su partido con pocas posibilidades de triunfar, dio un golpe militar el 10 de marzo de 1952.

Dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), acudieron al Palacio Presidencial para instar al presidente, Carlos Prío Socarrás a resistir y le pidieron armas para combatir a Batista.

Alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana se presentaron en la Universidad, a título personal, estuvieron allí esperando las armas dos o tres días: Julio Alón Gil, Jorge Martínez Borroto y Bonifacio Hernández Cederrón.

Trabajadores de distintos sectores fueron también a la Universidad en busca de armas, entre ellos Jacinto García Espinosa, bracero de los muelles de La Habana, que fue mártir del Moncada.

Como las armas no llegaron acudieron de nuevo los universitarios a Palacio y comprobaron que Carlos Prío huyó sin combatir ni enviar las armas a la Universidad.

Fidel Castro Ruz, abogado con Bufete en Tejadillo 57-59, en La Habana Vieja, redactó un escrito de denuncia contra el golpe militar y el 24 de marzo lo envió al Tribunal de urgencia, situado entonces en Tacón núm. 3, (edificio demolido que estaba a continuación del Palacio del Segundo Cabo).

Al desestimarse la acusación, Fidel Castro difundió sus ideas sobre nuevas formas de lucha. El local de Prado 109 del Partido del Pueblo Cubano, en el cual militaba le sirvió, entre otros, para esa labor en el territorio.

Alumnos del Instituto, entre los que se encontraban Antonio Llibre, Bonifacio Hernández, Julio Alón, unos diez, fundaron la Federación Estudiantil Constitucional con el propósito de combatir a Batista. Aunque la organización sólo duró unos meses, continuaron luchando, se unieron al profesor de Psicología del propio centro, Rafael García Bárcena, quien organizó el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), para el que contaba con sus relaciones en la Escuela Superior de Guerra de la que había sido profesor.

El cuartelazo reforzó la división del movimiento obrero que ya “había sustituido sus dirigentes por bandidos y pandilleros de todo tipo... Había naturalmente el movimiento obrero clandestino de los comunistas y de los distintos luchadores revolucionarios. Pero la dirección oficial de los sindicatos estaba

en manos de todos aquellos viejos pandilleros que se habían pasado con armas y bagaje a Batista, más algunos nuevos de su propia cosecha”. (23)

Batista sustituyó la Constitución de 1940 por unos Estatutos que los partidos políticos, perjudicados por la interrupción de las elecciones no aceptaron y fueron separados de sus puestos los que no los aceptaban. En el caso de César Escalante Dellundé militante comunista que fue expulsado de su cargo de concejal del Ayuntamiento de La Habana por negarse a firmar los Estatutos. (24)

Como señala Zuaznábar en su obra sobre la economía cubana en la década del 50.

La política oficial de los gobernantes cubanos durante los años que median entre los inicios de la etapa seudo republicana y el triunfo de la Revolución en 1959, estuvo siempre matizada por la tónica de servir plenamente a los intereses del imperialismo yanqui y de su testaferro, la seudo burguesía nacional, las pocas medidas económicas adoptadas durante estos años eran de carácter reformista y tenían como objetivo central, eliminar los posibles peligros que amenazan la existencia del capitalismo en Cuba. En consecuencia, la función del Estado capitalista cubano era la de no intervenir en nada que frenara o perjudicara los intereses de los capitalistas extranjeros y nacionales, para lo cual trataba siempre de mantener una política laboral y fiscal acorde con estos objetivos.

Y lo negativo de esta política económica tuvo el mérito de demostrar que ya era necesario sustituirla por un sistema más humano y racional (25).

En el local de Prado 109, punto de contacto de los jóvenes ortodoxos que seguían las ideas de Fidel Castro, se fueron sumando obreros y otros sectores no comprometidos con la política tradicional. De ahí salían a dar mitines contra el gobierno en el Parque Central y otros lugares concurridos, interrumpían espectáculos públicos, y participaban en movilizaciones.

El 1º de mayo de 1952, la dirección del movimiento sindical oficialista se reunió en el Teatro del Palacio de la CTC y fueron más los miembros de la Policía Secreta, chivatos y guardaespaldas que obreros, “sin embargo, la dignidad de la fiesta obrera la salvaron en aquel año los trabajadores unitarios, que en riesgosos actos de calle, sin permiso legal, conmemoraron el día”. (26)

En el primer aniversario de la muerte de Eduardo R. Chibás se distribuyeron ejemplares del periódico clandestino El Acusador en la Catedral, donde se oficiaba una misa en su honor. La tarea fue encargada a Ñico López y acudieron también Abel Santamaría, Melba Hernández y Elda Pérez.

Desde hacía unos meses, alumnos del Instituto de La Habana venían preparando una organización que respondiera a los verdaderos intereses de todo el alumnado y en colaboración con los profesores luchara por adecentar y mejorar la moral del

centro. Así surgió el Frente Unido Estudiantil (FUE), sin matices políticos. En el mes de septiembre lanzó un manifiesto llamando a la unidad del estudiantado, y en el que también anunciaban que ese otro deber ciudadano que es la lucha política lo dejaban para la calle.

Bonifacio Hernández Cederrón, del curso nocturno fue el presidente del FUE e Israel Cabrera, del curso diurno, fue el vicepresidente. Tuvieron otros cargos Felipe Gutiérrez, Arnaldo Morales, Chelala, Durán...

