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Eugenio II

Eugenio II
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Papa de la Iglesia católica
11 de mayo de 824 - 27 de agosto de 827
EugenioII824827.jpg
Papa Nº99
PredecesorPascual I
SucesorValentín
Información personal
NacimientoRoma Bandera de Italia Italia
Fallecimiento27 de agosto de 827
Bandera de Ciudad del Vaticano Ciudad del Vaticano

Eugenio II. Papa Nro. 99 de la Iglesia Católica. Se le atribuye la institución de los seminarios. Formó una comisión para la actuación de los cánones y leyes: de éstos severos censores tiene origen la actual Curia Romana. [1] Eugenio es descrito por su biógrafo como persona sencilla y humilde, aprendido y elocuente, apuesto, generoso, y amante de la paz.

Síntesis biográfica

Primeros años

Nació en Roma, Italia en fecha desconocida. Era arcipestre de Santa Sabina en Roma, cuando fue elegido Pontífice, el 11 de mayo de 824, para suceder al Papa Pascual I quien había tratado de frenar el poder creciente dela nobleza romana, que, para fortalecer sus posiciones en contra de él, se había dado su apoyo a los francos. A la muerte de Pascual I se llevó a cabouna elección dividida. El difunto Papa había sabiamentetratado de frenar el poder creciente de la nobleza romana, que, para fortalecer sus posiciones en contra de él, había comenzado a apoyar el poder franco. Cuando murió, los nobles hicieron grandes esfuerzos para que lo sustituyera un candidato propio, y a pesar de que el clero presentó un posible candidato que continuarala política de Pascual, los nobles tuvieron éxito en su intento. Se aseguró la consagración de Eugenio, arcipreste de Santa Sabina en el Aventino, aunque por decreto del Concilio Romano de 769, en virtud de Esteban IV, no tenía derecho a una participación real en la elección papal.

Este candidato es declarado, en las ediciones anteriores del "Liber Pontificalis" como hijo de Boemund, pero en las ediciones recientes elnombre de su padre no se menciona.Mientras que como arcipreste de la Iglesia Romana se le atribuye haber cumplido la mayoría de las funciones de su cargo. Convertido en Papa embellecióla antigua iglesia de Santa Sabina, con mosaicos y con el trabajo en metal que llevan su nombre, conservándose intactoshasta el siglo XVI.

Pontificado

Su elección no fue pacífica y resultó un triunfo para los francos que decidieron aprovechar la ocasión; por aquella época el pontificado se consideraba ya, no como una carga espiritual en el sentido del apóstol San Pablo, sino como dignidad real, igual o mayor que la de muchos soberanos temporales, entre los cuales se contaba el papa, sin perjuicio de la dependencia, que aún tenía del emperador. Zósimo, por ejemplo, fue electo romano pontífice por otro partido, lo que produjo un cisma, que hubiera durado largo tiempo y encendido una guerra civil, si el emperador Luis el Piadoso no hubiese procurado evitarla.

Su hijo, el emperador Lotario I, fue nuevamente a Roma enviado por él para fortalecer la influencia franca, allí observó que los romanos en general, y los propietarios de los estados pontificios, estaba quejosos de las usurpaciones de tierras, autorizadas por los jueces, con consentimiento de los papas, a favor de las iglesias, las cuales se iban enriqueciendo a costa de los habitantes. Las de los nobles romanos que habían sido desterrados durante el reinado anterior, y que habían huido a Frankland (Francia), fueron retirados del mercado, y sus propiedades fueron devueltas.

Esta circunstancia no había dejado de tener influjo en el cisma, y el emperador Lotario procuró el remedio mandando restituir lo usurpado. El papa Eugenio confirmó su orden, y ambos de acuerdo con los magnates franceses y romanos establecieron una ley orgánica para evitar estos y otros abusos en lo sucesivo que se conoce con el nombre de “Constitutio Romana”, elaborado más bien con el fin de avanzar en las pretensiones imperiales en la ciudad de Roma y al mismo tiempo comprobar el poder de los nobles. Lotario se aprovechó de esta oportunidad para corregir muchos abusos en la administración papal, conferir a la elección del papa en los nobles, y para confirmar la ley que ningún Papa debe ser consagrado hasta su elección contó con la aprobación del emperador franco.

