Historia del municipio Yara (Provincia de Granma)


Para otros usos de este término, véase Yara (desambiguación).


Historia del municipio Yara (Provincia de Granma)
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Cronología
Período precolombino
Desarrollo económico
Siglo XVIII y XIX
Período republicano
Gobierno de Gerardo Machado
Década del cuarenta
Década del cincuenta
Revolución en el Poder
Curiosidades históricas
Mito

Historia del municipio Yara (Provincia de Granma). La historia del municipio Yara inició con el arribo a fines del siglo IX de esta era, de los aborígenes denominados Taínos, los cuales se asentaron en las márgenes de un río, al que llamaron Yara, calificativo que es toponímico de Yaree (voz caribe que significa blancura), nombre que asumiría más tarde el asentamiento. Esta historia se extiende hasta la actualidad, pasando por la ocupación española, las luchas de independencia, la etapa republicana o seudo República hasta llegar a la etapa revolucionaria. Este territorio cuenta con más de cinco siglos de presencia en la historia de Cuba, testigo de crímenes inigualables y cuna de luchadores incansables. Ubicado en la oriental provincia de Granma, Yara es la cabecera del municipio del mismo nombre.

Período precolombino

La historia de Yara se remonta al período precolombino; su toponimia de origen Aruaco, coincide con el nombre que lleva el río que surca sus fértiles tierras. Al producirse la conquista española a inicios del siglo XVI, en las márgenes de esa importante corriente fluvial, fue fundada la segunda villa de Cuba, la que recibió el nombre de San Salvador. La aseveración anterior quedó señalada, en una carta que escribió Diego Velázquez de Cuéllar, al monarca español Fernando V con fecha 1 de abril de 1514.

En la referida carta le consignó que:

«[…] el dicho asiento é sitio se halló á legua y media de un puerto, questá apropósito de la navegación de la isla Española y de Tierra Firme, y cerca de un río grande muy bueno, que se dice Yara, de muchas crianzas de ganados y disposición para labranzas de yuca y ages y maíz, y muy buen sitio é asiento para el dicho pueblo […] y que fizo poner la iglesia en la parte que convenía, y la nombró San Salvador, porque allí fueron libres los cristianos del cacique Yahatuey, […] y así mismo hizo señalar solares para las granjerías de V. A [...] dio vezindades a los que las quisieron, para que las tuviesen como las que dió en la Asunción y así mismo los hizo repartir para comenzar á labrar 50 montones de yuca. »

No obstante a la claridad de ese importante documento, escrito sin fines historiográficos, en el que el autor como protagonista fundamental, abordó el suplicio del valeroso cacique Hatuey y su relación con el acto fundacional de la II villa de Cuba, en el área geográfica de Yara en los inicios del siglo XVI, han surgido fundamentalmente otras hipótesis en el discursar del tiempo. Las mismas comenzaron con Emilio Bacardí y otros investigadores que le sucedieron como Antonio Núñez Jiménez, los que ubicaron el hecho en el Yara de Baracoa.

Esta hipótesis en los momentos actuales, constituye un error histórico, así lo han consignado en el libro que publicaron en la década de 1980, titulado Reseña histórica de Guantánamo. Los autores basan sus fundamentos, en que Velázquez en su carta de Relación de 1514, dejó sin basamento geográfico, el hecho después de su llegada a la región del Guacanayabo, muy alejado ya de Baracoa.

Monumento erigido al cacique Hatuey en el poblado de Yara, 21 de julio de 1999

A lo escrito por Velázquez se sumaron muchos investigadores como Roberto Mateizán, Hortensia Pichardo Viñals, Fernando Portuondo del Prado y los historiadores de la localidad entre otros que harían una lista numerosa. Por tal razón después de ingentes esfuerzos y estudios, se decidió esculpir un monumento al valeroso cacique, en el verdadero lugar donde las llamas consumieron su cuerpo.

A estas hipótesis se le han enfrentado otras, que ubican el hecho en Palmas Altas y la más reciente que coloca la fundación de la Segunda Villa en las estribaciones de la Sierra Maestra, contraponiéndose esta directamente, a lo escrito por Velázquez el 11 de abril de 1514, al rey de España desde el puerto de Jagua; con respecto a la calidad de las tierras, ubicación y objetivos.

La existencia de Yara en un momento tan cercano a los inicios de la conquista, está presente cuando aparece un documento firmado en Santiago de Cuba en 1529, y una carta fechada en San Salvador de Bayamo, en 1546, en la cual el procurador de la villa informaba al obispo Sarmiento que en esa comarca antes tan poblada, sólo servían tres pueblos de indios: Arcos, Manicarao y Yara. En los que Rojas tenía más de 300 indios encomendados.

Este importante conquistador llamado Manuel de Rojas y Córdova, natural de Cuéllar, fue el sucesor en 1524 de Diego Velázquez en la gobernación de la Isla, estaba casado con una sobrina del Adelantado, llamada María Magdalena Velázquez, este llegó a ser procurador, encomendero y gobernador de Bayamo. Hacia finales del siglo XVI se señalaba la existencia de tres pueblos indios en la jurisdicción de Bayamo: Sevilla, Yara y Jiguaní. Habían desaparecido Arcos y Manicarao, y aparecido Sevilla y Jiguaní. Sólo el pueblo de Yara se mantenía, aunque esta es la última mención al respecto.

La ubicación de YARA a pocos kilómetros del Golfo del Guacanayabo

El área geográfica donde se encuentra ubicada la Yara actual, no difiere de la que relacionó el conquistador y en las que tuvo sus encomiendas Manuel de Rojas y Córdova, aparece en forma continua su nombre vinculado en diversos momentos en la historiografía cubana. Por ejemplo en el Archivo General de India (A.G.I) fechado el 15 de mayo de 1571, aparece el testamento dejado por Francisco de Parada, uno de los hombres más importantes del mecenazgo americano, que fue beneficiado en la conquista y ante la cercanía de su muerte, dejó sus bienes, que tenía en las sabanas de Yara, a nombre de los representantes de la orden religiosa dominica, que se encontraban como predicadores en el Bayamo colonial.