MANIFIESTO DEL FRENTE UNIDO ESTUDIANTIL

La Habana, Septiembre de 1952 Estimado Compañero: Tú sabes que desde hace algún tiempo (dos o tres años) los estudiantes del Instituto de La Habana no tenemos Asociación de alumnos ni una agrupación análoga que represente y defienda los intereses del alumnado. Con tal motivo un grupo de alumnos en representación de los cursos diurnos y nocturno del Instituto de La Habana, reunidos en asamblea en un local de esta ciudad, acordamos formar un “Frente Unido Estudiantil”. Este Frente deberá estar integrado por todos los alumnos del Instituto, ya sean diurnos o nocturnos, sin distingos de ninguna clase. Es nuestro firme propósito crear una institución dentro del Plantel que no tenga matices políticos de ninguna índole. Una institución que busque una estrecha colaboración entre alumnos y profesores, que luchen por adecentar y mejorar la moral de nuestro centro de estudios, que evite los desórdenes en el Instituto, que luche por nuestra Biblioteca Circulante; que luche porque se nos dé el suficiente tiempo para estudiar en épocas de exámenes, en fin: un Frente Unido Estudiantil que responda cabalmente a los verdaderos intereses del estudiantado. Es nuestra intención formar un Frente respaldado por todo el estudiantado, donde no haya injerencias extrañas ni partidaristas. Nosotros queremos que en nuestro sagrado centro de estudios haya solamente alumnos y profesores no políticos, y que este otro deber ciudadano, también sagrado, se reserve para la calle. Nosotros sabemos que tú eres un estudiante capacitado y una persona responsable que sabrá respaldar plenamente los legados de este “Frente Unido Estudiantil” y que no eludirás ese sagrado deber que tiene todo buen estudiante de defender sus derechos. Es por todo esto que te hacemos este llamamiento invitándote para que vengas a engrosar nuestras filas sabiendo que tú sabrás responder como buen estudiante. Compañero: “En la unión está la fuerza, y de ella depende el triunfo” “Frente Unido Estudiantil” “Únete”.

El movimiento liderado por Fidel Castro se fue organizando por células que recibían una contraseña en Prado 109 cuando les correspondía entrenarse en el manejo de las armas en la Universidad (27). Mientras los miembros de la dirección del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) en vez de combatir al régimen de Batista se enfrascaban en discusiones estériles dentro de la propia organización como ocurrió en la reunión que tuvieron el 13 de enero de 1953 en la Sociedad Artística Gallega situada en Zulueta 658.

Los estudiantes del Instituto de La Habana continuaron participando en las movilizaciones de la Universidad y el 15 de enero para protestar de la agresión de que fue objeto el busto de Mella, que habían situado en la explanada frente a la escalinata, asistieron Bonifacio Hernández, Israel Cabrera, Arnaldo Morales, Julio Alom, Renato Recio, Jorge Martínez, Antonio Briones Montoto.

La policía recibió a balazos la manifestación para impedir que llegara al monumento de los estudiantes de medicina. En la balacera resultó herido de muerte Rubén Batista Rubio, primer mártir de la “Generación del Centenario”.

El 28 de enero, dentro de las actividades conmemorativas del centenario del natalicio de José Martí, el grupo de avanzada organizado por Fidel Castro participó con los estudiantes en la movilización que hizo el recorrido desde la Universidad hasta la estatua de Martí en el Parque Central, en desagravio a tantos pronunciamientos de políticos maculados que en esa fecha invocaron su nombre.

Por esta época estudiantes del Instituto de La Habana tomaron el centro en protesta por medidas de la dirección y contra el régimen que desgobernaba el país. Participaron unos cincuenta alumnos que lanzaron sillas a la calle y dieron candela a cestos de papeles que tiraron a las perseguidoras. Aunque muchos alumnos se escaparon, el Consejo Disciplinario impuso sanción hasta de separación a los que pudieron coger, entre estos José Crescencio Westbrook Rosales (Joe) y Juan Abrantes Fernández, quienes fueron desalojados por la policía. Pero no abandonaron la lucha ni los estudios.

Mario Reguera Gómez, participante en huelgas y otras acciones revolucionarias fue separado del centro y logró que lo admitieran en el Instituto de Marianao. Continuó participando en distintas acciones con sus compañeros del Instituto de La Habana y con estudiantes de la Universidad.

Israel Cabrera Rodríguez fue expulsado del Instituto cuando cursaba el 5to. año de bachillerato (curso 1952-53), acusado de incitar al desorden y distribuir propaganda a favor de la lucha armada. Continuó sus actividades revolucionarias (murió en el desembarco del Granma).

Cuando el profesor García Bárcena preparaba el plan de tomar el campamento de Columbia habló con Fidel Castro, quien en esos momentos, marzo de 1953, no había hecho su propio plan y estaba dispuesto a cooperar con los que estuvieran en condiciones de luchar, según dijo el historiador Mario Mencía, y le aconsejó

que no hablara con nadie más. “Pero a los pocos días García Bárcena había hablado con 200 gentes diferentes, con todas las organizaciones... Era la acción más anunciada de la historia de Cuba. Entonces nosotros decidimos no participar”. (28)

Algunos alumnos del Instituto de La Habana que pertenecieron al MNR como Antonio Llibre y Pepe Prieto (mártir de la lucha clandestina) se entrenaban en el manejo de las armas de la Universidad. (29) El día señalado para la acción, 5 de abril, participó en el intento fallido de tomar el campamento militar de Columbia, el grupo de alumnos ligados al profesor García Bárcena y a muchos los apresaron en los alrededores de dicho campamento.

