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Historia de Cuba


Historia de Cuba
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Cronología
Comunidades aborígenes
Cuba Colonial
Llegada de Colón
Conquista y colonización
Siglos XVI, XVII y XIII
Esclavitud
Movimientos reformistas y anexionistas
Luchas por la independencia
Ocupación militar norteamericana
Período republicano
Movimiento revolucionario 1953–1958
Revolución Cubana
Batalla de Ideas
La Historia de Cuba está dividida en tres períodos históricos: colonial, neocolonial y revolucionario. Respondiendo al criterio de la formación nacional, diferenciando en su desarrollo el Período de gestación de la nacionalidad bajo el colonialismo español; el siguiente se abre con la Creación del estado nacional cubano aunque en una evidente situación de dependencia respecto a los Estados Unidos y finalmente, el Período Revolucionario, en el cual la nación alcanza una existencia plenamente soberana tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.

Comunidades aborígenes

Aborígenes cubanos (Representación)

Los historiadores estiman que a la llegada de Cristóbal Colón a Cuba, la isla estuvo habitada por unos 300 mil indios. Eran pacíficos y amistosos, y estaban agrupados en tres grupos principales: los guanatahabeyes y siboneyes no ceramistas y los taínos; ceramistas.

El clima noble, la variada flora con abundantes alimentos naturales desde frutas hasta tubérculos que aún hoy forman parte de la dieta de los cubanos como el boniato y la yuca y la inexistencia de animales peligrosos, favorecían de manera especial la vida de los pobladores originales del archipiélago. Entonces sólo los huracanes –cuyo paso desde luego era imposible de pronosticar- constituían una amenaza a la vida, pero aún frente a ellos existía el amparo protector de las cuevas.

Aunque la cultura aborigen fue prácticamente exterminada, se reconoce aún su presencia en comidas típicamente criollas, como el ajiaco, un cocido de carnes, tubérculos y vegetales; y el casabe, una especie de torta de yuca. Su lengua se mantiene aún para denominar lugares de la ciudad de La Habana, como Uyanó (en la actualidad Luyanó), nombre con el cual se designa un arroyo y un barrio habanero; Guasabacoa, nombre de una de las ensenadas de la bahía habanera; y Guanabacoa, territorio que en la lengua aborigen significa poblado entre colinas y manantiales , y en donde quedan muy pocos de sus descendientes mezclados con otras culturas posteriores.

Antes de la conquista y colonización de Cuba, la población aborigen no tenía un grado de desarrollo semejante al de otras culturas precolombinas, como los mayas, los aztecas o los incas. Los indígenas de Cuba no edificaron grandes templos ni ciudades. Los más

avanzados, los taínos, construyeron comunidades denominadas ?"bateyes", con viviendas que llamaron bohíos?, ?caneyes?, y ?barbacoas?. Se dedicaban a la agricultura y a la pesca, y eran alfareros. Poseían sus propios credos religiosos rudimentarios, aún no lo suficientemente estudiados.

Etapa colonial 1492–1898

Llegada de Colón

Durante el primer viaje de Cristóbal Colón, la primera isla visitada y conocida por los nativos como Guanahani fue bautizada con el nombre de San Salvador, la segunda con el nombre de "Santa María de la Concepción" (Rum Cay), la tercera la bautizó "Fernandina" (Isla Long) en honor a Fernando II de Aragón por su gran tamaño, y a la isla llamada "Samaet" por los nativos la bautizó como "Isabela" (Crooked Island) en honor a Isabel I de Castilla. Es en esta última isla el 21 de octubre de 1492 donde Colón escucha hablar a los nativos de la isla llamada "Colba" (Cuba) y de "Bohio" (La Española). Colón se entusiasmó, pues estaba convencido de que Colba era Cipango, incluso portaba cartas de los Reyes Católicos dirigidas al Gran Khan, pues el objetivo del viaje era precisamente viajar a las tierras de oriente en busca de perlas y oro.

Acompañado de diez nativos de Guanahani, el miércoles 24 de octubre partió de la isla Isabela en busca de Cuba, después de cruzar unos bancos de arena (Banco de Colón o Islas Brulle) en la tarde lluviosa del sábado 27 de octubre de 1492 avistaron la isla. Al día siguiente navegaron por un río descrito como "muy hermoso y sin peligro de bajas ni otros inconvenientes, con una boca de doce brazas y bien ancha para barloventear", dijo el almirante:

"...Que nunca tan hermosa cosa vido, lleno de árboles todo cercado el río, hermosos y verdes y diversos de los nuestros, con flores y con su fruto cada uno de su manera. Aves muchas y pajaritos que cantaban muy dulcemente; había gran cantidad de palmas de otra manera que las de Guinea y de las nuestras, de una estatura mediana y los pies sin aquella camisa y las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las casas; la tierra muy llana(...)"
Diario de a Bordo de Cristóbal Colón

Bajaron a tierra y encontraron dos casas que creyeron de pescadores, por las redes de hilo de palma, cordeles y anzuelos así como aparejos de pesca. Se cree que el lugar es actualmente la bahía Bariay, a la cual Colón bautizó como el "río y puerto de San Salvador", navegando hacia el poniente encontró un pequeño río al que bautizó con el nombre de "río de la Luna", poco después uno más grande al que bautizó como el "río de los Mares" (puerto de Gibara, Bartolomé de las Casas lo identificó como Baracoa), donde Colón se detuvo por dos semanas manteniendo contacto con los nativos. El capitán de la Pinta comunicándose con los nativos entendió que Cuba era una ciudad en tierra firme, y que al norte había un rey que tenía guerra con el Gran Khan, pero lo que realmente intentaban comunicar los nativos era que al norte existía una provincia llamada "Cubanacán".

Colón bautizó a la isla con el nombre de "Juana" en honor a Juan de Aragón y Castilla quién aún vivía y era el heredero a la corona de los Reyes Católicos patrocinadores del viaje. Frecuentemente se piensa que fue bautizada en honor a Juana I de Castilla, lo que es un error, pues ésta sólo fue posteriormente la heredera del trono tras las muertes del príncipe Juan (4 de octubre de 1497) y de su hermana mayor Isabel de Aragón y Castilla (23 de agosto de 1498). Su insularidad fue probada luego de un bojeo llevado a cabo entre 1509 y 1510 por Sebastián de Ocampo.

Años más tarde, el nombre de "Fernandina" fue trasladado a la isla de Cuba por su gran tamaño en comparación a la isla Long, también se le pretendió asignar el nombre de "Santiago" por la ciudad que fundó Diego Velázquez de Cuéllar en 1515. Sin embargo la isla siempre fue referida con el nombre de "Cuba", ya sea por "Cubanacán" ó por una derivación de "Colba".

Conquista y colonización

En el caso de Cuba, la riqueza -oro, plata, anhelados largamente por un capitalismo europeo en despegue- casi no existía, lo cual hizo, entre otros factores, que Colón priorizase a Santo Domingo a la hora de establecer el primer asiento de españoles en América. Dicha decisión trajo consigo un relativo desinterés de la monarquía por Cuba, que se mantendría durante quince años más.

Ya en 1508, la preocupación del trono español tomó visos manifiestos al transmitirle a Nicolás Ovando, gobernador de La Española, la disposición referente a bojear (explorar por mar) la isla grande. Este bojeo fue realizado por Sebastián de Ocampo, quien demostró la insularidad de Cuba. Poco después, en 1510, las pugnas internas entre el trono de Castilla y Diego Colón, hijo del Almirante y nuevo gobernador de La Española, hicieron que se prefiriese a Diego Velázquez, por encima de Bartolomé Colón, para iniciar el proceso de conquista y colonización insular.

Velázquez llegó a Cuba, procedente de La Española, por la región de Maisí. Sus instrucciones -incorporar a la mayor de las Antillas a la órbita de la Corona- no eran difíciles de cumplimentar, dada la poca resistencia efectiva que los indios cubanos podían ofrecer. El militar español fundó la primera villa de Cuba (Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa) entre fines de 1510 y principios de 1511, y con rapidez organizó la expansión por el resto del territorio. Un bergantín por la costa norte; una columna al mando de Pánfilo de Narváez, deudo de Velázquez, y quien sustituyó a Francisco de Morales, que no lo era, por el centro-norte; y el propio Velázquez, por el sur, iniciaron la penetración española por tierras cubanas. Este proceso, si bien dificultado a veces por los débiles intentos de aborígenes de resistencia, en particular la oposición del cacique quisqueyano Hatuey -primera víctima de los conquistadores en Cuba, quemado vivo en la hoguera-, fue relativamente fácil de concluir.

Descontando la villa de Baracoa, entre 1512 y 1515 el territorio cubano fue incorporado a los nacientes dominios españoles en el Nuevo Mundo mediante las seis villas creadas: San Salvador de Bayamo, Trinidad, San Cristóbal de La Habana, Sancti Spíritus, Santa María del Puerto del Príncipe y Santiago de Cuba. Esta última desplazó a Baracoa, en 1515, como sede del gobierno insular. Un reacomodo de los sitios fundacionales trajo como consecuencia que La Habana, Trinidad y Puerto Príncipe cambiasen de emplazamiento, hasta llegar finalmente a su ubicación actual.

La concepción española traída por Velázquez a Cuba -desarrollo de una colonia por poblamiento- facilitaba la penetración en la Isla, pero, al mismo tiempo, creaba las bases para enfrentamientos posteriores en el máximo órgano de dirección local, el Cabildo, constituido por regidores que elegían de entre ellos a un alcalde, y la propia monarquía, por medio de sus funcionarios. El cabildo, formado por vecinos de cada villa, constituyó, con el paso de los años, una oligarquía cada vez más cerrada, con intereses propios, específicos de cada región, que en múltiples ocasiones chocaron con los intereses metropolitanos. Los funcionarios españoles en Cuba, descontado al gobernador, eran, principalmente, el veedor (factor), el contador y el tesorero. Además, fue creado el cargo de procurador, o representante del Cabildo en la Corte. Paralelo a esta estructura, se sentía, de manera enormemente fuerte, la presencia de la Iglesia Católica, ya que una (o la más importante, según se decía) de las obligaciones de España era catequizar a los aborígenes. Funcionarios reales, Cabildo e Iglesia constituyen así una tríada sin la cual no puede entenderse la estructura inicial gubernativa aplicada en Cuba.

El interés fundamental de los conquistadores, la búsqueda de oro, no fue satisfecho en Cuba. La Isla no poseía grandes yacimientos de ese metal; por el contrario, su escasez era notoria. Solamente se pudo obtener un poco gracias al lavado de arenas de los ríos, arduo trabajo, realizado por los indios y que no fue más allá del año 1542, si bien desde mucho antes ya se había desplazado la explotación aurífera por la cría de ganado vacuno, porcino y caballar, con vistas tanto al consumo como a la exportación a los nuevos territorios del continente, especialmente a la Nueva España. Traído de Europa, en condiciones boscosas del clima tropical cubano, el ganado prosperó tremendamente y constituyó el renglón fundamental, sustituto de la minería, la naciente y precaria economía insular. Junto a esto, la necesidad de subsistir obligó a los españoles a adaptarse a consumir plantas propias de la agricultura aborigen, tales como la yuca, con la cual se elabora el casabe, trota que podía sustituir al pan; y el tabaco, que, lenta, pero constantemente, aumentaría su importancia económica. Fuese para salarlo en tasajo, o para utilizar sus cueros, el ganado fue la vía de escape productiva de los españoles que no abandonaron la Isla para participar en la conquista de Tierra Firme.

Estos españoles no vinieron a América para trabajar, en sentido estricto, sino a enriquecerse para repatriarse, cuando lo hubiesen conseguido. Por eso Velázquez, sin estar autorizado para ello, repartió la tierra conquistada a los indios a su hueste guerrera conquistadora, lo que implicó desposeer a sus legítimos dueños. Este otorgamiento no implicaba la propiedad jurídica sobre la tierra, sino el derecho a su utilización, pagando a los monarcas y a la Iglesia los derechos correspondientes. A largo plazo, dentro de la historia nacional, el proceso señalado traería, siglos después, gravísimos problemas para el desarrollo del capitalismo en Cuba.

