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Valeriano Weyler

Valeriano Weyler
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NombreValeriano Weyler y Nicolau
Nacimiento17 de septiembre de 1838
Palma de Mallorca, Bandera de España España
Fallecimiento20 de octubre de 1930
Madrid, Bandera de España España
TítuloMarqués de Tenerife y duque de Rubí
PadresFernando Weyler y Laviña

Valeriano Weyler. Militar español. Marqués de Tenerife y duque de Rubí. Gobernador General, Capitán General y General en Jefe del Ejército de la metrópoli Se destacó por los crueles métodos utilizados en las guerras de 1868. Empleó una táctica de guerra total: destruyó los edificios que pudieran servir de refugio a los mambises.

La reconcentración dictada exigía a los habitantes a reunirse en el plazo de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas ibéricas. De no hacerlo, se les consideraba rebeldes y eran juzgados como tales. La medida se hizo cumplir levantando alambradas y fuertes en ciudades y zonas rurales, donde vagaban hambrientos y plagados de enfermedades lo que costó la vida a doscientos mil ancianos, mujeres y niños, que murieron de hambre y miseria detrás de las alambradas.

Sístesis biográfica

Nació en Palma de Mallorca, España el 17 de septiembre de 1838. Hijo del médico militar madrileño Fernando Weyler y Laviña, cursó estudios castrenses en la Academia de Infantería de Toledo, obteniendo la graduación de teniente a los veinte años. Diplomado en Estado Mayor, es ascendido a comandante con tan solo 24 años y destinado a Cuba y posteriormente a Santo Domingo.

Llegada al Mando

El General Arsenio Martínez Campos, debido a sus fracasos al intentar detener infructuosamente a las fuerzas mambisas que participaban en la Invasión, fue sustituido por un Valeriano Weyler, que durante la Guerra del 68 secundó al cruel Conde de Balmaceda.

Se hizo cargo del mando el 10 de febrero de 1896. Al llegar a La Habana, enseguida declaró: "Tengo la misión de concluir la guerra". Y afirmó que pondría fin al conflicto en un término de dos años.

El plan se basaba en lo que esperaba obtener de la reconcentración. Hizo algunas operaciones militares pero se concentró en lo que lo trajo a la isla.

Cargos posteriores

En 1909, siendo capitán general de Cataluña, reprimió con dureza las protestas y altercados durante la Semana Trágica de Barcelona.

Ministro de Guerra en tres ocasiones, simultaneado en una de ellas con el Ministerio de Marina, fue Senador vitalicio por designación real. Se opuso a la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera, interviniendo en la Sanjuanada contra el Dictador, que lo detuvo pero no se atrevió a encarcelarlo, aunque lo condenó al ostracismo e hizo que desapareciese su nombre de las calles y plazas que le había otorgado tal distinción (conservando el nombre la Plaza Weyler de Tenerife). En 1930 ya cercana la hora de su muerte, seguía presionando al rey Alfonso XIII para que destituyese a Primo de Rivera.

Medidas y Decretos Aplicados

Llevado por una explosiva mezcla de sadismo y temor, Weyler había decidido desgastar a los mambises cortándoles bruscamente el sustento que pudieran hallar en los campos cubanos. Nombrado Capitán General de la isla en febrero de 1896, en sustitución del fracasado Martínez Campos, el también titulado Marqués de Tenerife tenía plenos poderes, para aplicar una política represiva contra la población local llevando a cabo la brutal Reconcentración de Weyler.

Dictó para ello al menos 4 decretos o bandos desde el 21 de octubre de 1896. El primero disponía que todos los residentes en los campos o fuera de la línea de fortificación de la población en Pinar del Río se concentraran en los pueblos ocupados por las tropas españolas, adonde también debían llevarse las reses. Prohibía la extracción de víveres de las poblaciones por mar o por tierra sin permiso de las autoridades. Su violación sería juzgada como rebeldía.

La reconcentración dictada exigía a los habitantes a reunirse en el plazo de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas ibéricas. De no hacerlo, se les consideraba rebeldes y eran juzgados como tales. La medida se hizo cumplir levantando alambradas y fuertes en ciudades y zonas rurales, donde vagaban hambrientos y plagados de enfermedades, para privar de suministros a los insurrectos, lo que costó la vida a doscientos mil ancianos, mujeres y niños, que murieron de hambre y miseria detrás de las alambradas.

Para detener a la Revolución pujante, publica bandos draconianos; utilizó el patíbulo de forma permanente; llenó las cárceles.

Anécdota

En Güines se vivió una situación similar. El Alcalde del territorio por aquellos tiempos conmovido por las muertes incesantes que veía en su municipio un día y otro, se atrevió a ir a visitar a Weyler en su despacho

El valiente gobernante (cuyo nombre no recoge la anécdota) le expresó que la población güinera se extinguía por la falta de víveres y medicinas y le pedía que enviara algo para evitar que ocurrieran más fallecimientos de gente buena y pacífica.

A cambio Weyler le contestó: ¿Dice usted que los reconcentrados se mueren de hambre? Pues precisamente para eso se hizo la reconcentración.

Fracaso de la Guerra

Para España, empeñada en el mantenimiento a ultranza de su última posesión en América, fue lo segundo. En 1896 era ya evidente la imposibilidad de acudir a otras salidas reformistas y los insurrectos dominaban de un extremo a otro de la isla.

La brutal política de exterminio aplicada por Weyler no hizo retroceder la marcha arrolladora del Ejército Libertador ni el apoyo del pueblo, en especial de los campesinos, a la causa independentista. La obstinación puede ser excepcional virtud o la puerta hacia el fracaso rotundo.

Del 28 al 30 de agosto de 1897 se produjo un acontecimiento de gran significación dentro de la Guerra comenzada en 1895: la Toma de Las Tunas, que aceleró la derrota en Cuba del general español Valeriano Weyler. El general Calixto García Iñiguez, fue designado Jefe del Departamento de Oriente a fines del verano de 1897, especializado en la guerra de sitio y cuyas tropas contaban con alguna artillería, atacó y tomó esta fortaleza así como a Guáimaro y Guisa, capturando abundante botín de armas y municiones.

España se vio obligada a sustituirlo en noviembre del año siguiente por el general Ramón Blanco Arenas (Noviembre 1897 -abril 1898) y a dejar sin efecto la reconcentración, tratando de restaurar el daño ocasionado mediante el establecimiento de un gobierno autónomo, maniobra que ya los independentistas no creyeron y tenían prácticamente derrotada.

Su crueldad

No decía de este personaje lo que el corresponsal norteamericano de guerra, Appelyee, escribió sobre él: Era, además, "hombre mezquino, diminuto en todo concepto, acorchado y fruncido, ganoso de fama inmortal sin darle importancia a que su prestigio huela a rosa o a estiércol".

Cuando tras el fracaso de su política y la muerte del ministro Cánovas el tristemente célebre Weyler retornó a Madrid, un poeta de la zona escribió acerca del barco que lo conducía: "si supiera el horror que lleva encima, contra las duras rocas se estrellara".

Muerte

Fallece el 20 de octubre de 1930, en Madrid, España.

Fuente