Este hombre enteramente religioso dejaba su legado en los siguientes términos:

«mando a Bernardina de Parada y a mi señora María de Tovar las ovejas que están en la sabana y cabras, y que las tengan de compañía con que ofrenden a mis exequias lo que fuera menester […] Iten mando a Martín Hernández lo de Güima y a su mujer para que sean bienes dotales suyos de su mujer esto y lo de atrás nombrado, con que dé cuatro mulas cada un año y si no al respecto para servicio de las vacas de Yara, con que se traigan seis yeguas de allá. »

El testamento anterior vuelve a la existencia de Yara, en esta oportunidad haciendo referencias a la segunda mitad del siglo XVI, donde no hay vestigios de población alguna en el área del Guacanayabo, sólo ella va perdurando en el tiempo. En documentos del Archivo Nacional de Cuba (ANC) aparecen relacionadas, al igual que en el Registro de la Propiedad de Manzanillo (RPM) los hatos y haciendas comuneras que pertenecieron a Francisco de Parada. Las mismas se extendieron desde el actual municipio de Bartolomé Masó, Yara y Campechuela.

  • Territorios que estuvieron dentro del legado de Parada:
    • Yara
    • Cabagán
    • Calambrosio
    • San Juan
    • Yara Arriba
    • El Cerro
    • Antón Sánchez
    • Guasimilla
    • Botijal
    • Jagüey
    • Yaguabo
    • Arroyo Hondo
    • Gua de Parada
    • Limones

Desarrollo económico

El avance ganadero, y en esencia la existencias de abundantes especies de maderas preciosas, y el cultivo del tabaco estimularon las incursiones piratescas de 1586 y 1604 hacia el Hato de Yara. La relación que hace del ganado ovino, caprino, vacuno y equino en su legado lo corrobora. Consignaba además que de las rentas de las riquezas que se alcanzaran de las haciendas y sus animales debían destinarse una parte para sus familiares, y otras para construir una iglesia en Bayamo, y pagar a tres capellanes, a dos: $200, para que dieran misas todos los días y el tercero $300 para que fuera preceptor de gramática.

Como resultado del proceso productivo, en el que van interviniendo los hombres, con sus relaciones económicas y sociales, provocan tempranamente un problema nacional, regional, y local. Unido este, a la política de rígido monopolio comercial que implanta España desde los inicios del siglo XVI. El problema se da por la abundancia que va apareciendo en las haciendas y hatos, un tanto distantes geográficamente de la Villa San Salvador de Bayamo. En ellas ponen sus ojos los reyes del mar, los corsarios y piratas.

Ese progreso relativamente bueno, indica que al trasladarse la estructura rudimentaria de la villa, entre fines de 1514 e inicios de 1515 con una parte de los conquistadores hacia Bayamo, no fue total, en ella no se detuvo la economía de los hatos y haciendas de Yara y sus haciendas aledañas. El Golfo del Guacanayabo y su litoral para las últimas décadas de siglo XVI continuaban vírgenes. En su interior aparecían maderas preciosas como el cedro, caoba, fustete, quiebra hacha, granadillo, y el dagame, así como el tabaco y la crianza de diversos tipos de ganado que se fomentaban con rapidez, sus carnes alcanzaron una gran demanda en Europa.

A los gobernadores españoles de Santiago y Bayamo se les imposibilitaba el control de esas riquezas, que se originaban en Yara, por la lejanía, la inexistencia de vías de comunicación y la escasa defensa del litoral, situación que favoreció al comercio de rescate y contrabando y a los ataques de corsarios y piratas. En 1586 un suceso turba la tranquilidad de Bayamo y Santiago de Cuba, al producirse en el Golfo del Guacanayabo la captura de un barco propiedad de un español de apellido Casanova, por el peligroso J. Richards filibustero francés, apodado por los españoles como el Capitán Mota.

Incursiones piratas

Casanova se dedicaba al tráfico en la costa sudoriental cubana violando las restrictivas leyes comerciales implantadas por su gobierno. El propio Richards ordena al comerciante español a buscar el rescate exigido en tierra firme. En fuentes de la época se destaca que mientras Casanova se propone vender su embarcación para pagar a Richards y anda por el Hato de Yara con tal propósito, el capitán Gómez de Rojas, Jefe del Departamento Oriental, reúne un grupo de hombres para atacar al filibustero. Estos le apresan una nave, matan siete franceses y hacen prisionero a Richards.

Lo sucedido a Richards en 1586 no sirvió de experiencia o escarmiento a Gilberto Girón y este decidió secuestrar al prelado de Cuba que se encontraba de visita en el Hato de Yara, para inspeccionar la administración de los bienes legados por Parada. El acontecimiento se produjo el 29 de abril de 1604 según narra en su obra épica histórica el escribano de Puerto Príncipe, Silvestre de Balboa Troya y Quesada, natural de Islas Canarias. La obra describe el contexto económico, geográfico y social del territorio, donde se mueven el obispo, los corsarios y las milicias organizadas por Gregorio Ramos.

Esta es considerada la primer obra de la literatura cubana, escrita en octavas reales, y se aprecia en ella una influencia notable de tres importantes obras españolas escritas en un estilo épico histórico como el Cantar de los Nibelungos, el Cantar de Roldan y el Mío Cid. El autor dividió el poema en tres cantos laudatorios, el primero refiere la manera en que el obispo es secuestrado en Yara, junto al canónigo Francisco Puebla y ofrece importantes elementos del lugar, que a continuación se reflejan como una manera de revelar la existencia de ese asentamiento que ya existía desde el siglo XVI. En el poema se recoge:

«llegaron al asiento los infieles de Yara, donde el buen obispo estaba descuidado del mal que le esperaba […] pero luego acudió la infantería con diligencia presta y mano armada cercándole la casa por los lados donde él y Puebla estaban descuidados.»

Siglo XVIII y XIX

Durante este tiempo el Partido Rural de Yara, de tercera clase, gozó de administración propia al amparo del artículo 86 de la antigua ley municipal. Las diversas fuentes documentales revisadas demuestran que es aún mayor su antigüedad, por cuanto para la década de 1730 Yara, ya contaba con su primer capitán pedáneo llamado Gaspar Díaz.