Junto al hecho del reparto de mercedes, el cual podía hacerse bajo distintas formas, tales como estancias, y luego hatos y corrales, se hizo el reparto de los indios que la trabajarían. Estos repartos, conocidos con el nombre de encomiendas, vinculaban al indio a un español, no bajo la forma de la esclavitud clásica, sino en un carácter similar al del siervo. Los aborígenes debían trabajar a veces catorce horas diarias, desarraigados, completamente de su modo de vida original. En sus comienzos, los indios encomendados se ocuparon del lavado de las arenas de los ríos para la obtención de oro y, con posterioridad pasaron masivamente a labores agrícolas, imprescindibles para la subsistencia de los europeos.

Fray Bartolomé de las Casas. Llegado a Cuba en los momentos de su conquista fue aquí donde comprendió la injusticia y el crimen que se estaba cometiendo con la población aborigen. Por su defensa de éstos se le denominó "El protector de los indios".

Mucho se ha escrito sobre la desaparición de los indios cubanos, debida a los maltratos sufridos a manos de los encomendadores. Esto, históricamente, es válido. Pero también lo es el hecho de que el sistema de trabajo en encomiendas rompió el ciclo de reproducción natural aborigen, cuya natalidad disminuyó de manera inconcebible. La ausencia de mujeres blancas provocó, desde la arrancada de la colonización, un gran mestizaje de españoles nativos, que fueron siendo absorbidos racialmente. A ello se unen las enfermedades llegadas de Europa, desconocidas en América, las cuales mermaron grandemente a los naturales, así como los suicidios de estos, incapaces, lógicamente, de adaptarse al régimen de trabajo y a las características de la civilización española.

Para resolver los problemas de fuerza de trabajo, desde la primera década de la colonización, los españoles introdujeron negros africanos, mucho más resistentes que los indios a los rigores de la explotación. Primero, en pequeñas partidas esporádicas, luego, más establemente, los negros llegaron a Cuba desde muy temprano, incorporándose al proceso de mestizaje, que incluía, así, a indios, blancos y negros. A la par, trajeron sus universos culturales (dada la heterogeneidad de etnias que atravesaron el Atlántico), los cuales también comenzaron a mezclarse con prontitud, en el mosaico español-aborigen. A mediados de los años cincuenta del siglo XVI, ciertos rasgos futuros, definitorios de la nacionalidad cubana, entre ellos el crisol racial, comenzaban a florecer hermosamente.

Siglos XVI, XVII y XIII

Corsarios y piratas

Representación de un ataque pirata durante el siglo XVI

Los corsarios de las naciones enemigas de España, en sus depredaciones por las Antillas, desembarcaron no pocas veces en Cuba. En distintas épocas, Francis Drake, Francisco Nau o Henry Morgan visitaron el territorio cubano, fuese para arrasar determinada villa, o para "rescatar" (comerciar). Cuba resultaba presa fácil para los ataques de corsarios y piratas, pues el despoblamiento, el abandono por parte del gobierno español, la indefinición de sus pobladores y su condición de Isla los favorecía. Así, el primer ataque a nuestras costas se llevó a cabo en 1538 por corsarios franceses, los que aprovecharon la guerra entre Francia y España, para atacar en dos ocasiones las naves procedentes de México que se encontraban en el puerto de La Habana, Al año siguiente entraron en la población, saquearon la iglesia, se apoderaron de todos los objetos de valor e incendiaron el caserío. En ese mismo año, atacaron una nave española en el puerto de Santiago de Cuba e intentaron atacar la población, pero se retiraron sin hacerlo.

Uno de los corsarios franceses más famosos y temidos de la época fue Jacques de Sores.

(...) penetró en el puerto de Santiago de Cuba, se apoderó de la población, la ocupó durante un mes, exigió fuertes rescates a los vecinos y después de haber abandonado la idea de una expedición por tierra contra Bayamo, se retiró, no sin dejar asolado el lugar[1].

La cultura insular se benefició de esto. No solo los pobladores entraron en contacto con otros pueblos y naciones, diferentes por supuesto a la civilización española, sino que, del ataque del pirata Gilberto Girón a la región de Bayamo, en 1604, donde tomó de rehén al obispo Juan de las Cabezas Altamirano, y de su rescate por los habitantes de la villa surgió, en 1608, la primera gran composición poética de tema cubano en la Isla, "Espejo de paciencia", del canario Silvestre de Balboa, buena muestra de ciertas inquietudes culturales ya presentes en la población. Si bien la Paz de Ryswick, en 1697, no resolvió por completo para España el problema del contrabando, si lo redujo a proporciones aceptables.

Desarrollo económico

Una vez culminado el proceso de conquista y colonización, y establecidos en su forma inicial los mecanismos de poder españoles sobre la Isla, la evolución económica de esta transcurrió de manera lenta, de acuerdo con la priorización que España imponía a los nuevos territorios americanos. Sin reservas de oro o metales preciosos, Cuba sufrió un despoblamiento inicial, en función de la conquista de México y de expediciones, como la de Hernando de Soto a La Florida. Los españoles que no abandonaron la Isla fueron adaptándose a ella con mayor rapidez de lo que se hubiera podido esperar. A mediados del siglo XVI, una nueva generación de pobladores, cuya mayoría era nacida en la gran Antilla, se hacía notar en el naciente mundo colonial.

La importancia de la ganadería vacuna, tanto en su función económica hacia dentro (alimento para población), como hacia afuera (exportación de cueros y carne salada), se mantuvo a todo lo largo de los siglos XVI y XVII, y llegó, incluso, a abarcar una buena parte de la primera mitad del siglo XVIII. Enormes haciendas ganaderas, muchas de las cuales habían sido repartidas en forma de hatos[2], componían el panorama determinante de apropiación del territorio insular. Sin embargo, muy pronto dichas haciendas comenzaron a sufrir la competencia de la agricultura comercial, la cual llevaría a la gran disolución de una gran cantidad de ellas.

El tabaco, sembrado en vegas a orillas de los ríos, constituía un cultivo especializado que los españoles aprendieron rápidamente a producir, cosechar y procesar en la forma elemental de los propios aborígenes, lo cual no demandaba grandes extensiones de tierra ni un desembolso sustancial de capital. El incremento de su consumo tanto en la Isla como en Europa, trajo un constante aumento de su producción. Si a esto se suma el cultivo de plantas alimenticias para los habitantes de las villas, sobre todo de La Habana, centro del comercio español en las Indias, se comprende que la hacienda ganadera sufriese con rapidez los embates de otras producciones de mayor rentabilidad. La estructura de gobierno español y, sobre todo, el Cabildo en cada villa, trataron de proteger a los hacendados, quienes constituían, desde los primeros tiempos de la colonización, el grupo social de mayor poder y capacidad de presión. Pero las necesidades crecientes de la Corona, en lo referente a la alimentación de las tropas y marinos reunidos en La Habana, durante meses, y la ganancia proporcionada por los impuestos derivados de la exportación de productos relacionados con la agricultura comercial, hicieron que la legislación colonial fuese muy irregular, y que los pleitos entre hateros y agricultores sobre todo los vegueros, establecidos en el interior de las haciendas ganaderas, llenasen todo un capítulo de la historia inicial de Cuba.

El monopolio comercial español, establecido desde el principio de la colonización a través de la Casa de Contratación de Sevilla, se dejó sentir con especial fuerza en Cuba, que, no siendo una región priorizada por España en la primera mitad del XVI, no recibía apenas los productos europeos imprescindibles. Ya en 1566, con la creación definitiva del sistema de Flotas para el comercio entre España e Indias, estos comenzaron a reunirse en el puerto de La Habana, el cual se convirtió, así, en el principal del continente. Si bien los galeones solo debían permanecer en la rada habanera unas pocas semana, los atrasos habituales determinaban la prolongación de la estancia por varios meses, lo que representó para la villa y para la zona rural de los alrededores un aumento considerable de población y un enorme estímulo para la producción de artículos diversos, que quienes esperaban para marchar hacia Europa consumían ávidamente. Asimismo, el número de posadas y tabernas citadinas creció de manera extraordinaria, al igual que la prostitución, sobre todo de negras esclavas, autorizadas por sus dueños para trabajar, "a ganar", según frase de la época.

La influencia del sistema de Flotas obligó a introducir algunas mejoras en las condiciones urbanas de la capital. La edificación de la Iglesia Parroquial Mayor, comenzada en 1550 y terminada en 1574, así como de los conventos de Santo Domingo (construido inicialmente de tablas y guano) en 1578 y reconstruido en 1587, y San Francisco, inicado en 1584, contribuyó a darle aires citadinos a La Habana. La construcción de la Zanja Real en 1592, vale decir, del primer acueducto, por Juan de Texeda, que desde el río Almendares hasta la actual Plaza de la Catedral surtía de agua al vecindario y a la Flota, mejoró sustancialmente la imagen urbana, al igual que el Real Decreto que la convertía en ciudad. En el nteriro, la lenta ocupación poblacional del espacio geográfico se materializó en la fundación de algunas parroquias rurales, esfuerzo eclesiástico evidente en las visitas periódicas que hacían los obispos a diferentes regiones y, sobre todo, en la fundación de las villas de Santa Clara, al centro de Cuba, y Matanzas, en la costa norte, cerca de La Habana, a fines del siglo XVII.

La subida al trono español de la Dinastía Borbón a principios del Siglo XVIII, trajo aparejada una modernización de las concepciones mercantilistas que presidían el comercio colonial. Lejos de debilitarse, el monopolio se diversificó y se dejó sentir de diverso modo en la vida económica de las colonias.

En el caso cubano, ello condujo a la instauración del estanco del tabaco, destinado a monopolizar en beneficio de la Corona la elaboración y comercio de la aromática hoja, convertida ya en el más productivo renglón económico de la Isla. La medida fue resistida por comerciantes y cultivadores, lo que dio lugar a protestas y sublevaciones, la tercera de las cuales fue violentamente reprimida mediante la ejecución de once vegueros en Santiago de las Vegas, población próxima a la capital. Imposibilitados de vencer el monopolio, los más ricos habaneros decidieron participar de sus beneficios. Asociados con comerciantes peninsulares, lograron interesar al Rey y obtener su favor para constituir una Real Compañía de Comercio de La Habana (1740), la cual monopolizó por más de dos décadas la actividad mercantil de Cuba.

Fragmento de la Muralla de La Habana, parte del sistema de fortificaciones aplicado en la Isla de Cuba por el gobierno colonial español

Después del ataque de Jacques de Sores a La Habana, España ordenó la fortificación de la ciudad, pero para hacerlo se necesitaba dinero y esclavos y la Isla carecía de ambas cosas. Es por ello que la Corona ordenó que de la plata de México se situaran, a la orden del gobernador de la Isla, diversas sumas de dinero para edificar las fortalezas. Estas sumas fueron conocidas con el nombre de "situados" y gran cantidad de negros esclavos africanos fueron introducidos en Cuba con el fin de que trabajaran en las fortificaciones.

En la segunda mitad del siglo XVI, se construyó el Castillo de la Real Fuerza. En sus bóvedas se guardaba el oro y la plata que traían flotas desde México y Perú hasta que estas partían hacia España. Posteriormente, La Fuerza de convirtió en residencia de los gobernadores de la Isla.

Pronto se vió la necesidad de fortificar los dos extremos de la entrada de la había, por lo que en 1590 se iniciaron las obras del Castillo de los Tres Reyes (El Morro) y la Fortaleza de La Punta, los cuales se terminaron 40 años después en 1630. Para dirigir la construcción de las fortalezas de El Morro y La Punta fue llamado el famoso ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli. Después de construido El Morro, los técnicos militares recomendaron la construcción de otra fortificación en la loma llamada de La Cabaña; sin embargo, España no la autorizío en aquellos momentos.

En La Habana fueron construidos torreones en La Chorrera, Cojímar y San Lázaro. La construcción de las murallas duraron más de un siglo, desde 1674 hasta 1797, cuando ya prácticamente la ciudad no cabia entre sus muros. Mientras, en Santiago de Cuba se construyó el Castillo de San Pedro de la Roca.

La Isla, en su conjunto, no se benefició con el sistema de Flotas pues solo representó un adelanto para La Habana. Las villas del interior, abandonadas a su suerte y carentes de recursos elementales necesarios a sus pobladores, desarrollaron con rapidez un comercio irregular, fuera de los moldes coloniales, conocido con el nombre de comercio de contrabando o comercio de rescate. Este se efectuaba utilizando los ríos y los múltiples accidentes costeros cubanos, con corsarios y piratas ingleses, franceses y holandeses, cuyas naciones disputaban a España el dominio del Mar Caribe. Entregando productos "de la tierra", los habitantes de las villas cubanas recibían aquellas mercancías que el régimen colonial no les suministraba. En este comercio participaban, por igual, el Cabildo local, los vecinos y las autoridades españolas de la zona porque las necesidades eran semenjantes para todos los grupos sociales.

