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José Ramón Fernández

José Ramón Fernández
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José Ramón Fernández.jpg
Ministro de Educación
1972 - 1978
Vicepresidente del Consejo de Ministros
1978 - 22 de marzo de 2012
Ministro de Educación
1978 - 1990
Presidente del Comité Olímpico Cubano
1997 - 1 de octubre de 2018
SucesorRoberto León Richards
Presidente Honorario Vitalicio del Comité Olímpico Cubano
Datos Personales
NombreJosé Ramón Carlos Fernández Álvarez
Nacimiento4 de noviembre de 1923
Santiago de Cuba, Bandera de Cuba Cuba
EducaciónLicenciado en Ciencias Sociales
Partido políticoBandera de PCC Partido Comunista de Cuba
CónyugeAsela de los Santos Tamayo
PadreAntonio Fernández y Fernández
MadrePalmira Álvarez del Río

José Ramón Carlos Fernández Álvarez. Fundador del Partido Comunista de Cuba.
Héroe de la República de Cuba.
Orden Playa Girón.
Orden Máximo Gómez de 1er. Grado.
Orden por el Servicio a la Patria en las FAR de 1er. Grado.
Orden Olímpica de Plata.
Orden al Mérito Deportivo.

Síntesis biográfica

Nació en Santiago de Cuba el 4 de noviembre de 1923. Cursó la enseñanza primaria en la Escuela Publica del poblado de Hongolosongo, municipio de El Cobre y los estudios secundarios en el Instituto de Segunda Enseñanza y en el Colegio La Salle, ambos en Santiago de Cuba.

Hijo de asturianos, su padre natural de Morcín y la madre de Oviedo, el padre Antonio Fernández y Fernández llegó a Cuba alrededor de 1914 tratando de evadir el servicio militar (Guerra de Melilla). Trabajó con el hermano que tenía una tienda de ropas en Ciego de Ávila. Se hizo propietario de un hotel y otros negocios en Santiago de Cuba.

Alrededor de 1922 regresó a España y contrajo nupcias con Palmira Álvarez del Río y cuando se produce el crack bancario en España perdió todo el dinero, regresó a Cuba donde volvió nuevamente al negocio de hoteles y más tarde arrendó una finca en las cercanías de El Cobre. Posteriormente compró una finca y fue ampliando hasta 30 caballerías que se dedicaba a la producción de leche, ganado vacuno y cerdos, etc. También invirtió en la compra de varias casas dedicadas al alquiler en Santiago de Cuba.

El padre era un hombre de cultura media, un buen lector, bastante autodidacta, no era religioso en lo absoluto e independientemente de la posición holgada que tenía, repudiaba la explotación y la corrupción de los políticos de la época, actuaba con honradez, con espíritu de justicia ajeno a toda discriminación.

La madre trabajadora abnegada, ayudó con su esfuerzo a que la familia saliera adelante en sus empeños. Era católica militante. De su familia inmediata fue la única que se solidarizó con él cuando fue juzgado y condenado como miembro del movimiento militar conocido con el nombre de “Los Puros”. Su padre ya había muerto. La vio cuando ya estaba preso en el Castillo del Príncipe. No pudo estar en el juicio, pero estuvo en la puerta del tribunal.

La hermana fue a estudiar a Estados Unidos en 1945 coincidiendo el ingreso de Fernández a la Escuela de Cadetes; se casó allá. Visitó Cuba antes y después del triunfo de la Revolución

La madre, Palmira, con su intransigencia frente a los crímenes de Batista y con su apoyo activo a la Revolución, participó en manifestaciones, suministró alimentos a combatientes del Ejército Rebelde y fue un apoyo moral importante a los miembros del III Frente Oriental. La familia y los trabajadores de la finca, con su autorización, establecieron estrechas relaciones y cooperación con las fuerzas del Ejército Rebelde al mando de los Comandantes Universo Sánchez y René de los Santos.

La formación en el hogar fue decisiva; en su casa nunca existió discriminación racial, desde niños les inculcaron el sentido de la igualdad, de la justicia, de la honestidad, patrones a los que ha sido fiel a lo largo de su existencia.

