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Joaquín Jovellar y Soler

Joaquín Jovellar y Soler
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Gobernador de Cuba
Datos Personales
Nacimiento1819
Palma de Mallorca, Bandera de España España
Fallecimiento1892
Madrid, Bandera de España España
Notas
Gobernador de Cuba en dos períodos: 30 de octubre de 1873 al 6 de abril de 1874, y 18 de enero de 1876 al de junio de 1878.

Joaquín Jovellar y Soler. Militar español. Gobernador y Capitán General de Cuba (1873-1874 y 1876-1878). Presidente del gobierno de España en 1875. Su primer mandato en Cuba se caracterizó por el brutal fusilamiento de los miembros de la expedición del vapor Vurginius, y el segundo por las inmoralidades administrativas durante el gobierno del conde de Valmaseda, y el fin de la Guerra de los Diez Años mediante el Pacto del Zanjón.

Sus primeros años

Nació en Palma de Mallorca, España, en 1819. Durante la Primera Guerra Carlista inició su carrera militar y en la década de 1840 estuvo destinado en Cuba. En 1859 fue secretario de campaña del general Leopoldo O'Donnell en la guerra de Marruecos, participando en algunas operaciones militares, entre ellas la batalla de Wad-Ras, donde fue herido el 23 de marzo de 1860. En 1863 recibió el ascenso a brigadier y al año siguiente se le nombró subsecretario del Ministerio de la Guerra.

En junio de 1866 resultó nuevamente herido al combatir a la sublevación progresista de los sargentos del cuartel madrileño de San Gil, promovida por el general Juan Prim. No obstante, el hecho de que el gobierno le relegara a continuación incidió notablemente en su ánimo, adhiriéndose a la revolución de 1868, que destronó a Isabel II. Seis años más tarde fue ascendido a teniente general.

Primer período como Gobernador de Cuba

Cándido Pieltaín y Jové Huervo dejó su cargo de Capitán General y Gobernador de Cuba el 30 de octubre de 1873, siendo sustituido por Aniano Cebollín que lo ocupó hasta 4 de noviembre de ese año, en que ocupó el mando Joaquín Jovellar y Soler, nombrado por el presidente de la I República Española, Emilio Castelar.

Desde ese puesto tuvo que hacer frente a la delicada crisis del denominado asunto del Virginius, que provocó un incidente internacional cuando apresó el buque Virginus, por su supuesto auxilio a los insurrectos, y ordenó el fusilamiento de miembros de la tripulación sin tomar en cuenta que entre ellos había británicos y estadounidenses. El conflicto estuvo a punto de causar una guerra con Estados Unidos.

Las excepcionales cualidades de Jovellar no brillaron entonces, a pesar del juicio del panegirista suyo que lo llamó “hombre de acrisolada honradez, militar distinguido, el más dulce y justiciero de todos los gobernantes”. Tamaña alabanza rebasó los límites de la verdad. Fuera por debilidad de carácter, fuera por natural inclinación a la práctica de procedimientos violentísimos, Jovellar estuvo muy lejos de resultar justo con motivo de las ocurrencias a que dio lugar la captura del Virginius.

Por estos hechos el 6 de abril de 1874 fue sustituido como Gobernador de Cuba por José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, Marqués de La Habana.

De nuevo en España

A su regreso a España en 1874 fue designado general en jefe del Ejército del Centro, con el que se sumó a los preparativos del pronunciamiento encabezado por el general Arsenio Martínez Campos en Sagunto para restablecer en el trono a la Casa de Borbón.

Desempeñó por primera vez el cargo de ministro de la Guerra en el primer gobierno presidido por el conservador Antonio Cánovas del Castillo, entre diciembre de 1874 y septiembre de 1875, y además recibió el ascenso a capitán general. Posteriormente fue designado presidente del gobierno que, desde septiembre hasta diciembre de 1875, debía gestionar la celebración de las elecciones para formar las Cortes Constituyentes de la Restauración, y en el cual de nuevo desempeñó el cargo de ministro de la Guerra. Cánovas le conservó como ministro del mismo ramo en el siguiente gobierno.

Segundo mandato como Gobernador de Cuba

En condiciones desastrosas asumió el 18 de enero de 1876 por segunda vez el mando supremo de Cuba el general Joaquín Jovellar y Soler, sustituyendo a Blas Villate y de la Hera, Conde de Valmaseda, fracasado en sus planes y anuncios de exterminar a los soldados de la Revolución, que había sido separado de la Capitanía General y reemplazado interinamente por el Segundo Cabo, Buenaventura Carbó, de quien Jovellar recibió el gobierno superior de Cuba.