Con esa experiencia Fidel Castro activó su propio plan meses antes de julio de 1953. Adquirieron armas en la Compañía Armera de Cuba, S.A., en Mercaderes 157 entre Obrapía y Lamparilla, hoy museo 9 de abril. Compraron cartuchos para las escopetas en la armería de José Marina y Compañía, en Lamparilla y Cuba, hoy Empresa Gráfica de Finanzas y Precios. (30) En el tiro al blanco que existía en la Casa de Variedades de Prado y Neptuno –muy frecuentada por la juventud ortodoxa– hacían prácticas de tiro los futuros combatientes.

Desde el 24 de julio salieron de La Habana Vieja muchos de los combatientes que se dirigieron a Oriente: Ñico López salió con un grupo en un auto, de Villegas entre Teniente Rey y Muralla, casa de Mario Martínez Arará, muerto en el asalto al cuartel de Bayamo; de la Estación Central de Trenes partieron Haydée, Melba, Tassende, Raúl y otros; Ramiro Sánchez Domínguez y otro de los combatientes de Bayamo, hicieron el viaje por tren y llevaron las maletas que les había entregado el día anterior Fidel Castro en La Habana con los uniformes, parque y armas.

Combatientes que trabajaban en La Habana Vieja y cayeron en la acción: Juan Manuel Ameijeiras Delgado (taxista de la Manzana de Gómez), Jacinto García Espinosa (bracero de los muelles de la Worl Line, actualmente muelle “Juan Manuel Díaz”), Roberto Mederos Rodríguez (trabajador de la Librería Venecia de Obispo 502, trasladada al 518, hoy Tele/Correos. Vivía en Monte 360, azotea, entre Suárez y Revillagigedo, allí instaló una pequeña imprenta en la que se tiraban proclamas revolucionarias).

En el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana estudiaron en cursos diurnos o nocturnos y en distintas épocas, mártires del 26 de Julio: Abel Santamaría Cuadrado, Boris Luis Santana Coloma, Julio Trigo López, Mario Muñoz Monroy y Raúl Gómez García.

Remberto Abad Alemán Rodríguez quien estudiaba Comercio en la Escuela Concepción Arenal de Prado y Dragones donde estuvo el primer Centro Gallego, fue otro de los mártires del asalto al Moncada el 26 de Julio de 1953.

Otros combatientes vinculados a La Habana Vieja: Víctor Escalona Benítez, fue responsable de una célula del 26 de Julio. Salió para Oriente con Gilberto Varón y otros miembros de su grupo, desde Jesús María núm. 164. Fueron en el automóvil guiado por Ernesto Tizol Aguilera. Escalona y Varón, quienes no participaron en el asalto, cuando regresaban fueron capturados y asesinados.

Manuel Saíz Sánchez, nació en La Habana Vieja el 30 de octubre de 1934 en la calle Matadero núm. 11 entre Cristina y Omoa Este. Fue uno de los asaltantes de menor edad del Cuartel Moncada, asesinado el 26 de julio de 1953.

Ñico López, después que participó en el asalto al Cuartel de Bayamo, escapó y encontró refugio en La Habana Vieja, en O´Reilly 521 donde estuvo hasta el día en que registraron la casa y pudo irse por otra salida. Miembros del M-26-7 le consiguieron viajar al exilio en Guatemala. (31)

Gustavo Ameijeiras Delgado, se dirigió a Oriente a fin de localizar a su hermano Juan Manuel que había desaparecido y pensó que pudo haber participado en la acción del 26. Al regreso, después de haber estado preso junto a los asaltantes, divulgó en Prado 109 y otros lugares, las ideas sustentadas por los combatientes y la necesidad de continuar la lucha. Una vez condenados los asaltantes de los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, organizó en la Manzana de Gómez un Comité Pro-Amnistía de los presos políticos.

Gerardo Abreu (Fontán), el 28 de enero de 1954, aniversario del natalicio de José Martí, situó un cartel en su estatua del Parque Central con el siguiente pensamiento: “Los derechos se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan.” José Martí.

Al ser elegido José Antonio Echeverría, secretario general de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), se impulsaron las actividades de los alumnos de la Universidad y de los planteles secundarios. Se hicieron sabotajes a los paseos del carnaval, especialmente en Prado donde regaron tachuelas en la vía.

El 8 de mayo se celebró el III Congreso de Estudiantes Secundarios en la Universidad de La Habana. Fue organizado por José Antonio para coordinar la lucha contra la tiranía. Por el Instituto de La Habana participaron Joe Westbrook, Mario Reguera y Manuel Graña.

En el Instituto se constituyó un nuevo movimiento con los alumnos revolucionarios que permanecían en el centro y fueron miembros del Frente Unido Estudiantil (FUE) y otros procedentes del Directorio Estudiantil del Instituto de La Habana (DEIH). Se organizó en la casa donde vivía Renato Recio con su tío el Dr. Manuel O. Recio, dentista, hermano del Ministro de Salubridad del gobierno de Batista, ajeno a las actividades revolucionarias de su sobrino.

La nueva organización recibió el nombre de Movimiento de Acción Estudiantil (MAE), fue su jefe el alumno Manuel Graña y segundo Renato Recio. Integraba la dirección además Juan Avedo, Ramón González Pérez (El Gallego), Jorge y José Buajasán y Juan H. Orihuela. Además del Instituto de La Habana integraban el MAE otros planteles de segunda enseñanza y grupos que operaron en la Universidad de Villanueva, a cargo de José Amaro y en la Universidad José Martí a cargo de José Buajasán Marrawi y dos células atendidas por Manuel Pérez y la organización de un grupo dentro de la Academia Naval del Mariel a cargo de Juan H. Orihuela. En este año de 1954 una parte de los Auténticos le hace el juego a la tiranía batistiana convocando a elecciones bajo un régimen de facto. Carlos Márquez Sterling celebró un acto político en el local de la Artística Gallega en La Habana Vieja. Dicho acto fue saboteado por Ángel Ameijeiras (Machado). Entre los combatientes que participaron estuvieron Francisco Pérez Germán (mártir de la clandestinidad, quien trabajaba en la fábrica de tabacos “Partagás” ubicada en Industria 520, empresa que hoy lleva su nombre) y el también mártir, Roberto Rodríguez Sarría (El Morito).

