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Francisco Carreño

Francisco Carreño
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Gobernador de Cuba
13 de febrero de 1577 - 27 de abril de 1579
PredecesorGabriel de Montalvo
SucesorGaspar de Torres
Datos Personales
Nacimiento1528
Triana, Sevilla, Bandera de España España
Fallecimiento27 de abril de 1579
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Notas
Falleció en el ejercicio de su cargo.

Francisco Carreño. Navegante y almirante español. Gobernador de Cuba (1577-1579). Realizó varias expediciones junto a su padre Bartolomé Carreño por todo el Caribe.

Sus primeros años

Nació en 1528 en Triana, Sevilla, España, hijo de Don Bartolomé Carreño. Muy pronto comenzó a navegar con su padre, tan joven que no debía tener más de siete u ocho años cuando ya le acompañó en una de las travesías del océano con rumbo a Tierra Firme. Encontrándose en la Isla de Santo Domingo le llegaron noticias de los continuos ataques que sufría la Isla de Puerto Rico, por parte de los indígenas caribes de las islas cercanas, que por su práctica del canibalismo realizaban ataques nocturnos con sus piraguas y capturaban a algún español, de los que nunca más se supo.

Siguiendo a su padre participó en todas las expediciones y con las que sistemáticamente fueron atacando a las diferentes islas, que eran las de Dominica, Martinica, Santa Lucía, Granada y Trinidad, al concluir las expediciones con las que se había conseguido hacer huir a los nativos quedó asegurada la Isla de Puerto Rico. Durante los combates descubrió que en aquellas islas eran fáciles de encontrar perlas, de las que no se habían visto nunca, ya que su forma era parecida a la de una pera y con un excelente oriente, así que entre combate y combate se iban haciendo reconocimientos y recuperando sobre todo en el cabo de la Vela tan valiosas joyas, que aparte de ayudar al mantenimiento de las expediciones servían de descanso a las tripulaciones, ya que alguna se perdía por el rumbo.

Dejó la navegación con su padre y por más de veinticinco años estuvo navegando por los mares del Sur, así como viajes a la Península con caudales, retornando a Tierra Firme y prosiguiendo con ellas por todo el seno mejicano y las Antillas. Pasó posteriormente a istmo de Panamá en el virreinato de Nueva Granada, defendiendo la población de Nombre de Dios cuando los franceses atacaron Cartagena de Indias y ya puestos, atacaron la ciudad donde se encontraba don Francisco, pero formó bien las defensas consiguiendo vencer y por ello hacerles huir de aquellas aguas. Fue uno de los capitanes, que por orden de don Felipe II se pusieron en marcha para acabar con el levantamiento de Lope de Aguirre y sus cimarrones, consiguiendo al final alcanzarle pero ya había sido muerto por los mismos indígenas.

El 8 de junio del año de 1573, se le nombró almirante de la escuadra de don Pedro Menéndez de Avilés, con la que permaneció un tiempo aprovisionando sobre todo de víveres a los colonos de la Florida. Se distinguió como navegante en la era de los descubrimientos y luego enfrentó a indios, corsarios y piratas en Nicaragua y Cartagena de Indias. Por su valor, lo nombraron Gobernador de Panamá en los tiempos de las revueltas sangrientas que protagonizaron Lope de Aguirre y sus marañones. Felipe II lo designó Almirante de la Armada Invencible. Cuando la Armada Invencible fue vencida, el monarca no lo dejó de la mano, pero le confió un puesto menor, tan menor como el de Gobernador General de Cuba en una época de gran pobreza pública.

Gobernador de Cuba

El día 13 de febrero de 1577, el rey don Felipe II le nombró Gobernador de la isla de Cuba en sustitución de Gabriel de Montalvo. Se percató de inmediato de la malversación colosal de su antecesor y del arquitecto Francisco Colona en el Castillo de la Fuerza Vieja. A Montalvo lo envió encadenado a España, pero se apiadó del arquitecto por ser pobre, tener seis hijos a su amparo y hallarse endeudado. Aun así, Colona debía reintegrar dos mil ducados a las arcas reales y construir de nuevo, a su costa, el aljibe de la fortaleza.

Regularizó el uso de la moneda y organizó el envío de maderas a la Península para la construcción de El Escorial. También dejó escrito un manual para la navegación en Indias.

Francisco Carreño, gobernador de Cuba, describe así la fauna con la cual tuvo que lidiar durante su gobierno:
“…todos los mas delinquentes que bienen desterrados del Piru e de la nueva españa e mercaderes quebrados e mujeres huidas de sus maridos que se bienen en las flotas e frayles en abitos de legos e gentes bagomundas e fasinerosas e marineros que se huyen de las armadas e flotas e andan por los hatos e labranças de vezinos ni temen a Dios ni a la justizia Real...”.

Las intrigas de la época de algunos sectores o grupos, que ya se venían manifestando cuando Don Pedro Menéndez de Avilés tuvo sus problemas con el anterior Gobernador de la isla, que no fueron pocos los inconvenientes que le planteó, hasta conseguir establecerse de verdad en la Florida y como don Francisco Carreño había intervenido en alguno de los conflictos, debían de estar esperando la ocasión para quitarlo del medio.

Muere envenenado

Con sonrisas, zalemas y muestras de arrepentimiento disimuló el arquitecto Calona su odio hacia el gobernador Carreño. Había jurado vengarse y lo haría ciertamente en 1579, justo el día del cumpleaños de la máxima autoridad colonial, cuando le envió de regalo un exquisito plato de manjar blanco «tocado» con veneno. El tósigo hizo su efecto. El 25 de febrero del año de 1579 firmó su testamento a favor de su esposa doña Catalina de Rivera. Cayó muy enfermo y finalmente murió el 27 de abril de 1579. Dejó escrito el libro: «Memorial, que dió al rey sobre el exámen y ejercicio de artilleros de la navegacion de Indias y visita de las naos de la misma carrera». Lo sustituyó en el cargo con carácter provisional Gaspar de Torres.

Fuentes

  • Arcadio Ríos. Hechos y personajes de la Historia de Cuba. Recopilación Bibliográfica. La Habana, 2015. 320 p.
  • Wikipedia. Pedro Menéndez de Avilés. Consultado en 2016.
  • Esteban Mira Caballos. “Pedro Menéndez de Avilés diseñó el sistema de flotas de la Carrera de Indias”. Revista de Historia Naval. Núm. 94. Madrid, 2006. Págs. 7-24.