El triste privilegio de tomar las riendas del poder colonial en pésima situación no podía, sin embargo, sorprender al Gobernador General. Al tomar de nuevo el mando de la Isla, Jovellar se encontró frente a un tenebroso cuadro político, económico y moral. Se creyó en la Metrópoli que, ante la ineficaz labor de Valmaseda, debía venir a la Isla un militar precedido de fama entre los peninsulares, y se escogió a Jovellar. Además de conocer, siquiera a su modo, las cosas y los hombres de Cuba, Jovellar había formado parte del Consejo de Ministros y era personaje influyente en la situación alfonsina, ya que en Valencia había proclamado soberano de España al hijo de Isabel II.

Los antecedentes inmediatos eran que el desorden administrativo reinante en la Isla y el cúmulo de evidentes inmoralidades realizadas por elevadas autoridades de la administración pública, denunciados y comentados por la prensa periódica de Madrid, habían dado motivo para nombrar un Comisario Regio, dotado con treinta mil pesos, a fin de buscar la manera de poner coto a tanto desmán. Recayó la designación en un exministro de Ultramar, en Tomás Rodríguez Rubí. Estas determinaciones molestaron al conde de Valmaseda, que hasta llegó, tan airado como de costumbre, a formular quejas y protestas. Pero, entablada la lucha entre el Capitán General y el Comisario Regio, bien respaldado en Madrid, la caída del Conde resultó inevitable.

Al posesionarse Jovellar del mando de la Isla se hallaba Rodríguez Rubí enfrascado en la instrucción de más de tres mil expedientes. Aunque uno y otro, Jovellar y Rodríguez Rubí, pretendieron sinceramente arrancar de raíz los graves males observados, surgidos a merced de peculados y dilapidaciones. El problema económico demandó de Jovellar atención preferente. Pudo consagrársela porque también había venido Arsenio Martínez Campos, para asumir las funciones de General en jefe. Jovellar, desembarazado de la dirección de las operaciones militares, se entregó al estudio de la solución requerida por la hacienda pública.

De acuerdo con el Comisario Regio, expuso en seguida ante la Metrópoli el mal grave y alarmante y señaló los remedios que debían usarse para conjurar la crisis. Los apuros rentísticos de Jovellar no desaparecieron, y momentos hubo en que pareció imposible su sostenimiento. Mas logró que su mando sobreviviese al imperio de la guerra, y desde la Capitanía General, fue testigo del desastre cubano del Pacto del Zanjón (10 de febrero de 1878), principio, después de todo, no de una paz duradera, sino de una nueva tregua para los animadores de la libertad.

El 28 de mayo de 1878 concertó el Gobierno de la República en Armas la suspensión de las hostilidades contra España y se disolvió, por lo que se toma esta fecha como culminación de la Guerra de los diez años. El 7 de junio abandonaron a Cuba Vicente García y la mayoría de sus hombres, los últimos mambises en combate, saliendo en un vapor desde Baracoa. El 9 de junio el gobierno colonial firmó el decreto que dividía a la isla de Cuba en seis provincias: Pinar del río, Habana, Matanzas, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba, y por real decreto se señalan sus límites precisos.

Jovellar cesó como Capitán General y Gobernador de Cuba el 18 de junio de 1878, siendo sustituido por el general Arsenio Martínez Campos y Antón.

Gobernador de Filipinas y fallecimiento

Jovellar fue designado capitán general de Filipinas en 1883. A su vuelta a la península en 1885, ocupó una vez más la cartera de Guerra (1885-1886), bajo el primer gobierno de la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, encabezado por el liberal Práxedes Mateo Sagasta. Jovellar Murió en Madrid en 1892.

Fuentes

  • Arcadio Ríos. Hechos y personajes de la Historia de Cuba. Recopilación Bibliográfica. La Habana, 2015. 320 p.
  • Arcadio Ríos. La Agricultura en Cuba. Editorial Infoiima. La Habana. 2016. 374 p. Pág. 82.
  • Historia de Cuba. Dirección Política de las FAR. LA Habana. Págs. 246-247.
  • Eduardo Torres-Cuevas y Oscar Loyola. Historia de Cuba. 1492-1898. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 2001. Págs. 291-292.
  • Colectivo de autores. Enciclopedia Historia Militar de Cuba (1510-1868). Centro de Información para la Defensa, MINFAR.