El Frente Cívico de Mujeres Martianas se reunió con algunos integrantes de la Sección Femenina del PRC (Auténtico) de Grau San Martín, en una oficina de la Manzana de Gómez, para combatir la línea electoral. Fueron descubiertas y llevadas al Buró de Investigaciones y las soltaron por gestiones de ambas organizaciones. (32) Este frente mantenía relaciones con los estudiantes de la enseñanza secundaria a través de Jor Westbrook, Mario Reguera y Josefina Rodríguez Olmo del Instituto de La Habana, María Trasanco y Violeta Rodríguez de la Escuela de Comercio de Marianao, Mirta Rodríguez Calderón, Bárbara Rafael y Migdonio Torres de la Escuela Normal de La Habana. (33) El 1º de noviembre se celebraron las elecciones en las que figuró Fulgencio Batista como candidato único por haber retirado su candidatura Ramón Grau San Martín al considerar que las elecciones serían fraudulentas.

El 13 de febrero de 1955 los estudiantes de la Universidad y de los Institutos de Segunda Enseñanza salieron de la Universidad en manifestación en el segundo aniversario de la muerte de Rubén Batista, durante el recorrido fueron atacados por la policía.

El 24 de febrero, Batista tomó posesión de la presidencia y al considerarse legalizado a través de la farsa electoral para aparentar normalidad entre otras medidas restituyó la Constitución de 1940.

No obstante los estudiantes revolucionarios seguían siendo asesinados como Mayel Yudel Bimblich Rabinovich (Mario), alumno del Instituto de La Habana que apareció apaleado por un reparto.

Ante la presión popular, Batista tuvo que ordenar la amnistía de los asaltantes de los cuarteles militares el 26 de Julio de 1953. El 16 de mayo fueron recibidos multitudinariamente en la Estación Terminal de Ferrocarriles, en La Habana Vieja,

los asaltantes liberados el día anterior de la prisión de Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud.

Ñizo López se acogió a la amnistía y regresó del exilio a fines de mayo. Entró por el Puerto de La Habana y lo mantuvieron detenido breve tiempo en el Buró del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

Entre los lugares de contacto clandestino de los revolucionarios estaban Factoría 120, casa de la familia de Raola Chongo. El Dr. Dagoberto Raola colaboró en la búsqueda de la casa donde se celebró la reunión constitutiva de la dirección nacional del M-26-7.

El 12 de junio de 1955 en Factoría 62, cerca de los ferrocarriles, se celebró dicha reunión y se desarrolló según la idea que ya había formulado Fidel Castro cuando regresaban los moncadistas en el barco Pinero de la entonces Isla de Pinos.

Ñico López, de acuerdo con la tarea que se le encomendó, nombró a los responsables provinciales del Movimiento. Organizó la brigada que en un inicio se estructuró por células y realizaron labores de proselitismo, agitación y propaganda, boicotearon actividades y otras.

A Luis Bonito se le encargó la atención a los trabajadores y se dirigió a todos los sindicatos del país para crear la Sección Obrera del Movimiento 26 de Julio.

Por esta época el movimiento obrero había ido creando Comités de Defensa de las Demandas Obreras que lucharon contra las intervenciones mujalistas y contra la dictadura.

Las brigadas juveniles del 26 de Julio tuvieron en Factoría 67 casa del combatiente Segundo Pérez, su cuartel general.

En el segundo semestre de 1955, a solicitud de Gerardo Abreu (Fontán) y Ramón Vázquez Montenegro, el Movimiento de Acción Estudiantil se incorporó con su misma estructura al Movimiento Revolucionario 26 de Julio, manteniéndose como jefe Manuel Graña.

Faustino Pérez, el 15 de agosto se presentó en el Congreso del Partido Ortodoxo que se celebraba en el Teatro Martí, en Dragones y Zulueta y al terminar de leer el mensaje que dirigió a Fidel a dicho Congreso, propuso que se adoptara la línea insurreccional planteada por Fidel, lo que fue aprobado por aclamación.

A la Sociedad Amigos de la República fundada en 1947, se le retiró la aprobación como organización después del mitin de la Plazoleta de Desamparados y Luz el 19 de noviembre. “Sectores revolucionarios utilizaron el acto para llamar al pueblo a la revolución. La FEU en la voz de José Antonio Echeverría, reiteró la necesidad de la revolución. Otros revolucionarios boicotearon las

palabras de los que buscaban un entendimiento con el gobierno gritándoles ¡Revolución!” (34). Por el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana fueron Renato Recio, Francisco Aulet, Héctor Terry y Manuel Graña.

Estudiantes del Instituto de La Habana secundaron el paro planteado por la FEU en solidaridad con los estudiantes de Santiago de Cuba que fueron heridos y detenidos cuando protestaban por la desaparición de un compañero. Entre ellos estuvo Joe Westbrook quien fue encarcelado junto con José Antonio Echeverría y otros estudiantes. Al instituto le correspondió garantizar el paro por cinco minutos de las actividades de los centros ubicados en Neptuno de Prado a Galiano y por San Rafael en igual distancia, así como en los alrededores del Instituto.

