Hormisdas (papa)

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San Hormisdas
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Hormisdas. (* Frosinone, ha. 450 – † Roma, 6 de agosto de 523) fue el Papa nº 52 (de 514 a 523) y santo de la Iglesia católica. Diácono en el momento de su elección, estuvo casado antes de ser ordenado y tuvo un hijo que más tarde se convertiría en el futuro papa Silverio.

Síntesis biográfica

Su primera actuación como pontífice fue acabar con los últimos rescoldos del cisma acaciano surgido en el 484 mediante la llamada "fórmula de Horsmidas" propuesta en 519 tras una reunión entre las Iglesias de Roma y de Constantinopla. Durante su papado encargó a Dionisio el Exiguo, un astrónomo de origen escita y abad de un monasterio romano, reformar el calendario existente, tarea que resolvió al establecer como año primero de la era cristiana el del nacimiento de Jesús. Los cálculos que éste realizó resultaron, según se comprobó después, equivocados en unos 6 años al datar de forma errónea el reinado de Herodes I el Grande, por lo que dedujo que Jesús nació el año 753 de la fundación de Roma, cuando de hecho debió suceder hacia el 748. Resultó electo papa en presencia del celebre Casiodoro, entonces cónsul, y delegado del rey Teodorico para esta elección. Consiguió, con la tercera delegación que envió a Constantinopla, reconciliar esta Iglesia con la Santa Sede, de la cual estaba separada desde la condenación de Acacio. Su pontificado fue glorioso por el vigor con que sostuvo la doctrina, por la reforma del clero, por la paz que procuró a las Iglesias de Oriente, por la expulsión de los maniqueos de Roma, y por sus limosnas y liberalidades con los Santos Lugares. Hormisdas murió en 6 de agosto de 523.

Vida y obra

Ocupó el solio pontificio del 514 al 523, sucediendo a San Símaco. Fue uno de los más notables pontífices del siglo VI. Diácono del papa Símmaco, permaneció adicto a él, junto con la mayoría del clero, que se negó a aceptar al antipapa Lorenzo propuesto por el senador Festo. Cuando subió al solio pontificio san Hormisdas, ardían en Roma los restos del cisma de Lorenzo, Occidente estaba en manos de los bárbaros, sobre todo arrianos, y Oriente estaba separado por el cisma de Acacio. San Hormisdas emprendió la obra espiritual de acercamiento de los elementos cismáticos, reintegrando con suavidad sus funciones a los clérigos comprometidos en el cisma de Lorenzo, y con energía frente a los herejes maniqueos, cuyos libros mandó quemar delante de las puertas de la basílica constantiniana. Respecto a sus relaciones con Oriente, el cisma de Acacio le dió mucho trabajo. EL emperador Zenón, engañado por los patriarcas Acacio de Constantinopla, Pedro Mongo de Alejandría y Pedro Fulón de Antioquia, inclinados al monofisitismo, dio un decreto dogmático en 482, el Henotikon, en que se condenaba a Eutique y Dióscoro, se admitía el símbolo Niceno-Constantinopolitano y se rechazaba, en cambio, el Concilio de Calcedonia. Por medio de esto se obtuvo la unión de los ortodoxos con lo monofisitas de Siria y Egipto, con violencia y expulsión de los obispos ortodoxos. El papa Félix III rechazó el Henotikon, en un sínodo de Roma en 484, y excomulgó a Acacio, pero como ni el emperador ni Acacio se sometieron, Oriente quedó separado de Roma. El papa Anastasio II comenzó las negociaciones para volver a la unión, pero su muerte las interrumpió; prosiguió su sucesor, Símmaco, con poca fortuna. Cuando llegó Hormisdas se dirigieron a Constantinopla las huestes de Vitalino, lo que movió al emperador de Oriente, Anastasio a procurar la unión de los ánimos; le propuso a san Hormisdas la celebración de un concilio en Heraclea. El papa anunció el envío de legados, que partieron en agosto de 515 para Roma. La legación estaba compuesta de dos obispos, Ennodio de Pavía y Fortunato de Catania, el presbítero Venancio, el diácono Vital y el notario Hilario. Llevaban, como condición indispensable para entrar en comunión con la iglesia romana, una fórmula que debían firmar los obispos disidentes. Es la misma fórmula de fe que citó el concilio Vaticano en la Constitución Pastor aeternus, en la que se afirmaba el derecho de Roma a definir con infalibilidad las controversias doctrinales a fallar en lo concerniente a personas. Los legados no consiguieron nada de provecho.