Fernández ostenta los Títulos de Hijo Adoptivo de Asturias, de Oviedo y de Morcín en referencia a los orígenes de sus padres y del municipio Jagüey Grande, de la provincia de Matanzas por el largo período en que este municipio lo ha elegido Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, ratificado el 18 de abril de 2018 en la Sesión Constitutiva de la IX Legislatura, celebrada en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Está casado con Asela de los Santos Tamayo, destacada combatiente revolucionaria que ha desempeñado altos cargos y con quien tiene 3 hijos y 4 nietos. Es familia unida y el desenvolvimiento de Asela desde su puesto de trabajo ha resultado de gran ayuda para Fernández. Ambos gozan de prestigio y autoridad en el país.

Trayectoria revolucionaria

Carrera militar

Siendo estudiante de bachillerato hace su ingreso en el Ejército Constitucional el 30 de agosto de 1940, en el Regimiento No. 1 “Maceo” de Santiago de Cuba, con el objetivo de asistir a la Escuela de Cadetes para cursar estudios y graduarse como oficial. Lo animaron varios propósitos en aquella época. Uno de ellos era que le gustaba la profesión le atraía la disciplina militar y el orden y otro era de carácter político para llegar a tener la posibilidad de influenciar y enfrentar las múltiples injusticias que conocía, veía la miseria, la discriminación, la explotación, corrupción y la injusticia toda y el no cumplimiento de las promesas que hacían los políticos fueron elementos, que desde muy joven, le despertaron inquietudes.

No despreció cuanta oportunidad se le presentó para asistir a cursos militares, se graduó con el Primer Expediente en la Escuela de Cadetes en agosto de 1947 y fue nombrado Segundo Teniente del Ejército Constitucional.

Siempre fue inconforme con la situación que existía, con la política que se seguía en el Ejército y que seguía el país y ello condujo a que muchas veces se tomaran represalias de modo más o menos señaladas con él; como ejemplo de lo anterior, siendo alumno de la Escuela de Artillería fue sustituido para formar parte de una Unidad de Combate que Cuba preparó, cumpliendo compromisos internacionales, para enviar a la guerra que el imperialismo norteamericano llevaba a cabo en Corea, a la cual no llegó ir por una fuerte campaña de rechazo popular.

Cada vez que hubo una oportunidad se le envió a los más lejanos lugares o trabajos más complejos, aduciendo a su excelente expediente en la Escuela de Cadetes.

Practicó equitación, tiro, baloncesto, béisbol y softbol.

En el año 1951 se preparó y clasificó en Pentatlón Moderno para ir a los Juegos Olímpicos de Helsinki. Esto se vio frustrado al producirse el golpe de Estado del tirano Batista el 10 de marzo de 1952.

Al producirse el golpe de estado, antes mencionado, estuvo detenido en el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) hasta horas de la noche, igual que otros muchos oficiales. Destinado al otro día a la 11na. Estación de la policía y el 1ro. de abril de 1952 trasladado a Holguín, a donde ya había sido enviado con anterioridad.

Cursó estudios y se graduó en la Escuela de Artillería de Cuba, en la Escuela de Artillería del Ejército de los Estados Unidos en Fort Sill, Oklahoma. También en Cuba en el Curso Avanzado Asociado de Estados Mayores y después del Triunfo de la Revolución en el Primer Curso de la Escuela Básica Superior que devino en la actual Academia de las FAR.

Fue Profesor y Director de Escuelas de Reclutas y Clases; Profesor de la Escuela de Artillería, del Curso Avanzado Asociado de Estados Mayores y Profesor y Jefe del Departamento Escolar y luego Director de la Escuela de Cadetes de Managua.

Se encontraba en la etapa final del curso que recibía en la Escuela de Artillería cuando se produjo el ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Las noticias eran las que daban la radio y la prensa obedeciendo a la tiranía, era apabullante la información negativa sobre participantes extranjeros, asesinatos y otras acciones que se imputaban a los combatientes revolucionarios, y que hacían llegar al pueblo de Cuba y sobre todo, al ejército en el que se dieron a conocer numerosas circulares, informaciones, fotos, avisos puestos en tablilla de ordenes, donde se describían como criminal, falta de toda sensibilidad y extranjerizante la acción de los revolucionarios.