El 7 de diciembre alumnos del Instituto y otros centros se habían concentrado en el Parque Maceo y cuando iban hacia la Universidad la policía les cerró la calle en San Francisco y San Lázaro y abrió fuego. Entre los alumnos del Instituto de la Habana que participaron estaban Manuel Graña, Renato Recio, Urselia Díaz, Carmen Pedraza, Ramón González, Francisco Aulet, Santiago Isla y otros.

En diciembre de ese año las Brigadas del M-26-7 de los tres cursos del Instituto regaron infinidad de proclamas con la inscripción: “En 1956 seremos libres o seremos mártires”.

El 28 de enero, como todos los años los estudiantes de la Universidad y demás centros acudían a poner una ofrenda floral al monumento de José Martí en el Parque Central.

Ese año de 1956 llegaron primero los estudiantes del Instituto y fueron atacados por la policía. Hubo gran número de lesionados y detenidos. Era necesario avisar a José Antonio Echeverría para que estuvieran preparados y se dirigieron a la Universidad Graña y Figueras.

Allí les dijeron que se dirigieran a las estaciones de radio para denunciar que los estaban golpeando y pidieran que se presentaran los periodistas.

Por otra parte se iban reuniendo en México los que vendrían después como expedicionarios a combatir en Cuba. El día 9 de febrero salieron por el Puerto de La Habana por el muelle de Habana Dock Corporation, banda norte del espigón de San Francisco, en el barco Andrea Gritti, Juan Almeida Bosque, Israel Cabrera Rodríguez y Antonio Darío López García.

Durante este año las Brigadas del M-26-7 del Instituto incrementaron las acciones, entre ellas regar fósforo vivo en el cine Santa Catalina, en diferentes ómnibus, tiendas y buzones, colocaron bombas.

El 1º de mayo en contraste con la celebración oficial por los dirigentes mujalistas en locales cerrados, muy custodiados hubo “otro 1º de mayo” para los

trabajadores comunistas y otros que sin esa ideología eran también partidarios de la unidad del movimiento obrero: “...agrupados en los Comités de las Demandas Obreras, perseguidos por batistianos y mujalistas, salieron a la calle y con actos relámpagos, mitines de dos minutos, gritos, proclamas subversivas y letreros en las paredes le rompieron las cadenas al Día Internacional de los Trabajadores”. (35)

En noviembre, miembros de la dirección de las brigadas del Instituto de La Habana se prepararon para apoyar el regreso de Fidel, acuartelándose en un seminario religioso del Calvario. Entre otros estaban Francisco Aulet, René Ducasal, Renato Recio, Manuel Graña, Jorge y José Buajasán.

Aunque el 2 de diciembre desembarcaron en Cuba los expedicionarios guiados por Fidel, la noticia no se conoció de inmediato y fue tergiversada, se publicó que todos habían perecido al enfrentarse al ejército.

Sergio González (El Curita) ideó acciones que demostraron que el movimiento existía. Envió dos bombas para que se hicieran explotar en La Habana Vieja. En este territorio tuvo un lugar seguro para entrevistarse con otros dirigentes, en Muralla 472, 2do. Piso, donde recibió a Machaco Ameijeiras y otros luchadores clandestinos.

El 4 de diciembre se reunieron en un local del Centro Asturiano un grupo de combatientes de la clandestinidad entre ellos: Enrique Art, Pepe Prieto, Bebo Hidalgo, desconocían la suerte de los expedicionarios pero querían continuar la lucha y acordaron realizar sabotajes, cortar cables eléctricos soterrados y de teléfonos y poner bombas.

El 24 de diciembre se informó a Faustino Pérez que había sido designado coordinador del M-26-7 en La Habana y llegó a la capital con Frank País en enero para reunirse con Fontán que había quedado al frente de la Brigada de Acción y Sabotaje después de la salida de Ñico López.

Desde el comienzo del año 1957 se sienten las acciones de las milicias de las Brigadas: destruyen buzones de correos, teléfonos públicos, tiran cadenas a tendidos eléctricos, destruyen vidrieras...

En los alrededores del Instituto se producen disturbios, uno tras otro. Las clases tienen que darse con las ventanas cerradas y se mantiene el registro individual de los estudiantes en presencia de la policía.

El 2 de febrero llegó a La Habana, enviado por Fidel Castro, un emisario de la Sierra para hablar con Faustino a fin de coordinar la búsqueda de un periodista que lo entrevistara en las montañas. La reunión para coordinar la entrevista se realizó en el edificio Bacardí de Monserrate y San Juan de Dios, en La Habana Vieja, y se trató la posibilidad de que el periodista fuera Herbert L. Mathews.


Por encargo de Faustino Pérez, se grabó el 15 de febrero en la radioemisora ubicada en los bajos del Centro Gallego, por primera vez, la Marcha del 26 de Julio. La grabó un grupo de revolucionarios dirigidos por Carlos Faxas y se envió posteriormente a la Sierra para que se oyera a través de Radio Rebelde. (36)

Durante los carnavales de 1957 la dirección del Movimiento designó las Brigadas del Instituto para que sabotearan los paseos. Disponían de gran cantidad de fósforo vivo y quedaron en entregarles cartuchos de dinamita para colocarlos a varias cuadras del desfile para producir ruido y se compraron 10 paquetes de ráfagas de cohetes. El grupo fundamental estaría integrado por los jefes principales de las brigadas y regarían fósforo vivo donde hubiera más concentración policíaca que era el Parque Maceo por ser el lugar de donde salían las carrozas y cada cinco cuadras aproximadamente, en las bocacalles que dan al Malecón se situaron los estudiantes.