En el año 1731 se produjo un inventario sobre un hato bayamés del que formaban parte las haciendas legadas por el capitán español Francisco de Parada. En él se observa el desarrollo alcanzado por las haciendas ganaderas, y el valor de la tierra, en el Hato de Gua, la Hacienda Arroyo Hondo, Hacienda Jibacoa, Hato de Yaguabo, Hacienda de Cabagán, Corralillo de Jibacoa y el Hato de Yara, sus tierras poseían un valor de $ 10 000, contando con 1 500 reses, 280 cerdas, 25 ovejas, 100 caballos y 12 esclavos.

La tabla siguiente con los resultados de un padrón efectuado en 1735, ilustra el lugar que ocupaba en población San José de Yara, entre los partidos que integraban la antigua Región Histórica de Bayamo.

Partidos Habitantes
Parroquia Mayor 15 335
Las Piedras 840
Holguín 600
San José de Yara 1 957
San Pablo de Jiguaní 865
San Jerónimo de Las Tunas 513

Ese partido fue experimentando avances notables en diversas ramas de la economía esencialmente en el tabaco, el que continúa su desarrollo ascendente durante todo el siglo XVIII y parte del XIX. Ya había llegado a ocupar el quinto lugar de toda la zona oriental para 1761, al contar con un total de 184 vegueros que cultivaban 1 065 millares de esa planta aromática.

Otras fuentes detallan que el mejor tabaco que se recogía en toda la región oriental procedía de las vegas de Yara, que el río así llamado bañaba en su curso, siendo también excelente la hoja cosechada en los terrenos aledaños a los tributarios de aquél. Moraban en el veguerío de Yara tantos agricultores que ya desde 1730, las autoridades habían designado en esa zona capitanes pedáneos cuya principal misión era evitar que se extraviase la rama allí producida; precaución inútil, pues invariablemente el contrabando hallaba los medios para burlar la vigilancia, conduciendo a Manzanillo y demás puertos del litoral las partidas que luego remesaban en Jamaica y otras posesiones inglesas de las Antillas, a las colonias de igual nacionalidad en la América del Norte, a la propia Inglaterra, Francia, y Holanda naciones en que el tabaco de Yara gozaba de justa fama.

El gobernador de Santiago de Cuba para tener una visión objetiva de los hechos ordena el 5 de enero de 1793 al capitán Francisco Sánchez Griñán, subinspector del Batallón de Pardos de Milicias Disciplinadas de infantería de Santiago de Cuba y Bayamo, como comisionado para el reconocimiento de los cortes de madera establecidos en la ensenada de Manzanillo y toda la costa del Guacanayabo.

Aprovechando el período de escasas lluvias, Griñán parte de las riberas del río Yara entre los meses de febrero y marzo llegando hasta Cabo Cruz. En sus anotaciones en forma de un diario declara que todo es un corte, que es increíble la cantidad de caoba y fustete que se ha sacado y que se seguía extrayendo en aquellos precisos momentos. Por ese motivo sugiere como única alternativa fundar pueblos en la zona del litoral del golfo en Vicana, Guanito y Manzanillo.

A través del análisis de las propuestas realizadas por Griñán al gobernador de Santiago, se puede inferir que Yara no sólo constituyó la génesis fundacional de Bayamo, también lo fue de Manzanillo. La doctora Olga Portuondo Zúñiga en Manzanillo: su origen y desarrollo, retoma de documentos del ANC elementos que continúan corroborando la existencia antigua del asiento de Yara, y su contribución en la formación embrionaria de Manzanillo a fines del siglo XVIII en la que destaca: se destinó al teniente Mariano Aymerich para que la mandara, con 15 ó 20 hombres de las milicias del partido de Yara; que este comenzara el desmonte y formara salchicones, faginas y estacas. Sánchez Griñán insistía en que dichos hombres fueran incentivados a cultivar el monte de Manzanillo, para que trasladaran allí sus familias y luego la iglesia, a fin de formar el pueblo.

En el año 1833 por su condición de puerto, posición geográfica y un alto grado de migración catalana, Manzanillo se convierte en una jurisdicción que se segrega de la gran región histórica de Bayamo. Yara queda ubicada como el partido pedáneo más importante de la nueva jurisdicción manzanillera, que además contó con los partidos de Vicana, Gua, Yaribacoa, y el Portillo. El censo de 1849 muestra las diferencias de Yara con respecto al resto de los partidos en su avance económico social.

Proceso independentista cubano de la II mitad del siglo XIX

Guerra de los Diez Años (1868–1878)
Escenarios de combates en Yara durante las Guerras de Independencia
Parque Carlos Manuel de Céspedes de Yara, monumento nacional.

En Yara antes del estallido de la Guerra del 68, se inició un fuerte movimiento conspirativo en el que estuvo presente Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera y otras connotadas personalidades, el 19 de marzo de 1866 en las Fiestas de San José. En 1867 en el mes de diciembre el maestro español de Yara, Casañas, acusó a varios jóvenes que luego estarían con Céspedes por predisponer la opinión pública contra el nuevo sistema tributario implantado por España.

Hubo una fallida reunión conspirativa el propio día 9 de octubre de 1868, por la ausencia de Luís Marcano Álvarez en una casa tienda del pueblo perteneciente a Carlos Romaní y levantamientos armados el mismo día 9 en Guatíbere y Boquerón. El día 11 se produjo el Grito de Yara, primera acción armada, donde al líder de la Revolución acompañado del yarense Bartolomé Masó Márquez, al quedarles 12 hombres y uno de sus hombres gritar de que todo estaba perdido, este exclamó:

«¡Aún quedamos doce hombres. Bastan para hacer la independencia de Cuba!»

Después de esta acción se produjeron innumerable hechos como el incendio del pueblo en 1869, el incendio del poblado nuevamente el 29 de septiembre de 1871 por las fuerzas de Luís Figueredo, Salomé Hernández y el propio Céspedes. El Combate del Zarzal de Yara donde estuvieron Gómez, Maceo, Calixto García, Moncada y el presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes. Esa operación se desarrolló entre el 1 y 4 de junio de 1873, al salir de esa acción, Maceo fue ascendido a general de brigada y Moncada a coronel.