La verdad de aquel heroico hecho se fue conociendo casi de inmediato, así como la personalidad de los atacantes, las motivaciones que los impulsaban y los objetivos que perseguían; las declaraciones, información de persona a persona, el juicio contra los asaltantes y después contra Fidel, le permitieron conocer con algún grado de exactitud lo que pasó y razonar en calma, aunque dentro del ejército estaba muy polarizada la opinión contra la acción.

Conspiración de Los Puros

Inconforme con el Golpe de Estado de Batista fomentó y encabezó en la Escuela de Cadetes, un grupo de oficiales profesores, tenientes y capitanes, con el propósito de deponer al tirano. Esto coincidió con grupos similares que de forma independiente se gestaban en Columbia, en La Cabaña, en la Fuerza Aérea y en la Marina de Guerra sin que tuvieran en esa primera etapa contacto entre ellos.

El juicio de "Los Puros". De izquierda a derecha: Coronel Ramón Barquín, teniente coronel Manuel Varela Castro, comandantes Enrique Borbonet, Orihuela y Ríos Morejón, los capitanes Despaigne, Hugo Vázquez y Travieso y (detrás) los tenientes Villafaña, José Ramón Fernández, Travieso y Figueiras.

El programa de los comprometidos en el grupo de la Escuela de Cadetes y muy parecido en los grupos de otras Unidades Militares, era restablecer la Constitución de 1940: efectuar una reforma agraria; depurar el ejército de todos los bandidos, golpistas e incondicionales del batistato; reconquistar los bienes mal habidos y juzgar a Fulgencio Batista. El punto de mayor conflicto era sobre los bienes mal habidos y sobre como juzgar y enfrentar el problema del destino de Batista. Ese pensamiento similar resultaba el más lógico basado en el régimen, estudios y funciones de los comprometidos.

Lo anterior no significa que no hubiera pensamientos diferentes en cuánto a cómo enfrentar la problemática del país, las medidas sociales, las medidas a tomar contra los conspiradores del 10 de marzo que habían violado el orden constitucional, cómo proceder contra los corruptos, y otros.

El grupo no tenía relación, ni habían buscado ni esperaban el consejo, auspicio o patronazgo de los norteamericanos. Puede ser que alguien individualmente tuviera relación, amistad y que hubiese filtrado algo.

Fue una acción netamente nacional y casi netamente militar, aunque para el cargo de Presidente Provisional el candidato era un civil: Clemente Inclán, Rector de la Universidad de La Habana.

Existieron comentarios y rumores por los cargos que ostentaba el entonces coronel Ramón Barquín, en Estados Unidos, de su vinculación con ellos, pero hasta donde conocían los principales dirigentes del grupo conspirador, nunca Barquín había puesto a los norteamericanos al tanto de estas cuestiones, ni tenía relación con los mismos para estos fines.

Era Fernández el que tenía del grupo un programa más radical, pensaba que había que juzgar a Batista y ejecutarlo como gran culpable de miles de muertos.

El 3 de abril de 1956, al ser develada la conspiración, se radica la Causa No. 4/956 del Tribunal Superior de la Jurisdicción de Guerra por un delito de conspiración para la rebelión y juzgado, conjuntamente con otros 12 compañeros, en Consejo de Guerra Superior Sumarísimo el 11 de abril de 1956. Tenía entonces 33 años de edad. Sancionado a 4 años, 2 meses y 21 días y enviado a cumplir prisión, primero en La Cabaña, unos cuatro o cinco días después al Castillo del Príncipe e inmediatamente después al mal llamado "Presidio Modelo", en Isla de Pinos.

Fue el pueblo el que bautizó este movimiento con el nombre de “Los Puros”.

Presidio

Allí en la prisión, después del año 1956, cuando cesó su aislamiento y pusieron a todos los miembros del Movimiento de “Los Puros” juntos, en la circular 4, es cuando se percató de las profundas divergencias de criterios que existían entre todos los que habían sido protagonistas de aquella conspiración.