El 13 de marzo un comando del Directorio Revolucionario asaltó el Palacio Presidencial para ajusticiar a Batista. En la acción murieron cincuenta asaltantes, entre ellos Adelardo Rodríguez Mederos, trabajador nativo de La Habana Vieja.

Otros estudiantes nativos del territorio participaron el 13 de marzo, junto a José Antonio Echeverría en el asalto a Radio Reloj: Mario Reguera Gómez, y Joe Westbrook Rosales.

En el asalto a Radio Reloj también participó Carlos Figueredo Rosales, encargado de manejar el auto donde fue José Antonio Echeverría. (Había sido uno de los estudiantes expulsados del Instituto de La Habana, pero se mantenía vinculado a la lucha de sus compañeros).

Ese día 13 de marzo en el Instituto de La Habana se sintieron las detonaciones del asalto al Palacio por lo que los miembros de la Brigada que se encontraban en

horas de la tarde en sus clases se reunieron en el segundo piso frente al aula 22, personándose ante ellos la colaboradora, Dra. Hilda Socorro Méndez, profesora de Química y secretaria del centro que permaneció con los alumnos. Sin que estuviera planificado se procedió a la toma del plantel, se designaron dos alumnos para que controlaran las entradas.

Francisco Aulet Viada y Manuel Gil Castellanos, cumpliendo instrucciones salen a buscar orientaciones de Ramón Vázquez o Fontán y como era un error mantener el Instituto ocupado y sin armas, se abandona el centro.

En horas de la tarde, Francisco Aulet y Manuel Graña incendian con fósforo vivo un camión de la Compañía Cubana de Electricidad ubicada en Prado entre el Arco del Pasaje y la cafetería. En esta acción Aulet resulta gravemente quemado en una mano.

Uno de los que asaltó el Palacio, Manuel Gómez Sartorio (El Americano) después de la acción estuvo, entre los días 13 y 14 en el Hotel Park View, cercano a Palacio, encontró refugio en un entresuelo al que subió por el hueco de un elevador. Escapó a la mañana siguiente con ropas de trabajo que encontró en el refugio.

Al día siguiente del asalto, Domingo Portela con otro combatiente, después de un chequeo previo pudo rescatar la camioneta con armas que se había situado en el Prado para apoyar la acción y que estuvo todo el tiempo estacionada en ese lugar.

En los días que siguieron al asalto, mientras elementos reaccionarios iban a felicitar a Batista por haberse salvado del ajusticiamiento a manos de los revolucionarios, grupos de acción del 26 de Julio, dirigidos por Sergio González López (El Curita), organizaron sabotajes en siete hoteles cercanos a los que enviaron hombres que alquilaron habitaciones usando distintos nombres y el apellido Castro y a una hora convenida hicieron estallar bombas y paquetes de balas creándoles una situación de incertidumbre y temor a los que estaban en el Palacio Presidencial.

Después de esta acción la Sierra orientó la creación del Frente Estudiantil Nacional.

El 13 de abril, cumpliendo instrucciones de la dirección del Movimiento en La Habana, las Brigadas del Instituto se declaran en huelga por una semana y realizan un disturbio en memoria de los caídos el 13 de marzo.

Francisco Aulet, René Ducasal y Manuel Graña, quemaron un jeep del ejército en la calle Bayona utilizando fósforo vivo líquido, parte del cual cayó en una pierna de Graña. De una casa cercana le lanzaron una jarra de agua impidiendo que se le prendiera toda la ropa.

El 25 de abril las Brigadas del Instituto participaron en la rotura de gran cantidad de vidrieras a lo largo de Galiano. En esta acción cayó preso Manuel Graña, a quien mantuvieron una semana sometido a torturas. Fue condenado a dos años de prisión.

Francisco Aulet quedó al frente de las Brigadas del Instituto. El y Manuel Gil colocaron una bomba en horas de la noche en la puerta del Instituto ubicada en San José.

Renato Recio, con otros miembros de las Brigadas se llevaron de la biblioteca de la Universidad de Villanueva una cantidad de libros y los remitieron a los presos del Príncipe.

El 28 de mayo un comando revolucionario hizo volar el registro eléctrico frente al número 222 de la calle Suárez. Desde esa casa habían hecho un túnel hacia la calle. Como consecuencia gran parte de la capital quedó sin luz durante tres días. También afectó las tuberías de gas.

En junio se hicieron contactos para constituir el Frente Juvenil Obrero Estudiantil.

A mediados de 1957, Renato Recio, con varios combatientes fue a Oriente tratándose de incorporar al Ejército Rebelde y en Manzanillo se llevan un jeep para llegar a la Sierra. Fueron detenidos y remitidos a la cárcel de Boniato y cuando obtienen libertad provisional regresan a La Habana.

Por esa época y en respuesta a la integración del Frente Obrero Nacional (FON), se había ido conformando el movimiento obrero en distintos sectores. Se constituyó en terminales marítimas como la Habana Dock Corporation, la World Line, antigua Flota Blanca y otras.

Entre las principales acciones de las Comisiones de Defensa de las Demandas Obreras pueden señalarse el apoyo que dieron los gráficos a la huelga del periódico Habana Post de Centro Habana; su participación en la impresión de propaganda, venta de bonos y de la Carta Semanal, recogida de medicina, ropa, dinero, etcétera, que enviaron a la Sierra. Otra forma de ayuda a los combatientes fue la atención a familiares de presos y luchadores clandestinos.