Guerra Chiquita

En 1879 el pueblo estuvo presente en la Guerra Chiquita, bajo la dirección del general de división colombiano José Rogelio Castillo Zúñiga, hasta que estos fueron detenidos en sus principales núcleos poblacionales Yara y el Zarzal de Yara. Masó y otros fueron detenidos y conducidos a las cárceles españolas en condición de desterrados.

Guerra del 95
La figura insigne de Yara es el mayor general del Ejército Libertador Bartolomé Masó Márquez

En 1895 yareros se levantaron con Masó en Manzanillo en Colmenar de Bayate, Calicito, y Cayo Espino, como el León de Gua, Amador Guerra Monzón, quien más tarde dirigiría el Regimiento de Caballería Gua, José Perea, que estaría desde los momentos iniciales de la guerra. No se puede obviar al coronel de la Guerra del 68 Juan Masó Parra quien el propio 24 de febrero entró a Yara con 80 hombres para hacer acopio de armas, y arreos para iniciar la contienda.

Un buen número de ellos estuvieron con José Martí en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, los que integraban el Segundo Cuerpo de Ejército que dirigía Masó y el regimiento de caballería Gua, allí también estuvo el teniente coronel Rafael Terrero Matos. En esa guerra el pueblo fue quemado nuevamente, por las fuerzas mambisas dirigidas por Manuel L Martínez el 8 de marzo de 1897, si el daño no fue grande en ello influyó el aviso que recibieron las autoridades del pueblo.

Período republicano

Al establecerse el período de ocupación yanqui en Cuba, de inmediato comenzaron aplicarse sus mecanismos de dominio, para garantizar la instauración de un Estado nacional dependiente. A esta situación dramática Yara no estuvo exenta, dado a que los efectos catastróficos, en que quedó sumido su mal trecha economía y sociedad, por los 30 años de lucha que libró frente al dominio colonial español, muy poco podía hacer para evitar los efectos de tal política.

Su economía basada fundamentalmente en el cultivo del tabaco, maderas, frutos menores y ganadería, había quedado diezmada por los rigores de la guerra, en la que se empleó en forma desmedida la tea incendiaria, acompañándola largos períodos de sequía y los abates de los huracanes que afectaron su territorio en 1875 y 1876, así como el abandono de las tierras por quienes la trabajaban, todo ello en su conjunto presentó un cuadro patético, en el que se vislumbró una profunda pobreza en esta área geográfica, difícil de solucionar por muchos años.

Por tal motivo al iniciarse el siglo XX, el dominio del capital norteamericano, se hizo sentir con fuerza entre otros lugares, en la costa sur de la provincia oriental, siendo un objetivo de las compañías, el Zarzal de Yara, pues a través de Daniel Costa Abad un español natural de Asturias, con ciertos conocimientos mineros establece relaciones con la compañía Guantánamo Exploration Company, cuyo presidente Montgomery Lewis radicaba en el Estado de Jawa, vecino de New York, compra los terrenos donde se hallaban los minerales. Es así como comenzó la explotación indiscriminada del subsuelo de esta región en 1905, afianzándose la injerencia extranjera en 24 minas, 19 de cobre, 2 de plomo y 3 de manganeso.

Por otra parte en esa década inicial del siglo XX, ocurre un acontecimiento económico verdaderamente valioso, la introducción del ferrocarril, transitando una locomotora por vez primera el 28 de febrero de 1910 por el área, permitiendo que a la localidad llegara un gran flujo de mercancías, las que hasta ese momento eran muy difícil de mover de los almacenes de Manzanillo. Con anterioridad se trasladaban en carretas tiradas por bueyes, por caminos intransitables. Esta innovación favoreció enormemente el comercio local.

Para complementar la inversión del capital extranjero, se construyeron en el pueblo dos obras emblemáticas, en medio del gobierno interventor de Charles Magoon los puentes sobre el río Yara, el de la carretera en 1908 y el del ferrocarril en 1909. Las inversiones no se detienen, y en 1924 se construyó el central Estrada Palma en el Zarzal de Yara, contando con la colosal cifra de 3 mil caballerías de tierra en el Área denominada Gran Lote La Sierra integrado por tierras de Vega Grande, Nagua, Alegría de Almagro, Nagua Abajo, Guasimal, Sotolonguito, Cidra, Santa Isabel, Santa Victoria, Sotolongo, Cabezada del Macío, Ciudad de Almagro, Arroyón, Cocuyo, San Andrés, Veguita y Vihuela, equivalente a 40 260 hectáreas.

Desde el punto de vista político los efectos de la intervención llegaron y es designado por el gobernador, como juez municipal el capitán mambí Lorenzo Puebla, el 11 de junio de 1899. Para el 10 de julio de 1901 se organizan las elecciones y es renovada la junta administrativa quedando esta vez bajo la presidencia del señor Rafael Puebla quien contó con cuatro vocales: Alfredo Ferrer, Aniceto Rodríguez, Juan Socarrás y Rafael Benítez, aunque el mes anterior a las elecciones, el 5 de junio el congreso había aprobado la ley municipal donde se disponía la ratificación de los alcaldes electos en 1901 por el plazo de un año.

Gobierno de Gerardo Machado

Independientemente que se produce la intromisión del capital estadounidense, en el territorio la mayoría de la población continuo atravesando grandes penurias, con carencias en la salud, la educación, la economía y los principales servicios básicos que necesita el hombre. La situación se recrudece más en los años 20 y ante los desalojos, las crisis económicas y la política represiva del gobierno de Gerardo Machado.

Esa situación convulsa llevó al surgimiento en 1925 de una célula del Partido Comunista en Yara Arriba, en medio de la clandestinidad. Sus integrantes fundamentalmente fueron vegueros, campesinos y tabaqueros, que tuvieron fuertes vínculos con los comunistas de Manzanillo, entre los que despuntaron Blas Roca Calderío y Paquito Rosales Benítez.

