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Joaquín Albarrán

Joaquín Albarrán Domínguez
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Joaquin Albarran.jpg
Médico urólogo cubano
NombreJoaquín Albarrán Domínguez
Nacimiento9 de mayo de 1860
Las Villas, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento17 de enero de 1912
París, Bandera de Francia Francia
Causa de la muertevíctima de la tuberculosis
LicenciaturaMédico
DoctoradoDoctorado en Medicina
Año de doctorado1878
Ocupaciónurólogo
Centro de trabajoHospital Necker de París
Cargo laboralDirector
SociedadesVicepresidente de la Sociedad Francesa de Urología.
Plantilla:Si es mujerProfesor agregado
HijosGeorgette, Pierre Raymond y Suzanne
PadresPedro Albarrán de la Calle y Micaela Domínguez Lima
ObrasEl riñón de los urinarios (su tesis premiada de 1889), Los tumores de la vejiga (1892), Los tumores del riñón (1903) y Exploración de las funciones renales (1905)

Joaquín María Albarrán y Domínguez. Médico. Su obra científica en el campo de la Urología lo consagra como uno de los más importantes especialistas de esa disciplina a escala mundial. El doctor Joaquín Albarrán Domínguez vivió entre dos siglos y aunque en el Siglo XIX cimentó su prestigio, sus obras más reconocidas dentro del terreno de la urología, las que hicieron de él un autor de referencia obligada por largo tiempo, vieron la luz en París a principios del Siglo XX.

Síntesis biográfica

Nació el 9 de abril de 1860 en una familia acomodada de Sagua La Grande, Las Villas, en la época en que Cuba era todavía colonia española. Allí permaneció hasta 1872 cuando con nueve años de edad, quedó huérfano. Sus padres, el gaditano Pedro Albarrán de la Calle y la criolla matancera Micaela Domínguez Lima, lo dejaron al cuidado de su padrino el doctor Joaquín Fábregas, cirujano español.

Al doctor Albarrán le sucedieron cuatro hijos: Georgette (fallecida en Villefranche-sur-Mer) y Pierre, famoso campeón mundial de bridge, teórico de este juego y campeón de tennis en las Olimpiadas de 1920, ambos fruto de su matrimonio con Pauline Ferri; así como Raymond y Suzanne Albarrán Sanjurjo, de un segundo matrimonio con la cubana Carmen Sanjurjo Ramírez de Arellano.

Estudios

Su padrino lo inscribió en el Colegio de Belén, colegio de los jesuitas en La Habana. A los 12 años de edad, fue enviado a Barcelona, y en la Ciudad Condal se diplomó de bachiller, en 1877. En esa época se involucró en la lucha por la independencia de su isla y recaudó fondos con ese fin mediante la logia masónica a la que pertenecía. Más tarde se doctoró en Medicina, con sólo 17 años, en la Universidad Central de Madrid antes de instalarse definitivamente en París, ciudad en la que desarrolló toda su carrera profesional desde 1879 y prácticamente el resto de su vida.

Desempeño profesional

En París, retomó los estudios de Medicina que parecían para él ya concluidos. Fue entonces cuando el joven doctor hizo cursos de postgrado, se incorporó al ejercicio de la profesión y comenzó a labrar su reputación, descubriéndose en él la gran figura de la medicina que habría de ser muy pronto. Se presentó, uno tras otro, a concursos de oposiciones. En 1883 alcanzó la plaza de externo de los Hospitales, al año siguiente mereció el primer premio en el Concurso del Internado de Hospitales de París y obtuvo además varias medallas de plata y oro de la Facultad de Medicina.

En 1892, a los 42 años, tenía en sus manos el título de Profesor agregado y en 1894 el de cirujano jefe de los hospitales de París. Por último, en 1898 se le designaba vicepresidente de la Sociedad Francesa de Urología.

Convertido ya en histólogo bajo el manto protector del profesor Brissaud, fue el eminente Louis Pasteur quien influyó en que se estableciera definitivamente en Francia, donde no tardó en convertirse en interno ayudante de eminentes galenos como el pediatra Jacques-Joseph Grancher, esposo de la ilustre cubana Rosa Abreu, y el cirujano Ulysse Trélat, pero sobre todo, donde aprendió con Félix Guyon, inventor del citoscopio, los secretos de la urología, especialidad en la que no tardó en sobresalir.