Se decretó que los que estaba bajo la protección especial del Papa o el emperador debía ser inviolables, y que se debía adecuada obediencia a la figura del Papa y sus funcionarios; que las propiedades de la iglesia no podían ser saqueadas después de la muerte de un Papa; que sólo aquellos a quien el fallecido Papa Esteban IV le había dado el derecho podían tomar parte en las elecciones papales, que dos comisionados debían ser nombrados, uno por el Papa y el otro por el emperador, que debían informar a ambos cómo se administraba la justicia, por lo que cualquier falla en la administración podrían ser corregida por el Papa, o, en el caso de su no hacerlo, por el emperador, que la gente debería ser juzgada de acuerdo a la ley (Romana, Sálica, o Lombarda) bajo la que habían elegido vivir; que las propiedades de la Iglesia fueran restauradas; que el robo con violencia debía ser erradicado, y que cuando el emperador estuviera en Roma, el jefe de los funcionarios debía comparecer ante él para ser exhortados a cumplir con su deber, y, por último, que todos debían obedecer al Romano Pontífice. Por orden del papa y Lotario la gente tenía que cumplir la fidelidad que le había prometido al Papa, así como la obediencia que habían jurado y los emperadores Luis y Lotario, no permitirían una elección papal que se hiciera en contra de los cánones, y el Papa electo no se consagraría, salvo en la presencia de los enviados del emperador.

En lo relativo a la elección de los papas, decía aquella ley:
“Ninguno, bien sea libre o ciervo, pondrá obstáculo a la elección del papa. Esta pertenecerá exclusivamente a los romanos, conforme a la concesión que hicieron los antiguos padres. Cada uno de los duques y magnates romanos y el pueblo, prestarán juramento de fidelidad al emperador de esta forma: Yo prometo ser fiel a los emperadores Luis el Piadoso y Lotario I, salvo la fe que he prometido al papa, y no consentir que ninguno entre a ser sumo pontífice sino en virtud de elección canónica, ni que, aún el así electo, sea consagrado sin que preste primero por escrito, en presencia del comisario imperial, el juramento de fidelidad igual al que ha hecho y firmado el papa Eugenio.” [2]

Poco después de la partida de Lotario de Roma, llegaron los embajadores del emperador Luis y los griegos para analizar el tema de la adoración a las imágenes. En un inicio, el emperador griego Miguel II, se mostró tolerante con los adoradores de imágenes, sin embargo esto duró poco tiempo, enseguida comenzó a perseguirlos y trató de asegurar el apoyo de Luis el Piadoso. También envió emisarios al papa para consultarle sobre algunos puntos relacionados con el culto de las imágenes. Antes de tomar ninguna medida para satisfacer los deseos de Miguel, Luis solicitó el permiso del papa para que algunos de sus obispos se reunierane hicieran un análisis de la cuestión que los griegos habían puesto delante de ellos. El permiso fue concedido, pero los obispos que se reunieron en París en el año 825 era incompetente para su trabajo, y el mensaje que el Papa deseaba que se transmita a los griegos se basó en un malentendido total de los decretos del Segundo Concilio de Nicea.

En 826 Eugenio celebró un consejo importante en Roma de sesenta y dos obispos, en el que fueron emitidos treinta y ocho decretos disciplinarios. Uno o dos de sus decretos son dignos de mención como muestra de que Eugenio creía en el progreso de la ciencia. Los obispos y sacerdotes debían adquirir el aprendizaje suficiente para llevar a cabo sus deberes sagrados, pero se decretó que, como en algunos lugares no había ni maestros ni ansia de aprender, los maestros iban a ser conectado a los palacios episcopales, en las iglesias catedrales y otros lugares, para dar instrucción en la escritura sagrada. Para ayudar en la obra de la conversión del Norte, Eugenio escribió elogiando a San Ansgar, el Apóstol de los escandinavos, y sus compañeros.

Muerte

Murió el 27 de agosto de 827 y su cuerpo enterrado en la Basílica de San Pedro. Lo sucedió en la silla de San Pedro el Papa Valentín.

Véase también

Referencias

  1. Papas de los siglos IX y X – Portal Parroquia Montes Claros
  2. * Eugenio II - Diccionario Enciclopédico de Hispano Americano p. 1130 Tomo VIII.

Fuentes