Sus intensas luchas los llevarían a fundar para 1929, una asociación campesina que sus luchas sirvieron de apoyo al Soviet de Mabay en 1933, las luchas obreras en los centrales Estrada Palma y Sofía y en el plano internacional a la Guerra Civil Española, desarrollada entre 1936 y 1939 contra el franquismo y la invasión Italo–alemana. La carencia de una clase obrera numerosa y fuerzas estudiantiles, producto del atraso y el abandono de los gobiernos de turnos, llevó a que el campesinado no pudiera cumplir con sus objetivos propuestos; de alcanzar victoria en sus primeros intentos de enfrentar la reacción local.

Década del cuarenta

En la década de 1940 en el ámbito del terruño, hubo un crecimiento económico en la rama del arroz, aspecto que dio vida a muchas personas, que de todas partes del país se movían en oleadas en busca de algún empleo. A estos hombres que llegaban acompañados de gran parte de la familia y allegados, se les llamó chambergos. En el pueblo aparecieron muchos comercios, bares, cantinas, prostíbulos, vallas de gallos, en los que los pobres asalariados informales, dejaban muchas veces los centavos ganados.

Década del cincuenta

La lucha vino a tomar su verdadero cauce, a partir del golpe militar dado por Batista el 10 de marzo de 1952 y los Asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953. En ello desempeñaría un papel relevante la predica de Eduardo René Chibás y lo sucedido a 5 asaltantes en el territorio, de los que fueron asesinados Víctor Escalona Benítez, Gilberto Barón Martínez, Pedro Véliz Hernández, Hugo Camejo Valdés y de ellos sólo logró sobrevivir Andrés García.

Lucha clandestina

A fines de 1955 en la zona del actual municipio de Yara, comienzan a darse los primeros pasos para la organización de la primera célula del M-26-7, la que quedaría bajo la dirección de Daniel Motolá Herryman alias (Pito, apátrida) quien tendría contactos y orientaciones de Santiago de Cuba y Manzanillo. A mediados de 1956 Pepito Tey Saint-Blanchard se reunió con varios veguiteros en el bar de Dilvio González, en las afueras del pueblo denominada Villa Cuca y crea una célula del M-26-7, la que quedaría desactivada después por falta de organización.

La dirección de esta célula estuvo conformada, por un coordinador que fue Omelio León Barrientos (apátrida), como jefe de acción Juan Manuel Fornaris y atendería las finanzas Joel Paneque. Ante la actitud pasiva de la dirección de aquella célula se fundan dos nuevas en Veguita.

Las dos nuevas células fundadas, fueron dirigidas por Mario Bruquetas Rosabal y Enrique Vázquez, en el área de Veguitas, las que realizarían en 1957 una gran cantidad de acciones demostrando su vitalidad, las filas de estas células estaban nutridas de elementos muy jóvenes destacándose entre ellos: Enrique Vázquez Reyes, Leopoldo Cintra Frías, Emilio Oliva Hernández, Marcelo Sánchez, Luis Vázquez Zamora y Roberto López Martí entre otros.

En la zona de Macuto surge otra célula dirigida por Gabriel Brull, quien estableció relaciones con Rafael Sierra en Manzanillo y la de Mario Bruquetas, a través de Olvein Botello Ávila (Vin) contactaban con Micaela Riera. El enlace entre ellos fue Pito Motolá, tiempos después ambas células se fusionarían, y actuarían coordinadamente.

La fundación de células no se detiene, y surge otra en Yara dirigida por Estanislao Arias Fonseca, destacándose entre sus miembros Leonardo Arias Fonseca, Luis Toledo Lorente, Francisco Toledo Ortiz, Ángel Tamayo, Miriam Puebla y Elidover Arias Puebla. Producto de una imprudencia es detectada una reunión de esta célula en el Bar Flores de Yara.

En el lugar son tiroteados a boca de jarro, muriendo los hermanos Arias (Tani y Leo), Ranulfo Leyva y dos hermanos de apellidos Roldán, que nada tenían que ver con el movimiento. En la cara es herido Gustavo Ramón, todo sucedió al oscurecerse del día 12 de noviembre de 1957. Ante este hecho fue necesario reestructurar la organización. El lugar escogido para reformar la célula fue la tienda La Comercial, de los Lay, quedando como jefe Ángel Tamayo Verdecia (Gelo).

Por otra parte se creó una célula integrada por Miguel Ángel Pérez (Langue), quien sería el jefe y como miembros Luis Manuel Calás, Lino Alarcón y otros. En las zonas aledañas se fundaron otras células que revistieron un gran valor por las acciones que desarrollarían.

En la zona de Las Mochas, la que surge es dirigida por Juan José Ferriol Peña y entre sus miembros se encontraban Raymundo Matos Falcón, Manuel Rosabal Zamora, Rolando Viltres Gutiérrez, Benigno Osorio, Luis Pérez Caiñas, Gaspar Aguilera, Ricardo Ramos, Jorge García Curbelo, Rubén Rosabal, Rafael Lastres, Rogelio Sardiñas, Cándida La O, Clara Luz González, Melba Rosabal, Narciso Linares y Martín Cedeño.

Ya avanzada la guerra se organiza en Guasimilla, próxima a las arroceras de los Roca y Álvarez, una potente célula del M-26-7 en 1958 que llegó a contar con más de 26 miembros, la misma fue liderada por Miguel Ángel Cañete. Esta organización hizo aportes valiosos en armas a los rebeldes que se encontraban en la Sierra Maestra.

De esta manera el M-26-7 se fue haciendo poderoso en el llano jugando un papel activo en la lucha clandestina, convirtiéndose en el sostén de la lucha guerrillera, ambos constituyeron dos eslabones de un mismo proceso histórico. Cada célula del M-26-7 buscaba la forma de debilitar la dictadura y vertebrar una firme resistencia en el llano, que permitiera la acción simultánea y segura de los guerrilleros que utilizaban diversas vías para llegar a las montañas.

Hay una vía de acceso que no se puede obviar y que fue utilizada mucho por los miembros del M-26-7 de Manzanillo y fue El Marabuzal, ubicado entre Cayo Redondo y Las Novillas, lugar por donde Frank País García, hizo llegar a la Sierra Maestra el primer refuerzo el 15 de marzo de 1957.