En 1892 lo nombran profesor agregado del hospital Necker de París, del cual Guyon era el director de la clínica de enfermedades de las vías urinarias hasta que en 1906, al retirarse, el propio Albarrán lo sucede para convertirse en el profesor titular más joven de la Facultad de Medicina de la capital francesa. Pero antes de que esto ocurriera, Albarrán ya había escrito obras que son consideradas todavía como referencias de la literatura médica y cuyos títulos en español serían El riñón de los urinarios (su tesis premiada de 1889), Los tumores de la vejiga (1892), Los tumores del riñón (1903) y Exploración de las funciones renales (1905), donde expuso su método innovador para el examen de las facultades renales en los pacientes. En total, unas 300 obras y artículos especializados en el tema.

El hecho de permanecer casi toda su vida en el exterior no lo desligó de Cuba. El 9 de septiembre de 1890, en banquete que le ofrecieron sus colegas en la patria, levantó su copa para decir:

"Brindo, señores, porque se le den a Cuba los elementos que le faltan para su completo desarrollo científico y por el porvenir de la ciencia, que tendrá consigo el porvenir moral y material de la tierra en que nacimos."

Y también por aquellas fechas, 1890, el semanario El Fígaro recogía las palabras del ilustre médico que para acceder a tan elevados cargos debió adoptar la ciudadanía francesa:

"Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la gran nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la patria en que nací."

Muerte

Tumba de Joaquín Albarrán en el cementerio de Neuilly-Sur-Seine, en Francia

Murió prematuramente el 17 de enero de 1912, a los 51 años,en su villa Les Goelands, en el poblado marítimo de Arcachon, cerca de Burdeos, en las landas francesas, aunque fue enterrado en París en el cementerio de Neuilly-sur-Seine. La enfermedad la contrajo accidentalmente mientras atendía la nefrectomía de un paciente del hospital Necker. Justo en ese año había recibido la noticia de que se hallaba entre los candidatos al Nobel de Medicina. Concurrieron a despedirle, entre otras personalidades, los presidentes del Senado y de la Cámara de la nación francesa.

Aportes en la medicina

Fue excelente clínico, histólogo, bacteriólogo y fisiólogo, se le consideró “el más grande especialista en urología de su tiempo” , especialidad a la cual dotó de técnicas innovadoras y prestigió con su extraordinaria habilidad como cirujano.

Entre sus aportes al instrumental médico se encuentran: la llamada Uñuela de Albarrán, que presentó a la Academia de Medicina de París en 1897, un aparato con el cual se puede sondear los uréteres mediante un catéter hasta el riñón, y resolver por esta vía la cura de la tuberculosis renal. Una estufa termoformógena para desinfectar las sondas, mediante el formol desprendido por la combustión de los vapores metálicos en contacto con una esponja de platino; y varias sondas metálicas, jeringas y separadores uretrales. En el terreno experimental, la denominada Prueba de la políuria, iniciada por él con éxito, permitió explorar y comparar la función de los dos riñones, antes y después de la absorción de cierta cantidad de agua, con el objetivo de estudiar la marcha de las secreciones de cada riñón.

Fue miembro distinguido de varias prestigiosas instituciones científicas, entre ellas: la Sociedad Anatómica de París (1888); la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1890); la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana (1890); y la Sociedad de Cirugía de París (1899).

Anécdota del Dr. Albarrán

Ocurrió un domingo del mes de marzo de 1885 y tuvo como escenario el Hospital de Niños Enfermos de París: el joven médico se encontraba al frente del Servicio de Difteria, desprovisto de los elementales recursos médicos y técnicas que tal enfermedad demandaba (ni siquiera se conocían entonces la vacuna ni el suero antidiftérico).

Para evitar la asfixia de los pacientes, causada por las toxinas del terrible Bacilo de Cruz, se aspiraba directamente del fondo de la garganta, de las falsas membranas diftéricas, a través de un tubo niquelado de 8 mm de diámetro y 20 mm de longitud. Además de este recurso médico en aquel momento se aplicaba ya la intubación o la Traqueostomía.
Monumento a Joaquín Albarrán Domínguez frente al Hospital Freire de Andrade, conocido por "Emergencias"

En un acto de humanidad y profesionalismo, el galeno se contagia para salvar a un niño diftérico que se ahogaba. Al sentirse enfermo, sin posibilidades de disponer del personal facultativo necesario, por ser domingo y estar en su servicio de guardia, solicita a dos Hermanas de la Caridad y a un enfermero que allí se encontraba, así como el instrumental esterilizado necesario.