Preso estaba Armando Hart Dávalos por actividades revolucionarias y fue llevado varias veces junto con otros presos a juicio en la Audiencia de La Habana y reiteradamente se suspendía el juicio. El 4 de julio aprovechó para evadirse que el custodio invariablemente al llegar al piso alto se separaba de la fila. En segundos se puso un pulóver que llevaba y así pudo salir del edificio del Tribunal e internarse en La Habana Vieja. En casa de una familia conocida pudo cambiarse de ropa y buscar otros refugios más alejados hasta que tuvo contacto con el Movimiento.

Ese año de 1957, Faustino Pérez que estaba preso con otros revolucionarios en el Castillo del Príncipe recibió una carta de los presos de Isla de Pinos solicitando solidaridad con los presos de allí que eran maltratados. En El Príncipe acordaron declararse en huelga de hambre 30 reclusos. Por el Instituto de La Habana estaba Manuel Graña y ninguno desertó.

Para sabotear la huelga de hambre el gobierno puso en libertad a 14 presos políticos. Faustino, entre ellos en libertad condicional, cuando se enteró del asesinato de Frank País envió un mensaje a los presos diciéndoles que la situación había cambiado y debían terminar la huelga para recuperarse y volver a la pelea.

El 30 de julio cuando cayó Frank se movilizaron distintos sectores y el gobierno suspendió las garantías constitucionales.

La Brigada estableció contacto con militares que se preparaban para una acción el día 5. Hubo una reunión en la iglesia de San Francisco en La Habana Vieja donde se comprometieron a ir a la huelga por el asesinato de Frank: La Juventud Obrera Católica, el Directorio Revolucionario, las Mujeres Martianas e hicieron contacto con el Partido Socialista Popular.

El 5 de agosto fue tomada por el Directorio Revolucionario la emisora de Música Indirecta, situada pocas cuadras de Palacio y se contribuyó a divulgar la huelga.

En septiembre Renato Recio pudo incorporarse al Directorio Revolucionario en el Escambray.

Sergio González (El Curita) preso desde el mes de mayo, logró escapar el 22 de octubre del Castillo del Príncipe y encontró refugio en La Habana Vieja, en la iglesia del Espíritu Santo.

El Curita, como jefe de acción y sabotaje de La Habana, se reunió con Fontán y otros dirigentes de Brigadas para la colocación de unas cien bombas de pequeña potencia que hicieron estallar sucesivamente el 8 de noviembre en La Habana, manteniendo a los guardias en sus cuarteles. Así se demostró que el Movimiento seguía activo.

Sicarios de Ventura detuvieron a Eduardo Ruiz Aboy el 21 de noviembre cuando trabajaba como auxiliar de decoración de la droguería Sarrá. Lo llevaron para la 5ta. Estación de policía donde lo torturaron. (En ocasión posterior fue asesinado junto con su hermano).

El 11 de diciembre es detenido en la ciudad de Santa Clara Renato Recio y después de torturarlo lo asesinaron e hicieron desaparecer su cadáver. El había ido a cumplir una misión a una fábrica de granadas que tenían en la ciudad y cuando buscaban a otra persona lo descubrieron y para no poner en peligro a los

que le habían dado albergue se entregó. (Los vecinos al triunfo de la Revolución levantaron una columna con una tarja en el lugar, en homenaje a Renato).

A principios del año 1958, Fulgencio Oroz Gómez, dirigente de la Juventud Socialista a nivel municipal, reorganizó el Comité de Base de la Juventud Socialista del Instituto de La Habana. Se reunieron en el parque que hay al inicio del Prado, junto a los restos de la prisión de La Habana para enmascarar la actividad. (A menos de un mes del triunfo revolucionario fue mártir de la lucha clandestina). (37)

En febrero se produjo la segunda huelga en el Castillo del Príncipe debido a la burla de que eran objeto los presos políticos a quienes ponían en libertad provisional y cuando salían los volvían a prender. Los estudiantes de Segunda Enseñanza presos prepararon un escrito para que en los distintos planteles apoyaron la huelga. También salió en la prensa. Por el Instituto de La Habana firmaron Manuel Graña, Ricardo Gómez, Aldo Roig, Wilfredo Pereyra y Raúl Romay. La huelga duró ocho días y se ganó.

Otras acciones del M-26-7 se desarrollaron en La Habana Vieja. El 26 de febrero, en acción coordinada por El Curita, un comando quemó unos cien millones de pesos en papel moneda, cheques y otros valores en la Cámara de Compensaciones Bancarias, dependencia del Banco Nacional de Cuba. Otro comando del 26 de Julio hizo un atentado a Boris Kalmanovich, el 3 de marzo en un bar de su propiedad ubicado en Compostela entre Merced y Conde. Controlaba a delatores a sueldo de la policía y el Buró de Inteligencia Militar y también el contrabando por el Puerto de La Habana.

El Frente Estudiantil Nacional convocó el 3 de marzo a una huelga de los alumnos de Segunda Enseñanza por el asesinato de dos estudiantes en Santiago de Cuba y se prolongó hasta mayo.

El 2 de septiembre, Urselia Díaz Báez, alumna del Instituto de La Habana salió de un examen y se dirigió a una cafetería frente a la puerta principal de la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. Allí se les informó a los combatientes presentes sobre una acción de sabotaje que se realizaría en determinados cines en la víspera del 4 de septiembre para alterar los festejos de los batistianos. Posteriormente se precisarían los detalles. Al mismo grupo de acción pertenecían otros combatientes trabajadores como Antonio Sánchez Gómez quien acostumbraba a reunirse con el grupo en ese bar de Villegas entre Lamparilla y Amargura. A él le correspondió acompañar a Urselia al Teatro América. Ella llevaba la bomba porque a los hombres los registraban. Urselia insistió en poner ella la bomba y al hacerlo le explotó, matándola.