Pasó en la cárcel casi 3 años, donde se encontraban más de 500 presos políticos, en su inmensa mayoría del 26 de Julio, formados por expedicionarios del Granma, algunos miembros de la Dirección y otros muchos luchadores de la clandestinidad, del Partido Socialista Popular, Directorio Revolucionario y de la Triple A.

Presidio Modelo de Isla de Pinos, donde estuvo recluido José Ramón Fernández

Allí en la prisión se pudieron conocer con bastante claridad los objetivos reales de la lucha del ya Movimiento 26 de Julio, con lo que tuvo conciencia más clara de la justeza de la causa, de la voluntad, el tesón, la habilidad, la capacidad de lucha y el espíritu de victoria de aquel improvisado ejército que dio lecciones de todo tipo al ejército de la tiranía y a los supuestamente más capaces jefes que lo dirigían.

También entró en contacto con algunos miembros del Partido Socialista Popular (Comunista) que se encontraban presos por sus actividades contra la tiranía. Con el que tuvo más estrechas relaciones fue con Lionel Soto de quien aprendió mucho. Sostenía con él conversaciones que duraban alrededor de tres o cuatro horas. Le preguntaba de todo. El le fue aclarando conceptos y explicando la teoría marxista. Ello provocó la crítica de algunos de sus compañeros militares, quienes llegaron a decir que le estaban “lavando el cerebro”.

En el presidio modelo de Isla de Pinos, el Director del Penal designaba al Mayor de cada circular. Como regla era un matón, abusador y criminal. En el caso de los presos políticos, al quedar vacante por motivos internos la plaza de Mayor de la circular 4 que era donde se encontraban, el Director del Penal lo citó a su oficina y lo designó para tal cargo, a lo que respondió que necesitaba consultar con todos los líderes y la masa de presos antes de aceptar, lo que hizo obteniendo el beneplácito en primer lugar de Armando Hart, que encabezaba el grupo del 26 de Julio, el más numeroso con mucho.

Los miembros del Movimiento 26 de Julio se organizaron militarmente en la prisión, formaron un batallón y le pidieron que fuera instructor militar de esa fuerza a la que le impartió clases más de un año en las condiciones posibles en aquel lugar. Hubiera podido por sus convicciones participar como miembro del 26 de Julio, pero siendo miembro de un grupo de militares, que juntos habían intentado derrotar a la tiranía no consideró ético dar ese paso.

El conocía muy bien al ejército, su organización, estructura, equipamiento, preparación técnica y táctica, y la moral de la mayoría de los dirigentes principales y de otros que estaban en posiciones de cierta importancia, que tenían una actitud condicionada por la corrupción, el robo desaforado, la inmoralidad, la falta de ética y sobre todo, después del 10 de marzo, por la cruel represión que no en pocos casos, llegaba a la tortura más bárbara y el asesinato.

Pero en el orden material, representaba una fuerza enorme de decenas de miles de hombres frente a una incipiente lucha guerrillera con escasos recursos.

Al igual que muchas personas, y así era creído en el ejército, opinaba que “podía derribarse el Gobierno, con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el ejército”.

No le veía mayores posibilidades a la lucha en la Sierra, no sólo porque eran pocos y estaba dirigida por hombres de la ciudad sino por la razón anterior.

Luego de lo que se publicó sobre Alegría de Pío, los rumores y la noticia sobre la muerte de Fidel, el resultado del alzamiento de Santiago de Cuba, los primeros meses de muy poca información o de casi ninguna y de las posiciones triunfalistas del ejército, creía que el Movimiento en las montañas había fracasado.

Estaba convencido de que lo que sí no tenía aquel ejército era moral de combate, espíritu de lucha y voluntad de vencer, pues no había una causa justa, patriótica, que defender; lo que sí poseía el Ejército Rebelde.

Tampoco tenían las fuerzas armadas de la tiranía la simpatía y mucho menos el apoyo del pueblo.