Los obispos de Oriente

Los obispos de Oriente, mientras, se pasaban a la comunión con Roma; el emperador envió dos emisarios a Hormisdas para que cediese en el punto de Acacio y difiriese la cuestión para el futuro Concilio. Además debían interesar al senado romano para que influyese en el ánimo del papa. San Hormisdas permaneció inflexible, aunque para manifestar su amor por la unión envió en abril de 517 otra legación a Constantinopla, que llevaba cartas para el emperador y el patriarca; esta legación fue menos afortunada aun que la primera; el emperador usó la violencia con los legados, y les entregó una durísima carta para el papa, el 11 de julio de 517.

Muerte del emperador Anastasio

Cuando murió el emperador Anastasio, el 9 de abril de 518, cambiaron las cosas: su sucesor Justino era partidario de la fe de Calcedonia, igual que Vitaliano y Agustiniano, sobrino del emperador. Justino ordenó en un primer edicto el restablecimiento de los obispos desterrados por Anastasio y el reconocimiento por todas las iglesias de la fe de Calcedonia. En un segundo decreto imperial declaró a los herejes no aptos para los cargos públicos y la deposición de todos los heterodoxos. El emperador Justino, su sobrino Agustiniano y el patriarca Juan el Capadocio pidieron a san Hormisdas en 518 una nueva legación; al mismo tiempo admitían el Tomo de León y la fórmula de Caledonia, pero anunciaban que dejarían para más adelante el asunto de Acacio. San Hormisdas contestó que Recibir el Tomo de León y conservar en los dípticos el nombre de Acacio, son cosas contrarias. En enero de 519 partió una legación de Roma para Constantinopla, que logró concertar la paz con roma en esta capital, pero no consiguieron nada ante los prelados de provincias, el metropolitano de Tesalónica, los patriarcas de Alejandría y Antioquia. En julio del mismo año salieron para Roma los legados del papa. Como resultado de todos estos acontecimientos, fueron depuestos y enviados al destierro más de 50 obispos. Durante su pontificado se suscitó también la célebre cuestión Teopasquita; el patriarca monofisita de Antioquia, Pedro Fulón, añadió al Trisagio la fórmula Crucifixus pro nobis: O staurozéis di´emás, y el emperador Anastasio mandó que se aceptara. Aunque la fórmula era ortodoxa, los monofisitas la entendían a su modo, por lo que fueron llamados por algunos católicos teopasquitas, y en 519 se presentaron en Constantinopla ciertos monjes escitas presididos por Juan Majencio; exigieron que se añadiera a la profesión de fe Uno de la Trinidad murió en cruz por nosotros. Con esto pretendían atraer a los monofisitas. Los legados pontificios respondieron: Lo que no ha sido definido por los cuatro Concilios, ni en el Tomo de león, no lo podemos añadir a la Profesión de fe. Los monjes acudieron entonces al papa Hormisdas para inclinarlo a su favor, sin conseguirlo. En 517, san Hormisdas escribió a Juan, obispo de Tarragona o de Elche (no se sabe a ciencia cierta) y le nombró su vicario para las provincias mencionadas. Años después escribió a Salustio de Sevilla, dándole dignidad de vicario apostólico de las provincias Bética y Lusitania. En 518 escribió a los obispos de las dos Españas, ocupadas por los godos, encargándoles que mirasen cómo se ordenaba a los clérigos y mandándoles que recibieran previa instrucción y dieran pruebas de aptitud y buena preparación; también mandó celebrar el concilio provincial dos veces al año. También se señala en tiempo de san Hormisdas la restauración del episcopado católico en África, inmediatamente después de la muerte del rey Trasamondo, en mayo de 523. Este Papa figura entre los diplomáticos más hábiles y firmes. A su muerte le sucedió San Juan I.

Véase también

Fuentes