En el caso de Yara muchos fueron los crímenes cometidos para aplacar la efervescencia revolucionaria y el accionar del M-26-7. Los primeros en perder sus vidas fueron cinco jóvenes, algunos de ellos inocentes, en los sucesos del Bar Flores el 12 de noviembre de 1957, les sucedieron hechos horrendos como la muerte de Emilio Puebla Escalona el 19 de agosto de 1958 y días después la detención y desaparición de Blas Acacio Comas, el 20 de septiembre de 1958. Se deduce que sus muertes estuvieron ligadas a una delación o traición al comprar a unos casquitos dos armas con balas, una Thompson y un Springfield por un valor de $ 140, las que fueron llevadas para la Comandancia de La Plata.

Las torturas se aplicaron contra todo sospechoso, fuera hombre o mujer sin mirar edad, así fueron maltratadas corporalmente Gina Barbán y Amelia Puebla Pérez hermana de Emilio, ninguna habló, sus torturadores llegaron al extremo de violarlas pero se mantuvieron fieles a sus principios revolucionarios.

Al desarrollarse la huelga del 9 de abril de 1958, en Yara se quema la valla de gallos y se riegan innumerables clavos y alcayatas en la carretera, se paralizan muchas maquinarias en las arroceras de los Roca y Álvarez y la carretera es llenada de obstáculos como hierros y botellas rotas, desde la línea hasta el molino arrocero La Suprema Oriente S.A, donde actualmente se encuentra la fábrica de conservas. Esta acción fue desempeñada por Arturo Peña colaborando con Moisés Núñez y Filiberto Rosabal.

Actividades como estas, ya se habían realizado con anterioridad como por ejemplo el 5 de septiembre de 1957 en solidaridad y apoyo con el levantamiento de Cienfuegos, la célula de Mario Bruquetas en Veguita tumbó postes eléctricos, regó clavos y poncharon el carro del Coronel Salas Cañizares, ondearon algunas banderas del M-26-7 en su avance impetuoso, en medio del ambiente clandestino, que los caracterizó, desde fines de 1956 hasta el triunfo revolucionario.

En otra parte del territorio Aeropajito Montero, obrero del molino de los Aguilera, en el año 1958 antes de partir a la Sierra lo incendió, aunque las llamas fueron sofocadas. En la zona de Punta de Güira (Hoy Mateo Romás) los rebeldes bajaban con una seguridad total, el pueblo y los trabajadores de las arroceras de los Roca y Álvarez los apoyaban con todo tipo de recurso y en muchas ocasiones los ocultaron, allí se personaban con frecuencia Ángel Verdecia, José Argibay y Ramón Paz Borroto quienes recibieron pruebas de apoyo, simpatías y solidaridad, al igual que Vilma Espín.

En Yara ocurre un hecho que convulsionó a todo el pueblo, Estanislao Arias Fonseca coloca una bomba en el ferrocarril que estremeció a todo el pueblo utilizando un detonante que había traído de Veguita, Bienvenido Viltres Carbonell.

La lucha clandestina en Yara, hizo grandes aportes en hombres y mujeres a la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, y al respecto la General de Brigada y Heroína de la República de Cuba, Delsa Esther Puebla Viltres (Teté) refiere que:

«Yara llegó a ser famosa por la cantidad de hombres y mujeres que se incorporaron a la guerra revolucionaria a partir de 1957, incluyendo a un número considerable que han llegado a ser generales en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, entre ellos Harry Villegas, quien después peleó junto al Che Guevara en el Congo y en Bolivia. El general Manuel Lastres Pacheco, con quien hasta íbamos juntos a la iglesia, a la escuela; el General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías, internacionalista y hoy jefe del Ejército Occidental; el General de Brigada Miguel Lorente, tanquista e internacionalista en Etiopía y Angola […] Y el Coronel Orestes Guerra

Como refiere Teté, fueron cientos los yarenses que se incorporaron a la lucha armada por diversas vías; culminando la guerra, los que lograron sobrevivir en los frentes y columnas guerrilleras que se crearon a partir de la contra ofensiva de verano. El júbilo de la inmensa mayoría de ellos, fue tremenda cuando se vieron en La Habana, al llegar la Caravana de la libertad, el 8 de enero de 1959.

Revolución en el Poder

Ubicación geográfica de Yara

El avance victorioso del Ejército Rebelde a finales de 1958, a la vez que le permitía establecer el control de las zonas rurales, hizo posible que las fuerzas de la tiranía fueran perdiendo posiciones paulatinamente y concentrándose en los principales poblados del territorio. El 16 de diciembre de este mismo año fue liberado Estrada Palma y entre el 31 de diciembre y el 1 de enero de 1959 las tropas acuarteladas en Yara y Veguita se retiraron a Manzanillo y Bayamo respectivamente, significando la culminación de más de medio siglo de explotación, crímenes y abusos de gobiernos tiránicos, vendidos a los intereses imperialistas durante toda la República Neocolonial.

El Gobierno Revolucionario para organizar la sociedad, estableció el 29 de enero de 1959 la Ley 37, mediante la cual crea un gobierno municipal integrado por tres comisionados que además de ostentar la personalidad jurídica del municipio tenían las atribuciones y facultades que las leyes conferían hasta el triunfo de la Revolución a los alcaldes y concejales. Por Ley 106 del 27 de febrero de 1959 el gobierno municipal queda a cargo de un solo comisionado que asumía las funciones del alcalde y de la cámara municipal. A la par de esta ley, el 15 de marzo de 1959, fueron nombrados como subcomisionados de barrios: Amelia Puebla Pérez de Yara, Joel Paneque de Veguita, Pablo Ferriol Pacheco de Zarzal y Noelia López de Canabacoa. Algunos de estos subcomisionados eran miembros del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio, que fueron aclamados por el pueblo como sus representantes.