España hizo fuertes intentos por prohibir, vigilar y condenar el contrabando, con muy poco éxito. Designado por el gobernador Pedro Váldes, su asesor Melchor Suárez de Poago trató de controlar la situación del contrabando en Bayamo, a principiso del siglo XVII, ya que dicha zona constituía el foco principal de este comercio. Prevenidos, los vecinos (posiblemente ayudados por los rescatadores extranjeros) hicieron imposible la prosecución del expediente judicial iniciado, que al ventilarse en la Audencia de Santo Domingo, de la cual Cuba dependía, fue suspendido. Este hecho constituye una muestra fehaciente de las contradicionnes primarias que se veían entre los gobiernos locales, compuestos por insulares, y el gobierno de la Metrópoli.

España trató de estructurar cierto control sobre los habitantes de la Isla que impidiese la pérdida de riquezas por vía del contrabando, y al mismo tiempo permitiese readecuar los mecanismos de dominación a la creciente importancia de La Habana. En 1607, una Real Orden convalidaba algo que desde 1553 había sucedido: el establecimiento de la capital insular en la propia ciudad, a la par que dividía a Cuba en dos gobiernos, el de La Habana y el de Santiago de Cuba, este último subordinado al primero. El desconocimiento que de las realidades cubanas tenía España, cien años después de la conquista, provocó un suceso simpático: las villas de Trinidad, Remedios y Sancti Spíritus no fueron adscritas a ninguno de los gobiernos, con lo cual sus habitantes pudieron autogobernarse durante largos años.

El siglo XVIII fue escenario de sucesivas guerras entre las principales potencias europeas, que en el ámbito americano persiguieron un definido interés mercantil. Todas ellas afectaron a Cuba de uno u otro modo, pero sin duda la más trascendente fue la Guerra de los Siete Años (1756–1763), en el curso de la cual La Habana fue tomada por un cuerpo expedicionario inglés. La ineficacia de las máximas autoridades españolas en la defensa de la ciudad contrastó con la disposición combativa de los criollos, expresada sobre todo en la figura de Pepe Antonio, valeroso capitán de milicia de la cercana villa de Guanabacoa, muerto a consecuencia de los combates. Durante los once meses que duró la ocupación inglesa –agosto de 1762 a julio de 1763–, La Habana fue teatro de una intensa actividad mercantil que pondría de manifiesto las posibilidades de la economía cubana, hasta ese momento aherrojada por el sistema colonial español.

Al restablecerse el dominio hispano sobre la parte occidental de la Isla, el Rey Carlos III y sus ministros "ilustrados" adoptaron una sucesión de medidas que favorecerían el progreso del país. La primera de ellas fue el fortalecimiento de sus defensas, de lo cual sería máxima expresión la construcción de la imponente y costosísima fortaleza de San Carlos de La Cabaña en La Habana; a esta se sumarían numerosas construcciones civiles, como el Palacio de los Capitanes Generales (de gobierno) y religiosas, como la Catedral, devenidas símbolos del paisaje habanero.

El comercio exterior de la Isla se amplió, a la vez que se mejoraron las comunicaciones interiores y se fomentaron nuevos poblados como Pinar del Río y Jaruco. Otras medidas estuvieron encaminadas a renovar la gestión gubernativa, particularmente con la creación de la Intendencia y de la Administración de Rentas.

En este contexto se efectuó el primer censo de población (1774) que arrojó la existencia en Cuba de 171 620 habitantes.

Otra serie de acontecimientos internacionales contribuyeron a la prosperidad de la Isla. El primero de ellos, la guerra de independencia de las Trece Colonias inglesas de Norteamérica, durante la cual España –partícipe del conflicto– aprobó el comercio entre Cuba y los colonos sublevados. La importancia de este cercano mercado se pondría de manifiesto pocos años después, durante las guerras de la Revolución Francesa y el Imperio napoleónico, en las cuales España se vio involucrada con grave perjuicio para sus comunicaciones coloniales.

En esas circunstancias se autorizó el comercio con los "neutrales" –Estados Unidos– y la economía de la Isla creció vertiginosamente, apoyada en la favorable coyuntura que para los precios del azúcar y el café creó la revolución de los esclavos en la vecina Haití. Los hacendados criollos se enriquecieron y su flamante poder se materializó en instituciones que, como la Sociedad Económica de Amigos del País y el Real Consulado, canalizaron su influencia en el gobierno colonial. Lidereados por Francisco de Arango y Parreño, estos potentados criollos supieron sacar buen partido de la inestable situación política y, una vez restaurada la dinastía borbónica en 1814, obtuvieron importantes concesiones como la libertad del comercio, el desestanco del tabaco y la posibilidad de afianzar legalmente sus posesiones agrarias. Pero tan notable progreso material se basaba en el horroroso incremento de la esclavitud.

Esclavitud

A partir de 1790, en sólo treinta años, fueron introducidos en Cuba más esclavos africanos que en el siglo y medio anterior. Con una población que en 1841 superaba ya el millón y medio de habitantes, la Isla albergaba una sociedad sumamente polarizada; entre una oligarquía de terratenientes criollos y grandes comerciantes españoles y la gran masa esclava, subsistían las disímiles capas medias, integradas por negros y mulatos libres y los blancos humildes del campo y las ciudades, estos últimos cada vez más remisos a realizar trabajos manuales considerados vejaminosos y propios de esclavos. La esclavitud constituyó una importante fuente de inestabilidad social, no sólo por las frecuentes manifestaciones de rebeldía de los esclavos –tanto individuales como en grupos– sino porque el repudio a dicha institución dio lugar a conspiraciones de propósitos abolicionistas.

Entre estas se encuentran la encabezada por el negro libre José Antonio Aponte, abortada en La Habana en 1812, y la conocida Conspiración de la Escalera (1844), que originó una cruenta represión. En esta última perdieron la vida numerosos esclavos, negros y mulatos libres, entre quienes figuraba el poeta Gabriel de la Concepción Valdés, (Plácido). El desarrollo de la colonia acentuó las diferencias de intereses con la metrópoli. A las inequívocas manifestaciones de una nacionalidad cubana emergente, plasmadas en la literatura y otras expresiones culturales durante el último tercio del siglo XVIII, sucederían definidas tendencias políticas que proponían disímiles y encontradas soluciones a los problemas de la Isla.

Movimientos reformistas y anexionistas

El cauto reformismo promovido por Arango y los criollos acaudalados encontró continuidad en un liberalismo de corte igualmente reformista encarnado por José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y otros prestigiosos intelectuales vinculados al sector cubano de los grandes hacendados. La rapaz y discriminatoria política colonial de España en Cuba tras la pérdida de sus posesiones en el Continente, habría de frustrar en reiteradas ocasiones las expectativas reformistas. Esto favoreció el desarrollo de otra corriente política que cifraba sus esperanzas de solución de los problemas cubanos en la anexión a Estados Unidos. En esta actitud convergía tanto un sector de los hacendados esclavistas que veía en la incorporación de Cuba a la Unión norteamericana una garantía para la supervivencia de la esclavitud –dado el apoyo que encontrarían en los estados sureños–, como individuos animados por las posibilidades que ofrecía la democracia estadounidense en comparación con el despotismo hispano. Los primeros, agrupados en el "Club de La Habana" favorecieron las gestiones de compra de la Isla por parte del gobierno de Washington, así como las posibilidades de una invasión "liberadora" encabezada por algún general norteamericano.

En esta última dirección encaminó sus esfuerzos Narciso López, general de origen venezolano que, tras haber servido largos años en el ejército español, se involucró en los trajines conspirativos anexionistas. López condujo a Cuba dos fracasadas expediciones, y en la última fue capturado y ejecutado por las autoridades coloniales en 1851. Otra corriente separatista más radical aspiraba a conquistar la independencia de Cuba. De temprana aparición –en 1810 se descubre la primera conspiración independentista lidereada por Román de la Luz–, este separatismo alcanza un momento de auge en los primeros años de la década de 1820. Bajo el influjo coincidente de la gesta emancipadora en el continente y el trienio constitucional en España, proliferaron en la Isla logias masónicas y sociedades secretas. Dos importantes conspiraciones fueron abortadas en esta etapa, la de los Soles y Rayos de Bolívar (1823), en la que participaba el poeta José María Heredia –cumbre del romanticismo literario cubano– y más adelante la de la Gran Legión del Aguila Negra alentada desde México.

También por estos años, el independentismo encontraba su plena fundamentación ideológica en la obra del presbítero Félix Varela. Profesor de filosofía en el Seminario de San Carlos en La Habana, Varela fue electo diputado a Cortes en 1821 y tuvo que huir de España cuando la invasión de los "cien mil hijos de San Luis" restauró el absolutismo. Radicado en Estados Unidos, comenzó a publicar allí el Periódico "El Habanero" dedicado a la divulgación del ideario independentista. Su esfuerzo, sin embargo, tardaría largos años en fructificar pues las circunstancias, tanto internas como externas, no resultaban favorables al independentismo cubano.

En los años posteriores, la situación económica cubana experimentó cambios significativos. La producción cafetalera se derrumbó abatida por la torpe política arancelaria española, la competencia del grano brasileño y la superior rentabilidad de la caña.

La propia producción azucarera se vio impelida a la modernización de sus manufacturas ante el empuje mercantil del azúcar de remolacha europeo. Cada vez más dependiente de un solo producto –el azúcar– y del mercado estadounidense, Cuba estaba urgida de profundas transformaciones socioeconómicas a las cuales la esclavitud y la expoliación colonial española interponían grandes obstáculos.

El fracaso de la Junta de Información convocada en 1867 por el gobierno metropolitano para revisar su política colonial en Cuba, supuso un golpe demoledor para las esperanzas reformistas frustradas en reiteradas ocasiones. Tales circunstancias favorecieron el independentismo latente entre los sectores más avanzados de la sociedad cubana, propiciando la articulación de un vasto movimiento conspirativo en las regiones centro orientales del país.

Luchas por la independencia

El movimiento estalló el 10 de octubre de 1868, al levantarse en armas el abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes, uno de los principales conspiradores, quien en su ingenio La Demajagua proclamó la independencia y dio la libertad a sus esclavos. El alzamiento, secundado poco después por los conspiradores de Camagüey y Las Villas, logró afirmarse, no obstante la despiadada reacción hispana. Mientras los españoles de las ciudades, agrupados en los cuerpos de voluntarios, sembraban el terror entre las familias cubanas convirtiéndose en un influyente factor de las decisiones políticas, el ejército colonial avanzaba sobre Bayamo –la capital insurrecta–,que los cubanos tendrían que abandonar, no sin antes reducirla a cenizas como expresión de su inclaudicable voluntad revolucionaria. En tan difíciles condiciones, el movimiento independentista logró unificarse, aprobando en Guáimaro la constitución que daba lugar a la República de Cuba en Armas.

El Ejército Libertador cubano, tras meses de duro aprendizaje militar, alcanzó una capacidad ofensiva que se pondría de manifiesto en la invasión de la rica región de Guantánamo por el General Máximo Gómez y las brillantes acciones libradas en las sabanas camagüeyanas por la caballería al mando de Ignacio Agramonte. Pero este avance militar se vio lastrado por las diferencias políticas en el campo revolucionario, las cuales condujeron a la deposición de Céspedes de su cargo de Presidente de la República (1873) e impidieron el tan necesario apoyo en armas y medios de los patriotas emigrados. Una influencia igualmente negativa ejerció la política de hostilidad hacia los revolucionarios cubanos adoptada por el gobierno de Estados Unidos que, frente a la gesta independentista, prefirió atenerse a su vieja política confiado en que el destino de Cuba gravitaría indefectiblemente hacia el dominio norteamericano.