En los últimos tiempos el ejército de la tiranía combatía por la supervivencia del Gobierno y del ejército mismo y Batista lo sabía; reclutó miles de hombres, aumentó su equipamiento, compró aviones y tanques y se empleó a fondo en la lucha en todas las regiones.

Al propio tiempo el pueblo, los vecinos y en muchos casos la propia familia, desempeñaron un papel importante en hacer ver lo injusto de su causa y la repulsa que despertaban.

Estaba en prisión. Sabía que de ese triunfo dependían muchas cosas, incluso su libertad, pero tratando de examinar la situación con objetividad, pensaba que la guerrilla estaba embotellada en la Sierra Maestra.

No es hasta después de las acciones ofensivas del Ejército Rebelde y sobre todo, la derrota de la ofensiva de la tiranía, alrededor de mayo-junio de 1958, que se convenció de la posibilidad real de la victoria.

En primer lugar, porque Fidel desarrolló una concepción de la lucha en las condiciones de la guerrilla basada en la movilidad, la sorpresa y el ataque a las fuerzas del ejército en movimiento, para las cuales este nunca pudo encontrar protección y tampoco fue capaz de derrotarlo en la guerra de posiciones. En otras palabras, por el genio de Fidel.

Además, la moral de combate, la capacidad, audacia e iniciativa del Ejército Rebelde hicieron posible la victoria.

Revolución en el poder

Se enteró de la caída del régimen, porque desde horas de la madrugada del 1 de enero, se fue haciendo evidente que algo extraordinario estaba sucediendo en la capital. A través de un pequeño radio de transistores, que clandestinamente tenían en la prisión, que era un edificio de forma circular. Ese minirradio era manipulado, operado y escondido de modo muy meticuloso, se comenzaron a escuchar noticias extrañas y en las primeras horas de la mañana se anunció, por esos medios, que el general Eulogio Cantillo daría una conferencia de prensa en la Ciudad Militar de Columbia.

Conocía que Cantillo tenía su mando en Oriente, donde era jefe de Operaciones, no era Jefe de Estado Mayor Conjunto, ni del Estado Mayor General del Ejército y era racional pensar que si iba a dar una conferencia de prensa era porque algo extraordinario había acontecido: un golpe de Estado, o habían sido sustituidos los principales jefes militares y quedaba Cantillo, o Batista se había ido. Realmente era una combinación de estos hechos.

Los presos militares y principalmente Enrique Borbonet y él mandaron a avisar al comandante Carlos Viera de la Rosa, supervisor del penal, que viniera a verlos, lo que hizo breves minutos después y los escuchó desde fuera de la doble reja de la circular. Le pidieron con vehemencia, y en medio de un tumulto generalizado dentro de la circular, que los soltara, que sabían que Batista se había ido. No fue capaz de comprender lo que se le explicaba y les dijo que se iba a trasladar a La Habana.

Unas dos horas y media o tres después, regresó. Llegó a la circular acompañado de ocho o diez soldados; habían reforzado la vigilancia de la circular emplazando una ametralladora de trípode apuntando a la puerta de la misma, a 50 metros de distancia y les comunicó que decía Cantillo:

"que tuvieran calma, que en breve tiempo serían indultados."

El barullo, y sobre todo la arenga a Viera de la Rosa, no surtía efecto en él, pero sí en algunos de los soldados que lo acompañaban, en los que se le veía claramente que estaban a favor de que les abrieran la circular. Viera de la Rosa se los llevó y recriminó severamente.

Como a las cuatro de la tarde se personaron en la puerta del penal, Viera de la Rosa acompañando al comandante Carlos Carrillo Ugartemendía y al excomandante Montero Duque vestido de civil, entraron a la circular y fueron a hablar con Barquín en su celda.

Pasado un rato, Barquín les informó que un grupo de oficiales presos, con él a la cabeza, debían salir hacia La Habana en el avión que había llegado, pues Cantillo había accedido a una petición de los militares de Columbia, quienes consideraban a los oficiales presos como única vía para detener el triunfo del Ejército Rebelde.

De inmediato surgió la inconformidad en varios de los presos especialmente de Borbonet y Fernández. Lo conoció casi de modo simultáneo Armando Hart, que también puso