Entre las acciones que se preparaban para el 5 de septiembre estaba la toma de la Estación Motorizada ubicada en Sarabia, cerca del Estádium del Cerro. Las Brigadas del Instituto de La Habana se acuartelaron para ese fin y no pudo efectuarse.


Francisco Aulet y Manuel Gil para estas acciones iban en el mismo auto que Fontán, quedándose los dos primeros junto al bar Rock and Roll. Allí, después de numerosos disparos fue detenido Francisco Aulet y torturado varios días sin delatar.

Cuando pudo salir Aulet en libertad provisional lo volvieron a detener y Pedro Casal y otro abogado pudieron sacarlo y enviarlo al exilio a través de la Embajada de Paraguay.

Por esa fecha ya habían cogido preso a Antonio Llibre.

Las Brigadas del Instituto de La Habana fueron dirigidas a partir de entonces por Humberto Campos.

El 29 de septiembre, Ramón Valdivia Rivero, combatiente del 26 de Julio fue ultimado en el Zaguán de la casa Habana 214 entre Empedrado y Tejadillo, había participado en el atentado a Luis Manuel Martínez, vocero de la dictadura de Batista. Había ido junto con Mario Reguera y Guillermo Jiménez, combatientes del Directorio Revolucionario. Al marcharse del lugar del atentado, Valdivia tomó una máquina de alquiler y en ella se le quedó un carné con esa dirección aunque no vivía allí. El chofer entregó el carné a la policía y después a dirección donde lo mataron.

En apoyo a la huelga del 9 de abril, en La Habana Vieja tuvo lugar el asalto a la Compañía Armera de Cuba, S. A. En Mercaderes 157 entre Obrapía y Lamparilla, en esa acción perdieron la vida cuatro combatientes: Reinaldo Aulet Rodríguez del Rey, Roberto Casals Fernández del Cueto, Carlos Roberto Aztiazaraín Turro y Marcelo Muñoz Zamora.

Otro grupo de acción que tenía la encomienda de cerrar los comercios de Muralla estaba bajo la dirección de El Morito quien tenía su comandancia en la Iglesia de la Merced.

En esa misma calle actuaba un grupo de otra procedencia que perdió dos combatientes ultimados cuando se dio la voz de retirada: Alfredo Rodríguez Carbonell y Emilio Rodríguez Fernández.

Hubo otros mártires en estas acciones ligados al Instituto de La Habana: Pepe Prieto, del curso nocturno, incorporado al M-26-7 como muchos que habían militado en el MNR. Se encontraba en los preparativos de la huelga del 9 de abril cuando lo prendieron e incomunicaron. El día 10 se encontró su cadáver en el Necrocomio. (38)

A partir de la huelga de abril se desató con más fuerza la represión. A mediados de noviembre, cuando un comando asaltó la 5ta. Estación de policía de Marianao, agentes de Ventura apresaron a desafectos que tenían controlados. En La Habana Vieja detuvieron a Eduardo Vilaboy Viñas, luchador clandestino que trabajaba como limpiabotas en los portales del Hotel Sevilla y lo asesinaron.

Otro de los luchadores clandestinos que tenía el gobierno de Batista fue Orlando Caballero Milián. Había estudiado en La Habana Vieja la primaria en el curso nocturno de la Escuela Concepción Arenal del Centro Gallego.

Lo prendieron el 17 de noviembre de 1958 junto con su tío, Juan Roberto Milián, quien dirigía un grupo revolucionario del que participaba Orlando. Se supone lo mataron al igual que su tío el 13 de diciembre de 1958. El cadáver del tío apareció por el Cacahual pero el de Orlando Caballero Milián no pudo encontrarse. (39)

Entre las actividades del Partido Socialista Popular en el territorio de La Habana Vieja, sostenían una oficina en la Manzana de Gómez clandestina, figuraba a nombre del Dr. Bruno Gavica que tenía su bufete en el tercer piso. De ese modo encubrían la atención a problemas agrarios del campesinado de La Habana. A fines de 1958 detuvieron en dicha oficina, miembros del BRAC, a José Felipe Carneado, Batista Pérez Rey y otros militantes acusados de atacar el régimen y escribir la Carta Semanal. (40)

En esta etapa se organizó el Frente Obrero Nacional (FONU) que permitió avanzar en la unidad de acción que se requería no sólo en el movimiento obrero sino entre los distintos grupos revolucionarios.

Las publicaciones clandestinas en correspondencia con el FONU dieron un ejemplo. La Imprenta Montiel de Monte 510 serví de contacto a los revolucionarios gráficos y montaron una pequeña imprenta en la calle Florida 68 llamada Impresos Casvel donde imprimieron manifiestos revolucionarios y editaron los números de noviembre y diciembre de 1958 del boletín FONUG, órgano de los Comités de Frente Único Revolucionario del sector de las Artes Gráficas.


También Publicitas, imprenta de la calle Revillagigedo 12 y el taller de linotipo de Lamparilla casi esquina a Aguacate confeccionaron materiales revolucionarios. En Publicitas se confeccionaron manifiestos del M-26-7 y del PSP e imprimieron la revista Alma, el número en el que se denunciaban los crímenes de la tiranía contra los revolucionarios que participaron en el asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957. (41)

Esos pasos hacia la unidad en la lucha apoyaron las batallas decisivas del Ejército Rebelde que condujeron al triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959.

Referencias