El empuje militar cubano alcanzó su cenit entre 1874 y 1875, primero con la campaña de Máximo Gómez en Camagüey, jalonada por los victoriosos combates de La Sacra y Palo Seco y la batalla de Las Guásimas –donde el ejército cubano derrotó una fuerza española de más de 4 000 hombres– y la posterior invasión a Las Villas por las tropas mambisas al mando del genial general dominicano. Pero el trascendental avance estratégico resultó desvirtuado nuevamente por las disensiones intestinas que, al entorpecer la llegada de vitales refuerzos, posibilitaron que la invasión se empantanase sin conseguir su objetivo de llevar la guerra al rico territorio occidental de Cuba.

El debilitamiento del esfuerzo independentista coincidió con la recuperación de la capacidad político–militar española, cuando la restauración monárquica de 1876 puso fin a las violentas conmociones que habían caracterizado la vida de la península tras la "revolución gloriosa" (1868) y con la posterior proclamación de la república.

El desfavorable sesgo de la correlación de fuerzas y el desgaste en el campo insurrecto, posibilitaron que un importante sector del movimiento independentista aceptase las propuestas del General español Arsenio Martínez Campos. La paz sin independencia firmada en el Zanjón (1878) no obtuvo el consenso de las fuerzas mambisas y en particular fue rechazada por el General Antonio Maceo, jefe de las fuerzas de la parte más oriental de la Isla, quien, no obstante su humilde origen, había escalado la más alta jerarquía del Ejército Libertador a fuerza de valentía y capacidad combativa.

Aunque las acciones militares insurrectas no pudieron sostenerse por mucho tiempo, la Protesta de Baraguá, escenificada por Maceo y sus tropas, que encarnaban los sectores más populares del movimiento revolucionario, constituyó la evidencia mayor de la irrevocable voluntad de los cubanos de continuar la lucha por la independencia. En la década de 1880, la Isla atravesaría por un proceso de grandes cambios económicos y sociales. La esclavitud, muy quebrantada ya por la Revolución de 1868, fue finalmente abolida por España en 1886. Ello estuvo acompañado por notables transformaciones en la organización de la producción azucarera, la cual alcanzaba definitivamente una etapa industrial. La dependencia comercial cubana respecto a Estados Unidos se haría prácticamente absoluta, y los capitales norteamericanos comenzaron a invertirse de manera creciente en diversos sectores de la economía.

La burguesía insular, alejada de aspiraciones independentistas, había dado lugar a dos formaciones políticas: el partido Liberal, más adelante denominado Autonomista, que retomaba la vieja tendencia de conseguir reformas del sistema colonial español hasta alcanzar fórmulas de autogobierno; y el partido Unión Constitucional, expresión reaccionaria de los sectores interesados en la plena integración de Cuba a España. El independentismo, reafirmado en su base popular, sería alentado sobre todo desde la emigración. Un primer estallido, la llamada "Guerra Chiquita" (1879), llevó nuevamente a los cubanos al campo de batalla en los territorios orientales y villareños, pero pudo ser sofocada después de algunos meses por su escasa organización y débil coherencia política. A ella sucederían periódicos desembarcos, conspiraciones y alzamientos, casi siempre encabezados por los jefes militares de la Guerra de los Diez Años, los cuales fueron abortados o sofocados por las autoridades españolas dada la incapacidad de articular las acciones con un movimiento de masas amplio y unido. Esa sería la obra de José Martí.

Entregado desde su adolescencia al ideal independentista, José Martí y Pérez (La Habana, 1853) sufrió prisión y destierro durante la Guerra de los Diez Años.

Sus vínculos con movimientos conspirativos posteriores, le permitieron comprender que la revolución cubana debía asentarse sobre nuevas bases programáticas y organizativas, tarea a la cual se entregó por entero. Dotado de exquisita sensibilidad poética y brillantes facultades oratorias, Martí poseía también un profundo pensamiento político, enriquecido por la experiencia de sus años de vida en España, Estados Unidos y distintos países latinoamericanos.

Su labor de esclarecimiento y unificación, centrada en los núcleos de emigrados cubanos, principalmente en Estados Unidos, pero con amplia repercusión en la Isla, cristalizó en 1892 con la constitución del Partido Revolucionario Cubano. Concebido como la organización única de todos los independentistas cubanos, el partido debía conseguir los medios materiales y humanos para la nueva empresa emancipadora, e investir a los jefes militares de la imprescindible autoridad política para desencadenar la "Guerra Necesaria". Esta estalló el 24 de febrero de 1895. Martí, que desembarcó en Cuba acompañado por Máximo Gómez, Jefe del Ejército Libertador, caía poco después en la acción de Dos Ríos. Pese a esta pérdida irreparable, la revolución se desarrolló en la provincia de Oriente, donde Maceo –llegado en una expedición desde Costa Rica– había asumido el mando de las fuerzas mambisas, y se extendió poco después a Camagüey y Las Villas. Reunidos en Jimaguayú, los delegados del Ejército Libertador elaboraron la constitución que regiría los destinos de la República en Armas.

La asamblea eligió presidente al patricio camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt y designó General en Jefe y Lugarteniente General del Ejército Libertador a Máximo Gómez y Antonio Maceo, respectivamente. Poco después, Maceo partía de Baraguá al frente de una columna invasora que, unida a las fuerzas de Gómez que aguardaban en Las Villas, debía avanzar sobre el occidente de la Isla. Tras los exitosos combates de Mal Tiempo, Coliseo y Calimete, el contingente invasor penetró en la provincia habanera, llevando el pánico a las autoridades coloniales en la capital. Con la llegada de las fuerzas de Maceo a Mantua –la población más occidental de Cuba–, la invasión cumplía exitosamente su objetivo: la guerra hacía sentir sus devastadores efectos en toda la Isla, cuyos principales renglones productivos experimentaron un brusco descenso. En esta ocasión, España no podría extraer de Cuba los recursos necesarios para combatir su independencia. Para enfrentar la insurrección generalizada, la metrópoli designó Capitán General de la Isla a Valeriano Weyler, quien llegó a Cuba y fue apoyado con cuantiosos refuerzos para desarrollar una guerra de exterminio

Pese al elevado costo humano que entrañaba este tipo de contienda –sobre todo por la reconcentración de la población campesina en las ciudades–, Weyler no pudo contener la insurrección, la campaña de Gómez en La Habana y la de Maceo en Pinar del Río mantendrían en jaque al ejército colonialista. Aunque actuando en difíciles condiciones, las fuerzas mambisas recibían con cierta periodicidad los recursos bélicos remitidos desde la emigración por el Partido Revolucionario Cubano que, unido al armamento arrebatado al enemigo, le permitían mantener su capacidad combativa.

En Diciembre de 1896 se produce la caída de Maceo en el combate de San Pedro, y es sustituido en el cargo de Lugarteniente General del Ejército Libertador por Calixto García, otro brillante general de la Guerra de los Diez Años. Gómez decide entonces concentrar sobre sí lo mejor de las fuerzas españolas, a las que somete a una demoledora campaña de desgaste en el centro de la Isla. Deja así las manos libres a García, quien libra importantes combates en Oriente, y logra la captura de las plazas fortificadas de Las Tunas y Guisa. Mientras, en occidente se producen miles de acciones de mediana y pequeña escala. La suerte del colonialismo español estaba echada.

El desarrollo de la revolución en Cuba, visto con creciente simpatía por el pueblo norteamericano, hacen que el 19 de abril ambas Cámaras del Congreso estadounidense aprueben la Resolución Conjunta mediante la cual el gobierno de Washington intervenia en el conflicto. Según el documento Cuba debia ser libre e independiente y Estados Unidos se retiraria de la isla cuando existieran las garantias de un gobierno estable. Cediendo en parte a presiones estadounidenses, España otorga la autonomía a Cuba, medida tardía que no surte el efecto esperado.

Se produce entonces –febrero de 1898– la explosión del acorazado Maine en el puerto habanero, hecho que Washington tomará como pretexto para movilizar la opinión pública e intervenir directamente en la guerra. Aunque admite formalmente la independencia de Cuba, sin reconocer sus instituciones, Estados Unidos entra en guerra con España y, con la colaboración de las fuerzas mambisas, desembarca sus tropas en la costa sur de la zona oriental de Cuba. Las acciones se libran en torno a Santiago de Cuba.

La flota española ha quedado bloqueada en el puerto santiaguero, intenta una salida en la cual es aniquilada por la superioridad de las fuerzas navales norteamericanas. Tras el asalto a las defensas externas de la ciudad por las fuerzas cubano–estadounidenses, el mando español decide rendirse. Hecho sintomático: los jefes militares cubanos, encabezados por Calixto García son excluidos del acto de rendición y se prohíbe la entrada de sus fuerzas en la ciudad. Meses después, según el Tratado de París, España traspasará Cuba a los Estados Unidos sin que se tuviesen en cuenta para nada las instituciones representativas del pueblo cubano.

Ocupación militar 1899–1902

Con la firma del Tratado de París, la situación política de la excolonia se indefinía. Cuba dejaba de ser colonia pero, al mismo tiempo, el establecimiento de la república tampoco se realizaba. Se iniciaba un período transicional, mediado por la presencia directa de Estados Unidos en el manejo de los destinos insulares.

El 1 de enero de 1899, Estados Unidos entraba formalmente en posesión de Cuba. Se materializaba así una antigua ambición. Se trataba ahora de definir el futuro de Cuba, y cualquiera que este fuese, el gobierno de Washington consideraba conveniente la desaparición de las instituciones representativas del movimiento libertador cubano. A ello contribuirían las debilidades y contradicciones existentes entre los cubanos, sobre todo, las discrepancias surgidas entre Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador y la Asamblea de Representantes, máximo órgano político de la Revolución. Estas discrepancias fundamentalmente se referían a los procedimientos para licenciar al Ejército Libertador. El resultado fue la desaparición de ambas instituciones, que junto con la disolución del Partido Revolucionario Cubano (PRC) por decisión de su delegado Tomás Estrada Palma, disgregó y dejó acéfalas a las fuerzas independentistas.

La ocupación militar, legitimada por el Tratado de París del 10 de diciembre de 1898, constituyó el marco experimental para la aplicación de la política con respecto a Cuba. Para Estados Unidos este fue un período de fuertes tensiones internas y externas, matizadas por presiones internas y negociaciones alrededor de la toma de decisiones gubernamentales.

Entre los factores que incidían en la inestabilidad cubana se encontraba el manejo de la problemática del país por los sectores que de una u otra forma estaban interesados en su desenlace. A pesar de los esfuerzos de los grupos pacifistas de Estados Unidos, la tendencia anexionista en todas sus variantes se abría un espacio cada vez más importante en las esferas de poder. Sin embargo, algo que debe destacarse es que en cada una de estas variantes del anexionismo predominaba el concepto más o menos peyorativo del supuesto "infantilismo" de los cubanos. Es decir, la criatura, al empezar a dar sus primeros pasos, no podía prescindir del brazo fuerte del padre que la sostuviera, la ayudara y la protegiera de posibles caídas.

Una de las alternativas llegó a su máxima expresión en los meses finales del gobierno de John Brooke, primer gobernador militar de la Isla y consistió en traspasar la soberanía de Cuba a un gobierno civil que convirtiera a Cuba, de un solo golpe, en territorio estadounidense. Esta idea cobró fuerza entre los círculos expansionistas y sus principales voceros.

Leonard Wood, segundo Gobernador militar norteamericano
La oposición interna a esta variante y sobre todo el rechazo del pueblo cubano a esa pretensión conllevó a que el nuevo gobernador, Leonard Wood, concibiera la idea de "americanizar" a la Isla por medio de una ocupación prolongada. Esta idea tuvo dos vertientes fundamentales. La primera, era un amplio proyecto reformador centralizado "desde arriba" y en esencia implicaba la transformación de la sociedad cubana (escuelas, sistema de sanidad, sistema judicial, sistema de gobierno, ayuntamiento, etc.). La segunda línea de acción se encaminaba al fomento de la inmigración, fundamentalmente de origen anglosajón, con vista a una colonización gradual que "desde abajo" fuera introduciendo la idiosincrasia de la sociedad norteamericana. Segundo Gobernador militar. Ocupó el mando de la isla a partir del 20 de diciembre de 1899 y lo desempeño hasta el 20 de mayo.

Sin embargo, ninguno de los proyectos tenía como objetivo transformar las caducas estructuras de la excolonia española en su tránsito hacia la independencia, sino a crear las condiciones para el fomento de un "mercado de tierra" que facilitara el traspaso de las propiedades a manos de políticos, magnates y propietarios norteños. Mientras tanto, la escasez de capitales y de fuentes de crédito colocaba a los hacendados cubanos en una situación en extremo desventajosa para el restablecimiento de sus negocios, sobre todo lo relacionado con el importante renglón azucarero, muy lesionado por la guerra.