Los subcomisionados constituían la representación estatal del gobierno en las localidades o barrios y dentro de sus funciones estaban: hacer llegar al pueblo las orientaciones emanadas de le dirección de la Revolución; atendían las reparaciones y construcción de viviendas; otorgaban solares a quienes lo necesitaban; se encargaban de las recaudaciones de fondos para fines sociales y militares (círculos infantiles, compra de armas y aviones; efectuaban el cobro de impuestos estatales; brindaban atención a la educación y a la salud pública; se ocupaban de la organización y desarrollo de las fiestas populares; atendían el arreglo de calles y caminos y muchas tareas que surgieron al calor del proceso revolucionario.

Los comisionados municipales y los subcomisionados de barrios, eran gobiernos provisionales elegidos por la dirección de la Revolución a los distintos niveles, sin embargo, constituyeron un paso importante para el establecimiento de la democracia, pues los seleccionados eran hombres y mujeres salidos del pueblo, que defendían los genuinos intereses de las grandes masas de obreros, campesinos y demás trabajadores. Eran verdaderos revolucionarios que se habían destacado en la lucha contra la tiranía por lo que se habían ganado la admiración, el respeto y el apoyo popular.

La transformación agraria constituye un importante paso de la Revolución democrático–popular agrario y antiimperialista. Dentro del desarrollo revolucionario en Cuba. Este proceso se había iniciado durante la guerra de liberación, al dictarse en la Sierra Maestra la Ley No 3 del 10 de octubre de 1958, que estableció el reparto, en las zonas liberadas, de las tierras del estado, de los servidores de la dictadura y de los geófagos. La aplicación de esta ley dio inicio al proceso de liberación de los campesinos de la explotación a que estaban sometidos, a través de la eliminación de los latifundios y la erradicación del subdesarrollo.

El 4 de febrero de 1959 el Comandante en Jefe Fidel Castro estuvo en Yara Arriba donde citó personalmente para un acto que se desarrollaría en ese lugar al día siguiente a las 5:00 p.m. Cuando llegó el Comandante, lo estaban esperando 4 000 campesinos procedentes de Guasimilla, Zarzal, Madre Vieja, Jibacoa, Cayo Espino, Canabacoa, Guayabal de Nagua, Calambrosio, Estrada Palma, Los Cocos, Cabagán, Punta Isleña, Cruz de Sánchez, Yara Arriba, Vega Larga, La Marina, Jobosí, San Lucas y otros sitios.

El líder habló desde una tribuna rústica para anunciar la creación de la primera cooperativa agrícola cubana, que llevaría el nombre de José Martí. Esta medida favoreció a 300 campesinos y funcionó en lo adelante bajo la administración general de Antonio Moreno, miembro del Movimiento 26 de Julio y persona de confianza de Fidel. La cooperativa José Martí fue creada en la antigua finca Tres Ríos, propiedad del exsenador de la tiranía Guillermo Aguilera, que tenía una extensión de 180 caballerías dedicadas al cultivo del arroz.

En el acto de constitución estuvieron presentes junto a Fidel los oficiales del Ejército Rebelde Crescencio Pérez, Eduardo Sardiñas (Lalito), Juan Machado, Diógenes Villegas y Celia Sánchez. En los planes esbozados por Fidel se indicó el propósito de construir una escuela, un campo deportivo, piscina, huerto y parque. En los propios planes de la cooperativa estaba la creación de la tienda del pueblo en la cual los asociados pudieran adquirir suministros para sus necesidades. Esta quedó establecida y su primer administrador fue Gonzalo Ortiz Chávez (Nenito). La cooperativa comenzó a funcionar el día 10 de febrero de 1959 y el día 25 del mismo mes recibió la inspección del Comandante, el que quedó satisfecho de la misma.

La fundación de la cooperativa José Martí en Yara Arriba constituyó la aplicación temprana de la Ley de Reforma Agraria que se promulgó meses después y que dio inicio al proceso de transformación de la gran propiedad latifundaria en propiedad estatal.

A partir del triunfo de la Revolución muchas de las grandes empresas privadas del país, lejos de asumir una conducta consecuente con los objetivos y metas de la transformación revolucionaria de la economía nacional, siguieron una política contraria a los intereses de la del proceso y del desarrollo económico, empleando en muchos casos los sabotajes a la producción. Para dar respuesta a estas prácticas de carácter antinacional, el gobierno revolucionario dictó el 13 de octubre de 1960 la Ley de Nacionalización.

Fábrica de conservas y frutas vegetales de Yara

En Yara no existían grandes empresas, supermercados ni almacenes, por ser una zona dedicada al cultivo de la caña, el arroz y en menor escala la ganadería. Con la aplicación de la Primera Ley de Reforma Agraria, se dio el golpe de gracia a los principales dueños del territorio que conjuntamente con las tierras se les confiscaron los medios de producción como el transporte agrícola.

El central Sofía, cuyo dueño era Teobaldo Rosell y Silveira, fue nacionalizado el 23 de octubre de 1960 a las 9:00 a.m. Se designó como administrador a Marcelino Pérez Carral, a tenor de la resolución 495 del 14 de octubre de 1960, dictada por la Administración General de Ingenios del INRA. Conjuntamente con la nacionalización del central se intervinieron todas sus propiedades: bienes, muebles, inmuebles, negocios y derechos pertenecientes a la entidad Compañía Agrícola Yara S.A, así como todas las empresas subsidiarias vinculadas o afines con la misma. El 12 de noviembre de 1960 fue nacionalizado el central Estrada Palma, propiedad de Manuel de los Ángeles Arcas Campos, a tenor de la misma resolución. Fue designado como administrador Gabriel Roqueta, procedente del central Río Cauto. En la firma del acto de nacionalización participaron Juan Bautista Abreu Salas, secretario del sindicato, Roberto del Monte, jefe de oficinas, Juan Muñiz, por la administración y una delegación del Ejército Rebelde. Conjuntamente con el central se intervinieron todas las propiedades de la Estrada Palma Sugar Company S.A.

