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Clemente VIII

Clemente VIII
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Papa de la Iglesia católica
1592 - 5 de marzo de 1605
ClementeVIII.jpg
PredecesorInocencio IX
SucesorLeón XI
Información personal
Nombre secularIppolito Aldobrandini
Nacimiento24 de febrero de 1536
Fano, Bandera de Italia Italia
Fallecimiento5 de marzo de 1605
Roma, Bandera de Italia Italia

Clemente VIII. (Ippolito Aldobrandini). Nació en Fono, en marzo de 1536, de una distinguida familia florentina; murió en Roma el 5 de marzo de 1605. Fue electo Papa el 30 de enero de 1592,

Síntesis biográfica

En su juventud realizó excelentes avances en jurisprudencia bajo la supervisión de su padre, un renombrado jurista. A través de las etapas de abogado consistorial, auditor de la Rota y de la Dataría, fue elevado en 1585 a la dignidad de Cardenal - Presbítero con el título de San Pancracio y fue creado gran penitenciario. Ganó la amistad de los Habsburgo gracias a sus exitosos esfuerzos, durante una legación a Polonia para obtener la liberación del prisionero Archiduque Maximiliano, el aspirante vencido del trono Polaco.

Durante el cónclave de 1592 fue el candidato de la compacta minoría de cardenales que estaban determinados a liberar a la Santa Sede de la prepotencia de Felipe II de España. Su elección fue celebrada con entusiasmo ilimitado por los italianos y por todos aquellos que conocían su carácter. Poseía todo lo que se necesitaba en el Vicario de Cristo.

Estudió Leyes en Padua y Perusa, trabajando al mismo tiempo como escribiente en un Banco. Obtuvo el doctorado en la Universidad de Bolonia y pasó a desempeñar diversos cargos en la curia romana. Sixto V le nombró datario y el 18 de diciembre 1586, cardenal. Durante el verano de 1588 fue enviado como legado de paz a Polonia y el éxito de esta misión le dio fama de gran estadista y hábil diplomático. No poseía brillantes cualidades, era bastante irresoluto a la hora de tomar decisiones, pero su piedad, bondad, carácter pacífico y amor a la justicia le granjeaban grandes simpatías. De elevada estatura, cabello y barba blancos muy cuidados; todo ello contribuía a darle un aspecto majestuoso. Manejaba los asuntos de gobierno con absoluta independencia y con una gran cautela.

Elección de Clemente VIII

Aunque sólo había transcurrido año y medio desde la muerte de Sixto V, la Santa Sede estaba por cuarta vez vacante a raíz de la desaparición de Inocencio IX, en 1591, después del brevísimo pontificado de este Papa y de sus dos inmediatos predecesores, Urbano VII y Gregorio XIV. Se hacía, por tanto, necesario un periodo de estabilidad para el Pontificado que asegurase el gobierno de la Iglesia, lo que prestaba a la nueva elección pontificia, la cuarta en dos años, un particular interés.

Parecía que la tiara pontificia recaería sobre el cardenal Santori, que era el más prestigioso de todo el colegio cardenalicio y estaba en la línea de los grandes Papas postridentinos. A pesar de estar apoyado por el numeroso grupo de cardenales partidarios de España, el grupo pro-francés, pequeño, pero muy unido, puso en juego todos sus recursos de tal forma que, al fin, la elección de Santori se tuvo por imposible.

A la vista de estas circunstancias se llegó a una solución de compromiso en que ambas partes salieran contentadas, y la elección recayó sobre el cardenal Aldobrandini, que tomó el nombre de Clemente VIII, en la mañana del 30 enero 1592.

Relaciones con los estados europeos

El problema más importante y al mismo tiempo el más difícil con el que se encontró Clemente VIII, fue la guerra civil francesa. Enrique de Navarra pretendía el trono de Francia, pero era hugonote, y por esta razón una mayoría de católicos se oponían a tenerle por rey, aunque había algunos de ellos que le apoyaban. Por fin, después de muchas negociaciones, se alcanzó la paz mediante la vuelta de Enrique al catolicismo.

Entretanto, las relaciones de España con la Santa Sede empeoraban debido a la política regalista de Felipe II y Felipe II1. Este hecho hizo que la política vaticana, al convertirse Enrique de Navarra al catolicismo, se inclinara abiertamente hacia Francia. El Papa intervino hábilmente en la consecución de la paz de Vervíns, que puso fin a la guerra entre España y Francia, aunque quedó sin solucionar la cuestión de Saluzzo, territorio que era pretendido por Francia y Saboya; la guerra entre las dos partes no se hizo esperar. España apoyaba, no muy abiertamente, las pretensiones del duque de Saboya, con el fin de debilitar a Francia. La influencia de Clemente VIII puso rápido término a esta contienda y la paz se alcanzó gracias a su mediación.

La Santa Sede continuó con la ayuda que venía prestando a los Emperadores en su lucha contra los turcos enviando dinero y tropas. También intervino en la sucesión al trono de Inglaterra en favor de Jacobo I, que era hijo de María Estuardo, y que sucedió a la reina Isabel I.

Aunque había sido bautizado en la Iglesia católica, se comportó como un protestante, con lo que a pesar de las negociaciones que sostuvo con Clemente., no se alcanzaron las esperanzas que el Papa tenía puestas en él para que permitiera la práctica del culto católico. Continuación de la Reforma católica. En el plano estrictamente religioso, el papa Aldobrandini puso todo su esfuerzo en la reforma católica en Francia después de la etapa de luchas religiosas que el país había sufrido. Surgieron nuevas órdenes religiosas y la vida católica aumentó considerablemente.

Logros de su pontificado

Durante el principio de su pontificado, luchó denodadamente para lograr, tal como se había estatuido en el conclave de Trento, que los obispos y párrocos cumplieran la obligación de residencia, al fin publicó un decreto en el que enérgicamente se recordaba esta obligación. Las tentativas de ver instaurado de nuevo el culto católico en Suecia e Inglaterra fracasaron, y la muerte, ocurrida, después de larga y penosa enfermedad, el 5 marzo 1605, le impidió ver las nuevas persecuciones que se desataron contra los católicos ingleses. El hecho más sobresaliente del reinado de este Papa es haber logrado la reinstauración católica en Francia y conseguir que la fe se mantuviera en ella.

El balance fue en resumen positivo, máxime teniendo en cuenta las constantes luchas que agitaron a Europa durante esos años. Lo más destacado de su pontificado fue, sin duda, su reconciliación con Enrique IV de Francia y su apartamiento de la política de Felipe II de España. Cuando en 1593 Enrique de Borbón se vio forzado a levantar el cerco a que tenía sometido París ante la sola aproximación de los tercios españoles procedentes de Flandes y comprendió la inestabilidad con que se posaba la corona de Francia sobre su cabeza, se reconvirtió al catolicismo dejando a los defensores de la ortodoxia cristiana sin razones en que basar su oposición a la nueva monarquía borbónica.

Dos años después, Clemente VIII absolvió solemnemente al rey converso y le admitió sin restricciones en el seno de la iglesia.

Ejecución de Giordano Bruno

La ejecución de Giordano Bruno el 17 de febrero de 1600, de la que Juan Pablo II pidió públicas escusas en nombre de la Iglesia, ha quedado como un baldón que ensombrece la memoria del papa Clemente VIII.

Canonizaciones

Durante su pontificado, Clemente VIII canonizó a Silvia de Sicilia. Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa como Crux romulea (La cruz romana), cita que hace referencia a que en su escudo de armas figuraba la triple cruz papal.

Fuente