No obstante, la necesidad de un cambio de política aumentaba por día, y desde fecha tan temprana como 1899 comenzó a ventilarse la posibilidad de preparar el terreno para la anexión, no mediante la prolongación de la ocupación militar directa, sino con el establecimiento de una república bajo determinadas condiciones.

La primera piedra del edificio sería dictar las disposiciones sobre la convocatoria a la Asamblea Constituyente de Cuba, según la Ley militar No.301 del 25 de julio de 1900. De acuerdo con lo dispuesto, la Convención debía redactar y adoptar una constitución para el pueblo de Cuba, y como parte de la misma proveer y acordar con el Gobierno de Estados Unidos lo referente a las relaciones que deberían existir entre ambos gobiernos. En medio de los trabajos de la Comisión cubana encargada de dictaminar sobre las futuras relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el Congreso norteamericano aprueba la Enmienda Platt, con la que el gobierno de Estados Unidos se otorgaba el derecho a intervenir en los asuntos internos de la Isla cuando lo entendiera conveniente.

A pesar de la oposición de los delegados a la Asamblea Constituyente, la presión norteamericana, que colocaba a los cubanos ante la disyuntiva de tener una república con la Enmienda que limitaba su independencia o de continuar la ocupación, logró que ésta quedara definitivamente aprobada por los cubanos el 12 de junio de 1901.

Período neocolonial 1902–1958

El 20 de mayo de 1902 se establece la república neocolonial. Su primer presidente, Tomás Estrada Palma, contaba con el visto bueno de las autoridades norteamericanas como posible freno a la ascendencia del liderazgo militar más radical en la vida política del país.

Al mismo tiempo, el prestigio de Estrada Palma dentro de los círculos revolucionarios lo
Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República Neocolonial
convirtió en uno de los candidatos favoritos entre amplios sectores de la población cubana. La desunión existente se acentúa al producirse el fracaso de la candidatura propuesta por Máximo Gómez, en la que Estrada Palma sería Presidente y Bartolomé Masó, quien había sido el último Presidente de la República en Armas, sería Vicepresidente. A este primer gobierno correspondería la difícil, desagradable e ingrata tarea de formalizar los vínculos de dependencia con Estados Unidos.

A tal efecto, se firmó un conjunto de tratados que incluían el de Reciprocidad Comercial, que aseguraba a Estados Unidos el control del mercado cubano y consolidaba la estructura monoproductora de la economía cubana, el Tratado Permanente, que daba forma jurídica a las estipulaciones de la Enmienda Platt y el destinado a definir el emplazamiento de las estaciones navales norteamericanas.

La peculiar austeridad del Presidente Estrada Palma le hizo ganarse un prestigio de honestidad mucho más cimentado por la desfachatez de los que le sucedieron en la jefatura del gobierno. En cambio, el anciano presidente no pudo sustraerse a las ambiciones políticas y se hizo reelegir mediante unas elecciones amañadas que inauguraron una invariable tradición en la historia de la República. El hecho provocó la sublevación del opositor Partido Liberal, desencadenando los acontecimientos que condujeron a una nueva intervención norteamericana. Durante casi tres años, 19061909, la Isla se mantuvo bajo la administración estadounidense, período que contribuiría a definir los rasgos del sistema republicano con una curiosa combinación de normación jurídica y corrupción gubernativa. Uno de los Bajo el imperio de la Enmienda Platt, los partidos políticos constituidos sobre la base del caciquismo y las clientelas –básicamente dos partidos–, el Liberal y el Conservador se disputaron el poder mediante trampas electorales y asonadas insurreccionales.

El botín del triunfador era el tesoro público, fuente de enriquecimiento para una "clase política" que, teniendo en cuenta el creciente control de la economía cubana por los capitales estadounidenses, no encontraba otra esfera donde aplicar más provechosamente su talento. La gestión gubernativa daría así motivos para frecuentes escándalos.

Tales escándalos no escasearon durante el gobierno de José Miguel Gómez (19091913), cuyo desempeño quedaría además marcado por la bárbara represión contra el levantamiento de los Independientes de Color, movimiento con el cual muchos negros y mulatos intentaron luchar contra la discriminación racial, aunque sin una clara conciencia de cómo hacerlo. El adusto conservadurismo de su sucesor, Mario García Menocal (19131920), no fue suficiente para ocultar numerosas corruptelas, favorecidas en este caso por la bonanza económica que propició la Primera Guerra Mundial. Menocal logró reelegirse por los procedimientos que ya eran usuales, lo que provocó una nueva rebelión de los liberales y los consiguientes aprestos intervencionistas de Estados Unidos.

Crisis del sistema neocolonial

El gobierno de Washington, preocupado por los frecuentes trastornos políticos de su neocolonia, había diseñado una política de verdadero tutelaje –la llamada diplomacia preventiva– que alcanzó su punto culminante con la designación del general Enoch Crowder en funciones de virtual procónsul, para supervisar y fiscalizar al gobierno de Alfredo Zayas (19211925), cuya administración sería escenario de trascendentales movimientos políticos.

El generalizado repudio a la injerencia norteamericana y la corrupción gubernamental dieron lugar a diversas corrientes de expresión de las reivindicaciones nacionalistas y democráticas.

El movimiento estudiantil manifestaba un marcado radicalismo que, vertebrado en el propósito de una reforma universitaria, rebasaría rápidamente el marco en el que había surgido para asumir francas proyecciones revolucionarias bajo la dirección de Julio Antonio Mella.

El movimiento obrero, cuyas raíces se remontaban a las décadas finales del Siglo XIX, había seguido también un curso ascendente matizado por huelgas –la de los aprendices en 1902 y la de la moneda en 1907 entre las más importantes– que más tarde llegaron a constituir una verdadera oleada debido a la inflación generada por la Primera Guerra Mundial.

El avance ideológico y organizativo del proletariado, en el cual se dejaban sentir los ecos de la Revolución de Octubre en Rusia, cristalizaría en la constitución de una central obrera nacional en 1925.

Coincidentemente, y como expresión de la conjunción de las corrientes políticas más radicales del movimiento personificadas en Mella y Carlos Baliño, se constituiría en La Habana el Primer Partido Comunista de Cuba.

Los malestares político y social tenían causas muy profundas. La economía cubana había crecido muy rápidamente durante las dos primeras décadas del siglo, estimulada por la reciprocidad comercial con Estados Unidos y la favorable coyuntura creada por la reciente guerra mundial. No obstante ese crecimiento era extremadamente unilateral, basado de modo casi exclusivo en el azúcar y en las relaciones mercantiles con Estados Unidos. Por otra parte, los capitales norteamericanos que habían afluido a la Isla con ritmo ascendente eran los principales beneficiarios del crecimiento, puesto que controlaban el 70 por ciento de la producción azucarera además de su infraestructura y los negocios colaterales.

El bienestar económico derivado de este proceso –del cual dan testimonio las fastuosas casas de El Vedado–, además de muy desigualmente distribuido, revelaría una extraordinaria fragilidad. Ello se puso de manifiesto en 1920, cuando una brusca caída en el precio del azúcar provocó un crac bancario que dio al traste con las instituciones financieras cubanas. Poco después, cuando la producción azucarera del país alcanzaba los 5 millones de toneladas, se hizo evidente la saturación de los mercados, claro indicio de que la economía cubana no podía continuar creciendo sobre la base exclusiva del azúcar. La opción era el estancamiento o la diversificación productiva, pero esta última alternativa no era posible, pues no lo permitían la monopolización latifundista de la tierra y la dependencia comercial de Estados Unidos.

El ascenso de Gerardo Machado a la presidencia en 1925 representa la alternativa de la oligarquía frente a la crisis latente. El nuevo régimen intenta conciliar en su programa económico los intereses de los distintos sectores de la burguesía y el capital norteamericano, ofrece garantías de estabilidad a las capas medias y nuevos empleos a las clases populares, todo ello combinado con una selectiva pero feroz represión contra adversarios políticos y movimientos opositores. Bajo una aureola de eficiencia administrativa, el gobierno intentó poner coto a las pugnas de los partidos tradicionales, asegurándoles el disfrute del presupuesto estatal mediante la fórmula del cooperativismo. Con el consenso que logró, Machado decidió reformar la constitución para perpetuarse en el poder.

No obstante los éxitos parciales alcanzados durante los primeros años de mandato, la dictadura machadista no consiguió acallar la disidencia de los políticos excluidos, y mucho menos aplastar el movimiento popular. Acosadas por los excesos cometidos por el régimen y el rápido deterioro de la situación económica bajo los efectos de la crisis mundial de 1929, estas fuerzas mostraron creciente beligerancia. Con los estudiantes y el proletariado como soportes fundamentales, la oposición a Machado desencadenó una interminable sucesión de huelgas, intentos insurreccionales, atentados y sabotajes. La dictadura respondió con un aumento de la represión, que llegó a niveles intolerables. En 1933, el tambaleante régimen de Machado estaba a punto de dar paso a una revolución.

Alarmada por la situación cubana, la recién estrenada administración de Franklin D. Roosevelt designó embajador en La Habana a B. Summer Welles, con la misión de encontrar una salida a la crisis dentro de los mecanismos tradicionales de dominación neocolonial. Pero la mediación de Welles se vio sobrepasada por los acontecimientos: el 12 de agosto Machado huía del país, derrocado por una huelga general.

El gobierno provisional que crearon los sectores derechistas de la oposición bajo los auspicios del embajador norteamericano sobreviviría apenas un mes. Un levantamiento de las clases y soldados del ejército junto con el Directorio Estudiantil Universitario y otros grupos insurreccionales llevó al poder un gobierno revolucionario presidido por Ramón Grau San Martín.

Este gobierno, principalmente por iniciativa de Antonio Guiteras, Secretario de Gobernación, aprobó y puso en práctica diversas medidas de beneficio popular, pero, hostilizado por Estados Unidos y por la oposición y víctima en gran medida de sus propias contradicciones internas, sólo pudo sostenerse unos meses en el poder. Factor fundamental en la caída de este gobierno sería el ex sargento Fulgencio Batista –devenido de la noche a la mañana coronel jefe del ejército–, quien ejerció su influencia negativa en el proceso político.

Los partidos oligárquicos restaurados en el poder, a pesar del irrestricto apoyo norteamericano expresado en la abrogación de la Enmienda Platt, y las medidas de estabilización económica –principalmente el sistema de cuotas azucareras y un nuevo tratado de reciprocidad comercial–, mostraron una franca ineptitud en el ejercicio del gobierno. Por esta razón, los destinos del Estado serían efectivamente regidos por Batista y sus militares. Pero esta forma autoritaria se reveló incapaz de ofrecer una salida estable a la situación cubana. Ello condujo a una transacción con las fuerzas revolucionarias y democráticas –debilitadas por divisiones internas– que serían plasmadas en la Constitución de 1940. Con esta nueva Carta Magna, que recogía importantes reivindicaciones populares, se abrió un nuevo período de legalidad institucional.

El primer gobierno de esta etapa estuvo presidido por Fulgencio Batista, cuya candidatura había sido respaldada por una coalición de fuerzas en la que participaban los comunistas. Esta alianza, aunque reportó importantes conquistas al movimiento obrero, no fue comprendida por otros sectores populares, y se convirtió en factor histórico de división entre las fuerzas revolucionarias. Durante el gobierno de Batista, la situación económica experimento una mejoría propiciada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, coyuntura que beneficiaría aun más al sucesor, Ramón Grau San Martín, quien resultó electo en 1944 gracias al amplio respaldo popular que le granjearon las medidas nacionalistas y democráticas dictadas durante su anterior gobierno.

Ni Grau, ni Carlos Prío Socarrás (19481952) –ambos líderes del Partido Revolucionario Cubano (auténtico)–, fueron capaces de aprovechar las favorables condiciones económicas de sus respectivos mandatos. Las tímidas y escasas medidas reformistas apenas afectaron las estructuras de propiedad agraria y de dependencia comercial que bloqueaban el desarrollo del país. Sí se valieron, en cambio, de la bonanza económica que reportaba la recuperación azucarera para llevar el saqueo de los fondos públicos a magnitudes sin precedentes. La corrupción administrativa se complementaba con el auspicio de numerosas bandas gansteriles, que los auténticos utilizaron para expulsar a los comunistas de la dirección de los sindicatos en medio de la propicia atmósfera de la guerra fría. El repudio a la bochornosa situación imperante fue canalizado por el movimiento cívico político de la ortodoxia, cuyo carismático líder, Eduardo Chibás, se suicidaría en 1951 en medio de una encendida polémica con personeros gubernamentales.