Con mano firme y segura, auxiliado solamente por el enfermero que le sostuvo el espejo, el decidido médico se abrió la tráquea para seguidamente introducir la cánula y llevar a cabo el procedimiento requerido. Luego practicó la cura y dio por terminada su autooperación.

Este hecho, solo podría acompañarse de este criterio expresado por Verneuil:

"No hay operación más difícil que la traqueostomía"

Así, con esa extraordinaria seguridad en sí mismo y formidables nervios de acero, se ha consagrado en la posteridad este excelente cirujano, que supo entregar a la urología moderna todo el caudal de su inteligencia, esfuerzos y conocimientos.

Principales condecoraciones otorgadas

Internacionales

Recibió diversas condecoraciones, tales como:

Principales obras

Legó Albarrán una extensa obra, en su mayor parte escrita originalmente en francés, y traducida al alemán, al inglés y al español. Entre los títulos más importantes que publicó se encuentran:

  • Medicina operatoria de las vías urinarias (1909)
  • Exploración de las funciones renales (1905)
  • Enfermedades quirúrgicas del riñón y la uretra (1899).

Se interesó y redactó algunas notas relacionadas con la Historia de la medicina, en particular sobre su especialidad. Dominó correctamente los idiomas Español, Francés, Alemán, Italiano y Catalán.

Homenajes a su memoria

Estatua de Joaquín Albarrán, obra de José Vilalta Saavedra, en su pueblo natal, Sagua la Grande, Las Villas, Cuba
.

A Cuba fue dos veces en 1885, cuando fue homenajeado en Sagua la Grande en el Casino Español de la villa, y en 1890 tras ser declarado Hijo Predilecto de su ciudad natal. Allí, a un costado de la iglesia parroquial, se le erigió una estatua, obra de José Vilalta Saavedra para rendir tributo al insigne científico. En 2012, un siglo después de su muerte, una ceremonia en presencia de uno de sus nietos franceses, tuvo lugar en la llamada ‘‘Villa del Undoso’’.

En La Habana, el hospital clínico quirúrgico (Hospital Joaquin Albarrán) situado en la avenida de Puentes Grandes y la calle 26, con la vista hacia al “Bidet de Paulina’’, o fuente luminosa de la Ciudad Deportiva lleva su nombre.

En París, el pabellón de urología del hospital Cochin, uno de los establecimientos médicos más prestigiosos de Francia, también fue bautizado con su nombre y su busto precede la fachada. Sin olvidar que en la sureña ciudad de Perpiñán la calle del Doctor Albarrán lo recuerda también.

Busto en mármol en el interior del Hospital Calixto García de La Habana.

Bibliografía activa

  • Estudio sobre el riñón de los urinarios (Tesis doctoral). Estudio Tipográfico de R. Planas, Barcelona, 1890
  • Peri-nefritis, anatomía patológica, patogenia y tratamiento. En: Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. T. 27. La Habana, 1890, pp. 344-360
  • En Cincuentenario de la muerte del Dr. Joaquín Albarrán, cuadernos de Historia de la Salud Pública, MINSAP, 1962, p. 32.

Paul Estrade en:

  • La colonia cubana de París 1895-1898, Editorial Ciencias Sociales, 1984, p. 261
  • L´Exploration des fonctions renales|L´Exploration des fonctions renales. Massan el Ca. diteurs, París, 1905
  • Traité de médicine operatoire des voies urinaires .Anatomie normale et anatomie pathologique chirugicale. s/e, París, 1908.

Bibliografía pasiva

Vease también

Fuentes

  • Cien figuras de la ciencia en Cuba/ Rolando García Blanco.../et-al/.- La Habana: Editorial Científico-Técnica, 2002
  • Información envíada por Carolina Vaca del escritor cubano residente en París William Navarrette, publicada en Especial/el Nuevo Herald.

Enlaces externos