Para cumplimentar estas grandes tareas en la etapa democrática popular, y contrarrestar la oposición de la oligarquía nacional y el imperialismo, en el territorio de Yara se fundaron las organizaciones políticas y de masas, tales como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Unidad Femenina como antecedente de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), el Departamento de Seguridad del Estado (Cuba) (DSE), la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), que también antecedió a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y se desarrolló el proceso de formación del Partido Comunista de Cuba (PCC) que transitó por las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), la Junta Central de Ejecución e Inspección (JUCEI), y el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC).

Estas organizaciones emprendieron tareas colosales, como la lucha por lograr el progreso económico, social y cultural y enfrentar las envestidas de los geófagos que alentados desde el exterior, apoyaban a los bandidos, que trataban de obstruir el avance impetuoso del proceso revolucionario, que implementaba la Historia me Absolverá, como programa de la Revolución, el que se cumplió en gran medida para el 15 de octubre de 1960 según palabras de Fidel.

A partir de la década de 1970, se emprende una ardua lucha en la localidad para garantizar con el apoyo de todo el pueblo, la zafra de los 10 millones de las toneladas de azúcar, el enfrentamiento al bloqueo, y la cooperación en el proceso de institucionalización de la sociedad cubana. La institucionalización estaba implícita en los acuerdo del Primer Congreso del PCC en 1975, que contenía la creación de la Constitución de 1976, y la división política administrativa de la Isla, en la que Yara se convierte en municipio, asimilando partes del territorio de Veguita y perdiendo el de Estrada Palma.

El Comandante en jefe Fidel Castro en Yara, el 17 de mayo de 1984.

En la creación literaria se destaca la labor desarrollada por el taller literario de la casa de la cultura en la que algunos de sus miembros han tenido participación en concursos provinciales y nacionales, obteniendo premios reconocimientos. El taller publicó durante varios años el boletín La luz de Yara, donde se daba a conocer la labor cultural del municipio y la creación de muchos jóvenes valores en este campo.

En el campo de la música, aunque no ha existido una estabilidad completa en este período, se han creado varios grupos aficionados y uno profesional llamado Charasón que se desintegró en 1987, el cual obtuvo premios en los festivales Sindo Garay. Otro ejemplo del quehacer artístico en este campo es el grupo Sexteto Sonero, integrado por niños y jóvenes que durante varios años han logrado premios nacionales en festivales de aficionados. Grupo como el Yamará que se ha mantenido ofreciendo su música para el disfrute popular y ha participado en muchas actividades en diferentes provincias orientales.

En los centros estudiantiles se han creado grupos musicales y se han desarrollado otras formas del arte partiendo de las condiciones concretas que existen en cada institución. Muchos de estos niños y jóvenes se han incorporado a la Escuela Provincial de Arte por lo que el municipio cuenta con una fuerza técnica calificada para continuar avanzando.

Otras manifestaciones del arte han logrado avances sustanciales como el teatro y la danza, fundamentalmente en las zonas rurales.

Yara cuenta con su Museo Municipal desde 1976.

A partir de 1980 se comenzaron a desarrollar las jornadas de la cultura en las distintas zonas del municipio que estas se celebran en determinadas fechas partiendo de su importancia histórica o cultural. Con estas celebraciones cada zona o barrio tienen la posibilidad de dar a conocer sus valores artísticos y sus tradiciones culturales por lo que es un medio propicio para el desarrollo del talento creador del pueblo.

La cultura, en sentido general, recibió con la Revolución triunfante un gran impulso en el territorio yarense, dejando ser patrimonio de la minoría dominante para convertirse en un arma más de lucha de las masas en la construcción del socialismo.

Para la década del 80 el país está inmerso en la construcción del socialismo, y en el enfrentamiento a la contrarrevolución, que es alentada desde el exterior. En el pueblo se hacen mítines y grandes manifestaciones y marchas del pueblo combatiente en respaldo a la Revolución, al producirse los sucesos de la embajada del Perú y la crisis de los balseros. Como respuesta muchos jóvenes se incorporaron a las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) y respaldó el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas.

Ante la caída del Campo Socialista nuevamente el territorio, da muestra de gallardía al dar una respuesta positiva a los acuerdos del IV Congreso del PCC, y comienza a luchar por resistir, sobrevivir y tratar de desarrollarse, ante la política establecida por el Estado cubano, denominada Período Especial, de luchar sin renunciar a los principios independientemente de llegar a la opción 0, producto al acrecentamiento de la agresividad imperialista, que creó una nueva crisis de los balseros en agosto de 1994 en la capital del país. El pueblo yarense nuevamente volvió a las calles a las marchas del pueblo combatiente.

Al llegar el siglo XXI el pueblo entró en una nueva fase de lucha, su enfrentamiento no se detuvo ante la implementación de las leyes Torricelli y Helms Burton, que a través de las nuevas administraciones yanqui tomaron nuevas vertientes, tratando de destruir a la Revolución. La unidad al partido hizo al pueblo invencible y en las calles nuevamente, lograron el retorno del niño Elián González Brotón y los cinco héroes antiterroristas cubanos prisioneros del imperio.

Curiosidades históricas

Al ser capturado Hatuey es trasladado al asentamiento indio de Yara, situado a unos 40 kilómetros al suroeste de la actual ciudad de Bayamo. Allí, conminaron al rebelde a aceptar la religión católica, y ante su firme negativa fue asesinado en la hoguera, frente a la cruz a la cual pretendieron someterlo.

Cuentan que una muchacha nativa, llamada Yara, se abrazó a Hatuey en el momento del suplicio y de su carne incendiada brotó la luz que lleva siglos recorriendo la comarca.

Mito

Se dice que la Luz de Yara es como una esfera luminosa, de tamaño variable, que puede aparecerse de noche a quienes transiten por los alrededores del poblado de Yara, dichas personas al ver la luz en movimiento, sin saber por qué, siguen tras ella, hasta que pasado un rato se percatan de que han perdido el camino y están extraviadas.

Otros afirman que la Luz de Yara, que aparece en las noches en parajes diversos, es el espíritu errante del propio Hatuey, negado a abandonar la región en la cual resultó asesinado.

Fuentes

  • Osvaldo Parra Serrano, historiador y profesor. Es el director del Museo municipal de Yara. Tiene a su cargo la redacción de la Síntesis histórica municipal de Yara.
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