Aunque todo auguraba el triunfo ortodoxo en las elecciones de 1952, las esperanzas se verían frustradas por un golpe militar. El descrédito en que la experiencia auténtica había sumido a las fórmulas reformistas y las instituciones republicanas, así como la favorable disposición hacia un gobierno de "mano dura" por parte de los intereses norteamericanos y algunos sectores de la burguesía criolla, favorecieron las ambiciones de Fulgencio Batista, quien a la cabeza de una asonada militar, asaltó el poder el 10 de marzo de 1952.

Movimiento revolucionario 1953–1958

La inercia e incapacidad de los partidos políticos burgueses para enfrentar al régimen castrense –al cual se adhirieron algunos de estos partidos– contrastó con la beligerancia de los sectores populares, en especial de la joven generación que recién nacía a la vida política.
Cuartel Moncada
De sus filas nació un movimiento de nuevo tipo, encabezado por Fidel Castro (Birán, 1926), un joven abogado cuyas primeras actividades políticas se habían desarrollado en el medio universitario y las filas de la ortodoxia. Preconizando una nueva estrategia de lucha armada contra la dictadura, Fidel Castro se dio a la silenciosa y tenaz preparación de esa batalla. Las acciones se desencadenarían el 26 de julio de 1953, con los asaltos simultáneos a los cuarteles Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, concebidos como detonantes de una vasta insurrección popular.

Al fracasar la operación, decenas de asaltantes que cayeron prisioneros fueron asesinados. Otros sobrevivientes, entre los que se encontraba Fidel Castro, fueron juzgados y condenados a severas penas de prisión. En el juicio que se les siguió, el joven líder revolucionario pronunció un brillante alegato de autodefensa –conocido como "La Historia me absolverá"–, en el cual fundamentaba el derecho del pueblo a la rebelión contra la tiranía y explicaba las causas, vías y objetivos de la lucha emprendida. Este alegato se convirtió en el programa de la revolución.

Entretanto, la dictadura enfrentaba la crítica coyuntura creada por el descenso de los precios del azúcar con la manida fórmula de la restricción productiva. Para contrarrestar sus efectos depresivos, el gobierno inicia una movilización compulsiva de recursos financieros que, en proporción apreciable, terminarían en las arcas de los personeros del régimen. No obstante el fomento de nuevos renglones productivos en las dos décadas precedentes, la economía cubana, uncida al azúcar, no alcanzaba un crecimiento satisfactorio. Evidencia máxima de ello era la masa de desempleados y subempleados que ya, a mediados de la década de 1950, llegaría a constituir la tercera parte de la fuerza laboral del país.

El intento de la tiranía por legalizar su estatus mediante unas espurias elecciones en 1954, serviría al menos para aplacar su saña represiva. La circunstancia fue aprovechada por el movimiento de masas que en 1955 ascendió de manera significativa y logró la amnistía de los presos políticos –entre ellos los combatientes del Moncada– y escenificó huelgas obreras de gran importancia, sobre todo en el sector azucarero. En ese mismo año se funda el Movimiento Revolucionario 26 de julio, constituido por Fidel Castro y sus compañeros, y un año más tarde se crea el Directorio Revolucionario, que agrupa a los elementos más combativos del estudiantado universitario. El saqueo del erario de la nación, la corrupción en todos los sectores de la administración pública y una represión que no respetaba ningún derecho ciudadano, de un régimen que se sostenía por la fuerza de las armas, constituyeron elementos para que un grupo de oficiales de carrera, con una hoja limpia en el servicio, comenzaran a conspirar para cambiar la situación imperante. Según expresara uno de los complotados, durante el juicio que se les siguió, tenían como objetivos: “restablecer las instituciones democráticas, entregar el poder a un grupo de cubanos idóneos y convocar a elecciones.” Entre ellos se destacaban el comandante Enrique Borbonet, el Coronel Ramón Barquín y el Primer Teniente José Ramón Fernández. La conspiración, bautizada por la voz popular como la de Los Puros, fue abortada el 4 de abril de 1956. Otro hecho que preocupo al régimen batistiano fue el Asalto al cuartel "Domingo Goicuría" el 29 de abril de 1956. Unos 50 hombres alrededor de las 12:00 atacan e intentan ocupar el cuartel "Goicuría". La inmensa mayoría de los combatientes eran militantes de la organización auténtica (OA) y estaban dirigidos por Reinold García. La acción resultó un fracaso rotundo porque eran esperados, la prueba está en el saldo de la acción: 17 asaltante

s muertos sin ningún herido, mientras el Ejército no tuvo bajas. El asalto a este cuartel, sede del Regimiento No 4 de la Guardia Rural, en Matanzas, constituyó un elemento que estimuló a los órganos de inteligencia y represión actuar con más energía y, en particular, a desarticular, neutralizar y no subestimar a los grupos de conspiradores pertenecientes a los auténticos.

Tras demostrar la imposibilidad de toda lucha legal contra la tiranía, Fidel Castro marcha hacia México con el propósito de organizar una expedición liberadora e iniciar la guerra revolucionaria. Por su parte, los partidos burgueses de la oposición ensayan una nueva maniobra conciliadora con Batista en busca de una salida "política" a la situación. El fracaso terminaría por hundirlos en el desprestigio.
Yate Granma
El 2 de diciembre de 1956, Fidel Castro desembarcaba al frente de la expedición del Yate Granma en Las Coloradas, Provincia de Oriente. Dos días antes, los combatientes clandestinos del Movimiento 26 de Julio, al mando de Frank País, habían llevado a cabo en Santiago de Cuba un levantamiento de apoyo al desembarco. Al no coincidir ambas acciones, el levantamiento terminaba en un fracaso. Tras el revés del lugar llamado Alegría de Pío, que dispersara al contingente expedicionario, Fidel Castro y un puñado de combatientes lograban ganar el firme de la Sierra Maestra para constituir el núcleo inicial del Ejército Rebelde. Su carta de presentación sería, un mes después, la toma del pequeño cuartel de La Plata, acción que serviría para desmentir las versiones propaladas por la dictadura acerca del total exterminio de los expedicionarios.

En 1957, mientras el Ejército Rebelde se gestaba en las montañas con una serie de acciones –entre las más importantes se encuentra el Combate de El Uvero–, en las ciudades se desarrollaba con gran ímpetu la lucha clandestina. El 13 de marzo de ese año, un destacamento del Directorio Revolucionario realiza un ataque al Palacio Presidencial en La Habana, con el propósito de ajusticiar al tirano, pero fracasan. En esta acción caería en combate José Antonio Echeverría, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. A los atentados y actos de sabotaje, la tiranía respondería con un incremento de las torturas a los detenidos y una oleada de crímenes. En el mes de Julio, el asesinato de Frank País provocaría una huelga espontánea que paralizó gran parte de la nación. Poco después, en septiembre, el alzamiento del puesto naval de la ciudad de Cienfuegos pondría en evidencia las profundas grietas en las fuerzas armadas del batistato. A finales de año, el ejército fracasa en su ofensiva contra la Sierra Maestra, en la que ya se han consolidado dos columnas guerrilleras.

A principios de 1958, el movimiento revolucionario decide acelerar la caída del tirano mediante una huelga general con características de insurrección. En la Sierra Maestra, Fidel Castro crea dos nuevas columnas al mando de los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, respectivamente, quienes deben abrir dos frentes guerrilleros en otras zonas montañosas de Oriente. La huelga convocada el 9 de abril se malogra con graves pérdidas para las fuerzas revolucionarias. Batista cree llegado el momento de liquidar la insurrección, y en el verano lanza una ofensiva de 10.000 hombres sobre la Sierra Maestra. En feroces combates y batallas –Combate de santo Domingo, Batalla de El Jigüe, Vegas de Jibacoa, y otros–, las tropas rebeldes derrotan a los batallones de la tiranía que logran penetrar en la Sierra y los obliga a retirarse. Ese es el viraje definitivo. Los partidos de la oposición burguesa, que hasta entonces han maniobrado para capitalizar la rebeldía popular, se apresuran en reconocer el indiscutible liderazgo de Fidel Castro. Columnas rebeldes parten hacia diversos puntos del territorio nacional, entre ellas las de los comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, quienes avanzan hacia la provincia de Las Villas. En esa zona ya operan diversos grupos de combatientes, entre otros los del Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular (Comunista).

El 20 de noviembre, el Comandante en Jefe de las tropas rebeldes, Fidel Castro, dirige personalmente la batalla de Guisa, que marca el comienzo de la definitiva ofensiva revolucionaria. Ejército Rebelde y Pueblo: Unidad y Acción. En acciones coordinadas, las ya numerosas columnas del II y III frentes orientales van tomando las poblaciones aledañas para cerrar el cerco sobre Santiago de Cuba. Che Guevara, en Las Villas, toma uno tras otro los pueblos a lo largo de la carretera central y asalta la ciudad de Santa Clara, capital provincial, mientras que, por su parte, Camilo Cienfuegos rinde en tenaz combate el cuartel de la ciudad de Yaguajay.

El 1 de enero de 1959, Batista abandona el país. En una maniobra de última hora, bendecida por la embajada norteamericana, el general Eulogio Cantillo intenta crear una junta cívico–militar. Fidel Castro conmina a la guarnición de Santiago de Cuba a que se rinda y al pueblo a una huelga general que, apoyada masivamente por todo el país, aseguraría la Triunfo de la Revolución.
Fidel Castro y Camilo Cienfuegos

Período Revolucionario 1959–1998

Apenas instalado en el poder, el gobierno revolucionario inició el desmantelamiento del sistema político neocolonial. Se disolvieron los cuerpos represivos y se garantizó a los ciudadanos, por primera vez en largos años, el ejercicio pleno de sus derechos. La administración pública fue saneada y se confiscaron los bienes malversados. De esta manera se erradicó esa tan funesta práctica de la vida republicana. Los criminales de guerra batistianos fueron juzgados y sancionados, se barrió a la corrompida dirección del movimiento obrero y se disolvieron los partidos políticos que habían servido a la tiranía.

La designación de Fidel Castro como Primer Ministro en el mes de Febrero, imprimiría un ritmo acelerado a las medidas de beneficio popular. Se aprobó una rebaja general de alquileres; las playas, antes privadas se pusieron a disposición del pueblo para su disfrute y se intervinieron las compañías que monopolizaban los servicios públicos. Un hito trascendental en este proceso sería la Primera Ley de Reforma Agraria, aprobada el 17 de mayo, la cual eliminaba el latifundio al nacionalizar todas las propiedades de más de 420 hectáreas de extensión, y entregaba la propiedad de la tierra a decenas de miles de campesinos, arrendatarios y precaristas. Esta medida, que eliminaba uno de los soportes fundamentales del dominio neocolonial, suscitó la airada respuesta de los intereses afectados.

El gobierno de Estados Unidos no había ocultado su disgusto por el Triunfo de la Revolución Cubana y, tras promover una malintencionada campaña de prensa, adoptó una política de hostigamiento sistemático contra Cuba, alentando y apoyando a movimientos contrarrevolucionarios con el propósito de desestabilizar el país. Los obstáculos interpuestos por el presidente Manuel Urrutia a las transformaciones revolucionarias provocaron en julio la renuncia de Fidel Castro al premierato, cargo al que retornaría días después en medio de multitudinarias manifestaciones de apoyo que determinaron la renuncia del presidente y su sustitución por Osvaldo Dorticós. En octubre aborta una sedición militar en Camagüey orquestada por el jefe de esa plaza, el comandante Hubert Matos, en abierto contubernio con latifundistas y otros elementos contrarrevolucionarios de la localidad. Entretanto, los crecientes actos de sabotaje y el terrorismo comenzaron a cobrar víctimas inocentes. Para enfrentar la oleada contrarrevolucionaria, se crean las Milicias Nacionales Revolucionarias y los Comités de Defensa de la Revolución, organizaciones que, junto a la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación de Jóvenes Rebeldes y otras constituidas con posterioridad, posibilitaron una participación más amplia del pueblo en la defensa de la Revolución.

La permanente hostilidad norteamericana se materializa en sucesivas medidas encaminadas a desestabilizar la economía cubana y aislar el país del resto de la comunidad internacional. A ello la Revolución responde con una dinámica política exterior que amplía las relaciones y establece convenios con otros países –incluidos los socialistas– en una prueba de su firme decisión de romper la tradicional dependencia comercial. En julio de 1960, tras conocer la supresión de la cuota azucarera cubana por el gobierno de Washington, Fidel Castro anuncia la nacionalización de todas las propiedades norteamericanas en la Isla. A esta medida seguiría, pocos meses después, la decisión de nacionalizar las empresas de la burguesía cubana que, definitivamente alineada junto a Estados Unidos y los sectores oligárquicos, se había entregado a sistemáticas maniobras de descapitalización y sabotaje económico. Pero las agresiones norteamericanas no se limitaron al terreno de la economía. Mientras fomentaba la creación de organizaciones y bandas contrarrevolucionarias de alzados en distintas regiones del país, a las que suministraba armamento y otros abastecimientos, la administración Dwigth Eisenhower –que rompe relaciones con Cuba en enero de 1961– había iniciado la preparación de una brigada mercenaria con el propósito de invadir la Isla.

La invasión se iniciaría el 17 de abril por la zona de Playa Girón, tras un bombardeo sorpresivo a las bases aéreas cubanas. En el sepelio de las víctimas de este ataque, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución, algo que se percibía ya a partir de las medidas tomadas en los meses finales de 1960.

Bastaron menos de 72 horas para que el pueblo aplastase a la brigada mercenaria que la
Fidel durante las jornadas de Playa Girón
Agencia Central de Inteligencia (CIA) había tardado meses en adiestrar. Pese a esta histórica derrota, Estados Unidos no cejó en su propósito de aplastar a la Revolución Cubana.

Mediante el "Plan Mangosta" se dispuso una sucesión de operaciones de agresión que no descartaban la intervención militar directa. Ello conduciría a una grave crisis internacional en el mes de octubre de 1962, al conocerse la instalación de cohetes soviéticos en la Isla. Los compromisos mediante los cuales se dio solución a la crisis, no pusieron fin a las prácticas de agresión del imperialismo. Asimismo, la acción decidida de nuestro pueblo, organizado en las Milicias Nacionales Revolucionarias y también en las Fuerzas Armadas, enfrentó a las bandas armadas contrarrevolucionarias.

El bandidaje se liquidó definitivamente en 1965, cuando la última banda organizada que actuó en el país, la de Juan Alberto Martínez Andrades, fue capturada el 4 de julio. Otros bandidos dispersos que trataban de huir de la justicia revolucionaria fueron capturados durante los meses siguientes. Así llegó a su fin la guerra sucia impuesta al pueblo cubano por el imperialismo y las clases reaccionarias, enfrentamiento armado que se extendió durante casi seis años y afectó a todas las provincias del país. En esta guerra sucia impuesta por Estados Unidos, entre 1959 y 1965, actuaron en todo el territorio nacional 299 bandas con un total de 3 995 efectivos. Entre los combatientes de las tropas regulares y milicianas que participaron en las operaciones, más las víctimas de los crímenes de los bandidos, perdieron la vida 549 personas y muchas otras personas quedaron incapacitadas. El país tuvo que gastar alrededor de mil millones de pesos en esos difíciles años para la economía nacional.

La combinación de las acciones militares con las de carácter político e ideológico desempeñaron un papel decisivo en la victoria sobre los bandidos. La derrota del bandidismo en Cuba demostró la imposibilidad de obtener la victoria en una guerra de guerrillas contra un pueblo armado cuando este protagoniza una Revolución.

En el ámbito internacional, Estados Unidos conseguía separar a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la mayor parte de las naciones latinoamericanas, salvo la honrosa excepción de México, rompieran relaciones con Cuba. No obstante, la Revolución Cubana fortalecía sus vínculos con el campo socialista y los países del Tercer Mundo, participa en la constitución del Movimiento de Países No Alineados y desarrolla una activa política de solidaridad hacia los movimientos de liberación nacional y de apoyo a los mismos. La nación que resistiera decididamente todo tipo de agresiones armadas debía sobrevivir también al férreo cerco económico. Estados Unidos había suprimido todo comercio con la Isla y se esforzaba por sumar a otros estados a tan criminal bloqueo. Cuba se veía así privada de suministros vitales para su agricultura y su industria. Pero la activa solidaridad de la Unión Soviética y otros países socialistas, unida al tenaz esfuerzo laboral y la inventiva del pueblo, posibilitaron que la economía nacional no sólo se mantuviera funcionando, sino que también creciese.

En medio de notables dificultades económicas, se logró eliminar el desempleo y garantizar a
El de Cuba se declaró Territorio Libre de Analfabetismo.
la población la satisfacción de sus necesidades fundamentales. Una vasta campaña de alfabetización en 1961, suprimía la vieja lacra del analfabetismo.

Pese al éxodo de profesionales y técnicos alentado desde Estados Unidos, particularmente sensible en el área de la salud, la creación de un servicio médico rural permitía llevar la asistencia médica a los más apartados rincones del país. El sistema educacional alcanza también por primera vez una completa cobertura nacional y un extenso programa de becas pone la educación media y superior al alcance de toda la población.

La calidad de vida se vio enriquecida gracias a una amplia labor de difusión cultural, que se materializó en ediciones regulares –y generalmente masivas– de obras literarias, la creación y sustento de múltiples conjuntos artísticos, la promoción del movimiento de aficionados, y una amplia producción y exhibición cinematográfica. En el mismo sentido influye la generalización de la práctica de deportes, la cual sustentaría una creciente y destacada participación de deportistas cubanos en lides deportivas internacionales.

Tan considerable esfuerzo popular no hubiera podido materializarse sin una apropiada conducción política. Desde el primer año de la Revolución, en las bases y direcciones de las organizaciones revolucionarias comienza una integración que no estaría exenta de dificultades. En marzo de 1962, poco después de que Fidel Castro denunciara la existencia de deformaciones sectarias en el proceso de creación de las organizaciones revolucionarias, se comienza la construcción de lo que sería el Partido Unido de la Revolución Socialista. Este adopta como fundamento la selección de su militancia sobre la base de la ejemplaridad de trabajadores elegidos en el seno de sus colectivos laborales. Un hito decisivo en la materialización de la unidad será la constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en 1965, como máxima instancia de dirección de la Revolución.

En 1963 se había adoptado una estrategia de desarrollo económico que, tomando en consideración las características de la economía cubana y las perspectivas comerciales con la URSS y otros países socialistas, tenía como pivote la agricultura, en la que se planteaba producir 10 millones de toneladas de azúcar para 1970. Este era sin duda un formidable reto, si se tiene en cuenta las condiciones organizativas, técnicas y materiales del país. Al enfrentar este reto se produjeron distorsiones. El fracaso de la "Zafra de los 10 millones" daría paso a una revisión de esa política.

Inmersa en el desarrollo y perfeccionamiento de esta obra se encontraba la Revolución cuando se produce el derrumbe del campo socialista y la desintegración de la Unión Soviética. Estos hechos se reflejaron dramáticamente en la sociedad cubana, puesto que la economía del país estaba integrada a esa comunidad. Tal integración estaba condicionada aun más por el férreo, cruel e ilegal bloqueo que Estados Unidos mantuvo y mantiene sobre Cuba desde los primeros años de la Revolución, y que por añadidura siempre limitó extraordinariamente la posibilidad de relaciones con el mundo capitalista.

En 1989, Cuba concentraba el 85 por ciento de sus relaciones comerciales con la URSS y el resto del campo socialista. En este intercambio se establecieron precios justos que evadían el intercambio desigual, característico de las relaciones con países capitalistas desarrollados. Al propio tiempo, se aseguraba el suministro de tecnologías y la obtención de créditos en términos satisfactorios de plazos e intereses. Al producirse el derrumbe del socialismo en Europa y la desintegración de la URSS, en un período muy corto, Cuba disminuyó su capacidad de compra de 8 139 millones de pesos en 1989, a 2 000 millones en 1993. La caída del socialismo en Europa oriental y en la URSS, desencadenó una gran euforia en el gobierno de los Estados Unidos y entre los grupos contrarrevolucionarios cubanos en Miami. Se vaticinaba que el desmoronamiento de la Revolución Cubana era cosa de días o de semanas. Llegaron a realizar gestiones políticas para la organización e integración de un nuevo gobierno. Sin embargo, pasaban los meses, se ampliaba la crisis, pero en Cuba no había descomposición.

Desde julio de 1989, el Comandante en Jefe Fidel Castro alertó acerca de la posibilidad de la desaparición del campo socialista e incluso acerca de la desintegración de la URSS, y ya en octubre de 1990, elaboró las directivas para enfrentar el Período Especial en tiempo de paz. Este era un concepto de la doctrina militar de "Guerra de Todo el Pueblo", referido a las medidas para encarar el bloqueo total, golpes aéreos y desgaste sistemático, así como una invasión militar directa.

En 1991, se efectúa el IV Congreso del PCC en el que se analiza la situación y se precisa la necesidad de salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo, es decir, la obra que tanta sangre, sacrificio y esfuerzo había costado al pueblo cubano en más de cien años de lucha. En este congreso se tomaron importantes acuerdos relativos a las modificaciones a la Constitución, los estatutos del Partido y se sentaron las bases de la estrategia para resistir y comenzar la recuperación. En la estrategia trazada se pusieron en práctica una serie de medidas encaminadas a lograr la elevación de la eficiencia económica y la competitividad, el saneamiento financiero interno, soluciones al endeudamiento interno; la reinserción en la economía internacional, incentivar la inversión de capital extranjero, el fortalecimiento de la empresa estatal cubana, condición esta necesaria y sin la cual no puede haber socialismo.

También se analizó la necesidad de ampliar y perfeccionar los cambios económicos que fuese necesario hacer, de manera gradual y ordenada. Como era de suponer, el imperialismo norteamericano y los grupos apátridas de Miami, molestos ante la realidad de la resistencia cubana, incrementaron las acciones para difamar a la Revolución, desestabilizarla y arreciar aún más el bloqueo económico. Así, a mediados de 1992, el gobierno estadounidense aprueba la Ley Torricelli que, entre otras cosas, otorga al Presidente de Estados Unidos la potestad de aplicar sanciones económicas a países que mantengan relaciones comerciales con Cuba y prohíbe el comercio de subsidiarias de empresas norteamericanas radicadas en terceros países con la Isla. Esa ley constituyó un paso más en el intento de rendir al pueblo cubano por hambre. Sin embargo, a pesar de la Ley Torricelli, Cuba comienza a expandir su comercio, obtiene algún financiamiento para determinadas actividades económicas y empresas de varias naciones comienzan a realizar inversiones y establecer vínculos económicos con el país. Por otra parte, en febrero de 1993, año más agudo de la crisis, se realizan elecciones, cuyos resultados demuestran fehacientemente el apoyo popular a la Revolución: el 99,7 por ciento de los electores emiten su voto y sólo el 7,3 por ciento lo hace en blanco o anula la boleta. No obstante, la camarilla anticubana de Estados Unidos recurre otra vez al intento de generar la subversión interna, actos terroristas, sabotajes, infiltración de agentes de la CIA, e intensifican la propaganda contra y hacia Cuba. Más de mil horas de radio se dirigen a la Isla. También priorizan la estimulación de las salidas ilegales del país, preferentemente mediante el robo de embarcaciones e incluso de aviones.

Esto último dio lugar, en julio de 1994, al incremento del robo de embarcaciones por parte de personas presionadas fundamentalmente por la situación económica, aunque hubo casos de asesinatos. En estas circunstancias se efectuó el robo del remolcador 13 de marzo, que fue abordado por más de 60 personas con la idea de viajar hacia Estados Unidos. A pesar de las advertencias sobre el mal estado de la embarcación, iniciaron la fuga perseguidos por otros remolcadores, uno de los cuales chocó con el perseguido y se produjo un accidente. Todas las embarcaciones que llegaron al lugar hicieron grandes esfuerzos de rescate, pero no pudieron impedir que perecieran unas 32 personas. De este accidente se hizo una gran campaña en la que se acusaba al gobierno cubano de ordenar el hundimiento de la embarcación.

Ante estos hechos, el gobierno cubano decidió no impedir las salidas ilegales, lo que obligó a la Administración norteamericana a sentarse a la mesa de negociaciones y firmar el 9 de septiembre de 1994 un acuerdo migratorio con Cuba. Después de 36 años, Estados Unidos se vio en la necesidad de tomar medidas que desestimularan las salidas ilegales hacia ese país. En julio de 1995, de nuevo el pueblo cubano dio una contundente demostración de unidad y apoyo a la Revolución al celebrarse las elecciones para delegados al Poder Popular.

A pesar de la campaña desplegada por la propaganda reaccionaria, que orientaba la abstención en los comicios, el 97,1 por ciento de los electores ejercieron el voto, el 7 por ciento de las boletas fueron anuladas y el 4,3 por ciento depositadas en blanco. Es decir, más del 87 por ciento del electorado expresó su actitud de apoyo a la Revolución. Las frustraciones de la camarilla contrarrevolucionaria del exilio cubano y algunos sectores del gobierno norteamericano, después del espejismo provocado por el derrumbe del campo socialista, volvieron a la carga, ahora con un proyecto propio del hombre de las cavernas: la Ley Helms–Burton. Esta Ley, prevé un bloqueo económico total, absoluto e internacional. También pretende impedir la inversión extranjera y cortar todo tipo de financiamiento y suministro desde el exterior del país. Establece diversas sanciones a las empresas y empresarios que mantengan relaciones económicas con Cuba. Además legaliza el apoyo de Estados Unidos a los grupos contrarrevolucionarios de la Isla y establece el derecho de ese país a determinar qué tipo de gobierno, de sociedad y de relaciones deberá tener Cuba después de derrocada la Revolución. En fin, pretende rendir por hambre al pueblo cubano y prácticamente anexar el país a Estados Unidos.

Después de aprobada la ley en el Congreso de Estados Unidos, los grupos de ultraderecha aprovechan el incidente provocado por la organización contrarrevolucionaria de Miami "Hermanos al Rescate" cuando el 24 de febrero de 1996 se derriban dos avionetas que en diversas ocasiones habían violado el espacio aéreo cubano –lo que había provocado varias advertencias al gobierno de Estados Unidos– para presionar a la Administración norteamericana a que firmara la ley, que entró en vigor en agosto de ese mismo año. Ella no sólo ha concitado el rechazo de todo el pueblo cubano, sino de prácticamente la totalidad de los pueblos y gobiernos del mundo, así como de las organizaciones e instituciones internacionales. Pruebas de ello son, entre otros, las votaciones contra el bloqueo en la ONU, el acuerdo de la OEA en rechazo a la Ley Helms–Burton, las posiciones de México y Canadá, de la Unión Europea y del Grupo de Río. Cuba, a pesar de los efectos negativos y de la creación de una situación más compleja y difícil que genera dicha ley, ha continuado la aplicación de su estrategia y paulatinamente, con serenidad y firmeza, logró detener el descenso económico y obtener una reanimación gradual en los años sucesivos. Por otra parte, se han mantenido los sistemas de salud y educación y la seguridad social. No ha quedado ningún cubano desamparado y en el año de 1997 la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos fue de 7,3. La expectativa de vida sobrepasa los 75 años. En enero de 1998 se efectuaron las elecciones de candidatos a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular y de delegados a las Asambleas Provinciales. El 98,35 por ciento de los electores votaron, el 1,64 por ciento de las boletas fueron anuladas y el 3,36 por ciento fueron depositadas en blanco, lo que arroja un total de 95 por ciento de votos válidos. El 94,39 por ciento correspondió al voto unido, o s

ea, a la candidatura propuesta por la Comisión Nacional Electoral.

En Enero de 1998, visita a Cuba el Papa Juan Pablo II. Todo el pueblo –creyentes y no creyentes– dio una masiva demostración de hospitalidad y respeto, tanto en la bienvenida como en las misas que ofreció y en todas sus demás actividades. Así se puso de manifiesto la falsedad de las campañas propagandísticas de los aparatos de divulgación dominados por el imperialismo, pues todo el mundo pudo observar la libertad con que actuó y se expresó Su Santidad en todo momento.

Batalla de Ideas

"Pudiéramos llamarla de una forma más sencillo, la batalla de la verdad contra la mentira; la batalla del humanismo contra la deshumanización; la batalla de la hermandad y la fraternidad contra el más grosero egoísmo; la batalla de la libertad contra la tiranía; la batalla de la cultura contra la ignorancia; la batalla de la igualdad contra la más infame desigualdad; la batalla de la justicia contra la más brutal injusticia; la batalla por nuestro pueblo y la batalla por otros pueblos, porque si vamos a su esencia es la batalla de nuestro pequeño país y de nuestro heroico pueblo por la humanidad. "
Fidel Castro Ruz en el III Congreso de la OPJM el 10 de julio del 2001.

El 22 de noviembre de 1999 el niño Elián González fue sacado ilegalmente de Cuba en una embarcación por su madre Elizabeth Brotons. Tres días después, la embarcación zozobró y de las 14 personas que pretendían llegar a suelo norteamericano alentados por la Ley de Ajuste Cubano, solamente sobrevivieron 3, Elián y 2 adultos, quienes fueron rescatados por 2 pescadores en aguas cercanas a la Florida. Conforme a las leyes estadounidenses y cubanas, el acto cometido por la madre de Elián puede considerarse un secuestro y ser objeto de sanción penal.

Las autoridades estadounidenses en primera instancia entregaron a Elián bajo la custodia de parientes residente en Miami. Durante siete meses tiene lugar una incesante batalla para lograr que el niño sea devuelto a Juan Miguel González, su padre y tutor legal ante la ley. En medio de esa lucha surge la Batalla de Ideas para lograr la devolución del menor a sus familiares en Cuba.

El 22 de abril de 2000 el Departamento de Justicia ordena que Elián sea sacado por la fuerza de la casa en que se hallaba y entregado a su padre, que ya había viajado a los Estados Unidos para reunirse con él. El 28 de junio Elián y su padre regresaron a su hogar en Cuba.

"Elian y Juan Miguel González, hijo y padre. El primero es un niño inocente. el segundo un hombre al que le quitaron a su hijo. Elián se ha comportado como un típico niño de seis años, Juan Miguel como un típico padre. Y la mayoría de los políticos como típicos idiotas."
Richard Cohen, columnista del Washington Post

Programas de la Batalla de Ideas

A raíz de la Batalla de Ideas se incrementó el esfuerzo por ampliar las oportunidades educacionales para el pueblo cubano y aumentar el acceso a la cultura. Algunos de los programas que surgieron son:

  • Programa de construcción y reparación de escuelas.
  • Creación de los Canales Educativos.
  • Programa de Bibliotecas Familiares.
  • Programa extensivo del aprendizaje de la computación.
  • Programa Audiovisual.
  • Formación Emergente de Maestros Primarios.
  • Cursos de Superación.
  • Creación de Escuelas de Instructores de Arte.
  • Formación de Trabajadores Sociales.

En la actualidad

Actualmente hay cinco batallas que componen la Batalla de Ideas:

  • Batalla contra las consecuencias de las crisis económicas que azotan a la humanidad.
  • Batalla por la paz.
  • Batalla por la educación y la cultura.

Los cinco

En la década de los 90, el FBI prioriza su labor de contra inteligencia contra un vasto y supuesto espionaje cubano en Miami. Uno de los motivos es el bochorno sufrido ante las denuncias de los agentes Orión, Fraile, Olga, Félix y Julito, sobre el incremento de las actividades terroristas anticubanas desde Miami, que involucraban a la FNCA, al Ex Club, el CID y otras organizaciones extremistas ubicadas en la ciudad floridana, al amparo de la CIA y del FBI.

En junio de 1998 las autoridades cubanas habían entregado a una misión de importantes especialistas del Buró Federal de Investigaciones (FBI) voluminosos expedientes y grabaciones, en cassettes de audio y video, sobre los planes terroristas de los grupos anticubanos radicados en Miami. Prometieron dar respuesta a las evidencias presentadas por Cuba.

La primera acción anticubana del estrenado jefe del FBI en Miami, Héctor Pesquera, fue la captura de los integrantes de la llamada Red Avispa, a las 5 de la madrugada del 12 de septiembre de 1998, acción que comunicó previamente a su ejecución a sus benefactores en la ciudad floridana, Ileana Ros Lehtinen y Lincoln Díaz Balart, así como presumiblemente a alguno de los jefes de la FNCA.

Desde entonces los cinco cubanos (René González Sehwerert, Antonio Guerrero Rodríguez,Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar y Fernando González Llort) guardan injusta, humillante y dura prisión, que ha incluido 17 meses y 48 días de confinamiento en solitario en celdas de castigo, sin haber cometido indisciplinas.

Luego de 12 años los bochornosos sucesos montados por el FBI, los funcionarios de la DIA como Chris Simmons y otros supuestos expertos en espionaje cubano, siguen especulando sobre llamada Red Avispa. Los Cinco fueron sometidos a un juicio amañado en una ciudad llena de animadversión contra ellos y sobre la base de inventadas acusaciones y violando la propia Constitución de los Estados Unidos. Su lucha por la dignidad y la defensa de sus ideas ha generado un movimiento a nivel internacional a favor de su liberación.

Actualidad

El 31 de julio de 2006 el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, dio a conocer una proclama al pueblo de Cuba en que hacía entrega temporal de sus responsabilidades por razones de salud. En el proceso electoral cubano posterior a esa fecha por las mismas razones declinó su postulación a integrar el Consejo de Estado. Delegó provisionalmente sus responsabilidades y cargos al General de Ejército Raúl Castro Ruz y a otros altos dirigentes y ratificó su confianza en el pueblo.

El 24 de febrero de 2008, Raúl Castro fue electo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, cargo que ocupa actualmente.

En un discurso pronunciado el 26 de julio de 2008 con motivo del 55 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros dio a conocer detalles sobre las experiencias que se estaban llevando a cabo para eliminar despilfarros que costaban a Cuba millones y reorganizaciones que forzosamente debían llevarse a cabo. Tocó temas tan importantes como el reordenamiento del transporte, del suministro de leche fresca, la repartición de tierras ociosas, la recuperación del turismo y la producción de petróleo. Dejó claro que los problemas y tareas fundamentales se seguirían analizando con el pueblo, en particular con los trabajadores, con la misma confianza y claridad de siempre para buscar las mejores soluciones.

En la temporada ciclónica de 2008, tres huracanes azotaron la isla y provocaron cuantiosas pérdidas económicas (más de 9 700 millones de dólares) y más de 500 000 mil viviendas afectadas.

Nueva Ley de Seguridad Social

El 1 de enero de 2009 entró en vigor una nueva ley de Seguridad Social. La Ley fue sometida en su fase de anteproyecto al conocimiento y discusión de los trabajadores y aprobada en asambleas, todo lo cual reafirma su esencia democrática al convertir en realidad la voluntad del pueblo.

La nueva ley surge ante la marcada disminución de la natalidad en Cuba, una de las condicionantes del envejecimiento iniciado en 1978 con la caída de las tasas de fecundidad. Se aprobó incrementar en 5 años la edad y los años de servicios para ambos sexos, de forma tal que las mujeres se jubilen a los 60 años y los hombres a los 65 años, con 30 años de servicios en los dos casos. El incremento se produce de manera gradual.

También se comprenden nuevos beneficios como la modificación del cálculo de las pensiones, que propicia que la cuantía de la pensión tenga mayor correspondencia con el aporte, el salario y la permanencia laboral, de aquellos trabajadores que se jubilen después de cumplir con la edad de 60 años o más las mujeres y 65 años o más los hombres y 30 años de servicios.

Proyecto de Lineamientos de la política económica y social

Como resultado del trabajo de la Comisión de Política Económica del VI Congreso Partido Comunista de Cuba, se elaboró el “Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social” discutido con toda la militancia, los trabajadores y la población en general para recoger y tener en cuenta sus opiniones y posteriormente sometido a la aprobación del VI Congreso.

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba se celebró entre el 16 de abril y el 19 de abril del 2011. Este Congreso eligió a Raúl Castro Ruz como Primer Secretario.

Referencias

Bibliografía

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Fuentes